CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA174 Dornach 22 de enero de 1917 Conciencia de sueño y conciencia después de la muerte

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RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 22 de enero de 1917

XXIII conferencia

En el ciclo de conferencias de Viena sobre La naturaleza interior del hombre y la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, recordarán que describí conceptos, -o mejor dicho, experiencias anímicas internas-, a través de las cuales el ser humano puede acercarse a esos mundos de los que hemos hablado y que compartimos con las almas desencarnadas de aquellos que han traspasado el portal de la muerte y se preparan para una nueva vida en la Tierra. Sobre la base de esas conferencias, podrán impregnarse de vida un concepto que es indispensable si pretendemos llegar a una verdadera comprensión del mundo espiritual, y es que muchas cosas, -digo muchas cosas, no todo-, son desde el punto de vista del mundo espiritual, totalmente opuestas a lo que se revela en el mundo físico. Sobre esta base, consideremos la forma en que el ser humano se adentra, y también mira, en la vida del mundo espiritual.

Aquí en la Tierra, atados a nuestro cuerpo físico como estamos entre el despertar y el dormir, utilizando este cuerpo físico como instrumento para nuestras experiencias en el mundo, sentimos una falta de capacidad para comprender el mundo espiritual y captar sus revelaciones. Mientras estemos encerrados en nuestro cuerpo físico, y para percibir cualquier cosa, tenemos que utilizar los toscos instrumentos de este cuerpo físico. No podemos evitar utilizarlos. Y cuando no podemos utilizarlos, como ocurre entre el momento de dormir y el de despertar, nuestro cuerpo astral y nuestro Yo, -que son adquisiciones recientes de la época de la antigua Luna y de los períodos anteriores de la Tierra-, están demasiado atenuados, demasiado íntimos, para detectar nada. Por supuesto, el mundo espiritual está siempre a nuestro alrededor, igual que el aire nos rodea constantemente. Y si nuestro cuerpo astral y nuestro Yo fueran, -digámoslo así-, suficientemente densos, deberíamos ser siempre capaces de percibir, de captar, lo que nos rodea en el mundo espiritual. No podemos hacerlo porque en nuestro cuerpo astral y en nuestro ser yoico estamos demasiado atenuados; no son todavía instrumentos plenamente formados, como los sentidos físicos o el cerebro, de los que se sirve nuestra capacidad de formación de ideas para alcanzar experiencias de vigilia en el alma.

Una vez atravesado el portal de la muerte, el ser humano se encuentra en general, como ya saben, -al menos durante las primeras décadas-, dotado de un grado de sustancia similar al de nuestro estado de dormir mientras estamos en la Tierra. Esta sustancia no puede permanecer tan atenuada como la correspondiente al tiempo de nuestra encarnación física, pues de lo contrario todas las experiencias entre la muerte y un nuevo nacimiento permanecerían totalmente inconscientes. No es así, como bien sabemos. Por el contrario, entre la muerte y el nuevo nacimiento se produce una conciencia ciertamente diferente, pero mucho más brillante y poderosa que la que prevalece mientras estamos en nuestro cuerpo físico. Entonces debemos preguntarnos cómo surge esta forma de conciencia mientras moramos en nuestro cuerpo astral y en nuestro ser yoico.

En la vida física aquí en la tierra poseemos nuestro instrumento físico que nos impregna, o podríamos decir nos envuelve, con todos los ingredientes que componen el mundo físico: es decir, los reinos mineral, vegetal y animal. El cuerpo físico así preparado para nosotros es nuestra herramienta para la vida de vigilia. Del mismo modo, se nos prepara una herramienta que nos sirve entre la muerte y un nuevo nacimiento. Puesto que somos seres humanos, lo primero que se nos prepara después de la muerte, en cuanto nos despojamos de nuestro cuerpo etérico, es algo que procede de la jerarquía de los ángeles. Estamos mezclados con la sustancia de la jerarquía de los ángeles. Un ser de esta jerarquía nos pertenece realmente, es el ser dirigente de nuestra individualidad humana. A medida que crecemos hacia el mundo espiritual, a este ser de la jerarquía de los ángeles que nos pertenece se le unen otros seres de esta jerarquía, y juntos forman en nosotros, o mejor dicho para nosotros, una especie de organismo angélico, cuya estructura difiere de la de nuestro organismo físico.

