CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA182 Heidenheim, 29 de abril de 1918 - El hombre y el mundo

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EL HOMBRE Y EL MUNDO

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner

 Heidenheim, 29 de abril de 1918


Conferencia 3

Hoy queremos examinar algo de lo que yo llamaría la relación que puede surgir entre el alma humana individual y lo que entendemos por ciencia espiritual de orientación antroposófica. Hoy en día, cuando se oye hablar de esta ciencia espiritual, a menudo no se considera con suficiente profundidad, en qué se diferencia esta relación del alma humana con la ciencia espiritual, de la relación de cualquier otro conocimiento, de cualquier otro saber con esta alma humana. La ciencia espiritual, tal y como se entiende aquí, es de tal naturaleza que habla a algo muy diferente en el alma humana que cualquier otro conocimiento. A través de cualquier otro conocimiento se aprende esto o aquello; se aprende algo sobre una cosa u otra del mundo; entonces se sabe más de lo que se sabía antes. Las ciencias espirituales no se relacionan con el alma humana de tal manera que solo transmitan algo que después se sepa. Las ciencias espirituales apelan a impulsos mucho más profundos del alma humana que el mero conocimiento o el mero pensamiento. La ciencia espiritual capta, o al menos quiere captar, lo más profundo de nuestro ser, aquello que, procedente de los mundos espirituales, entra en nuestro ser humano terrenal con el nacimiento y que luego abandona este ser humano terrenal en la muerte para migrar a los mundos espirituales hacia otras tareas. Solo se podrá comprender la ciencia espiritual en todo su significado para el alma humana si se contempla con toda la sensibilidad su relación real con el mundo exterior y con la vida humana.

No se puede considerar al ser humano en su totalidad si no se tiene claro lo siguiente: lo que vive en mí como ser humano, lo que se forma en mí como ser humano al haber adquirido un cuerpo físico al nacer, lo que me acompaña a lo largo de mi vida, siendo primero un niño inexperto y torpe, y luego cada vez más experimentado y hábil, lo que se desarrolla en mí como destino, todo lo que está presente en mi cuerpo y en mi vida, es en realidad la transformación de un ser espiritual y anímico que ha vivido en lo espiritual y anímico antes de que el ser humano fuera concebido o naciera. Y a este ser espiritual y anímico que habita en el cuerpo se dirige en realidad lo que se entiende por ciencia espiritual.

Ahora bien, se podría pensar que no es necesario que el ser humano se ocupe de su naturaleza espiritual y anímica, ya que esta naturaleza espiritual y anímica ya encontrará su camino en el mundo. Pero no es así. Lo que hay en nosotros de espiritual y anímico nos embarga y está en nosotros, se envuelve en cierto modo en parte en nuestro cuerpo, en parte en nuestras capacidades y en parte en nuestro destino. Y se podría decir: Precisamente en el ciclo de desarrollo actual de la humanidad, en el que la humanidad se encuentra ahora y en cuyo sentido seguirá desarrollándose hacia el futuro, precisamente en el sentido de este presente y del futuro, el ser humano debe redimir, en cierto modo, lo que se ha arraigado en él como principio espiritual de su cuerpo, como principio espiritual de su trayectoria vital y de sus capacidades, como principio espiritual de su destino. No podemos escapar al espíritu. El espíritu vive en nosotros. Podemos ignorarlo, pero seguirá viviendo en nosotros de todos modos.  Podemos observar al ser humano más perezoso, más cómodo, más indolente, que nunca en su vida se ha esforzado por desarrollar de forma autónoma nada de lo que hay en su mente en forma de aptitudes religiosas o espirituales, que en cierto modo ha permanecido completamente insensible, podemos observarlo: no es un ser sin espíritu. Hablar de personas sin espíritu es simplemente una expresión incorrecta. No hay personas sin espíritu; tampoco existe la posibilidad de ser sin espíritu en la vida. Porque lo espiritual y lo anímico es nuestra dote al entrar en el mundo físico desde los mundos espirituales; se nos asigna en función de lo que hemos vivido antes de descender a esta vida terrenal actual. No podemos carecer de espíritu, pero podemos ignorar el espíritu que hay en nosotros. En cierto modo, podemos pecar contra él, podemos no querer redimirlo. Podemos querer que solo se introduzca en nosotros, que se oculte en nosotros: entonces está presente en nosotros, pero no lo hemos liberado, no lo hemos redimido.

De este modo, debemos aprender a observar gradualmente la vida de las personas. Nuestra concepción de la vida será entonces muy diferente, y debe serlo con el paso del tiempo. En la vida podemos encontrar personas que se han vuelto apáticas y desagradables. No diremos que carecen de espíritu, pero sí diremos: han cometido el pecado de enterrar el espíritu durante su vida, de dejar el espíritu en su encantamiento, de dejar que el espíritu se deslice en la carne, en el mero curso exterior de la vida, de dejar que el espíritu se pudra en el destino. Cuando nacemos, solo podemos convertirnos en seres humanos cuando la individualidad espiritual y anímica desciende de los mundos espirituales y anímicos. Y cuando el niño aparece en su primera organización, es una imagen aún imperfecta de la individualidad espiritual. Está en él. Se puede ignorar, o se puede desencantar, o se puede sacar poco a poco de la carne, de la vida, del destino. Pero esa es la tarea del ser humano y, en el futuro, lo será cada vez más: no dejar que el espíritu se deteriore. No podemos matar el espíritu, pero podemos dejar que se deteriore obligándolo a seguir un camino diferente al que sigue cuando lo sacamos.

Si a partir de un día nos esforzamos por aprender algo sobre los mundos espirituales, por sentir algo sobre los mundos espirituales, en realidad lo sacamos de nosotros mismos. Lo demás es solo un estímulo. Lo sacamos de nosotros mismos. Todo lo que alguna vez se han dicho sobre la ciencia espiritual, lo han sacado de ustedes mismos, porque está en lo más profundo de su interior y quiere salir. Y está destinado a salir, y es un pecado contra el orden del mundo dejar al espíritu encerrado en la mera carne, porque allí se extravía; allí lo abandonamos a un destino que él no debe seguir. Liberamos al espíritu sacándolo de la carne. Y al impregnarnos conscientemente del espíritu, redimimos lo que quiere ser redimido desde las profundidades de la existencia. Esto se comprenderá cada vez más. Se comprenderá cada vez más que el materialismo no consiste simplemente en no permitir que surja una [otra] teoría, o en que permita que surja una teoría falsa, sino en que deja que lo que quiere entrar en el conocimiento, en la sensibilidad del alma humana, descienda a la materia burda y prolifere en ella. Esto es lo que la humanidad tendrá que decidir en un futuro próximo: si quiere dejar que el espíritu prolifere en la materia, convirtiéndose así en una deformación, cayendo en un delirio diabólico, infernal, arimánico, o si la humanidad prefiere transformar el espíritu en pensamientos, sentimientos, impulsos de voluntad: entonces el espíritu vivirá entre los seres humanos y logrará lo que quiere lograr, entrando en la vida de la Tierra a través de los seres humanos. Porque eso es lo que quiere el espíritu: entrar en la vida de la Tierra a través de los seres humanos. No debemos retenerlo. Y cada vez que nos resistimos a conocer al espíritu, lo retenemos: en cierto modo, tiene que sumergirse en la materia, tiene que empeorar la materia. Porque el espíritu tiene su tarea asignada: debe entrar en la vida terrenal a través del desarrollo anímico de la humanidad; entonces actúa de forma beneficiosa. Si es rechazado hacia la materia, entonces actúa de forma devastadora en la materia, entonces actúa de forma nefasta.

 Si lo tomamos como la esencia del conocimiento científico-espiritual, veremos que tiene mucho que ver con nuestra vida humana. La ciencia espiritual no quiere ser una teoría como tantas otras, sino que quiere dar al ser humano la posibilidad de liberar al espíritu que está encantado en la naturaleza humana, de liberar lo que quiere actuar en el mundo desde los mundos espirituales. Sin embargo, esa es también la razón por la que muchas personas siguen rechazando enérgicamente la ciencia espiritual hoy en día. La gente acepta con gusto otras ciencias, porque estas otras ciencias halagan el orgullo y la vanidad de los seres humanos, pero no pretenden ser algo real, sino que solo pretenden proporcionar ideas, formar la mente y tal vez también enseñar a los seres humanos algunos conceptos morales útiles; no pretenden llegar al núcleo del ser humano, ni proceden de mundos en los que se asigna una tarea al espíritu. Me gustaría decir que, gracias a la ciencia espiritual, el conocimiento humano cobra seriedad, y eso es algo que la gente teme. Quieren que la ciencia espiritual sea solo algo que chapotea en la superficie de la existencia. Les da miedo que se acerque al núcleo y la esencia del ser humano. Por eso no quieren aceptar la ciencia espiritual. Si la aceptaran, muchas cosas tendrían que cambiar en la vida social, en la vida histórica en un futuro muy próximo, y las personas tendrían que pensar de otra manera en su vida cotidiana. Y eso es lo que importa. Por eso, aunque se puede aceptar la otra ciencia, uno sigue siendo el mismo durante toda la vida, solo se enriquece en conocimientos. Uno no debe aceptar la ciencia espiritual sin que esta lo transforme, ni puede aceptarla sin que lo transforme. Uno se convierte lenta y gradualmente en otra persona. Hay que tener paciencia, pero uno se convierte en otra persona, porque apela a tareas humanas completamente diferentes y apela a algo completamente diferente en la naturaleza humana.

Echemos un vistazo a esta naturaleza humana, veamos cuán variada es la vida humana. El ser humano se manifiesta en tres corrientes: como ser humano pensante, como ser humano sensible y como ser humano volitivo. En realidad, lo que podemos experimentar se agota en el pensar, el sentir y la voluntad. Ahora bien, estos tres impulsos del alma humana, el pensar, el sentir y la voluntad, guardan una relación muy concreta con lo que la ciencia espiritual quiere abordar en el alma humana, en el núcleo del alma humana. 

Tomemos primero la imaginación. La imaginación, sin duda, es moldeada por la ciencia convencional y por aquello que hoy en día, procedente de esa ciencia convencional, se introduce cada vez más en la educación infantil y, por lo tanto, es tan importante para todo el desarrollo del destino de la humanidad, también para la vida práctica, porque debe impregnar al niño. La imaginación [no] es moldeada por la ciencia convencional. No hace mucho tiempo, unos pocos siglos, esto era así de manera eminente, por lo que hoy en día la gente no lo nota. Pero no pasará mucho tiempo antes de que lo que digo ahora se pueda notar de manera realmente generalizada. Se pueden asimilar durante toda la vida los conceptos científicos tal y como se enseñan hoy en día a los más jóvenes, a los niños, sin que por ello, al asimilar tantos conceptos en el sentido de la ciencia actual, sea necesario cambiar en lo que respecta a la imaginación. Se sigue siendo el mismo.  Sí, no solo se sigue siendo el mismo, sino que es innegable que, debido a los conceptos científicos habituales, que cada vez se incorporan más a la educación general, incluso en el ámbito intelectual se vuelve cada vez más limitado. La mente, en la medida en que es pensante, pierde la capacidad de adaptarse a las circunstancias de la vida, que son mucho más complicadas de lo que el ser humano puede asimilar con los conocimientos habituales.

Verán, nos llega al corazón cuando tenemos la oportunidad de observar la vida actual. Quienes se han acostumbrado por completo a los conceptos que pueden ofrecer hoy en día las ciencias naturales, son cada vez más incapaces de comprender las relaciones sociales y las exigencias sociales llenas de vida. Está siendo literalmente apartado de la vida real. Y por eso he dicho estos días, aquí y en otros lugares: formad parlamentos y representaciones estatales con personas que sean cultas en el sentido de la cosmovisión actual. ¡Veréis lo que deciden estos eruditos que piensan científicamente! Esto es sin duda adecuado para corromper a las personas en lo más profundo en lo que respecta a las instituciones sociales, porque en este ámbito de la vida social solo se puede pensar de manera infructuosa a partir de conceptos científicos. Así es en muchos, muchos aspectos. Se pierde cierta flexibilidad mental con este conocimiento meramente intelectual. Esto cambia en cuanto uno se adentra en los conceptos de la ciencia espiritual. Traten de comprender lo diferente que deben sintonizar su mente si quieren comprender lo que ofrece la ciencia espiritual y lo que ofrece hoy en día la educación en el mundo exterior. Sin duda, las ciencias espirituales encuentran tanta resistencia porque requieren más agilidad, más fluidez mental para poder comprenderlas. En la literatura popular actual, o incluso en sus ramificaciones, que llegan a los medios de comunicación, donde la gente adquiere conocimientos en sus periódicos dominicales, las personas pueden moverse con extraordinaria facilidad. Y cuando acuden a las conferencias actuales, donde se les presenta ante los ojos y la boca lo que se les muestra en todo tipo de diapositivas, para que no tengan que pensar, para que no tengan que poner en movimiento la mente, no encuentran en todo ello nada que libere la mente como pensante, como imaginativa. Pierde su imparcialidad. La mente se vuelve estrecha y limitada. Nuestra educación intelectual es el camino hacia la estrechez mental. Es cierto que nuestra formación intelectual ha avanzado enormemente en los campos de las ciencias naturales y la tecnología, pero es el camino hacia la estrechez de miras, limita el pensar y el imaginar. Y hay que apelar a algo completamente diferente en la imaginación si se quiere comprender la ciencia espiritual. Por eso, cuando la gente se acerca hoy a la ciencia espiritual, ¡ya temen dar el primer paso! Después de leer solo unas pocas páginas, algunos dicen: «Me pierdo, no puedo seguir adelante, ¡esto es fantasía!». No es fantasía, sino que la persona en cuestión ha perdido la capacidad de liberar realmente sus pensamientos, de sumergirse en la realidad con ellos, cuando no son los sentidos externos los que los controlan.

