Karlsruhe, 18 de enero de 1909 - ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar?

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¿CÓMO ADQUIRIR LA ACTITUD CORRECTA PARA PENSAR?

Rudolf Steiner

Karlsruhe, 18 de enero de 1909



Pensar de forma realmente práctica y meros hábitos de pensar.  ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar? El entrenamiento del pensar mediante ejercicios. Profundizar en las facultades del pensar. Ejercicios para Fortalecer la memoria.  Ejemplos de errores del pensar. Sobre la importancia de pensar correctamente.

Podría parecer extraño que precisamente la antroposofía se sienta llamada a hablar sobre la formación práctica del pensar, dado que quienes están fuera a menudo opinan que la antroposofía es algo sumamente poco práctico y que no tiene nada que ver con la vida. Esta visión solo puede existir cuando se ven las cosas desde fuera, de manera superficial. Pero en realidad, lo que se propone debe ser una guía para la vida más cotidiana; debe poder transformarse en cada momento en sensación y sentimiento, y permitirnos enfrentarnos a la vida con seguridad y mantenernos firmes en ella.

La gente que se auto considera práctica, se imagina que actúa según los principios más prácticos. Pero cuando se examinan las cosas más de cerca, se verá que el llamado «pensamiento práctico» a menudo no es pensar en absoluto, sino un improvisar con juicios y hábitos de pensamiento adquiridos. Si se observa de manera absolutamente objetiva el pensar de los prácticos y se analiza lo que normalmente se llama práctica del pensar, se descubrirá que en realidad tiene muy poco de práctico real detrás; lo que se llama práctica consiste en haber aprendido: ¿cómo pensaba el maestro, cómo pensaba quien fabricó esto o aquello antes, y cómo se sigue eso? - Y quien piensa diferente se le considera una persona poco práctica; porque el pensamiento no coincide con lo que uno ha aprendido a lo largo del tiempo.


Pero cuando realmente se inventó algo práctico, este no fue hecho inicialmente por un profesional. Tomemos como ejemplo nuestro sello de correos actual. Lo más lógico sería pensar que fue inventado por un especialista en correos. Pero no es así. A principios del siglo pasado, enviar una carta aún era algo muy complicado. Si alguien quería enviar una carta, tenía que ir al lugar correspondiente, donde se podían enviar cartas, y allí consultar diversos libros y lidiar con todo tipo de complicaciones. Tener una tarifa uniforme como la que conocemos hoy es algo de hace apenas unos sesenta años (1880). Y nuestro sello postal actual, que lo hace posible, no fue inventado por un trabajador postal práctico, sino por alguien alejado del correo, el inglés Hill.

Y cuando se inventó el sello postal, el ministro correspondiente en el Parlamento inglés, que en aquel entonces estaba a cargo del servicio postal, dijo: Sí, primero no se puede asumir que realmente, por esta simplificación, el tráfico se incrementaría tanto como este poco práctico Hill se imagina, y segundo, incluso suponiendo que fuera así, entonces el edificio de correos en Londres no sería suficiente para ese tráfico. - A este gran práctico ni se le ocurrió remotamente que el edificio de correos debería ajustarse al tráfico y no al revés. Ahora, en un tiempo relativamente breve, se ha impuesto lo que en ese entonces un “poco práctico” tuvo que luchar contra un “práctico”: hoy en día es completamente normal que la carta se envíe con un sello.

Algo similar ocurre con el ferrocarril. Cuando en el año 1835 se iba a construir el primer ferrocarril en Alemania, de Núremberg a Fürth, el colegio médico bávaro, que fue consultado al respecto, emitió un informe de expertos diciendo que no era recomendable construir ferrocarriles; pero si aún así se tenía la intención de hacerlo, al menos se debía levantar a ambos lados del ferrocarril una alta pared de tablones, para que las personas que cruzaran no sufrieran sacudidas nerviosas o cerebrales.

Cuando se iba a construir la línea ferroviaria Potsdam-Berlín, el director general de correos Nagler dijo: Yo dejo que dos carruajes de correos vayan diariamente a Potsdam, y no van llenos; si la gente quiere tirar su dinero absolutamente por la ventana, entonces que lo hagan directamente. - Las realidades de la vida simplemente superan a los “practicos”, a aquellos que creen ser practicos. Hay que distinguir entre lo que es pensamiento verdadero y el llamado pensar práctico, que no es más que juzgar según hábitos mentales adquiridos.

