CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA238 Dornach, 21 de septiembre de 1924 - Relaciones Kármicas Vol. IV -Líneas directrices para comprender la vida espiritual de la época actual.

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Relaciones kármicas:
GA238 - Volumen IV



I
X conferencia 


Líneas directrices para comprender la vida espiritual de la época actual. Dificultades en la transmisión de la esencia espiritual, ejemplificadas en cuatro encarnaciones de una individualidad particular. Thomas Campanella - Otto Weiniger. En el alma de esta individualidad, una vida visionaria anterior y una concepción espiritual del mundo luchan con el racionalismo y la intelectualidad de la era moderna.


Dornach, 21 de septiembre de 1924

Las conferencias que he estado dando ahora bajo la impronta de la presencia de tantos amigos que han venido aquí de diferentes países, han seguido un cierto propósito principal. A partir de fuentes kármicas, he tratado de dar una descripción que debería conducir, al menos en algunos esbozos, a una comprensión espiritual de la vida espiritual del tiempo presente. En cierto sentido, estas conferencias formarán después de todo una totalidad, un todo único, que llevaré a su conclusión en mi conferencia del próximo martes.

Hoy daré un ejemplo para mostrar cuán difícil puede ser traer a este tiempo presente una ciencia espiritual que realmente debería ser adecuada para este tiempo. No trataré de responder hoy a la pregunta refiriéndome a circunstancias externas, sino que lo haré con un ejemplo kármico. La individualidad a la que se referirá este ejemplo no es exactamente típica. De hecho, es una individualidad muy peculiar. Sin embargo, este ejemplo servirá para mostrar cuán difícil es trasladar a una vida terrenal en el tiempo presente, lo que todo ser humano trae consigo de sus vidas anteriores en la tierra. Me refiero a lo que trae consigo en el sentido de que, con la posible excepción de su última encarnación, al fin y al cabo sigue manteniendo una relación original de un tipo u otro con el mundo espiritual, o si no en realidad, al menos por tradición. Y sin embargo, a pesar de ello, es tan difícil transferir a la naturaleza corporal del ser humano de hoy, a las condiciones de la educación y la cultura actuales, todo lo espiritual que fue recibido y absorbido en el pasado.

Con este fin, voy a desplegar ante ustedes una sucesión de vidas terrenales de una individualidad que les revelará toda clase de obstáculos que pueden surgir para impedir la transmisión de contenidos espirituales a la época actual. Este ejemplo también les mostrará cómo tales dificultades ya fueron preparadas en muchos casos durante vidas terrenales anteriores.

Para comenzar, consideraremos una individualidad humana encarnada en el siglo VI a.C. Fue la época en que los judíos fueron llevados al cautiverio babilónico, y un poco después. Al estudiar ese período, me llamó la atención una individualidad que se encarnó como una mujer perteneciente a la raza judía. Sin embargo, cuando los judíos fueron llevados al cautiverio, es decir, antes de que realmente llegaran al cautiverio babilónico, esta mujer escapó. Y en el tiempo que siguió, (alcanzó una edad considerable en esa encarnación), recibió en Asia Menor toda clase de enseñanzas que se podían recibir allí en aquel tiempo. Recibió, entre otras cosas, lo que entonces se vivía con gran intensidad, con gran impacto, incluso en Asia Menor, elaborando en varias direcciones lo que podemos llamar la concepción zaratustriana del mundo con su intenso dualismo. Recuerden la descripción en un capítulo de mi Ciencia Oculta: el dualismo que reconoce por una parte a Ahura Mazdao, el gran Espíritu de Luz, que envía sus impulsos a la evolución de la humanidad, para ser la fuente de lo bueno, grande y bello, que está rodeado por sus espíritus ministrantes, los Amschaspands, así como el sol está rodeado en la gloria de la manifestación del semblante del cielo por los doce signos del círculo zodiacal. Estos son los aspectos luminosos del dualismo que se originó en la antigua Persia. Por otra parte, estaba el poder opositor Ahrimánico, que llevaba a la evolución del mundo de la humanidad todo lo que es oscuro, y no sólo oscuro sino todo lo que es maligno, todo lo que obstaculiza y crea desarmonía.

Esta enseñanza estaba ligada al conocimiento profundo e impresionante de la constelación de las estrellas en el sentido de la astrología o astrosofía de los tiempos antiguos.

Todas estas cosas, la individualidad de la que estoy hablando, en su encarnación como mujer en aquel tiempo, pudo recibirlas porque tenía como maestro en cierto sentido, y como amigo, a un hombre que estaba iniciado en muchas de estas doctrinas de Asia Menor, y especialmente también en el conocimiento caldeo de las estrellas.

Así pues, tenemos que comenzar con un animado intercambio de pensamiento entre estos dos, en el período que siguió al traslado de los judíos al cautiverio. Y tenemos el siguiente fenómeno notable. A través de las poderosas impresiones que recibió, a través de todas las enseñanzas que absorbió con extraordinario interés y receptividad, se despertaron poderes de videncia en la vida interior de la mujer. Llegó a ser capaz de contemplar el universo en visiones que representaban en un sentido muy real el orden cósmico.

En este caso se trata de una individualidad realmente notable. Todo lo que se había descubierto y experimentado entre ella y el semi-iniciado de Asia Menor que era su amigo, todo esto brotó a la vida, por así decirlo, dentro de ella. Y se apoderó de ella un sentimiento que podemos expresar con estas palabras: ¿Qué eran todas las ideas que recibí durante mi instrucción en comparación con el poderoso cuadro de Imaginaciones que ahora se presenta ante mi alma? ¡Cuán grande y poderoso es el universo mismo, cuán rico en contenido interior! - Pues se daba cuenta de ello a través de sus Imaginaciones visionarias.

Este estado de ánimo dio lugar a un cierto sentimiento de distanciamiento entre ambos, pues el hombre se inclinaba más a valorar el trazado de las concepciones del mundo a lo largo de las líneas del pensamiento, mientras que la mujer tendía cada vez más al elemento pictórico. Entonces las dos personalidades atravesaron la puerta de la muerte casi simultáneamente, pero con un cierto sentimiento de distanciamiento entre ellas.

Ahora los resultados de estas dos vidas terrenales se fusionaron de una manera extraña. Las dos individualidades pasaron por las experiencias más intensas al mirar retrospectivamente sobre su vida, al pasar hacia atrás por su vida después de su muerte, y al elaborar su karma entre la muerte y un nuevo nacimiento. El resultado de su vida en común en la Tierra fue una intensa vida en comunidad después de la muerte.

En la que había sido mujer encontramos que el sentimiento de preponderancia de las Imaginaciones visionarias que había tenido hacia el final de su vida ya no está presente tan intensamente después de su muerte. En efecto, surge en ella una especie de anhelo de que en su próxima vida terrena pueda comprender estas cosas más en forma de pensamiento. Pues en su vida pasada, que acabo de describir, las había comprendido más en forma de palabra. De haber sido vivamente experimentadas en el habla, habían pasado a la vida de las imaginaciones visionarias.

Las dos individualidades, intensamente unidas entre sí en su karma, renacieron en los primeros siglos cristianos, en una época en que la esencia espiritual del cristianismo se iba informando poco a poco con cierta erudición y actividad erudita. Ya he dicho alguna vez que muchas de las almas que desde entonces han llegado a la Antroposofía por un impulso sincero, participaron en el cristianismo de aquellos primeros siglos cristianos. Pero entonces pudieron experimentar el cristianismo en una forma mucho más viva que la que asumió después.

Ahora bien, en este caso aparece algo peculiar. Se nos presenta un hombre que, en lo que se refiere al karma, no tiene nada que ver directamente con las dos individualidades de las que estoy hablando. Pero tiene que ver con ellas a través de la historia de la época en que vivían. Me refiero a Martianus Capella, una personalidad dominante en la vida espiritual de aquella época. Fue él quien escribió por primera vez la obra fundamental sobre las Siete Artes Liberales, que iban a desempeñar un papel tan importante en toda la enseñanza y la educación a lo largo de la Edad Media. Las Siete Artes Liberales eran: Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música. En su actividad e influencia combinadas, proporcionaban lo que entonces se consideraba conocimiento tanto de la Naturaleza como del Universo.

La obra de Martianus Capella parece a primera vista un tanto árida y práctica. Pero debemos saber que tales libros, especialmente en la Alta Edad Media, procedían de fundamentos espirituales. De hecho, éste era el caso incluso de las descripciones posteriores que salieron de la Escuela de Chartres, cuyo carácter aparente es también árido, enumerando cosas en categorías y similares. En las descripciones de Martianus Capella relativas a las Siete Artes Liberales y a la Naturaleza que trabaja tras ellas, por muy prácticas que nos parezcan, debemos ser capaces de reconocer la efusión de ciertas concepciones instructivas sobre las cosas superiores. En efecto, las Siete Artes Liberales eran concebidas como verdaderos Seres vivientes, al igual que la propia Naturaleza era descrita como un Ser viviente. Por muy aparentemente áridos que fueran sus escritos, personalidades como Martianus Capella eran, no obstante, muy conscientes de que todas estas cosas pueden verse en el espíritu. La Dialéctica, la Retórica, etc. son Seres vivos, inspiradores de la habilidad humana, de la actividad espiritual humana. Además, como he explicado en estas conferencias, la Naturaleza en su realidad, la diosa Natura, fue concebida de forma similar a la Proserpina de la antigüedad.

Ahora bien, la mujer de la que acabo de hablar se reencarnó en este tiempo y permaneció dentro de esta corriente, -dentro de todo lo que surgió para la humanidad bajo la influencia de lo que contenían las Siete Artes Liberales, y en la concepción de la Naturaleza que dominaba sobre ellas. Esta vez, sin embargo, se convirtió en un hombre, que, aunque en el cuerpo de un hombre y el intelecto de un hombre, llevaba dentro de sí desde el principio la tendencia a elaborar lo que iba a convertirse en su conocimiento, no tanto en el pensamiento, sino una vez más en concepciones visionarias.

Tal vez pueda decirse que hubo muy pocos en aquella época, a principios del siglo VI o a finales del V d.C. - hubo pocos entre los que podrían llamarse alumnos de Martianus Capella, en los que el contenido espiritual de aquel tiempo viviera de una manera plenamente vívida, pictórica y viviente. Pero la personalidad a la que me refiero, viviendo ahora en una encarnación masculina, podía hablar realmente de su relación con los poderes inspiradores, la Dialéctica, la Retórica, etcétera. Estaba lleno de la percepción de las actividades vivientes y espirituales.

Y ahora, nuevamente se encontró con la otra individualidad que había sido un hombre en su encarnación anterior y que ahora era una mujer, dotada de gran inteligencia. Y una vez más (bien podemos imaginar cómo esto estaba kármicamente condicionado, pues somos testigos aquí del funcionamiento del karma), una vez más surgió una intensa relación espiritual entre ellos, un intercambio, no puedo decir de ideas, sino de percepciones, una asimilación viva y poderosa.