Por un lado, la ciencia espiritual apela a esa fuerza de la naturaleza humana que nos libera de nuestras limitaciones y nos permite comprender no solo lo poco, sino lo mucho, en nuestro pensar y en nuestra vida imaginativa. Lo dije muy en serio cuando afirmé estos días en una conferencia pública en Stuttgart: al investigador espiritual le da igual si uno es materialista o espiritualista; eso no importa, es secundario. Lo que importa es desarrollar suficiente fuerza espiritual para avanzar correctamente. Quien tiene esta fuerza, esta fuerza espiritual, puede ser materialista, pero encontrará el espíritu en la materia y sus procesos, siempre que sea coherente. Y quien es espiritualista tampoco se queda ahí, diciendo: ¡espíritu, espíritu y espíritu...! sino que se sumerge en la vida material, también en la vida práctica, y deja que su pensamiento se haga fructífero hasta en los gestos más cotidianos.  La versatilidad, tal y como la exige la vida actual, —y la vida del futuro la exigirá aún más—, la versatilidad es lo que en primer lugar convierte al ser humano en un ser humano desde el punto de vista de las ciencias espirituales. Y eso es lo que necesita la humanidad que se enfrenta al futuro. Quien conoce la vida actual y observa los acontecimientos catastróficos que nos rodean, sabe que una de las causas profundas de la catástrofe actual es que los seres humanos se han vuelto unilaterales, a pesar de toda su elevada formación científica, que carecen de la capacidad de penetrar en las cosas de manera versátil. Carecen de la flexibilidad mental necesaria para sumergirse en la realidad. La versatilidad es lo que se gana para la imaginación a través de la ciencia espiritual. 

La ciencia espiritual también aporta algo a los sentimientos. Porque quien quiere pensar tal y como lo exige la ciencia espiritual, quien tiene que acostumbrarse a este mundo mucho más móvil, libera algo que de otro modo solo vive [oculto] en el ser humano, de modo que se desarrolla desde el interior del ser humano. En nuestros sentimientos, tal y como los traemos al nacer, vive el ritmo del mundo. Más de lo que se cree, todo el ritmo del mundo vive en nosotros. Esto se puede demostrar incluso numéricamente, pero muy pocas personas saben algo de estos misterios de la existencia. No tema acompañarme en estas reflexiones sobre cómo todo el ritmo del mundo vive en nuestro propio organismo, en lo que ocurre dentro de nosotros. Como saben, cada año el amanecer se adelanta un poco más. Si nos remontamos a la antigüedad, el llamado punto vernal del sol estaba en Tauro ♉; luego pasó a Aries ♈, pero cada año se adelantaba en Aries; ahora está en Piscis ♓. El sol no sale cada año el 21 de marzo en el mismo punto; por eso recorre toda la órbita circular. Y después de aproximadamente 25 920 años, el sol da una vuelta completa, aparentemente de forma natural, describiendo toda la elipse. Si hoy sale en un punto determinado de Piscis, volverá allí dentro de 25 920 años. Lo curioso es que si consideramos estos aproximadamente 25 920 años como el gran año cósmico, tal y como lo consideraban los antiguos griegos, y buscamos un día de este año cósmico, debemos dividir por 365. ¿Qué es entonces un día de este gran año cósmico? Son aproximadamente entre 70 y 71 años. Es decir, la vida media de un ser humano cuando envejece. Si pensamos en la vida humana tal y como se vive aquí en la Tierra como un día, y tomamos todo el año platónico, es 365 veces más. Eso es lo que necesita el sol para dar una vuelta completa al zodíaco : 365 días, de los cuales el ser humano vive uno en una vida terrenal. Es un ritmo hermoso, pero este ritmo va mucho más allá. Piensen que en un minuto hacemos aproximadamente 18 respiraciones. Estas 18 respiraciones, multiplicadas por 60, dan las respiraciones de una hora; esto multiplicado por 24 da las respiraciones de un día y una noche. Si calcula 18 por 60 por 24, obtendrá: 25 920. Es decir, usted realiza tantas respiraciones en un día como años terrestreso necesita el sol para completar su propio año. El mismo ritmo que se encuentra en el curso externo del sol se encuentra internamente en la respiración. Y lo curioso es que uno se pasa un día respirando 25 920 veces. Tomemos un día como si fuera una respiración: en cierto sentido, un día es una respiración, porque por la mañana nuestro cuerpo y nuestro cuerpo etérico inhalan nuestro yo y nuestro cuerpo astral, y por la noche, al dormirnos, exhalamos nuestro yo y nuestro cuerpo astral; es una inhalación y una exhalación. ¿Cuántas veces lo hacemos en un día soleado, en aproximadamente 70 o 71 años? Hacemos esta respiración, que significa la vida en un día, calcule usted mismo: casi exactamente 25 920 veces. Porque tantos días vivimos en 71 años. Así pues, una sola respiración se relaciona con las respiraciones de todo un día de veinticuatro horas como el avance del punto vernal en un año se relaciona con el avance del sol a lo largo de 25 920 años. La vida terrenal individual del ser humano es, en relación con el gran año solar de 25 920 días, como un día, un día de nuestra vida; un día de veinticuatro horas está presente tantas veces en nuestra vida de 71 años como un año en la órbita solar. Piense en lo que realmente significa que estemos inmersos en el maravilloso ritmo del cosmos iluminado por el sol, que nuestra vida, en la medida en que es vida humana interior, expresa puramente matemáticamente la gran música de las esferas del cosmos.

Cuando el ser humano comienza a profundizar emocionalmente en estas cosas, entonces se percibe a sí mismo como un microcosmos frente al macrocosmos. Solo entonces percibe cómo creó Dios, en su naturaleza humana, todo este gran mundo infinito a su imagen. Pero eso es algo que hay que sentir, que hay que percibir. Este sentir, esta percepción, este sentirse a uno mismo en el universo, este sentirse a uno mismo en toda la espiritualidad del mundo, ¡es algo que nos viene en última instancia de la ciencia espiritual! Nos abrimos al mundo, mientras que de otro modo nos encerramos en nuestro yo estrechamente limitado. Somos una imagen de Dios, pero normalmente no lo sabemos; comenzamos a sentirnos como la imagen del mundo divino, como el microcosmos en el macrocosmos. Aprendemos a reconocernos a través de los sentimientos. Esto ocurre poco a poco, lentamente. Me gustaría decir: al igual que recorremos esta lenta sucesión de días a lo largo de nuestra vida, los sentimientos que nos aporta la ciencia espiritual nos hacen sentir este sentimiento del mundo. Pero el ser humano debe adquirir este sentimiento universal. Porque este sentimiento universal le inspirará a su vez para las grandes tareas que la humanidad tiene por delante en el futuro. Por extraño que pueda parecer hoy en día: ¡no pasarán ni cincuenta años y los seres humanos ya no podrán construir fábricas ni cultivar la tierra según las exigencias que se le impondrán a la humanidad si no tienen este sentimiento! La catástrofe en la que nos encontramos actualmente no es más que la expresión del callejón sin salida en el que ha entrado la humanidad. El mundo ya ha avanzado, pero los seres humanos aún no han avanzado lo suficiente con su pensar y su sentir; por eso, sus pensamientos y sentimientos no bastan para penetrar realmente en este mundo y armonizar el trabajo de la humanidad. La humanidad estará condenada a desarrollar cada vez más la discordia en la convivencia social y a sembrar cada vez más el germen de la guerra por todo el mundo, si en sus sentimientos no consigue encontrar la armonía con el cosmos, para extenderla a todo lo que hace, incluso a lo más cotidiano. Por lo tanto, la ciencia espiritual está relacionada con aquello que debe intervenir directamente en el curso de la cultura más extrema, o la humanidad no saldrá del callejón sin salida. En el futuro no se podrán mantener fábricas ni escuelas si no se desarrollan conceptos a partir de las grandes tareas del universo. Ya hoy en día existían tareas, pero los seres humanos no las han tenido en cuenta; de ahí ha venido esta catástrofe. Las causas más profundas ya se encuentran en lo que acabamos de decir. La humanidad debe tener en cuenta estas señales de Dios que se manifiestan en estos acontecimientos catastróficos. Los seres humanos deben aprender a establecer una relación consciente con el cosmos, porque de otro modo ya no será posible seguir adelante.

Permítanme darles un ejemplo que hoy en día muchos considerarán absurdo y algunos tacharán de locura: sin duda se han logrado grandes avances, por ejemplo, en el campo de la química, pero se han logrado sin el sentido del mundo que acabo de expresar. En el futuro habrá que desarrollar este sentido del mundo: la mesa del laboratorio tendrá que convertirse en un altar. El servicio a la naturaleza que se desarrolla, incluso en el experimento químico, tendrá que ser consciente de que la gran ley del mundo pasa por la mesa del laboratorio cuando se disuelve una sustancia con otra para obtener el precipitado o algo similar. Habrá que sentirse dentro de todo el universo, entonces se trabajará de otra manera y se encontrará algo muy diferente a lo que la gente ha encontrado hoy, que es grande, pero que no podrá dar el fruto adecuado, porque se encuentra sin reverencia, sin el sentimiento que se impregna de la armonía del universo. ¡Cuántas personas han abstraído lo que Pitágoras llamó música de las esferas! Aquí tienen una sensación de la música de las esferas en la experiencia del ritmo que atraviesa el universo. No hay que imaginar nada abstracto, sino algo que entra en el sentimiento vivo.

¿Saben lo que ocurriría si esta generosidad del alma no se manifestara en los sentimientos? Acabamos de decir: flexibilidad, o versatilidad del pensamiento y de la imaginación, eso es lo que se manifiesta en el pensar, en el imaginar. En los sentimientos debe manifestarse la generosidad, la apertura hacia el mundo. Lo contrario, —pueden verlo venir si observan el mundo con un poco de valor—, es la vulgaridad, el filisteísmo. ¿Qué ha aportado al ser humano la gran cultura «bendita» de los tiempos modernos, tan materialista para muchos? En el fondo del alma yace la vulgaridad, lo frívolo. La vulgaridad y la frivolidad solo serán vencidas por esa apertura, esa generosidad del alma, que se siente como un microcosmos dentro del macrocosmos, que puede sentir reverencia por todo lo que, como algo divino y espiritual, flota y pulsa a través del mundo. Así como la estrechez de miras, la estrechez intelectual en la vida imaginativa debe ser vencida por la ciencia espiritual, también la vulgaridad y la frivolidad deben ser vencidas por la ciencia espiritual en el ámbito de los sentimientos. Y hay un tercer aspecto que se nos presenta cuando observamos la voluntad. Las cosas suelen tener su origen en la voluntad. Solo el psicólogo, el conocedor del alma, ve lo que se está preparando, ¡pero ya llegará! Por supuesto, hoy en día la gente cree a menudo otra cosa, pero quien es capaz de comprender el curso más profundo de la evolución de la humanidad se da cuenta de que nada está tan extendido en la vida humana general en el ámbito de la voluntad, —mucho más en los tiempos modernos que en los antiguos—, como la torpeza. La torpeza es algo que amenaza con degenerar en un terrible mal para el desarrollo de la humanidad en el futuro. Creo que hoy en día ya se nota claramente: a las personas se les enseña a hacer esto o aquello de manera unilateral. Si tienen que hacer algo con las manos, que no han aprendido a hacer, no se sienten cómodos. ¿Cuántas personas son capaces hoy en día, —permítanme mencionar estas cosas—, de coser un botón de los pantalones cuando es necesario en situaciones especiales? Pocas personas son capaces de hacer cualquier otra cosa que no esté directamente relacionada con lo que han aprendido en el sentido más estricto. Eso es algo que no debe sucederle a la humanidad. Los seres humanos dejarían atrofiar lo que era su herencia espiritual cuando descendieron del mundo espiritual al nacer, si se volvieran tan unilaterales como exige a menudo la «bendita» cultura. Quien solo ve las cosas de forma teórica, no ve las conexiones. Pero quien realmente se apropia de la ciencia espiritual de forma viva es un enemigo interno de la parcialidad, porque la ciencia espiritual produce en el alma humana un estado de ánimo que también tiende a la versatilidad. Si no solo asimilan las ciencias espirituales con la cabeza, sino que se sumergen en ellas de tal manera que estas ciencias espirituales palpiten en su alma como la sangre en el cuerpo, sin duda ganarán cierta versatilidad para adaptarse al entorno. Ganarán la capacidad de hacer cosas que de otro modo simplemente no sabrían hacer. Se desarrolla la destreza en la voluntad, el ser humano se vuelve adaptable al entorno. Por supuesto, pueden decir, si quieren decirlo: en los antropósofos que se unen en la sociedad, no notamos precisamente que se hayan vuelto terriblemente más hábiles, que se hayan vuelto más aptos para la vida. Muchos lo dicen. No lo digo yo, pero se dice. Sí, eso se debe a otra cosa. Todavía no se ha llegado al punto de que la vida antroposófica palpite en el alma de las personas como la sangre en el cuerpo, sino que la mala costumbre de asimilar todo solo con la mente, con el intelecto, ha sido traída desde fuera. Para muchos, la ciencia espiritual también se convierte en una mera teoría; se convierte en algo que piensan, pero que no forma parte de su esencia. Si solo piensan en la ciencia espiritual, da igual si leen un libro de ciencia espiritual o un libro de cocina. Quizás un libro de cocina sea incluso más útil. La ciencia espiritual debe tomarse tan en serio que realmente cautive a todo el ser humano en toda su alma. Entonces pasa a los miembros, entonces los miembros se vuelven móviles, el ser humano se vuelve más apto para la vida. Se trata, sin embargo, de ganar una fuerza de convicción interior sobre las cosas, de no contentarse con la convicción exterior, sino de ganar una convicción interior.