Para hacer un diagrama de esto, podríamos decir: Crecemos hacia arriba a través del portal de la muerte hacia el mundo espiritual. Esto es un esbozo de nuestra propia individualidad (malva en el diagrama 1). Unido a ella está el ser angélico concreto que, sentimos, nos es proporcionado por la jerarquía de los ángeles (rojo). Pero cuando dejamos a un lado nuestro cuerpo etérico, este ser angélico forma una relación con otros seres de la jerarquía de los ángeles, se une a ellos y sentimos todo el mundo de los ángeles dentro de nosotros. Lo sentimos dentro de nosotros, es una experiencia interior, excepto, por supuesto, por las experiencias externas que también resultan.

diagr. 1

Esta impregnación por el mundo de los ángeles nos permite relacionarnos con otros seres humanos incorpóreos que han atravesado el portal de la muerte antes que nosotros. Permítanme decirlo así: Del mismo modo que aquí nuestros sentidos nos vinculan con el mundo exterior, la condición de estar inmersos en el mundo de los ángeles nos vincula con los seres espirituales, incluidos los seres humanos, que encontramos en el mundo espiritual. Del mismo modo que aquí, en el mundo físico, según las condiciones imperantes, recibimos un organismo que está estructurado de una determinada manera, así también recibimos un organismo del espíritu que es creado por esta red de sustancias angélicas. Sin embargo, la forma en que se estructura esta red de sustancias angélicas depende en gran medida de la manera en que ascendemos al mundo espiritual. Si ascendemos de tal manera que tenemos poca sensibilidad para con el mundo espiritual porque tenemos demasiados vestigios de placeres físicos, impulsos e instintos, simpatías y antipatías físicas, entonces la formación de nuestro organismo angélico es difícil. Por eso nos quedamos un tiempo en el mundo del alma, como lo llamamos, para liberarnos de todo lo que nos impregna del mundo físico y nos impide formar correctamente nuestro organismo angélico. Este se desarrolla gradualmente mientras permanecemos en el mundo del alma. Crecemos hacia este organismo angélico. Pero al mismo tiempo surge otra necesidad: la necesidad de impregnarnos no sólo de este organismo angélico, sino también de otra sustancia, la de un organismo arcangélico. Nuestra conciencia en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento permanecería sumamente embotada si no pudiéramos impregnarnos del organismo arcángel. Si sólo nos impregnáramos del organismo angélico, seríamos soñadores en el mundo espiritual. Estaríamos tejidos de toda clase de sustancias imaginativas pertenecientes al mundo espiritual, pero soñaríamos nuestro tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Para que no soñemos este tiempo, para que pueda surgir una conciencia fuerte y clara, tenemos que ser impregnados por el organismo arcangélico (azul en el diagrama).

Esto proporciona a nuestra conciencia la claridad adecuada. Sólo así despertamos en el mundo espiritual. Ahora bien, el grado en que despertamos en el mundo espiritual determina el grado en que podemos tener una relación libre con el mundo físico. Y una relación libre con este mundo físico es algo que debemos tener. Preguntemos cuál es la relación del mundo físico con los seres humanos encarnados que han atravesado el portal de la muerte. La respuesta a esta pregunta la encontrarán también en las conferencias pronunciadas en Viena. Aquí, en el mundo físico, es difícil para los seres humanos, por muy fuerte que sea su anhelo, elevarse en pensamientos y sentimientos hasta una percepción del mundo espiritual, celestial. El ser humano está sediento de ideas sobre el mundo celestial, pero no puede desplegar fácilmente la poderosa capacidad de formación de ideas necesaria para poner este mundo celestial a su alcance. En cierto sentido, la situación es la opuesta durante la vida en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento. En este mundo nos acompaña lo que experimentamos en el mundo físico; nos acompaña lo que fue importante en el mundo físico, lo que percibimos aquí. Todo esto nos acompaña de forma extraordinaria. Los ejemplos que doy les mostrarán lo complicadas que son estas cosas. A la luz de nuestra capacidad para formar ideas en el mundo físico, estos ejemplos parecerán a veces grotescos -incluso paradójicos-, pero es imposible entrar de manera concreta en el mundo espiritual sin tener en cuenta también precisamente estas ideas.