Quisiera contarles una pequeña experiencia que yo mismo viví una vez y ponerla ante nuestra reflexión de hoy: Durante mis años de estudio, un joven colega vino a mí lleno de alegría, de esa alegría que se nota en las personas que han tenido una idea bastante ingeniosa, y dijo: Tengo que ir ahora mismo al profesor Radinger, -que en aquel entonces representaba la ingeniería mecánica en la universidad-, porque he hecho un gran invento: he descubierto cómo, usando muy poca energía de vapor una sola vez, se puede lograr una cantidad enorme de trabajo mediante una máquina. - No pudo decirme más, tenía mucha prisa por ir al profesor. Pero no encontró al profesor en cuestión, y regresó y me explicó todo el asunto. La historia me olió enseguida un poco a perpetuum mobile - pero, ¿verdad?, ¿por qué algo así no podría ser posible algún día? - Pero después de que me explicó todo, tuve que decirle: Mira, la idea es bastante ingeniosa, pero en la práctica es algo que se puede comparar exactamente con que alguien se meta en un vagón de tren, empuje con todas sus fuerzas y piense que el vagón va a moverse solo. Así es el principio de pensamiento en tu invento. - Entonces él también lo entendió y no volvió a ir al profesor.

De cierta manera, uno puede encerrarse con su pensar. En casos muy especiales y raros, ese encerrarse se muestra claramente; pero en la vida, muchas personas se encierran así, y no siempre se nota tan evidentemente como en nuestro ejemplo. Sin embargo, quien pueda observar la cosa un poco más de cerca, sabe que así transcurre una gran parte de los procesos de pensamiento humano: a menudo ve, por así decirlo, a las personas 'plantadas' en el carro empujando hacia adentro y pensando ahora que son ellos quienes hacen avanzar el carro. Muchas de las cosas que ocurren en la vida serían muy distintas si la gente no fuera de esos que empujan el carro 'así plantadas'.

La verdadera práctica del pensar supone que uno adopte la actitud correcta, el sentimiento adecuado hacia el pensamiento. ¿Cómo se puede adquirir una postura correcta ante el pensamiento? Nadie puede tener el sentimiento correcto hacia el pensamiento si cree que el pensar es algo que solo ocurre dentro de la persona, en su cabeza o en su alma. Quien tenga esta idea se distraerá continuamente con un sentimiento falso y no buscará una práctica correcta del pensar ni exigirá lo necesario a su pensar. Quien quiera adquirir el sentimiento correcto hacia el pensar debe decirse: Si mediante el pensar, puedo reflexionar sobre las cosas, si puedo profundizar en las cosas, entonces los pensamientos deben estar primero en las cosas. Las cosas deben estar construidas según los pensamientos, solo así puedo extraer los pensamientos de las cosas.

El ser humano debe imaginar que lo que ocurre afuera en el mundo con las cosas, es comparable a como con un reloj. El hecho de comparar el organismo humano con un reloj se usa con mucha frecuencia; pero la gente muchas veces olvida lo más importante: que también existe un relojero. Hay que tener claro que los engranajes no se han combinado por si solos, ni que la máquina funciona por sí sola, sino que en algún momento tubo que haber un relojero que ensambló ese reloj. No se debe olvidar al relojero. Cuando el reloj se hizo realidad se hizo mediante el pensar, los pensamientos fluían casi directamente en el reloj, en la cosa. También todo lo que son obras de la naturaleza, sucesos de la naturaleza, hay que imaginarlos así. Con lo que es fruto del obrar humano, eso se puede ilustrar fácilmente; pero con las obras de la naturaleza, la gente no puede notarlo tan fácilmente, y obstante también son actividades espirituales, y detrás de ellas hay entidades espirituales. Y cuando un ser humano piensa sobre las cosas, solo reflexiona sobre lo que previamente fue depositado en ellas. La fe de que el mundo ha sido creado mediante el pensamiento y que continúa manifestándose de este modo, es lo que realmente hace provechosa la práctica interna del pensar.

Siempre es la incredulidad hacia lo espiritual, lo que provoca en el mundo, incluso sobre una base científica, la peor práctica incorrecta del pensar. Por ejemplo, cuando alguien dice: Nuestro sistema planetario se formó así, que primero hubo una nebulosa original que empezó a girar, se compactó en un cuerpo central, de él se separaron anillos y esferas, y así se formó mecánicamente todo el sistema planetario -, quien lo dice comete un gran error de pensamiento. Hoy en día se enseña esto de forma muy bonita a la gente. En un experimento bonito se muestra esto hoy en cualquier escuela: se pone una gota de grasa en un vaso de agua, se pasa una aguja por la gota de grasa y se pone todo a girar. Entonces, del gran gota se separan pequeñas gotitas, y se tiene un sistema planetario en miniatura, y al estudiante, -según se cree-, se le muestra visualmente cómo se puede formar de manera puramente mecánica. Sólo un pensamiento poco práctico puede sacar tales conclusiones de este experimento bonito, porque la persona que lo transfiere al gran sistema del mundo usualmente olvida algo, que tal vez sería bueno olvidar, se olvida a sí mismo, se olvida que ha sido él mismo quien puso la cosa en rotación. Si él no hubiera estado ahí ni hubiera hecho todo, nunca se habría producido la división de la gota de grasa en pequeñas gotas. Si la persona también observa esto y lo traslada al sistema planetario, entonces sí que se estaría aplicando un pensamiento completo. Estos errores de pensamiento hoy en día, especialmente en lo que hoy se llama ciencia, juegan un papel enorme. Estas cosas son mucho más importantes de lo que uno suele pensar.

