CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA233 Dornach, 27 de diciembre de 1923 Los misterios de hibernia y de Éfeso - Aristóteles y Alejandro

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 27 de diciembre de 1923

IV conferencia

Mi tarea de ayer consistió en utilizar personalidades individuales para mostrar cómo se desarrolla la historia del mundo. Si uno quiere progresar en la dirección de la ciencia espiritual, no puede hacer otra cosa que mostrar la secuencia de los acontecimientos tal como se reflejan en el hombre. Porque recordemos que sólo nuestra época, por razones que discutiremos en el curso de estas conferencias, es tal que el hombre se siente aislado del resto del mundo como un ser único. Hay que subrayar que todas las épocas precedentes, y también todas las posteriores, son tales que el hombre se sentía y se sentirá miembro de todo el mundo, perteneciente a todo el mundo. Como he dicho a menudo: Así como un dedo en un ser humano no puede ser un ser en sí mismo, sino sólo en el ser humano, mientras que separado del ser humano ya no es el dedo, sino que perece, es algo muy diferente, está sujeto a leyes muy diferentes que en el organismo, así como el dedo sólo es un dedo en conexión con el organismo, así el ser humano sólo es un ser en alguna forma, ya sea en la forma de vida en la tierra, ya sea en la forma de vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, en conexión con el mundo entero. Pero en épocas anteriores estaba presente la conciencia de esto, volverá a estar presente más adelante, sólo que hoy está nublada, oscurecida, porque, como oiremos, el hombre necesitaba este oscurecimiento, para poder desarrollar la experiencia de la libertad en toda su extensión. Y cuanto más antiguos son los tiempos a los que volvemos, más nos damos cuenta de que los hombres tienen conciencia de su conexión con el cosmos.

Acabo de presentarles dos personalidades, una llamada Gilgamesh en la conocida epopeya, la otra Eabani en la misma epopeya, y les he mostrado la forma en que estas personalidades vivieron en el antiguo período caldeo-egipcio de la manera en que se podía vivir en aquella época, y de cómo experimentan después una profundización por medio de los Misterios Efesios. Y ya señalé ayer que estos mismos seres humanos ocuparon su lugar posteriormente en el desarrollo histórico-mundial en las personalidades de Aristóteles y de Alejandro. Pero para que podamos comprender plenamente cómo transcurría el curso de la evolución terrenal en general en aquellos tiempos en los que tuvo lugar lo que he descrito para estas personalidades, debemos examinar aún más de cerca lo que tales almas pudieron absorber en sí mismas en estas tres épocas sucesivas.

Ya he llamado su atención sobre cómo la personalidad tras el nombre de Gilgamesh emprende un viaje a Occidente y, al menos, se somete a una especie de iniciación occidental post-atlante. Ahora bien, para comprender lo posterior, formémonos una idea de cómo fue tal iniciación tardía. Sin embargo, debemos buscar esta iniciación en el lugar donde los ecos de la antigua iniciación atlante permanecieron durante mucho tiempo. Y ese fue el caso de los Misterios de Hybernia, de los que ya he hablado recientemente a los amigos que están aquí en Dornach. Debo, sin embargo, ponerme al día sobre algo de lo que hemos hablado para poder comprender plenamente lo que aquí se plantea.

Los Misterios de Hybernia, los Misterios Irlandeses, han existido desde hace mucho tiempo. Aún existían en la época de la fundación del cristianismo, y son los que, desde cierto punto de vista, han conservado más fielmente las antiguas enseñanzas de sabiduría de la población atlante. Ahora me gustaría darles una imagen de las experiencias de alguien que fue iniciado en los Misterios Irlandeses en el período post-atlante. La persona que iba a recibir esta consagración, esta iniciación, tenía que ser preparada de una manera estricta, al igual que los preparativos para los Misterios en la antigüedad eran extraordinariamente estrictos. En realidad, el ser humano debía transformarse interiormente en su constitución anímica, en toda su constitución humana. En los Misterios de Hibernia primero se preparaba al hombre de tal manera que tomaba conciencia, se daba cuenta en fuertes experiencias interiores de lo que es engañoso en el ser que rodea al hombre, en todas las cosas que rodean al hombre de tal manera que primero les atribuye el ser según la percepción de los sentidos. Y la atención del hombre también era atraída por todas las dificultades y obstáculos a los que se enfrenta cuando lucha por la verdad, por la verdad real. Se llamaba la atención del hombre sobre el hecho de que, en el fondo, todo lo que nos rodea en el mundo sensorial es una ilusión, que los sentidos dan una impresión ilusoria y que la verdad se oculta tras la ilusión, es decir, que el hombre no puede alcanzar la verdadera existencia a través de la percepción sensorial.

Tal vez dirán ustedes que esta es una convicción que siempre han tenido en su largo tiempo antroposófico. Ustedes lo saben muy bien, dirán. Pero el conocimiento que una persona puede tener en la conciencia actual del carácter ilusorio del mundo sensorial exterior no es nada en absoluto contra los choques interiores, contra la tragedia interior que experimentaban las personas que estaban preparadas para la iniciación hiberniana en aquella época. Porque cuando se dicen a sí mismos teóricamente: "Todo es maya, todo es ilusión", en realidad lo toman a la ligera. Pero la preparación de los discípulos hibernianos era llevada tan lejos que se decían a sí mismos: "No hay posibilidad humana de penetrar a través de la ilusión y llegar al ser real, verdadero.

Los alumnos estaban preparados por el hecho de que, hasta cierto punto inicialmente por desesperación, interiormente se satisfacían mentalmente con la ilusión. Ellos llegaban al estado de ánimo desesperado de que el carácter ilusorio es tan intrusivo, tan poderoso, que uno no puede traspasar más allá de la ilusión en absoluto. Y en la vida de estos estudiantes siempre existía el estado de ánimo: Bueno, entonces tienes que permanecer en la ilusión, pero eso significa que: Entonces hay que perder el suelo bajo los pies, porque no se puede permanecer sobre la ilusión. Sí, el rigor de la preparación en los antiguos Misterios era algo de lo que hoy apenas tenemos idea. La gente rehúye lo que realmente exige un desarrollo interior.

Todo esto estaba ahí para que el hombre, al experimentar lo contrario de lo que en última instancia se supone que debe alcanzar como meta, pueda experimentar el correcto sentimiento humano profundo hacia esta meta. Porque quien no ha aprendido lo que significa vivir con el error y la ilusión no sabe apreciar el ser y la verdad. Y los estudiantes de Hybernia deben aprender a apreciar la verdad y el ser.

Y entonces, cuando los discípulos habían pasado por esto, cuando habían, por así decirlo, completado el polo opuesto de aquello a lo que tenían que llegar al final, entonces eran conducidos, -y debo describir lo que sucedía a continuación con una imaginería tal como era realmente real en los Misterios de Hibernia de aquel tiempo-, a una especie de santuario en el que había dos estatuas a modo de pilares, estatuas de un poder sugestivo tremendamente fuerte. Y una de estas estatuas pilar, de tamaño gigantesco, era hueca por dentro; la superficie exterior que rodeaba el espacio hueco, es decir, la sustancia general de la que constaba el pilar estatua, era de un material completamente elástico, de modo que dondequiera que se presionara, podían presionar la estatua. Pero en el momento en que se liberaba la presión, la forma se restablecía. Toda la estatua estaba hecha de tal manera que la cabeza tenía una forma preferente y que, al acercarse a ella, uno tenía la sensación de que desde la cabeza se irradiaban las fuerzas hacia el resto del colosal cuerpo, pues, por supuesto, uno no veía el interior hueco, no lo percibía, sólo lo notaba cuando presionaba. Y a uno le urgía apretar. Uno tenía la sensación de que todo el resto del cuerpo, aparte de la cabeza, estaba siendo irradiado por las fuerzas de la cabeza, que la cabeza lo hacía todo en esta estatua.

Yo les confieso de buen grado que si un hombre de hoy fuese conducido ante la columna estatua en el presente prosaico de la vida, apenas sentiría otra cosa que lo abstracto. Es cierto, pero otra cosa es haber experimentado el poder de la ilusión y el poder del error con todo el ser interior, con el espíritu, con el alma, con la sangre, con los nervios, y luego experimentar el poder sugestivo de una figura tan gigantesca.

Esta estatua tenía carácter masculino. Había otra al lado que tenía carácter femenino. No era hueca. Estaba hecha de un material no elástico pero plástico. Si se la apretaba, -y se les animaba a hacerlo de nuevo-, el molde se destruía. Se hacía un agujero en el cuerpo.

Pero después de que el alumno hubiera aprendido de una estatua que todo se restablecía en su forma mediante la elasticidad, después de que hubiera aprendido de la otra estatua que la había deformado con su presión, salía de la habitación después de algunas otras cosas, de las que hablaré dentro de un momento, y sólo era llevado de nuevo a esta habitación cuando todos los errores, las deformaciones que había hecho en la estatua de plástico, no elástica, que tenía un carácter femenino, se habían equilibrado de nuevo. Sólo volvía a entrar cuando el pilar estaba intacto. Y a través de todos estos preparativos, -sólo puedo describir el asunto someramente-, por los que había pasado el alumno, éste experimentaba interiormente todo su ser humano en espíritu, alma y cuerpo con la estatua, que tenía carácter femenino. Esta experiencia interior ya le había sido preparada con anterioridad, pero se producía en toda su extensión debido al efecto sugestivo de la propia estatua. Sentía una sensación de adormecimiento interior, un adormecimiento helado interior. Y este entumecimiento helado actuaba en él de tal manera que veía su alma llena de imaginaciones, y estas imaginaciones eran imágenes del invierno terrestre, imágenes que representaban el invierno terrestre. Así que el alumno era llevado a ver el invierno en su espíritu desde dentro.

Con respecto a la otra estatua, la masculina, el discípulo sentía como si toda la vida que tenía en el cuerpo se le fuera a la sangre, como si la sangre estuviera impregnada de fuerzas y le presionara la piel. Así, mientras que frente a una estatua tenía que creer que se estaba convirtiendo en un esqueleto helado, frente a la otra tenía que creer que toda su vida interior perecía en el calor y que vivía en su piel estirada. Y esta experiencia del hombre entero, presionado hasta su superficie, llevaba al discípulo a adquirir la comprensión necesaria para decirse a sí mismo: "Te sientes a ti mismo, te percibes a ti mismo, te experimentas como serías si de todo lo que hay en el cosmos sólo el sol tuviera efecto sobre ti. De este modo, el alumno aprendía a reconocer el efecto cósmico del sol en su distribución. Aprendía a reconocer la relación del hombre con el sol. Y aprendía a reconocer que el hombre no está en realidad, -como ahora parecía estar-, bajo el sugestivo efecto de la estatua solar sólo porque otras fuerzas de otros rincones del mundo modifican este efecto. De este modo el alumno  aprendía a asentarse en el cosmos. Y cuando el alumno sentía el efecto sugestivo de la estatua lunar, cuando experimentaba interiormente la frialdad del letargo, el paisaje invernal, -con la estatua solar experimentaba un paisaje veraniego en el espíritu, como producido desde sí mismo-, entonces el ser humano sentía cómo sería si sólo existieran los efectos lunares.

Ya ven, en el presente, ¿ Qué sabemos realmente del mundo? Sabemos que la achicoria es azul, la rosa roja, el cielo azul, etcétera. Pero no son impresiones demoledoras. Sólo nos hablan de las cosas más cercanas del entorno humano. El hombre debe convertirse en un órgano sensorial con todo su ser en un grado más intenso si quiere aprender los secretos del universo. Y era precisamente a través del efecto sugestivo de la estatua solar que su ser se concentraba en toda su circulación sanguínea. El hombre aprendió a conocerse como ser solar experimentando este efecto sugestivo en su interior. Y el hombre aprendió a conocerse como ser lunar experimentando el efecto sugestivo de la estatua femenina. Y entonces, a partir de estas experiencias interiores, pudo decir cómo afectan el sol y la luna a las personas, del mismo modo que las personas de hoy pueden decir cómo les afecta la rosa después de experimentar sus ojos, cómo les afecta el tono C agudo después de experimentar sus oídos, y así sucesivamente. Y así, los estudiantes de estos misterios experimentaron la integración del hombre en el cosmos en los tiempos post-atlantes. Esto se convirtió en una experiencia directa para ellos.

Ahora bien, lo que les he contado es un breve esbozo de lo que experimentaron de manera muy grandiosa los discípulos en los misterios de Hibernia hasta los primeros siglos del desarrollo cristiano como experiencia cósmica, en el sentido de que se les introdujo en la experiencia del sol y de la luna.