 Quien conoce el valor intrínseco de la ciencia espiritual sabe que, si se asimila con frescura y vitalidad, es capaz de prolongar la vida física del ser humano. Por supuesto, puede que haya gente que diga: «Bueno, hay alguien que solo ha vivido hasta los cuarenta y cinco años, ¡o incluso hasta los veintisiete!». Sí, pero plantee la siguiente pregunta: ¿qué edad habría alcanzado la persona que vivió hasta los cuarenta y cinco años con la ciencia espiritual si no la hubiera aceptado en sus veinte años? ¡Hágales la contrapregunta! Las pruebas externas no son válidas para estas cosas internas. Las estadísticas y cosas por el estilo no tienen ningún valor si se quiere tener en cuenta lo interno. Las estadísticas tienen un gran valor en la vida externa, pero incluso allí se limitan a lo externo y no abarcan en absoluto lo que es el principio de la vida. Es fácil verlo: está totalmente justificado que las compañías de seguros se basen en estadísticas y aritmética; se basan en la esperanza de vida de una persona y, en función de ello, aseguran a las personas. Pero no se le ocurrirá morir cuando, según el cálculo de probabilidades, llegue el año de su muerte para la compañía de seguros. Por lo tanto, en la realidad, no considere como determinante lo que realmente es determinante para la vida exterior. Todo lo que las estadísticas y los cálculos de probabilidad tienen de valor para la vida exterior deja de tener importancia cuando comienza el valor de convicción para lo espiritual. Pero solo lo conseguirán si aceptan la ciencia espiritual como un elixir de vida. Entonces se convertirá en el elixir de vida, de modo que el ser humano se adapte a las circunstancias.

Entonces se producirá una inversión. Una vez me sentí muy entristecido, —se podría decir: ¡qué persona más extraña, entristecerse por eso!—, cuando estuve en una casa y el dueño tenía que pesarse siempre con precisión en una balanza para saber cuánta carne y cuántas verduras debía comer. ¡Tenía que pesar todos los alimentos por separado! Imaginen la inseguridad instintiva que supondría para la humanidad que cada uno quisiera pesar su arroz y su col en cada comida. Esta inseguridad instintiva vendría dada por la ciencia puramente intelectual, ya que esta solo puede mostrar estadísticamente lo externo. Pero no se trata de que perdamos el instinto, —y lo perdemos a través de la educación intelectual—, sino de que lo espiritualizamos; de que nos volvemos tan seguros como lo es el instinto, pero el espiritual.

Esto es lo que considero especialmente significativo al tener en cuenta la voluntad. La ciencia espiritual se infiltra en la voluntad, la prepara, de modo que el ser humano se adapta al entorno sin darse cuenta de cómo se integra en lo que le rodea. Al crecer junto con el espíritu, crece en el entorno.

Verán, hay que aprender a experimentar el espíritu. Pero eso se hace a través de la ciencia espiritual. Y de cara al futuro, la humanidad tendrá cada vez más necesidad de experimentar el espíritu.

Porque, ¿cómo experimenta el ser humano lo que le ha sido dado por la concepción o el nacimiento? Imagínense: a cierta distancia de ustedes se dispara un cañón. Oyen el estruendo. La luz la ve un poco antes. Pero supongamos que las cosas fueran así: usted estaría junto al cañón y, por algún motivo, saldría udted disparado tan rápido como el sonido. Volaría por el aire a la misma velocidad que el sonido: entonces no oiría el sonido; en el momento en que deja de oír el sonido, sigue moviéndose a la velocidad del sonido. Esa es la razón por la que el ser humano no percibe el espíritu, porque se mueve con la misma velocidad con la que actúa el espíritu, desde el nacimiento hasta la muerte. En el momento en que asimila las verdades de la ciencia espiritual, se sitúa a una velocidad diferente a la del cuerpo. Por eso empieza a percibir el mundo bajo una luz diferente. Del mismo modo que perciben el sonido porque no tienen la misma velocidad, perciben el espíritu en el transcurso de la vida al adoptar otro ritmo, al crear paz interior, tal y como pueden leer en mi libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». ¡No vivir con el cuerpo, sino crear otro ritmo! Pero eso es algo que la humanidad debe aprender, algo que tiene una importancia enorme.

Hoy en día, la gente no tiene en cuenta cómo eran realmente las cosas en épocas anteriores. La historia es realmente una especie de fábula convenida, pero eso no nos ocupa hoy. En épocas anteriores se educaba de otra manera.En la educación anterior se prestaba mucha más atención a la vida del alma. Esta vida puramente intelectual es algo que realmente ha surgido en los últimos cuatro o cinco siglos. No se tiene en cuenta que el ser humano es un ser compuesto de múltiples partes. El intelecto es muy susceptible de ser educado en el ser humano; puede desarrollarse, pero, lamentablemente, no es susceptible de desarrollarse a lo largo de toda la vida humana, y menos aún en nuestro ciclo temporal actual. Está ligado a la cabeza del ser humano, y la cabeza solo es susceptible de desarrollarse hasta los veintiocho años como máximo. El ser humano necesita vivir en la Tierra tres veces más tiempo del que su cabeza es capaz de desarrollarse. Es cierto que en nuestra juventud somos capaces de desarrollarnos intelectualmente, pero solo lo somos hasta aproximadamente los veintiocho años.  El resto de nuestro organismo sigue siendo capaz de desarrollarse durante toda la vida; también nos exige algo a lo largo de toda la vida. Lo que se le da hoy al ser humano es solo conocimiento intelectual, no conocimiento del corazón. Yo llamo conocimiento del corazón a aquello que habla a todo el organismo, y conocimiento de la cabeza a aquello que es solo intelectual y solo habla a la cabeza. Ahora bien, la cabeza debe estar en una interrelación constante con el corazón, también en lo moral y en lo anímico. Esto no puede suceder hoy en día, porque damos a nuestros hijos tan poco para el corazón, por así decirlo, para todo el resto del organismo, y solo les damos algo para la cabeza. El ser humano llega a los treinta y cinco años. Ahora tiene como mucho un conocimiento de la cabeza; en el mejor de los casos, tiene el recuerdo del conocimiento de la cabeza que absorbe. Recuerda de forma puramente intelectual lo que ha adquirido. Pero pregúntense si la enseñanza actual es capaz de lograr que, más adelante en la vida, no solo se recuerde lo que se ha aprendido, sino que se reviva con cariño lo que se ha asimilado en la juventud; que realmente se conserve algo de lo que se ha enseñado, de modo que se pueda renovar. Pero eso debe convertirse en el ideal de la ciencia espiritual en la educación, para que no solo se recuerde. Ahora bien, hoy en día ni siquiera se hace eso. Se hacen los exámenes y luego se olvida lo que se ha aprendido. Pero supongamos que la gente recuerda: ¿es lo que las personas han aprendido en la escuela un paraíso al que les gusta volver? Retrocedan de tal manera que digan: al recordar, la mañana de la vida brilla en mí, y ahora que he envejecido, el envejecimiento lo transforma en algo nuevo dentro de mí; lo he asimilado de tal manera que puedo transformarlo, no solo lo recuerdo, lo transformo, se vuelve nuevo para mí.

El contenido del alma de las personas se llenará de vida cuando los principios de la ciencia espiritual renueven toda nuestra educación, toda nuestra cultura espiritual. Y entonces los efectos del envejecimiento prematuro en la humanidad serán cada vez más raros. Quien sigue el desarrollo de la humanidad sabe que antes del siglo XV las personas más ancianas no eran tan viejas como lo son hoy en día las personas más jóvenes. La senilidad está aumentando de forma devastadora. Esta senilidad solo se puede controlar si se produce precisamente este estado de ánimo, si en la juventud obtenemos lo que se puede transformar en la vejez, lo que nos puede renovar; lo que no solo recordamos, sino lo que transformamos, porque pensamos en ello como en un paraíso. La ciencia espiritual, como un verdadero elixir de vida, también lo introducirá en la vida inmediata. La escuela se convertirá en algo completamente diferente. La escuela se convertirá en un lugar donde se sea consciente de que hay que ocuparse de toda la vida del ser humano. Porque lo que se le ofrece al niño se manifiesta de una manera completamente diferente en la vejez. Al niño se le ofrecen ciertas cosas de tal manera que aprende a admirar y a respetar algo. Esto reaparece en la vejez. En la edad intermedia permanece más en segundo plano, pero en la vejez reaparece y nos da el poder de influir positivamente en los niños. O como dije una vez en una conferencia pública: quien no ha aprendido en la infancia a juntar las manos, no podrá bendecir en la vejez. El sentimiento interior relacionado con juntar las manos reaparece en nosotros, como transformado, en la vejez, en la capacidad de bendecir. Si nos limitamos a seguir la educación actual, hoy en día no sabemos qué les estamos dando a los niños para su edad posterior, entre los siete y los catorce años, e incluso antes, y sobre todo más allá de los catorce años, con lo que se ofrece a la juventud actual. Esto es terriblemente grave, porque así se sientan las bases de toda la megalomanía que se inculca hoy en día a los jóvenes, de toda la presunción y los prejuicios, ¡como si de alguna manera se pudiera tener ya un «punto de vista»! Hoy en día se oye decir a los más jóvenes: «Pero ese no es mi punto de vista». Todo el mundo tiene un punto de vista. Por supuesto, no es posible tener un punto de vista a los veinte años. Hoy en día no se fomenta precisamente esta conciencia.

Todo esto se puede resumir diciendo: lo que vive en el ser humano se acercará de nuevo a la realidad. La realidad se situará en una relación sana con el alma humana. Eso es lo que debe ser el ideal de la ciencia espiritual con respecto a la relación del alma humana con la realidad. Precisamente en el gran plan de la vida, la gente habla hoy sin ninguna relación con la realidad. Quien comprende lo que debe vivir en el alma humana en relación con la realidad, a veces puede sufrir tormentos solo por la forma que tiene el pensamiento actual. Cuando el maestro piensa así, el niño sufre inconscientemente estos tormentos. Un ejemplo: un profesor de literatura muy famoso dio una conferencia inaugural a la que yo asistí. Comenzó diciendo: «Podemos preguntar esto, podemos preguntar aquello».  Planteó una serie de preguntas que debían responderse a lo largo del semestre y luego dijo: «Señores, los he llevado a un bosque de interrogantes». ¡Tuve que imaginarme ese bosque lleno de interrogantes! ¡Imaginen lo que es la representación pictórica, la representación real de una persona que, sin pintarse la imagen ante su alma, se encuentra ante un bosque de signos de interrogación! Es algo que se subestima. A lo que hay que aspirar es a una relación llena de vida con la realidad.

Recientemente, un estadista dijo lo siguiente: «Nuestra relación con la monarquía vecina es el punto que debe marcar la dirección política de toda nuestra vida futura». Imagínese: la relación de un país con otro es un punto, y ese punto se convierte en la dirección. ¡No se puede pensar en algo más irreal! Pero imaginen qué configuración tiene toda la vida anímica, tan alejada de la realidad, para crear tales conceptos vacíos. Pero una vida anímica así también está igualmente alejada de la vida social exterior, no se sumerge en la vida social. Lo que imagina no se hace realidad. En la ciencia espiritual es imposible pensar de forma tan irreal como los conceptos vacíos a los que se ha llegado gradualmente en los tiempos modernos. El presente es tan presuntuoso que se cree haber llegado a ser especialmente práctico.  Sin embargo, se ha vuelto pedante, ajena a la vida. Y una era futura caracterizará nuestra era por el hecho de que, curiosamente, el maestro del mundo causó una gran impresión en tanta gente: Woodrow Wilson, que tampoco tiene una conexión muy estrecha con la realidad en su forma de pensar, sino que todas sus palabras corresponden a la irrealidad. Sin embargo, son admirados por aquellos a quienes solo les impide un poco el hecho de estar en guerra con él. Pero precisamente entre los miembros de las potencias centrales hay hoy muchos que admiran a Woodrow Wilson. En el futuro será muy difícil comprender cómo se pueden encontrar programas políticos sin relación con la realidad, en los que se establecen las locas ideas de tratados mundiales y tratados de paz entre los pueblos, etc. ¡Si hubiera sido tan fácil! ¡Los abstractos, desde los estoicos, piensan en estas cosas! Lo que hoy se presenta como ideas de Wilson: para quien conoce las cosas, esto ha existido desde que hay seres humanos. Un pensamiento sano dice naturalmente: como siempre ha estado ahí y no se ha podido realizar, ¡no es sano! El pensamiento actual se ha alejado de la realidad, por eso se complace en pensamientos tan irreales.