Si uno quiere hablar de una verdadera práctica del pensar, debe saber que los pensamientos solo pueden sacarse de un mundo en el que ya existen tales pensamientos. Así como solo se puede sacar agua de un vaso que realmente contiene agua, también solo se pueden extraer pensamientos de cosas que realmente los contienen. El mundo está construido según pensamientos; únicamente por eso se pueden extraer pensamientos de él. Si esto no fuera así, no podría surgir ninguna práctica del pensar. Pero cuando la persona siente hasta el final lo que aquí se ha expresado, entonces será fácil superar todo pensamiento abstracto. Cuando la persona tiene plena confianza en que detrás de las cosas hay pensamientos, que los hechos reales de la vida transcurren conforme a pensamientos, entonces, cuando tiene esta sensación, le será fácil volverse hacia una práctica del pensar que esté construida sobre la realidad.

Ahora queremos mostrar algo de esa práctica del pensar que es especialmente importante para quienes se encuentran en el terreno antroposófico. Quien esté impregnado de la idea de que el mundo de los hechos se desenvuelve en pensamientos, verá la importancia de desarrollar un pensar correcto. Supongamos ahora que alguien dice: Quiero enriquecer mi pensar de manera que éste realmente siempre sepa orientarse en la vida; entonces tiene que seguir lo que se va a decir ahora. Y lo que se indica a continuación debe entenderse de manera que sean realmente principios prácticos, y que, si uno se esfuerza una y otra vez por organizar su pensar según ellos, tienen ciertos efectos, haciendo que el pensar se vuelva práctico, aunque al principio no lo parezca. En efecto, si se aplican tales principios, se presentan experiencias totalmente diferentes para el pensar.

Supongamos que alguien intenta lo siguiente: Hoy observa cuidadosamente un proceso en el mundo que está a su alcance, que puede observar lo más precisamente posible, digamos por ejemplo el clima. Observa la configuración de las nubes por la tarde, la manera en que se ha puesto el sol y así sucesivamente, y ahora se forma exactamente la imagen de lo que ha observado. Intenta mantener la idea, esta imagen, durante un tiempo en todos sus detalles; conserva tanto como pueda de esta idea y busca mantenerla hasta mañana. Mañana observa aproximadamente a la misma hora, o quizás en otro momento, nuevamente las condiciones climáticas, e intenta hacerse otra vez una imagen exacta de las condiciones.

Si de esta manera se hace imágenes precisas de estados consecutivos, se le volverá extraordinariamente claro cómo se enriquece e intensifica gradualmente por dentro su pensar, porque lo que hace que el pensamiento sea poco práctico es que la gente suele estar demasiado inclinada a omitir los detalles de los procesos consecutivos en el mundo y quedarse solo con ideas generales y vagas. Lo valioso, lo esencial que fecunda el pensamiento, es precisamente formarse imágenes exactas de los procesos consecutivos y luego decirse a sí mismo: ayer la cosa era así, hoy es así; y al mismo tiempo acercar lo más posible estas dos imágenes que están separadas en el mundo real también frente al alma.

Esto no es nada más que una expresión especial de la confianza en los pensamientos sobre la realidad. No se espera que la persona saque de inmediato alguna conclusión y a partir de lo que observó hoy determine cómo será el clima mañana. Eso corrompería su pensamiento. Más bien, debe tener confianza en que las cosas en la realidad exterior están conectadas, que lo de mañana tiene de alguna manera relación con lo de hoy. No debe especular sobre ello, sino simplemente reflexionar primero sobre lo que ocurre sucesivamente en imágenes mentales lo más precisas posible, y luego dejar que esas imágenes estén juntas y se mezclen entre sí. Este es un principio de pensamiento muy específico que hay que seguir si se quiere desarrollar un pensamiento realmente adecuado. Es bueno aplicar este principio especialmente a cosas que aún no se entienden, en las que aún no se ha penetrado en la conexión interna. Por eso, incluso en procesos que aún no comprendemos, como el clima, debemos confiar en que, al estar conectados en el exterior, también producen conexiones en nosotros; y eso debe ocurrir con abstención del pensamiento, solo en imágenes. Hay que decirse: Aún no conozco la conexión, pero dejaré que estas cosas vivan dentro de mí, y si me abstengo de toda especulación, producirán algo en mí. Será fácil creer que, si la persona, de esta manera, con abstención del pensamiento, se hace imágenes mentales lo más precisas posible de los procesos sucesivos, algo puede ocurrir en los miembros invisibles del ser humano.

El ser humano tiene el cuerpo astral como portador de la vida de las ideas. Este cuerpo astral es, mientras el ser humano especula, el esclavo del yo. Pero no se limita a tener esta actividad consciente; también mantiene cierta relación con todo el cosmos.