Las experiencias que los discípulos tuvieron que vivir en los Misterios Efesios, los Misterios Efesios de Asia Menor, fueron muy diferentes. En estos Misterios Efesios se experimentaba de un modo particularmente intenso con toda la persona lo que más tarde encontró una expresión paradigmática en las palabras iniciales del Evangelio de Juan: "En el principio era el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios. Y un Dios era el Verbo".

En Éfeso, el discípulo no era conducido ante dos estatuas, sino ante una, ante la única estatua conocida como Artemisa de Éfeso. Y al identificarse con esta estatua, que estaba llena de vida, rebosante de vida por todas partes, el discípulo se sumergía en el éter del mundo. Se elevaba con toda su experiencia interior y sentimiento de la mera vida terrenal, se elevaba a la experiencia del éter del mundo. Y lo siguiente se hacía claro para él. Se le enseñaba primero lo que es realmente el lenguaje humano. Y en el lenguaje humano, es decir, la imagen humana, el Logos semejante a la imagen humana en relación con el mundo, el Logos cósmico, se le esclareció cómo la palabra del mundo teje y fluye creativamente a través del cosmos.

De nuevo, sólo puedo hacer un resumen del asunto. Sucedió así. Se hacía que el alumno estuviera particularmente atento a experimentar realmente lo que sucede cuando una persona habla, cuando imprime la palabra en la respiración. El alumno era llevado a experimentar cómo lo que él transforma en vida a través de su propia acción interior tiene lugar en el elemento aéreo, pero que otros dos procesos están conectados con lo que tiene lugar en el elemento aéreo.

Imaginemos que se trata de la exhalación (ver dibujo, lado derecho, azul claro con línea roja), a la que se imprimen determinadas formaciones de palabras que pronuncia el ser humano. Mientras esta exhalación, formada en palabras, fluye hacia fuera de nuestro pecho, la vibración rítmica pasa hacia abajo a todo el elemento acuoso, líquido, que impregna el organismo humano (brillo; agua). De modo que el ser humano, al hablar, tiene los ritmos del aire a nivel de su laringe, sus órganos del habla; paralelamente a este hablar, sin embargo, hay un ondular y un pesar del cuerpo fluido en su interior. El líquido bajo los órganos del habla comienza a vibrar, resuena en el interior del ser humano. Y eso es esencialmente lo que hace que lo que hablamos vaya acompañado de sentimientos. Y si el elemento acuoso en el hombre no resonara, el lenguaje iría neutro hacia el exterior, indiferente al exterior; el hombre no simpatizaría con lo que se habla. Pero hacia arriba, hacia la cabeza, va el elemento calor (rojo), y las palabras que imprimimos en la espiración van acompañadas de las ondas de calor que fluyen hacia arriba, que penetran en nuestra cabeza y hacen que acompañemos las palabras con pensamientos. De modo que cuando hablamos, estamos tratando con tres cosas: aire, calor, agua o líquido.

Este proceso, que primero da una imagen global de lo que teje y vive en el habla humana, este proceso era tomado como punto de partida por el discípulo de Éfeso. Y entonces se le esclarecía cómo esto, lo que allí tiene lugar en el hombre, es un proceso universal humanizado, que en un cierto tiempo más antiguo la tierra misma funcionaba de tal manera que en ella ahora no lo aéreo, sino lo acuoso, el elemento líquido (parte izquierda del dibujo, azul), ese elemento líquido del que hablé ayer como proteína volátil-líquida, estaba en tal movimiento ondulatorio. Así como el aire está presente en pequeña escala en un ser humano cuando exhala cuando habla, así también estuvo allí la proteína líquida volátil que rodeaba la Tierra como atmósfera. Y esto luego se fundía, como aquí, en el elemento calor, en una especie de elemento aire (a la izquierda, azul claro), y abajo en una especie de elemento tierra (claro). Así como los sentimientos surgen en nuestro cuerpo a través del elemento líquido, así también las formaciones terrestres, las fuerzas terrestres, todas las fuerzas que trabajan y ondulan en la tierra, surgieron en la tierra. Y aquello que teje pensamientos cósmicos, que tienen un efecto creador en lo terrenal, surgió por encima de ello en el elemento aéreo.

Era una impresión majestuosa y poderosa la que recibía el hombre de Éfeso cuando se llamaba su atención sobre el hecho de que en su lenguaje vivía el eco microcósmico de lo que una vez fue macrocósmico. Y el discípulo de Éfeso, mientras hablaba, sentía en la experiencia de hablar una percepción del funcionamiento de la palabra del mundo, de cómo en otro tiempo movía sensiblemente el elemento líquido-volátil, de cómo limitaba arriba con los pensamientos creadores del mundo, abajo con las fuerzas emergentes de la tierra.

De este modo, el discípulo se sumergía en lo cósmico aprendiendo a entender su propia palabra del modo correcto: El Logos humano está en ti. El Logos humano obra en ti durante tu estancia en la tierra, y como ser humano eres el Logos humano. - Porque, en efecto, a través de lo que fluye hacia abajo en el elemento fluido es como nosotros, como seres humanos, nos formamos a partir del lenguaje; a través de lo que fluye hacia arriba es como tenemos nuestros pensamientos humanos durante nuestro tiempo en la tierra. Pero así como lo más humano que hay en ti es el Logos microcósmico, así también el Logos estuvo una vez en el principio primordial y estuvo con Dios y fue él mismo un dios.

Esto se comprendió a fondo en Éfeso, porque se hizo a través del hombre y en el propio hombre.

Ya lo ven, cuando se observa una personalidad como la que se esconde tras el nombre de Gilgamesh, entonces se debe tener la sensación de que vivió en todo el medio, en todo el entorno, que irradiaba de los Misterios. Porque toda cultura, toda civilización en épocas anteriores era una emanación de los Misterios. Y cuando menciono a Gilgamesh, cuando todavía estaba en su tierra natal Erek, no estaba iniciado en los misterios de Erek en sí, pero formaba parte de una civilización que estaba sustancialmente impregnada de lo que se podía sentir a través de esta relación con el cosmos. Y luego experimentó algo en su viaje a Occidente que le hizo conocer directamente, no los Misterios Hybernios, no llegó tan lejos, sino en cierto modo lo que se cultivaba en una colonia de los Misterios Hybernios, ya se lo he dicho, esta colonia estaba en lo que hoy es Burgenland. Eso vivía en el alma de este Gilgamesh, y con ello siguió desarrollándose en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, algo que se produjo posteriormente y para el cual la profundización del alma entonces tuvo lugar en la siguiente vida en la tierra en Éfeso mismo.

Ahora, para ambas personalidades de las que he hablado, tuvo lugar tal profundización del alma. Hubo, por así decirlo, algo de la civilización general de las almas humanas de estas personalidades, algo en realidad, en fuerte, intensa realidad, que desde la época homérica en Grecia había sido esencialmente sólo una bella apariencia.

Fue precisamente en Éfeso, en el lugar donde vivió Heráclito y donde tanto de la antigua realidad se sintió todavía hasta épocas griegas posteriores, hasta el siglo VI, V de los tiempos precristianos. Fue precisamente en Éfeso donde aún se podía sentir toda la realidad en la que vivía antaño la humanidad, cuando aún estaba en relación directa con lo divino-espiritual, cuando Asia aún era sólo el más bajo de los cielos, en el que aún se estaba en contacto con los cielos superiores, que lindaban con él, porque en Asia se experimentaban los espíritus de la naturaleza, por encima de ellos los Ángeles, Arcángeles y demás, por encima de ellos los Exusiai y demás. Y así se puede decir: Mientras que ya en la propia Grecia aquellos ecos sólo eran reminiscencias de lo que una vez fue realidad, mientras que lo que fue realidad se transformó en las imágenes de las sagas heroicas, en las que aún puede reconocerse claramente que apuntan a realidades originales, Mientras que en Grecia el elemento dramático de las realidades originales cobró vida en Esquilo, en Éfeso en realidad seguía dándose el caso de que, inmersos en la profunda oscuridad de los Misterios, se sentían ecos de aquellas antiguas realidades en las que el hombre vivía en conexión directa con el mundo divino-espiritual. Y ésa es la esencia del helenismo, que el griego se sumergía en los mitos que estaban más cerca del hombre y en la belleza y el arte que estaban más cerca del hombre, es decir, se sumergía en la imagen de aquello que una vez pudo ser experimentado por el hombre en conexión con el cosmos.

Y ahora debemos imaginar cómo, cuando por un lado esta civilización griega ya había alcanzado su cenit, cuando había rechazado orgullosamente incluso aquello que, como en las Guerras Persas, aún quería seguir de la antigua realidad asiática, cuando, por un lado, había alcanzado su cenit, pero por otro ya estaba cayendo, como lo experimentaron personalidades que claramente llevaban en sus almas los ecos de lo que una vez fue una realidad terrenal divino-espiritual en el espíritu, el alma y el cuerpo del hombre.

Así pues, debemos imaginar que Alejandro Magno y Aristóteles vivieron realmente en un mundo que no se ajustaba del todo a ellos, que en realidad les resultaba trágico. Lo peculiar es que en Alejandro y en Aristóteles vivían personas que tenían una relación con lo espiritual diferente a la de su entorno, que, aunque no se interesaban mucho por los misterios de Samotracia, sin embargo tenían una gran afinidad en su alma con lo que ocurría en los misterios de Samotracia con los Kabires. Esto se sintió durante mucho tiempo, todavía se sentía en la Edad Media. Y hay que decir, -y la gente hoy en día tiene una idea bastante equivocada sobre esto- que en la Edad Media, hasta los siglos XIII y XIV, existía una clara conciencia espiritual entre los individuos de todas las clases, al menos en la zona que antes se llamaba Asia en el antiguo Oriente. Y la "Canción de Alejandro" compuesta por un sacerdote en la Edad Media es, después de todo, un documento muy significativo de la Baja Edad Media. En contraste con lo que vive hoy en la historia, distorsionado por lo que ocurrió a través de Alejandro y Aristóteles, lo que el sacerdote Lamprecht compuso como la Canción de Alejandro hacia el siglo XII aparece todavía como una magnífica concepción de lo que ocurrió a través de Alejandro Magno, emparentada con la antigua.

Sólo tienes que visualizar lo siguiente. En la canción de Alejandro del sacerdote Lamprecht tenemos una descripción maravillosa, una descripción maravillosa del tipo siguiente: Cada año, cuando llega la primavera y uno sale a un bosque y llega al borde del bosque, donde crecen flores y donde al mismo tiempo el sol está tan alto que la sombra de los árboles cae sobre las flores, allí uno ve cómo a la sombra de los árboles del bosque en primavera surgen de las florecillas los seres espirituales de las flores, que bailan danzas y rondas en el borde del bosque. Y uno reconoce muy claramente que en esta descripción del sacerdote Lamprecht resplandece algo de una experiencia real, de una experiencia que la gente de aquella época aún podía tener; que no salían al bosque, por decirlo en términos prosaicos: Allí hay hierba, allá hay flores, allí empiezan los árboles, -pero cuando se acercaban al bosque, cuando el sol estaba detrás del bosque y la sombra caía sobre las flores, todo un mundo de criaturas florales, que estaban allí para ellos antes de que entraran en el bosque, donde entonces percibieron a los otros espíritus elementales del bosque, se les aparecía a la sombra de los árboles del bosque. Pero esta danza en coro floral le parecía al sacerdote Lamprecht que era lo que quería representar especialmente. Y es significativo que cuando el sacerdote Lamprecht quiso describir las expediciones de Alejandro, intercalaba e impregnaba esta descripción, -aún en el siglo XII, a principios del siglo XII-, con descripciones de la naturaleza, que en todas partes incluyen la revelación de los reinos elementales.  Todo se basa en la conciencia: Si uno quiere describir lo que una vez ocurrió en Macedonia, cuando comenzaron las expediciones de Alejandro a Asia y cuando Alejandro fue enseñado por Aristóteles, si uno quiere describirlo, no puede describirlo describiendo la prosaica tierra que lo rodea, sino que sólo puede describirlo si añade a la prosaica tierra los reinos de las entidades elementales.

Pero ya ven, si leen una obra de historia actual, -está bastante justificada para la época actual-, pues entonces leerán lo siguiente: Alejandro, en contra del consejo de su maestro Aristóteles, al que desobedeció, se imaginó la misión que tenía de reconciliar a los bárbaros con los civilizados y que tenía que crear una cultura media que debía estar formada por los griegos civilizados, los helenos, los macedonios y los bárbaros. Esto puede ser correcto para la actualidad, pero comparado con la verdad, la auténtica verdad, es sencillamente ridículo. Y uno tiene la impresión de lo maravilloso cuando ve cómo el sacerdote Lamprecht, al describir las campañas de Alejandro, fija para éstas un objetivo completamente distinto. Y a uno le parece como si lo que acabo de describir como la introducción de los reinos elementales de la naturaleza, lo espiritual de la naturaleza en lo físico de la naturaleza, como si esto fuera meramente la introducción. ¿Porque cuál es el objetivo de las campañas de Alejandro en la canción de Alejandro del sacerdote Lamprecht?

