CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA108 Karlsruhe, 18 de enero de 1909 - ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar?

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¿CÓMO ADQUIRIR LA ACTITUD CORRECTA PARA PENSAR?

Rudolf Steiner

Karlsruhe, 18 de enero de 1909



Pensar de forma realmente práctica y meros hábitos de pensar.  ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar? El entrenamiento del pensar mediante ejercicios. Profundizar en las facultades del pensar. Ejercicios para Fortalecer la memoria.  Ejemplos de errores del pensar. Sobre la importancia de pensar correctamente.

Podría parecer extraño que precisamente la antroposofía se sienta llamada a hablar sobre la formación práctica del pensar, dado que quienes están fuera a menudo opinan que la antroposofía es algo sumamente poco práctico y que no tiene nada que ver con la vida. Esta visión solo puede existir cuando se ven las cosas desde fuera, de manera superficial. Pero en realidad, lo que se propone debe ser una guía para la vida más cotidiana; debe poder transformarse en cada momento en sensación y sentimiento, y permitirnos enfrentarnos a la vida con seguridad y mantenernos firmes en ella.

La gente que se auto considera práctica, se imagina que actúa según los principios más prácticos. Pero cuando se examinan las cosas más de cerca, se verá que el llamado «pensamiento práctico» a menudo no es pensar en absoluto, sino un improvisar con juicios y hábitos de pensamiento adquiridos. Si se observa de manera absolutamente objetiva el pensar de los prácticos y se analiza lo que normalmente se llama práctica del pensar, se descubrirá que en realidad tiene muy poco de práctico real detrás; lo que se llama práctica consiste en haber aprendido: ¿cómo pensaba el maestro, cómo pensaba quien fabricó esto o aquello antes, y cómo se sigue eso? - Y quien piensa diferente se le considera una persona poco práctica; porque el pensamiento no coincide con lo que uno ha aprendido a lo largo del tiempo.


Pero cuando realmente se inventó algo práctico, este no fue hecho inicialmente por un profesional. Tomemos como ejemplo nuestro sello de correos actual. Lo más lógico sería pensar que fue inventado por un especialista en correos. Pero no es así. A principios del siglo pasado, enviar una carta aún era algo muy complicado. Si alguien quería enviar una carta, tenía que ir al lugar correspondiente, donde se podían enviar cartas, y allí consultar diversos libros y lidiar con todo tipo de complicaciones. Tener una tarifa uniforme como la que conocemos hoy es algo de hace apenas unos sesenta años (1880). Y nuestro sello postal actual, que lo hace posible, no fue inventado por un trabajador postal práctico, sino por alguien alejado del correo, el inglés Hill.

Y cuando se inventó el sello postal, el ministro correspondiente en el Parlamento inglés, que en aquel entonces estaba a cargo del servicio postal, dijo: Sí, primero no se puede asumir que realmente, por esta simplificación, el tráfico se incrementaría tanto como este poco práctico Hill se imagina, y segundo, incluso suponiendo que fuera así, entonces el edificio de correos en Londres no sería suficiente para ese tráfico. - A este gran práctico ni se le ocurrió remotamente que el edificio de correos debería ajustarse al tráfico y no al revés. Ahora, en un tiempo relativamente breve, se ha impuesto lo que en ese entonces un “poco práctico” tuvo que luchar contra un “práctico”: hoy en día es completamente normal que la carta se envíe con un sello.

Algo similar ocurre con el ferrocarril. Cuando en el año 1835 se iba a construir el primer ferrocarril en Alemania, de Núremberg a Fürth, el colegio médico bávaro, que fue consultado al respecto, emitió un informe de expertos diciendo que no era recomendable construir ferrocarriles; pero si aún así se tenía la intención de hacerlo, al menos se debía levantar a ambos lados del ferrocarril una alta pared de tablones, para que las personas que cruzaran no sufrieran sacudidas nerviosas o cerebrales.

Cuando se iba a construir la línea ferroviaria Potsdam-Berlín, el director general de correos Nagler dijo: Yo dejo que dos carruajes de correos vayan diariamente a Potsdam, y no van llenos; si la gente quiere tirar su dinero absolutamente por la ventana, entonces que lo hagan directamente. - Las realidades de la vida simplemente superan a los “practicos”, a aquellos que creen ser practicos. Hay que distinguir entre lo que es pensamiento verdadero y el llamado pensar práctico, que no es más que juzgar según hábitos mentales adquiridos.

Quisiera contarles una pequeña experiencia que yo mismo viví una vez y ponerla ante nuestra reflexión de hoy: Durante mis años de estudio, un joven colega vino a mí lleno de alegría, de esa alegría que se nota en las personas que han tenido una idea bastante ingeniosa, y dijo: Tengo que ir ahora mismo al profesor Radinger, -que en aquel entonces representaba la ingeniería mecánica en la universidad-, porque he hecho un gran invento: he descubierto cómo, usando muy poca energía de vapor una sola vez, se puede lograr una cantidad enorme de trabajo mediante una máquina. - No pudo decirme más, tenía mucha prisa por ir al profesor. Pero no encontró al profesor en cuestión, y regresó y me explicó todo el asunto. La historia me olió enseguida un poco a perpetuum mobile - pero, ¿verdad?, ¿por qué algo así no podría ser posible algún día? - Pero después de que me explicó todo, tuve que decirle: Mira, la idea es bastante ingeniosa, pero en la práctica es algo que se puede comparar exactamente con que alguien se meta en un vagón de tren, empuje con todas sus fuerzas y piense que el vagón va a moverse solo. Así es el principio de pensamiento en tu invento. - Entonces él también lo entendió y no volvió a ir al profesor.

De cierta manera, uno puede encerrarse con su pensar. En casos muy especiales y raros, ese encerrarse se muestra claramente; pero en la vida, muchas personas se encierran así, y no siempre se nota tan evidentemente como en nuestro ejemplo. Sin embargo, quien pueda observar la cosa un poco más de cerca, sabe que así transcurre una gran parte de los procesos de pensamiento humano: a menudo ve, por así decirlo, a las personas 'plantadas' en el carro empujando hacia adentro y pensando ahora que son ellos quienes hacen avanzar el carro. Muchas de las cosas que ocurren en la vida serían muy distintas si la gente no fuera de esos que empujan el carro 'así plantadas'.

La verdadera práctica del pensar supone que uno adopte la actitud correcta, el sentimiento adecuado hacia el pensamiento. ¿Cómo se puede adquirir una postura correcta ante el pensamiento? Nadie puede tener el sentimiento correcto hacia el pensamiento si cree que el pensar es algo que solo ocurre dentro de la persona, en su cabeza o en su alma. Quien tenga esta idea se distraerá continuamente con un sentimiento falso y no buscará una práctica correcta del pensar ni exigirá lo necesario a su pensar. Quien quiera adquirir el sentimiento correcto hacia el pensar debe decirse: Si mediante el pensar, puedo reflexionar sobre las cosas, si puedo profundizar en las cosas, entonces los pensamientos deben estar primero en las cosas. Las cosas deben estar construidas según los pensamientos, solo así puedo extraer los pensamientos de las cosas.

El ser humano debe imaginar que lo que ocurre afuera en el mundo con las cosas, es comparable a como con un reloj. El hecho de comparar el organismo humano con un reloj se usa con mucha frecuencia; pero la gente muchas veces olvida lo más importante: que también existe un relojero. Hay que tener claro que los engranajes no se han combinado por si solos, ni que la máquina funciona por sí sola, sino que en algún momento tubo que haber un relojero que ensambló ese reloj. No se debe olvidar al relojero. Cuando el reloj se hizo realidad se hizo mediante el pensar, los pensamientos fluían casi directamente en el reloj, en la cosa. También todo lo que son obras de la naturaleza, sucesos de la naturaleza, hay que imaginarlos así. Con lo que es fruto del obrar humano, eso se puede ilustrar fácilmente; pero con las obras de la naturaleza, la gente no puede notarlo tan fácilmente, y obstante también son actividades espirituales, y detrás de ellas hay entidades espirituales. Y cuando un ser humano piensa sobre las cosas, solo reflexiona sobre lo que previamente fue depositado en ellas. La fe de que el mundo ha sido creado mediante el pensamiento y que continúa manifestándose de este modo, es lo que realmente hace provechosa la práctica interna del pensar.

Siempre es la incredulidad hacia lo espiritual, lo que provoca en el mundo, incluso sobre una base científica, la peor práctica incorrecta del pensar. Por ejemplo, cuando alguien dice: Nuestro sistema planetario se formó así, que primero hubo una nebulosa original que empezó a girar, se compactó en un cuerpo central, de él se separaron anillos y esferas, y así se formó mecánicamente todo el sistema planetario -, quien lo dice comete un gran error de pensamiento. Hoy en día se enseña esto de forma muy bonita a la gente. En un experimento bonito se muestra esto hoy en cualquier escuela: se pone una gota de grasa en un vaso de agua, se pasa una aguja por la gota de grasa y se pone todo a girar. Entonces, del gran gota se separan pequeñas gotitas, y se tiene un sistema planetario en miniatura, y al estudiante, -según se cree-, se le muestra visualmente cómo se puede formar de manera puramente mecánica. Sólo un pensamiento poco práctico puede sacar tales conclusiones de este experimento bonito, porque la persona que lo transfiere al gran sistema del mundo usualmente olvida algo, que tal vez sería bueno olvidar, se olvida a sí mismo, se olvida que ha sido él mismo quien puso la cosa en rotación. Si él no hubiera estado ahí ni hubiera hecho todo, nunca se habría producido la división de la gota de grasa en pequeñas gotas. Si la persona también observa esto y lo traslada al sistema planetario, entonces sí que se estaría aplicando un pensamiento completo. Estos errores de pensamiento hoy en día, especialmente en lo que hoy se llama ciencia, juegan un papel enorme. Estas cosas son mucho más importantes de lo que uno suele pensar.

Si uno quiere hablar de una verdadera práctica del pensar, debe saber que los pensamientos solo pueden sacarse de un mundo en el que ya existen tales pensamientos. Así como solo se puede sacar agua de un vaso que realmente contiene agua, también solo se pueden extraer pensamientos de cosas que realmente los contienen. El mundo está construido según pensamientos; únicamente por eso se pueden extraer pensamientos de él. Si esto no fuera así, no podría surgir ninguna práctica del pensar. Pero cuando la persona siente hasta el final lo que aquí se ha expresado, entonces será fácil superar todo pensamiento abstracto. Cuando la persona tiene plena confianza en que detrás de las cosas hay pensamientos, que los hechos reales de la vida transcurren conforme a pensamientos, entonces, cuando tiene esta sensación, le será fácil volverse hacia una práctica del pensar que esté construida sobre la realidad.

Ahora queremos mostrar algo de esa práctica del pensar que es especialmente importante para quienes se encuentran en el terreno antroposófico. Quien esté impregnado de la idea de que el mundo de los hechos se desenvuelve en pensamientos, verá la importancia de desarrollar un pensar correcto. Supongamos ahora que alguien dice: Quiero enriquecer mi pensar de manera que éste realmente siempre sepa orientarse en la vida; entonces tiene que seguir lo que se va a decir ahora. Y lo que se indica a continuación debe entenderse de manera que sean realmente principios prácticos, y que, si uno se esfuerza una y otra vez por organizar su pensar según ellos, tienen ciertos efectos, haciendo que el pensar se vuelva práctico, aunque al principio no lo parezca. En efecto, si se aplican tales principios, se presentan experiencias totalmente diferentes para el pensar.

Supongamos que alguien intenta lo siguiente: Hoy observa cuidadosamente un proceso en el mundo que está a su alcance, que puede observar lo más precisamente posible, digamos por ejemplo el clima. Observa la configuración de las nubes por la tarde, la manera en que se ha puesto el sol y así sucesivamente, y ahora se forma exactamente la imagen de lo que ha observado. Intenta mantener la idea, esta imagen, durante un tiempo en todos sus detalles; conserva tanto como pueda de esta idea y busca mantenerla hasta mañana. Mañana observa aproximadamente a la misma hora, o quizás en otro momento, nuevamente las condiciones climáticas, e intenta hacerse otra vez una imagen exacta de las condiciones.

Si de esta manera se hace imágenes precisas de estados consecutivos, se le volverá extraordinariamente claro cómo se enriquece e intensifica gradualmente por dentro su pensar, porque lo que hace que el pensamiento sea poco práctico es que la gente suele estar demasiado inclinada a omitir los detalles de los procesos consecutivos en el mundo y quedarse solo con ideas generales y vagas. Lo valioso, lo esencial que fecunda el pensamiento, es precisamente formarse imágenes exactas de los procesos consecutivos y luego decirse a sí mismo: ayer la cosa era así, hoy es así; y al mismo tiempo acercar lo más posible estas dos imágenes que están separadas en el mundo real también frente al alma.