Las cosas están relacionadas con los principios y los impulsos más profundos de la vida. Y el hecho de que hoy en día reine tanta confusión, tanto caos, se debe a que la humanidad ha llegado a un pensamiento que, aunque cree dominar la práctica de la vida, en el fondo está muy lejos de la verdadera realidad. Una unión con la verdadera realidad en un pensamiento enérgico, que desarrolla fuerzas tan poderosas que pueden penetrar en la realidad, eso es lo que la ciencia espiritual debe aportar a la humanidad como ideal. Pero para ello debemos empezar por lo pequeño. Debemos desarrollar en el niño el sentido no de lo abstracto, sino de lo real, de lo imaginable; pero primero debemos tener nosotros mismos esa conexión. Quien quiera enseñar al niño la idea de la inmortalidad con la imagen de la mariposa que sale de la crisálida, pero que él mismo no cree en esa inmortalidad, no le enseñará nada al niño. Pero quien se dedica a la ciencia espiritual sabe que la mariposa es la imagen real de la inmortalidad creada por el espíritu del mundo. Nosotros mismos creemos en esta imagen y no elegimos nada más que aquello en lo que creemos, porque lo sabemos o nos esforzamos por saberlo. Por eso buscamos sumergirnos en la realidad, buscamos superar el egoísmo, que en el pensamiento todavía quiere tener algo abstracto. Buscamos penetrar en el espíritu de la realidad, y así encontraremos los caminos que son necesarios para la humanidad moderna, y que son tanto más necesarios cuanto más han sido abandonados por aquellos que se llaman a sí mismos personas prácticas. No son los prácticos, sino aquellos que se han empobrecido y que imponen su empobrecimiento a la humanidad mediante la brutalidad. En esta difícil situación, la ayuda solo llegará si la humanidad busca el espíritu y, a través del espíritu, la realidad.

Hoy quería hablarles de esto como algo que debemos asimilar como una sensación sobre la relación del alma humana con el mundo, tal y como se deriva del estado de ánimo fundamental del alma a partir de la ciencia espiritual. Y más importante que las verdades individuales de la ciencia espiritual es este estado de ánimo fundamental con el que atravesamos la vida cuando ha sido encendido en nosotros por la ciencia espiritual.

Traducido por J.Luelmo. feb, 2026


GA181 Berlín, 30 de marzo de 1918 - La Tierra como ser vivo animado. Las diferentes fuerzas en las distintas regiones de la Tierra.

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RUDOLF STEINER

LA TIERRA COMO SER VIVO ANIMADO

LAS DISTINTAS FUERZAS EN LAS DIFERENTES REGIONES DE LA TIERRA


Berlín, 30 de marzo de 1918

Quien haya comprendido correctamente lo que se ha expuesto en las últimas conferencias sobre la forma en que el alma humana puede determinar, en cierto modo, su relación con los mundos suprasensibles, cómo puede trabajar por sí misma en esta relación, no tiene por qué asustarse de que, por otro lado, también sea simplemente cierto que el ser humano como tal depende en cierta medida de todo el universo, de todo el entorno. La vida humana oscila entre estas dos cosas: entre la libre creación de una relación con el mundo suprasensible y la dependencia del entorno, de todo el universo, y esto se debe principalmente a que el ser humano está ligado a un cuerpo físico determinado entre el nacimiento y la muerte. En estos días queremos discutir una parte de esta dependencia del universo en un contexto especial, en un contexto que puede ser cercano al alma humana en la época actual.

De algunas de las cosas que han aprendido de la ciencia espiritual, habrán comprendido sobre todo que toda nuestra Tierra, que habitamos como humanidad en su conjunto, es una especie de gran ser vivo, dentro del cual nosotros mismos estamos como miembros de ese gran ser vivo; y en diversas conferencias he hablado de los distintos fenómenos vitales de este gran ser vivo que es nuestra Tierra. La vida de la Tierra se expresa de las formas más diversas. Entre otras cosas, también se expresa a través de ciertas relaciones que existen entre las distintas regiones de la Tierra y los seres humanos que la habitan. Si bien es cierto, —y se trata de una verdad muy superficial—, que, por un lado, la raza humana es una unidad, también es cierto que las distintas partes de la raza humana, distribuidas por las diferentes regiones de la Tierra, se diferencian según estas regiones, dependen de ellas, no solo en función de las muchas fuerzas que investigan las ciencias naturales y la geografía, sino también en función de muchas fuerzas más misteriosas de las distintas regiones de la superficie terrestre. Existen ciertas relaciones internas del ser humano con la tierra que habita, con la parte del mundo en la que ha nacido, que no se basan únicamente en la superficialidad de las ciencias naturales. Esto se puede observar mejor en el hecho de que tales relaciones se establecen a lo largo de períodos históricos no cortos, sino más bien largos. Esto se puede observar en el cambio que experimentan los europeos que emigran a América y se establecen allí, aunque, por supuesto, el tiempo de colonización de América por parte de los europeos es aún tan breve que lo que aquí se tiene en cuenta solo se insinúa por el momento, pero se insinúa de forma clara y contundente. La configuración externa del ser humano europeo cambia, —como ya se ha dicho, hasta ahora solo de forma insinuada—, cuando habita en América, no de forma inmediata, sino a lo largo de sucesivas generaciones. En la formación de los brazos y las manos, por ejemplo, pero también en la formación del rostro, los europeos, —pero no se lo imaginen de forma brusca, sino solo en insinuaciones—, se parecen a los antiguos indios, adoptando gradualmente las peculiaridades personales de los antiguos indios.

Estas cosas son, en términos generales, lo que nos indica ciertas conexiones entre el gran organismo de la Tierra y los miembros individuales de este organismo, es decir, las partes individuales de la población mundial. Sabemos que el ser humano, tal y como vive en la Tierra, está relacionado con seres suprasensibles, con los seres de las jerarquías superiores. Sabemos que lo que se denomina alma del pueblo no es esa abstracción sin esencia de la que hablan hoy en día las personas de mentalidad materialista, sino que el alma del pueblo es un tipo de ser arcangélico. Basta con leer el ciclo sobre las almas de los pueblos impartido en Kristiania para descubrir que un alma de pueblo es un ser concreto y real en el que el ser humano está, en cierto modo, inmerso con su vida. En general, el ser humano está en constante conexión con seres superiores y más profundos de las jerarquías superiores a través de su esencia. Hoy y en estos días queremos considerar esta conexión desde un cierto punto de vista, ya que estas cosas solo se pueden discutir desde determinados puntos de vista.

Para comprender correctamente una reflexión como la de hoy, hay que tener claro que, para el observador del mundo desde el punto de vista de las ciencias espirituales, en realidad no existe lo que el sentido materialista denomina materia o sustancia; ante una observación realmente profunda, esto también se disuelve en el espíritu. A menudo he utilizado una comparación para aclarar cómo son estas cosas. Tomemos el agua. Puede congelarse, entonces se convierte en hielo y tiene un aspecto completamente diferente. El hielo es hielo, el agua es agua; pero el hielo también es agua, solo que en otra forma. Lo mismo ocurre con lo que llamamos materia: es espíritu en otra forma, espíritu que ha pasado a otra forma, como el agua al hielo. Por eso, cuando hablamos desde el punto de vista de las ciencias espirituales, nos referimos a lo espiritual, incluso cuando hablamos de procesos materiales. El espíritu actúa en todas partes. El hecho de que el espíritu actuante también se exprese en procesos materiales es precisamente una manifestación especial del espíritu. Pero el espíritu actúa en todas partes. Así que, incluso cuando nos fijamos en fenómenos más materiales, en realidad estamos hablando de los modos de actuar del espíritu, tal y como se manifiestan en un determinado ámbito como procesos externos, más o menos materiales.

En el ser humano tienen lugar continuamente procesos materiales que en realidad son procesos espirituales. El ser humano come. De este modo, absorbe las sustancias del mundo exterior en su propio organismo. Las sustancias sólidas, que se licuan, son absorbidas por el organismo humano y sufren una transformación. El organismo humano está compuesto por todo tipo de sustancias que absorbe del exterior; pero no solo las absorbe, sino que, al hacerlo, estas sustancias también experimentan un proceso determinado. El calor propio está condicionado por el calor absorbido y por los procesos que experimentan las sustancias absorbidas en nuestro organismo. Respiramos. Al respirar, absorbemos oxígeno; pero no solo absorbemos oxígeno, sino que, al estar conectados en nuestro proceso respiratorio con lo que ocurre en el mundo exterior, en el espacio aéreo, también estamos dentro del ritmo del mundo exterior. Nuestro propio ritmo está dentro del ritmo de todo el universo.  Una vez incluso demostré esta relación con cifras. Así, también estamos en cierta relación con el entorno a través de los procesos rítmicos que experimentamos en nuestro propio organismo. A través de estos procesos, a través de estos acontecimientos, que se producen porque los procesos naturales externos actúan en nosotros y continúan actuando en nosotros, se produce de hecho la transmisión de aquellos efectos que, por ejemplo, también ejerce el espíritu del pueblo sobre el individuo. No solo respiramos oxígeno, sino que en la respiración de oxígeno vive lo espiritual, y en la respiración de oxígeno puede vivir el espíritu del pueblo. No solo comemos, sino que las sustancias también se procesan en nosotros. Pero este proceso material es al mismo tiempo un proceso espiritual, y al ingerir las sustancias y procesarlas en nosotros, el espíritu del pueblo puede vivir en este proceso. La vida del espíritu del pueblo con nosotros no es algo meramente abstracto, sino que se manifiesta en lo que hacemos cada día y en lo que realiza nuestro organismo. Los procesos materiales son al mismo tiempo expresión de modos de actuación espirituales. El espíritu del pueblo debe tomar este desvío, entrando en nosotros a través de la respiración, la alimentación, etc.

Los distintos espíritus de los pueblos, que hemos presentado de forma diferenciada según otros puntos de vista en el ciclo de conferencias sobre «La misión de las almas de los distintos pueblos en relación con la mitología germánica-nórdica», influyen de diversas maneras en el ser humano en relación con lo que acabo de indicar, y esto caracteriza los distintos caracteres de los pueblos de la Tierra. Los caracteres individuales de los pueblos dependen de los espíritus de los pueblos. Pero si seguimos desde el punto de vista de la ciencia espiritual los rodeos por los que actúan los espíritus de los pueblos individuales, se pone de manifiesto, por ejemplo, lo siguiente.

El ser humano respira. De este modo, está en constante contacto con el aire que le rodea. Lo inhala y lo exhala. Y si, en un caso concreto, el espíritu del pueblo, debido a la configuración de la tierra y a circunstancias de diversa índole, elige precisamente el desvío de la respiración y, con ello, provoca a través de la respiración la configuración especial, la caracterización del pueblo en cuestión, se puede decir lo siguiente: 

ESPÍRITU DEL PUEBLO ITALIANO

El espíritu del pueblo actúa a través del aire sobre el pueblo en cuestión. Esto es especialmente cierto en el caso de los pueblos que han habitado la península italiana. En la península italiana, el aire es el mediador de los efectos del espíritu del pueblo sobre las personas. Se puede decir que el aire de Italia es el medio, el médium, a través del cual el espíritu del pueblo imprime sus efectos en las personas que habitan la península italiana, para darles la configuración especial que los convierte en el pueblo italiano, que fue el antiguo pueblo romano, etc. Así pues, siguiendo los caminos de la ciencia espiritual, se pueden investigar precisamente aquellos efectos que parecen materiales en sus fundamentos espirituales.

ESPÍRITU DEL PUEBLO FRANCES

Ahora cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿qué ocurre con otros espíritus del pueblo? Si miramos hacia otras regiones del mundo, ¿qué medios eligen los espíritus del pueblo para expresar allí la configuración particular de cada pueblo? En los pueblos que han habitado o habitan hoy la Francia actual, el espíritu del pueblo actúa de forma indirecta a través del elemento líquido, a través de todo lo que no solo entra en nuestro cuerpo como líquido, sino que también actúa en él como líquido. Así, a través de la naturaleza de lo que, como líquido, condiciona el organismo y actúa sobre él, el espíritu del pueblo vibra y teje, determinando así el carácter del pueblo en cuestión. Este es el caso de los pueblos que han habitado o habitan hoy en día la Francia actual.

Sin embargo, no se comprende completamente el asunto si solo se considera esta relación del ser humano con su entorno desde un único punto de vista. Si solo se tuviera en cuenta esto, se obtendría una visión muy parcial. Deben recordar lo que ya he dicho en varias ocasiones: el ser humano es un ser dual; la cabeza y el resto del organismo actúan por separado. En realidad, el efecto del que he hablado ahora en relación con los pueblos italiano y francés solo se produce en el resto del organismo, fuera de la cabeza, y desde la cabeza se produce otro efecto. Y solo mediante la combinación del efecto que emana de la cabeza y el que proviene del resto del organismo se produce de manera completa lo que luego se manifiesta en el carácter del pueblo. El efecto que emana de la cabeza queda, por así decirlo, neutralizado por el efecto que emana del resto del organismo.  Por lo tanto, se podría decir que lo que los habitantes de Italia respiran a través del aire, lo que es determinante para el resto del organismo, fuera de la cabeza, en la respiración, interactúa con la configuración del sistema nervioso de la cabeza, tal y como está diferenciado mentalmente, es decir, en la medida en que el ser humano es un ser nervioso de la cabeza. En Francia es diferente. Lo que vive en el organismo como ritmo es un ritmo especial para todo el organismo y otro especial para la cabeza; la cabeza tiene su propio ritmo. Mientras que en Italia es la actividad nerviosa de la cabeza la que interactúa con lo que el aire provoca en el ser humano, en Francia es el ritmo, el movimiento rítmico de la cabeza, la vibración del ritmo en la cabeza con lo que provoca el líquido en el organismo. Así, a través de la interacción especial del individuo en la cabeza con lo que el espíritu del pueblo provoca desde el entorno, se construye el carácter del pueblo.