¡Alejandro llega a las puertas del paraíso! Aunque esto se ha transpuesto al lenguaje cristiano de la época, en realidad se corresponde en alto grado con la verdad, como explicaré más adelante. Pues las campañas de Alejandro no se hicieron meramente para llevar a cabo conquistas o, incluso en contra del consejo de Aristóteles, para reconciliar a los bárbaros con los helenos, sino que las campañas de Alejandro estaban entremezcladas con un verdadero objetivo espiritual elevado, y eran impulsadas desde el espíritu. Y entonces leemos del sacerdote Lamprecht, quien, se puede decir, quince siglos después de que Alejandro viviera, describe estas marchas de Alejandro con gran devoción, leemos que Alejandro llega a las puertas del paraíso, pero no entra en el paraíso mismo, porque, como dice el sacerdote Lamprecht, sólo aquellos que tienen la correcta humildad pueden entrar en el paraíso. Pero Alejandro aún no podía tener la correcta humildad en tiempos precristianos, porque sólo el cristianismo podía traer la correcta humildad a la humanidad. Después de todo, si tomamos esto no en un sentido estrecho sino amplio, podemos ver cómo el sacerdote cristiano Lamprecht presiente algo de la tragedia de las campañas de Alejandro.

Bueno, con esta descripción de la Canción de Alejandro, sólo quería llamar su atención sobre el hecho de que no tiene por qué sorprender si este ejemplo de las campañas de Alejandro se utiliza para describir la historia anterior y posterior de la humanidad en Occidente en su afiliación con Oriente. Porque, como pueden ver, el sentimiento subyacente no sólo estuvo presente como sentimiento general hasta un período relativamente tardío de la Edad Media, sino que estuvo presente de un modo tan concreto que pudo surgir esta Canción de Alejandro, que ahora describe en realidad de un modo magníficamente dramático lo que tuvo lugar a través de las dos almas que les he caracterizado. Este punto de la historia macedonia apunta lejos hacia el pasado, por un lado, y lejos hacia el futuro, por otro. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que la tragedia histórico-mundial se cierne sobre todo lo presente en Aristóteles y Alejandro. Esta tragedia histórico-mundial ya se delata exteriormente. La traiciona el hecho de que sólo la parte más pequeña de los escritos de Aristóteles llegó al Occidente europeo debido a las circunstancias especiales del destino histórico-mundial, y luego fue cultivada aún más por la Iglesia.

En realidad, se trata esencialmente sólo de los escritos lógicos y de los escritos revestidos de lógica. Pero si se profundiza en lo poco que ha sobrevivido de los escritos científicos de Aristóteles en la actualidad, se verá cuán poderosa era en Aristóteles su visión de la conexión entre el cosmos y el hombre. Sólo quisiera llamar su atención sobre una cosa.

También hablamos hoy del elemento tierra, del elemento agua, del elemento aire, del elemento fuego o calor y luego del otro, el éter. ¿Cómo presenta Aristóteles la materia? Él representa la tierra, la tierra sólida (ver dibujo, núcleo de color claro), la tierra líquida, el agua (rojo claro), el aire (azul), el conjunto impregnado de fuego y rodeado de fuego (rojo intenso). Pero para Aristóteles la tierra llega hasta la luna.  

Y desde el cosmos hacia adentro, desde las estrellas hacia adentro hasta la luna, -así ya no en el reino terrenal, sino hasta la luna, hasta aquí-, desde el zodíaco, desde las estrellas hacia adentro llega espacial-cósmicamente al éter restante (brillante exterior). El éter llega hasta la luna. Esto es lo que los eruditos leen todavía hoy en los libros escritos sobre Aristóteles. El propio Aristóteles, sin embargo, le dijo una y otra vez a su alumno Alejandro: Ese éter que está fuera del calor terrenal, es decir, el éter lumínico, el éter químico, el éter vital, también estuvo una vez conectado con la tierra. Todo esto se introducia hasta la tierra.  Pero cuando la luna se retiró en la antigua evolución, el éter se retiró de la tierra. Y, -como decía Aristóteles a su alumno Alejandro-, lo que exteriormente es un mundo espacialmente muerto, al principio no está impregnado por el éter de la tierra. Pero cuando, por ejemplo, se acerca la primavera, los espíritus elementales de la luna traen el éter del reino lunar a los seres que están naciendo, -plantas, animales, seres humanos-, de modo que la luna es el agente moldeador.

De pie frente a la figura femenina de Hybernia, uno sentía muy vívidamente cómo el éter no pertenece en realidad a la tierra, sino que los espíritus elementales lo traen a la tierra cada año, en la medida en que es necesario para la creación de los seres.

Aristóteles también tenía profundas ideas sobre la conexión entre el hombre y el cosmos. Su discípulo Teofrasto no permitió que los escritos que trataban de esto llegaran a Occidente. Algunos de estos escritos regresaron a Oriente, donde aún se comprendían estas cosas. Y luego, a través del norte de África y España, a través de judíos y árabes, llegó al oeste de Europa y, de la forma que describiré, entró en contacto con las emanaciones, con las emanaciones civilizadoras de los Misterios de Hibernia.

jPero lo que les he descrito hasta ahora sólo era el punto de partida de las enseñanzas que Aristóteles le dio a Alejandro. Ellas ciertamente se relacionaban con la experiencia interior. Y si yo, quisiera decir, presento el asunto en forma de dibujo al carboncillo, debo decir lo siguiente: Alejandro aprendió bien a través de Aristóteles que aquello que vive fuera en el mundo como el elemento terrestre, acuoso, aéreo, ígneo, también vive dentro del hombre, que el hombre en este sentido es un verdadero microcosmos, que en él, en sus huesos, vive el elemento terrestre, que en su circulación sanguínea y en todo lo que son jugos en él, jugos vitales, vive el elemento acuoso; que en él el elemento aéreo actúa en la respiración y en la excitación respiratoria, actúa en el habla, que el elemento ígneo vive en los pensamientos.  Alejandrsabía que seguía viviendo en los elementos del mundo. Pero al sentirse vivo en los elementos del mundo, sentía también su íntimo parentesco con la tierra. Hoy en día el hombre viaja al Este, al Oeste, al Norte, al Sur: no siente lo que en realidad todo se precipita sobre él, pues sólo ve lo que perciben sus sentidos externos, y sólo ve lo que perciben las sustancias terrestres que hay en él, no lo que perciben los elementos que hay en él. Pero Aristóteles pudo enseñar a Alejandro: Cuando te mueves hacia el este en la tierra, te mueves más y más hacia un elemento que te seca. Te mueves hacia lo árido (ver dibujo).

No es necesario que se imaginen que al pasar a Aisen se secan por completo. Por supuesto que se trata de efectos sutiles, pero efectos que Alejandro sentía en sí mismo según las instrucciones de Aristóteles. Él pudo decirse a sí mismo en Macedonia: tengo un cierto grado de humedad en mí; reduce su humedad al desplazarse hacia el este. Así que sentía la configuración de la tierra con el deambular por la tierra, como se siente, digamos, cuando se toca a una persona, acariciando cualquier parte de su cuerpo, cuál es la diferencia entre nariz y ojos y boca. Una personalidad como la descrita todavía percibía la diferencia entre experimentarse a sí misma entrando cada vez más en lo árido y experimentarse a sí misma entrando en lo húmedo por el otro lado, hacia el oeste.

La gente sigue experimentando las otras diferenciaciones hoy en día, aunque de forma aproximada. Hacia el norte experimentan el frío, hacia el sur el calor, el ardor. Pero la gente ya no siente esa interacción de humedad y frío cuando cruza hacia el noroeste. Aristóteles hizo realidad en Alejandro lo que Gilgamesh experimentó cuando viajó hacia el oeste. Y la consecuencia de ello fue que el alumno pudo percibir en su experiencia interior inmediata lo que ahora se experimenta en la zona intermedia entre la humedad y el frío hacia el noroeste: El agua. Y no era sólo una expresión posible, sino muy real para un hombre como Alejandro que no dijera: "Hacia allí va la expedición, hacia el noroeste - sino: "La expedición va hacia allá donde predomina el elemento agua. En la zona intermedia entre lo húmedo y lo cálido se encuentra el elemento donde predomina el aire. Este era el caso en la antigua Grecia-Crítica. así se enseñaba en los antiguos Misterios Samotrácicos, así lo enseñó Aristóteles a su discípulo inmediato. Y en la zona intermedia entre lo frío y lo árido, es decir, hacia Siberia desde Macedonia, se experimentaba la región de la tierra donde predominaba lo térreo, lo terroso, el elemento tierra, lo sólido. En la zona intermedia entre lo cálido y lo árido, es decir, hacia la India, se experimentaba aquella región de la tierra donde predominaba el elemento fuego. Y así fue como el discípulo de Aristóteles señalando al noroeste dijo: Allí percibo a los espíritus del agua actuando sobre la tierra. Cuando señalaba hacia el sudoeste, decía: "Allí veo a los espíritus del aire". Al señalar hacia el nordeste, percibió a los espíritus de la tierra flotando hacia él. Si señalaba al sudeste, hacia la India, veía a los espíritus del fuego revoloteando o en su elemento.

Y sentirán ustedes esa profunda afinidad con lo natural y lo moral cuando diga al final que en Alejandro surgió el dicho: ¡Debo arrojarme al fuego fuera del elemento frío y húmedo, emprender el viaje a la India! Ese era un dicho que estaba tan relacionado con lo natural como con lo moral, de lo que hablaremos mañana. Pero quería presentarles vívidamente lo que allí ocurría. Porque en lo que se debatía entre Alejandro y Aristóteles se puede ver reflejado al mismo tiempo todo el cambio en el desarrollo histórico-mundial. En aquella época todavía se podía hablar de los grandes misterios del pasado en lecciones íntimas. Entonces la humanidad sólo se ocupaba de lo lógico, de lo abstracto, de las categorías, mientras rechazaba lo otro. Así que estamos apuntando al mismo tiempo a un tremendo cambio en el desarrollo histórico-mundial de la humanidad, a un punto muy importante en todo el curso de la civilización europea en su conexión con Oriente. 

Traducido por J.Luelmo ago,2024

GA233 Dornach, 26 de diciembre de 1923 La época Egipcio-Caldea

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 26 de diciembre de 1923

III conferencia

Hace trece años, casi exactamente el mismo día, pronuncié en Stuttgart un ciclo (GA126) de conferencias, que también di entre Navidad y Año Nuevo, sobre el mismo tema al que también pertenece este ciclo de conferencias. La única diferencia es que tendré que cambiar el punto de vista que prevalecía entonces.

En las dos conferencias introductorias anteriores procuramos que nuestras almas comprendieran cuán profundamente ha cambiado el estado mental y anímico de la humanidad en el transcurso del desarrollo histórico y, sobre todo, prehistórico. Tampoco esta vez necesitamos remontarnos más allá de algunos milenios, al menos inicialmente. Ustedes saben que desde el punto de vista espiritual-científico consideramos que el vínculo más importante entre lo histórico y lo prehistórico desde la llamada catástrofe atlante que azotó la tierra es lo que suele llamarse la época de la glaciación de la tierra, la edad de hielo más reciente. En aquella época, sin embargo, tuvo lugar el acto final del hundimiento del continente atlante, que hoy forma el fondo del océano Atlántico. Y después de cuya catástrofe atlante se sucedieron cinco grandes períodos de civilización hasta nuestros días, como se ha señalado a menudo, los primeros de los cuales se han perdido por completo para la tradición histórica. Pues lo que está contenido allá en Oriente como literatura, -también en los maravillosos Vedas, en la profunda filosofía Vedanta-, no son más que los ecos de lo que hay que describir si se quiere representar esa época cultural de la que siempre hablo en mi "Ciencia Oculta" como la india primigenia, la persa primigenia también.

Ahora bien, no queremos volver a ese punto hoy, sino que queremos considerar el período que a menudo he descrito como el período cultural caldeo-egipcio, que precedió al griego. Hemos tenido que llamar la atención sobre el hecho de que en este período comprendido entre la catástrofe atlante y la época griega se produjeron grandes cambios con respecto a la capacidad de recordar, al poder humano de la memoria, y con respecto a la convivencia humana. Una memoria como la que tenemos hoy en día, para poder visualizar algo retrospectivamente en el tiempo, tal memoria del tiempo aún no estaba presente en este tercer período cultural postatlante, pero sí estaba presente una memoria ligada a la experiencia rítmica, tal como se la he descrito. Y esto surgió a partir de lo que fue particularmente fuerte durante el período atlante: la memoria localizada, en la cual el hombre sólo tenía una conciencia presente en sí mismo, pero por medio de todo lo posible que encontraba en el mundo exterior o que él mismo colocaba allí, tenía marcadores a través de los cuales se relacionaba con el pasado no sólo de su propia personalidad, sino con el pasado de la humanidad en general.

