CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 27

GA316 Dornach, 24 de abril de 1924 Encuentro nocturno con jóvenes médicos

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 RUDOLF STEINER

CONFERENCIAS PARA MÉDICOS Y ESTUDIANTES DE MEDICINA

Encuentro nocturno con  jóvenes médicos

Dornach, 24 de abril de 1924

En respuesta a una pregunta sobre la percepción del «ser líquido» a través de la contemplación imaginativa, Rudolf Steiner respondió lo siguiente:

Pero claro está, ustedes no lo entenderán bien si parten de los detalles y no del conjunto. Sería necesario que partieran de esas reflexiones sobre el conjunto y, sobre todo, que siguieran meditando sobre las cosas que ya he mencionado. De hecho, en la naturaleza, cuando consideramos las relaciones de manera global —me refiero únicamente a lo que debe conducir gradualmente a una representación imaginativa—, encontramos la forma de la gota. Normalmente se imagina como una gota que se mantiene unida desde dentro. Pero eso no es necesario. También se puede concebir la gota formada desde todos los lados, desde el exterior. Entonces, en la superficie de una gota se tiene la unidad de la extensión del mundo.

Por supuesto, en estos asuntos también hay que tener en cuenta que la representación imaginativa debe apuntar hacia lo verdadero, y que las representación actuales, que uno se forma a partir de la cultura general, se alejan, en la medida de lo posible, de la verdad. Hoy en día, el ser humano tiene la representación de que existe el espacio infinito y que en él se encuentran dispersas las estrellas. Pues bien, partir de una idea así significa, de manera descarada, no tener en cuenta nada más que lo que uno mismo ha concebido. Tomen, por ejemplo, una noticia que apareció hace algún tiempo en la prensa y que hay que tomarse más en serio de lo que se cree: cómo se ha logrado demostrar que, a partir de una determinada distancia de la Tierra, el cosmos no está vacío, sino que es sólido y está lleno de nitrógeno cristalizado. Como ven, hoy en día las cosas son aún tan inciertas que esta visión es perfectamente posible. Bueno, claro que tampoco es así, pero al menos de todo esto se desprende lo superficiales que son, en realidad, las suposiciones que se han extraído hasta ahora de la observación. Porque cualquier día de estos alguien podría decidirse a imaginar que vivimos aquí como en un espacio vacío, donde en el centro se encuentra la Tierra, algo más densa, y a su alrededor el nitrógeno solidificado, que nos hace creer que vemos el cielo estrellado. Por supuesto, eso también es una tontería, pero creo que, de hecho, es cierto que aún se pueden concebir todo tipo de ideas, incluso a partir de las informaciones externas, sobre la forma en que está realmente constituido el cosmos. Ahora bien, es cierto que esta noticia sobre el nitrógeno cristalizado bien podría ser una broma de abril, pero muchas personas pueden creerla. No se es más tonto por creer esa noticia que por atenerse a lo que hoy se acepta de forma generalizada. Y es un materialismo brutal imaginarse lo que hoy se da por sentado. Porque, en realidad, el universo entero parece una esfera hueca, como si desde la periferia entraran fuerzas por todas partes. Es totalmente cierto que se trata de estructuras que se han formado firmemente desde el exterior y que solo pueden modificarse o diferenciarse según las estrellas, de modo que ya en la configuración de las estrellas que vemos tenemos una imagen original de lo que vuelve a suceder en nuestro interior. Así se llega a una imaginación a través de esta representación, que muestra la cabeza humana.

Ahora fíjese: una vez que haya dirigido la mirada primero hacia la cabeza humana y luego hacia el pájaro, hacia la estructura del pájaro. La estructura del pájaro, sobre todo en lo que respecta al esqueleto, se interpreta erróneamente si se compara sin más con un ser humano completo o con un mamífero completo. En realidad, si se quiere comparar la estructura del pájaro, solo se puede comparar con la cabeza humana, y entonces hay que imaginarse que en la cabeza humana se encuentra la estructura del pájaro modificada y que el pájaro tiene el resto de su cuerpo en forma de órganos anexos cortos de las más diversas formas. Las patas, como es sabido, siempre están atrofiadas en el pájaro.