De ello se desprende lo siguiente: se puede estudiar lo que se extiende de forma articulada sobre el organismo de la Tierra si se está dispuesto a observar estas cosas desde el punto de vista de las ciencias espirituales. Porque, de hecho, la humanidad no comprenderá la peculiar configuración de la Tierra si no se tienen en cuenta este tipo de cosas.

ESPÍRITU DEL PUEBLO BRITÁNICO

Seguimos preguntándonos por los caracteres nacionales individuales, nos preguntamos por el carácter nacional británico. Así como el espíritu nacional del ser italiano se manifiesta a través del aire, y el del ser francés a través del agua, el espíritu nacional del ser británico se manifiesta a través de todo lo terrenal, principalmente a través de la sal y sus compuestos en el organismo. Lo sólido es lo principal. Mientras que el elemento líquido actúa en el carácter nacional francés, en el carácter británico tenemos el elemento salino, que se solidifica a través de todo lo que entra en el organismo a través del aire y la alimentación. Esto da lugar a la peculiar configuración del carácter nacional británico. Pero también aquí hay algo que, desde la cabeza, neutraliza lo que viene del entorno. Al igual que el ritmo en el resto del organismo y en la cabeza, también lo están la digestión y el metabolismo en el resto del organismo y en la cabeza. A medida que el organismo de la cabeza lleva a cabo su metabolismo, la forma en que se produce este intercambio de sustancias, junto con el elemento salino en el organismo, da lugar al carácter nacional británico. Así pues, lo terrenal en relación con el metabolismo de la cabeza conforma el carácter del pueblo británico. Y se puede decir que, al actuar el alma del pueblo a través del elemento salino, la peculiaridad del metabolismo de la cabeza le responde desde la cabeza.

Podrán estudiar todos los rasgos individuales del carácter de un pueblo si observan estas metamorfosis especiales en el funcionamiento del alma del pueblo.

ESPÍRITU DEL PUEBLO AMERICANO

Seguimos preguntando sobre Occidente. En el caso de los estadounidenses, la situación es diferente, ya que hay un elemento subterráneo que influye. Mientras que en el carácter británico nos encontramos con lo terrenal, con lo salado, en el carácter nacional americano actúa un elemento subterráneo, algo que vibra bajo tierra. Esto tiene una influencia excelente en el organismo. Especialmente a través de las corrientes magnéticas y eléctricas subterráneas, el espíritu nacional se manifiesta en el carácter nacional del pueblo americano. Y desde la cabeza fluye algo que neutraliza la influencia de las corrientes magnéticas y eléctricas subterráneas: lo que realmente es la voluntad humana. Esa es la peculiaridad del carácter del pueblo norteamericano. Mientras que del carácter del pueblo británico debemos decir que depende esencialmente del elemento terrenal, en la medida en que el ser humano lo absorbe en su organismo y este entra en interrelación con el metabolismo de la cabeza, la voluntad, en la medida en que se manifiesta en el pueblo, actúa en los estadounidenses junto con algo que surge de lo subterráneo, y esto caracteriza el carácter del pueblo estadounidense. Esto también está relacionado con lo que incluso he expuesto en una conferencia pública. El ser humano solo puede relacionarse con el elemento sobre la tierra y hasta la tierra con toda su personalidad libre. Si está influenciado por el alma del pueblo subterránea, entonces no desarrolla su alma del pueblo en libertad, sino que está, por así decirlo, poseído por el alma del pueblo. Y en una conferencia pública he mostrado cómo el estadounidense puede decir lo mismo que dice el centroeuropeo Flerman Grimm, y sin embargo no es lo mismo. Mientras que en Herman Grimm se nota cómo todo está conquistado humanamente, en Woodrow Wilson se nota que está humanamente poseído por ello.

De ello se desprende una cosa: es importante, porque nuestra época actual también necesita tenerlo en cuenta. Si hoy dos o tres personas dicen lo mismo, se considera puramente en términos de contenido, se considera de forma abstracta. Pero dos personas pueden decir exactamente lo mismo en cuanto al contenido, la frase puede ser idéntica en una y en otra. Una puede tener cosas que ha luchado y conquistado en su alma, y la otra puede tenerlas porque las ha aceptado por obsesión. A menudo, lo esencial no es el contenido, sino el grado en que lo que dice la persona en cuestión es fruto del trabajo propio del alma o si tal vez lo ha obtenido por obsesión. Eso es importante. Hoy en día solo se tiene sentido para lo abstracto. Se puede ver en Herman Grimm que solo decía lo que había dado vueltas en su alma diez veces, y se pueden tomar frases de las cosas de Wilson y escribir «Herman Grimm» encima y viceversa, pero eso no importa. Herman Grimm tiene algo elaborado, Woodrow Wilson tiene algo poseído, algo que le llega de entidades subterráneas. Estas cosas se pueden reconocer, no hay que abordarlas con emociones y pasiones, sino que se pueden reconocer de forma totalmente objetiva.

ESPÍRITU DEL PUEBLO RUSO - ESLAVO

Seguimos preguntándonos, rodeando primero, digamos, Alemania y mirando hacia el este. Si observamos la esencia oriental, que solo poco a poco se eleva del caos y brilla en su forma original, nos encontramos con algo peculiar. Así como el espíritu del pueblo italiano actúa a través del aire, el del pueblo francés a través del agua, el del inglés a través de la tierra y el del americano a través de un elemento subterráneo, el espíritu del pueblo ruso, el elemento eslavo, actúa a través de la luz. De hecho, el espíritu del pueblo, que es lo que importa en Oriente, actúa en la luz vibrante. Y cuando lo que crecerá en Oriente hacia el futuro se haya liberado de sus envolturas embrionarias, se verá que el modo de actuar del espíritu del pueblo en el este de Europa es muy diferente al modo de actuar del espíritu del pueblo en Occidente. Porque, aunque debo decir que el espíritu del pueblo actúa a través de la luz, lo curioso es que no actúa directamente a través de la luz vibrante, sino que actúa cuando la luz primero se hunde en el suelo y luego rebota desde el suelo. Y es esta luz que rebota desde el suelo la que el espíritu del pueblo utiliza para actuar sobre los rusos. Pero esto no actúa sobre el organismo, sino precisamente sobre la cabeza, sobre la mentalidad, sobre el modo de formación de las ideas, los sentimientos, etc. Aquí, pues, el modo de actuar del espíritu del pueblo es precisamente contrario al de América, donde actúa desde el resto del organismo y le rebota algo desde la cabeza. En Oriente actúa a través de la luz. La luz que fluye desde el suelo es el medio del espíritu del pueblo, y actúa preferentemente sobre la cabeza. Y lo que ahora repercute proviene del resto del organismo, especialmente del organismo cardíaco. Lo que regresa ahora golpea inversamente hacia la cabeza y cambia el efecto que emana de allí. Hoy en día todavía se encuentra en el caos, todavía en envolturas embrionarias. Es el ritmo respiratorio el que golpea la cabeza y neutraliza lo que viene del espíritu del pueblo a través de la luz. Lo que sale así en el próximo Oriente sigue estando presente en mayor medida si nos dirigimos más hacia el este. 

ESPÍRITU DEL PUEBLO ORIENTAL - ASIÁTICO

Lo que es peculiar del Oriente asiático es que el espíritu del pueblo sigue actuando en parte a través de la luz que es absorbida por el suelo y reflejada de vuelta, y que actúa sobre la cabeza. O el espíritu del pueblo también actúa a través de lo que ya no es luz, pero que no es visible en absoluto: la armonía de las esferas, que también lo vibra todo y que para una humanidad espiritual del Oriente asiático equivale a un efecto del espíritu del pueblo, ya que el espíritu del pueblo actúa directamente a través de la armonía de las esferas, que, sin embargo, es reflejada por la Tierra y actúa sobre la cabeza. Y esto contrarresta el ritmo respiratorio. Y ahí reside el secreto, que consiste en que los buscadores espirituales de Oriente siempre han buscado conectar con el espíritu mediante un entrenamiento especial de la respiración. Si estudian yoga, verán que exige entrenar la respiración de una manera especial. Esto se basa en que el individuo, como miembro de toda la humanidad, no como individuo, busca encontrar la espiritualidad a través del espíritu del pueblo; la busca de la manera en que realmente está fundamentada dentro del carácter de su pueblo. Cuanto más nos adentramos en Oriente, más encontramos esto. Por supuesto, se podrían observar más o menos refinamientos de estos efectos del carácter del pueblo, pero también degeneraciones de estos efectos, como a veces se manifiesta en la aberración. Algunos pueblos y razas enteras comparten en gran medida estas desviaciones, por ejemplo, cuando se producen desarmonías cuando el efecto principal coincide con el efecto del resto del organismo, etc. Pero quizá no sea muy aconsejable entrar hoy en detalle sobre las desarmonías individuales, ya que hoy en día, por unas u otras razones, hay que amar a otros pueblos desde la perspectiva de un pueblo. Así lo exigen las circunstancias; algunas cosas podrían entenderse con el corazón en lugar de con la razón, y entonces tal vez no se comprenderían. Cuando lleguen otros tiempos, tal vez se pueda hablar también de los pueblos orientales y de problemas similares.

ESPÍRITUS DE LOS PUEBLOS  DE EUROPA CENTRAL

Ahora cabe plantearse la siguiente pregunta: ¿qué ocurre con los pueblos centroeuropeos? Nos referimos más bien a condiciones geográficas, por lo que no tenemos en cuenta a Europa Central en un contexto sociopolítico. Tampoco he respondido a las preguntas desde el punto de vista racial, sino, como pueden ver, desde el punto de vista espiritual y geográfico. Por lo tanto, podemos hablar de una Europa Central a la que no pertenecen Francia e Italia. 

La peculiaridad del espíritu del pueblo que actúa en Europa Central es que, como he expuesto para otras regiones, actúa a través del aire, el agua, la sal, etc., pero de manera inmediata a través del calor. El espíritu del pueblo en Europa Central elige el desvío, el medio del calor. Y esto no está determinado de forma totalmente inmediata, sino que puede individualizarse. Puede haber personas en Europa Central en las que este efecto del espíritu del pueblo sea diferente, unas veces en el resto del organismo y otras en la cabeza; también dependiendo de si el aire exterior calienta directamente o si se calienta a través de los alimentos o la respiración. Todo ello es medio para el espíritu del pueblo. Y lo que contrarresta esta eficacia es, de nuevo, el calor, de modo que en Europa Central el calor, en la medida en que tiene efectos externos, es medio para el espíritu del pueblo.  Y lo que le responde es nuevamente el calor propio, generado desde dentro. Por eso se puede decir: lo que actúa en el organismo como calor a través del espíritu del pueblo, recibe como respuesta el calor propio de la cabeza. Cuando el calor del espíritu del pueblo actúa a través de la cabeza, el calor del resto del organismo fluye hacia ella. El calor actúa sobre el calor, y lo hace de tal manera que depende principalmente de la mayor o menor vivacidad de la actividad sensorial, es decir, de la capacidad de percepción. Una persona de espíritu más activo, que mira con amor las cosas que la rodean, desarrolla un mayor calor propio. Una persona que es fugaz, superficial, que no siente mucho, que pasa por alto todo, desarrolla menos calor propio. Esta convivencia con el entorno, en la que el ser humano tiene un corazón o un ojo abierto para el entorno, es lo que contrarresta el calor que actúa a través del espíritu del pueblo, de modo que el calor choca con el calor. Esta es la peculiaridad del modo de actuar del espíritu del pueblo en Europa Central, y en ello se basa gran parte de la esencia del carácter nacional, porque el calor está íntimamente relacionado con el calor. Los demás modos de actuar no están tan relacionados: la voluntad no está relacionada con la electricidad de la misma manera, lo salado no está tan relacionado con el elemento digestivo de la cabeza, y tampoco lo están los demás efectos mencionados. Pero el calor determina el carácter centroeuropeo, que también se manifiesta en la capacidad de integrarse más o menos en todo. No queremos hablar de juicios de valor, sino solo caracterizar, por lo que cada uno puede interpretarlo como quiera: como virtud o como vicio. Calor con calor: eso hace flexible, plástico, capaz de integrarse en todo, incluso en caracteres de pueblos extranjeros. Oh, si seguimos la historia, vemos cómo las distintas tribus alemanas se integraron en pueblos extranjeros, aceptaron elementos extranjeros. Todo ello confirmará lo que se ha dicho hasta ahora.

En lo que hoy se ha expuesto se manifiesta también de manera eminente la gran oposición entre el Oriente asiático y el Occidente americano. Se podría decir que la luz, e incluso lo que está por encima de la luz en lo etéreo, es lo que utiliza el alma de los pueblos orientales para acercarse al ser humano, aunque sea reflejada desde la Tierra. En Occidente es el elemento subterráneo, lo que está bajo la tierra. Esto puede llevarnos profundamente a la vida orgánica y anímica de todo el organismo terrestre en su convivencia con la humanidad. No es en absoluto nuestra intención ofender a ninguna parte de la población terrestre ni halagar a otra. Pero es cierto que, por un lado, las inundaciones orientadas hacia lo espiritual en Oriente, que se desarrollan hacia abajo con pesadez, atando al ser humano a la tierra, son más propias del oeste. Dejo a cada uno que juzgue por sí mismo si esto concuerda más o menos con el carácter del pueblo americano. Una marea ascendente, diría yo, en Oriente; un reflujo, una influencia hacia la tierra en Occidente. Así es la vida.