La percepción de todo lo que existe en el reino mineral se pierde casi tan pronto como atravesamos el portal de la muerte. Aquí, en el mundo físico, como tenemos sentidos, nuestra capacidad de percepción es mayor con respecto al reino mineral. De hecho, casi podríamos decir que es prácticamente exclusiva, pues aparte del reino mineral no hay mucho que podamos percibir mientras estemos confinados a nuestros sentidos. Se podría decir que también percibimos animales y plantas. ¿Por qué? Una planta está llena de minerales, y lo que percibimos en la planta es todo lo mineral que fluye y pulsa a través de ella. Lo mismo ocurre con los animales. Así que es cierto decir que aquí en la tierra los seres humanos perciben con sus sentidos casi exclusivamente lo que pertenece al reino mineral. Cuando morimos este reino mineral, tan claramente percibido aquí, desaparece. Pongamos un ejemplo. Cada día percibes la sal en tu mesa, la percibes como un producto mineral externo. Pero alguien que ha dejado su cuerpo y atravesado el portal de la muerte no puede ver esta sal en el salero. Sin embargo, cuando espolvorea la sal en su sopa, y luego la traga, se produce un proceso en su interior, y ese proceso, que va acompañado de la sensación del sabor salado, es percibido por el que ha muerto. Desde el momento en que tu lengua empieza a saborear la sal, desde el momento en que se produce un proceso en tu interior. Así son las cosas. Así pues, los que han atravesado el portal de la muerte no pueden percibir el reino mineral a menos que influya de alguna manera en un organismo humano, animal o vegetal. Esto demuestra que lo que podría llamarse el entorno externo de los muertos es muy diferente de lo que estamos acostumbrados a llamar nuestro entorno aquí entre el nacimiento y la muerte.

Sin embargo, hay algo que siempre permanece perceptible para los muertos, y es importante prestarle atención. Es lo que ha sido llenado con pensamientos y sentimientos humanos; son los pensamientos humanos los que son percibidos. La sal en un salero, como producto de la naturaleza, no es percibida por los muertos. Tampoco perciben el salero, ya sea de cristal o de cualquier otro material. Pero en la medida en que los pensamientos humanos han llegado a reposar en el salero durante el proceso de su fabricación, estos pensamientos humanos son percibidos por los muertos. Cuando se tiene en cuenta cómo todo lo que nos rodea, excepto lo que es puramente producto de la naturaleza, lleva la firma de los pensamientos humanos, se tendrá una buena idea de lo que los muertos pueden percibir. También perciben todas las relaciones entre los seres, incluidas las relaciones entre los seres humanos. Todo esto está vivo para ellos.

Sin embargo, hay ciertas cosas en el mundo físico de las que los muertos se esfuerzan por librarse; quieren expulsarlas de sus ideas y experiencias anímicas, por así decirlo, borrarlas. Su deseo de hacerlo es comparable al anhelo de los seres humanos aquí en la Tierra de obtener ciertas percepciones sobre el mundo del más allá. Aquí anhelamos alcanzar ideas sobre el otro mundo. Después de la muerte, en lo que respecta a ciertos asuntos humanos aquí en la tierra -el mundo del más allá, desde el punto de vista de los muertos-, anhelamos extinguirlos, borrarlos. Pero para ello es necesario llenarse de las sustancias de las jerarquías superiores de ángeles y arcángeles. Una vez que los muertos están llenos de estas sustancias pueden extinguir de su conciencia lo que debe ser extinguido.

Esto, pues, les ofrece una idea de cómo los muertos crecen en el mundo espiritual llenando su individualidad hasta el fondo con las sustancias de los seres de la jerarquía superior. Es muy importante comprender que para eliminar de la conciencia todas las cosas con las que están más o menos personalmente relacionados, -y esto significa todo lo fabricado y que, por consiguiente, lleva en sí pensamientos humanos que permiten a los muertos percibirlo-, los muertos deben, ante todo, llenarse de la sustancia de los ángeles. Otras cosas también deben ser desechadas, deben ser extinguidas, para que los muertos puedan encontrar su camino hacia una estancia adecuada en el mundo espiritual.