Pero algo extraño surgió en aquella personalidad que en los siglos precristianos había sido mujer y ahora era hombre. Debido a que sus percepciones e ideas eran tan vívidas, surgió en el hombre un intenso conocimiento de cómo esa vida visionaria que poseía estaba conectada totalmente con la naturaleza femenina. No quiero decir que la vida visionaria esté en general conectada con la personalidad de una mujer, pero en este caso, todo el carácter fundamental de la vida visionaria había venido de la anterior encarnación del individuo como mujer. Así, innumerables secretos le fueron revelados a este hombre, secretos relacionados especialmente con la interacción mutua de la Tierra y la Luna, secretos relacionados, por ejemplo, con la vida reproductiva. La individualidad que vivía en esta encarnación como hombre llegó a ser notablemente versada especialmente en estos dominios.

Veamos ahora a las dos individualidades atravesando una vez más la puerta de la muerte, experimentando la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y acercándose en su vida, en regiones suprasensibles para empezar, al amanecer de la Edad de la Conciencia. Pues aún estaban en los mundos suprasensibles cuando experimentaron el primer amanecer de la edad del Alma Consciente. Entonces la que describí primero como mujer y en su encarnación subsiguiente como hombre, renació como hombre una vez más. Es muy interesante que ambos nacieran una vez más juntos, pero el otro, que en la encarnación anterior, es decir, en la segunda, había sido una mujer, ahora era una vez más un hombre. Así pues, ambos se encarnaron simultáneamente como hombres. El que nos interesará especialmente, que fue mujer en la antigüedad y hombre durante los primeros siglos cristianos, que en la primera ocasión había sido de raza judía y en la segunda había sido de sangre extraordinariamente mezclada según su ascendencia física, éste volvió a nacer en el siglo XVI como el utopista italiano Tomás Campanella, una personalidad muy notable.

Veamos ahora de cerca la vida de Tomás Campanela en la medida necesaria para comprender su karma. Nació con una receptividad verdaderamente notable para la educación cristiana que recibió. Así, a temprana edad comenzó a estudiar la Suma de Santo Tomás de Aquino. De los mismos estados de ánimo y sentimientos que había adquirido a través de su vida visionaria anterior, que se transformaron cada vez más en su contraparte, -en el impulso de aprender a conocer las cosas en sus formas mismas de pensamiento-, entró con toda la vida en el fuerte elemento de pensamiento que se encuentra en la Suma de Santo Tomás de Aquino. Así estudió con entusiasmo y así se hizo dominico en el siglo XVI.

Pero en su vida pensante, que intenta mantener más estrictamente en la dirección en la que se mantiene el pensamiento en la Suma de Santo Tomás de Aquino, entra continuamente una cierta inquietud de aquella atávica vida espiritual visionaria que había vivido antes. Por ello es notable ver cómo Campanella buscaba realmente apoyos y puntos de contacto para poner cierto orden interior y conexión en aquel elemento que había comandado en otro tiempo, cuando había sido un visionario en sus percepciones del mundo. Es notable ver cómo, por un lado, Thomas Campanella se hizo dominico con pleno entusiasmo interior. Y sin embargo, incluso en el monasterio de Cozenza conoce a un brillante cabalista judío. Ahora combina el estudio de la Cábala judía con lo que surge como un eco de su anterior vida visionaria, y lo combina por otro lado con el tomismo que había evolucionado en la Orden Dominica. Todas estas cosas vivían en él con una especie de anhelo visionario. Él quiere hacer algo para que aparezca exteriormente la plena luz interior de toda su vida espiritual. Eso no lo encontrarán en las biografías, pero así aparece a la visión espiritual. Hay un sentimiento perpetuo en su alma: Verdaderamente el espíritu está en todas partes detrás de todas las cosas. Seguramente también en la vida humana debe haber un espíritu, el mismo espíritu que está en el Todo universal.

Y estas cosas influyeron en la esfera de sus emociones. Él vivía en el sur de Italia. El país estaba oprimido por los españoles. Participó en una conspiración para la liberación del sur de Italia. Por esta conspiración fue hecho prisionero por los españoles y se consumió en el calabozo desde el año 1599 hasta 1626, viviendo así una vida excluida del mundo, una vida de la que realmente se puede decir que durante veintisiete años su existencia terrenal fue borrada.

Pongamos ahora los dos hechos juntos. - Cuando fue encarcelado, Thomas Campanella estaba al principio de la treintena de su vida, al principio mismo de la treintena. Pasó el tiempo que siguió en prisión. Esa es una cosa. Pero, ¿Qué clase de espíritu era? ¿Qué tipo de personalidad? Creó la idea de un Estado-Sol, un Estado Solar. ¿No se pueden ver en el alma de Thomas Campanella brillar todas esas concepciones astrológicas, esas visiones del mundo espiritual? En su obra sobre el Estado Solar, concibe y describe una Utopía social, en la que imagina que mediante una configuración racional de la vida social, todos los hombres pueden llegar a ser felices. Lo que él describe como la Ciudad del Sol, o como el Estado Solar, tiene algo de severidad monástica. Buena parte de lo que ha absorbido de la Orden de los Dominicos entra en su manera de concebir la estructura del Estado. 

Y gran parte de su espiritualidad anterior se abre extraordinariamente camino. A la cabeza de este aspirante a Estado ideal, habrá un líder único, una especie de Metafísico jefe que descubrirá a partir del espíritu las líneas directrices para la configuración y administración del Estado. Otros funcionarios estarán al lado de este Primer Ministro, funcionarios que deberán llevar a cabo hasta el más mínimo detalle las normas y reglamentos que un hombre de aquella época sólo podía tener en mente si surgían de su alma a través de fuerzas kármicas como reminiscencias de concepciones de la tierra muy anteriores. Pero en él surgieron todas estas cosas. En efecto, quería que su Estado Solar fuera administrado según principios astrológicos. Las constelaciones de las estrellas debían ser observadas cuidadosamente. Los matrimonios debían celebrarse según las constelaciones. Los actos de concepción debían tener lugar de tal manera que los nacimientos pudieran coincidir con ciertas constelaciones, que debían ser calculadas. Así debía nacer en la Tierra la raza humana con todo su destino, según las constelaciones de los cielos.

Seguramente el hombre del siglo XIX o XX, el neurólogo o psiquiatra del siglo XIX o XX, al encontrarse con una obra así diría: "Es apta para la bibliografía de los manicomios". De hecho, como veremos más adelante, el psiquiatra del siglo XX emitió en cierto sentido un juicio muy similar.

Reflexionen ustedes acerca de estas dos cosas. He aquí una personalidad con todos los antecedentes, las condiciones predispuestas de vidas terrenales anteriores que acabo de describir. A partir del poder del sol y de las estrellas quiere hacer descender y encontrar en la tierra las líneas directrices de la administración del Estado. Quiere traer el sol mismo a la vida terrena, mientras que él mismo, durante más de veinte años, se consume en la oscura mazmorra, y sólo es capaz de mirar hacia fuera a través de estrechas rendijas a la luz del sol de la naturaleza, mientras que en su alma, en sentimientos y emociones muy dolorosas, todo tipo de cosas que entraron en él en vidas terrenas anteriores salen y encuentran expresión. - Pero finalmente fue liberado de prisión por el Papa Urbano. Fue a París y encontró el favor de Richelieu. Recibió una pensión y vivió el resto de su vida en París.

Y esto es lo extraño. El rabino judío que había conocido en Cozenza, a través del cual su pensamiento se había influido de un modo cabalístico, de modo que en él vivía mucho más de lo que hubiera podido vivir de otro modo, este cabalista judío era la otra individualidad renacida, la que había sido hombre en la primera encarnación que he descrito, y mujer en la segunda.

Así vemos la cooperación de los dos individuos, Tomás Campanella y su amigo el rabino judío. Y cuando ambos han atravesado una vez más la puerta de la muerte, surge en la individualidad que fue Campanella en su última vida, una oposición extraordinaria a lo que recibió en sus vidas anteriores en la tierra. Su sentimiento es más o menos el siguiente. Se dice a sí mismo: ¿Qué habría sido de todo esto si no me hubiera consumido en la oscura mazmorra durante todos esos años, mirando a través de estrechas rendijas a la luz del sol de la naturaleza? Sin embargo, en consecuencia, le sobreviene una especie de antipatía y rechazo de lo que antes tenía como visión espiritual, una concepción espiritual en los tiempos precristianos y en los primeros siglos cristianos. Esto es lo extraño. Mientras se acerca la época del Alma Consciente, una individualidad sigue evolucionando en lo suprasensible, volviéndose realmente hostil a la anterior espiritualidad que poseía. Así sucedió con muchas almas. Incluso antes de su vida terrena, mientras vivían la época del Alma Consciente en los mundos suprasensibles, se volvieron hostiles a su anterior experiencia espiritual. Porque, en efecto, es realmente difícil traer a un cuerpo terreno actual lo que se ha experimentado espiritualmente en épocas anteriores. El cuerpo terrenal actual, la educación terrenal actual, conducen al ser humano al racionalismo y a la intelectualidad.

Ahora bien, esta individualidad, viviendo después de su vida como Campanella, no podía ver otra posibilidad de crear un verdadero equilibrio salvo volviendo, más o menos prematuramente, a una nueva vida en la tierra. Sin embargo, las condiciones que se dieron no se lo pusieron fácil, pues, por una parte, incluso dentro de lo suprasensible creció con extraordinaria intensidad en el elemento del Alma Consciente, -me refiero al racionalismo y al intelectualismo del primer período de la época del Alma Consciente. Por otra parte, especialmente al vivir de nuevo la época de su cautiverio, su antigua vida visionaria y concepción espiritual se abrieron paso una y otra vez.

Por tanto, el alma de esta individualidad estaba cargada, por así decirlo, por una parte, de la fuerte tendencia a la ilustración intelectual, repudiando su anterior vida espiritual. Por otra parte, este repudio asumió gradualmente una forma peculiarmente personal e individual. Surgió en él una antipatía hacia su encarnación precristiana como mujer y, con ello, una antipatía hacia las mujeres en general. Esta antipatía hacia las mujeres se abrió camino en su personalidad, en su vida individual. Así ocurre con el karma. En lugar de ser teórico, se convierte en una preocupación personal, un temperamento personal, una simpatía y antipatía personales, en este caso, antipatía.

Y ahora se le presentaba la posibilidad de vivir de nuevo en libre y abierta relación con el mundo aquella vida terrenal que en su anterior vida en la tierra como Campanella había pasado en cautiverio.

Entiéndalo claramente. En esta ocasión la otra individualidad no le acompañó, porque la otra no tenía motivo para venir a la tierra. En las tres vidas terrenales precedentes, la individualidad Campanela siempre había tenido a la otra con él para ayudarle a sostener y guiar su vida. Ahora se le presentaba la oportunidad de vivir una vez más en una vida terrena todo lo que se había perdido por sus largos años de encarcelamiento en la vida como Campanella. De lo que había vivido en la oscuridad del encarcelamiento surgía la posibilidad de volver a vivirlo en una nueva vida terrena.