Ahora imagínense la gota formada de tal manera que la estire hasta convertirla en un cilindro (se dibuja). Si extienden la gota hasta convertirla en un cilindro e imaginan que lo que se ha diferenciado del cosmos en la mente permanece, solo que, al estirar la gota hasta convertirla en un cilindro, se modifica de las formas más variadas, entonces obtienen al ser humano de torso. Para imaginarse al ser humano de torso, hay que pensar en la bóveda craneal atrofiada. Pero entonces, una vez que ha obtenido el cilindro y lo ha invertido aquí, debe imaginarse que ha llegado a la tercera etapa. Así se obtiene al ser humano de extremidades. Sin embargo, al principio se obtiene al ser humano de extremidades de tal manera que lo que he dibujado aquí se manifiesta, en realidad, primero en los brazos. Así pues, deben imaginarse que se expande y que, en realidad, primero se forman los brazos, y que la segunda expansión se produce entonces al crearse desde el interior una segunda imagen que proviene de la Luna. Pero dejen de lado los brazos para que resulte más sencillo. De este modo, pasan de la esfera a la expansión y luego a la invaginación. - Si se acostumbran a crear imágenes mediante la expansión y la invaginación, estarán dando los primeros pasos hacia lo que necesitan para que el alma se acostumbre realmente a trabajar en el ámbito imaginativo. Porque, en realidad, toda la vida orgánica consiste en expansión e invaginación, y piensen solo en lo maravilloso que es eso.

Supongamos, pues, que me imagino la esfera y, a continuación, la esfera alargada; eso es la expansión hacia arriba, provocada por la circunferencia. Si, como imagen opuesta a la circunferencia, se imaginan aquí la Tierra con sus fuerzas, tendrán a la Tierra bajo el ser humano como aquello que lo invagina. Hacia arriba: el cosmos se expande; hacia abajo: la Tierra se invagina, de modo que ya han extraído la imagen del cosmos y han invaginado al ser humano desde la Tierra. Así pues, ahora pueden responder imaginativamente a la pregunta: ¿qué pasaría si no estuviera la Tierra debajo de ti y el cielo estrellado encima de ti? - Y así, en realidad, si desean crear imágenes, no deben limitarse en ningún momento a remodelar, por ejemplo, la forma en el ser humano, sino que deben acostumbrarse a contemplar, en la transición de lo sólido a lo líquido, todo el universo como un todo y a imaginar gradualmente contornos sólidos y nítidos; lo líquido siempre lucha contra lo sólido y quiere someterlo al flujo, a la corriente de todo el universo. Y así se llega a ver por todas partes esta expansión y esta invaginación. Pero también se llega a buscar por todas partes las imágenes opuestas.

Ya saben que, en embriología, se parte de la base de que nunca se tienen indicios de por qué las cosas son como son. Se parte del óvulo, se pasa al conjunto celular, se observa que, de repente, se produce una invaginación y se forma la gástrula. Pues bien, en realidad tampoco deben imaginárselo de otra manera, sino que, por un lado, donde está la superficie, se crea la oportunidad para que el cosmos pueda actuar, y donde se produce la invaginación, para que la Tierra pueda actuar (se dibuja).