Aunque desde nuestro punto de vista aquí en la tierra suene extraño, existe un obstáculo para crecer en lo que nos da una conciencia clara e iluminada en el mundo espiritual. Este obstáculo que se interpone en el camino de crecer fácilmente en el mundo espiritual es, por extraño que parezca, el lenguaje humano, el lenguaje que usamos aquí en la tierra con el propósito de un entendimiento físico de un ser humano a otro. Los muertos tienen que alejarse gradualmente del lenguaje, de lo contrario permanecerían atrapados en las afinidades que les atan al lenguaje y que les impedirían crecer en el reino de los arcángeles. En definitiva, la lengua sólo es adecuada para las condiciones terrenales. Y dentro de las condiciones terrenales el ser humano se ha vinculado, en su alma, muy fuertemente con el lenguaje. Para muchas personas, especialmente ahora en esta era materialista, el pensar ha llegado a estar virtualmente contenido en el lenguaje. Hoy en día, la gente apenas piensa en pensamientos, pero sí en lenguaje, en palabras. Por eso les resulta tan satisfactorio encontrar el término adecuado para algo. Pero tales términos, tales definiciones en palabras, sólo son válidas aquí en la vida física, y después de la muerte nuestra tarea es liberarnos de las definiciones en palabras.

También en estas cuestiones, la ciencia espiritual nos da una cierta posibilidad de encontrar nuestro camino en el reino de lo suprasensible. Cuántas veces les digo que para llegar a un concepto genuino sólo podemos aproximarnos; sólo podemos, por así decirlo, sentir nuestro camino alrededor de las palabras reales. Cuántas veces no les he mostrado cómo tenemos que esforzarnos por alcanzar el concepto abordándolo desde todos los lados, experimentando con el uso de diferentes expresiones a fin de liberarnos de las palabras reales. En cierto sentido, la ciencia espiritual nos emancipa del lenguaje. De hecho, lo hace muy plenamente, introduciéndonos así en la esfera que compartimos con los muertos.

La emancipación del lenguaje está íntimamente ligada a la forma en que los muertos crecen en la sustancia de los arcángeles. Al emanciparnos del lenguaje en la ciencia espiritual, al crear conceptos en la ciencia espiritual que son más o menos independientes del lenguaje, construimos un puente entre el mundo físico y el espiritual.

Observen claramente lo que acabo de decir. Entonces descubrirán que han comprendido una conexión importante entre el mundo físico y el espiritual. Y si piensan en ello de forma viva, descubrirán un medio importante para comprender todo tipo de impulsos que emanan de esas fraternidades de las que hemos hablado en numerosas ocasiones en las últimas semanas. De las diversas cosas que he dicho habrán deducido que esas fraternidades se dedican a encadenar a los seres humanos al mundo material. Hace poco hablamos de cómo estas fraternidades están deseosas de hacer que el materialismo sea supermaterialista o, en cierto modo, de crear una especie de inmortalidad ahrimánica para sus miembros. Pueden hacer esto con más fuerza representando intereses de grupo, egoísmos de grupo, y ciertamente lo hacen de manera sobresaliente.

Una forma de representar un interés de grupo es la que siguen las más influyentes de estas fraternidades, cuyo punto de partida es algo que ya les he descrito. Su objetivo es sumergir a fondo el quinto periodo cultural postatlante en todo lo relacionado con la lengua inglesa. Para estas hermandades, la definición misma del quinto período postatlante es que todo elemento anglófono pertenece al quinto período postatlante. Así, incluso en su principio primario, restringen las cosas a un interés egoísta de grupo.

Esto implica algo extremadamente importante desde el punto de vista espiritual. Significa que su intención es nada menos que el objetivo de influenciar no sólo a los individuos humanos mientras están encarnados en cuerpos físicos entre el nacimiento y la muerte, sino de hecho a todos los individuos humanos, incluyendo a aquellos que están viviendo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Se esfuerzan por dejar que las individualidades humanas entren en el mundo espiritual y se sumerjan en la jerarquía de los ángeles, pero luego impiden que se sumerjan a su vez en la jerarquía de los arcángeles. Se podría decir que el objetivo es deponer a la jerarquía de los arcángeles de la evolución de la humanidad.

Quizás no aquellos de ustedes que se han unido a nosotros recientemente, pero ciertamente aquellos que han estado con nosotros durante un tiempo considerable descubrirán, si prestan mucha atención a muchas cosas que se les han dicho, que hay claros signos de tales cosas, incluso en la Sociedad Teosófica. Aquellos de ustedes que compartieron la vida de la Sociedad Teosófica seguramente recordarán que ciertos miembros dirigentes de esa sociedad, especialmente el notorio Sr. Leadbeater, dijeron en muchas palabras que de muchas maneras la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento era una especie de vida de ensueño. Aquellos de ustedes que hayan sido miembros de la Sociedad Teosófica durante algún tiempo sabrán que tales cosas circulaban.