Esto no es nada más que una expresión especial de la confianza en los pensamientos sobre la realidad. No se espera que la persona saque de inmediato alguna conclusión y a partir de lo que observó hoy determine cómo será el clima mañana. Eso corrompería su pensamiento. Más bien, debe tener confianza en que las cosas en la realidad exterior están conectadas, que lo de mañana tiene de alguna manera relación con lo de hoy. No debe especular sobre ello, sino simplemente reflexionar primero sobre lo que ocurre sucesivamente en imágenes mentales lo más precisas posible, y luego dejar que esas imágenes estén juntas y se mezclen entre sí. Este es un principio de pensamiento muy específico que hay que seguir si se quiere desarrollar un pensamiento realmente adecuado. Es bueno aplicar este principio especialmente a cosas que aún no se entienden, en las que aún no se ha penetrado en la conexión interna. Por eso, incluso en procesos que aún no comprendemos, como el clima, debemos confiar en que, al estar conectados en el exterior, también producen conexiones en nosotros; y eso debe ocurrir con abstención del pensamiento, solo en imágenes. Hay que decirse: Aún no conozco la conexión, pero dejaré que estas cosas vivan dentro de mí, y si me abstengo de toda especulación, producirán algo en mí. Será fácil creer que, si la persona, de esta manera, con abstención del pensamiento, se hace imágenes mentales lo más precisas posible de los procesos sucesivos, algo puede ocurrir en los miembros invisibles del ser humano.

El ser humano tiene el cuerpo astral como portador de la vida de las ideas. Este cuerpo astral es, mientras el ser humano especula, el esclavo del yo. Pero no se limita a tener esta actividad consciente; también mantiene cierta relación con todo el cosmos.

En la medida en que nos abstenemos de dejar que nuestra voluntad de pensar actúe, en que nos limitamos simplemente a formar imágenes de ideas de eventos consecutivos, en esa misma medida los pensamientos internos del mundo actúan en nosotros y se imprimen en nuestro cuerpo astral sin que lo sepamos. Así como nos adaptamos al curso del mundo observando los sucesos del mundo y captando las imágenes lo más puramente posible en nuestros pensamientos y dejándolas actuar en nosotros, en esa misma medida vamos haciéndonos más sabios en los miembros que están fuera de nuestra conciencia. Si luego logramos, en tales sucesos que tienen una conexión interna, dejar que una nueva imagen pase a la otra, tal como se desarrolla esa transición en la naturaleza, veremos después de un tiempo que nuestro pensar ha adquirido algo así como cierta suavidad.

Así debemos proceder con cosas que aún no entendemos; pero ante cosas que sí comprendemos, debemos comportarnos un poco de la misma manera, por ejemplo, frente a los sucesos de nuestra vida cotidiana que tienen lugar a nuestro alrededor. Por ejemplo, alguien, tal vez el vecino, hizo esto o aquello. Reflexionamos: ¿Por qué lo hizo? - Pensamos que lo hizo hoy más fácilmente como preparación para algo que quiere hacer mañana. Ahora no decimos nada más, sino que nos imaginamos exactamente lo que hizo e intentamos ahora hacernos una idea de lo que hará mañana. Nos imaginamos: Esto es lo que hará mañana - y esperamos a ver qué hace realmente. Puede ser que mañana notemos que realmente hace lo que nos imaginamos. También puede ser que haga algo diferente. Veremos qué ocurre y trataremos de mejorar nuestros pensamientos en base a eso.

Así que buscamos en el presente eventos que seguimos en nuestra mente hacia el futuro y esperamos a ver qué sucede. Podemos hacer esto con lo que hacen las personas y con otras cosas. Donde entendemos algo, tratamos de hacernos una idea de lo que creemos que sucederá. Si lo esperado ocurre, entonces nuestro pensamiento fue correcto; y eso está bien. Si sucede algo distinto a lo que esperábamos, entonces intentamos pensar en qué nos equivocamos y así tratar de corregir nuestros pensamientos incorrectos observando y revisando calmadamente cuál fue el error, de dónde surge que haya pasado así. Si acertamos, sin embargo, queremos cuidarnos especialmente de presumir nuestra profecía: ¡Sí, ya lo sabía ayer, que esto iba a pasar!

Eso era, a su vez, un principio que surgía de la confianza de que hay una necesidad interna en las cosas y los acontecimientos, que en los hechos mismos hay algo que impulsa las cosas hacia adelante. Y lo que trabaja ahí de un día para otro son fuerzas del pensar. Si nos sumergimos en las cosas, tomamos conciencia de estas fuerzas del pensar. Hacemos presentes estas fuerzas del pensar en nuestra conciencia a través de ejercicios de este tipo, y entonces estamos en sintonía con ellas cuando se cumple lo que habíamos previsto; entonces, a través de nuestra actividad mental, estamos en una conexión interna con la realidad. Así nos acostumbramos a pensar no de forma arbitraria, sino por la necesidad interna, por la naturaleza de las cosas.

Pero también podemos entrenar nuestra práctica de pensar en otra dirección. Algún evento que ocurre hoy también está relacionado con lo que sucedió ayer, por ejemplo, algún niño se ha portado mal; ¿cuáles podrían ser las causas? Seguimos los acontecimientos hoy hacia atrás hasta ayer, construimos las causas que no conocemos. Nos decimos: Creo que porque esto pasa hoy, entonces eso o aquello se preparó ayer o antes de ayer mediante esto o aquello.

Luego uno se informa sobre lo que realmente ocurrió y así reconoce si pensó correctamente. Si ha encontrado la causa correcta, está bien; si se hizo una idea equivocada, entonces intente aclarar los errores para sí mismo y encontrar cómo se desarrolló el proceso de pensamiento y cómo ocurrieron las cosas en la realidad.

Lo importante es llevar a cabo estos principios: que realmente encontremos tiempo para mirar las cosas como si estuviéramos dentro de ellas con nuestro pensar, que nos sumerjamos en las cosas, en la actividad interna del pensamiento de las cosas. Si hacemos eso, nos daremos cuenta poco a poco de cómo prácticamente nos fusionamos con las cosas, cómo ya no sentimos que las cosas estén afuera y nosotros adentro pensando sobre ellas, sino que sentimos como si nuestro pensamiento se moviera dentro de las cosas. Cuando una persona alcanza esto en un alto grado, muchas cosas pueden volverse claras para ella.

Una persona que había alcanzado en gran medida lo que se podía alcanzar, un pensador así, que siempre estaba dentro de las cosas con sus pensamientos, ese era Goethe. El psicólogo Heinroth dijo en 1822 en su «Manual de Antropología» que el pensamiento de Goethe era un pensamiento objetivo. Goethe mismo se alegró de este comentario. Esto debía significar que tal pensamiento no se separa de las cosas; permanece dentro de las cosas, se mueve dentro de la necesidad de las cosas. El pensamiento de Goethe era al mismo tiempo una contemplación, y su contemplación al mismo tiempo un pensamiento.

Goethe llegó muy lejos con un pensamiento tan desarrollado. Así que ocurrió más de una vez: Goethe planeaba algo, se acercaba a la ventana y le decía a quien estaba ahí presente: En tres horas lloverá, - y así sucedía. Podía, desde el pequeño fragmento del cielo que veía por la ventana, predecir lo que iba a ocurrir en las siguientes horas en las condiciones del clima. Su pensamiento fiel, que permanecía en las cosas, le había permitido sentir lo que se estaba preparando a partir de lo que había venido antes como el evento posterior.

Realmente se puede lograr mucho más a través del pensar práctico de lo que uno suele imaginar. - Cuando uno tiene lo que se ha descrito como principios para el pensamiento, entonces se da cuenta de que el pensamiento se vuelve realmente práctico, que la perspectiva se amplía y que uno aborda las cosas del mundo de manera completamente diferente a como lo haría sin esto. Poco a poco, la persona empieza a relacionarse de manera muy distinta con las cosas y también con los demás. Es un proceso real que ocurre en él, que cambia completamente su comportamiento. Puede ser de enorme importancia que la persona realmente intente crecer junto con las cosas a través de su pensamiento; porque es un principio para el pensamiento eminentemente práctico, hacer este tipo de ejercicios.

Otra cosa es un ejercicio que deberían hacer especialmente aquellas personas a las que normalmente no se les ocurre lo correcto en el momento adecuado. Lo que estas personas deberían hacer consiste, ante todo, en intentar no solo pensar de manera que se entreguen en cada instante a lo que el curso del mundo trae consigo, a lo que las cosas traen consigo. Lo más común es que, cuando una persona puede acostarse por media hora para descansar, deje que sus pensamientos jueguen. Entonces se enredan hasta el ciento y el mil. O tal vez le preocupa este o aquel asunto en la vida; de repente se apodera de su conciencia y queda completamente ocupado por ello. Si una persona hace esto, nunca logrará tener la idea correcta en el momento adecuado. Si quiere lograrlo, debe comportarse de la siguiente manera. Si tiene media hora para descansar, debe decirse a sí mismo: Quiero pensar, siempre que tenga tiempo, en algo que yo mismo elija, algo que solo lleve a mi conciencia por mi propia voluntad. Por ejemplo, ahora quiero pensar en algo que quizá haya experimentado antes, tal vez durante un paseo hace dos años; quiero traer deliberadamente esas experiencias a mi pensamiento y reflexionar sobre ellas, aunque solo sea cinco minutos. ¡Todo lo demás, fuera durante esos cinco minutos! Yo mismo elijo sobre qué quiero pensar. La elección ni siquiera tiene que ser tan difícil como acabo de decir. En principio, no se trata de influir en tu proceso de pensamiento a través de ejercicios difíciles, sino de arrancarte de aquello en lo que te arrastra la vida. Solo tiene que ser algo que sobresalga de lo que te envuelve el curso normal del día. Y si sufres de falta de imaginación, si simplemente no se te ocurre otra cosa, puedes ayudarte a ti mismo abriendo un libro y reflexionando sobre lo que lees a primera vista. O también, puedes decirte: Hoy voy a pensar en lo que vi cuando fui a la tienda a determinada hora de la mañana y que normalmente hubiera pasado por alto. Tiene que ser algo que se salga del curso habitual de la vida, sobre lo que normalmente no hubieras reflexionado.

Si uno hace estos ejercicios sistemáticamente una y otra vez como él, entonces ocurre que se tienen ideas en el momento adecuado, que se nos ocurren en el momento correcto cosas que deben ocurrírsenos. El pensamiento se volverá entonces más ágil, y eso es enormemente importante para la persona en la vida práctica.

Otro ejercicio es especialmente adecuado para influir en la memoria. Primero se intenta recordar, de manera general, como uno normalmente recuerda las cosas, algún acontecimiento, digamos de ayer. Por lo general, los recuerdos de las personas son grises; normalmente uno se conforma con recordar solo el nombre de la persona que encontró ayer. Pero no debemos conformarnos con eso si queremos desarrollar nuestra memoria. Debemos tener eso claro. Debemos hacer sistemáticamente lo siguiente, debemos decirnos a nosotros mismos: Quiero recordar con mucha precisión a la persona que vi ayer, también a qué esquina de la calle la vi; qué había alrededor de ella. Quiero visualizar la imagen con detalle, también su chaqueta, su chaleco quiero imaginarlo con exactitud. Allí la mayoría de las personas notarán que no pueden hacerlo, que les resulta imposible. Se darán cuenta de cuánto les falta para tener una verdadera imagen visual de lo que encontraron ayer y de lo que vivieron ayer.

Ahora debemos partir principalmente de la gran mayoría de los casos en los que la persona no es capaz de recordar lo que vivió ayer. La observación de las personas es realmente extremadamente inexacta. - Un experimento de un profesor universitario con sus alumnos mostró que de treinta presentes, solo dos observaron el hecho correctamente, mientras que los otros veintiocho lo hicieron de manera incorrecta. - Sin embargo, una buena memoria es el fruto de una observación fiel. Para desarrollar la memoria, precisamente importa observar con atención. Se logra una buena memoria mediante la observación cuidadosa; a través de cierto camino psicológico, la memoria fiel nace como hijo de una buena observación.

Pero si ahora no se puede hacer eso, primero hay que recordar con precisión lo que se vivió ayer, ¿qué se hace entonces? Primero, trate de recordar lo más exactamente posible, y donde no recuerde, entonces intente imaginarse algo falso, solo que debe ser completo. Supongamos que ha olvidado por completo si alguien que encontró llevaba una falda marrón o negra, pues imagínese más fácilmente que llevaba una falda marrón y pantalones marrones; que tenía tales y cuales botones en el chaleco, la corbata era amarilla, y allí estaba esa situación, la pared era amarilla, a la izquierda pasó una persona grande, a la derecha una pequeña, y así sucesivamente.

Aquello a lo que uno recuerda, eso se coloca dentro de la imagen; solo aquello a lo que no se puede recordar, eso se completa, para obtener en la mente una imagen completa. La imagen inicialmente está equivocada, pero al esforzarse por obtener una imagen completa, eso lo guía a observar con más precisión a partir de ahora. Y continúa haciendo tales ejercicios. Y cuando lo hayas hecho cincuenta veces, la cincuenta y una vez sabrás exactamente cómo lucía la persona que encontraste, qué llevaba puesto; recordarás todo con exactitud, salvo los botones del chaleco. Ya no pasarás nada por alto, y cada detalle se grabará en tu memoria. Primero has agudizado tu sentido de la observación con los ejercicios y luego has mejorado la fidelidad de tu memoria como consecuencia del sentido de la observación.

Es especialmente bueno enfocarse en observar, no solo en recordar nombres y algunos rasgos principales de aquello que uno quiere recordar, sino en intentar obtener representaciones lo más vívidas posible, que se extiendan a todos los detalles; y si uno no puede recordar algo, primero se busca completar la imagen, construirla como un todo. - Entonces pronto veremos cómo, por caminos indirectos, parece -, que nuestra memoria se vuelve fiel poco a poco.

Así vemos cómo, de hecho, se puede indicar, –como movimientos manuales–, aquello a través de lo cual el ser humano puede hacer su pensamiento cada vez más práctico. Especialmente importante es lo siguiente: el ser humano tiene cierta tendencia, cuando reflexiona sobre algo, a llegar a un resultado. Piensa cómo hacer esto o aquello y llega a este o aquel resultado. Ese es un impulso muy comprensible. Pero eso no es lo que conduce al pensamiento práctico. Cualquier apresuramiento en el pensamiento no avanza, sino que retrocede. Uno debe tener paciencia en estas cosas.