Sin embargo, los marcadores no eran sólo los que se colocaban directamente sobre la tierra, sino que los marcadores en la antigüedad eran también las constelaciones del cielo, especialmente las constelaciones planetarias, a partir de las cuales uno reconocía en su repetición o repetición variada cómo habían sido las cosas en épocas anteriores. De este modo, el cielo y la tierra trabajaban conjuntamente para formar la memoria externa localizada de una humanidad más antigua.

Pero esta humanidad más antigua era también diferente en toda su constitución humana que la posterior o incluso que la humanidad de nuestro tiempo. La humanidad de nuestro tiempo lleva el yo y el cuerpo astral en el cuerpo físico en el estado de vigilia tan inadvertidamente que la mayoría de la gente no nota realmente cómo este cuerpo físico, como una organización mucho más significativa de lo que es en sí, lleva el cuerpo astral y la organización del yo dentro de él junto con el cuerpo etérico. 

Ustedes si que conocen estas relaciones. Pero una humanidad más antigua percibía los hechos de su propia existencia de forma bastante diferente. Y volvemos a tal humanidad cuando regresamos al anterior tercer período cultural postatlante, al período egipcio-caldeo. Allí el hombre se experimentaba a sí mismo como espíritu y alma en gran medida fuera de su cuerpo físico y etérico, incluso cuando estaba despierto. Él sabía diferenciar: Esto es lo que guardo en mí como mi espíritu y mi alma, -lo llamamos yo y cuerpo astral-, y esto está conectado con mi cuerpo físico y etérico. El hombre pasaba por el mundo como esta dualidad. Él no llamaba yo a su cuerpo físico y a su cuerpo etérico, sino que al principio sólo llamaba yo a su espíritu y a su alma, a aquello que era espiritual y que estaba conectado hacia abajo de cierta manera, pero en una conexión con lo físico y con el cuerpo etérico que le era perceptible. Y en esta alma-espíritu, en este cuerpo yoico y astral, el hombre sentía la penetración de las jerarquías divino-espirituales, del mismo modo que el hombre de hoy siente la penetración de las sustancias naturales en su cuerpo físico.

En este cuerpo físico el hombre siente de tal manera que sabe que toma las sustancias de los reinos exteriores de la naturaleza con su alimento y con su respiración. Tales sustancias están primero fuera y luego dentro de él. Actúan de tal manera que pasan a través de él, se convierten en componentes de él. En aquel tiempo el hombre, que sentía una cierta separación de su alma-espíritu de su físico-etérico, sabía que los Ángeles, los Arcángeles hasta las más altas jerarquías eran entidades espirituales-sustanciales, que ahora también pasan a través de su alma-espíritu, se convierten en constituyentes, si puedo expresarme así, de él. Así que el hombre podía decir en cada momento de su vida: Los dioses viven en mí. Y no concebía su yo como construido desde abajo por sustancias físicas y etéricas, sino que concebía su yo como dado a él por la gracia, venida de arriba, del lado de las Jerarquías. Y hasta cierto punto percibía su físico-etérico como una carga, como un vehículo, como algo que utilizaba como un carruaje vital para avanzar en el mundo físico. Si no se capta esto de manera correspondiente a los ojos del alma, entonces no se comprende realmente el curso histórico del desarrollo humano.

Ahora podríamos seguir este curso histórico del desarrollo humano utilizando diversos ejemplos característicos. Hoy queremos poner ante nosotros, por así decirlo, un hilo conductor que ya toqué hace trece años vinculándolo al documento histórico y legendario que representa la fase más antigua del desarrollo del que quiero hablar, a saber, la Epopeya de Gilgamesh. Pero la Epopeya de Gilgamesh es en parte legendaria, y hoy describiré el proceso que describí hace trece años tal como surge directamente de la observación espiritual. 

Allá, en una ciudad de Oriente Próximo, -Erek la llama la Epopeya de Gilgamesh-, nos encontramos con una de esas naturalezas conquistadoras de las que hablé ayer, que realmente había crecido a partir de esas constituciones humanas anímicas y sociales que se describieron ayer. Gilgamesh es como lo llama la epopeya>. Así que se trata de una personalidad que, en la época de la que estamos hablando ahora, era de la misma naturaleza que ahora he caracterizado, que había conservado muchas viejas características humanas de épocas anteriores. Pero tan claro como era para esta personalidad en aquella época, por así decirlo, la dualidad entre el alma-espiritual, en la que prevalecen los dioses, y lo físico-etérico, en la que prevalecen las sustancias de la tierra y del cosmos, las sustancias físicas y etéricas, tanto mas es también un hecho que en la época en que vivió esta personalidad, de la que habla la epopeya de Gilgamesh, precisamente el pueblo característico, el pueblo representativo ya se encontraba en una época de transición hacia el desarrollo posterior de la humanidad. Y esta transición consistió en el hecho de que la conciencia del yo, que relativamente poco antes estaba en la cima de lo anímico-espiritual, si puedo expresarme así, se había ido hundiendo en lo corporal-etérico, de modo que Gilgamesh estaba justo entre los que empezaron a decir yo no a su parte anímico-espiritual, en la que se sentían los dioses, sino a lo que era terrenal-etérico a su alrededor. Ese era este nuevo estado anímico.

Pero en esta constitución anímica, de la que podemos decir que el yo ha sido arrastrado desde lo anímico-espiritual, arrastrado como yo consciente a lo físico-etérico, en esta personalidad existían al mismo tiempo todavía esos viejos hábitos: ese viejo hábito de experimentar preferentemente sólo en la memoria lo que se experimentaba en el ritmo, y existía ese sentimiento interior que sentía que había que familiarizarse con las fuerzas de la muerte, porque en realidad sólo las fuerzas de la muerte producen lo que lleva al hombre a la prudencia. Ahora bien, precisamente porque en esta personalidad de Gilgamesh se trata de un alma que ya había pasado por muchas encarnaciones en la tierra, pero que había entrado en la nueva forma de existencia humana, que era tal como la he descrito ahora, esta personalidad se encontraba, diría yo, en una existencia física que llevaba en sí cierta inseguridad. La justificación, por así decirlo, de los hábitos y de la memoria rítmica del conquistador empezó a no valer ya para la tierra. Y así, las experiencias de esta personalidad fueron definitivamente las experiencias de una época de transición.

Por lo tanto, sucedió que cuando esta personalidad, por antigua costumbre, se apropió por conquista de la misma ciudad llamada Erek en la Epopeya de Gilgamesh, surgieron conflictos en esta ciudad. Al principio, esta personalidad no fue bienvenida en la ciudad, fue percibida como extraña, y probablemente no habría sido capaz de hacer frente por sí sola a todas las dificultades que habían surgido en la ciudad. Después, puesto que el destino la había conducido hasta allí, se encontró con otra personalidad, -la Epopeya de Gilgamesh la llama Eabani-, una personalidad que había descendido a la tierra relativamente tarde desde la existencia planetaria que la humanidad terrestre había llevado durante un tiempo en el sentido que describí en mi "Ciencia Oculta". Como ustedes saben, durante el período atlante las almas descendieron gradualmente, algunas antes, otras después, después de haberse retirado de la tierra al cosmos a diversos planetas en épocas muy tempranas de la evolución terrenal.

En Gilgamesh tenemos ante nosotros a una personalidad, a una individualidad que regresó a la tierra relativamente pronto, es decir, que había experimentado muchas encarnaciones terrenales durante el tiempo del que estoy hablando. En el caso de la otra personalidad, que ahora también ha sido atraída a esa ciudad, estamos tratando con una personalidad que había permanecido en la existencia planetaria durante un tiempo relativamente largo y que sólo regresó a la tierra en una etapa tardía. Esto puede leerse desde un punto de vista algo diferente en mi ciclo de conferencias, que tuvo lugar hace trece años en Stuttgart, sobre la historia desde el punto de vista de la ciencia espiritual.

Esta personalidad entabló entonces una íntima amistad con Gilgamesh, y juntos fueron capaces de establecer unas condiciones sociales verdaderamente sostenibles en la ciudad de Erek, en Oriente Próximo. Esto fue posible, en particular, porque esta segunda personalidad había conservado relativamente gran parte del conocimiento que se había preservado a través de unas pocas encarnaciones terrenales de su estancia cósmica fuera de la tierra. Había, como dije en Stuttgart, una especie de clarividencia, clariaudiencia, conocimiento clarividente en esta personalidad. Y de la confluencia de lo que estaba presente en una personalidad de los viejos hábitos conquistadores y de la memoria dirigida al ritmo, y de la perspicacia en los secretos del mundo de la otra personalidad creció, como solía ocurrir en tiempos más antiguos, la construcción del orden social en esa ciudad del Cercano Oriente. La paz llegó a esta ciudad, la felicidad llegó a sus habitantes, y todo habría estado en orden al principio si no hubiera ocurrido cierto acontecimiento que reorientó todo el curso de los acontecimientos de una manera diferente.

En esa ciudad existía una especie de misterio, el misterio de una diosa, y este misterio conservaba un número extraordinario de secretos del mundo. Pero en el sentido de la época era una especie de, yo diría, misterio sintético, es decir, las más diversas revelaciones mistéricas de Asia estaban recogidas en este misterio. Y en diferentes épocas los contenidos mistéricos se cultivaron y enseñaron allí de forma variada, metamorfoseada. Al principio el personaje que lleva el nombre de Gilgamesh en la epopeya no comprendió esto y se quejó a este centro de misterios de que enseñaba cosas contradictorias. Y el hecho de que el Misterio fuera acusado por una autoridad tan importante, -porque las dos personalidades de las que estoy hablando eran las que realmente daban orden y administración a toda la ciudad-, provocó dificultades, que finalmente llevaron a los sacerdotes del Misterio a recurrir a los poderes a los que podían recurrir en los antiguos Misterios. Ustedes no se sorprenderán hoy de que en los antiguos Misterios uno pudiera realmente dirigirse a los seres espirituales de las jerarquías superiores, pues ya les dije ayer que: en los antiguos tiempos orientales Asia era en realidad sólo el cielo más bajo, y en este cielo más bajo se sabía que los seres divino-espirituales estaban presentes y se comunicaban con ellos. Esta comunicación se cultivaba particularmente en los misterios. Así fue como los sacerdotes de los Misterios de Ishtar se dirigieron a esos poderes espirituales a los que, por lo demás, siempre habían acudido cuando querían iluminación, y así fue como se produjo que estos poderes espirituales impusieran un cierto castigo a la ciudad.

En aquella época se decía que algo que en realidad es un poder espiritual superior actuaba en Erek como una fuerza animal, una fuerza animal fantasmal. Todo tipo de cosas se apoderaron de los habitantes, enfermedades físicas, pero sobre todo colapsos mentales. Y la consecuencia de esto fue que la única personalidad que se había unido a Gilgamesh, que se llama Eabani en la epopeya, murió como resultado de estas dificultades, pero en realidad permaneció espiritualmente con esta personalidad incluso después de la muerte para continuar la misión de la otra personalidad en la tierra. De modo que tenemos que entender el tiempo posterior de la vida, el desarrollo posterior de esa personalidad que lleva el nombre de Gilgamesh en la epopeya, de tal manera que sigue habiendo una cooperación entre las dos personalidades caracterizadas, pero de tal manera que las inspiraciones, las iluminaciones de Gilgamesh desde el lado de Eabani tuvieron lugar en el tiempo siguiente, de modo que Gilgamesh solo siguió actuando no sólo por su propia voluntad, sino por la voluntad de los dos, por la confluencia de la voluntad de los dos.

Con esto, una vez más les he presentado algo que ciertamente era una posibilidad en aquellos tiempos antiguos. La mente humana no era tan inequívoca en aquellos tiempos antiguos como lo es hoy. Por lo tanto no podía existir la experiencia de la libertad en el sentido que existe hoy en día. O bien un ser espiritual que nunca había encarnado en la tierra podía obrar a través de la voluntad de una personalidad terrenal, o bien, como era el caso de Gilgamesh, una personalidad que ya había pasado por la muerte, que llevaba una vida post-mortem, podía hablar y actuar a través de la voluntad de una personalidad en la tierra. Y eso fue lo que ocurrió con Gilgamesh. Y a partir de lo que resultó de este modo de la confluencia de las dos voluntades, surgió en Gilgamesh, sobre todo, una toma de conciencia bastante clara de la situación histórica en la que realmente se encontraba. Él empezó a saber, precisamente por la influencia del espíritu que le inspiraba, que el yo se había hundido en el cuerpo mortal físico y etérico, y el problema de la inmortalidad empezó a desempeñar un papel intensamente fuerte para Gilgamesh. Todo su anhelo era llegar de algún modo tras este problema de la inmortalidad. Los misterios que preservaban lo que había que decir sobre la inmortalidad en la tierra en aquel tiempo no se abrieron a Gilgamesh al principio. Estos misterios todavía tenían la tradición y de las tradiciones también en gran medida el conocimiento vivo que estaba presente, mientras que en la tierra la sabiduría primordial prevaleció en el viejo tiempo atlante.