No es extraordinario que se hayan dicho tales cosas, pues en el caso de algunas almas, que habían sido influenciadas con éxito de este modo y que fueron encontradas por Leadbeater en el mundo espiritual, esto había sucedido realmente. En efecto, a estas almas se les había impedido el contacto con el mundo de los arcángeles y, por tanto, carecían de una conciencia fuerte y clara. Así pues, Leadbeater observaba a su manera a las almas que habían caído presas de las maquinaciones de esas fraternidades, sólo que no llegaba a observar qué había sido de esas almas al cabo de un tiempo. Esas almas no pueden pasar todo el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento sin los ingredientes que normalmente les daría el mundo de los arcángeles, así que tienen que recibir otra cosa en su lugar. Y, efectivamente, reciben algo que es un equivalente; efectivamente, están impregnadas de algo; ¿Pero de qué? Están impregnados de algo que proviene de los arcai que se han quedado en la etapa de los arcángeles. Así que, en lugar de ser impregnados por la sustancia de los verdaderos arcángeles, -como sería normal-, son impregnados por arcai, por espíritus del tiempo, pero por aquellos que no han ascendido al nivel de los espíritus del tiempo, sino que se han quedado atrás en el nivel de los arcángeles. Se habrían convertido en arcai si hubieran evolucionado normalmente, pero se han quedado atrás en el nivel de los arcángeles. Eso significa que estas almas están impregnadas por las influencias ahrimánicas de la manera más fuerte.

Es necesario tener una idea adecuada del mundo espiritual para comprender todo el significado de un hecho como éste. Cuando se utilizan medios ocultos en un esfuerzo por asegurar a un solo espíritu del pueblo el gobierno sobre el mundo entero, esto significa que la intención es influir incluso en el mundo espiritual. Significa que en el lugar del gobierno legítimo de los muertos por los arcángeles, se pone el gobierno ilegítimo de los archai que han permanecido en la etapa de los arcángeles y que son, por lo tanto, espíritus ilegítimos del tiempo. Con ello se consigue la inmortalidad ahrimánica.

Podríamos preguntarnos por qué el ser humano puede ser tan insensato como para dejarse programar para alejarse de la evolución normal y tomar otra dirección evolutiva. Se trata de un juicio miope, pues no tiene en cuenta que, a partir de ciertos impulsos, los seres humanos pueden llegar a anhelar la inmortalidad en mundos distintos de los que serían normales. Está muy bien que no anheles participar en una especie de inmortalidad ahrimánica. Pero así como toda clase de cosas son incomprensibles, así tendrán que admitir que debe permitirse que siga siendo incomprensible, si la gente en el mundo normal, -incluyendo la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento-, quiere escapar de este mundo normal, diciendo -por así decirlo: No queremos que Cristo sea nuestro guía, Cristo, que es el guía del mundo normal; queremos un guía diferente, pues queremos oponernos a este mundo normal. A partir de los preparativos a los que se someten - ya os los he descrito -, a partir de los preparativos provocados por la magia ceremonial, adquieren la impresión de que el mundo de los poderes ahrimánicos es un mundo espiritual mucho más poderoso y que, sobre todo, les permitirá continuar lo que han conseguido en el mundo físico: hacer inmortales sus experiencias materialistas en la vida física.

Ha llegado el momento de examinar estas cosas, porque quienes no las conocen, quienes no saben que existen hoy en día, no están en condiciones de comprender lo que ocurre. Detrás de todo lo visible en el mundo físico hay algo sobrenatural, algo físicamente imperceptible. Y no son pocos los que hoy trabajan, para bien o para mal, con medios, con impulsos que se ocultan tras lo que los sentidos pueden percibir. Puede decirse que el mundo en que vivimos seguirá su evolución adecuada si los seres humanos se ponen al servicio de Cristo. Pero hay muchos y variados medios para evitarlo, y algunos de ellos están tan cerca de casa que no es fácil hablar de ellos. La gente no tiene idea de lo que puede propagarse a través de las almas humanas, y al mismo tiempo actuar como un impulso oculto inconmensurablemente fuerte.