Por ejemplo, deberías llevar a cabo esto o aquello: puedes hacerlo de una manera o de otra, hay diferentes posibilidades. Ahora, ten paciencia e intenta imaginar lo que pasaría si lo hicieras de esta manera, y también intenta imaginar cómo se vería si lo hicieras de otra forma. Siempre habrá razones para preferir una opción sobre la otra, pero por ahora abstente de tomar una decisión inmediata, y en su lugar trata de imaginar las dos posibilidades y luego decirte a ti mismo: Bueno, ya está, ahora dejo de pensar en esto.

Habrá personas que se pondrán inquietas por esto; y luego es difícil superar esa inquietud, pero es enormemente útil superarla y decirse a uno mismo: Así va, así va, y ahora no pienso en ello por un rato. Si se puede, uno debería posponer el asunto, la acción, hasta el día siguiente y mantener frente a sí las dos posibilidades de nuevo, y se descubrirá que las cosas han cambiado mientras tanto, que al día siguiente decidiremos de manera diferente, al menos más a fondo, de lo que habríamos decidido el día anterior. Las cosas tienen una necesidad interna, y si no actuamos impacientemente de manera arbitraria, sino que dejamos que esa necesidad interna funcione en nosotros, —y funcionará en nosotros—, aparecerá enriqueciendo nuestro pensamiento al día siguiente y nos permitirá tomar una decisión más correcta. ¡Esto es enormemente útil!

Por ejemplo, alguien puede pedirte consejo sobre esto o aquello, o tienes algo que decidir. Ahí hay que tener paciencia, no lanzarse de inmediato con decisiones, sino primero considerar varias posibilidades y no tomar una decisión dentro de uno mismo, sino dejar que las opciones actúen tranquilamente. También se dice popularmente que uno debe 'dormir sobre algo' antes de decidir. Pero solo dormir sobre ello no es suficiente. Es necesario considerar dos o, mejor, más opciones, que luego sigan trabajando dentro de ti, como si tu yo consciente no estuviera presente, y luego volver a la cuestión más tarde. Verás que de esta manera se estimula la capacidad de pensar interna y el pensamiento se vuelve cada vez más adecuado y práctico.

Y sea lo que sea que el ser humano haga en el mundo, ya sea que esté en el tornillo de banco o detrás del arado, o que pertenezca a una de las llamadas clases profesionales privilegiadas, en las cosas más cotidianas se convertirá en un pensador práctico si practica estas cosas. Así, al practicar, toma y observa las cosas del mundo de una manera completamente diferente. Y aunque estas prácticas parezcan internas al principio, son justamente para el mundo exterior, llevan en sí la mayor importancia posible para el mundo exterior; tienen consecuencias importantes.

Quiero mostrarles con un ejemplo lo necesario que es pensar realmente de manera práctica sobre las cosas: alguien ha subido a un árbol con una escalera y ha hecho algo allí; se cae, se golpea y muere. Bueno, ¿verdad?, es un pensamiento obvio que
al caer se golpeó hasta morir. Se dirá que la caída fue la causa y la muerte el efecto. Parece que causa y efecto están relacionadas. Pero aquí pueden ocurrir confusiones terribles. - Puede ser que haya sufrido un infarto mientras estaba arriba, de modo que cayó a causa del ataque al corazón. Exactamente lo mismo habría pasado si hubiera caído estando vivo, habría pasado por las mismas cosas que realmente podrían haber sido la causa de su muerte. - Así se puede confundir completamente causa y efecto. En este ejemplo es evidente; pero muchas veces no es tan evidente lo que se ha pasado por alto. Estos errores de pensamiento ocurren muchísimo, de hecho, hay que decir que hoy en día, en la ciencia, a diario se emiten juicios en los que se confunden causa y efecto de esta manera. Los humanos simplemente no lo comprenden porque no se mantienen conscientes de las posibilidades de pensamiento.

Se dará todavía un ejemplo que puede mostrarles claramente cómo surgen tales errores de pensamiento, y que les demuestra que a una persona que ha hecho ejercicios como los que se indicaron hoy, ya no le ocurrirán. Supongamos lo siguiente: un erudito se dice a sí mismo que el ser humano, tal como es hoy, desciende del mono; es decir, lo que aprendo del mono, las capacidades en el mono, se perfeccionan, y de eso surge después el ser humano. - Ahora, para mostrar el sentido de la idea, hagamos la siguiente suposición: imaginemos que el hombre que debe sacar esta conclusión fuera, por alguna circunstancia, colocado completamente solo en la Tierra. Además de él, solo estarían esos monos de los que su teoría dice que de ellos pueden surgir los humanos. Ahora estudia esos monos muy de cerca, se hace una idea de los detalles de lo que hay en los monos. Entonces debe intentar, a partir del concepto del mono, generar el concepto del ser humano, sin que jamás haya visto uno. Se dará cuenta de que nunca lo logrará: su concepto de “mono” nunca se transforma en el concepto de ser humano.

Si tuviera hábitos de pensamiento correctos, debería decirse: Entonces, mi concepto no se transforma en mí de tal manera que del concepto del mono pase al concepto del ser humano, por lo tanto, lo que veo en el mono no puede convertirse en humano, porque de lo contrario mi concepto también tendría que cambiar. Entonces debe añadirse algo más, que no puedo ver. - Este ser humano, por lo tanto, tendría que ver algo extra sensorial detrás del mono sensorial, algo que no puede percibir, que luego podría convertirse en humano.

No vamos a entrar en la imposibilidad del asunto, sino solo mostrar el error de pensamiento que se encuentra detrás de esa teoría. Si el ser humano pensara correctamente, se vería llevado a que no puede pensar de esa manera, si no quiere suponer algo sobrenatural. Si reflexiona sobre el asunto, verá que aquí hay un error de pensamiento abrumador cometido por toda una serie de personas. Tales errores ya no serán cometidos por quien entrene su pensamiento de la manera indicada.

Una gran parte de toda nuestra literatura actual, especialmente la científica, se convierte para quien realmente sabe pensar bien, en una fuente de efectos hasta dolor físicos, debido a esos pensamientos torcidos y contradictorios, cuando tiene que leer a través de ellos. - No se quiere decir con esto nada en absoluto contra la enorme cantidad de observaciones que se han obtenido gracias a esta ciencia natural y sus métodos objetivos.

Ahora llegamos a un capítulo que está relacionado con la miopía del pensar. Es realmente así: generalmente la persona no sabe que su pensar no es muy razonable, sino que en gran medida es solo el resultado de hábitos de pensamiento. Así, los juicios, para quien comprende el mundo y la vida, se formarán de manera completamente diferente que para quien no los comprende o los comprende poco, por ejemplo, un pensador materialista. Convencer a alguien así mediante razones, por más sólidas y buenas que sean, no es fácil. Intentar convencer con razones a quien conoce poco la vida suele ser un esfuerzo inútil, porque ni siquiera comprende las razones por las que algo se puede afirmar. Si se ha acostumbrado a ver en todo, por ejemplo, solo materia, entonces se aferra precisamente a este hábito de pensamiento.

Hoy en día, por lo general no son las razones lo que lleva a alguien a hacer afirmaciones, sino que detrás de las razones están los hábitos de pensamiento que ha adquirido y que influyen en todo su sentir y percibir. Cuando presenta razones, solo se le pone frente a su sentir y percibir la máscara del pensamiento habitual. Así que a menudo el padre del pensamiento no es solo el deseo, sino que todos los sentimientos y hábitos de pensamiento son los padres de los pensamientos. Quien conoce la vida sabe lo poco que alguien se deja convencer por razones lógicas en la vida. En el alma decide algo mucho más profundo que las razones lógicas.

Por ejemplo, si tenemos nuestro movimiento antroposófico, ciertamente tiene buenas razones para que lo tengamos y para que trabaje en sus ramas. Cada uno nota, al colaborar un tiempo en el movimiento, que ha adquirido una forma diferente de pensar, sentir y percibir. Porque, al trabajar en las ramas, no solo uno se ocupa de encontrar las razones lógicas para algo, sino que adquiere un sentir y percibir más completo.

Como solía burlarse hace unos años una persona que escuchaba por primera vez una conferencia de ciencia espiritual y hoy, ¡cuántas cosas le son completamente claras y transparentes que tal vez tiempo atrás habría considerado algo sumamente absurdo! Al participar en el movimiento antroposófico, no solo transformamos nuestros pensamientos, sino que aprendemos a introducir toda nuestra alma en una perspectiva más amplia. Debemos tener claro que la coloración de nuestros pensamientos proviene de niveles mucho más profundos de lo que normalmente se piensa. Hay ciertas sensaciones, ciertos sentimientos que imponen una opinión al ser humano. Las razones lógicas a menudo son solo un disfraz, solo máscaras para los sentimientos, sensaciones y hábitos de pensamiento.

Lograr que los motivos lógicos nos den algún sentido de algo requiere aprender a amar la lógica en sí misma. Solo cuando aprendemos a amar la objetividad y lo adecuado, los motivos lógicos se volverán decisivos. Poco a poco se aprende a pensar objetivamente, por así decirlo, independientemente de la predilección por este o aquel pensamiento, y entonces la perspectiva se amplía y uno se vuelve práctico; no tan práctico como para solo poder juzgar siguiendo caminos ya establecidos, sino tan práctico como para aprender a pensar a partir de las cosas mismas.

La verdadera práctica es un hijo del pensar adecuado, del pensamiento que fluye de las cosas. Solo empezamos a dejarnos inspirar por las cosas cuando hacemos tales ejercicios; y estos ejercicios deben hacerse con cosas sanas. Son aquellas cosas en las que la cultura humana tiene la menor influencia posible, que son las menos distorsionadas
es decir: los objetos de la naturaleza. Practicar con objetos naturales de la manera que hemos descrito hoy nos convierte en pensadores prácticos. Eso es realmente práctico. La actividad más cotidiana se abordará de manera práctica si entrenamos el elemento fundamental, o sea: el pensar. Al ejercitar el alma humana de la manera que se ha expuesto, se forma una orientación práctica del pensar

Debe ser el fruto del movimiento de las ciencias espirituales que realmente genere practicantes en la vida. No es tan importante que la persona pueda considerar esto o aquello como verdadero, sino que llegue a ver las cosas correctamente. Mucho más importante es la manera en que la antroposofía penetra en nuestra alma y nos guía hacia la actividad de nuestra alma y amplía nuestra mirada, que simplemente teorizar más allá de las cosas sensoriales y hacia lo espiritual. En esto, la antroposofía es algo verdaderamente práctico.

Esa es una misión importante del movimiento antroposófico: que a través de él se ponga en movimiento el pensamiento del ser humano, se entrene de tal manera que piense que el espíritu está detrás de las cosas. Si el movimiento antroposófico enciende esta actitud, entonces establecerá una cultura de la que nunca surgirá un pensamiento como el de personas que quieran empujar el carro desde dentro. Eso fluye por sí mismo hacia el alma. Cuando el alma ha aprendido a pensar sobre los grandes hechos de la vida, entonces también piensa correctamente sobre la cuchara de sopa. Y no solo con respecto a la cuchara de sopa las personas se volverán más prácticas, sino que también aprenderán a clavar un clavo más prácticamente, a colgar un cuadro más prácticamente, de lo que lo habrían hecho de otra manera. Es de gran importancia que aprendamos a considerar la vida espiritual-alma como un todo y que, a través de esta visión, aprendamos a hacer todo cada vez más práctico.

Traducido por J.Luelmo -ago 2026-

GA181 Berlín, 5 de febrero de 1918 - El significado de la vigilia y el dormir en la vida humana. Sobre la unión de los vivos con los muertos.

   Indice


RUDOLF STEINER

EL SIGNIFICADO DE LA VIGILIA Y EL DORMIR.

SOBRE LA UNIÓN DE LOS VIVOS CON LOS MUERTOS


Berlín, 5 de febrero de 1918

Lo que hemos analizado repetidamente, lo que hemos discutido aquí a menudo desde los más diversos puntos de vista: que ese estado de cambio entre la vigilia y el dormir tiene un significado más profundo en la vida humana de lo que parece a simple vista, algo que debería tenerse en cuenta para una visión global del mundo, para una postura práctica en el mundo en el sentido más ideal. Para la observación habitual, existe el hecho aparente de que el ser humano alterna con su conciencia entre el estado de vigilia y el estado dormido. Sabemos que esto es solo un hecho aparente. Porque hemos discutido a menudo desde los más diversos puntos de vista que el llamado estado dormido no solo dura entre el momento de conciliar el sueño y el de despertar, sino que para una cierta parte de nuestro ser también perdura en el tiempo desde el despertar hasta el momento de conciliar el sueño. Debemos decir que nunca estamos completamente despiertos con todo nuestro ser. El estado dormido se extiende a nuestro estado despierto. Con una parte de nuestro ser dormimos continuamente. Ahora podemos preguntarnos: ¿con qué parte de nuestro ser estamos realmente despiertos de forma continua durante el llamado estado despierto?