Pero los portadores de esta sabiduría primordial, que una vez caminaron por la tierra como seres espirituales, hacía tiempo que se habían retirado y fundado la colonia cósmica de la luna. Porque es pura ingenuidad pensar que la luna es el cuerpo rígido y helado que la física moderna describe. La luna es la residencia planetaria sobre todo de aquellos seres espirituales que fueron los primeros grandes maestros de la humanidad terrestre, que una vez trajeron la sabiduría primordial a la humanidad terrestre y que, poco después de que la luna abandonara la tierra como cuerpo físico planetario y ocupara su propio lugar en el sistema planetario, se retiraron a esta luna. Aquellos que hoy, a través de la comprensión imaginativa, tienen la oportunidad de conocer realmente la Luna, también llegan a conocer a aquellos seres espirituales de esta colonia cósmica que una vez fueron los maestros de la sabiduría primigenia de la humanidad en la Tierra. Lo que ellos habían enseñado una vez, pero también aquellos impulsos a través de los cuales uno puede entrar en una cierta relación con esta sabiduría primigenia, fueron preservados por los Misterios. No había ninguna conexión real entre estos misterios del Cercano Oriente, por ejemplo, y la personalidad mencionada en la epopeya de Gilgamesh. Pero a través de la influencia suprasensible del amigo que estaba unido a Gilgamesh en el estado postmortem, surgió en Gilgamesh el impulso interior de buscar caminos en el mundo a través de los cuales pudiera ser capaz de aprender algo sobre la inmortalidad del alma.

En la Edad Media se hizo costumbre, si uno quería aprender algo sobre el mundo espiritual, sumergirse en el ser interior del hombre. En tiempos más recientes, me gustaría decir, es común un proceso aún más hacia el interior. Pero en aquellos tiempos más antiguos, de los que estoy hablando ahora, la gente sabía muy bien que la tierra no es el bloque de roca que la geología actual describe, sino que la tierra es un ser vivo, espiritual. Y del mismo modo que un animal pequeño, cuando camina sobre un ser humano, puede llegar a conocerlo caminando sobre la nariz, caminando sobre la frente, caminando sobre el cabello y adquiriendo su conocimiento a través de este viaje, así fue en aquellos tiempos que el hombre, al emprender su viaje sobre la tierra, llegó a conocer la tierra en sus diversas configuraciones en diferentes lugares y que, de este modo, adquirió conocimientos sobre el mundo espiritual. Él obtuvo los conocimientos, tanto si se le permitió el acceso a los misterios como si no, los obtuvo. Y realmente no es ninguna extravagancia que se diga de Pitágoras y similares que hicieron grandes viajes para adquirir sus conocimientos. Se recorrieron la tierra para absorber en la diversidad de sus configuraciones lo que se podía observar de las diversas configuraciones de la tierra anímico-espiritual física en diferentes lugares de esta tierra. Hoy en día la gente puede viajar a África, a Australia, no experimentan mucho diferente de lo que experimentan en casa, con la excepción de las apariencias externas que miran fijamente. Porque la sensibilidad humana a las diferencias radicales que existen entre las distintas partes del mundo se ha amortiguado. En la época de la que ahora hablo, no estaba amortiguada. Y por eso el impulso de conseguir algo para la solución del problema de la inmortalidad viajando a través de la tierra significaba algo muy importante para Gilgamesh.

Y así emprendió esta marcha. Este viaje fue un éxito muy, muy significativo para él. En una región de la que se ha hablado mucho en los últimos tiempos, pero que por supuesto ha cambiado mucho en cuanto a sus condiciones sociales, se encontró con un antiguo misterio en la zona conocida como Burgenland, que ha sido objeto de disputa sobre si debía pertenecer a Cisleithania o a Hungría, en una zona de Burgenland. El sumo sacerdote de este misterio se llama Xisuthros en la Epopeya de Gilgamesh. Se encontró con un antiguo misterio que era una auténtica secuela de los antiguos misterios atlantes, naturalmente en metamorfosis, como no podía ser de otro modo en una fecha tan tardía.

Y efectivamente, en aquel centro de misterios supieron juzgar y apreciar las capacidades cognitivas de Gilgamesh. Quisieron complacerle. Se le impuso una prueba que en aquella época se imponía a muchos estudiantes de los Misterios. La prueba consistía en hacer ciertos ejercicios espirituales estando completamente despierto durante siete días y siete noches. Esto no le fue posible. Y por eso sólo se sometió al sucedáneo de tal prueba. Y este sucedáneo consistía en que se le preparaban ciertas sustancias, que él tomaba en sí mismo y a través de las cuales recibía efectivamente cierta iluminación, aunque, como siempre ocurre en este campo, si no se garantizan ciertas condiciones excepcionales, éstas eran en cierto sentido dudosas. Pero una cierta iluminación estaba presente en Gilgamesh, una cierta comprensión de las interconexiones del mundo, de la estructura espiritual del mundo. De modo que cuando Gilgamesh completó su viaje y regresó, había en él una gran penetración espiritual.

Caminó aproximadamente a lo largo del Danubio, hacia el sur del Danubio de regreso a su ciudad natal, a su ciudad natal elegida. Pero antes de llegar a esta ciudad natal, debido a que no había recibido la iniciación en el misterio postatlante de la otra forma que he descrito, sino de esa forma un tanto difícil, sucumbió a la primera tentación, una rabia terrible ante un suceso que le impactó, en realidad algo que oyó sobre lo que ocurría en la ciudad. Lo oyó antes de llegar a ella. Una terrible oleada de ira se apoderó de él, y a través de esa oleada de ira la iluminación se oscureció casi por completo, de modo que llegó sin ella.

Pero aún así, y esa es la peculiaridad de esta personalidad, seguía teniendo la posibilidad de ver el mundo espiritual en conexión con el amigo fallecido, con el espíritu del amigo fallecido, o al menos de recibir comunicaciones del mundo espiritual. Sin embargo, ahora es un asunto diferente mirar directamente al mundo espiritual a través de una iniciación que recibir comunicaciones de una personalidad que se encuentra en un estado post-mortem. Pero aún se puede decir que: algo de una visión de la naturaleza de la inmortalidad le quedó a Gilgamesh. -Y ahora no estoy considerando aquello por lo que se atraviesa después de la muerte; estos acontecimientos que se viven allí no desempeñan todavía un papel muy fuerte en la conciencia de las próximas encarnaciones, ni hoy ni entonces: ¡en la conciencia!  En la vida, en la constitución interior, ciertamente muy fuertemente, pero no en la conciencia.

Como verán, les he descrito dos personalidades que juntas expresan la constitución espiritual humana en el tercer período cultural post-atlante, -aproximadamente hacia su mitad-, que todavía vivían de tal manera que en su forma de vivir se notaba fuertemente que el hombre consiste en una dualidad. Debido a que uno de ellos, Gilgamesh, era consciente de esta dualidad, aunque fue uno de los primeros que la había atravesado, de que la conciencia del yo se había ido bajando, el yo se había ido introduciendo en lo físico-etérico. El otro, al haber experimentado algunas encarnaciones en la tierra, tuvo una comprensión clarividente, mediante la cual tuvo la intuición de que la materia, la sustancia, no existe en absoluto, que todo es espiritual, que lo llamado material no es más que otra forma de lo espiritual.

Pueden imaginarse ustedes que todo lo que el hombre piensa y siente hoy, naturalmente no podía pensarlo ni sentirlo con semejante constitución de su ser. Todo su modo de pensar y sentir era distinto. Y a tales personalidades no podía llegarles, por supuesto, nuestra escolarización actual, ni algo que se pareciera a la escolarización actual de la gente ni a la escolarización superior, sino que todo lo que llegaba a la gente espiritualmente, culturalmente, en términos de civilización, fluía de los Misterios, de alguna manera les era comunicado a través de todo tipo de canales a las más amplias masas de gente. Sino que los verdaderos autores eran los sabios sacerdotes en los Misterios.

Ahora bien, lo peculiar de las dos personalidades de las que estoy hablando era que en la encarnación que acabo de describir no podían vincularse a los misterios, precisamente a los misterios de su entorno, debido a su tipo especial de alma. El que se llama Eabani en la epopeya de Gilgamesh, estuvo en estrecha relación con los Misterios a través de sus estancias extraterrestres; el que se llama Gilgamesh experimentó una especie de iniciación en un Misterio post-atlante, pero sólo fructificó a medias en él. Pero todo esto obró de tal manera que algo sintieron estas personalidades, como en su propio ser, que las asemejaba a la prehistoria terrenal humana. Ambos podían decirse: ¿En qué nos hemos convertido? ¿A través de qué hemos pasado con el desarrollo en la tierra? Nos hemos convertido en lo que somos a través de la evolución en la tierra. ¿A través de qué hemos pasado?

La cuestión de la inmortalidad, que Gilgamesh padeció y con la que luchó, estaba conectada en aquella época con necesarias percepciones del desarrollo prehistórico terrenal, precisamente por la disposición de las almas humanas. Y no se podía pensar o sentir realmente sobre la inmortalidad del alma en el sentido de aquella época si no se tenía al mismo tiempo una cierta percepción de cómo las almas de los hombres, que ya estaban presentes durante las fases más antiguas del desarrollo de la Tierra, durante los estados de luna y sol, etc., veían lo que entonces se volvía terrenal acercándose a ellas. Uno sentía que pertenecía a la tierra; para reconocerse a sí mismo, debía ver a través de su conexión con la tierra.

Ahora bien, los misterios que se practicaban en todos los misterios asiáticos eran ante todo misterios cósmicos, que tenían como contenido de enseñanza y sabiduría el curso del desarrollo de la tierra en conexión con el cosmos. En estos misterios una idea general de cómo se había desarrollado la tierra y de cómo se había desarrollado el hombre con todas estas sustancias en las olas y olas de las sustancias y fuerzas de la tierra a través de la época del sol, la luna y la tierra, se presentaba ante el hombre de una manera muy viva, para que pudiera convertirse en ideas en el hombre. Esto se demostró en toda su viveza.

Uno de los misterios en los que se realizaban tales cosas se conservó hasta tiempos muy recientes. Este es el centro de los misterios de Éfeso, el centro de los misterios de Artemisa de Éfeso. Este centro de los misterios de Éfeso tenía la imagen de la diosa Artemisa en su centro. Cuando alguien hoy mira las réplicas de la diosa Artemisa de Éfeso, sólo tiene la grotesca sensación de una figura femenina sin nada más que pechos, porque no tiene ni idea de cómo se experimentaban estas cosas en la antigüedad. La experiencia de estas cosas era importante en la antigüedad. Los estudiantes de los Misterios tenían que pasar por preparaciones a través de las cuales luego eran conducidos al centro real de los Misterios. El centro de estos Misterios Efesios era esta imagen de Artemisa. Cuando eran conducidos a este centro, se convertían en uno con dicha imagen. El ser humano, de pie ante esta imagen, dejaba de tener la conciencia de que era algo dentro de su piel. Él tomaba conciencia de que es lo que es la imagen. Se identificaba con la imagen. Y esta autoidentificación en la conciencia con la imagen de los dioses en Éfeso tuvo el efecto de que uno ya no miraba los reinos de la tierra que le rodeaban, las piedras, los árboles, los ríos, las nubes, etc., sino que, al sentirse uno mismo en la imagen de Artemisa, adquiría una percepción interior de su conexión con los mundos etéricos. Uno se sentía uno con el mundo estrellado, con los procesos del mundo estrellado. Dejaba de sentir la sustancialidad terrenal dentro de la piel humana, sentía su existencia cósmica. Uno se sentía en lo etérico.