¿Cuál fue la consecuencia, después de todo lo anterior? Imaginen por un momento que, cuando Campanella tenía treinta años, o más o menos, le sobrevino este encarcelamiento. Imaginen la relativa madurez de un hombre de la época del Renacimiento en la treintena de su vida. Imaginen que lo que le faltó en aquel entonces vuelve a funcionar. Y al mismo tiempo todos los demás elementos, espirituales y racionalistas, están brillando, están irradiando desde fuera. Todo lo demás y todo alrededor es luz, sólo estos años de encarcelamiento son oscuridad. Todas estas influencias se entremezclan: la clarividencia, la misoginia, nacida de las experiencias que he descrito, y además, una gran inteligencia. Todas estas cosas se entremezclan de la manera en que lo harían como resultado de la etapa de madurez de un hombre del Renacimiento en la treintena de su vida.

Todo esto vuelve a nacer en la penúltima década del siglo XIX o un poco antes. En el cuerpo infantil nace lo que en realidad está predestinado para una época posterior en la vida del hombre. No es de extrañar que el niño, -esta vez se trata de una encarnación masculina, pues en realidad no es más que una repetición del tiempo de su encarcelamiento; tal es el lenguaje del karma en este caso-, no es de extrañar que el niño renazca con extraordinaria precocidad. Por supuesto, sólo se trata de las fuerzas de crecimiento de un niño, pero trabajando precozmente, con la madurez de los treinta años de vida. - Tal es el juego del karma, trabajando con todo lo que se perdió durante el tiempo de su encarcelamiento.

Y surge una inclinación peculiar en esta tardía recapitulación de la vida, si puedo llamarla así. Las antiguas concepciones astrológicas comienzan a despertar de nuevo, las antiguas concepciones de la vida espiritual en toda la Naturaleza que fue tan maravillosa en él en los primeros siglos cristianos. Es cierto que estas cosas surgen de una manera infantil, pero viven en él tan fuertemente que tiene una verdadera antipatía por la forma matemática moderna de la ciencia. En los años noventa ingresa en el Gymnasium o Escuela de Gramática. Aprende idiomas y literatura magníficamente; no aprende ciencias ni matemáticas. Pero lo más curioso es esto, tan curioso como para abrumar con sorpresa y alegría a quien puede entender las conexiones kármicas cuando las ve: en un abrir y cerrar de ojos, además de las otras lenguas modernas, francés e italiano, aprende español para traer a su mentalidad todo lo que despertó su oposición y rebelión contra el dominio español en su vida anterior, para renovar todo esto.

Vean qué extrañamente funciona el karma, ¡cómo funciona en esta individualidad! En efecto, es sorprendente la rapidez con que el niño aprende español, un idioma remoto, fuera de su trabajo escolar, simplemente porque a su padre le gusta. Esto también es obra del karma. Y significa una profunda influencia en todo el estado de ánimo y la sintonización de su alma. La nota fundamental del encarcelamiento, cuando la ira y la indignación contra los españoles llenan su alma, emerge de nuevo en su alma ahora que la lengua española se hace viva en él e impregna sus pensamientos e ideas. Lo que le resultaba más amargo durante su encarcelamiento entra ahora en la región subconsciente donde la lengua, de hecho, ejerce su dominio.

Sólo cuando llega a la Universidad empieza a trabajar en ciencias naturales porque, de hecho, la época lo exige. Si uno quiere ser un hombre culto en nuestra época, debe saber algo de ciencias naturales.

Ahora debo decirles quién es, porque debo relatar lo que sucedió después. No es otro, entonces, que el infeliz Otto Weiniger. [Otto Weiniger, 1880-1903.] Él compensa el tiempo perdido estudiando ciencias naturales en la Universidad. Estudia filosofía en la Universidad de Viena y obtiene el título de Doctor en Filosofía. Y en su tesis saca a la luz todo lo que está fermentando en él, fermentando de una manera que sólo es posible cuando una vida terrenal es la repetición de un vacío real en la anterior. Así que escribe su tesis, que después de obtener su título elabora en un gran volumen Sexo y carácter.

En este libro Sexo y carácter, todo lo que había antes hierve y fermenta. De vez en cuando vemos cómo el utopismo campaneliano resplandece con antiguas concepciones primigenias expresadas de la forma más maravillosa. - ¿Qué es la moral? Weiniger responde así a la pregunta. La luz que brilla en la Naturaleza es la manifestación de la moralidad. Quien conoce la luz conoce la verdadera moral. De ahí que en la fauna y flora de las profundidades marinas, que vive sin luz, debamos buscar la fuente de toda inmoralidad en la Tierra. Y en su obra se encuentran intuiciones maravillosas. Por ejemplo, dice: Mira al perro, mira su extraordinaria fisonomía. ¿Qué muestra? Muestra que el perro ha perdido algo, que le falta algo; en efecto, ha perdido la libertad.

Así pues, en Weiniger encontramos algo de visión espiritual combinada con el racionalismo más extremo y el odio a lo que le llegó en una encarnación anterior. Sólo que este odio se manifiesta ahora no como odio a su conocimiento anterior, sino como odio a su encarnación como mujer, que encuentra su desahogo en la misoginia llevada hasta el absurdo en el libro Sexo y carácter.

Todo esto les mostrará cuánta espiritualidad puede estar latente en un alma, cuánta puede haber llegado junto con el intelectualismo en el mundo suprasensible hacia la era del Alma Consciente y, sin embargo, no puede surgir en la era actual. Quiere surgir pero no puede, incluso cuando la vida actual no es más que la repetición de un período de vida que se perdió, por así decirlo, en tiempos pasados.

En Weiniger surgen extrañas inclinaciones, extraordinariamente significativas una vez más para quien sabe captar los hilos kármicos. Su biógrafo nos cuenta que, hacia el final de su vida, adquirió el hábito de mirar a través de rendijas muy estrechas que él mismo se hacía desde un espacio oscuro a una superficie iluminada. Le encantaba hacerlo. Aquí tenemos el tiempo pasado en la mazmorra, que penetra una vez más en los hábitos más íntimos e inmediatos de su vida.

Piensen de nuevo cómo el sur de Italia estaba conectado con esta vida, porque fue en el sur de Italia donde tuvieron lugar todas estas cosas que le condujeron a la vida presente en la tierra.

Pero hay otro punto que debo mencionar y que siempre es muy importante para el estudioso del karma. Ni que decir tiene que Weiniger también se contaba entre los lectores de Nietzsche. Imagínense el estado de ánimo y el sentimiento que vivía en su alma cuando leyó Más allá del bien y del mal de Nietzsche y, como una bomba, cayó en su alma la afirmación de Nietzsche y la explicación ulterior de que la Verdad es una mujer. Aquí sí que confluye lo que les he descrito antes teñido por su misoginia.

Y ahora tiene veintidós años, en el vigésimo tercer año de su vida. Todas estas cosas han actuado en él. Extraños hábitos están evolucionando en su alma. ¿Es de extrañar que una vida que está recapitulando un largo tiempo de encarcelamiento se vea dolorosamente afectada por la puesta de sol que le recuerda la oscuridad que se avecina? Así, Weiniger siempre siente los atardeceres como algo insoportable. Y todo el tiempo, en su cuerpo juvenil tiene la madurez de los treinta años de la vida del hombre. Admito que cuando los hombres menos talentosos son arrogantes y vanidosos, no es hermoso. Pero aquí todo el karma puede hacernos entender que él pensaba mucho de sí mismo. Tenía, por supuesto, varias anormalidades, pues esta vida era la repetición de una vida de reclusión en la que no siempre se hacen las cosas ordinarias, normales, y cuando uno se encuentra con el karma cumplido bien puede causar la impresión de un epiléptico en un psiquiatra corriente. Weiniger causó esta impresión, pero su epilepsia era la repetición de la vida de encarcelamiento. Sus ataques eran actos de repulsión y defensa. Sin sentido en su actual vida de libertad, eran las repeticiones kármicas de una vida de encarcelamiento. No era un epiléptico cualquiera.

No es de extrañar que a principios de los veinte años de vida se sintiera impulsado, de repente y sin motivo, a viajar a Italia. Durante este viaje escribe un maravilloso librito, Über die letzten Dinge, que contiene descripciones de la Naturaleza elemental que parecen casi un intento de caricaturizar las descripciones de la Atlántida, magníficas, pero por supuesto totalmente locas desde el punto de vista del psiquiatra.

Sin embargo, estas cosas deben considerarse kármicamente. De repente se marcha corriendo a Italia, luego regresa y pasa una breve temporada en las montañas de Brunner, cerca de Viena. A su regreso de Italia todavía escribe algunos pensamientos que le vinieron durante el viaje, magníficas ideas sobre las armonías del mundo moral y natural. Después toma una habitación en la casa donde murió Beethoven. Vive unos días más en la cámara mortuoria de Beethoven y ahora ha terminado de vivir su antiguo encierro. Se pega un tiro. Su karma se ha cumplido. Se dispara a sí mismo por un profundo impulso interior, con la idea de que si siguiera viviendo se convertiría en un hombre completamente malo. Ya no tiene ninguna posibilidad de vivir, porque su karma se ha cumplido.

Desde el punto de vista así abierto, observen el mundo de Otto Weiniger, queridos amigos. Verán todos los obstáculos en un alma que está colocada de manera tan anormal desde la época del Renacimiento hasta la época actual. Verán todos los obstáculos que se interponen en su camino y le impiden encontrar lo espiritual, aunque en los fundamentos inconscientes del alma tenga tanto. Ahora pueden sacar la conclusión de cuántos obstáculos hay en la Era de Micael que impiden al hombre hacer plena justicia a esta Era.

Porque, por supuesto, no es en absoluto impensable que si el alma de Weiniger hubiera podido recibir una concepción espiritual del mundo, hubiera podido continuar su evolución. No tenía por qué haber puesto fin a su vida mediante el suicidio, cerrando así la repetición de su vida de encarcelamiento. Es realmente significativo rastrear de esta manera cómo la antigua espiritualidad evoluciona en las almas de los hombres hasta la época moderna y luego se detiene. Precisamente en fenómenos tan interesantes como éste podemos ver cómo se detiene.

Creo, en efecto, que esto iluminará ciertas conexiones kármicas en la vida espiritual e intelectual de la época actual. Nos permitirá profundizar en las relaciones kármicas, ahora que tenemos ante nosotros estas cuatro encarnaciones sucesivas de una individualidad extraordinariamente interesante, encarnaciones que se extienden desde el siglo VI antes del Misterio del Gólgota hasta nuestros días. Ese es, en efecto, el lapso de tiempo que incluye todo lo que debemos estudiar si queremos comprender la vida de nuestro propio tiempo.