Estamos despiertos en lo que respecta a nuestras percepciones, en lo que respecta a todo lo que percibimos del mundo sensorial a través de nuestros sentidos desde que nos despertamos hasta que nos dormimos. Esto es precisamente lo característico de la percepción habitual, que al despertar pasamos de no estar conectados con el mundo sensorial exterior a estar conectados con él, que muy pronto nuestros sentidos comienzan a estar activos y esto nos saca de ese estado de letargo que en la vida cotidiana conocemos como el estado dormido. Así pues, con nuestras percepciones sensoriales estamos despiertos en el verdadero sentido de la palabra. Menos despiertos, ya, —una observación cuidadosa de uno mismo puede revelárselo a cualquiera, lo hemos mencionado a menudo y pueden encontrar más detalles al respecto en mi libro «Von Seelenrätseln» (De los enigmas del alma)—, menos despiertos, pero de tal manera que podemos describir el estado como un verdadero estado de vigilia, estamos en relación con nuestra vida imaginativa. Debemos distinguir entre la vida perceptiva y la vida real del pensar y la vida representativa. Cuando pensamos alejados de la percepción sensorial, es decir, sin dirigirnos hacia el exterior, estamos despiertos en el sentido habitual de la palabra y también en el sentido más elevado, aunque este estado de vigilia en la mera vida representativa tenga un matiz onírico, más pronunciado en unas personas que en otras. Aunque en algunas personas la vida representativa puede mezclarse con lo onírico, en general podemos decir que estamos despiertos, incluso cuando imaginamos.

Pero cuando sentimos no estamos despiertos. Es cierto que los sentimientos surgen de una vida anímica indeterminada e indiferenciada, y al imaginar los sentimientos, al mezclar siempre las ideas, es decir, las actividades conscientes, con los sentimientos, creemos que también estamos despiertos cuando sentimos. Sin embargo, en realidad no es así. En realidad, la actividad de nuestra alma en el sentir es exactamente la misma que en el «soñar» habitual. Existe una profunda relación entre el estado de sueño y el estado emocional propiamente dicho. Si fuéramos capaces en todo momento de iluminar con la imaginación lo que soñamos, —la mayor parte de la vida onírica se nos escapa-, del mismo modo que iluminamos nuestra vida emocional, conoceríamos la vida onírica con el mismo grado de precisión que la vida emocional, ya que los sentimientos propiamente dichos no están presentes en el alma de forma diferente a los sueños. Los sentimientos, los afectos e incluso, en cierto sentido, la vida pasional están tan presentes en nuestra alma como los sueños. Ningún ser humano puede decir, a través de su vida despierta, lo que realmente ocurre cuando siente o en lo que siente. Como ya se ha dicho, esto surge de una vida anímica indeterminada e indiferenciada, y luego se ilumina con la luz de la imaginación. Pero es una vida onírica. Esta relación entre la vida afectiva y emocional y la vida onírica también ha sido reconocida por personas ajenas al ocultismo, como por ejemplo el excelente esteta Friedrich Theodor Vischer, quien a menudo ha destacado la profunda relación que existe en la vida anímica del ser humano entre los sentimientos y los sueños.

Más abajo aún en la vida del alma se encuentra la verdadera vida volitiva. ¿Qué sabe el ser humano sobre lo que realmente ocurre en su interior cuando dice: «Quiero coger un libro», y cuando el brazo se extiende y coge el libro? Lo que ocurre entre el músculo y el nervio, lo que ocurre en el organismo y también en el alma para que un impulso de la voluntad se convierta en movimiento, en acción, es tan desconocido por el ser humano como los acontecimientos del dormir profundamente sin sueños. De hecho, es así: la verdadera esencia de nuestra vida volitiva vuelve a ser iluminada por nuestra vida imaginativa. Esto hace que parezca que somos conscientes de ella, pero la verdadera esencia de la vida volitiva se encuentra en realidad en un estado de sueño completo, desde que nos despertamos hasta que nos dormimos.

Así pues, vemos que solo estamos realmente despiertos, en el sentido estricto de la palabra, en lo que respecta a nuestra percepción del mundo sensorial y nuestra vida imaginativa; que en lo que respecta a la vida emocional, estamos dormidos, que incluso en relación con el estado de vigilia, en realidad soñamos, y más aún en lo que respecta a nuestra vida volitiva, que en realidad dormimos continuamente. Así pues, el estado dormido se extiende al estado de vigilia. Imaginemos, pues, cómo caminamos por el mundo: lo que vivimos con nuestra conciencia despierta es en realidad solo la percepción del mundo sensorial y nuestro mundo de representaciones; y enmarcado en esta experiencia del ser humano hay un mundo en el que flotan nuestros sentimientos e impulsos volitivos, un mundo que nos rodea al igual que el aire nos rodea, pero que no entra en la conciencia ordinaria. Quien aborda el tema de esta manera, verdaderamente no estará muy lejos de reconocer a su alrededor un mundo llamado suprasensible.

Ahora bien, todo lo que acabo de decir tiene consecuencias más significativas. Detrás de lo que he mencionado se esconden hechos importantes de la vida en su conjunto. Quien conoce la vida que lleva el alma humana entre la muerte y un nuevo nacimiento, —solo tiene que familiarizarse con esta vida de forma más abstracta a través del ciclo de conferencias «La esencia interior del ser humano y la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento», que se impartió en Viena en la primavera de 1914 y que está impreso—, quien se familiarice con ello verá que en este mundo, por el que vagamos dormidos, convivimos con los llamados muertos. Los muertos están continuamente ahí. Se mueven y se comportan en un mundo suprasensible. No estamos separados de ellos por nuestra realidad, solo estamos separados de ellos por el estado de conciencia. No estamos separados de los muertos más de lo que lo estamos de las cosas que nos rodean cuando dormimos: dormimos en una habitación y no vemos las sillas ni quizá otras cosas que hay en ella, aunque estén ahí. Pues bien, en el llamado estado de vigilia, dormimos con respecto a los sentimientos y la voluntad, y lo hacemos en medio de los llamados muertos, —solo que no los llamamos así—, del mismo modo que no percibimos los objetos físicos que nos rodean cuando dormimos. Por lo tanto, no vivimos separados del mundo en el que reinan las fuerzas de los muertos; compartimos un mundo común con los muertos. Solo nos separa de ellos el estado de conciencia para la conciencia ordinaria.

Este conocimiento de la convivencia con los muertos será uno de los componentes más importantes que la ciencia espiritual deberá inculcar en la conciencia general de la humanidad, en la cultura general de la humanidad para el futuro. Porque las personas que creen que lo que sucede solo sucede porque actúan las fuerzas que se perciben en la vida sensorial, no saben nada de la realidad; no saben que en la vida que se desarrolla aquí actúan continuamente las fuerzas de los muertos, que están continuamente presentes. Y si ahora recuerdan lo que dije en la primera conferencia, donde expliqué que, en el fondo, en la época materialista actual se tiene una visión completamente errónea de la vida histórica, que en realidad soñamos o dormimos la historia en sus impulsos reales, entonces podrán hacerse una idea de que en lo que soñamos o dormimos de la vida histórica pueden vivir las fuerzas de los muertos. En el futuro surgirá una visión de la historia que tendrá en cuenta las fuerzas de aquellos que han atravesado la puerta de la muerte y viven con sus almas en el mundo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Una conciencia con toda la humanidad, incluso con la llamada humanidad muerta, dará un matiz completamente nuevo a la cultura humana.

La perspectiva que se le presenta al investigador espiritual, que ahora puede aplicar de manera práctica lo que acaba de decirse, muestra algunos detalles concretos sobre esta convivencia de los llamados vivos con los llamados muertos. Si el ser humano pudiera iluminar con su imaginación hasta lo más profundo de sus sentimientos y de sus impulsos volitivos, entonces tendría una conciencia viva y continua de la existencia de los muertos. Sin embargo, no es así. Y la conciencia ordinaria no lo tiene porque las cosas se distribuyen de manera extraña dentro de nuestra vida consciente. Se podría decir que, para comprender una relación mundial superior, hay una tercera cosa que es mucho más importante que la visión del estado de vigilia y del estado dormido. ¿Qué es esta tercera cosa?

Lo tercero es lo que se encuentra entre medias, lo que para el ser humano actual no es más que un instante en el que pasa de largo: es el despertar y el dormirse. El ser humano actual no presta mucha atención al despertar y al dormirse. Y, sin embargo, el despertar y el dormirse son extraordinariamente importantes en la conciencia global del ser humano. Su importancia se hace evidente cuando se comparan las experiencias de la conciencia ordinaria, impregnadas de inconsciencia, con las experiencias de la conciencia clarividente. Después de tantos años de preparación para algo así, podemos ahora, con toda imparcialidad, arrojar luz sobre estas cuestiones a partir de los hechos suprasensibles.

Existe la posibilidad de que la conciencia clarividente no solo se familiarice en general con los hechos del mundo suprasensible, con el mundo en el que nos encontramos, por ejemplo, entre la muerte y el nuevo nacimiento, sino que existe la posibilidad de que la conciencia clarividente, —aunque esta posibilidad no es tan fácil como la que acabamos de mencionar y caracterizar—, en particular, si quiero expresarme de manera burda, entrar en contacto, en correspondencia con el alma individual desencarnada. Ustedes ya lo saben. Solo quiero añadir: más difícil, —difícil para la comprensión científica general de las relaciones suprasensibles—, es la observación solo por la razón de que hay muchos más obstáculos que superar. Por muy poco que logren actualmente muchas personas obtener resultados científicos generales sobre el mundo suprasensible, no se puede decir que esto sea extraordinariamente difícil, pues no es algo que esté tan lejos de la capacidad habitual del alma humana. . Pero es más difícil entrar en contacto con estas almas, por la sencilla razón de que la conexión real y concreta entre el alma humana que vive aquí en el cuerpo y el alma desencarnada presupone que quien aspira a tal conexión, quien llega a estar en condiciones de tenerla, es decir, que pueda tener contacto con almas desencarnadas individuales, que realmente pueda vivir en un cierto grado superior en lo puramente espiritual, sin dejarse influir por el hecho de que tal vida concreta en lo puramente espiritual puede despertar muy fácilmente los instintos inferiores del ser humano, por razones que he mencionado a menudo: que las capacidades superiores de los seres suprasensibles no tienen parentesco con los instintos inferiores de los seres humanos, como los instintos inferiores de los seres suprasensibles tienen parentesco con las cualidades espirituales superiores de los seres humanos. Lo describo como un misterio importante en la comunicación con el mundo suprasensible, un misterio en cuyo contenido uno u otro puede fracasar muy fácilmente. Pero si se supera este escollo, si el ser humano puede tener una relación suprasensorial sin que ello le distraiga del mundo de las experiencias espirituales, entonces dicha relación es perfectamente posible. Sin embargo, es muy, muy diferente de lo que estamos acostumbrados a considerar como relación aquí, en el mundo sensorial.

Quiero hablar de manera muy concreta: cuando uno habla aquí, en el mundo sensorial, de persona a persona, uno habla y la otra persona le responde. Uno sabe que produce sus palabras mediante su órgano vocal; las palabras provienen de sus pensamientos. Se siente que es el creador de sus palabras. Uno sabe que se escucha a sí mismo mientras habla y, mientras el otro responde, escucha al otro y entonces sabe que está en silencio, que ahora escucha al otro. Como ven, uno se acostumbra profundamente a esta relación al ser consciente de que en el mundo físico se relaciona con otros seres. Pero la relación con las almas desencarnadas no es así. Por extraño que parezca, la relación con las almas desencarnadas es exactamente al revés. Cuando uno mismo comunica sus pensamientos al desencarnado, no es uno quien habla, sino él. Es exactamente como si estuviera hablando con alguien y lo que uno piensa, lo que quiere comunicar, no lo dice uno, sino el otro. Y lo que le responde el llamado muerto no le llega desde fuera, sino que surge de su interior, lo experimenta como vida interior. La conciencia clarividente debe acostumbrarse primero a esto, debe acostumbrarse a que uno mismo es el que pregunta en el otro y que el otro es el que responde en uno. Este completo cambio de perspectiva es necesario.

Quien está familiarizado con este tipo de cosas sabe que tal cambio radical no es fácil. Porque contradice todo lo que el ser humano está acostumbrado; pues los hábitos se forman a lo largo de la vida; pero no solo eso, sino que incluso contradice todo lo que se le ofrece al ser humano. Porque creer que uno mismo habla cuando pregunta y que el otro está callado cuando responde es algo innato en el ser humano. Y, sin embargo, esto es precisamente lo que ocurre en la comunicación con los seres suprasensibles. Sin embargo, esta inversión del ser que experimenta la conciencia clarividente le hará darse cuenta de que gran parte de la imperceptibilidad de los muertos se debe precisamente a que se relacionan con los vivos de una manera que a estos no solo les resulta desconocida, sino totalmente imposible. Los vivos simplemente no oyen lo que los muertos les dicen desde lo más profundo de su ser; y los vivos no prestan atención cuando otro dice lo mismo que ellos mismos piensan, lo que ellos mismos quieren preguntar.

Ahora bien, la cuestión es que, de los dos estados intermedios de conciencia que atraviesa el ser humano actual, —el despertarse y el adormecerse-—, solo uno es adecuado para preguntar y el otro solo para responder. Lo curioso es que, cuando nos dormimos, ese momento de conciliar el sueño es especialmente propicio para hacer preguntas a los muertos, es decir, para escuchar desde ellos las preguntas que les hacemos. Cuando nos dormimos, estamos especialmente dispuestos a escuchar desde los muertos lo que queremos preguntarles. Sin embargo, en el estado de conciencia habitual nos dormimos inmediatamente después, y el resultado es que, de hecho, hacemos cientos de preguntas a los muertos, hablamos de cientos de cosas a los muertos al quedarnos dormidos, pero no sabemos nada de ello porque nos dormimos después.  Este momento transitorio del dormirnos es un momento de enorme importancia para nuestra comunicación con los muertos. Y, a su vez, el momento del despertar: nos predispone de manera especial a escuchar las respuestas de los muertos. Si no pasáramos inmediatamente a la percepción sensorial, sino que pudiéramos detenernos en el momento del despertar, estaríamos en ese momento muy receptivos para recibir mensajes de los muertos. Solo que estos mensajes nos parecerían como si surgieran de nuestro propio interior.