En la medida en que nos abstenemos de dejar que nuestra voluntad de pensar actúe, en que nos limitamos simplemente a formar imágenes de ideas de eventos consecutivos, en esa misma medida los pensamientos internos del mundo actúan en nosotros y se imprimen en nuestro cuerpo astral sin que lo sepamos. Así como nos adaptamos al curso del mundo observando los sucesos del mundo y captando las imágenes lo más puramente posible en nuestros pensamientos y dejándolas actuar en nosotros, en esa misma medida vamos haciéndonos más sabios en los miembros que están fuera de nuestra conciencia. Si luego logramos, en tales sucesos que tienen una conexión interna, dejar que una nueva imagen pase a la otra, tal como se desarrolla esa transición en la naturaleza, veremos después de un tiempo que nuestro pensar ha adquirido algo así como cierta suavidad.

Así debemos proceder con cosas que aún no entendemos; pero ante cosas que sí comprendemos, debemos comportarnos un poco de la misma manera, por ejemplo, frente a los sucesos de nuestra vida cotidiana que tienen lugar a nuestro alrededor. Por ejemplo, alguien, tal vez el vecino, hizo esto o aquello. Reflexionamos: ¿Por qué lo hizo? - Pensamos que lo hizo hoy más fácilmente como preparación para algo que quiere hacer mañana. Ahora no decimos nada más, sino que nos imaginamos exactamente lo que hizo e intentamos ahora hacernos una idea de lo que hará mañana. Nos imaginamos: Esto es lo que hará mañana - y esperamos a ver qué hace realmente. Puede ser que mañana notemos que realmente hace lo que nos imaginamos. También puede ser que haga algo diferente. Veremos qué ocurre y trataremos de mejorar nuestros pensamientos en base a eso.

Así que buscamos en el presente eventos que seguimos en nuestra mente hacia el futuro y esperamos a ver qué sucede. Podemos hacer esto con lo que hacen las personas y con otras cosas. Donde entendemos algo, tratamos de hacernos una idea de lo que creemos que sucederá. Si lo esperado ocurre, entonces nuestro pensamiento fue correcto; y eso está bien. Si sucede algo distinto a lo que esperábamos, entonces intentamos pensar en qué nos equivocamos y así tratar de corregir nuestros pensamientos incorrectos observando y revisando calmadamente cuál fue el error, de dónde surge que haya pasado así. Si acertamos, sin embargo, queremos cuidarnos especialmente de presumir nuestra profecía: ¡Sí, ya lo sabía ayer, que esto iba a pasar!

Eso era, a su vez, un principio que surgía de la confianza de que hay una necesidad interna en las cosas y los acontecimientos, que en los hechos mismos hay algo que impulsa las cosas hacia adelante. Y lo que trabaja ahí de un día para otro son fuerzas del pensar. Si nos sumergimos en las cosas, tomamos conciencia de estas fuerzas del pensar. Hacemos presentes estas fuerzas del pensar en nuestra conciencia a través de ejercicios de este tipo, y entonces estamos en sintonía con ellas cuando se cumple lo que habíamos previsto; entonces, a través de nuestra actividad mental, estamos en una conexión interna con la realidad. Así nos acostumbramos a pensar no de forma arbitraria, sino por la necesidad interna, por la naturaleza de las cosas.

Pero también podemos entrenar nuestra práctica de pensar en otra dirección. Algún evento que ocurre hoy también está relacionado con lo que sucedió ayer, por ejemplo, algún niño se ha portado mal; ¿cuáles podrían ser las causas? Seguimos los acontecimientos hoy hacia atrás hasta ayer, construimos las causas que no conocemos. Nos decimos: Creo que porque esto pasa hoy, entonces eso o aquello se preparó ayer o antes de ayer mediante esto o aquello.

Luego uno se informa sobre lo que realmente ocurrió y así reconoce si pensó correctamente. Si ha encontrado la causa correcta, está bien; si se hizo una idea equivocada, entonces intente aclarar los errores para sí mismo y encontrar cómo se desarrolló el proceso de pensamiento y cómo ocurrieron las cosas en la realidad.

Lo importante es llevar a cabo estos principios: que realmente encontremos tiempo para mirar las cosas como si estuviéramos dentro de ellas con nuestro pensar, que nos sumerjamos en las cosas, en la actividad interna del pensamiento de las cosas. Si hacemos eso, nos daremos cuenta poco a poco de cómo prácticamente nos fusionamos con las cosas, cómo ya no sentimos que las cosas estén afuera y nosotros adentro pensando sobre ellas, sino que sentimos como si nuestro pensamiento se moviera dentro de las cosas. Cuando una persona alcanza esto en un alto grado, muchas cosas pueden volverse claras para ella.

Una persona que había alcanzado en gran medida lo que se podía alcanzar, un pensador así, que siempre estaba dentro de las cosas con sus pensamientos, ese era Goethe. El psicólogo Heinroth dijo en 1822 en su «Manual de Antropología» que el pensamiento de Goethe era un pensamiento objetivo. Goethe mismo se alegró de este comentario. Esto debía significar que tal pensamiento no se separa de las cosas; permanece dentro de las cosas, se mueve dentro de la necesidad de las cosas. El pensamiento de Goethe era al mismo tiempo una contemplación, y su contemplación al mismo tiempo un pensamiento.