Por supuesto, no de golpe, sino a lo largo de la vida, a lo largo de generaciones, el ser humano se asemeja a las condiciones terrestres, se adapta. Así pues, cuando un europeo llega a Oriente, tiene hijos allí y estos tienen a su vez hijos, las circunstancias imperantes exigen que se den estas condiciones. Esto tiene un efecto en el ser humano. Es así: al igual que en nuestro organismo físico nunca nos crecerá una nariz en el hombro, sino siempre un brazo, en América nunca habrá buenos yoguis. Se puede trasplantar, pero también se pueden cultivar todo tipo de plantas en invernaderos, pero eso no es lo importante, sino lo que significa el desarrollo en sí mismo en su contexto natural. Todo esto está expresado, está determinado. La biología científica no explica en absoluto lo que son las condiciones terrestres. Para ello hay que entrar, por ejemplo, en los diferentes modos de actuar de las almas de los pueblos, como hemos discutido hoy, en cómo lo no manifiesto se expresa en lo manifiesto.

El ser humano está, por tanto, inmerso en los procesos relacionados con la Tierra. Si ustedes lo contemplan, diría que, por un lado, les resultará bastante opresivo para el alma ver hasta qué punto el ser humano depende en realidad de fuerzas que están relacionadas, tal y como se ha descrito, con el lugar de la Tierra en el que el karma lo ha situado en alguna encarnación. Por supuesto, el hecho de que se encuentre allí está relacionado con su karma. Sin embargo, las circunstancias descritas pueden resultar algo deprimentes, y esa depresión se acentúa aún más si no tenemos una visión global de todas las circunstancias. Si nos remontamos a épocas más antiguas de la evolución de la Tierra, descubriremos que cuanto más nos remontamos, mayor es la dependencia de la que he hablado y más se diferencia la humanidad en la superficie de la Tierra a partir de tales impulsos. Sin embargo, la evolución de la Tierra ya lleva en sí la posibilidad de que los seres humanos superen poco a poco esta dependencia, aunque no en la configuración exterior, sí en su vida interior.

¿Qué tendría que suceder, preguntémonos, qué sería concebible que sucediera para que esta dependencia del pedazo de tierra se mitigara de alguna manera, para que el ser humano se elevara de alguna forma desde esta necesidad aquí caracterizada hacia una cierta libertad?

Para ello, tendría que haber ocurrido algo durante la evolución de la humanidad en la Tierra que contradijera directamente esta dependencia del ser humano de ese pedazo de tierra. Hemos discutido todos los impulsos que hacen que el ser humano parezca dependiente de su pedazo de tierra. He dicho: también tendría que haber ocurrido algo que contradijera esa dependencia, algo que se enfrentara a estas circunstancias. Es comprensible: aquello que viviría en la Tierra, que es diferente a todo lo que actúa a través de esta dependencia, tendría un efecto equilibrador y neutralizador sobre estas circunstancias. ¿Qué puede ser eso?

Al comienzo de nuestra era tuvo lugar el misterio del Gólgota. A lo largo de los años hemos destacado muchas de sus peculiaridades. Pero basta con tener presente una característica muy evidente, muy general y ampliamente conocida del misterio del Gólgota para darse cuenta de que, incluso a través de algo tan superficial, este misterio del Gólgota se presenta como algo especial y único en la vida terrenal. Cristo Jesús vivió entre un pueblo que tiene un carácter marcadamente nacional, que hace todo lo que hace desde un carácter marcadamente nacional. Pero lo que le sucede a Cristo Jesús, lo que se lleva a cabo desde el carácter nacional: el misterio del Gólgota, la muerte en el Gólgota, está en completa contradicción con este carácter nacional. Porque el pueblo en el que se desarrolla el misterio del Gólgota no lo incluye en su confesión, ni se confiesa a Cristo Jesús personalmente, individualmente, sino que lo mata, gritando: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Se produce algo que no puede estar destinado a un determinado pueblo; se produce algo que solo tiene sentido si se concibe en contradicción con lo que puede derivarse del carácter nacional, lo que el pueblo rechaza por sí mismo, anula y destruye desde su interior. Ese es el secreto del misterio del Gólgota. Por eso no tiene carácter nacional, no surge del carácter nacional, sino que contradice todo lo que antes hemos descrito como dependencia del ser humano del carácter nacional. Es un acontecimiento y una entidad en la Tierra que no tienen nada que ver con el carácter nacional, porque solo lo que allí se destruye, —la muerte—, tiene algo que ver con ese carácter nacional. Porque este acontecimiento no tiene que ver ni con el carácter del pueblo judío, ni con el carácter del pueblo romano que actuaba en la misma zona; pues los judíos claman: «¡Crucifícalo!», y los romanos no encuentran culpa alguna en él, es decir, «no saben qué hacer con lo que está sucediendo».  Todo ello se desmarca de lo que puede suceder debido al carácter del pueblo. De este modo, el misterio del Gólgota se convierte en un acontecimiento que, si se estudia detenidamente, no se puede comparar con ningún otro. Por supuesto, también ha habido mártires en otros lugares, pero no surgieron por las razones que se aplican al misterio del Gólgota. Cuanto más estudien el misterio del Gólgota, más descubrirán que ocurrió precisamente porque no tiene nada que ver con el carácter de un solo pueblo, sino porque está relacionado con toda la humanidad. Por lo tanto, se puede decir realmente: por un lado, tenemos ese principio en la evolución de la humanidad que se extiende sobre ella de tal manera que tiene un efecto diferenciador. Entonces, de lo diferenciado surge algo que no pertenece a lo diferenciado, sino que tiene su peculiaridad precisamente en el hecho de ser independiente del carácter de un pueblo; ese es el otro lado.

En todos los aspectos, se reconocerá cada vez más que lo esencial del misterio del Gólgota es que, para comprenderlo, se requiere una comprensión individual. A medida que se vaya comprendiendo cada vez más, se dirá poco a poco: Las condiciones terrenales, las condiciones humanas, se pueden comprender de tal o cual manera; pero el misterio del Gólgota es único, debe entenderse como algo particular, no se puede tomar nada más para comprenderlo. Busquen en cualquier ámbito: hoy hemos seguido en el ámbito del alma de los pueblos lo que actúa en la humanidad. Podemos explicar todas las cosas a partir del alma del pueblo, desde el comienzo de la humanidad en la Tierra hasta hoy, excepto el misterio del Gólgota y lo que está relacionado con él. Así podríamos encontrar todos los campos posibles de los que podríamos decir: por un lado está todo lo demás y, por otro, está el misterio del Gólgota y sus efectos.  Ya lo he subrayado en varias ocasiones: los teólogos eruditos deben admitir hoy en día que no se puede encontrar ninguna prueba histórica del misterio del Gólgota para poder incluirlo en la historia. En la historia no se incluyen acontecimientos para los cuales no puedan encontrarse pruebas históricas, ¡solo el misterio del Gólgota y lo relacionado con él! Porque se trata de algo singular, sobrenatural; no debe haber pruebas históricas de ello. El misterio del Gólgota no debe ser aceptado por nadie que solo exija pruebas históricas materiales. Solo tiene el efecto adecuado en aquellas personas que se elevan por encima de sí mismas para aceptar como histórico algo de lo que no hay pruebas. La evolución continuará de tal manera que las pruebas externas del misterio del Gólgota serán arrastradas, desaparecerán; la crítica las barrerá. Pero la comprensión espiritual de la evolución de la humanidad situará este misterio del Gólgota como el eje de todos los acontecimientos terrenales. Debe ser comprendido espiritualmente, clasificado espiritualmente en el proceso histórico de la humanidad. Ese es precisamente su secreto. Los seres humanos se esforzarán cada vez más por no buscar pruebas históricas, sino por comprender que aquí es necesario un entendimiento suprasensible, una comprensión suprasensible de un acontecimiento que tiene lugar en la Tierra física, para que el ser humano pueda comprender en el sentido pleno de la palabra su relación con el desarrollo histórico terrenal de la humanidad. Hablaremos más sobre esto la próxima vez.

Traducido por J.Luelmo nov,2025

GA196 Dornach, 8 de febrero de 1920 -Cambios en las necesidades de la vida social

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Cambios en las necesidades de la vida social

RUDOLF STEINER

décimo segunda conferencia

Dornach, 8 de febrero de 1920


Tal vez no sea demasiado conocido cómo, en el transcurso del tiempo, no sólo cambia toda la constitución anímica de las personas, sino que también está sujeto a transformación lo que se considera necesario para las personas en la vida social. Ya he intercalado repetidamente tales cosas en observaciones anteriores. Ya he mencionado, por ejemplo, cómo en el antiguo Imperio Romano no era en absoluto una exigencia popular general que todas las personas aprendieran de niños las tablas de multiplicar como base de la aritmética, sino que era bastante general que todo niño que creciera conociera las leyes de las doce tablas. La visión de lo que debería ser una visión general, un conocimiento general dentro de la humanidad, ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Estas cosas están relacionadas con todo el desarrollo de la humanidad. Para comprender lo que es necesario, hay que visualizar la verdadera forma de los procesos de desarrollo de la humanidad.
12 tablas


Antes de que existiera la población tal y como la conocemos ahora, en Europa, en Asia, en América, había un vasto continente donde ahora está el océano Atlántico. Así que esencialmente la superficie de la tierra fue una vez el área entre Europa, África por un lado y América por el otro, en un momento en que la mayor parte de Europa, África, Asia y América estaban bajo el agua.

Sabemos que este continente atlante, como lo llamamos, pereció como resultado de una catástrofe significativa, y ya hemos mencionado varias veces que desde este continente atlante, -que gradualmente se hizo más y más inhabitable-, tuvieron lugar las migraciones hacia los países gradualmente emergentes que hoy conforman Europa, Asia y África. Esencialmente - como se puede leer en mi "Ciencia Oculta en Bosquejo" la población de Europa, Asia y África está formada por los descendientes de los antiguos atlantes.

Pero surgieron diferencias significativas entre estas poblaciones, y las secuelas de estas diferencias siguen ahí. Las secuelas de estas diferencias aún pueden entenderse si consideramos lo siguiente: hubo ciertas partes de la población que emigraron hacia el este desde el continente atlante. Prescindamos ahora de América, que en aquella época también estaba poblada desde el continente atlante, pero prescindamos de ella. Así pues, ciertas partes de la población se desplazaron hacia el este. Un gran número de ellos se trasladó a Asia, y entre las poblaciones que se habían desplazado de Occidente a Oriente de este modo, surgieron esas culturas que hemos descrito como la antigua cultura india, la antigua cultura persa, la antigua cultura egipcio-caldea, luego la cultura greco-latina, y ahora en Europa la quinta cultura post-atlante, en la que nosotros mismos vivimos, que comenzó hacia mediados del siglo XV. Pero estas culturas se desarrollaron de la siguiente manera: ciertas partes de la población se vieron impulsadas por su constitución anímica y corporal a trasladarse más lejos, a Asia, mientras que otras se quedaron en Europa. Sin embargo, más tarde se produjeron esas migraciones de las que también habla la historia exterior, a través de las cuales, a su vez, ciertas partes de la población de Asia se trasladaron a Europa. Pero lo que ahora forma la población europea es de hecho en parte, pero no meramente los descendientes de lo que más tarde se trasladó desde Asia, sino que lo que hoy puebla Europa es también los descendientes de lo que originalmente se quedó atrás durante la migración desde el continente Atlante hacia el Este. Y gran parte de lo que vive en los pueblos europeos se remonta a las constituciones del cuerpo y del alma, lo que se explica por el hecho de que los pueblos que se quedaron en Europa, que no habían emigrado a Asia, estaban afectados por ellas. En Europa lidiamos con una confluencia de los más diversos elementos poblacionales, pero el hecho de que ciertas partes de la población se trasladaran a Asia y otras se quedaran en Europa causó una diferencia significativa, una diferenciación significativa de la población europeo-asiática. Las poblaciones que inmigraron originalmente a Asia en el 8º, 7º, 6º milenio eran de una naturaleza tal que incorporaron muy fuertemente la cultura espiritual humana, que pudo difundirse, en el elemento espiritual. Ahora podemos notar todavía en la población de Asia, que ha degenerado en ciertos aspectos, que esta población ha desarrollado lo espiritual, también el elemento rígido, esencialmente en la parte espiritual. Se puede decir, y esto no es hablar en sentido figurado, sino que es realmente la verdad plena: Esta población oriental, cuyo miembro más destacado es la población asiática, ha dejado que el cuerpo participe poco en su desarrollo. Todo lo que se ha concebido, lo que ha vivido y hasta cierto punto aún vive en la cultura de Asia, incluso en decadencia, depende poco de las características físicas del hombre, depende fuertemente de las características espirituales. Por eso en esta Asia pudo desarrollarse esa cultura espiritual que hoy ya no existe, pero que tampoco es apreciada hoy porque los documentos históricos dicen muy poco de ella, y que realmente sólo puede ser admirada por aquellos que son capaces de empatizar realmente con las inmensas profundidades espirituales que la población asiática fue capaz de alcanzar hace miles de años.