Como ven, hay dos razones por las que la conciencia común no presta atención al contacto con los muertos. La primera es que, al despertarnos y al dormirnos, entramos inmediatamente en un estado que borra lo que experimentamos en esos momentos; la segunda es que las cosas nos parecen, digamos, extrañas o incluso imposibles. Cuando nos dormimos: las cien preguntas que podemos dirigir a los muertos y que realmente les dirigimos se pierden en la vida onírica porque no estamos acostumbrados a escuchar lo que preguntamos y no a decirlo. Y, a su vez, lo que nos dice el difunto al despertar no lo juzgamos como si proviniera del difunto, porque no lo reconocemos, lo consideramos algo que surge de nosotros mismos. Esta es la segunda razón por la que el ser humano no se encuentra a sí mismo en la comunicación con los muertos.

Sin embargo, estas manifestaciones generales se interrumpen en ocasiones, y lo hacen de la siguiente manera. Lo que el ser humano experimenta al dormirse como un cuestionamiento espontáneo a los muertos continúa, en cierto modo, a través del estado dormido. Mientras seguimos durmiendo, miramos inconscientemente hacia atrás, al momento de conciliar el sueño, y este hecho puede dar lugar a sueños. Esos sueños pueden ser, de hecho, reproducciones de las preguntas que hacemos a los muertos. Lo cierto es que, en los sueños, nos acercamos mucho más a los muertos de lo que creemos, les hablamos, aunque lo que se experimenta en el sueño ya se haya dicho inmediatamente al quedarnos dormidos. Pero el sueño lo rescata de las profundidades indiferenciadas del alma. Sin embargo, el ser humano lo malinterpreta fácilmente; cuando más tarde recuerda los sueños, no suele tomarlos por lo que son. En realidad, los sueños son siempre una convivencia con los muertos que surge de nuestra vida emocional. Nos hemos acercado a ellos y, a menudo, el sueño nos plantea preguntas que hemos hecho a los muertos.  El sueño nos transmite nuestra experiencia subjetiva, pero como si viniera de fuera. El difunto nos habla, pero en realidad somos nosotros mismos quienes hablamos. Solo que pareciera que es el difunto quien habla. Por lo general, lo que nos encontramos en los sueños no son mensajes que provienen de los muertos, sino que el sueño que tenemos sobre los muertos es la expresión de la necesidad de estar con ellos, de haber logrado reunirnos con ellos en el momento de conciliar el sueño.

El momento del despertar nos trae los mensajes de los muertos. Este momento del despertar es borrado por la vida sensorial posterior. Pero también ocurre que, al despertar, como si surgiera del interior del alma, tenemos algo que, si nos observamos con mayor atención, podemos saber muy bien que no proviene de nuestro yo habitual. A menudo se trata de mensajes de los muertos.

Podrán lidiar con estas ideas si no piensan mal de una relación que ahora se habrá apoderado de su alma. Dirán: entonces, el momento de conciliar el sueño es adecuado para hacer preguntas al difunto; el momento de despertar es adecuado para recibir las respuestas del difunto. Por lo tanto, son dos momentos distintos. Solo lo juzgarán correctamente si contemplan adecuadamente las relaciones temporales en el mundo suprasensible. Allí es cierto lo que Richard Wagner expresó en una extraña intuición en la frase: «El tiempo se convierte en espacio». — En el mundo suprasensible, el tiempo se convierte realmente en espacio, de modo que un punto espacial está allí y otro está allí. Por lo tanto, el tiempo no ha pasado, sino que un punto espacial se encuentra solo a una distancia mayor o menor. El tiempo se convierte realmente en espacio de forma suprasensible. Y el difunto solo da las respuestas alejándose un poco más de nosotros.  Por supuesto, esto vuelve a ser algo desconocido. Pero el pasado no ha desaparecido en el mundo suprasensible; está ahí, permanece ahí. Y en relación con el presente, solo se trata de enfrentarse al pasado en otro lugar. El pasado no ha desaparecido en el mundo suprasensible, al igual que no ha desaparecido la casa de la que ustedes han salido esta noche para venir aquí. Sigue en su lugar, y lo mismo pasa con el pasado, éste no ha desaparecido en el mundo suprasensible, está ahí. Y si está cerca o lejos del difunto, eso depende de ustedes mismos, de lo lejos que hayan llegado con el difunto. Puede estar muy lejos, pero también puede estar muy cerca.

Así pues, vemos que no solo al dormir y despertar, sino también al despertarnos y dormirnos, estamos en constante correspondencia, en constante contacto con los muertos. Ellos están siempre entre nosotros, y nosotros realmente no actuamos solo bajo la influencia de aquellos que viven a nuestro alrededor como seres humanos físicos, sino que también actuamos bajo la influencia de aquellos que han cruzado la puerta de la muerte y tienen una conexión con nosotros.

Hoy me gustaría destacar aquellos hechos que nos llevan cada vez más y más profundamente al mundo suprasensible desde un cierto punto de vista.

Ahora bien, una vez que se ha comprendido que existe un contacto continuo con los muertos, podemos distinguir entre las diferentes almas que han atravesado la puerta de la muerte. Si en realidad siempre atravesamos el campo de los muertos, ya sea haciendo preguntas a los difuntos cuando conciliamos el sueño o recibiendo respuestas de ellos al despertarnos, por consiguiente también nos afectará cómo nos relacionamos con los muertos, dependiendo de si estos han cruzado el umbral de la muerte siendo jóvenes o ancianos. Sin embargo, los hechos que subyacen a esto solo se revelan a la conciencia clarividente. Pero eso es solo el conocimiento de ello, la realidad tiene lugar continuamente. Cada persona está conectada con los muertos tal y como lo expresa la conciencia clarividente. Cuando personas más jóvenes, —niños o adolescentes—, cruzan la puerta de la muerte, se manifiesta claramente que sigue existiendo una cierta conexión entre los vivos y estos muertos, una conexión que es de otro tipo que cuando se trata de personas mayores que han cruzado la puerta de la muerte en el ocaso de su vida. Hay una diferencia radical. Cuando perdemos a nuestros hijos, cuando los jóvenes se alejan de nosotros, en realidad no se alejan del todo, sino que permanecen con nosotros. Esto se manifiesta en la conciencia clarividente a través de los mensajes que recibimos al despertar, que son vivos y animados cuando se trata de niños o jóvenes que han fallecido. Existe una conexión entre los que se quedan y los fallecidos, que se puede describir diciendo que, en realidad, no se ha perdido a un niño o a un joven, sino que siguen estando ahí. Y permanecen allí sobre todo porque, tras la muerte, muestran una necesidad viva de influir en nuestro despertar, de enviar mensajes a nuestro despertar. Es muy curioso, pero es cierto que todo lo relacionado con el despertar tiene mucho que ver con los niños que fallecieron en la juventud. Para la conciencia clarividente resulta especialmente interesante cómo se debe agradecer a las almas fallecidas en la juventud cuando las personas sienten en su vida física exterior una cierta piedad, una cierta inclinación a la devoción. Porque eso es lo que les dicen las almas fallecidas prematuramente. Los mensajes de las almas fallecidas prematuramente tienen un efecto enorme en lo que respecta a la devoción.

Es diferente cuando las almas fallecen por vejez, por edad física. En ese caso, podemos representar de otra manera lo que se muestra a la conciencia clarividente. Podemos decir: no nos pierden, permanecemos con ellos con nuestras almas. — Observen la contradicción: no perdemos a las almas jóvenes, ellas permanecen entre nosotros; las almas que fallecen en la vejez no nos pierden, ellas se llevan consigo, en cierto modo, algo de nuestras almas. — Es solo una comparación, si se me permite expresarme de manera comparativa. Las almas que fallecen en la vejez nos atraen más hacia ellas, mientras que las que fallecen jóvenes se acercan más a nosotros. Por eso, incluso en el momento de conciliar el sueño, tenemos mucho que decir a las almas fallecidas en edades avanzadas, y podemos tejer un vínculo con el mundo espiritual, especialmente al hacernos aptos para dirigirnos a las almas fallecidas en edades avanzadas en el momento de conciliar el sueño. En relación con estas cosas, el ser humano realmente puede hacer algo.

Vemos, pues, que estamos en constante comunicación con los muertos; tenemos una especie de preguntas y respuestas, una interacción con ellos. Para hacernos especialmente aptos para las preguntas, es decir, para acercarnos a los muertos, lo correcto es lo siguiente. Los pensamientos abstractos comunes, es decir, los pensamientos que provienen de la vida materialista, nos acercan poco a ellos. Los muertos también sufren por nuestras distracciones en la vida puramente material, si de alguna manera nos pertenecen. Por el contrario, si mantenemos y cultivamos lo que nos une emocional y voluntariamente a los muertos, nos preparamos bien para dirigirles las preguntas adecuadas, nos preparamos bien para entrar en relación con ellos en el momento de conciliar el sueño.  Estas relaciones existen principalmente porque los difuntos en cuestión estuvieron relacionados con nosotros en vida. La relación en vida es la base de lo que sigue después de la muerte. Por supuesto, hay una diferencia entre hablar con alguien con indiferencia o con interés, entre hablar con él como una persona habla con otra cuando la quiere, o entre hablar con indiferencia. Hay una gran diferencia entre hablar con alguien como si fuera la hora del té de las cinco y estar especialmente interesado en lo que puedo aprender del otro. Cuando se crean relaciones más íntimas en la vida entre alma y alma, relaciones basadas en sentimientos e impulsos de la voluntad, y cuando, después de que un alma ha atravesado la puerta de la muerte, se pueden mantener preferentemente esas relaciones emocionales, ese interés por el alma, esa curiosidad por las respuestas que dará, o cuando tal vez se tiene el impulso de ser algo para ella, si se puede vivir en esos recuerdos del alma, recuerdos que no fluyen del contenido de la vida imaginaria hacia el alma, sino de las relaciones entre alma y alma, entonces se está especialmente capacitado para acercarse al alma con preguntas en el momento de conciliar el sueño. Para obtener respuestas y mensajes en el momento del despertar, uno se vuelve especialmente apto si es capaz y está dispuesto a reconocer la esencia del difunto en cuestión durante su vida. Piensen en cómo, especialmente en la actualidad, pasamos junto a las personas sin llegar a conocerlas realmente. ¿Qué saben realmente las personas unas de otras hoy en día? Hay, —si se me permite citar este ejemplo un tanto extraño y sorprendente—, matrimonios que duran décadas sin que los dos cónyuges lleguen a conocerse en absoluto. Así es. Pero es perfectamente posible, —lo cual no depende de un talento, sino más bien del amor—, comprender la esencia del otro y, de ese modo, llevar dentro de uno mismo una imagen real del otro. Esto nos prepara especialmente bien para recibir respuestas del difunto en el momento del despertar. Por eso, en realidad, también se tiende más a recibir respuestas al despertar de un niño o un joven, porque a los jóvenes aún se les conoce mejor que a los que se han interiorizado y han envejecido.

De este modo, las personas pueden hacer algo para establecer de manera adecuada la relación entre los vivos y los muertos. En realidad, toda nuestra vida está impregnada de esta relación. Como almas, estamos inmersos en la esfera en la que también se encuentran los muertos. El grado de piedad que tenemos, como ya he dicho antes, está muy relacionado con la influencia que ejercen sobre nosotros las personas fallecidas en la juventud. Y si las personas fallecidas en la juventud no influyeran en la vida, probablemente no existiría la piedad. Por eso, la mejor manera de comportarse con las almas fallecidas en la juventud es mantener su recuerdo de forma más general. Los funerales de niños o jóvenes fallecidos siempre deberían tener algo de ritual, algo más general. Debería haber una especie de ritual cuando fallecen jóvenes.  La Iglesia católica, que lo matiza todo en función de la vida juvenil e infantil, que solo quiere ocuparse de los niños, que quiere administrar las almas infantiles, por lo tanto, rara vez solicita que se pronuncien discursos individuales por la vida infantil que ha concluido con la muerte. Eso es especialmente bueno. El duelo que sentimos por los niños es diferente al que sentimos por las personas mayores. Me gustaría llamar al duelo por los niños «duelo compasivo», porque el duelo que sentimos por un niño que ha fallecido es, en realidad, en muchos casos un reflejo de nuestra propia alma frente a la esencia del niño, que en realidad ha permanecido cerca de nosotros. Vivimos la vida del niño con él, y el ser del niño comparte nuestro dolor. Es un dolor compartido. Por el contrario, cuando el duelo se produce especialmente por personas mayores fallecidas, no se puede calificar de duelo empático; en ese caso, siempre se debe calificar de egoísta, y se soporta mejor si se tiene en cuenta que el difunto nos lleva consigo cuando ha envejecido; no nos pierde si intentamos prepararnos para reunirnos con él. Por eso podemos personalizar más el recuerdo del difunto de mas edad, llevarlo más en nuestros pensamientos, permanecer unidos en nuestros pensamientos con lo que solíamos compartir con él, si intentamos no comportarnos como un compañero incómodo. Él nos tiene, pero nos tiene de una manera extraña, cuando tenemos pensamientos que él no puede aceptar en absoluto. Nos quedamos con él, pero podemos convertirnos en una carga para él si tiene que arrastrarnos sin que alberguemos en nuestro interior pensamientos que él pueda unir a los suyos, que pueda contemplar espiritualmente de manera adecuada.