Goethe llegó muy lejos con un pensamiento tan desarrollado. Así que ocurrió más de una vez: Goethe planeaba algo, se acercaba a la ventana y le decía a quien estaba ahí presente: En tres horas lloverá, - y así sucedía. Podía, desde el pequeño fragmento del cielo que veía por la ventana, predecir lo que iba a ocurrir en las siguientes horas en las condiciones del clima. Su pensamiento fiel, que permanecía en las cosas, le había permitido sentir lo que se estaba preparando a partir de lo que había venido antes como el evento posterior.

Realmente se puede lograr mucho más a través del pensar práctico de lo que uno suele imaginar. - Cuando uno tiene lo que se ha descrito como principios para el pensamiento, entonces se da cuenta de que el pensamiento se vuelve realmente práctico, que la perspectiva se amplía y que uno aborda las cosas del mundo de manera completamente diferente a como lo haría sin esto. Poco a poco, la persona empieza a relacionarse de manera muy distinta con las cosas y también con los demás. Es un proceso real que ocurre en él, que cambia completamente su comportamiento. Puede ser de enorme importancia que la persona realmente intente crecer junto con las cosas a través de su pensamiento; porque es un principio para el pensamiento eminentemente práctico, hacer este tipo de ejercicios.

Otra cosa es un ejercicio que deberían hacer especialmente aquellas personas a las que normalmente no se les ocurre lo correcto en el momento adecuado. Lo que estas personas deberían hacer consiste, ante todo, en intentar no solo pensar de manera que se entreguen en cada instante a lo que el curso del mundo trae consigo, a lo que las cosas traen consigo. Lo más común es que, cuando una persona puede acostarse por media hora para descansar, deje que sus pensamientos jueguen. Entonces se enredan hasta el ciento y el mil. O tal vez le preocupa este o aquel asunto en la vida; de repente se apodera de su conciencia y queda completamente ocupado por ello. Si una persona hace esto, nunca logrará tener la idea correcta en el momento adecuado. Si quiere lograrlo, debe comportarse de la siguiente manera. Si tiene media hora para descansar, debe decirse a sí mismo: Quiero pensar, siempre que tenga tiempo, en algo que yo mismo elija, algo que solo lleve a mi conciencia por mi propia voluntad. Por ejemplo, ahora quiero pensar en algo que quizá haya experimentado antes, tal vez durante un paseo hace dos años; quiero traer deliberadamente esas experiencias a mi pensamiento y reflexionar sobre ellas, aunque solo sea cinco minutos. ¡Todo lo demás, fuera durante esos cinco minutos! Yo mismo elijo sobre qué quiero pensar. La elección ni siquiera tiene que ser tan difícil como acabo de decir. En principio, no se trata de influir en tu proceso de pensamiento a través de ejercicios difíciles, sino de arrancarte de aquello en lo que te arrastra la vida. Solo tiene que ser algo que sobresalga de lo que te envuelve el curso normal del día. Y si sufres de falta de imaginación, si simplemente no se te ocurre otra cosa, puedes ayudarte a ti mismo abriendo un libro y reflexionando sobre lo que lees a primera vista. O también, puedes decirte: Hoy voy a pensar en lo que vi cuando fui a la tienda a determinada hora de la mañana y que normalmente hubiera pasado por alto. Tiene que ser algo que se salga del curso habitual de la vida, sobre lo que normalmente no hubieras reflexionado.

Si uno hace estos ejercicios sistemáticamente una y otra vez como él, entonces ocurre que se tienen ideas en el momento adecuado, que se nos ocurren en el momento correcto cosas que deben ocurrírsenos. El pensamiento se volverá entonces más ágil, y eso es enormemente importante para la persona en la vida práctica.

Otro ejercicio es especialmente adecuado para influir en la memoria. Primero se intenta recordar, de manera general, como uno normalmente recuerda las cosas, algún acontecimiento, digamos de ayer. Por lo general, los recuerdos de las personas son grises; normalmente uno se conforma con recordar solo el nombre de la persona que encontró ayer. Pero no debemos conformarnos con eso si queremos desarrollar nuestra memoria. Debemos tener eso claro. Debemos hacer sistemáticamente lo siguiente, debemos decirnos a nosotros mismos: Quiero recordar con mucha precisión a la persona que vi ayer, también a qué esquina de la calle la vi; qué había alrededor de ella. Quiero visualizar la imagen con detalle, también su chaqueta, su chaleco quiero imaginarlo con exactitud. Allí la mayoría de las personas notarán que no pueden hacerlo, que les resulta imposible. Se darán cuenta de cuánto les falta para tener una verdadera imagen visual de lo que encontraron ayer y de lo que vivieron ayer.