Hoy hemos tomado un caso que nos enseña cuántas cosas puede sufrir un alma durante esta época. Prefiero describir estas cosas por las experiencias concretas del alma que por explicaciones abstractas.

Cerraré este ciclo de conferencias el próximo martes por la tarde, que será, de hecho, la última de estas conferencias para los Miembros.

Traducido por J.Luelmo dic.2023

GA238 Dornach, 19 de septiembre de 1924 - Relaciones Kármicas Vol. IV - Otros ejemplos de las pocas individualidades cuyas sucesivas vidas terrenales, si se describen una tras otra, dan al mismo tiempo descripciones de la historia.

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Relaciones kármicas:
GA238 - Volumen IV



VIII conferencia 


Otros ejemplos de las pocas individualidades cuyas sucesivas vidas terrenales, si se describen una tras otra, dan al mismo tiempo descripciones de la historia. Filósofo romano perteneciente a la escuela de los escépticos de finales del primer siglo cristiano. Cardenal Mazarini, Hertling. Gregorio el Grande, Ernst Haeckel. El Concilio de Nicea; el ermitaño, la monja, Vladimir Solovioff.

Dornach, 19 de septiembre de 1924

Durante las últimas semanas hemos estado tratando de comprender más y más lo que significa decir que la era actual se encuentra en el signo de la regencia de Micael. Así, la última vez fuimos llevados a mostrar cómo puede funcionar en la realidad el karma de un ser humano. Mostramos cómo las dificultades del karma pueden incluso llegar tan lejos que un ser humano no puede encontrar el camino entre la muerte y un nuevo nacimiento para vivir todo lo necesario para tejer el karma participando en los acontecimientos del mundo de las estrellas.

Mientras nuestra concepción se limite realmente a lo que ocurre aquí, en la vida física terrestre, nos resultará difícil recibir lo que debemos recibir si queremos tomar en serio la idea del karma. Pero estamos viviendo en la era de las grandes decisiones y tales decisiones deben tener lugar, para empezar, en el ámbito espiritual. Y en ese ámbito se prepararán correctamente si, desde el espíritu antroposófico más profundo, los seres humanos individuales tienen el valor de estudiar el mundo espiritual en serio, hasta el punto de que puedan recibir lo que viene del mundo espiritual y utilizarlo para comprender los fenómenos de la vida física exterior.

Por eso, desde hace varios meses, no me resisto a presentarles hechos detallados de la vida espiritual, hechos que les permitirán comprender la configuración espiritual de la época actual.

Hoy expondré algunas cosas más, por así decirlo, para ilustrar lo que expondré el próximo domingo, probablemente como conclusión, mostrando todo el karma de la vida espiritual de la época actual en su conexión con las tareas y objetivos del Movimiento Antroposófico.

Para comenzar, sin embargo, presentaré hoy ciertos hechos cuya conexión con nuestro tema principal no percibirán de inmediato. Sin embargo, reconocerán enseguida cuán profundamente caracterizan la vida espiritual del pasado. Muchas de estas cosas parecerán extrañas y descabelladas, pero la vida en su totalidad encierra muchas paradojas, vistas desde un punto de vista terrenal.

Los ejemplos que elegiré hoy no son ordinarios. Por regla general, una sucesión de vidas terrenas no es una sucesión continua de personalidades históricas. Generalmente no es tal que la cadena continua sea visible en absoluto a la observación superficial. Sin embargo, hay ciertas vidas terrenas sucesivas que, si las describimos una tras otra, estamos describiendo al mismo tiempo la historia.

Rara vez es el caso en un grado tan elevado. Pero si encontramos individualidades para las cuales es el caso, si podemos señalar las varias encarnaciones como personalidades históricas, tal individualidad nos permite aprender mucho sobre el karma. Ya he dado casos aislados de este tipo, como saben.

Hoy les hablaré de una personalidad que vivió a finales del primer siglo cristiano. Ya en aquella época era filósofo. Como filósofo era evidentemente uno de los escépticos, es decir, uno de los que realmente piensan que nada en el mundo es seguro.

Pertenecía a esa escuela escéptica que, aunque ya había visto los albores del cristianismo, sostenía que es imposible obtener un conocimiento cierto y, sobre todo, que es totalmente imposible decir con certeza si un ser divino podría asumir una forma humana o similar.

Esta individualidad, -su nombre en esa encarnación no tiene gran importancia, era un tal "Agripa"-, esta individualidad en su encarnación en aquel tiempo, reunía en sí misma, por así decirlo, todo el escepticismo griego. De hecho, si usamos la palabra no en un sentido despectivo, sino como un término técnico, era alguien a quien incluso deberíamos llamar un cínico. Me refiero a un cínico no en su concepción de la vida, ya que en eso era un escéptico, sino un cínico en su forma de tomar las cosas. Porque era muy aficionado a tomar a la ligera y a bromear sobre la mayoría de las cosas importantes que se le presentaban en el mundo. En dicha vida, el cristianismo pasó de largo, sin dejarle huella. Pero un cierto estado de ánimo permaneció con él cuando atravesó la puerta de la muerte. Este estado de ánimo no era tanto el resultado de su escepticismo, porque esa era su convicción filosófica, algo que uno no lleva muy lejos después de la muerte. Sino que subyacía en los hábitos más profundos de su alma y de su espíritu como una manera despreocupada de tomarse los acontecimientos importantes de la vida, un cierto placer travieso cuando las cosas del mundo que parecen importantes resultan no serlo tanto. Este estado de ánimo fundamental se lo llevó consigo a la vida después de la muerte. Ahora bien, como les dije ayer, habiendo atravesado la puerta de la muerte, el hombre entra primero en una esfera que lo conduce poco a poco a la región de la Luna, donde se encuentra la colonia de los sabios Maestros primigenios de la humanidad. Los cuales vivieron una vez en la Tierra, aunque no en un cuerpo físico, ni tampoco enseñaron en la forma en que concebimos la enseñanza de los tiempos posteriores. Ellos habían vagado sobre la Tierra en un cuerpo etérico solamente. Y su enseñanza era tal que quien quiera que recibiera instrucción de ellos en los Misterios, la sentía como una presencia interior de esos Seres sabios de los tiempos primigenios. Tenía la sensación: un Ser sabio ha estado conmigo en este momento. Y como resultado de esta presencia, sentía una inspiración interna. Así era la enseñanza dada a un ser humano en aquellos tiempos.

Nos referimos a la época más antigua de la evolución terrestre, cuando los grandes Maestros primigenios vagaban sobre la Tierra en sus cuerpos etéricos. Después, si podemos decirlo así, siguieron a la Luna que ya se había separado como cuerpo celeste de la Tierra. Y es por su región por la que pasa el ser humano, como la primera etapa de su camino cósmico de evolución después de la muerte. Son ellos quienes le explican las leyes del karma, pues ellos están en relación con toda la sabiduría del pasado.

Ahora bien, cuando la personalidad antes mencionada, el filósofo "Agrippa", llegó a esa región, sucedió que allí se despertó en él más intensamente, el significado de una encarnación anterior. La característica de esa encarnación anterior que ahora le causó tan gran impresión cuando miró hacia atrás después de la muerte, fue que en ella todavía había podido ver mucho de cómo los cultos de Asia Menor y África procedían de los antiguos Misterios.

Ahora, en este tiempo cristiano de su vida suprasensible, esta individualidad pasó una vez más, con gran intensidad, por todo lo que había experimentado una vez en la tierra en relación con muchos sistemas decadentes de los Misterios de Asia Menor. Y así sucedió que él ahora vio suprasensiblemente, cómo en los antiguos Misterios el Cristo había sido esperado ( deben recordar lo que dije, que en su vida en la tierra él no había sido tocado por el Cristianismo).

Ahora bien, los Misterios de los que había sido testigo, -me refiero a los cultos que procedían de los Misterios-, ya se habían exteriorizado. En efecto, él había recibido las impresiones de los cultos y de las instituciones religiosas que se transmitieron en los primeros siglos de nuestra era, en una metamorfosis cristianizada, por supuesto, al cristianismo romano. Obsérvese muy bien lo que quiero decir ahora. El punto es que en esta región, después de su muerte, se preparó en esta individualidad una comprensión de las características externas de los cultos e instituciones clericales que habían sido paganas anteriormente, pero que estaban surgiendo de nuevo en los primeros siglos cristianos y pasando al culto y ceremonial romanos claramente definidos, con todas las concepciones eclesiásticas que estaban vinculadas a ellos.

Esto produjo en él una configuración espiritual muy peculiar. En el curso ulterior de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento le vemos de nuevo, elaborando su karma muy especialmente en la región de Mercurio, de modo que es capaz de ver muchas cosas, no en un sentido interior sino en el sentido de estar dotado de inteligencia exterior. Adquiere una amplia visión de muchos hechos y relaciones.

Cuando seguimos a esta individualidad, la encontramos de nuevo en la tierra. Lo encontramos como el Cardenal que llevó el Gobierno de Luis XIV cuando Luis XIV era todavía un niño, el Cardenal Mazarini. Podemos estudiar al Cardenal en toda su grandeza y esplendor y con la concepción externa del Cristianismo en la que encuentra su camino tan fácilmente, tan naturalmente, bajo la mujer que fue tutora de Luis XIV.

Él absorbe del cristianismo todas las instituciones externas, el culto cristiano, la pompa y la grandeza cristianas. Para él todas estas cosas están rodeadas, por así decirlo, de un glamour oriental como de Asia Menor. De hecho, podemos decir que gobierna Europa como alguien que en una encarnación anterior había absorbido fuertemente el carácter de Asia Menor.

Pero en esta vida el Cardenal Mazarini sí tuvo ocasión de ser tocado más poderosamente por los hechos y las circunstancias. Basta recordar que era la época de la Guerra de los Treinta Años. Recuerden todas las cosas que ocurrieron a partir de Luis XIV. Había una cualidad peculiar en el Cardenal Mazarini. Era un gran estadista con una amplia visión, pero por otro lado en medio de cierto ruido y confusión. Podríamos decir que estaba embriagado por sus propios actos, de modo que parecían obras de magnífica habilidad, pero que no salían de lo más profundo del corazón.