Piense en lo concreto que resulta ser nuestra relación con los muertos cuando realmente podemos iluminarla desde el punto de vista de las ciencias espirituales, cuando realmente somos capaces de contemplar toda la relación de los vivos con los muertos. Para la humanidad del futuro será importante contemplar esto. Por trivial que parezca, —porque se puede decir que toda época es una época de transición—, nuestra época es una época de transición. Nuestra época debe dar paso a una época más espiritual. Debe saber lo que viene del reino de los muertos, debe saber que aquí estamos rodeados por los muertos como por el aire. En el futuro será simplemente una sensación real: cuando alguien ha fallecido siendo mayor, no debe uno convertirse en su pesadilla; cosa que hacemos si llevamos en nuestro interior pensamientos que él no puede asimilar. Piensen en cómo puede enriquecerse la vida si asimilamos esto. Solo así se hará real la convivencia con los muertos.

Lo he dicho a menudo: la ciencia espiritual no pretende fundar una nueva religión, ni crear algo sectario en el mundo, de lo contrario se la malinterpretaría por completo. Por el contrario, he subrayado a menudo que puede profundizar la vida religiosa de las personas, creando bases reales. El recuerdo de los muertos, el culto a los muertos, tiene su lado religioso. En este aspecto de la vida religiosa se crea una base cuando se ilumina la vida desde el punto de vista de la ciencia espiritual. Las cosas se sacan de lo abstracto haciendo lo correcto. Por ejemplo, no es indiferente para la vida que se celebre un funeral adecuado para un joven o para una persona mayor. Porque estas cosas, si se celebra un funeral correcto o incorrecto por un difunto, es decir, una ceremonia que no surge de la conciencia de lo que es una persona fallecida joven y lo que es una persona fallecida mayor, —este hecho, si se celebra un funeral correcto o incorrecto-, es mucho más importante para la convivencia de las personas que una decisión del consejo municipal o una decisión parlamentaria, por extraño que parezca. Porque los impulsos que actúan en la vida provienen de los propios individuos cuando las personas tienen una relación correcta con el mundo de los muertos. Hoy en día, las personas quieren organizarlo todo mediante una estructura abstracta del orden social. Las personas se alegran cuando no tienen que pensar mucho en lo que deben hacer. Muchos incluso se alegran de no tener que pensar mucho en lo que deben pensar. Pero esto es muy diferente cuando se tiene una conciencia viva, no solo de una convivencia panteísta con un mundo espiritual, sino una conciencia viva de una convivencia concreta con un mundo espiritual. Se puede prever una impregnación de la vida religiosa con ideas concretas, si precisamente a través de la ciencia espiritual se profundiza esta vida religiosa. El espíritu fue abolido, —como ya he mencionado en varias ocasiones—, en el año 869 para la humanidad occidental en el octavo concilio ecuménico de Constantinopla. En aquel entonces se elevó a dogma que los católicos no debían considerar al ser humano como compuesto de cuerpo, alma y espíritu, sino solo de cuerpo y alma, y se atribuyó al alma que también tenía «cualidades espirituales». Esta abolición del espíritu tiene una importancia enorme. El hecho de que en el año 869 se decidiera en Constantinopla que el ser humano no debía considerarse dotado de «anima» y «spiritus», sino que solo poseía «unam animam rationalem et intellectualem», es dogma. «El alma tiene propiedades espirituales», esto ha ensombrecido la vida espiritual de Occidente desde el siglo IX. Hay que superar esto de nuevo. Hay que volver a reconocer el espíritu. Lo que en la Edad Media se consideraba una herejía en el sentido más elevado, es decir, reconocer la tricotomía —cuerpo, alma y espíritu—, debe volver a considerarse una visión correcta y auténtica del ser humano. Para ello se necesitará algo más para las personas que hoy en día rechazan por supuesto toda autoridad y juran que el ser humano solo está compuesto por cuerpo y alma, y no se trata solo de personas de una determinada confesión religiosa, sino también de aquellos que escuchan a profesores, filósofos y otros. Y los filósofos, como se puede leer en todas partes, solo distinguen entre cuerpo y alma, dejando de lado el espíritu. Esa es su visión «imparcial» del mundo, que, sin embargo, solo se deriva del hecho de que, en el año 869, en un concilio eclesiástico, se tomó la decisión de no reconocer el espíritu. Pero eso no se sabe. Filósofos que se han hecho mundialmente famosos, como Wilhelm Wundt, un gran filósofo por gracia de su editor, pero mundialmente famoso, también dividen naturalmente al ser humano en cuerpo y alma, porque lo consideran ciencia imparcial, y no saben que solo están siguiendo la decisión del concilio de 869. Hay que fijarse en los hechos reales si se quiere comprender lo que ocurre en el mundo de la realidad. Si en este ámbito, que hoy hemos tratado especialmente, nos fijamos en los hechos reales, entonces se nos abre la conciencia de una conexión con ese mundo que se sueña y se duerme en la historia. La historia, la vida histórica, solo se podrá ver bajo la luz adecuada si se puede desarrollar una conciencia adecuada sobre la conexión entre los llamados vivos y los llamados muertos. Seguiremos hablando de ello cuando nos volvamos a ver aquí.

Traducción revisada por j.Luelmo nov.2025

GA203 Dornach, 11 de marzo de 1921 - Los objetivos de los seres luciféricos y arimánicos en la evolución de la Tierra:

   índice


RUDOLF STEINER

RESPONSABILIDAD DEL SER HUMANO EN LA EVOLUCIÓN DEL MUNDO

Los objetivos de los seres luciféricos y ahrimánicos en la evolución de la Tierra:


Dornach, 11 de marzo de 1921

Desde la última vez que nos vimos aquí, nuestro movimiento antroposófico ha logrado algunos avances importantes. Después de mi partida de aquí, preparamos en Stuttgart una larga serie de conferencias que inicialmente se impartirían en Alemania. Mi actividad a mediados de febrero se centró en preparar estas conferencias. Y a partir de mediados de febrero, un gran número de nuestros amigos, encabezados por los profesores de la escuela Waldorf y los colaboradores de Stuttgart, pero también por una serie de amigos más jóvenes que se han unido al movimiento antroposófico recientemente, comenzaron una serie de conferencias algo más amplia en las ciudades más importantes de Alemania, que no concluirá hasta que comience el curso universitario de Stuttgart el 12 de marzo.

Esta actividad de conferencias surgió de la comprensión de la necesidad de hacer algo decisivo por el movimiento antroposófico y todo lo que es su resultado, —o al menos debería serlo—, y todo lo que está relacionado con él. Por supuesto, es extremadamente difícil conseguir salas medianamente llenas en aquellas ciudades en las que solo pequeños grupos de nuestros amigos trabajan por nuestra causa. Pero en los difíciles tiempos actuales hay que hacer todo lo que sea posible.

Las conferencias tenían como objetivo, por un lado, mostrar cómo debe situarse la ciencia espiritual antroposófica en las grandes cuestiones culturales y civilizatorias de la actualidad y, por otro, mostrar las consecuencias que esta concepción antroposófica básica debe tener para la vida social. Precisamente en esta dirección se orientó el tenor de las conferencias que se han impartido y se siguen impartiendo en un gran número de ciudades alemanas. Desde aquí, el Dr. Boos ha contribuido con su actividad a esta serie de conferencias y seguirá contribuyendo en diferentes ciudades alemanas, y veremos si, en cierto modo, este fuerte impulso que hemos intentado dar encuentra comprensión en nuestro presente, esa comprensión que tan necesaria es para nuestro presente.

Una vez finalizadas las conferencias preparatorias para esta actividad el 17 de febrero, pude viajar a Holanda para impartir allí una serie de conferencias para el movimiento espiritual antroposófico. Las conferencias que impartí allí se centraron esencialmente en mostrar cómo la ciencia espiritual antroposófica surge a partir de todas las exigencias civilizatorias del presente, y cómo esta ciencia espiritual antroposófica puede ser algo esencial e importante precisamente para aquellas almas del presente que hoy en día son almas que buscan realmente con seriedad. En varias ciudades holandesas di conferencias sobre dos temas: primero, GA80c «La ciencia espiritual antroposófica en su esencia y en su relación con las grandes cuestiones de la civilización actual» y, a continuación, «Cuestiones de educación, enseñanza y vida práctica desde el punto de vista de la ciencia espiritual de orientación antroposófica».

Hablé sobre estas cuestiones el 19 de febrero en Ámsterdam, el 20 en Hilversum, el 21 en Utrecht; el 22 de febrero pude dar una conferencia con diapositivas sobre nuestra construcción en Dornach por la tarde. El 23 di una conferencia en La Haya, el 24 otra vez en Utrecht; el 25 di una conferencia en la Universidad Técnica de Delft sobre la organización económica bajo la influencia de la triarticulación del organismo social. La conferencia del día 26 estaba anunciada, pero se canceló porque tenía que cuidar mi voz, ya que el día 27 tenía que dar una conferencia ante nuestros amigos universitarios en La Haya por la mañana y, por la tarde de ese mismo día, otra conferencia pública en La Haya sobre cuestiones educativas y docentes desde el punto de vista de la ciencia espiritual. El 28 por la tarde di una conferencia con diapositivas en La Haya sobre nuestra construcción en Dornach y, esa misma noche, la segunda conferencia pública en Ámsterdam. El 1 de marzo di una conferencia en el aula magna de la Universidad de Ámsterdam sobre el tema «Antroposofía y filosofía». El 2 de marzo di una conferencia pública en Rotterdam. El 3 de marzo di una conferencia pública en Hengelo, Holanda. Es un lugar especialmente interesante porque, en el fondo, es un lugar creado artificialmente, por así decirlo. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, los industriales crearon allí primero unas instalaciones sociales especiales y, a partir de un pensamiento realmente industrial y social, Hengelo se fue formando poco a poco. Esto se hace especialmente evidente cuando se visita la escuela infantil. Solo dispuse de poco tiempo, pero asistí a las clases y allí se hizo especialmente evidente que estos niños pequeños son diferentes, por ejemplo, de los que hoy en día ingresan en la primera clase de la escuela primaria Waldorf. Es algo que se obtiene simplemente del pueblo, tal y como ha dado lugar la civilización actual. En Hengelo es diferente. En Hengelo se habían creado inicialmente ciertas instituciones de bienestar de tipo industrial, y las personas que se habían establecido allí trabajaban allí en los años setenta del siglo pasado; sus hijos trabajan ahora en los extensos establecimientos industriales de la zona, y los hijos de estos trabajadores, es decir, la segunda generación, estaban ahora en la guardería. Se les veía claramente; no son niños recogidos de la calle, sino que, si se me permite decirlo así, han sido criados artificialmente durante varias generaciones por una civilización que, en cierto sentido, surgió de la mentalidad de la época, por supuesto en su beneficio, pero criados de forma totalmente artificial y con el sello de una civilización artificial. Por supuesto, es difícil combatir en todas partes el prejuicio que hoy en día se impone en muchos casos en el mundo, sobre todo cuando uno se sitúa, por así decirlo, en un entorno de este tipo. En diversas conferencias les he indicado cómo, precisamente al comienzo del último tercio del siglo XIX, tuvimos en Europa una ola de liberalismo, una ola de libre pensamiento que, si hubiera podido continuar en el aspecto espiritual, probablemente habría logrado algo extraordinariamente significativo. En lugar de eso, hemos sido empujados hacia atrás, hacia la reacción, porque, en contra de la voluntad liberal de entonces, teníamos un espíritu científico materialista. Es curioso cómo funcionan las cosas kármicas.

Por ejemplo, estos últimos días he dado una conferencia en Hengelo para los industriales de allí, las personas relacionadas con este tema, y he visto cómo sigue influyendo en el presente aquello a lo que en realidad se le ha cortado la punta, a lo que solo le falta la continuación espiritual. Cuando volví aquí, cogí por casualidad de mi estantería un libro que tiene cierto interés en relación con estas cosas. Este libro, que no es especialmente importante como obra, —es un libro que trata cuestiones filosóficas—, tiene como autor al antiguo filósofo de la Universidad de Bonn Jürgen Bona Meyer; pero es el ejemplar que perteneció al conocido materialista Arnold Dodel, que trabajó en Zúrich. En este libro se puede ver hasta dónde lo ha leído. Hasta la página 114, creo, tiene unas 460 páginas, con sus marcas de lápiz y sus anotaciones por todas partes, y en estas anotaciones se puede ver cómo, al igual que en aquel entonces, el materialismo lucha «a lo bestia» contra lo que aún quiere imponerse desde la antigua filosofía, aunque sea de la torpe manera del filósofo universitario de la ciudad de Bonn: Bona Meyer; cómo lucha el materialismo, cómo discute el materialismo, pero también cómo se presenta el materialismo con una arrogancia increíble. Eso, queridos amigos, es lo que en aquel entonces frenó el impulso hacia una voluntad mejor y lo que puede demostrar que es absolutamente necesario profundizar en una vida espiritual si queremos avanzar en la civilización, si no queremos caer en el declive que se percibe tan claramente en todas partes, especialmente en el ámbito económico. , quiero decir, que salta a la vista en todas partes, si no queremos precipitarnos hacia la decadencia. Porque el hecho de que en los años sesenta y setenta no surgiera una vida espiritual es lo que realmente ha causado toda la desgracia de los últimos tiempos.