Ahora debemos partir principalmente de la gran mayoría de los casos en los que la persona no es capaz de recordar lo que vivió ayer. La observación de las personas es realmente extremadamente inexacta. - Un experimento de un profesor universitario con sus alumnos mostró que de treinta presentes, solo dos observaron el hecho correctamente, mientras que los otros veintiocho lo hicieron de manera incorrecta. - Sin embargo, una buena memoria es el fruto de una observación fiel. Para desarrollar la memoria, precisamente importa observar con atención. Se logra una buena memoria mediante la observación cuidadosa; a través de cierto camino psicológico, la memoria fiel nace como hijo de una buena observación.

Pero si ahora no se puede hacer eso, primero hay que recordar con precisión lo que se vivió ayer, ¿qué se hace entonces? Primero, trate de recordar lo más exactamente posible, y donde no recuerde, entonces intente imaginarse algo falso, solo que debe ser completo. Supongamos que ha olvidado por completo si alguien que encontró llevaba una falda marrón o negra, pues imagínese más fácilmente que llevaba una falda marrón y pantalones marrones; que tenía tales y cuales botones en el chaleco, la corbata era amarilla, y allí estaba esa situación, la pared era amarilla, a la izquierda pasó una persona grande, a la derecha una pequeña, y así sucesivamente.

Aquello a lo que uno recuerda, eso se coloca dentro de la imagen; solo aquello a lo que no se puede recordar, eso se completa, para obtener en la mente una imagen completa. La imagen inicialmente está equivocada, pero al esforzarse por obtener una imagen completa, eso lo guía a observar con más precisión a partir de ahora. Y continúa haciendo tales ejercicios. Y cuando lo hayas hecho cincuenta veces, la cincuenta y una vez sabrás exactamente cómo lucía la persona que encontraste, qué llevaba puesto; recordarás todo con exactitud, salvo los botones del chaleco. Ya no pasarás nada por alto, y cada detalle se grabará en tu memoria. Primero has agudizado tu sentido de la observación con los ejercicios y luego has mejorado la fidelidad de tu memoria como consecuencia del sentido de la observación.

Es especialmente bueno enfocarse en observar, no solo en recordar nombres y algunos rasgos principales de aquello que uno quiere recordar, sino en intentar obtener representaciones lo más vívidas posible, que se extiendan a todos los detalles; y si uno no puede recordar algo, primero se busca completar la imagen, construirla como un todo. - Entonces pronto veremos cómo, por caminos indirectos, parece -, que nuestra memoria se vuelve fiel poco a poco.

Así vemos cómo, de hecho, se puede indicar, –como movimientos manuales–, aquello a través de lo cual el ser humano puede hacer su pensamiento cada vez más práctico. Especialmente importante es lo siguiente: el ser humano tiene cierta tendencia, cuando reflexiona sobre algo, a llegar a un resultado. Piensa cómo hacer esto o aquello y llega a este o aquel resultado. Ese es un impulso muy comprensible. Pero eso no es lo que conduce al pensamiento práctico. Cualquier apresuramiento en el pensamiento no avanza, sino que retrocede. Uno debe tener paciencia en estas cosas.

Por ejemplo, deberías llevar a cabo esto o aquello: puedes hacerlo de una manera o de otra, hay diferentes posibilidades. Ahora, ten paciencia e intenta imaginar lo que pasaría si lo hicieras de esta manera, y también intenta imaginar cómo se vería si lo hicieras de otra forma. Siempre habrá razones para preferir una opción sobre la otra, pero por ahora abstente de tomar una decisión inmediata, y en su lugar trata de imaginar las dos posibilidades y luego decirte a ti mismo: Bueno, ya está, ahora dejo de pensar en esto.

Habrá personas que se pondrán inquietas por esto; y luego es difícil superar esa inquietud, pero es enormemente útil superarla y decirse a uno mismo: Así va, así va, y ahora no pienso en ello por un rato. Si se puede, uno debería posponer el asunto, la acción, hasta el día siguiente y mantener frente a sí las dos posibilidades de nuevo, y se descubrirá que las cosas han cambiado mientras tanto, que al día siguiente decidiremos de manera diferente, al menos más a fondo, de lo que habríamos decidido el día anterior. Las cosas tienen una necesidad interna, y si no actuamos impacientemente de manera arbitraria, sino que dejamos que esa necesidad interna funcione en nosotros, —y funcionará en nosotros—, aparecerá enriqueciendo nuestro pensamiento al día siguiente y nos permitirá tomar una decisión más correcta. ¡Esto es enormemente útil!

Por ejemplo, alguien puede pedirte consejo sobre esto o aquello, o tienes algo que decidir. Ahí hay que tener paciencia, no lanzarse de inmediato con decisiones, sino primero considerar varias posibilidades y no tomar una decisión dentro de uno mismo, sino dejar que las opciones actúen tranquilamente. También se dice popularmente que uno debe 'dormir sobre algo' antes de decidir. Pero solo dormir sobre ello no es suficiente. Es necesario considerar dos o, mejor, más opciones, que luego sigan trabajando dentro de ti, como si tu yo consciente no estuviera presente, y luego volver a la cuestión más tarde. Verás que de esta manera se estimula la capacidad de pensar interna y el pensamiento se vuelve cada vez más adecuado y práctico.