Tomemos una célula de la epidermis situada cerca de la superficie. Las hay por todas partes. Ahora tenemos una célula situada cerca de la superficie. Lo que, como principio de la Tierra, provoca la invaginación, sigue actuando en el ser humano. Y así, estos principios terrestres siguen actuando en todas partes. Por ello, siempre existe la tendencia a dirigir lo que es líquido en el ser humano, de modo que se mueva siempre de esta manera, de tal forma que se produzca una invaginación tras otra: invaginación —tras otra— invaginación —tras otra—, y esto se produce en las más diversas direcciones. Ahora imaginen que esto ocurre como si cualquier sustancia acuosa se desplazara y se solidificara. Ahora observen cualquier órgano desde este punto de vista. En todas partes podrán ver en él lo que se ha solidificado, lo que se ha vuelto firme, lo que se ha invaginado y, por otro lado, podrán percibir cómo se ha evaginado. Y así se llega a la forma de los órganos y a la visión de cómo actúan las fuerzas desde los distintos lados, y se llega a reducir todos estos órganos a una unidad. Solo hay que tener claro que hay que partir de un punto muy concreto: el de los elementos plásticos. Ya lo ha señalado: las formas deben comprenderse mediante la modelación. Pero inténtelo de verdad una sola vez con cualquier material plástico y blando, para hacerse una idea real de ello, de tal manera que, en la lámina 19, por un lado coja el material que hay aquí y, con la otra mano, empuje la arcilla. Ahora inténtelo al mismo tiempo y vea cómo queda. Tendrá la sensación de que el espacio vacío es una auténtica tontería. El espacio está diferenciado en todas partes según las fuerzas, y de esta manera aprenderá poco a poco a comprender todo lo plástico.

Ahora bien, si quiere comprender a las personas de forma plástica, por supuesto también debe ser capaz de llegar a los extremos. ¿No es así? Para empezar, puedo imaginarme aquí la esfera. Me imagino que la esfera se expande por un lado y se hunde por el otro. Sí, pero ahora imagínese que va más allá, que la encoge aquí hasta tal punto que supera la expansión, y entonces obtiene una estructura así, o mejor dicho, dos estructuras. Pero ahora piensen más allá, que esas estructuras no actúan solo en un lado. Imaginen que hacen una expansión, una invaginación —expansión, invaginación—; luego, además, una invaginación desde abajo y una expansión hacia arriba; si repiten esto tres veces, obtendrán, de forma plástica, la forma de los dos pulmones. Así irá adquiriendo poco a poco una idea de cómo todo el ser humano está interrelacionado en su interior con tales fuerzas, y luego pase a lo siguiente.

Se trata de un concepto muy importante, cuya relevancia patológica y terapéutica solo quedará claramente de manifiesto cuando se publique el libro que edita la Dra. Wegman. Será entonces cuando, por primera vez, quedemos claro qué relación existe entre el órgano formado y la función del órgano. Tomemos como ejemplo la función de los órganos. La función de los órganos es aquello que se mantiene en estado líquido y fluctúa continuamente; lo mismo que el órgano ha completado, es lo que genera la actividad, de modo que uno puede preguntarse: ¿qué es el movimiento de los jugos en el estómago? Es, en estado líquido, lo mismo que el propio estómago una vez solidificado. Si el movimiento de los jugos se solidifica, entonces se tiene el propio estómago. Si no fuera así, no se podría curar ningún órgano en absoluto. No se puede actuar sobre el órgano sólido, sino solo sobre el órgano fluctuante.

El ácido silícico tiene la misma función que el riñón humano. Si ahora administro al ser humano, de la misma manera, el ácido silícico que se encuentra en el equiseto, creo en la zona donde se encuentran sus riñones la imagen de un riñón. Esta imagen sustituye entonces, en ese lugar, a la actividad astral. Esta expulsa la antigua sustancia renal y permite que, a partir de lo que se encuentra en estado fluido, se forme la nueva sustancia renal, tal y como se forma de por sí al cabo de siete u ocho años. El proceso se acelera al provocar este fantasma. Hay que comprender que, allá donde hay un órgano, también está presente continuamente la actividad que lo forma, y esta siempre se solidifica en el órgano. Así se entra en el ámbito de los fluidos.

Pero luego surge otra cuestión. Entonces hay que llegar a la siguiente conclusión: sí, cuando observo al ser humano «sólido», lo que veo son precisamente las imágenes que aparecen en los libros de anatomía. Lo que vemos ahí no es más que el diez por ciento del ser humano. Bueno, así es. Mientras contemple esos contornos sólidos en el ser humano sólido, ahí está el hígado = hígado, el pulmón = pulmón, el estómago = estómago. Pero si paso ahora al ser humano líquido, puedo descubrir cómo ese flujo de jugos se concentra de manera muy especial, digamos, en el hígado, y se dedica a construir un hígado a partir del líquido. Pero cada órgano quiere convertirse siempre en el ser humano completo. De hecho, en el ser humano líquido existe esta tendencia en cada órgano, de modo que hay que imaginarse lo siguiente: si extirpo el hígado, este sigue siendo hígado. Pero si extrajera el líquido a partir del cual se ha formado el hígado, este tendría la tendencia a convertirse en el ser humano completo. Tienen que imaginárselo así: por un lado, la tendencia a adoptar contornos; por otro, la de impregnar todo en todas partes.