Aquello que se ha transmitido históricamente, aquello que puede reconocerse en los documentos históricos, no da una imagen de lo que una vez estuvo presente en esta Asia como la sabiduría original de la humanidad. El conocimiento caldeo de las estrellas, la sabiduría india de los brahmanes, la sabiduría egipcia que hoy se presenta en estos o aquellos documentos, en estos o aquellos monumentos, es todo un producto tardío. Todas estas cosas nos trasladan de nuevo a una maravillosa, grande, tremenda visión del mundo espiritual, nos trasladan de nuevo a una gran, tremenda conexión científica, que la gente fue descubriendo, entre la tierra y todo el cosmos, todo el mundo estrellado. La gente de hoy en Europa no está en absoluto dispuesta a comprender, ni siquiera retrospectivamente, lo que se sabía en aquellos tiempos antiguos, ni lo aprecia, porque no puede hacer nada con ello, por así decirlo. No tienen forma de orientarse hacia estas cosas.

Pero toda la maravillosa sabiduría que antaño vivía allá en Oriente se debía a que estos pueblos absorbían lo que recibían espiritualmente con sus almas puras, debido a que lo físico tomaba poca parte en ello. Luego, como ustedes saben, -y encontrarán más detalles al respecto en mi libro "El cristianismo como hecho místico"-,poseía el antiguo Oriente. Porque esencialmente lo que es la visión del Cristianismo es un legado del Oriente. Pero la propia sabiduría oriental original llegó a Europa en parte a través del Griego, en parte en la transformación que sufrió a través del Misterio del Gólgota.

Y ahora observen lo que es extraordinariamente importante: aquello que se formó en el alma sin la parte de la organización física en Oriente, aquello que emigra a través del sur de Europa, a través de África hacia el resto de Europa, se encuentra allí con aquella población que, a excepción de los que se han retirado de nuevo de Asia, eran esencialmente las personas que se quedaron atrás durante las migraciones de la Atlántida hacia Oriente. Y la pregunta debe surgir entre nosotros: ¿Qué constitución especial tenían estas personas que se habían quedado en Europa por no haber viajado a Asia, por haberse quedado en Europa?

Aquí llegamos a algo tremendamente significativo. Nos damos cuenta, o tenemos que darnos cuenta, de que esta población que se quedó atrás en Europa durante la migración de la Atlántida hacia Oriente, lo que recibió de conocimiento exterior e interior, lo que recibió de percepciones del mundo espiritual y de percepciones del orden social y económico y cooperativo del mundo, lo recibió gracias a la función del organismo físico. En el fondo de la población de Europa descansa esencialmente el hecho de que los más importantes de estos europeos absorbieron lo que absorbieron principalmente a través de las herramientas de sus cuerpos. Los pueblos que emigraron más hacia el este eran de tal naturaleza que absorbían más con el alma; descuidaban, porque no les era dado en absoluto desarrollar la función física, todo lo que hay que comprender del mundo y del orden humano a través de lo físico. Los europeos utilizaron las herramientas físicas de sus cerebros, las herramientas físicas del resto de su corporalidad, para lo que debían establecer como su cultura. Y así tenemos ante nosotros el extraño fenómeno de que aquello que allá en Asia también se desarrolló como cristianismo a partir de una maravillosa sabiduría primordial, emigró a Europa y fue recibido en Europa bajo condiciones bastante diferentes de aquellas bajo las cuales se desarrolló en Asia. En Asia sólo la formaba el alma, en Europa la absorbía el cuerpo. ¿Por qué podía ser absorbido por lo físico? Podía ser absorbida por lo físico porque los cuerpos europeos estaban realmente formados de tal manera que podían convertirse en verdaderos instrumentos de lo espiritual. Los cuerpos de los asiáticos no estaban tan formados. La población de Europa se había quedado atrás para hacer el cuerpo receptivo, por así decirlo, a la recepción del conocimiento, de los impulsos de la voluntad, etc., bajo las condiciones climáticas y otras condiciones culturales de la vieja Europa.

Considerando todo el contexto mundial, uno debe tener esta opinión sobre una cosa y aquella sobre otra; pero el bien menor también ocupa el lugar que le corresponde. Algunas personas no pueden entender esto. También intentamos demostrar la nocividad del materialismo; pero, por otra parte, debemos reconocer a su vez que el materialismo tuvo que llegar hasta el siglo XIX. Sólo ahora debe ser superado. A algunas personas les gustaría sentirse muy cómodas en estos asuntos, dicen: El cuerpo humano es simplemente la herramienta en la que vive el alma; el alma es espiritual, el cuerpo es terrenal, quedémonos con lo espiritual. Esa es una visión cómoda de la vida. Pero este es el mérito que pertenece al materialismo, que ha enseñado a la gente que lo físico también tiene una parte en lo espiritual, que incluso entre ciertos elementos de la raza humana el cuerpo fue organizado precisamente para la recepción de lo espiritual. Y las personas más destacadas fueron aquellas con las que se encontró el cristianismo. Incluso en los primeros tiempos, cuando el cristianismo se había extendido en Europa, los cuerpos de estas personas europeas eran buenos instrumentos receptores para la recepción del cristianismo, justo el cerebro físico era un buen órgano receptor para el cristianismo porque se había formado de cierta manera a partir del mundo espiritual. Y mientras que en Asia el cristianismo surgió después de siglos, milenios de desarrollo en una cultura que era sólo para las almas, pero en Asia este cristianismo se encontró con una cultura decadente, una cultura que estaba muriendo, una cultura del alma que era buena para los viejos tiempos, que ya no era buena para la época en la que el cristianismo se afianzó. En Europa este cristianismo encontró gente receptiva que se organizó a través de sus cuerpos para crecer en este cristianismo, para convertir sus cuerpos en instrumentos de recepción del cristianismo; porque en estos cuerpos todavía había mucho espíritu, espíritu cósmico, espíritu de la naturaleza. Este es precisamente el significado de la población indígena europea del período post-atlante, que había espíritu en los cuerpos y que el cristianismo fue asumido con este espíritu en los cuerpos. Pero este espíritu se desvaneció gradualmente, este espíritu cesó. Este espíritu no permaneció con los cuerpos europeos. Y ése es precisamente el aspecto más esencial de la transición que tuvo lugar a mediados del siglo XV de la era postcristiana, que esencialmente el espíritu natural que había en los cuerpos humanos europeos comenzó a desvanecerse, que los cuerpos se volvieron gradualmente incapaces de comprender lo que primero habían absorbido con vigor fresco, -debido a su fuerza corporal-, como cristianismo. Así la comprensión del cristianismo se hundió gradualmente a partir del siglo XV. Sólo permaneció la tradición. En realidad se juzgaron mal las condiciones subyacentes; en la ciencia externa habitual se ignoraron por completo. Creen que un ser humano es un ser humano, y creen que pueden estudiar a este ser humano si llevan los cadáveres a las clínicas y allí estudian su anatomía. Aquí se aprende lo mínimo sobre el hombre, pues la constitución más sutil de la gente cambia casi de siglo en siglo. La humanidad de un siglo es básicamente algo muy diferente de la humanidad del siglo anterior en cuanto a su constitución sutil. Debido a que esto no ocurre a gran escala y no puede ser constatado por burdos medios científicos, la gente no quiere saber nada al respecto. Pero este ser humano es un organismo muy sutil, y lo que se desarrolla uno tras otro en el transcurso del tiempo permanece uno al lado del otro. Para la anatomía grosera prevalece la creencia, pero es sólo una creencia: si sacas sangre de un hombre occidental y sacas sangre de un hombre oriental, simplemente estás sacando sangre; la sangre es la sangre. Pero esta opinión de que la sangre es sangre es un completo disparate frente a una comprensión real y más profunda de la humanidad. Sólo puedo hablar esquemáticamente de este asunto y hoy sólo puedo, diría, dar los resultados de una amplia investigación. Pero estos resultados son extremadamente importantes. Si tuviera que dibujar algo esquemáticamente, -lo que, por supuesto, sería diferente si no se dibujara esquemáticamente, sino en la realidad-, tendría que dibujarlo de la siguiente manera. Si tuviera que dibujar el coágulo de sangre en el cuerpo humano vivo de un hombre occidental, lo dibujaría así (véase el dibujo a). Si tuviera que dibujar el coágulo de sangre en la vena de una persona rusa, tendría que dibujarlo así (véase el dibujo b).

Así como una forma de línea se comporta con la otra forma de línea, así también el carácter interno, también material de la sangre en la población oriental se relaciona con el carácter de la sangre en la población occidental. Pero lo que he caracterizado como receptividad física está relacionado con el desarrollo de la sangre. Esta receptividad corporal, como he dicho, se ha consumido; hoy en día, al menos para la población europea occidental y sus descendientes americanos, lo físico ya no aporta nada espiritual. Por lo tanto, lo espiritual debe buscarse de otra manera, de la manera indicada por la ciencia espiritual de orientación antroposófica. Se puede decir, a grandes rasgos: 

Lo espiritual que surgió de la materialidad físico-corporal, que sirvió esencialmente para abrir la comprensión al cristianismo en los siglos anteriores a mediados del siglo XV, se ha secado. Hoy, en la cultura occidental en particular, vivimos con cuerpos marchitos, y lo que se afirma es una mera cultura mecanicista, porque procede de las organizaciones corporales inanimadas y marchitas. Por lo tanto, este cambio no es meramente tal como lo caracterizan los historiadores abstractos de hoy, es tal que se adentra en lo más profundo del ser corporal del hombre.

Hoy en día, la mayoría de la gente no es consciente de lo que acabo de decirles. Pero del mismo modo que los romanos aprendieron las Doce Tablas, del mismo modo que más tarde se acostumbró a considerar la tabla de multiplicar como algo necesario para la humanidad, en un futuro nada lejano, hacia el que debemos trabajar, habrá que contar con que tales conceptos elementales sobre el desarrollo de la humanidad formen parte de la educación general. De lo contrario, cada quince años ocurrirá una catástrofe en el desarrollo terrenal de la humanidad civilizada como la que hemos experimentado en los últimos cinco o seis años. El hecho de que la gente se haya cerrado a lo que está a punto de irrumpir como una nueva formación en la humanidad civilizada es la verdadera razón de la confusión que ha surgido en los últimos cinco o seis años. Y si la gente quiere seguir viviendo de sus cuerpos marchitos y materializados, por su propia voluntad inventarán características de estos cuerpos marchitos y materializados que llevarán a tal confusión cada quince o veinte años como la confusión que tuvimos en Europa en 1914. Hoy en día sólo existen dos posibilidades: o bien nos contentamos con permitir que este nuevo desarrollo fluya en la humanidad, y con él la afluencia de una nueva comprensión del cristianismo apoyada por la ciencia espiritual, o bien debemos contar con que los elementos destructivos entren en la vida social humana en un grado terrible.

Nuestros amigos ingleses volverán ahora a Inglaterra una vez, -esperemos que no tan pronto-, pero entonces se encontrarán en Inglaterra con ese hombre que una vez les caractericé aquí como un representante de la época actual de una manera especial, porque a lo largo de su vida, aunque hoy es mucho mayor, no ha progresado más allá de la etapa de desarrollo de los veintisiete años. Se encontrarán allí con Lloyd George, probablemente todavía, el hombre que fue capaz de marcar la pauta precisamente porque siguió siendo capaz de desarrollarse sólo hasta la edad de veintisiete años, fue entonces elegido al Parlamento, por supuesto, y desde entonces ya no ha sido capaz de desarrollarse, de modo que ahora, como anciano, sigue pensando como un joven de veintisiete años, es decir, inmaduramente. De una cabeza así surgirán ideas particulares, por ejemplo: hasta ahora nos hemos puesto del lado de la contrarrevolución rusa, es inferior; ya no es rentable ponerse del lado de la contrarrevolución rusa, así que tratemos de armonizar con los bolcheviques, tratemos de llegar a una paz razonable con ellos.

Esta es la manera típica de pensar hoy en día de una persona que no tiene ningún conocimiento de las leyes reales de la vida, que no tiene ni idea de lo que es real en el mundo, y así es como piensan otros llamados "estadistas", -y remarco que ahora siempre escribo "estadistas" entre comillas. No debemos olvidar que este "estadista" todavía se eleva por encima del diletante abstracto Woodrow Wilson, que sedujo al mundo entero en un determinado momento del desarrollo de Europa. Con esas cosas uno era un "predicador en el desierto", sobre todo en ciertas épocas. En los tiempos en que el mundo entero rezaba a Woodrow Wilson, yo decía aquí en Suiza una y otra vez exactamente lo mismo que les digo hoy a ustedes sobre él. Ahora que ya es demasiado tarde, el mundo empieza a darse cuenta de lo poco realista que es lo que dice Woodrow Wilson. Y las personas que se sentaron con él en la Conferencia de Versalles se asombraron de lo poco que este hombre traía consigo de América a Europa, incluso del más mínimo instinto de realidad.

Las cosas que hoy nos tocan vivir deben ser contempladas desde una perspectiva mundial si queremos tener algo que decir sobre las cosas más pequeñas. Y no se podrá mirarlas si no se hace principio de que cierta ilustración sobre el hombre debe convertirse en educación general en un futuro muy próximo, del mismo modo que la tabla de multiplicar ha empezado a convertirse en asignatura de educación general en un determinado momento.