Además de estas conferencias, que impartí en diferentes lugares, tuvimos representaciones de euritmia, concretamente el 20 de febrero en Hilversum, el 22 de febrero en Ámsterdam, el 26 de febrero en Róterdam y el 27 de febrero en La Haya. El 27 de febrero hubo tres eventos en La Haya: por la mañana, un evento paralelo; por la tarde, una representación de euritmia; y por la noche, la conferencia pública. Luego hubo otro evento de euritmia el 2 de marzo en Ámsterdam, al que no pude asistir, pero en el que el Sr. Stuten pronunció las palabras introductorias, ya que ese día tenía que dar mi conferencia pública en Rotterdam.

Lo que hay que decir es que, por parte de las personas, en todas partes se nota claramente un cierto anhelo de alimento para el alma, de aquello que puede hacer avanzar al alma. Las representaciones eurítmicas se han proyectado posteriormente, se han organizado en parte ya en Colonia y Essen, y se celebrarán en Mannheim, Karlsruhe, Friburgo y Stuttgart. Las otras cosas que quiero mencionar son aquellas que a menudo hemos tenido que discutir aquí, que acompañan como una sombra a nuestro movimiento; cuanto más demuestra nuestro movimiento su necesidad interna, mayor es la oposición. Esta oposición tiene la peculiaridad de que, al expandirse, al crecer, se vuelve al mismo tiempo cada vez más mezquina y baja. Así, por ejemplo, el 28 de febrero en Ámsterdam, cuando entré en la sala de conciertos, había un hombre repartiendo folletos en los que se decía, de forma muy grosera, más o menos lo mismo que se difunde aquí a través del periódico del pastor Kully y otros periódicos similares.

Como pueden ver, las cosas no están localizadas, sino que se extienden por todo el mundo, y se hace todo lo posible para difundirlas. La oposición, tengo que repetirlo una y otra vez, está mucho mejor organizada, es mucho más activa que la Sociedad Antroposófica en este sentido o que cualquier actividad organizada que esta desarrolle. Por el contrario, cuando se emprende una actividad aquí o allá, hay muchos de nuestros amigos a los que no les gusta, que quieren que nos dejemos

Se encuentran cosas bonitas cuando, por ejemplo, se observa la, por así decirlo, extraña «escuela de sabiduría» del conde Hermann Keyserling en Darmstadt. Ha publicado una especie de folleto, pero bastante grueso, titulado «Der Weg zur Vollendung» (El camino hacia la perfección), que ha aparecido con la conocida «faja» que llevan los libros anunciados, y en él se hace publicidad diciendo que mis ataques han sido «eliminados»:

«Eliminación de los ataques de Steiner». En primer lugar, este escrito tiene realmente algo extraordinariamente cómico. Es casi cierto lo que me dijo hace unos días alguien que lo había leído un poco, a saber, que en realidad su contenido es el siguiente: ¡quien no haya pisado el parqué de la Escuela de Sabiduría de Darmstadt es en realidad un tonto en este mundo! Eso es más o menos el contenido real de este «Camino hacia la perfección». Pero también es bastante gracioso, por ejemplo, lo siguiente. Como saben, en la conferencia pública de Stuttgart llamé deliberadamente mentiroso al conde Hermann Keyserling, porque realmente mintió, y él se lo tomó a mal; mientras que dice que las otras valoraciones que he hecho de su filosofía pueden quedarse donde están, —¡él las deja donde están! —, se opone a esta acusación con un argumento muy significativo:
Él dice: si simplemente hubiera dicho que lo que él afirmaba no era cierto, lo habría comprendido; pero él no tenía tiempo para investigar especialmente a Steiner, por lo que hay que comprender que también pudiera difundir cosas incorrectas. Bueno, vea, eso es muy característico de todos estos ignorantes del presente, que además de ser ignorantes, también son perezosos, terriblemente perezosos, y que incluso deducen de su pereza un cierto derecho a no saber ciertas cosas. Así que cuando se les acusa de haber mentido, dicen que no tienen tiempo para investigar a Steiner, es decir, que no tienen tiempo para convencerse de las cosas que afirman. Por supuesto, no necesitan investigar a Steiner, pero entonces deberían callarse sobre lo que no saben, por decirlo de forma educada.  Si se callan, nadie les reprochará nada; pero si proclaman cosas incorrectas y luego dicen que no tienen tiempo para conocer las cosas correctas, eso es precisamente un síntoma del terrible deterioro moral e intelectual de nuestros actuales llamados intelectuales, en particular de un intelectual de salón como el conde Hermann Keyserling.

Lo más notable de todo esto es que hoy en día ya se ve claramente que estas personas no pueden hacer nada desde el punto de vista científico, simplemente porque son demasiado cómodas para ocuparse seriamente de las ciencias humanas, en la medida en que ocupan puestos científicos o literarios. En esta situación se encuentran, entre otros, personas como el profesor Fuchs, de Gotinga. Como estas personas no saben qué hacer con las ciencias humanas desde el punto de vista científico, recurren a otros medios, y estos otros medios consisten en destruir el movimiento de alguna manera cuestionable. Cuando volví a Stuttgart desde Holanda, me sorprendió el artículo del Frankfurter Zeitung, que por supuesto había seguido adelante, titulado, debido a nuestras medidas en relación con la cuestión de la Alta Silesia:
«Traidor a la germanidad», que habla de traición a la patria y de todo lo posible. Es muy característico que se utilicen estas cosas para destruir este asunto por la espalda.

Bueno, estas cosas solo son una prueba de los bajos recursos a los que recurren nuestros representantes de la vida intelectual actual, y ustedes pueden ver en ellas que realmente no se ha dicho aquí ninguna palabra injustificada, que me he visto obligado a caracterizar de esta manera a nuestras instituciones educativas, en particular a las universidades. Que necesitamos aquí una metamorfosis profunda, que necesitamos una reestructuración profunda precisamente de nuestras universidades, es algo que hay que comprender cada vez más. Y desde este punto de vista, es sin duda motivo de alegría que, a pesar de la furiosa oposición que surge entonces desde el otro lado, se esté formando ahora un pequeño círculo de jóvenes universitarios que trabajan para introducir la ciencia espiritual de orientación antroposófica precisamente en el sistema universitario. Esto se pone de manifiesto en la preparación de iniciativas como el curso universitario de Stuttgart y el curso universitario que se impartirá aquí, que comenzará el 3 de abril.

Hasta aquí, queridos amigos, es lo que quería exponerles para darles una idea de la actividad de las últimas semanas.

Lo que hoy quiero discutir con ustedes es una especie de resumen de verdades que ya conocemos por una u otra parte, pero que deben volver una y otra vez a nuestra alma si queremos formar impulsos desde toda la profundidad del conocimiento científico-espiritual para lo que es necesario para la acción humana en el presente.

A menudo les he hablado de que en nuestro mundo global, en el que se encuentra el ser humano, interactúan diferentes corrientes y conocemos la terminología: lo luciférico, lo ahrimánico y lo que, en cierto modo, es el estado de equilibrio entre ambas corrientes y que para nosotros se expresa mejor cuando hablamos de la corriente crística. Saben que el grupo escultórico central de nuestra construcción debe expresar precisamente el misterio de esta trinidad de lo luciférico, lo ahrimánico y lo crístico.

Si observamos al ser humano, que al fin y al cabo es la confluencia de las fuerzas del cosmos, podemos ver claramente que estas tres corrientes, por así decirlo, actúan a través de él. Sabemos que debemos distinguir claramente en el ser humano lo que es principalmente, —ya saben cómo hay que entenderlo—, la organización de la cabeza, que es también, en esencia, el soporte del sistema nervioso y sensorial. Sabemos que hay que distinguir además el sistema rítmico, que como parte más importante abarca el ritmo respiratorio y la circulación sanguínea, es decir, todo lo que transcurre rítmicamente, y que como tercer miembro del ser humano exterior hay que considerar el sistema metabólico, que está íntimamente relacionado con el desarrollo del sistema de las extremidades. Pero también sabemos que podemos entender esta triplicidad del ser humano desde el punto de vista anímico. Porque la organización nerviosa-sensorial, la organización de la cabeza, es esencialmente el soporte de todo lo que es imaginación, vida pensante. La organización rítmica es el soporte de todo lo que es la vida emocional, y la organización metabólica es el soporte de la vida volitiva.

Pero seamos claros sobre lo siguiente: solo tenemos una conciencia diurna real, una conciencia diurna impregnada de plena luz, a través de nuestro sistema nervioso y sensorial, a través de la vida imaginativa que se desarrolla en este sistema nervioso y sensorial. El sistema rítmico, o también podríamos decir el sistema torácico, es el portador de la vida emocional. En la parte media del alma se desarrollan los sentimientos. Y allí donde los sentimientos tienen su base física es el sistema rítmico. Esta vida emocional, de la que hemos hablado a menudo, no está impregnada de la misma manera de una conciencia clara y luminosa que el mundo de las ideas. Si abordamos con imparcialidad la vida anímica humana, no podemos decir otra cosa que: la vida emocional no tiene mayor claridad de conciencia que la vida onírica. La vida onírica, que se desarrolla en imágenes, y la vida emocional son igualmente conscientes e inconscientes.  Solo parecen diferentes porque la vida emocional no se experimenta en imágenes, sino en algo espiritual y esencial que no se perfila hasta convertirse en imagen. Los sueños se viven en imágenes. En esto se diferencian la vida emocional y la vida onírica. Pero en cuanto a la intensidad de la conciencia, ambas son iguales.

La vida volitiva, cuya base física es el sistema metabólico y el sistema de las extremidades, está completamente envuelta en inconsciencia, como lo está el ser humano cuando duerme, desde que se duerme hasta que se despierta. En lo que respecta a la vida volitiva, el ser humano, cuando está despierto, es a todos los efectos, en realidad un ser dormido. Cuando el ser humano ejerce la voluntad, solo ve el resultado que se produce a través de su voluntad, y lo imagina al igual que se imagina cualquier otra cosa. Pero aquello que realmente actúa en la voluntad, es decir, la experiencia interior del alma en la voluntad, queda dormida, al igual que la vida emocional queda sumida en un sueño.
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Pero consideremos ahora esta vida volitiva dormida, o más bien su contrapartida física, esta vida metabólica y de las extremidades dormida. El ser humano no solo se encuentra con todo su ser en el entorno físico natural, sino que también se encuentra en un mundo espiritual. Se encuentra con todo su ser, independientemente del grado de conciencia en el que se manifieste este ser, en el cosmos espiritual. Ahora consideremos la voluntad. Podemos decir algo así: si esto es el cosmos espiritual (véase el dibujo, en color claro), que por el momento no voy a caracterizar más detalladamente, —ya saben que «cosmos espiritual» es un concepto muy universal, siempre se puede extraer solo una parte –, entonces esto (rojo) sería una parte determinada del cosmos espiritual, concretamente aquella a la que pertenece preferentemente nuestra voluntad o nuestra vida metabólica y motora.  Así que, si pensamos en la vida volitiva como algo separado del ser humano, en la vida metabólica y de las extremidades como algo físico, y luego nos preguntamos: ¿cómo se integra esto en un cosmos espiritual? - toda esta relación con un cosmos espiritual se representará primero mediante este dibujo. Y para nosotros surge la pregunta: ¿qué es lo blanco aquí? Sabemos que lo rojo es la vida volitiva humana, considerada desde el punto de vista anímico, o la vida metabólica y de las extremidades humanas, considerada desde el punto de vista físico; pero ¿a qué pertenece, en cierto modo, esta vida? Quisiera expresarlo con otras palabras.  Si observamos cualquier miembro del organismo humano, por ejemplo, el hígado, diremos: este hígado pertenece a todo el organismo y tiene una importancia dentro de todo el organismo. Del mismo modo, dentro de un gran organismo, un organismo universal, representado aquí en blanco, podemos considerar todo el sistema metabólico humano, el sistema de la voluntad, como un miembro de ese gran organismo. Y entonces surge la pregunta: ¿cuál es este gran organismo cósmico en el que, por así decirlo, se encuentra incrustada la experiencia de la voluntad humana y la experiencia metabólica?

Verán, en relación con su tercer miembro, aquello en lo que el ser humano está sumergido, es la vida cósmica de aquellas entidades espirituales que la Biblia denomina Elohim. De hecho, al igual que vivimos en la naturaleza exterior, que vemos a través de nuestros sentidos, también vivimos con esa parte de nuestro ser, que en realidad dormimos en su actividad, la vida de los Elohim.

Bueno, tendremos ocasión de discutir estas cosas con más detalle; por ahora solo quiero caracterizarlas. Contemplemos en toda la evolución cósmica esta vida de los Elohim. Si leen mi obra «Ciencia oculta en esbozo», encontrarán que son los espíritus de la forma; los cuales ascendieron desde etapas evolutivas anteriores. Si retrocedemos, llegamos a la etapa evolutiva anterior de la existencia cósmica lunar. Allí estaban estos espíritus de la forma, los arcais, las fuerzas primigenias, los principios primigenios. Si retrocedemos a la existencia solar, allí eran arcángeles; si retrocedemos a la existencia de saturno, allí eran ángeles. Así pues, desde entonces han ascendido y han llegado a la existencia de los Elohim, a la existencia de los espíritus de la forma.
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Si observamos nuestra evolución humana, debemos decirnos: nosotros también evolucionamos; ¿cuándo alcanzaremos el nivel en el que se encuentran ahora estos espíritus? Alcanzaremos ese nivel cuando hayamos pasado por las existencias de Júpiter, Venus y Vulcano, y estemos en lo que vendrá después. Si suman ustedes lo que está expuesto en mi «Ciencia Oculta», obtienen siete etapas sucesivas de desarrollo, siete sucesivas, también se podría decir, esferas de desarrollo. Y los espíritus de la forma, los Elohim, han entrado en la octava esfera de desarrollo.