Y sea lo que sea que el ser humano haga en el mundo, ya sea que esté en el tornillo de banco o detrás del arado, o que pertenezca a una de las llamadas clases profesionales privilegiadas, en las cosas más cotidianas se convertirá en un pensador práctico si practica estas cosas. Así, al practicar, toma y observa las cosas del mundo de una manera completamente diferente. Y aunque estas prácticas parezcan internas al principio, son justamente para el mundo exterior, llevan en sí la mayor importancia posible para el mundo exterior; tienen consecuencias importantes.

Quiero mostrarles con un ejemplo lo necesario que es pensar realmente de manera práctica sobre las cosas: alguien ha subido a un árbol con una escalera y ha hecho algo allí; se cae, se golpea y muere. Bueno, ¿verdad?, es un pensamiento obvio que
al caer se golpeó hasta morir. Se dirá que la caída fue la causa y la muerte el efecto. Parece que causa y efecto están relacionadas. Pero aquí pueden ocurrir confusiones terribles. - Puede ser que haya sufrido un infarto mientras estaba arriba, de modo que cayó a causa del ataque al corazón. Exactamente lo mismo habría pasado si hubiera caído estando vivo, habría pasado por las mismas cosas que realmente podrían haber sido la causa de su muerte. - Así se puede confundir completamente causa y efecto. En este ejemplo es evidente; pero muchas veces no es tan evidente lo que se ha pasado por alto. Estos errores de pensamiento ocurren muchísimo, de hecho, hay que decir que hoy en día, en la ciencia, a diario se emiten juicios en los que se confunden causa y efecto de esta manera. Los humanos simplemente no lo comprenden porque no se mantienen conscientes de las posibilidades de pensamiento.

Se dará todavía un ejemplo que puede mostrarles claramente cómo surgen tales errores de pensamiento, y que les demuestra que a una persona que ha hecho ejercicios como los que se indicaron hoy, ya no le ocurrirán. Supongamos lo siguiente: un erudito se dice a sí mismo que el ser humano, tal como es hoy, desciende del mono; es decir, lo que aprendo del mono, las capacidades en el mono, se perfeccionan, y de eso surge después el ser humano. - Ahora, para mostrar el sentido de la idea, hagamos la siguiente suposición: imaginemos que el hombre que debe sacar esta conclusión fuera, por alguna circunstancia, colocado completamente solo en la Tierra. Además de él, solo estarían esos monos de los que su teoría dice que de ellos pueden surgir los humanos. Ahora estudia esos monos muy de cerca, se hace una idea de los detalles de lo que hay en los monos. Entonces debe intentar, a partir del concepto del mono, generar el concepto del ser humano, sin que jamás haya visto uno. Se dará cuenta de que nunca lo logrará: su concepto de “mono” nunca se transforma en el concepto de ser humano.

Si tuviera hábitos de pensamiento correctos, debería decirse: Entonces, mi concepto no se transforma en mí de tal manera que del concepto del mono pase al concepto del ser humano, por lo tanto, lo que veo en el mono no puede convertirse en humano, porque de lo contrario mi concepto también tendría que cambiar. Entonces debe añadirse algo más, que no puedo ver. - Este ser humano, por lo tanto, tendría que ver algo extra sensorial detrás del mono sensorial, algo que no puede percibir, que luego podría convertirse en humano.

No vamos a entrar en la imposibilidad del asunto, sino solo mostrar el error de pensamiento que se encuentra detrás de esa teoría. Si el ser humano pensara correctamente, se vería llevado a que no puede pensar de esa manera, si no quiere suponer algo sobrenatural. Si reflexiona sobre el asunto, verá que aquí hay un error de pensamiento abrumador cometido por toda una serie de personas. Tales errores ya no serán cometidos por quien entrene su pensamiento de la manera indicada.

Una gran parte de toda nuestra literatura actual, especialmente la científica, se convierte para quien realmente sabe pensar bien, en una fuente de efectos hasta dolor físicos, debido a esos pensamientos torcidos y contradictorios, cuando tiene que leer a través de ellos. - No se quiere decir con esto nada en absoluto contra la enorme cantidad de observaciones que se han obtenido gracias a esta ciencia natural y sus métodos objetivos.

Ahora llegamos a un capítulo que está relacionado con la miopía del pensar. Es realmente así: generalmente la persona no sabe que su pensar no es muy razonable, sino que en gran medida es solo el resultado de hábitos de pensamiento. Así, los juicios, para quien comprende el mundo y la vida, se formarán de manera completamente diferente que para quien no los comprende o los comprende poco, por ejemplo, un pensador materialista. Convencer a alguien así mediante razones, por más sólidas y buenas que sean, no es fácil. Intentar convencer con razones a quien conoce poco la vida suele ser un esfuerzo inútil, porque ni siquiera comprende las razones por las que algo se puede afirmar. Si se ha acostumbrado a ver en todo, por ejemplo, solo materia, entonces se aferra precisamente a este hábito de pensamiento.