Que se produzcan o no demandas sociales no es materia de discusión, como tampoco lo es que se produzca o no un terremoto en alguna región. Pero sí se ha de discutir cómo comportarse ante tales fenómenos, nadie que carezca del conocimiento humano en el sentido indicado podrá obtener una posición correspondiente sobre tales fenómenos. Esto es algo en lo que hay que penetrar muy profundamente. Y si la vida del mundo europeo civilizado podrá continuar o no, dependerá de si habrá un número suficiente de personas que vean a través de la imposibilidad de otro direccionamiento mundial, que está particularmente influenciado por personas que están tan alejadas de la realidad como lo está Lloyd George. Como todos ustedes saben, no hablo desde ningún punto de vista chovinista, de ningún bando en particular, sino desde un punto de vista puramente objetivo basado en la observación de hechos objetivos. Como alemán, como supuesto alemán, realmente nunca he tenido nada en contra de Woodrow Wilson ni de Lloyd George. Comparado con otras personas de hoy, incluso Lloyd George es un "buen tipo". Pero es un hombre de veintisiete años que no es capaz de asimilar lo que sólo se puede asimilar cuando el desarrollo descendente se afianza, es decir, cuando se ha superado la treintena. 

Pues los secos cuerpos europeos que no quieren volcarse en la recepción de algo espiritual pierden la posibilidad de desarrollarse a partir de los treinta años. Entonces pueden ser parlamentarios, incluso parlamentarios tan infinitamente logrados, tan extraordinariamente buenos como Lloyd George, que, como es bien sabido, llevó a cabo reformas bastante admirables cuando fue nombrado ministro.

Acaso no es eso lo que se hace con la gente de la oposición: se les lleva al ministerio para que no se sientan incómodos fuera, en el parlamento. En un momento dado, Lloyd George fue nombrado ministro en Inglaterra, en principio porque no se le quería en la oposición, pero se le nombró ministro diciendo que se le daría una cartera de la que no sabía nada. Esa es la forma habitual de tratar a los parlamentarios peligrosos. Y he aquí que cuando a Lloyd George le dieron la cartera de la que no sabía nada, desarrolló una actividad febril, introdujo reformas realmente admirables, y los demás se quedaron con la nariz larga.

Todos estos fenómenos deben juzgarse hoy desde el punto de vista de las leyes del desarrollo humano. En general no es algo agradable evaluar a la humanidad según sus peculiaridades, y sobre todo no está en el hábito de los hombres de hoy contentar a otros hombres. Por eso a la gente de hoy le gusta juzgar a las personas según su etiqueta. No nos sentimos incómodos al encontrarnos con una persona para averiguar si tiene habilidades, si vive algo en su alma que tenga el potencial de ser efectivo. Uno no quiere involucrarse en juzgar a una persona de esta manera a través de la impresión directa obtenida de la vida. Se necesitan otras posibilidades. Uno se ha graduado, tiene un doctorado, -entonces es un hombre sabio. No hace falta que lo conozcas primero, basta con que lo sepas: Una vez hizo oposiciones, o es, -no sé si decir: era,- concejal del gobierno. Bien, es algo que hay que respetar, no hay que preocuparse de si tiene potencial en el alma. Un gobierno te ha hecho concejal ="rat", se escribe con t, no quinta rueda ="rad", se escribe con d suave. Así que necesitas oportunidades que vengan de fuera. En el futuro, necesitaremos una relación verdaderamente directa de persona a persona. Nadie adquirirá esto a menos que entrene sus poderes espirituales humanos de la manera apropiada. Esta manera apropiada es a través de la ciencia espiritual.

Por ejemplo, si ustedes leen mi "Ciencia Oculta", pueden leer lo que hay en ella, pueden absorber el contenido de lo que hay en ella. Si ustedes absorben el contenido de modo que luego pueden memorizarlo bastante bien, entonces me parecería casi más útil que leyeran un libro de cocina, o algún tratado sobre convenios colectivos o cosas por el estilo; será más útil que si leen mi "Ciencia Oculta". Esta "Ciencia Oculta" sólo tiene su sentido cuando ustedes la leen, porque a través de la especial conformación de los pensamientos, -que tanto molesta a la gente que se niega a ocuparse de lo que llaman "mal estilizado"-, esta forma de escribir y de pensar tiene un efecto educativo sobre toda la constitución del alma, si el cómo, y no el qué, conforma el alma. Quien deja que la "Ciencia Oculta", -por supuesto, también puede ser otro libro-, trabaje en él de esta manera, y luego va a la vida, verá que en realidad ha fortalecido su visión interior, de modo que le da conocimiento de la naturaleza humana. ¡Las cosas se convertirán en algo muy diferente de una mera percepción interna académica de ellas! Hoy en día, cuando se lee un libro, se tiene la idea de que se ha hecho lo necesario si se tiene el contenido dentro de uno, es decir, si se tiene de tal manera que posiblemente se pueda hacer un examen. Los libros científico-espirituales nunca se conciben así. Allí las cosas más esenciales no se hacen cuando uno puede contar los contenidos con los dedos, sino que allí las cosas necesarias sólo se hacen cuando las cosas han pasado a toda la constitución del alma, a toda la composición del alma, cuando uno ha desarrollado así fuerzas anímicas adecuadas para la vida.

Esto lo vengo diciendo una y otra vez de diversas formas desde hace décadas. Pero por eso se considera lo principal en amplios círculos que ahora se sabe: El hombre consiste en esto y aquello, hay vidas terrenales repetidas y así sucesivamente. Pero eso no es lo principal. Lo principal es que a través de toda esta forma de pensar se capta algo en el hombre que no puede ser captado por ninguna otra cosa en el hombre. Y eso que así es captado por el hombre debe estar ahí. Si no está ahí, entonces todas las personas bien intencionadas que dicen, por ejemplo, que siempre debe existir el cristianismo, no conseguirán nada. Porque al igual que no se puede extraer el magnetismo de un trozo de hierro no magnético, tampoco se puede, si no ocurre algo más, sacar un cristianismo de lo que serán los europeos. Esto puede seguir siendo tradicional durante un tiempo; pero la gente aceptará la tradición por falsedad. De lo que se trata es de que debe captarse en las almas algo que conduzca a una nueva comprensión del Misterio del Gólgota, y con ello a una nueva comprensión de todo el Cristianismo. Como ya he mencionado hoy, en la antigua época precristiana existía una sabiduría primordial extensa, magnífica, admirable, y quien quiera admirar la sabiduría pagana hace lo correcto, y quien quiera admirar la sabiduría pagana en los tiempos en los que ya se hace eco de la sabiduría cristiana hace aún más lo correcto. Los primeros padres de la iglesia cristiana eran en realidad más inteligentes, mucho más inteligentes que sus actuales sucesores. Sus sucesores actuales prohíben la lectura de escritos antroposóficos. Como saben, está prohibido a los católicos por decreto de la Congregación del Santo Oficio en Roma desde el 18 de julio de 1919, pero los primeros Padres cristianos de la Iglesia dijeron: "Lo que ahora se llama cristianismo siempre ha existido, sólo que bajo una forma diferente, y Heráclito y Sócrates y Platón eran cristianos a su manera antes del Misterio del Gólgota". - Esta es, por supuesto, una observación extraordinariamente herética para los miembros actuales de la Congregación del Índice Romano, aunque provenga de auténticos Padres de la Iglesia, ¡muy herética! Y sin embargo hay que decirlo: algo se está decidiendo. Este decreto de la Congregación del Índice Romano de que se prohíba a los católicos leer libros antroposóficos es en realidad la consecuencia correcta del desarrollo católico romano, del desarrollo de la Iglesia católica romana, y hay que darse cuenta de que debe llegar una nueva corriente de pensamiento que entienda el cristianismo de una manera nueva.

Como ya he dicho, la cosmovisión precristiana era en cierto modo admirable. Pero no se extendía a ciertas cosas de naturaleza terrenal. Y ahí toco algo que es de extraordinaria importancia para el desarrollo de la tierra. El desarrollo humano se dio en realidad en relación a todo lo que el hombre lleva consigo como ser humano físico. Hacia el 15 milenio a.C., todavía en la antigua Atlántida de allá, el hombre había desarrollado todas esas cualidades de su constitución física hasta un cierto estado acabado, que luego se endureció más o menos lentamente. Pero en relación con el desarrollo de la cabeza, con el desarrollo del conocimiento, era diferente. Había permanecido algo así como un gran fenómeno humano, un conocimiento de la humanidad, impartido por los líderes de los Misterios hasta el acontecimiento del Gólgota. Lo que los antiguos sabios paganos guardaban en su interior era, por así decirlo, la imagen especular de una sabiduría aún más antigua, pero una sabiduría que aún podía observar espiritualmente; pero todo era una imagen especular. Luego irrumpió el Misterio del Gólgota, es decir, nada menos que algo extraterrenal: el ser- Crístico. Algo que bajó a la tierra desde esferas definitivamente extraterrenales unido a un cuerpo físico humano, el cuerpo de Jesús de Nazaret. De este modo entró en el desarrollo terrenal de la humanidad algo que no había ocurrido durante todo el desarrollo terrenal anterior: que algo cósmico entrase en la humanidad. Desde el decimoquinto milenio hasta el Misterio del Gólgota, los seres humanos vivieron esencialmente con su constitución física a través de su constitución de cabeza espiritual de herencia antigua. Ahora ocurrió algo que en cierto sentido conectó el cielo con la tierra. Un ser extraterrenal se unió a un cuerpo humano.

Comprender tal misterio era aún posible para las personas más atrasadas que habían permanecido en Europa, que aún conservaban ciertas cualidades naturales-espirituales en sus cuerpos. No era posible para los asiáticos avanzados comprenderlo. Todavía era un don de Dios, por así decirlo, para esta población europea tener cuerpos receptivos al cristianismo a través de su constitución corporal. Desde el siglo XV esto cesó, y por lo tanto debe entrar un conocimiento espiritual para comprender de nuevo el Misterio del Gólgota. Sin ver a través de estos procesos de desarrollo de la humanidad, la naturaleza humana no irá más allá y tendría que acercarse a su caída, pues aquello que entró en el desarrollo terrenal a través del Misterio del Gólgota simplemente tendría que desaparecer. Sin una renovada comprensión espiritual de la conexión entre la Tierra y el mundo extraterrenal, el Misterio del Gólgota no puede seguir viviendo.

Como este hecho existe, los que hoy quieren permanecer en la vieja tradición -y ustedes saben cuán numerosos son, pues siempre les he informado de vez en cuando de los feos ataques que vienen de ese lado-, se vuelven con particular veneno contra la verdad proclamada por la ciencia espiritual de que se trata de un Cristo cósmico, de un Cristo que no es meramente terrenal sino cósmico. Es extraño, pero no deja de ser cierto que al clero católico romano y al jesuitismo, por ejemplo, lo que más les molesta es que la ciencia espiritual hable de un Cristo cósmico. Es el caso que hoy en día se está produciendo una separación de espíritus. Y no debemos cerrar los ojos ante esto; debemos abrirlos. Para poder establecer todo lo que hay que establecer para la humanidad en el lugar más pequeño en el que nos encontramos, es necesario hoy tener una visión de las grandes condiciones de la vida.

Realmente no digan: No hay tiempo para eso. Porque también es algo que se oye decir: La gente está tan ocupada hoy en día, tan infinitamente ocupada, que no tiene tiempo para buscar estas verdades espirituales. Me gustaría sumar la cantidad de charla que se produce en los tés de las cinco, en las meriendas, en los tés de la tarde, en las pintas de la mañana, en ciertas zonas en las pintas crepusculares, -hay cosas así-, y otras cosas, y verían que se emplearía una considerable cantidad de tiempo en el que la gente tendría la oportunidad, si lo deseara, de familiarizarse con lo que es tremendamente necesario para el futuro desarrollo de la humanidad. Se debe al tiempo, se debe a la laxitud de las personas, a la somnolencia de las personas. La encefalitis letárgica aparece ahora externamente en casos individuales; las almas llevan mucho tiempo aquejadas de ella en el amplio círculo de la humanidad. La somnolencia de las almas es una epidemia muy extendida. Pues de lo que se trata en última instancia es de tener la voluntad de poner en movimiento las propias fuerzas espirituales. Si hoy en día se realizan estudios universitarios, -salvo contadas excepciones que se pueden contar con los dedos de la mano-, en realidad no es necesario esforzar la mente. Se proporcionan una cierta cantidad de resultados experimentales, que se pueden absorber. No es necesario que pongan en marcha su capacidad de pensar. En lugar de esta educación, sin embargo, el poder del pensamiento debe ser puesto en movimiento de nuevo, para que todas las fuerzas del alma se vuelvan móviles, para que la vida interior del alma se vuelva activa en lugar de laxa y somnolienta. 

Uno puede ser muy activo en su vida exterior y tremendamente somnoliento en su vida anímica. Pero esto debe cesar en el desarrollo de la humanidad. Que cese es una necesidad realmente profunda. Hoy la gente dice: Ante todo la humanidad debe tener pan. Por supuesto que debe tener pan. Pero si no se piensa en la dirección de la tierra desde lo espiritual de tal manera que este pan también pueda producirse mañana, entonces sólo comeremos lo que la tierra nos proporcione antes, y mañana y pasado mañana no tendremos pan. El hecho de que hoy todavía tengamos pan seguirá funcionando durante un tiempo con los viejos pensamientos. Pero pasado mañana, -en sentido figurado, por supuesto-, no tendremos pan a menos que impulsemos a las instituciones de la tierra desde una nueva espiritualidad. 

Reflexionen sobre este asunto, porque es un asunto serio.

Traducido por J.Luelmo jul,2024