Eso es precisamente lo que, digamos, caracteriza la situación de los Elohim. Cuando se formó la Tierra, ellos se encontraban en ese nivel que nosotros, los seres humanos, caracterizamos como existencia de vulcano. Ellos ascendieron a la octava esfera. Ahora bien, la gran pregunta, la gran pregunta cósmica era: ¿cómo están o cómo estaban los seres humanos durante esta existencia terrenal? Verán, el ser humano, al igual que antes había sido un eslabón en la evolución de los Elohim, estaba en condiciones de seguir siéndolo. Los Elohim se desarrollaron a lo largo de la existencia de Saturno, el Sol y la Luna hasta el nivel que les he descrito ahora. Allí llevaban en su seno, por así decirlo, al ser humano tal y como lo describo en mi «Ciencia Oculta». Pero todo lo que he descrito descansaba en el seno de los Elohim. Es como si les describiera el desarrollo del hígado. Cuando se describen sus etapas, descansa en el seno del ser humano. Así, todo el desarrollo que he descrito del ser humano descansaba en el seno de los Elohim.

Cuando se creó la Tierra, surgió la pregunta: ¿seguirán los seres humanos siendo simplemente un miembro dependiente del gran organismo que ascendió a su octava esfera, el gran organismo cósmico de los Elohim, o se desarrollarán hacia la libertad, se volverán independientes? Esta pregunta: ¿se volverán independientes los seres humanos? se decidió por un hecho cósmico muy concreto. En lo que respecta a nuestro sistema volitivo anímico y a nuestro sistema metabólico físico, somos parte de los Elohim; allí dormimos. Allí no estamos separados. Sí lo estamos en lo que respecta a nuestro sistema de la cabeza.

¿Y cómo se produjo esta separación? Esta separación se produjo porque ciertas entidades espirituales, que en la evolución, si hubieran avanzado correctamente, también se habrían convertido en Elohim, no lo hicieron, sino que se quedaron rezagados, rezagados en el nivel de los Arcai o Arcángeles. Por lo tanto, podemos decir que se trata de entidades que, en realidad, si hubieran avanzado correctamente, podrían haber sido Elohim. Pero no avanzaron correctamente, se quedaron rezagados. Si los consideramos hoy desde el punto de vista ocultista, pertenecen a la misma esfera que los ángeles y los arcángeles; pero no son de la misma naturaleza que los Ángeles, los Arcángeles o los Arcai, sino que en realidad son de la misma naturaleza que los Elohim, son como los espíritus de la forma, solo que se han quedado atrás en su desarrollo y, por lo tanto, han entrado a formar parte de la multitud de ángeles y arcángeles, se manifiestan en la misma esfera y su actividad se ha tenido que limitar a no actuar ahora sobre la totalidad del ser humano ni sobre aquello que ha sido adquirido preferentemente por el ser humano en la Tierra, es decir: el sistema metabólico-y de las extremidades, sino que actúan sobre el sistema cefálico del ser humano. Por lo tanto, podemos decir que, en lo que respecta al sistema de la cabeza del ser humano, —si lo dibujo aquí como el polo opuesto al sistema volitivo, osea, al sistema metabólico-de las extremidades (véase pizarra, en rosa)—, no actúa el gran organismo cósmico de los Elohim, sino los Elohim que han permanecido rezagados, a los que quiero dibujar así (en amarillo). En esta esfera también actúan los Ángeles, Arcángeles y Arcai. Estas entidades, que son los Elohim que se quedaron rezagados, son en realidad los adversarios de los otros Elohim. Los otros Elohim han separado al ser humano de ellos, pero no habrían podido darle la libertad, porque ellos tienen influencia sobre todo el ser humano. Por el contrario, los espíritus de la forma que quedaron rezagados se limitan a la cabeza, y así dieron al ser humano la razón, el entendimiento. Estos son, en esencia, los espíritus luciféricos. Como ahora pueden ver en la representación, ellos son dadores de voluntad en un nivel inferior. Los Elohim dan la voluntad al ser humano en su totalidad, pero ellos dan la voluntad a la cabeza. De lo contrario, la cabeza estaría llena de ideas sin voluntad. Las ideas solo se vuelven racionales cuando, impregnadas de voluntad, se convierten en capacidad de juicio. Esto proviene de estos espíritus.

Quizás ahora vean en esta representación, desde cierto punto de vista, cómo no se deben aplicar conceptos filisteos si se quieren contemplar las contradicciones cósmicas. No se debe mirar a los espíritus luciféricos, si se me permite expresarlo así, por encima del hombro, sino que hay que tener claro que se trata de espíritus de un orden esencialmente superior al del propio ser humano. En el fondo, no son realmente adversarios del ser humano, son adversarios de los Elohim, porque se han quedado rezagados y se limitan a la cabeza humana. Eso es lo que debemos tener en cuenta.

Si ahora se imaginaran lo que realmente lograrían estos espíritus si tuvieran total libertad sobre la evolución humana, llegarían a la siguiente conclusión. Se dirían: «Bueno, cuando se creó la Tierra, los Elohim ascendieron a su dignidad, los demás se quedaron atrás en etapas anteriores del desarrollo; Ellos son, por tanto, los portadores de aquello que se imprime preferentemente en el ser humano desde el pasado, desde la existencia de Saturno, el Sol y la Luna, los portadores de aquello que debe implantarse en el ser humano desde el sublime pasado que hemos atravesado en las tres metamorfosis anteriores de la evolución.

Por haberse quedado rezagados, oponiéndose en cierto modo a lo que los Elohim tenían previsto para los seres humanos de la Tierra, podemos caracterizarlos en relación con el ser humano diciendo: Estos espíritus, que en realidad son espíritus de la forma, pero que los encontramos en el mundo espiritual entre las multitudes de los Ángeles, Arcángeles y Arcai, dichos espíritus imprimen en el ser humano todo aquello que les impida descender a la plena existencia terrenal. En realidad, quieren mantenerlo por encima del reino mineral. Preferirían que el ser humano solo experimentara lo que hay en el mundo vegetal en crecimiento, lo que vive en el mundo animal, lo que hay en el mundo humano mismo. Pero no quieren que descienda al mundo mineral muerto. Y, en particular, estos espíritus no tienen ninguna inclinación a transmitir al ser humano nada de lo que tiene que ver con nuestra tecnología. En cierto modo, están enfadados por ello. Quieren mantener al ser humano en una esfera espiritual, no quieren que descienda a lo terrenal. Por eso también son adversarios de los Elohim, porque los Elohim, que han consolidado al ser humano en el polvo de la tierra, como dice la Biblia, lo han arrastrado al reino mineral. Sin embargo, a eso le debe él su libertad. Pero la libertad, la libertad que el ser humano debe experimentar en lo terrenal, no es lo que realmente les importa a los espíritus que quieren mantener al ser humano alejado de lo terrenal.

Ahora bien, el ser humano ha sido colocado, en cierto modo, por los Elohim en el mundo mineral-terrenal. Pero esto ha permitido que otros espíritus tengan acceso a él. Ahora bien, fíjense en la diferencia entre los espíritus de los que acabo de hablar y los espíritus de los que voy a hablar ahora. Los que acabo de mencionar se encuentran en la esfera donde están los ángeles, arcángeles y archai. Los encontramos entre las multitudes de estos espíritus, y son ellos los que aportan movilidad, razonamiento ágil, actividad imaginativa, actividad artística, etc., a la mente humana. Pero debido a que el ser humano fue empujado hacia el reino mineral, a que los Elohim le han dado independencia, pero esta independencia no es plena, ya que la vive durmiendo en su voluntad y en su sistema metabólico-muscular, otros espíritus tienen acceso a él. Esos otros espíritus se cuelan, por así decirlo, en la evolución. Los espíritus de los que he hablado hasta ahora participaron en la evolución, solo que se quedaron atrás; no pudieron seguir adelante, pero son Elohim rezagados, estuvieron en el cosmos con los Elohim y solo se niegan a dejar que los seres humanos bajen completamente a la Tierra. Pero éste ha descendido ahora a la Tierra a través de los Elohim. Ahora llegan otros espíritus del exterior. Los encontramos cuando dirigimos nuestra mirada oculta a las multitudes de querubines, serafines y tronos. De estos espíritus, que en realidad pertenecen al mismo tipo, también se quedaron atrás algunos individuos. No han entrado a formar parte de esas multitudes, solo se han convertido en espíritus de la sabiduría. Estas entidades espirituales se manifiestan de tal manera que de ellas se puede decir, que en realidad desean comenzar una creación completamente nueva en la Tierra, que desean conservar al ser humano terrenal tal y como es. Tal como está encarnado en el reino mineral por los Elohim, quieren tomarlo como un comienzo y, a partir de este comienzo, quieren continuar la evolución. Quieren borrar todo el pasado: «Bah, el pasado», dicen, «no nos importa; el ser humano ha descendido al reino mineral, pues bien, arranquémoslo de los Elohim, los Elohim no lo necesitan; apartémoslo de los Elohim y comencemos una nueva evolución. ¡Dejemos que sea el eslabón inicial para que luego siga viviendo más y más! Estas son las entidades ahrimánicas. Estas entidades ahrimánicas quieren borrar todo el pasado y dejar al ser humano solo el resultado de lo que ha logrado directamente en la Tierra.

Ya ven cómo los Elohim se encuentran en medio. Los Elohim quieren unir el pasado con el futuro. Los espíritus que he descrito antes, (los espíritus luciféricos) quieren impregnar al ser humano con su pasado sublime. Los otros espíritus quieren borrar todo el pasado, quitar a los Elohim, lo que el ser humano es del polvo de la Tierra, y comenzar de nuevo, desarrollar primero desde la Tierra. Fuera con este «globo» del cosmos, con Saturno, el Sol y la Luna, nada de eso debe tener importancia para el ser humano. Con la Tierra debe comenzar una nueva evolución, que debe ser un nuevo Saturno, luego vendrá el Sol y así sucesivamente. Ese es el ideal de estas otras entidades. Irrumpen en el inconsciente del ser humano, en la vida volitiva, en la vida metabólica y en la vida de las extremidades, allí irrumpen. Son la raza entre los seres espirituales que quieren enseñar al ser humano un interés especial por todo lo mineral y material, que quieren enseñarle un interés por todo lo que es, por ejemplo, externo, mecánico y maquinario. Les gustaría destruir todo lo que la Tierra ha traído consigo desde la antigua Luna, que desapareciera el mundo animal, que desapareciera el mundo físico humano, que desapareciera el mundo vegetal, que del reino mineral solo quedaran las leyes físicas, pero sobre todo que los seres humanos fueran eliminados de la Tierra; y querrían crear un nuevo Saturno a partir de máquinas, un nuevo mundo compuesto únicamente por máquinas. Así debería continuar el mundo. Ese es, en realidad, su ideal. En el ámbito científico externo, tienen el ideal de convertirlo todo en materia, de mecanizarlo todo. En el ámbito religioso, estos dos opuestos son claramente perceptibles.

En épocas anteriores, —como ya saben por otras conferencias que he impartido aquí—, el hombre estaba más expuesto a los espíritus del primer tipo, que actúan sobre la cabeza. En Platón todavía se encuentra que, especialmente cuando se hablaba de la eternidad del alma humana, se hablaba de la existencia prenatal, de lo que el ser humano realmente recuerda de su existencia anterior. Esto va desapareciendo a medida que nos adentramos en la Edad Media, hasta que la Iglesia prohíbe por completo la creencia en la preexistencia; y hoy en día, la creencia en la preexistencia del ser humano es considerada una herejía por la Iglesia. Así pues, por un lado está la inclinación hacia el conocimiento de la preexistencia; por otro lado está la Iglesia ahrimanizada, que solo prolonga la vida del ser humano más allá de la muerte y la convierte en un mero resultado de lo que el ser humano es aquí en la Tierra.

Ahí lo tienen como una profesión de fe: lo que el ser humano experimenta aquí en el cuerpo físico, lo lleva consigo a través de la muerte. Su alma siempre vuelve a mirar hacia atrás. En realidad, toda la vida siguiente no es más que la continuación de lo que hubo aquí entre su nacimiento y su muerte. Es exactamente lo mismo que quieren los espíritus ahrimánicos. Estas son precisamente las cuestiones importantes que se le plantean a la humanidad actual: ¿Debe seguir proliferando la creencia ahrimánica, como si solo existiera una vida después de la muerte, o debe despertar de nuevo la conciencia de la preexistencia y llegar a conectar la preexistencia y la post-existencia a través de lo que es el equilibrio medio?

Esto es lo que debe buscar la ciencia espiritual, este principio crístico, el equilibrio entre lo luciférico-ahrimánico, por un lado, la preexistencia, y la post-existencia, por otro. Estas son las cuestiones importantes del presente, que, después de que la humanidad se haya entregado durante un tiempo a la fe ahrimánica en la mera post-existencia, volvamos a añadir también la conciencia, el conocimiento de la preexistencia, para llegar así a una comprensión de la humanidad plena.
Traducido por J.Luelmo sep,2025