Ustedes saben, -ahora esto está cerca de casa-, que en cierto momento se declaró la doctrina de la infalibilidad. Esta doctrina de la infalibilidad -y este es el aspecto importante-, es aceptada por mucha gente. Pero alguien que sea un verdadero cristiano podría preguntarse sobre esta doctrina de la infalibilidad. Podría preguntarse qué habrían dicho al respecto los primeros padres de la Iglesia, que estaban mucho más cerca del sentido original del cristianismo. ¡Lo habrían calificado de blasfemia! En un sentido verdaderamente cristiano, esto daría en el clavo. Y al mismo tiempo señalaría un método ocultista excepcionalmente eficaz de estimular la fe por medio de algo eminentemente anticristiano. Esta fe representa un importante impulso ocultista en una dirección particular, alejada de la evolución cristiana normal. Como ven, podemos tocar algo bastante cercano, y dondequiera que lo hagamos en el mundo encontramos impulsos ocultos.

Un impulso ocultista igualmente poderoso, que fracasó, fue pretendido por la Sra. Besant cuando lanzó el fiasco de Alcyone. Si hubiera arraigado la creencia en la encarnación de Jesús en Alcyone, esto se habría convertido en un fuerte impulso ocultista. Así que ya ven que incluso la mera difusión de ciertos conceptos, ciertas ideas, puede contener fuertes impulsos ocultistas. Y como esas fraternidades de las que he hablado se han impuesto la tarea de convertir el quinto período post-atlante, -en el interés egoísta de su grupo-, en el objetivo a largo plazo de la evolución terrestre, eliminando lo que debería venir a esta evolución terrestre en los períodos post-atlantes sexto y séptimo, comprenderán por qué esas fraternidades envían al mundo las cosas que he descrito. Para alcanzar sus objetivos tienen que crear impulsos que tengan sentido no sólo para los seres humanos encarnados, sino también para los que no lo están. Ha llegado el momento en que es necesario que al menos unos pocos individuos solitarios comprendan estas cosas para que puedan hacerse una idea de lo que realmente está sucediendo y se está llevando a cabo.

Para que esto sea posible, deben surgir conceptos sobre la vida de la humanidad en la tierra que sean cada vez más correctos. Es impensable que puedan continuar esos conceptos que tanto daño están causando en nuestro tiempo. Porque cuantos más seres humanos tengan los conceptos correctos, menos podrán ciertas tendencias ocultas crear problemas. Sin embargo, mientras en Europa se sigan diciendo las cosas que se están diciendo hoy en día, cosas que distorsionan deliberadamente la verdad sobre las relaciones de las naciones entre sí, esto es señal de que muchos impulsos ocultos están actuando con el objetivo de distraer la evolución terrestre y alejarla del sexto período postatlante. Al fin y al cabo, el sexto período postatlante traerá consigo cosas importantes. He insistido mucho en que Cristo murió por el ser humano individual. Debemos ver esto como un aspecto esencial del Misterio del Gólgota. El cual tiene una importante tarea durante el quinto período postatlante, que dejaremos de lado por el momento. Pero también tiene una tarea importante en el sexto período. Se trata de ayudar al mundo a superar los últimos vestigios del principio de nacionalidad. Que esto no suceda, que se tomen medidas a tiempo para impedir cualquier influencia de Cristo en el sexto período postatlante, éste es el propósito al que sirven los impulsos de las fraternidades que quieren preservar el quinto período postatlante de la manera que he mostrado.

La única contramedida es crear los conceptos correctos e impregnarlos gradualmente cada vez más de vida. Estos conceptos correctos deben vivir. Las naciones podrían convivir pacíficamente si se esforzaran por descubrir los conceptos e ideas correctos sobre sus relaciones. Como ya he dicho, ningún programa, ninguna idea abstracta, sino únicamente los conceptos concretos correctos, pueden conducir a lo que debe suceder. Por difícil que resulte frente a las ideas actuales, de las que, por supuesto, nuestros amigos también se han contagiado no poco, es necesario, no obstante, llamar la atención de la gente sobre diversos aspectos que pueden conducir a los conceptos correctos. Todos ustedes tienen a su disposición los materiales necesarios en los que basar estos conceptos correctos, pero estos materiales no están iluminados correctamente. En cuanto estén correctamente iluminados, llegarán a las ideas correctas y concretas.