Y a través de esta sensación en lo etérico, uno se daba cuenta de lo que eran los estados anteriores de la experiencia terrenal del hombre y de la propia experiencia terrenal. Hoy miramos la tierra de tal manera que es, como he dicho, una especie de bloque de roca que lleva las aguas sobre una gran parte de su superficie, que está rodeada por un círculo de aire en el que hay oxígeno y nitrógeno y otras sustancias, en el que sobre todo está lo que el hombre necesita para respirar etc. Y cuando la gente de hoy comienza a especular, a observar, a interpretar la observación en lo que es conocimiento común de la naturaleza, -¡entonces sale algo correcto! Pues lo que precedió a estas condiciones actuales en los tiempos más antiguos sólo puede alcanzarse a través de la mirada espiritual. Pero tal mirada espiritual sobre los estados primitivos de la tierra y de la humanidad les era revelada a los discípulos de Éfeso cuando se identificaban con la imagen de los dioses, y aprendían a reconocer que lo que ahora es la atmósfera alrededor de la tierra no era antes como es ahora, sino que lo que estaba presente en este entorno terrestre en el lugar donde hoy se encuentra la atmósfera era extraordinariamente liviano, proteína líquido-volatil, sustancia proteica. De modo que todo lo que vivía en la tierra necesitaba las fuerzas de esta sustancia proteica, que era volátil sobre la tierra, para su formación y también vivía en ella. Y uno veía cómo lo que ya estaba allí en cierto sentido en esta sustancia proteínica, finamente distribuido, pero definitivamente con la tendencia de cristalizar por todas partes (ver dibujo, rojizo), que estaba allí en un estado finamente distribuido como ácido silícico, representaba una especie de órgano sensorial de la tierra, que absorbía las imaginaciones, las influencias por todas partes del cosmos. De modo que en el contenido de ácido silícico de la atmósfera proteínica terrestre había imaginaciones reales, externamente presentes en todas partes.

Estas imaginaciones tenían la forma de organismos vegetales gigantescos, y a partir de aquello que se imaginaba a sí mismo como imaginaciones de lo terrenal, se desarrolló más tarde la planta por medio de la absorción de sustancia atmosférica, primero en forma líquida volátil alrededor de la tierra. Sólo más tarde se hundió en la tierra y se convirtió en la sustancia vegetal posterior. Y además de la sustancia silícea, esta atmósfera albuminosa estaba incrustada de cal finamente distribuida. De la materia calcárea, bajo la influencia de la coagulación de esta proteína, surgió lo animal. Y el hombre se sentía a sí mismo en todo esto. El hombre sentía que era uno con toda la tierra en los tiempos primitivos. A través de la imaginación, él vivía en lo que se formaba en la tierra como plantas, él vivía en lo que se formaba en lo terrenal como el animal, tal como acabo de describir. Cada ser humano básicamente se percibía a sí mismo como extendido sobre toda la tierra, como uno con la tierra. De modo que los hombres, como aún he descrito en mi libro "El cristianismo como hecho místico" en relación con la facultad humana de las ideas, eran uno con la enseñanza platónica.

Como ven, aquellas dos personalidades de las que hablé entonces en Stuttgart, y de las que vuelvo a hablar ahora, el destino hizo que nuevamente se encarnaran como miembros del Misterio de Éfeso, y allí absorbieran íntimamente en su alma lo que ahora he expuesto. En cierto modo sus almas se consolidaron así interiormente. Ahora absorbían como sabiduría terrena a través del Misterio lo que antes sólo les había sido accesible en experiencia, pero en su mayor parte en experiencia inconsciente. Así, la experiencia de lo humano en estas personalidades se extendía a lo largo de dos encarnaciones distintas. Como resultado, sin embargo, llevaban dentro de sí una fuerte conciencia de la afiliación del hombre con el mundo superior, con el mundo espiritual, pero al mismo tiempo una fuerte e intensa sensibilidad por todo lo que es terrenal.

Porque veran, si estas dos cosas fluyen siempre la una en la otra, si no se pueden mantener separadas, entonces se confunden la una en la otra; pero si se diferencian claramente, entonces se puede juzgar a cada una por la otra. Y así, por un lado, estas dos personalidades pudieron juzgar lo espiritual del mundo superior que seguía después de la vida y vivía en ellas como un eco de las encarnaciones anteriores. Y ahora que el asunto les fue transmitido en el Misterio, en el Misterio de Éfeso bajo la influencia de la diosa Artemisa, fueron capaces de juzgar cómo las cosas de la tierra llegaron a existir aparte del hombre, cómo lo extrahumano de la tierra surgió gradualmente de una sustancialidad original que incluía al hombre. Así, la vida de estas personalidades, que en parte todavía cae en el último tiempo en el que Heráclito vivió en Éfeso, pero luego en el tiempo posterior, la vida de estas personalidades se convirtió en particularmente interiormente rica, interiormente fuertemente impregnada por los misterios del mundo. Y también surgió una fuerte conciencia de que el hombre en su vida anímica puede estar conectado no sólo con lo que se extiende horizontalmente en la tierra, sino con lo que se extiende hacia arriba cuando el hombre estira su ser hacia arriba. Y esta configuración anímica interior, que estas dos personalidades, que habían trabajado juntas en el antiguo período egipcio-caldeo, que luego vivieron juntas en la época de Heráclito, podría decirse, pero todavía algo más tarde, en relación con el Misterio de Éfeso, esta cooperación podía ahora continuar. La configuración del alma que se había desarrollado en ambos pasó entonces por la muerte, pasó por el mundo espiritual y se preparó para una vida terrenal, a partir de la cual básicamente muchas cosas tenían que convertirse en un problema, tenían que convertirse en un problema de diferentes maneras, por supuesto. Y precisamente en la forma en que estas dos personalidades tuvieron que situarse en el curso histórico del desarrollo terrenal se puede ver cómo, a través de las experiencias de las almas de épocas anteriores, que luego continúan kármicamente en vidas terrenales posteriores, se preparan cosas que luego aparecen en vidas posteriores en metamorfosis de encarnación muy diferentes en el desarrollo de la humanidad terrenal.

Y cito este ejemplo porque estas dos personalidades aparecen después en una época extraordinariamente importante del desarrollo histórico, que también señalé entonces en Stuttgart. Pues, de hecho, ya hablé de todas estas cosas desde cierto punto de vista hace trece años. Estas personalidades, que en la época egipcio-caldea habían pasado por una vida mundana ampliamente extendida, que luego profundizaron interiormente esta vida mundana, de modo que sus almas se habían consolidado en cierto modo, estas personalidades vivieron en encarnaciones posteriores como Aristóteles y Alejandro Magno. Y sólo entonces, como ya mostré en Stuttgart en ese capítulo histórico, cuando se consideran estos antecedentes en las almas de Aristóteles y Alejandro Magno, se puede comprender en qué consiste realmente lo que luego actuó de forma tan problemática en estas personalidades en la decadencia de lo helénico en el punto de partida de la dominación romana, lo que luego actuó a través de estas personalidades. Hablaremos más de esto mañana en la próxima conferencia.

Traducido por J.Luelmo ago,2024

GA196 Dornach, 6 de febrero de 1920- ¿Qué necesita la humanidad para reestructurar Europa?

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¿Qué necesita la humanidad para reestructurar Europa?

RUDOLF STEINER

décima conferencia

Dornach, 6 de febrero de 1920


En las diversas reflexiones que hemos realizado aquí recientemente, hablamos de las necesidades de estos tiempos. Hoy el hombre debe adaptarse para asimilar la irrupción que quiere entrar en el mundo físico. Hemos visto cómo, de la manera más intensa, desde hace unos sesenta años, (1850 aprox.), en la vida europea se desarrolla una lucha que comenzó en el último tercio del siglo XIX y que contiene las causas de todas las confusiones de estos últimos tiempos. Ya llamé su atención sobre el hecho de que lo que está ocurriendo todavía se toma demasiado a la ligera, en la medida en que la gente no quiere aceptar el hecho de que la vieja Europa sólo tuvo una existencia fingida en el siglo XX, está rota y no puede pegarse. Esta crisis puede compararse a una crisis como la del antiguo Imperio Romano, cuando el cristianismo irrumpió gradualmente en este Imperio Romano y arrasó con todo lo que existía. Se ha desarrollado algo completamente nuevo. Los que tienen una visión de la vida se darán cuenta en general de que todo lo que se había construido desde el primer siglo cristiano se ha hecho añicos.

Veamos ahora lo que se ha construido. El misterio del Gólgota estaba allí. Pero el hecho de tener conocimiento de ello y su comprensión son dos cosas distintas. Aclaremos esto con una comparación. Supongamos que observan a una persona que tiene esto o aquello como contenido de su alma o como impulso para actuar. Si un niño observara a una persona así, se formaría un juicio; pero ésta es una visión infantil. Una persona que ha aprendido algo, que es adulta, también podrá formarse una opinión sobre esa persona; ésta será una opinión más madura. Pero no todos los que tienen una opinión madura podrán tener también un conocimiento o una comprensión suficientes de la persona en cuestión, si se trata de una persona genial, por ejemplo. Entonces sería necesario que otra persona de genio se hubiera formado una opinión sobre esta persona. Así que tenemos un hecho en este caso: una persona puede estar allí, y puede haber diferentes interpretaciones de este hecho. - Lo mismo pasa a veces con el acontecimiento que trajo el cristianismo al mundo. Este acontecimiento como tal estuvo allí, se sitúa en el punto de partida de nuestra civilización moderna. La comprensión que se ha dado hasta ahora a este cristianismo se basa esencialmente en las opiniones, ideas y conceptos que las personas han podido extraer de los fundamentos del alma que sustituyeron a los fundamentos del alma del antiguo Imperio Romano. Para corroborar esto, basta con mirar, por ejemplo, a Austria que, con la excepción de personalidades individuales destacadas, esencialmente tenía una cultura, -y no sólo una cultura espiritual, sino una cultura en toda la amplitud de la vida-, que básicamente se remontaba en esencia a los primeros siglos cristianos.

Ahí es donde empiezan las semillas de la decadencia. La gente no quería creerlo, pero cualquiera que conociera la situación podía verlo. Y lo mismo ocurría en el resto de Europa. Europa estaba construida sobre ideas muy antiguas, en una vieja espiritualidad. Y el misterio del Gólgota también se entendía sobre la base de estas ideas. Pero estas ideas han quedado obsoletas. Ya no bastan para transmitir la comprensión del acontecimiento del Gólgota al hombre contemporáneo. La inclinación conservadora del hombre es aferrarse a las viejas ideas. Sin embargo, las exigencias de una reorganización de Europa y de todo el mundo civilizado en general están arraigadas en el subsuelo del alma. Esta es la gran lucha que se libra en el corazón de la cultura europea desde hace unos sesenta años. Algo quiere tomar forma, pero las ideas conservadas de la gente lo impiden. Si la corriente de un río se represa en algún lugar, acabará apareciendo un rápido. Este rápido ha llegado a la cultura europea. Estos son los terribles años que han dado comienzo, que no han terminado en absoluto, que en realidad no han hecho más que empezar. Lo que es necesario hoy es establecer una nueva visión de la vida basada en fundamentos espirituales. Los que hoy se oponen a tal visión de la vida son como los que se opusieron al cristianismo cuando se extendió del Sur al Norte. La ola del desarrollo pasa por encima de tales personas.

Pero esas personas pueden causar muchas desgracias, y seguirán causando muchas desgracias. Tomemos las circunstancias concretas. Quienquiera que considere cómo surgió lo que uno podía ver antes del año 1914 y también en cierto sentido durante los últimos años, cuando comenzó la catástrofe, verá que en el mapa de Europa había ciertas llamadas fronteras estatales. Pueden rastrear a través de la historia por qué estas fronteras estatales se han desarrollado de esta manera a lo largo de los siglos. Pero tendrán la percepción, desde una visión real y desprejuiciada de la historia, de que estos estados, desde la gran Rusia hasta las entidades más pequeñas, surgieron bajo la influencia de la comprensión de Cristo, es decir, la comprensión de Cristo tal como se afianzó en Europa en la época de la llamada migración de los pueblos, en la época de la decadencia del Imperio Romano. En 1914, por poner una fecha, estas condiciones, que se expresaban en esas "líneas" que delimitaban Estados en el mapa de Europa, ya eran antinaturales. No quedaba nada real en estas fronteras. No había nada que tuviera estabilidad interior. Y quien crea hoy que algo puede mantenerse unido por lo que ya no era válido en 1914, va definitivamente por mal camino. Incluso lo que se ha formado o quiere formarse sobre la base de estas condiciones ya no es sostenible.

¿Qué pretenden hacer actualmente con el mundo civilizado los pueblos de Europa con su anexo americano? Veamos imparcialmente lo que la gente de Europa junto con los americanos quieren hacer con el mundo civilizado en la actualidad. Quieren hacer lo que en los primeros siglos post-cristianos, en las migraciones de los pueblos, tal vez podría haber surgido de las ideas que tenían los godos, los vándalos, los lombardos, Heruli, Cherusci y así sucesivamente, lo mismo que tenían los romanos antes de que fueran capturados por el cristianismo. Esto no sucedió, a pesar de que en aquella época la conciencia de la gente no era tan fuertemente contraria al curso de los acontecimientos como lo es hoy. Pero supongamos hipotéticamente que en aquella época la gente no hubiera querido que el cristianismo se extendiera, sino que hubiera querido una Europa unida a partir de las ideas de los ostrogodos y visigodos, los vándalos, los lombardos, etc., junto con los restos de la antigua esencia romana: ¡simplemente una imposibilidad! Sólo surgió una Europa posible porque a esta Europa llegó una influencia espiritual. Y esta influencia espiritual llegó a través del cristianismo. Sin esta influencia espiritual, que lo cambió todo, nada habría sido de Europa durante los siglos que van del IV, V al XX. Imagínense Europa sin la irrupción del cristianismo en los siglos pasados: no podrían imaginárselo. Piensen en lo que habría quedado de lo que los godos, los hérulos, los lombardos, etc., representaron en Europa. Hay que decirse: llegó la irrupción del cristianismo y todo cambió.