Ahora bien, al pasar por el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento, esta vida siguió un curso peculiar. Podemos ver realmente cómo al pasar de nuevo por la región de Mercurio, todo lo que esta personalidad había hecho se disolvió como en una nube de niebla. Pero permanecieron con él las ideas que había absorbido sobre el cristianismo y todo lo que había sufrido a modo de escepticismo en relación con el conocimiento. Estas ideas, entre la muerte y un nuevo nacimiento, se transformaron en su vida: "La ciencia nunca podrá conducirnos a las verdades finales". Un intenso sentimiento por el conocimiento, del que ya había una sugerencia en su anterior paso por Mercurio, apareció y desapareció de nuevo. Y se desarrolló kármicamente en su vida una mentalidad peculiar. Era una mentalidad que se aferraba con gran tenacidad a ideas penetrantes por las que había pasado antes. Pero mientras se aferraba a ellas, podía desarrollar para su siguiente vida en la Tierra muy pocos conceptos con los que dominarlas y expresarlas. Durante el paso de esta personalidad por la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento uno tiene la sensación: ¿Qué intentará hacer en su siguiente encarnación? ¿Hay algo con lo que esté realmente unido? Uno tiene la sensación: puede estar más o menos intensamente unido con todo tipo de cosas y, sin embargo, a su vez con nada. Todos los antecedentes están ahí: la vida precedente de escepticismo, seguida de su intensa vida en un cristianismo con todos sus detalles externos a lo largo de los caminos por los que uno se convierte en Cardenal. Todas estas cosas están profundamente arraigadas en él. Se convertirá en un hombre rico en conocimientos, pero incapaz de exponer conceptos en absoluto profundos. Además, el mapa de Europa que una vez gobernó está como borrado. No se sabe cómo volverá a encontrarlo. ¿Qué hará con él? No sabrá qué hacer con él.

Sí, mis queridos amigos, tenemos que entrar en cosas como éstas; tenemos que estudiar lo que se ha sufrido al pasar por la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, a fin de que no nos equivoquemos; a fin de que finalmente el conocimiento exacto y verdadero pueda ser el resultado.

Esta personalidad renace en la inminente época de Micael, mostrando, si se me permite la expresión, un extraño doble semblante. No puede ser del todo un estadista, ni del todo un clérigo, sino que se siente fuertemente atraído en ambas direcciones. Me refiero a Hertling, que llegó a ser Canciller del Reich alemán a una avanzada edad. En una secuencia kármica, tuvo que utilizar de este modo los restos de su naturaleza mazariniana. Todas las cualidades peculiares con las que llegó al cristianismo, en el que entró, surgieron de nuevo en su cátedra cristiana en la actualidad.

Por este ejemplo se puede ver de qué extrañas maneras los hombres del tiempo presente construyeron sus individualidades actuales en existencias pasadas.

Cualquiera que se limitara a pensar las cosas sin investigarlas llegaría, por supuesto, a conclusiones absolutamente diferentes. Pero sólo comprendemos el karma cuando podemos tomar estos casos y conexiones más extremos, que parecen casi paradójicos en el mundo de los sentidos. Sin embargo, están ahí en el mundo espiritual, al igual que ese otro hecho, que he mencionado a menudo, -me refiero a que Ernst Haeckel, que tan violentamente luchó contra la Iglesia, es la reencarnación del Abad Hildebrand, que se convirtió en el Papa Gregorio Magno. Aquí vemos cuán indiferente es el contenido externo de la creencia o teoría de un hombre en la vida terrenal, pues todas estas cosas son sus pensamientos. Pero si se estudia a Haeckel, especialmente en relación con lo que fue como abad Hildebrando, como Gregorio, -(creo que también él está incluido entre estas imágenes de Chartres)-, se verá que existe en efecto una verdadera secuencia dinámica.

He escogido este ejemplo para que vean cómo las individualidades actuales traen el pasado al presente.

Si después observan los rasgos del monje Hildebrando, que se convirtió en Gregorio Magno y al que conocen por la historia, verán cuán maravillosamente está contenida la configuración del alma de Haeckel en este semblante de Hildebrando, de Gregorio Magno.

Ahora pondré otro ejemplo, que probablemente será de gran y profundo valor para todos ustedes. Aunque casi me da escalofríos hablar de él de cualquier manera fácil, no puedo dejar de elegirlo, porque conduce tan infinitamente profundamente a toda la textura espiritual de la época actual.

Mencionaré ahora otra personalidad, de la que, como ya he dicho, casi me estremezco al hablar de este modo. Y, sin embargo, es infinitamente característico de todo lo que se traslada del pasado al presente y de la forma en que esto sucede. Me he referido a menudo, -y ustedes lo sabrán por la historia exterior-, al Concilio de Nicea, que se celebró en el siglo IV, donde se tomó la decisión para Europa occidental entre el arrianismo y el atanasianismo, y se condenó el arrianismo.

Fue un Concilio en el que las personalidades importantes estaban imbuidas de toda la alta erudición de los primeros siglos cristianos, y la pusieron de manifiesto. Discutieron, en efecto, con ideas profundas y trascendentales. Porque en aquella época el alma humana tenía todavía un talante y una constitución muy diferentes. Para el alma humana era algo natural vivir directamente en el mundo espiritual. Y podían discutir con verdadero contenido y sentido si Cristo era el Hijo, de la misma esencia que el Padre, o sólo de esencia semejante al Padre. Este último era el punto de vista del arrianismo. Hoy no entraremos en las diferencias dogmáticas de la cuestión. Sólo tendremos en cuenta que fue una cuestión de controversias inmensamente profundas y agudas, que, sin embargo, se libraron con el intelectualismo peculiar de aquella época. Hoy en día, cuando somos inteligentes y agudos, lo somos como seres humanos. De hecho, hoy en día, como he dicho a menudo, casi todos los hombres son inteligentes. Son realmente muy inteligentes, es decir, pueden pensar. ¿No es cierto? No es mucho decir, pero es un hecho que pueden pensar: yo puedo ser muy estúpido y aun así ser capaz de pensar... pero el hecho es que los hombres de hoy pueden pensar. En aquellos tiempos no era así. No es que los hombres pudieran simplemente pensar, sino que sentían sus pensamientos como una inspiración. Quien era agudo se sentía dotado por la gracia de Dios, y su pensamiento era una especie de clarividencia. Esto seguía siendo así incluso en el siglo IV d.C., y quienes escuchaban a un pensador aún tenían cierta sensación de la evolución viva de su pensamiento. En el Concilio de Nicea estaba presente una personalidad que tomó parte activa en estas discusiones, pero al final del Concilio estaba muy decepcionado y deprimido. Su principal esfuerzo había sido presentar los argumentos de ambas partes. Presentó razones de peso tanto a favor del arrianismo como del atanasianismo. Y si las cosas hubieran ido como él deseaba, sin duda el resultado habría sido muy diferente. El resultado no habría sido un compromiso miserable, sino una especie de síntesis del arrianismo y el atanasianismo. - No se debe construir la historia con el pensamiento, pero esto puede decirse a modo de explicación. - Probablemente habría sido una forma mucho más íntima de relacionar lo divino en el ser interior del hombre con lo divino en el universo. Porque, en la forma en que el atanasianismo desarrolló posteriormente estas cosas, el alma humana estaba muy separada de su origen divino. De hecho, se consideraba herético hablar de lo divino en el ser interior del hombre.

Si, por el contrario, sólo el arrianismo hubiera triunfado, se habría hablado mucho, por supuesto, de este dios en el ser interior del hombre. Pero no se habría hablado de él con la necesaria profundidad de reverencia y, sobre todo, no con la necesaria dignidad interior. Sólo el arrianismo habría llegado a considerar al hombre, en cada etapa, como una encarnación del dios que habita en su interior. Pero lo mismo puede decirse de cualquier animal, de hecho de todo el mundo, de toda planta, de toda piedra. Esta concepción sólo tiene valor real si contiene al mismo tiempo el impulso activo de elevarse cada vez más en el desarrollo espiritual, pues sólo entonces encontramos al dios interior. La afirmación de que hay algo divino dentro de nosotros en todas y cada una de las etapas de la vida sólo puede tener sentido si nos apoderamos de lo divino en un perpetuo esfuerzo ascendente del yo, que aún no lo ha alcanzado.

Pero una síntesis de las dos concepciones habría sido sin duda el resultado si la personalidad a la que ahora me refiero hubiera sido capaz de ganar alguna influencia decisiva en el Concilio de Nicea. No lo consiguió. Profundamente insatisfecho, se retiró a una especie de eremitorio egipcio, llevó una vida sumamente ascética, y en aquella época del siglo V estaba profundamente imbuido de todo lo que constituía la verdadera sustancia espiritual del cristianismo durante aquella época. De hecho, era probablemente uno de los cristianos mejor informados de su época, pero no era un polemista. Esto es evidente por la forma en que se presentó en el Concilio. Habló como un hombre que sopesa y juzga tranquilamente todos los aspectos de la cuestión, y que, sin embargo, está profundamente entusiasmado por su causa, aunque no por este o aquel detalle unilateral. Habló como un hombre que, -no puedo decir que estuviera disgustado, esa no sería la verdadera expresión-, sino como un hombre que sintió su fracaso con extraordinaria amargura, pues estaba profundamente convencido de que el bien sólo llegaría para el cristianismo si se abría paso el punto de vista que él defendía.

Así se retiró a una especie de eremitorio. Durante el resto de su vida se convirtió en un ermitaño, siguiendo sin embargo, en respuesta a los impulsos interiores de su alma, un curso bastante definido de la vida interior. Se trataba de investigar el origen de la inspiración del pensamiento. Su penetración mística estaba en el esfuerzo por percibir de dónde recibe el pensamiento su inspiración. Se convirtió en un gran anhelo para él encontrar la fuente del pensamiento en el mundo espiritual, hasta que finalmente se llenó por completo de este anhelo. Y con este anhelo murió, sin haber llegado a ninguna conclusión real, a ninguna respuesta concreta durante esa vida terrenal. No hubo respuesta. El tiempo era, después de todo, desfavorable.

Después, al atravesar la puerta de la muerte, vivió una experiencia peculiar. Durante varios decenios después de su muerte, pudo contemplar su vida terrenal y la vio teñida para siempre por aquel elemento al que había llegado por fin. La vio para siempre en la atmósfera de aquello que, mirando hacia atrás, vino inmediatamente después de su muerte. Vio al ser humano pensando.

Ahora todavía no se había cumplido esta pregunta.  Y esto es lo más importante. Todavía no había pensamiento que respondiera a la pregunta. Pero aunque no había respuesta, pudo, después de su muerte, mirar, en imaginaciones maravillosamente claras, dentro de la inteligencia cósmica del universo. No vio los pensamientos del universo. Los habría visto si su anhelo se hubiera cumplido. No vio los pensamientos del universo, sino que vio en imágenes el Pensamiento del universo.

Así, durante el viaje entre la muerte y un nuevo nacimiento, vivió una individualidad que estaba como en un estado de equilibrio entre la visión mística imaginativa y su anterior pensamiento agudo, un pensamiento, sin embargo, en perpetuo flujo, que no había llegado a su conclusión.