Hoy en día, por lo general no son las razones lo que lleva a alguien a hacer afirmaciones, sino que detrás de las razones están los hábitos de pensamiento que ha adquirido y que influyen en todo su sentir y percibir. Cuando presenta razones, solo se le pone frente a su sentir y percibir la máscara del pensamiento habitual. Así que a menudo el padre del pensamiento no es solo el deseo, sino que todos los sentimientos y hábitos de pensamiento son los padres de los pensamientos. Quien conoce la vida sabe lo poco que alguien se deja convencer por razones lógicas en la vida. En el alma decide algo mucho más profundo que las razones lógicas.

Por ejemplo, si tenemos nuestro movimiento antroposófico, ciertamente tiene buenas razones para que lo tengamos y para que trabaje en sus ramas. Cada uno nota, al colaborar un tiempo en el movimiento, que ha adquirido una forma diferente de pensar, sentir y percibir. Porque, al trabajar en las ramas, no solo uno se ocupa de encontrar las razones lógicas para algo, sino que adquiere un sentir y percibir más completo.

Como solía burlarse hace unos años una persona que escuchaba por primera vez una conferencia de ciencia espiritual y hoy, ¡cuántas cosas le son completamente claras y transparentes que tal vez tiempo atrás habría considerado algo sumamente absurdo! Al participar en el movimiento antroposófico, no solo transformamos nuestros pensamientos, sino que aprendemos a introducir toda nuestra alma en una perspectiva más amplia. Debemos tener claro que la coloración de nuestros pensamientos proviene de niveles mucho más profundos de lo que normalmente se piensa. Hay ciertas sensaciones, ciertos sentimientos que imponen una opinión al ser humano. Las razones lógicas a menudo son solo un disfraz, solo máscaras para los sentimientos, sensaciones y hábitos de pensamiento.

Lograr que los motivos lógicos nos den algún sentido de algo requiere aprender a amar la lógica en sí misma. Solo cuando aprendemos a amar la objetividad y lo adecuado, los motivos lógicos se volverán decisivos. Poco a poco se aprende a pensar objetivamente, por así decirlo, independientemente de la predilección por este o aquel pensamiento, y entonces la perspectiva se amplía y uno se vuelve práctico; no tan práctico como para solo poder juzgar siguiendo caminos ya establecidos, sino tan práctico como para aprender a pensar a partir de las cosas mismas.

La verdadera práctica es un hijo del pensar adecuado, del pensamiento que fluye de las cosas. Solo empezamos a dejarnos inspirar por las cosas cuando hacemos tales ejercicios; y estos ejercicios deben hacerse con cosas sanas. Son aquellas cosas en las que la cultura humana tiene la menor influencia posible, que son las menos distorsionadas
es decir: los objetos de la naturaleza. Practicar con objetos naturales de la manera que hemos descrito hoy nos convierte en pensadores prácticos. Eso es realmente práctico. La actividad más cotidiana se abordará de manera práctica si entrenamos el elemento fundamental, o sea: el pensar. Al ejercitar el alma humana de la manera que se ha expuesto, se forma una orientación práctica del pensar

Debe ser el fruto del movimiento de las ciencias espirituales que realmente genere practicantes en la vida. No es tan importante que la persona pueda considerar esto o aquello como verdadero, sino que llegue a ver las cosas correctamente. Mucho más importante es la manera en que la antroposofía penetra en nuestra alma y nos guía hacia la actividad de nuestra alma y amplía nuestra mirada, que simplemente teorizar más allá de las cosas sensoriales y hacia lo espiritual. En esto, la antroposofía es algo verdaderamente práctico.

Esa es una misión importante del movimiento antroposófico: que a través de él se ponga en movimiento el pensamiento del ser humano, se entrene de tal manera que piense que el espíritu está detrás de las cosas. Si el movimiento antroposófico enciende esta actitud, entonces establecerá una cultura de la que nunca surgirá un pensamiento como el de personas que quieran empujar el carro desde dentro. Eso fluye por sí mismo hacia el alma. Cuando el alma ha aprendido a pensar sobre los grandes hechos de la vida, entonces también piensa correctamente sobre la cuchara de sopa. Y no solo con respecto a la cuchara de sopa las personas se volverán más prácticas, sino que también aprenderán a clavar un clavo más prácticamente, a colgar un cuadro más prácticamente, de lo que lo habrían hecho de otra manera. Es de gran importancia que aprendamos a considerar la vida espiritual-alma como un todo y que, a través de esta visión, aprendamos a hacer todo cada vez más práctico.

Traducido por J.Luelmo -ago 2026-

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