Cuando uno se lo toma en serio, suele ser así. El punto de partida de las fórmulas de meditación es que, poco a poco, puedas decirte a ti mismo lo que yo te estoy diciendo. En todas ellas se encuentra el punto de partida para adentrarte en tu propia imaginación. Quien empieza a meditar siente al principio un enorme deseo interior de hacerlo, pero a partir de cierto punto, cuando la cosa empieza a ponerse seria, surge una resistencia, porque se vuelve tremendamente complicada. Si no se aborda la meditación con una seriedad extraordinaria, le ocurre lo mismo que a quien busca a Lucifer y obtiene a Ahriman como imagen. Entonces la meditación surte el efecto de que se obtiene lo contrario de lo que se busca. Quien busca a Ahriman, se encuentra con Lucifer. Esa es la dificultad. La mayoría de las veces se pierde la paciencia, no se persevera. No se trata tanto del tiempo, sino de la aplicación intensa de la paciencia; en ese caso, cinco minutos de meditación pueden ser, en determinadas circunstancias, un tiempo muy largo. Pero da igual si se pierde la paciencia en medio año o en cinco minutos. Deben tener paciencia; entonces verán cómo empiezan a comprender las cosas y cómo pueden pasar de ser personas sólidas a personas fluidas.

Pero entonces necesitará el principio musical cuando pase al ser humano de forma etérea. Para ello, debe comprender el proceso de la respiración, y si realmente medita, prestará atención a su respiración. Y entonces se perfila interiormente el ser humano astral, de forma etérea. Y verá, entonces deberá aprender a sentir: en realidad, el ser humano recorre el mundo sin autoconocimiento. Ahora aprende a percibirse a sí mismo, a sentir a través de su respiración. Esto es algo que ocurre en primer lugar: cuando uno tiene la costumbre de pensar de forma matemática, también cualitativamente, llega a decirse de repente: «¿Acaso eres tres mitades?». Uno tiene la sensación de ser como si fuera tres mitades. ¿En qué se basa esto? En que uno empieza a sentir a través de la respiración que, por un lado, tiene un pulmón dividido en tres partes y, por otro, un lóbulo pulmonar dividido en dos. Y así, al experimentar las estructuras internas en proporción a través del aire, uno puede ascender hacia lo astral-aéreo,

Y si uno es capaz de escucharse atentamente mientras habla, esa es la forma de estudiar realmente la organización del yo. También puede alcanzar la organización del yo meditando primero y avanzando luego hacia la comprensión real: tome cualquier mamífero, digamos un perro, un esqueleto, y concéntrese intensamente en la parte trasera y en la parte delantera. Una no es más que la modificación de la otra parte. Ahora debe pasar a lo cósmico y concebir la forma trasera a través de las fuerzas lunares y la forma delantera a través de las fuerzas solares; y así debe imaginarse cómo el Sol mira a la Luna, de modo que en el lado lunar tendrá la parte trasera del animal y en el lado solar, la parte delantera del animal. Y luego imaginen que ahora tiene lugar la modificación por parte del Sol y la Luna para que el ser humano se erija, y así obtendrán la transformación. De este modo, todo el asunto se desplaza un nivel, y así también pueden llegar a la organización del «yo». Pero deben proceder de esta manera: lo espacial debe desaparecer en lo plástico, lo plástico en lo musical y lo musical en aquello que pueda tener sentido.

Si procede así, se centrará en lo general, y esa es, en realidad, la forma más sensata de actuar; de lo contrario, acabará sumido en la confusión. Debe partir de estos principios y no de los detalles.

Traducido por J.Luelmo