En la elaboración del karma, se impuso, para empezar, su tendencia mística. Renació en la Edad Media como una visionaria, una mujer, que desplegó una visión verdaderamente maravillosa del mundo espiritual. Durante un tiempo, la tendencia del pensador pasó totalmente a un segundo plano; la cualidad de la visión espiritual pasó a un primer plano. Pues esta mujer tenía visiones maravillosas, al mismo tiempo que se entregaba místicamente a Cristo. Su alma estaba penetrada, con infinita profundidad, por un cristianismo visionario. Eran visiones en las que Cristo aparecía como el jefe de huestes pacíficas, no pendencieras ni contenciosas, sino como las huestes de la paz, que extenderían el cristianismo por todas partes con su misma mansedumbre, cosa que nunca se había realizado en la tierra. Estaba presente en las visiones de esta monja. Era un cristianismo profundo e intenso, pero no encontró lugar en absoluto en lo que más tarde evolucionó como cristianismo en su forma más moderna. Sin embargo, durante su vida, esta monja, la vidente, no entró en conflicto con el cristianismo dogmático positivo. Ella misma creció fuera de él y creció en un cristianismo profundamente personal, que después fue simplemente inexistente en la tierra. Y así, si se me permite decirlo así, el universo entero se enfrentó entonces a ella con la pregunta: ¿Cómo debería realizarse este cristianismo en un cuerpo físico en una nueva encarnación? Y al mismo tiempo, mucho después de que la vidente hubiera atravesado la puerta de la muerte, volvieron sobre ella los ecos del viejo intelectualismo, del intelectualismo inspirado. Los ecos de sus visiones eran ahora, si puedo decirlo así, idealizados en su totalidad, llenos de ideas.

Entonces, buscando un nuevo cuerpo humano, este individuo se convirtió en la individualidad de Solovioff, Vladimir Solovioff.

Lean los escritos de Solovioff. - Con frecuencia he descrito la impresión que causan en un hombre moderno y lo he dicho de nuevo en mi introducción a la edición alemana de sus obras. Traten de sentirlo en sus escritos. Sentirán cuánto hay entre líneas, cuánto de un misticismo que a menudo podemos sentir incluso sofocante y opresivo. Es un cristianismo muy personal en sus formas de expresión. Muestra claramente cómo tuvo que buscar un cuerpo flexible, flexible en todos los sentidos, como el que sólo puede obtenerse del pueblo ruso.

Observando estos ejemplos, creo que uno puede, en efecto, conservar el santo temor y la reverencia ante las verdades del karma, que deberían, en efecto, mantenerse sagradas y virginales en las profundidades más íntimas de la vida. Para quien tiene un verdadero sentimiento por la contemplación del mundo espiritual, estas profundas verdades no son, en verdad, indignamente desveladas. Lo digo en el sentido de lo que tan a menudo se dice de los velos sagrados de la verdad, de los cuales se dice que nunca deben descorrerse.

A la Antroposofía se le ha reprochado una y otra vez, sobre todo en círculos teológicos, que descorre el velo del misterio sagrado de las verdades secretas y misteriosas, convirtiéndolas así en profanas. Pero cuanto más nos adentramos en las partes esotéricas de la concepción antroposófica, tanto más sentimos que en verdad no puede hablarse de profanación. Por el contrario, el mundo mismo nos llenará de un santo asombro cuando contemplemos las vidas de los hombres, una tras otra, en la maravillosa obra de las vidas anteriores en las posteriores. Sólo debemos no ser profanos en nuestra vida interior o en nuestra manera de pensar y entonces no haremos tales objeciones.

Lean los escritos de Solovioff con el trasfondo de la monja anterior, con sus maravillosas visiones y su infinita devoción al Ser de Cristo. Vean a aquella antigua personalidad alejándose con sentimientos profundos y amargos del Concilio donde había adelantado cosas tan grandes e importantes. Descubran en el alma y en el corazón de este individuo lo que puedo llamar el doble fondo del Cristianismo, ahora en su forma racionalista, pero racionalista inspirada, y ahora de nuevo en su forma visionaria de videncia. Vean todo esto en el trasfondo, y en verdad el levantamiento del velo no profanará el secreto.

Un romántico alemán tuvo una vez el valor de pensar de forma diferente a todos los demás sobre el famoso dicho de Isis: "Yo soy lo que era, lo que es y lo que ha de venir, y mi velo ningún mortal lo ha levantado todavía". - A lo que el romántico alemán respondió ¡Entonces debemos volvernos inmortales para poder levantar el velo! - Mientras que otros tomaron el dicho tal cual.

Cuando descubramos lo verdaderamente inmortal dentro de nosotros, lo divino y espiritual, entonces podremos acercarnos a muchos secretos sin profanarlos, a muchos secretos a los que, con una fe menor en lo divino de nuestro propio ser, no podríamos acercarnos.

Y esto indica el espíritu que debe salir al exterior cada vez más bajo la influencia de estudios como el último y el presente. Pues estos estudios espirituales están destinados a trabajar en la vida y en la acción de aquellos que llevan su karma, en la forma que he descrito, a la Sociedad Antroposófica.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA238 Dornach, 18 de septiembre de 1924 Relaciones Kármicas vol. IV - La importancia del conocimiento del karma para comprender la evolución general de la vida espiritual.

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Relaciones kármicas:
GA238 - Volumen IV



VII conferencia 


La importancia del conocimiento del karma para comprender la evolución general de la vida espiritual. Las estrellas son colonias de Seres espirituales. Para comprender el karma debemos descubrir espiritualmente los caminos del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento en relación con los Seres de las estrellas. Dificultades para el hombre de los tiempos modernos en acercarse a una verdadera sabiduría de las estrellas. La Regencia de Michael abre el camino para la investigación espiritual del camino del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento y la formación de su karma. 

Dornach 18 de septiembre de 1924

En las conferencias de hoy y mañana deseo dar ciertas indicaciones que arrojarán luz, no sólo sobre el funcionamiento del karma, sino sobre la importancia más amplia del conocimiento kármico para nuestro conocimiento general de la historia de la evolución, especialmente en el campo de la vida espiritual. No podemos comprender el funcionamiento real del karma si nos limitamos a considerar las vidas terrenales sucesivas de una individualidad cualquiera. Es cierto que dentro de esta vida terrena, fuertemente impresionados por la carrera terrena y la historia de un hombre u otro, o tal vez incluso de nosotros mismos, estamos más deseosos de saber: ¿Cómo llegan los resultados de vidas terrenales anteriores a una vida posterior? Pero el funcionamiento del karma nunca nos resultaría claro si nos detuviéramos en las propias vidas terrenales. Porque entre una vida terrena y otra, el hombre pasa la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y es allí donde el karma se elabora a partir de lo que ha sucedido en una vida terrena anterior. Allí se elabora en cooperación con otras almas humanas kármicamente conectadas que también están en su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y con los Espíritus de Jerarquías superiores e inferiores. Y esta elaboración del karma sólo puede ser comprendida si podemos mirar hacia el mundo de las estrellas más allá de la tierra. Porque sabemos que el reino de las estrellas, tal como aparece a la vista física, sólo revela su aspecto externo.

Una y otra vez debemos repetir que el investigador físico se quedaría de lo más asombrado si llegara a los lugares de las estrellas que observa a través de su telescopio, cuya constitución y sustancias analiza con su espectroscopio. El físico, si se desplazara a los lugares donde están las estrellas, se asombraría al ver algo totalmente distinto de lo que cabría esperar. Pues lo que la estrella muestra a la observación terrestre es, en realidad, sólo una apariencia externa, comparativamente poco esencial para su verdadero ser. Lo que la estrella realmente contiene es de naturaleza espiritual, o, si es físico aparece como el remanente, por así decirlo, de algo espiritual.

La mejor manera de explicarlo es la siguiente. Imaginemos que un habitante de otra estrella observara la Tierra como hacen nuestros astrónomos y astrofísicos con otras estrellas. Describiría un disco luminoso que brilla a lo lejos en el cosmos. En él encontraría quizás manchas más oscuras y más claras que interpretaría de alguna manera. Probablemente la interpretación estaría en total desacuerdo con lo que nosotros, los habitantes del globo, sabemos entre nosotros. O tal vez, si el Vesubio estuviera en erupción y tal ser pudiera observarlo, teorizaría que un cometa está colisionando con la Tierra, y así sucesivamente. En cualquier caso, lo que tal ser describiera tendría muy poco que ver con la esencia real de nuestra Tierra.

Porque, ¿Cuál es la esencia de nuestra Tierra? Deben recordar que esta Tierra procede de la existencia de Saturno, tal como la describí en mi Ciencia Oculta. En Saturno no había todavía aire, ni gas, ni líquido, ni ningún constituyente sólido de la Tierra. Sólo existían variadas diferenciaciones de calor. Pero en esas condiciones de calor estaba contenido germinalmente todo lo que más tarde se convirtió en los reinos mineral, vegetal, animal y humano. Nosotros, los seres humanos, también estábamos en el calor del antiguo Saturno.

Luego la evolución prosiguió. A partir de aquel calor, se precipitó el aire, se precipitó el agua y, finalmente, el elemento sólido. Todos estos son restos, precipitados, arrojados por la humanidad para que pudiera alcanzar su evolución ulterior. Todo el mundo mineral sólido nos pertenece. No es más que una reliquia que ha quedado atrás. Lo mismo ocurre con los elementos acuosos y aéreos. Así pues, la verdadera esencia de nuestra Tierra no es lo que tenemos en los reinos de la Naturaleza, y ni siquiera lo que llevamos en nuestros huesos y músculos (pues éstos también están compuestos de lo que hemos expulsado y después hemos vuelto a absorber). Nuestras propias almas son la verdadera esencia, y todo lo demás es en realidad más o menos una semblanza, un resto, un producto de desecho, o algo parecido.

La única descripción verdadera de la Tierra sería describirla como la colonia de las almas de los hombres en el espacio cósmico.

Así pues, todas las estrellas son colonias de Seres espirituales en el espacio cósmico, colonias que podemos aprender a conocer como tales. Y habiendo atravesado la puerta de la muerte, nuestra propia alma vive y se mueve entre estas colonias estelares. Sigue su camino, evolucionando hacia un nuevo nacimiento en comunidad con otras almas humanas que están allí, y con los Seres de Jerarquías superiores o incluso inferiores. Y cuando el karma de un hombre está elaborado y está maduro para volver a tomar un cuerpo terrestre, su alma emprende el viaje de regreso.

Para comprender el karma, por lo tanto, debemos volver una vez más a la sabiduría de las estrellas. Debemos descubrir espiritualmente los caminos del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento en conexión con los Seres de las estrellas.

Ahora bien, hasta el comienzo de la era de Micael han existido las mayores dificultades para que los hombres de la época moderna se acercaran a una verdadera sabiduría de las estrellas. Y la Antroposofía, a pesar de haber encontrado el camino hacia tal sabiduría, debe estar profundamente agradecida por el hecho de que la regencia de Micael haya entrado realmente en la vida de la humanidad terrestre en el último tercio del siglo XIX. Porque entre las muchas cosas que debemos a la regencia de Micael está también ésta: hemos ganado una vez más un acceso sin obstáculos para descubrir lo que debe ser investigado en los mundos de las estrellas si queremos comprender el karma y la formación del karma en la esfera de la humanidad.