Si en aquella época los lombardos hubieran rechazado todo nuevo impulso con la misma fuerza con la que, por ejemplo, los checoslovacos o los polacos o los franceses lo rechazan hoy, entonces habría ocurrido lo que yo planteaba como hipótesis, lo imposible. Y del mismo modo que los lombardos se habrían comportado si hubieran dicho: no queremos el cristianismo, queremos seguir siendo lombardos, así se comportan hoy los checoslovacos, los magiares o los franceses, los ingleses, etcétera. No quieren una nueva influencia espiritual.

Pero Europa está en la zona cero sin una nueva irrupción. Nada surge. Nada está surgiendo de Europa como nada habría surgido de una Europa gótica, lombarda o vándala en el momento en que el cristianismo estaba maduro para hacer su irrupción en la civilización europea. Este pensamiento es uno de los que, con diferencia, teme el mayor número de personas hoy en día. Puede que les sorprenda cuando digo que tienen miedo, porque piensan que es por estas o aquellas razones de la vida o de la lógica u otras razones por las que se resisten a esta idea. No es el caso. La razón por la que se resisten es el miedo subconsciente. Cuando uno tiene miedo subconsciente, no entiende las cosas. Uno inventa razones lógicas, inventa todo tipo de observaciones que cree haber hecho para refutar este pensamiento, mientras que en realidad le tiene miedo. ¡Pero el hombre no reconoce su miedo! Pero el tiempo es tan grande que es absolutamente necesario examinar estas mismas circunstancias. Y es necesario pronunciar hoy palabras que ciertamente siguen sonando paradójicas para una gran parte de la gente. Cuando el cristianismo se difundió por primera vez, también sonaba paradójico para la gente. Sólo hay que imaginarse cómo sonaba cuando llegaron los propagadores del cristianismo, -digamos en Alsacia, por ejemplo, en Suiza-, donde la gente todavía adoraba las imágenes de Wodan, el dios Saxnot y demás, era algo paradójico. Hoy es paradójico para la gente cuando se les habla de lo que la ciencia espiritual de orientación antroposófica debe decir de una nueva irrupción y al mismo tiempo de una nueva comprensión del cristianismo. Sólo hoy todo debe hacerse consciente, sólo hoy todo debe ser más querido de lo que la gente era capaz de querer en aquella época. Por encima de todo, hay una cosa de la que la humanidad debe darse cuenta hoy con toda claridad. Tenemos una vida llamada científica, intelectual. En la conferencia del domingo pasado les describí un elemento de esta vida intelectual; les di el carácter que esta vida intelectual ha adquirido a través de la población de habla inglesa. No piensen que esta vida intelectual no afecta a la vida cotidiana. Lo que nuestros niños aprenden en la escuela, desde su sexto año en adelante, moldea sus almas, moldea al hombre entero, y la gente hoy en día va por ahí moldeada por nuestro sistema escolar, que en sus etapas inferiores está de nuevo fuertemente influenciado, especialmente hoy en día en la era de la difusión del periódico, mucho más de lo que uno pensaría, está enormemente influenciado por lo que se llama ciencia en las clases superiores de la vida intelectual. La ciencia tuvo sus grandes éxitos externos. Había llegado hasta el teléfono y la aviación, hasta la telegrafía sin hilos. Tiene sus grandes logros en todo este campo. Pero ya he llamado repetidamente su atención sobre una peculiaridad de esta ciencia, una peculiaridad de todo nuestro conocimiento. Esta peculiaridad consiste en el hecho de que podemos comprenderlo todo. Podemos comprender las máquinas, podemos comprender los minerales, podemos comprender las plantas, podemos comprender los animales, pero sobre todo podemos comprender al hombre a través de lo que nuestra ciencia nos ofrece. El hecho de que el hombre se derive directamente del reino animal, de que se diga que no es más que un estadio superior en el desarrollo del reino animal, sólo se debe a que no sabemos nada del hombre. No porque el hombre descienda realmente del animal, sino porque no se sabe nada del verdadero hombre, sino que sólo se puede revelar la idea que se tiene, se deja que el hombre proceda del reino animal.  Al fin y al cabo, no es más que un prejuicio de nuestra época, que carece de ciencia para emitir juicios sobre la gente. Por lo tanto, ni siquiera en el presente somos capaces de adquirir un verdadero conocimiento del hombre a partir de nuestra educación de la época. Por conocimiento del hombre no podemos entender ese conglomerado de todo tipo de ideas que la gente de hoy tiene sobre sí misma. Un verdadero conocimiento del hombre sólo podría surgir de la comprensión de aquello de lo que está construido el verdadero ser humano, el verdadero ser humano, aunque estudiemos todo lo que tenemos sobre la tierra, lo estudiemos con los medios de la ciencia actual, con ella podemos construir máquinas, con ella podemos diseñar mecanismos, pero con ella nunca podremos comprender al hombre. Para eso está la ciencia espiritual antroposófica, para hacer comprensible al hombre desde las condiciones extraterrenales. La gente siente esto, pero en sus ideas actuales no admiten que el hombre de hoy debe ser comprendido desde condiciones extraterrenales, suprasensibles. Y así no hay ciencia para este ser humano. Durante siglos, el mundo se ha estado engañando a sí mismo sobre este hecho de una manera extraña.

Permítanme ponerles un ejemplo, -podrían citarse muchos-, para mostrarles cómo se ha engañado a la gente sobre este hecho a lo largo de los siglos. Cuando empezamos con lo que aquí se ha desarrollado durante años como ciencia espiritual de orientación antroposófica, algunas personas que se habían acercado a lo que yo, por ejemplo, acababa de dar sobre la base de esta ciencia espiritual de orientación antroposófica, dijeron: "Preferimos sumergirnos en la mística de Meister Eckhart, en la mística de Johannes Tauler. Allí todo es mucho más sencillo; se puede decir tan bella y cómodamente: me sumerjo en mi yo interior, capto al hombre superior que hay en mí, mi yo superior ha captado al hombre divino que hay en mí. - Pero esto no es otra cosa que un egoísmo refinado, no es otra cosa que un repliegue sobre la personalidad egoísta, una huida de toda la humanidad, un autoengaño interior. Cuando, en los siglos XIV y XV, la gente empezó a ser capaz de comprender al ser humano, estaba claro que tenían que aparecer espíritus como Johannes Tauler y Meister Eckhart, que apuntaban al interior humano para buscar al ser humano. Pero hoy ese tiempo ha pasado. Hoy ya no es conveniente esa profundización e inmersión en el ser interior. Hoy se trata de entender realmente bien una frase de Cristo, -ese es el ejemplo al que me refiero-, esta única frase de Cristo, que es una de las más importantes, de las más significativas: "Cuando dos o tres están unidos en mi nombre, entonces yo estoy en medio de vosotros". Esto significa que si una persona está sola, entonces el Cristo no está allí. No se puede encontrar a Cristo sin sentirse unido a toda la humanidad. Hoy hay que buscar a Cristo por el camino que recorre toda la humanidad. Esto significa que la autosatisfacción interior aleja del impulso Crístico.

Esta es la desgracia de la teología protestante del siglo XIX en particular, que haya surgido el impulso de tener una mera experiencia interior egoísta individual de Cristo. Hay una cabeza coronada europea, una de las que todavía están coronadas, que siempre respondía cuando se trataba de acercarse a la cognición espiritual contemporánea: ¡Tengo mi experiencia personal de Cristo! Esta cabeza coronada se sentía satisfecha con ello. Pero muchos dicen algo parecido. Pero esa es precisamente la desgracia del presente, que la gente no quiere tener un interés general por lo humano impersonal. Sólo se llega a conocerse a sí mismo cuando se conoce al hombre como tal. Pero no se puede llegar a conocer al hombre como tal sin buscar su origen en condiciones extraterrenas.

Piensen cómo se busca el origen de lo que hoy es el hombre en condiciones extraterrenas en el sentido de mi "Ciencia Oculta en bosquejo". Esta "Ciencia Oculta" es tan poco atractiva para la gente por ninguna otra razón salvo la de que se rechaza todo conocimiento concreto del hombre como resultado de todo el universo, es decir, del universo extraterreno. Pero en la época actual esto es especialmente necesario. La época actual debe decidirse a añadir lo otro, las fuentes espirituales de conocimiento a todo lo que hoy apreciamos como fuentes de conocimiento.

Aquí radica, llámenlo culpa, llámenlo ignorancia, -pueden utilizar una u otra palabra, las palabras no son importantes-, lo que debe caracterizarse como emanado de nuestras universidades científicas, de esas personas que marcan la pauta cuando hablamos de lo que el hombre puede y no puede saber. Lo que emana de nuestras universidades europeas y americanas en términos de la llamada sabiduría humana, pero también en términos de sabiduría social, sabiduría técnica, etc., contempla el mundo con exclusión de todos aquellos factores que naturalmente incluyen al ser humano. Quien hoy pretende acceder a cualquier posición humana dirigente, aunque sólo sea de baja categoría, no tiene la oportunidad de conocer nada que le permita adquirir conocimiento de la naturaleza humana. Y sin conocimiento de la naturaleza humana no hay vida social, sin conocimiento de la naturaleza humana no hay renovación del cristianismo. Hoy se puede ser teólogo sin tener ni idea de lo que significa el misterio del Gólgota, porque la mayoría de los teólogos de hoy no tienen ni idea de quién es Cristo. Hoy se puede ser abogado sin tener ni idea de lo que es el ser humano. Uno puede convertirse hoy en médico sin tener ni idea de cómo se construye este ser humano a partir del cosmos, sin tener ni idea de cómo se relacionan el cuerpo sano y el enfermo. Uno puede convertirse hoy en técnico sin tener ni idea de la influencia que la construcción de cualquier máquina tiene en todo el curso del desarrollo de la tierra, y uno puede ser hoy un brillante inventor de un teléfono sin tener ni idea de lo que el teléfono significa para todo el desarrollo de la tierra. La gente carece de una visión del curso evolutivo de la humanidad. Y cada ser humano tiene la necesidad de formar un pequeño círculo y de adquirir una rutina en este pequeño círculo, de aplicar esta rutina en el sentido de su egoísmo, de modo que pueda distinguirse a sí mismo sin tener en cuenta cómo encaja en este todo mundial aquello que añade como parte al todo mundial. Si se construyeran casas en el mundo con el mismo método con el que hoy se fundan existencias, se derrumbarían inmediatamente. Si uno moldeara ladrillos y construyera casas con estos ladrillos según el mismo método con el que hoy formamos a nuestros teólogos, nuestros abogados médicos, filólogos, etc., y especialmente a los filósofos estas casas no podrían estar ni una semana en el mundo entero. En las grandes condiciones, la gente no se da cuenta del colapso. Desde el último tercio del siglo XIX se viene derrumbando continuamente. La gente no sabe nada de ello; al contrario, habla del gran auge, y algunos todavía hablan de reconstruir un mundo nuevo con los mismos ladrillos que hace tiempo que se han vuelto inservibles. No se puede construir un mundo nuevo si no se produce una nueva irrupción espiritual en todo el mundo civilizado desde la base. Se puede pegar algo, pero no se puede construir sin esta irrupción espiritual.

Hay personas, -bienintencionadas-, que tienen un miedo irremediable a tal intensidad de conocimiento, a tal intensidad de comprensión como la que se busca a través de la ciencia espiritual. Tienen miedo por una cierta razón, -no les estoy diciendo nada imaginario, sólo las cosas que corresponden a los hechos-, se dicen a sí mismos: Qué aburrido será cuando se sepa todo sobre el hombre acerca de lo que la ciencia espiritual pretende saber; entonces ya no se podrá esperar que el futuro traiga nuevos conocimientos, entonces ni siquiera se podrá saber que el conocimiento ayudará. Terrible visión del futuro, siguen pensando, ¡cuando ya se sabe todo!