Retomemos ahora algo que ya hemos discutido desde cierto punto de vista. Aquí en este globo, en la Europa que habitamos, se habla de las relaciones entre las naciones de un modo que inflige una tortura absoluta a los muertos, pues todas las ideas y conceptos se basan en las peculiaridades del lenguaje. Al formar conceptos sobre la nacionalidad basados en las peculiaridades del lenguaje, la gente tortura persistentemente a los muertos. Una forma de torturar a los muertos, una forma de no mostrarles amor, es participar en sesiones espiritistas. Para ello se les obliga a manifestarse en una lengua determinada. Se espera que el muerto hable una lengua determinada, ya que incluso con el table-rapping los signos tienen que referirse a una lengua determinada. Lo que se hace a los muertos obligándoles a expresarse en una lengua determinada podría compararse perfectamente con pellizcar a alguien vivo en carne y hueso con unas tenazas al rojo vivo. Así de dolorosas son para los muertos las sesiones espiritistas en las que se les obliga a expresarse en una lengua determinada. En su vida normal, los muertos se esfuerzan por liberarse de las diferencias entre idiomas.

Así pues, simplemente hablando de las relaciones entre los pueblos de Europa en conceptos basados en la lengua, estamos haciendo algo sobre lo que apenas podemos comunicarnos con los muertos. Por eso podría decir que hoy es necesario, o empieza a serlo, formar conceptos de un tipo que pueda discutirse con los muertos, o sobre los que podamos tener comunicación con ellos. Por supuesto, no es necesario inundar el mundo de volapuk o de cualquier otro lenguaje construido, pues si bien es cierto que todas las personas visten ropa, no es necesario que todas vistan la misma ropa. Pero, por otro lado, no se puede esperar que veamos nuestra ropa como parte de nosotros mismos. Del mismo modo, algo que necesitamos para el mundo físico, a saber, la diferenciación entre lenguas, -que sirven para traer el reino espiritual al mundo físico-, no puede considerarse como perteneciente a nuestro ser arquetípico más íntimo. Esto hay que tenerlo claro.

Entonces, ¿Cómo podemos llegar a conceptos que se eleven gradualmente por encima de los elementos étnicos que se basan casi exclusivamente en el lenguaje? También en esto la Antroposofía debe superar a la mera antropología, que en realidad no tiene otro medio de responder a esta pregunta que remitiéndose a las diferenciaciones del lenguaje.

Como ya he dicho, los pueblos de Europa podrían vivir fácilmente en paz si encontraran conceptos adecuados, conceptos que estén vivos. Ya dimos un paso en este sentido cuando hablamos de la ley de Grimm sobre los cambios de sonido. Allí les mostré cómo algunas lenguas se han quedado atrás en una etapa anterior. Hablamos de la secuencia de etapas: El gótico, el anglosajón -el inglés actual- y luego el alto alemán. El alto alemán ha seguido avanzando mientras que el inglés se ha quedado en una determinada etapa. No se trata de un juicio de valor, sino simplemente de un hecho que hay que observar tan objetivamente como una ley de la naturaleza. En inglés tenemos d donde en alto alemán hay t, y hemos visto que esto se ajusta a cierta ley, la ley de los cambios de sonido. Sin embargo, esta ley de los cambios de sonido es, en cierta esfera, una expresión de condiciones más profundas que prevalecen en toda la vida europea. A este respecto, cabe señalar que determinados conceptos e ideas contribuyen con fuerza, aunque inconscientemente, a provocar malentendidos. También estas cosas hay que verlas con toda objetividad.

Partiendo de lo que hemos dicho hasta ahora, podríamos afirmar que en Europa Central existía lo que podríamos llamar la "sopa primordial" de lo que más tarde fluyó hacia la periferia, en particular hacia Occidente. Veamos más de cerca esta "sopa primordial" (véase el diagrama 2). Durante mucho tiempo ha sido costumbre que la nación que representa esta "sopa primordial" se llamara a sí misma "das deutsche Volk". Los pueblos de Occidente han ejercido una especie de venganza contra esta nación negándose a llamarla por el nombre que eligió para sí misma, un nombre que significa un instinto profundo. Se les llama "teutones", "allemands", " germanos", todo tipo de cosas, pero nunca, para los que hablan una lengua occidental, "alemanes". Sin embargo, este nombre está profundamente vinculado a la naturaleza de este pueblo, que es, en cierto modo, la "sopa primordial". Una corriente de esto fue hacia el sur. Lo hemos descrito como el elemento de culto jerárquico papal.