Para introducirles gradualmente en las cuestiones extremadamente difíciles que surgen en la investigación del karma, les daré hoy un ejemplo. Esto les mostrará, mediante una ilustración, lo mucho que hay que lograr antes de que podamos hablar del funcionamiento del karma como lo estamos haciendo en estas conferencias.

¿No es acaso cierto, que si tuviéramos que hablar popularmente o en público del contenido de estas conferencias hoy en día, estas cosas que son verdaderamente el resultado de una investigación exacta serían tratadas como un absurdo? Sin embargo, se trata de una investigación muy exacta y deben familiarizarse con todas las responsabilidades de las que uno es consciente en el curso de la misma. Deben aprender a conocer todos los obstáculos y dificultades que uno encuentra en tal investigación, -los setos espinosos, por así decirlo, que uno debe pasar. Pues todas estas cosas son necesarias para que finalmente un número de seres humanos, unidos kármicamente en la comunidad de Micael, puedan aprender a conocer las cosas del karma. Deben saber que se trata de cuestiones de la más seria investigación espiritual, muy lejos de lo que imagina el profano que se encuentra fuera de este Movimiento Antroposófico.

La mayoría de ustedes recordarán a un personaje que aparece una y otra vez en mis dramas misterio: el personaje de Strader. Ya he hablado en cierta medida de estas cosas. El personaje de Strader está en parte sacado de la vida, en la medida en que eso es posible en una obra poética. Tenía una especie de patrón para la personalidad de Strader. Era un hombre que vivió los acontecimientos del último tercio del siglo XIX y llegó a una especie de cristianismo racionalista. Después de un período de juventud extremadamente difícil (como se sugiere en la descripción de Strader) este hombre se hizo monje capuchino, pero no pudo soportarlo en la Iglesia, y al final se hizo profesor.

Habiendo sido expulsado de la teología a la filosofía, escribió y habló con gran entusiasmo de la "religión librepensadora" de Lessing, si se puede describir así. Habiendo entrado en conflicto interior con el cristianismo oficial, quiso fundar una especie de cristianismo racionalista sobre la base de la razón y de forma bastante consciente. Los conflictos anímicos de Strader descritos en mis Dramas Misterio tuvieron lugar en la vida real de este hombre, aunque, por supuesto, con ciertas variaciones.

Ahora ya saben que en la última Drama Misterio, Strader muere. Yo mismo, si ahora miro hacia atrás y veo cómo entrelacé el personaje de Strader en la trama de los cuatro Drama-Misterio, debo ver que, aunque no había ninguna dificultad externa en dejarle vivir igual que a los demás personajes, él muere por una necesidad interior en un momento determinado. Su muerte puede parecer una sorpresa al leer las obras. Pero yo tenía la fuerte sensación interior de que ya no podía continuar con el personaje de Strader en las obras.

¿Por qué? El original, el modelo, si puedo llamarlo así, había muerto. Habiéndome basado en él para el personaje de Strader, pueden imaginarse cuánto me interesaba el original, su evolución posterior. Siguió interesándome cuando atravesó la puerta de la muerte.

Ahora bien, es algo peculiar cuando queremos hacer un seguimiento clarividente de la vida de un ser humano a lo largo del tiempo directamente después de la muerte, a lo largo del período que dura aproximadamente un tercio de la vida física en la tierra. La vida terrena, como sabemos, en cierto modo se recorre de nuevo hacia atrás, a una velocidad triple. Ahora bien, ¿Qué experimenta realmente el ser humano en estos decenios que siguen inmediatamente a su vida terrena?

Imaginemos una vida humana aquí en la Tierra. Sabemos cómo se reparte entre el día y la noche, alternando condiciones despierto y dormido. Ya en los periodos en que duerme, el hombre experimenta reminiscencias de la vida diurna y despierta de forma pictórica, pero no es consciente. Normalmente cuando miramos atrás en nuestra vida sólo recordamos los estados de la vida despierta. Tampoco somos conscientes de cómo es realmente la cadena de recuerdos, pues en realidad deberíamos decir: Recuerdo ese día desde la mañana hasta la noche, luego hay una pausa, luego otra vez desde la mañana hasta la noche, luego otra vez una pausa y así sucesivamente. Pero, como las noches son un vacío en nuestra memoria, trazamos la línea continuamente a través y así falsificamos la cadena de la memoria colocando un día, (que estamos despiertos), directamente después de otro. Después de la muerte es diferente, porque entonces debemos vivir con intensa realidad todas las experiencias que estuvieron presentes en las noches de nuestra vida, que comprenden aproximadamente un tercio de la duración de nuestra vida. Vivimos al revés. Ahora bien, esto es lo peculiar: tenemos, como saben, un cierto sentido de la realidad, un cierto sentimiento de existencia real con respecto a las cosas con las que nos encontramos aquí, en el mundo físico. Si no tuviéramos este sentido de la realidad, podríamos considerar como un sueño todas las cosas con las que nos encontramos, incluso durante el día. Así pues, no cabe duda de que tenemos un sentido de la realidad de las cosas. Sabemos que son reales; nos golpean si chocamos contra ellas; nos envían luz y sonido. En resumen, hay muchas cosas que nos proporcionan nuestro sentido de la realidad aquí, en esta vida terrenal entre el nacimiento y la muerte.

Ahora bien, todo lo que tenemos aquí en la tierra como sensación de realidad, todo lo que deberíamos describir como la realidad, -la existencia real-, de los seres humanos con los que nos encontramos aquí, es en su intensidad como la realidad de un sueño en comparación con la realidad inmensamente fuerte que experimentamos en las décadas inmediatamente posteriores a la muerte y que el observador clarividente puede experimentar con nosotros. Pues allí todo nos parece más real. La vida terrenal parece un sueño. Es como si el alma se despertara sólo entonces a la intensidad real de la vida. - Eso es lo peculiar.

Ahora bien, mientras yo seguía la imagen de Strader (o de su homólogo) tras su paso por la puerta de la muerte, la individualidad real que vive después de la muerte me interesaba naturalmente mucho más que la reminiscencia de su vida terrenal. Porque lo terrenal parece un sueño comparado con lo que surge después de la muerte. Frente a las fuertes impresiones de los muertos ya no podría haber desarrollado el suficiente interés por el hombre vivo como para describir su vida. En este caso hablo por experiencia propia. ¡Qué débil es la realidad de la vida terrenal comparada con esa vida intensísima que nos sale al encuentro cuando seguimos a un hombre después de su muerte!

Cuando nuestro interés se ha encendido en la tierra y tratamos de seguir la vida de un hombre en su curso posterior después de la muerte, empezamos a darnos cuenta de las tremendas dificultades y obstáculos. Porque si observamos correcta y penetrantemente, vemos, ya en esa retrospección que dura aproximadamente un tercio del tiempo de la vida terrena pasada, cómo el hombre muerto comienza a acercarse y a prepararse para la formación de su karma. En una vida a la inversa y hacia atrás, él ve todo lo que sufrió durante su vida en la tierra. Si ofendió a otro hombre experimenta de nuevo el suceso. Si muero a la edad de setenta y tres años, y a la edad de sesenta ofendí a alguien, lo experimento de nuevo en el viaje hacia atrás. Pero esta vez experimento, no los sentimientos que tuve al ofender, sino los sentimientos del otro hombre. Vivo dentro de él. Así, con mi propia experiencia, vivo en aquellos que fueron tocados en un sentido bueno o malo por estas experiencias mías en la vida. Y así la tendencia se prepara y crece en mí mismo, para crear el equilibrio kármico.

Ahora bien, mi interés por el arquetipo terrenal de Strader, que ahora aparecía ante mí como una individualidad en mundos superiores, mi interés por él se había encendido especialmente por su deseo de asir el cristianismo de un modo muy penetrante, muy brillante, pero racionalista. En su caso no podemos dejar de admirar al pensador, y sin embargo, en los libros que escribió, en su descripción racionalista del cristianismo, vemos una y otra vez cómo el hilo del racionalismo, el hilo de los conceptos abstractos se rompe en el momento crítico, y en última instancia las abstracciones espantosas son el resultado. No puede entrar realmente en una concepción espiritual del cristianismo. Construye para sí una religión de conceptos filosóficos abstractos. En resumen, todo el funcionamiento del intelectualismo moderno encuentra su expresión en él.

Esto volvió a aparecer de una manera peculiar a medida que era seguido el camino de la vida después de la muerte. Ordinariamente, cuando no hay dificultades especiales, encontramos al ser humano viviendo gradualmente en la esfera de la Luna, pues esa es la primera etapa de la vida después de la muerte. Cuando llegamos después de la muerte a la región de la Luna, encontramos a todos aquellos que podríamos llamar los "Registradores" de nuestro destino, que en los tiempos primitivos fueron los sabios Maestros de la humanidad. ¡Cuántas veces hemos hablado de ellos aquí! Así como la Luna se separó físicamente de la Tierra y, después de haber sido una parte de la sustancia terrestre, se convirtió en un cuerpo celeste por sí misma, así los Maestros primitivos de la humanidad siguieron después a la Luna, y nosotros hoy, cuando pasamos tras nuestra muerte, por la región de la Luna, encontramos a los grandes Maestros Primigenios de la humanidad. No estuvieron aquí en cuerpos físicos, pero fundaron la sabiduría primigenia de la que las tradiciones de la literatura sagrada no son más que un eco.

De no existir impedimentos especiales, después de la muerte encontramos el camino hacia esa región de la Luna. Ahora bien, en el caso del ser humano que era el arquetipo de Strader, ocurrió algo peculiar. Era como si simplemente no pudiera acercarse a la región de la Luna sin obstáculos y experimentar esa vida del alma que sigue directamente después de la muerte. Había obstáculos perpetuos, como si la región lunar simplemente no permitiera que esta individualidad se acercara a ella.

Por consiguiente, si uno seguía los acontecimientos y las causas reales en la Imaginación pictórica, aparecía lo siguiente.  Era como si los Espíritus, los Maestros primigenios de la humanidad que una vez trajeron a la humanidad la sabiduría original y espiritual, rechazaran una y otra vez a este ser humano, el arquetipo de Strader, clamando: "No puedes venir a nosotros, porque debido a tus cualidades especiales como hombre, es posible que aún no sepas nada sobre las estrellas. Debes esperar, y primero repetir y recapitular muchas cosas que experimentaste no sólo en tu última, sino en tus anteriores encarnaciones. No puedes saber nada en absoluto de las estrellas y de su verdadero ser, hasta que te hayas preparado así". - Era una escena extraña. Uno tenía ante sí una individualidad que simplemente no podía crecer hacia lo espiritual del mundo de las estrellas - o sólo podía hacerlo con la mayor dificultad. Y en este caso hice el extraño descubrimiento de que estas individualidades modernas de la mente racionalista, intelectualista, encuentran el gran obstáculo en la conformación de su karma, en la medida en que no pueden acercarse sin obstáculos al ser espiritual de las estrellas.