No quiero decir que ésta sea una respuesta cómoda para aquellos que son demasiado perezosos para acercarse al conocimiento, sino que me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que en el momento en que el hombre es visto a través de la forma en que puede ser visto a través de la ciencia espiritual, sólo entonces comienza realmente la posibilidad de pensar en la construcción social. No hay otra manera de justificar la construcción social que llevando primero el conocimiento del hombre a la pureza, por así decirlo. Para darse cuenta de ello, basta con decirse a uno mismo lo siguiente. Tomen todo aquello que desemboca en nuestras comunidades actuales, -los hombres no se lo deben en absoluto a su ilustración; no se lo deben a las ideas que han absorbido plenamente en su conciencia, se lo deben a esas fuerzas espirituales que brillan a través de la sangre, que han brotado de las antiguas conexiones sanguíneas, de las relaciones de sangre. Hoy todavía tenemos algo que entra en nuestro mundo como remanente de esa antigua relación de sangre, que nos da el principio nacional que sale a la luz en ella. La razón por la que una persona se llama a sí misma inglesa, otra francesa, otra polaca, proviene de todo lo que siempre ha sido el origen de esas relaciones entre los seres humanos que se basan en las relaciones de sangre. A lo largo de los milenios de desarrollo humano esta relación de sangre ha tenido su justificación, pues a través de esta relación de sangre surgió lo que unió a las personas, lo que fundó las comunidades humanas. Y tal como pueden ver en mi "Ciencia Oculta", las personas no eran en absoluto tan homogéneas al final de su desarrollo en la tierra. Las almas humanas habían venido a la tierra desde los lugares más diversos, como ustedes saben, y en verdad no se amaban, sólo aprendieron a amarse al nacer como almas en cuerpos relacionados por la sangre.  En conferencias anteriores he mostrado repetidamente cómo la naturaleza benéfica de esta relación de sangre, de esta comunidad de sangre, fue combatida por las fuerzas que se oponen a la humanidad, por las fuerzas luciférico-hrimánicas. Eso fue en la antigüedad. Precisamente entonces los hombres dependían de tener comunidades humanas fundadas en las relaciones de sangre. Hoy creemos que sólo hace falta traducir el antiguo principio de consanguinidad a un lenguaje abstracto y que podemos decir que esta abstracción está revestida de "catorce puntos": A cada individuo, incluso al pueblo más pequeño, ¡su derecho a la autodeterminación! - hay que ser Woodrow Wilson en su enajenidad, en su abstracción, si se puede hacer tal cosa. Hoy debemos darnos cuenta: Eso fue una vez. Los lazos de sangre fundaron comunidades humanas. Hoy, los poderes Ahrimánicos y Luciféricos que se oponen a la humanidad están determinados por otra cosa; hoy la gente debe ser seducida por las relaciones de sangre. Así como Cristo no vino al mundo para abolir la ley, sino para tomarla en sí mismo, las relaciones de sangre no deben ser abolidas, por el contrario, las relaciones de sangre deben ser encauzadas primero en la dirección correcta. Pero mientras que en la antigüedad las entidades ahrimánicas y luciféricas surgían en los corazones humanos contra la consanguinidad y querían dividir a las personas en individuos egoístas contra la consanguinidad. Hoy de lo que se trata es de que la gente se deje seducir por los poderes ahrimánicos y luciféricos para basarse sólo en las relaciones de sangre, cuando hoy ya es el tiempo de darse cuenta de que todo ser humano que realmente tiene cuerpo, alma y espíritu y está ante nosotros desciende del mundo espiritual, desciende del mundo espiritual de tal manera que ha pasado por una vida preterrenal. Él busca por sí mismo la sangre a través de la cual quiere encarnarse en la tierra. Y debe desarrollarse gradualmente un sentimiento por esta comunidad espiritual. En los tiempos precristianos la reencarnación estaba presente como un sentimiento, pues antes del año 1860 a. C., antes del cristianismo, sólo era una comprensión; después del año 1860 a. C. sólo era un sentimiento instintivo en todo Egipto, en el Cercano Oriente y en la época romana. Ahora, sin embargo, llega el momento en que la visión del hombre como un ser espiritual que experimenta un desarrollo entre la muerte y un nuevo nacimiento se convierte en un sentimiento vivo, en una sensación viva, cuando hay que vivir en la concepción del significado sobrenatural de las almas humanas. Porque sin esta idea la cultura de la tierra morirá. No seremos capaces de desarrollar ninguna actividad práctica en el futuro sin ser capaces de levantar la vista hacia el significado espiritual del hecho de que cada ser humano es un ser espiritual. Y uno tendrá que añadir, por más paradójico que esto todavía le parezca a la gente hoy en día, -paradójico no tanto en teoría, pues no quiero teorizar, sino paralelizar, en sentimiento, pero es así-, que habrá que aprender no sólo a decirse a uno mismo: Nos alegramos como padres de que nos haya nacido un niño, nos alegramos de este crecimiento de nuestra familia porque nos ha nacido este niño, -sino que tendremos que decir: ¡No, somos simplemente el instrumento para que una individualidad espiritual que espera continuar su existencia en la tierra encuentre la oportunidad de hacerlo a través de nosotros!  Entre las cosas anticuadas tendrá que quedar, por ejemplo, la concepción aristocrática del progenitor, la concepción aristocrática de la mera continuación sanguínea de la familia, y habrá que extender ese sentimiento a toda la humanidad. Los aristócratas de hoy todavía tienen la actitud de que es sobre todo su tarea continuar su linaje para que el ser humano físico tenga descendientes con el mismo nombre. El sentimiento tendrá que invertirse en el sentido de que estos sucesores tendrán que estar al servicio de la humanidad en su conjunto, para que ciertas individualidades que quieren descender al mundo puedan continuar su existencia aquí en esta tierra. Los viejos sentimientos en la aristocracia, en la aristocracia familiar, llegan hasta nuestros días. Esto debe ser contrarrestado por el sentimiento de ese conocimiento general del hombre; entonces también podremos comprender de nuevo a Cristo. Pues no apareció en la tierra por el bien del egoísmo familiar, sino por el bien de toda la humanidad. No apareció en la tierra por el bien de ninguna nacionalidad, sino por el bien de toda la humanidad. No apareció para que los que se llaman a sí mismos los vencedores pudieran establecer estados nacionales, sino para que la humanidad universal pudiera cultivarse en la tierra por medio del marco de lo nacional.

Estas cosas yacen en el fondo de lo que está sucediendo ahora. Y lo hacen de tal manera que básicamente lo que se quiere hoy con la existencia terrenal se opone a lo que la mayoría de la gente sigue diciendo hoy, a lo que la mayoría de la gente sigue queriendo hoy. Pero si la gente sigue queriendo esto, sólo justificará cosas que se llevan a sí mismas ad absurdum, que se llevan a sí mismas a la imposibilidad. O nos damos cuenta de ello o tendremos que vadear el caos europeo durante mucho tiempo. La mejor manera de seguir vadeando este caos europeo es establecer Estados nacionales.

Por esta razón tuvimos que hablar de la gran responsabilidad precisamente a aquellos a los que la dominación del mundo recaerá exteriormente en un futuro próximo. Esta responsabilidad está ahí. El pueblo de habla inglesa tiene esta terrible responsabilidad ante el mundo, de no seguir rechazando lo espiritual, de no seguir siendo baconiano o newtoniano, sino de aceptar el espíritu en su nueva forma. Pongan hoy ante sus almas la imagen, Newton, formando esa visión astronómica del mundo de la que Herman Grimm dice con razón, tal como uno se la imagina en el sentido de esta visión astronómica del mundo, que la tierra y el sistema planetario del sol surgieron de una bruma, de una fina nebulosa, que se ha transformado y metamorfoseado, que los animales, los humanos y las plantas también han surgido de este vórtice y que un día el todo volverá a caer en el sol, -Un hueso de carroña alrededor del cual da vueltas un perro hambriento es una pieza más apetitosa que esta visión del mundo-; y las épocas futuras tendrán muchas dificultades para comprender la locura cultural e histórica de los sistemas newtoniano y de Kant-Laplace que se enseñan hoy en las escuelas. Es decir, uno se preguntará: ¿Cómo pudo toda una época estar tan loca como para alabar este punto de vista?  Hoy en día todavía se considera una locura ponerse del lado de Goethe contra Newton cuando se trata de las ideas de Goethe sobre los fenómenos físicos. Pero todo lo que yace en las tareas del tiempo está realmente conectado con estas cosas. Unas pocas personas empiezan hoy a reconocer estas conexiones, y me sorprendió gratamente en cierto sentido cuando se explicó en el último número de nuestra revista "Die Dreigliederung" cómo lo que se escribe en mi libro "Die Kernpunkte der sozialen Frage" sobre el conocimiento social del mundo significa lo mismo que en su día significó el goetheanismo para la ciencia natural. Pero al igual que la gente se apartó de Goethe porque tenía que contradecir la ciencia natural de la época, la gente hoy en día se está apartando de la tríple articulación social. ¿Por qué? Porque contradice lo familiar, como en su día lo hizo el Goetheanismo, de modo que también contradicen esta triple articulación.

Estas cosas pueden incitar a preguntar: ¿Pero qué debe hacer el individuo? En primer lugar, depende de la actitud ante el asunto, de una discusión clara y objetiva. Es importante que realmente empiecen a desarrollar un profundo interés por los asuntos de toda la humanidad. Pueden echar la vista atrás y ver lo que han vivido en los últimos cuatro o cinco años y nunca han tenido más oportunidades de conocer a un cierto tipo de sabelotodo en el mundo una y otra vez, porque básicamente todo el mundo era un sabelotodo. Después llegaron los alemanes, que sabían exactamente quién tenía la culpa de la guerra y que en realidad eran muy inocentes; Después llegaron los franceses, que sabían exactamente cómo era todo; Después llegaron los italianos, que al menos seguían confesando su "sacro egoísmo". El pueblo siempre supo exactamente de qué iba todo. Todos tenían sus puntos de vista, tenían sus pensamientos, sus ideas. Es fácil tener estas ideas sin ningún documento. Eres francés de sangre, eres polaco de sangre, eres checoslovaco de sangre, y eso te da una cierta visión de cómo debería organizarse la vida en Europa. No es necesario hacer otra cosa que esto o aquello, sentir en el interior de uno mismo, y se juzga, se juzga tal como los juicios se les enfrenten. Esta es la gran desgracia de nuestro tiempo, que la gente, sin esforzarse realmente, sin interesarse por los asuntos de la humanidad, emite juicios a partir de su subconsciente, considera que esto o aquello es correcto, considera que esto o aquello es indispensable. Pero ya ha pasado el tiempo en que se puede juzgar esto o aquello como indispensable desde el inconsciente. Ha llegado el momento en que los juicios sólo pueden hacerse sobre la base de hechos, en que hay que hacer un esfuerzo para tener realmente una visión de conjunto de la necesidad del tiempo y de lo que el tiempo exige de uno. Hoy duele el corazón cuando uno se encuentra con personas que sólo se interesan por sí mismas. Porque esa es la gran desgracia de nuestro tiempo, mientras que la única redención del tiempo podría ser que ahora, después de las cosas terribles que han ocurrido en los últimos años, la gente se dijera a sí misma: Debemos interesarnos por los asuntos de toda la humanidad, no debemos detenernos en lo que nos ocurre directamente sólo en el círculo íntimo de nuestro pueblo. 

Estas cosas vienen directamente de la ciencia espiritual como un sentimiento, y las digo hoy para preparar pensamientos finales individuales. Vean aquí este edificio, que es el representante de nuestra ciencia espiritual antroposófica. Ustedes pueden tener sensaciones por una u otra cosa en este edificio, tendrán razón. Pero sólo quien ve en cada línea individual algo que exigen las necesidades más urgentes de nuestro tiempo, quien ve que el edificio debe estar ahí porque nuestro tiempo exige esto o aquello, porque esto o aquello debe sentirse en estos o aquellos pilares, en estas o aquellas hileras de ventanas; porque es necesario que la humanidad saque hoy este edificio, lo que quiere ser, de toda la configuración del tiempo. Y quien al mismo tiempo sienta, una vez que sienta a través de todo este nuevo estilo, reconocerá que este estilo no tiene nada que ver con nada que sea especializado para esto o aquello, sino que sólo tiene que ver con lo que en general es más humano. No hay nada en toda esta construcción a lo que americanos, ingleses, alemanes, rusos, japoneses y chinos no puedan decir sí, porque no se basa en los sentimientos de un individuo. No seré, al menos por nadie que me conozca, considerado una persona inmodesta si digo: yo mismo no conozco nada que se esté haciendo actualmente de este tipo que sea tan independiente de la voluntad humana diferenciada y se fusione con el conocimiento y la comprensión más generales de la naturaleza humana como este edificio.

Pero esto debe ser asumido si las cosas que quieren surgir de nuestras motivaciones en relación con el futuro del hombre han de servir a este futuro del hombre para la salvación y no para el daño.