Al investigar más a fondo, resultó que esta personalidad había extraído todas las fuerzas de su racionalismo de la época que aún precedía a los albores de la Era de Miguel. Todavía no había sido realmente tocado por la influencia de Micael.

En este caso me sentí fuertemente llamado a seguir el karma individual más allá en el pasado. Fue un verdadero desafío. Porque me dije a mí mismo: hay algo aquí que, obrando a partir de los resultados de vidas anteriores en la tierra, ha preparado kármicamente a este ser humano, de modo que el karma funciona por sí mismo no sólo en esta vida terrenal, sino que se extiende incluso a la vida después de su muerte. Es realmente un fenómeno extraño.

Entonces apareció lo siguiente. La vida terrenal que he indicado a grandes rasgos, que se refleja en el carácter de Strader, esta vida terrenal de la individualidad fue precedida por una vida en los mundos espirituales que sólo puedo describir como una prueba dolorosa y penosa. Fue una prueba en los mundos espirituales: "¿Qué haré con el cristianismo?". Fue como una lenta preparación de las influencias que entonces le hicieron inseguro en la vida terrena en su concepción del cristianismo. Esto también brilla en la figura de Strader. No tiene ninguna certeza. Rechaza en cierto modo lo suprasensible; sólo intenta asirlo con el intelecto, y sin embargo, después de todo, quiere ver. Recuerden el carácter de Strader y verán que es así. Así, la vida real del arquetipo de Strader surgió de su karma anterior. En efecto, en su paso por la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, antes de su vida terrena a finales del siglo XIX y principios del XX, había pasado por el mundo de las estrellas con una conciencia muy oscurecida. Su conciencia se oscureció al pasar por esa vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y como reacción, en su vida terrestre concibió conceptos tanto más claros y nítidos por la brusquedad de las imágenes conceptuales que había experimentado entre la muerte y el nuevo nacimiento.

Retrocedamos aún más, -más allá de estos fenómenos que parecían mostrar los mundos estrellados como en una niebla perpetua-, retrocedamos hasta su vida anterior en la tierra, y allí encontraremos lo más notable de todo. Para empezar, se nos conduce, o al menos a mí se me condujo,??? a la Batalla de los Juglares en Wartburg, 1206 d.C.. Fue la misma época de la que les hablé de cómo los viejos platónicos de la Escuela de Chartres, por ejemplo, habían ascendido a los mundos espirituales y los otros aún no habían descendido. Fue la época en que tuvo lugar una especie de conferencia celestial entre los dos grupos de almas en cuanto al progreso ulterior de las actividades de Micael. En aquel tiempo tuvo lugar la Batalla de los Juglares en el Wartburg.

Siempre es interesante observar: ¿Qué ocurre aquí en la Tierra y qué ocurre allá? Así tenemos un acontecimiento en la tierra en la Batalla de los Juglares en el Wartburg, no directamente conectado con la corriente actual de Micael.

¿Quiénes participaron en la Batalla de los Juglares? Los más grandes poetas alemanes estaban allí juntos, compitiendo unos con otros en sus canciones. La historia es bien conocida: los juglares luchaban por la fama de los príncipes y por su propia reputación: Walther von der Vogelweide, Wolfram von Eschenbach, Reinmar von Zweter, y cómo hubo uno que se enfrentó a todos los demás: Heinrich von Ofterdingen.

En este Heinrich von Ofterdingen encontré la individualidad que se escondía tras el arquetipo de Strader.

Así fue Heinrich von Ofterdingen. Ahora debemos concentrarnos en esto: ¿Por qué Heinrich von Ofterdingen se encontró con tales dificultades cuando había atravesado la puerta de la muerte? ¿Por qué tuvo que atravesar el mundo de las estrellas, por así decirlo, oscurecido y nublado?

Para responder a esto debemos volver a la historia de la Batalla de los Juglares. Heinrich von Ofterdingen emprende la lucha contra los demás. Ya han llamado al verdugo. Si pierde, será ahorcado. Consigue retirarse, pero, con la esperanza de reanudar la contienda, llama al mago Klingsor desde Hungría. En efecto, trajo al mago Klingsor desde Hungría a Eisenach. Se produce una nueva Batalla de Wartburg y Klingsor entra en las listas en favor de Heinrich von Ofterdingen. El propio Klingsor canta contra los demás, pero es evidente que no lucha solo. Hace que seres espirituales luchen con él. Para ello, por ejemplo, hace que un joven sea poseído por un ser espiritual y le obliga a cantar en su lugar. En Wartburg hace intervenir fuerzas espirituales aún más poderosas.

Contra todo lo que viene del lado de Klingsor se alza Wolfram von Eschenbach. Una de las prácticas de Klingsor consiste en hacer que uno de sus seres espirituales ponga a prueba a Wolfram para saber si es realmente un hombre culto. Klingsor se ve acorralado por Wolfram. En efecto, Wolfram von Eschenbach, observando que actúa alguna influencia espiritual, canta a la Santa Cena, a la Transubstanciación, a la Presencia de Cristo en la Eucaristía, y el espíritu se ve obligado a partir, pues no puede soportarlo. Hay, en efecto, "realidades" subyacentes a estas cosas, si se me permite la verdad de perogrullo.

Klingsor pone a Wolfram a prueba y, con la ayuda del ser espiritual, consigue demostrar que Wolfram (aunque en realidad tiene un cristianismo sin estrellas, un cristianismo que ya no cuenta con el cosmos) es bastante ignorante en toda la sabiduría cósmica. Esta es la cuestión. Klingsor ha demostrado que el Juglar del Santo Grial, incluso en su época, sólo conoce ese cristianismo que ha eliminado el cristianismo cósmico. Klingsor mismo, por otra parte, sólo es capaz de aparecer con el apoyo de seres espirituales, en la medida en que posee una sabiduría de las estrellas. Pero reconocemos, por la forma en que utiliza su sabiduría, que lo que se llama "Magia Negra" está efectivamente mezclado en sus artes.

En una palabra, vemos a Wolfram von Eschenbach, que es un extraño a las estrellas, encontrado por una sabiduría de las estrellas aplicada injustamente.

Esto fue en el siglo XIII, inmediatamente antes de la aparición de aquellos dominicos de los que les hablé. Fue en el mismo momento en que el cristianismo, justo donde era más grande, se había despojado de toda visión del mundo de las estrellas. De hecho, en aquella época la sabiduría de las estrellas sólo existía en sectores que estaban interiormente alejados del cristianismo, como era el caso de Klingsor de Hungría.

Ahora era Heinrich von Ofterdingen quien había convocado a Klingsor. Heinrich von Ofterdingen, por tanto, se había aliado con una sabiduría no cristiana de las estrellas. Y así Heinrich permaneció unido en cierto modo, no sólo con la personalidad de Klingsor (que de hecho desapareció después de la vida de Heinrich en lo suprasensible) sino con la cosmología no cristiana de la Edad Media. De este modo vivió entre la muerte y un nuevo nacimiento, y renació tal como se lo he descrito. Entró en una incertidumbre del cristianismo.

Pero lo más importante es esto. - Muere de nuevo y emprende el viaje retrospectivo de su vida. Y en el mundo de las almas, a cada paso se enfrenta a la necesidad, si alguna vez quiere acercarse de nuevo al mundo de las estrellas, de pasar por la penosa batalla que Micael tuvo que librar en el último tercio del siglo XIX, cuando reclamó su dominio especialmente contra aquellos poderes demoníacos que estaban relacionados con la cosmología anticristiana de la Edad Media.

Para completar el panorama, añadiré que es claramente posible ver entre aquellos que lucharon duramente contra el dominio de Micael, y contra los que los espíritus de Micael tuvieron que proceder, es claramente posible ver entre ellos hasta el día de hoy, a los mismos seres espirituales que Klingsor conjuró en Wartburg hace mucho tiempo contra Wolfram von Eschenbach.

Así vemos a un hombre cuyos otros resultados del karma pasado le llevaron incluso durante un tiempo a los servicios de la Orden Capuchina, incapaz de acercarse al verdadero cristianismo. No podía acercarse porque llevaba dentro de sí el antagonismo contra el cristianismo que había suscitado en su vida pasada, cuando llamó en su ayuda a Klingsor, de la tierra de Hungría, contra Wolfram von Eschenbach, el cantor de Parsifal. Oscuramente, en la vida inconsciente de este hombre aún se mostraba la cosmología no cristiana, pero en su conciencia ordinaria desarrolló un cristianismo racionalista que ni siquiera es muy interesante. El interés se centra más bien en el gran conflicto de su vida, cuando con un racionalismo cristiano intentó fundar una especie de religión racionalista.

Pero lo más significativo de todo es reconocer esta conexión del racionalismo abstracto, del pensamiento abstractamente inteligente, con lo que vive en el subconsciente como concepciones oscurecidas y veladas sobre las estrellas y las relaciones con las estrellas. Tales cosas, que viven en el subconsciente, se elevan a la conciencia como pensamientos abstractos. Podemos estudiar el karma de los hombres más inteligentes de la actualidad -más inteligentes en el sentido materialista- y descubrimos que, por regla general, en vidas terrenales anteriores tuvieron algo que ver con aberraciones cosmológicas en los reinos de la magia negra. Se trata de una relación muy significativa. Un sentimiento instintivo de ello se conserva en los campesinos y la gente del campo, que sienten cierta aversión desde el principio cuando encuentran entre ellos a alguien demasiado inteligente en un sentido racionalista. No les gusta. En su concepción instintiva de él hay algo que, si lo seguimos, conduce finalmente a tales conexiones.

Ahora quiero que consideren todas estas cosas en relación con nuestro tema principal. En el último tercio del siglo XIX y principios del XX se podían encontrar espíritus humanos así. Están entre los más interesantes. Un renacido Heinrich von Ofterdingen, que tuvo que ver con el mago más negro de su tiempo, con Klingsor, resulta de hecho de lo más interesante en su intelecto racionalista actual.

Vemos aquí cuán grandes son las dificultades cuando uno desea acercarse correcta y rectamente a la sabiduría de las estrellas. En efecto, el verdadero acercamiento a la sabiduría de las estrellas, que necesitamos para penetrar en los hechos del karma, sólo es posible a la luz de una verdadera visión de la regencia de Micael. Sólo es posible al lado de Micael.

Hoy les he mostrado un solo ejemplo: el ejemplo de aquel que fue el arquetipo de Strader. Esto les mostrará a su vez, cómo a través de toda la realidad del tiempo moderno ha surgido una cierta corriente de vida espiritual que hace muy difícil acercarse con una mente abierta a la ciencia de las estrellas, y a la ciencia, también, del karma. Pero por difícil que sea, puede hacerse. A pesar de los ataques que pueden provenir de los sectores que he descrito hoy, podemos avanzar con seguridad y acercarnos a la sabiduría de las estrellas y a la configuración real del karma. En cuanto a cómo son posibles estas cosas, mañana les contaré más.

Traducido por J.Luelmo nov.2023