Otra corriente se dirigía hacia Occidente. Lo hemos descrito al hablar del elemento diplomático, político. Y una tercera corriente se dirigía hacia el Noroeste. La describimos en relación con el elemento mercantil. En el centro quedaba algo que ha conservado una fluidez que permite una evolución ulterior. Sólo hay que recordar que en la periferia incluso la lengua ha dejado de desarrollarse, mientras que en la lengua alemana de Europa Central sigue existiendo, en los cambios de sonido, la posibilidad de crecer más allá de los sonidos y ascender a la siguiente etapa de la evolución sonora.

¿Cuál es la base para ello? La "sopa primigenia" todavía estaba prácticamente indiferenciada y contenía todos los elementos que luego fluyeron hacia el exterior. Realmente fluyeron hacia el exterior. Los pueblos migratorios atravesaron Italia. Los italianos actuales no descienden de los romanos, sino que son el resultado de la mezcla de las tribus germánicas que se desplazaron hacia el sur. Todo el proceso comenzó cuando los romanos utilizaron a los germanos que habían absorbido para hacer la guerra contra otros germanos, ya que éstos eran sus mejores guerreros. Las cosas continuaron de la manera que nos es familiar en la historia. Del mismo modo, los francos emigraron hacia el oeste y los anglosajones hacia el noroeste. ¿Cómo podemos hacernos una idea adecuada de lo que emigró hacia el exterior de esta manera?

diagr. 2

La "sopa primordial" indiferenciada de la humanidad no carecía totalmente de estructura, aunque fuera indiferenciada. Es correcto distinguir entre lo que al principio era indiferenciado y lo que más tarde se diferenció. La "sopa primordial" contiene lo que emigró hacia el sur; es una de las partes. Esta parte (roja en el diagrama) migró hacia el sur con toda su unilateralidad. Haciendo una analogía con lo que la gente entendía por las antiguas castas, podríamos decir que una casta emigró hacia el sur, una casta con capacidad para lo sacerdotal, una casta sacerdotal. Desde entonces, siempre ha emanado un elemento sacerdotal de esa parte de la periferia. Esto ha tomado muchas formas y, aunque de manera extraordinaria, incluso la última fase tiene una especie de carácter sacerdotal. No sólo se denomina al impulso "egoísmo santo", sacro egoísmo, sino que d'Annunzio, por ejemplo, no podría haber utilizado palabras de naturaleza más sacerdotal. Hasta las "Bienaventuranzas" reformuladas, todo lo que venía de allí estaba revestido de ropajes sacerdotales. Bueno o malo, todo era de naturaleza sacerdotal. Lo que quedó en la "sopa primordial" se convirtió en la oposición a todo esto, en la forma que he descrito. Lo que apareció en la Reforma fue el elemento que había quedado en la "sopa primordial"; vino a ser el oponente del elemento sacerdotal unilateral. El hecho de que hoy no se pueda detectar nada más de este elemento sacerdotal, o que todo lo que se pueda detectar sea lo que obviamente está ahí, es simplemente el resultado de ese vaciamiento del que he hablado.

El segundo elemento emigró hacia el oeste: la casta guerrera, la casta real, el elemento de la realeza. También hemos hablado de esto. Esta parte occidental sólo cayó en el republicanismo por una anomalía. En realidad, está estructurada interiormente de una manera guerrera y real, y siempre volverá a caer en este elemento guerrero y real. De nuevo tenemos algo que ha salido, de modo que una parte de este elemento que ha salido hacia Occidente también ha permanecido en la "sopa primordial" y a su vez tendrá que proporcionar la oposición a lo que tiene lugar en Occidente (azul).

Y hacia el noroeste se dirigió el elemento mercantil. También éste permanece como una parte (naranja) y tendrá que oponerse a lo que se ha desarrollado unilateralmente. Con esto no pretendo hacer ninguna valoración moral, pues que nadie crea que comparto en modo alguno la opinión, expresada con tanta frecuencia, de que el elemento mercantil es algo despreciable en comparación con el elemento sacerdotal. Todas estas cosas deben ser vistas en su disimilitud, pero no deben ser etiquetadas y evaluadas. De hecho, para el quinto período post-atlante, como hemos visto, el elemento mercantil es algo totalmente esencial. Pero hay que ver las realidades tal y como existen. Si la gente no puede verlas ahora, llegará a verlas en el futuro.

De un sector han emanado muchos impulsos ocultos que han utilizado el elemento sacerdotal en interés de ciertos grupos, y de otro sector han venido impulsos ocultos que han utilizado el elemento bélico. Del mismo modo, de un tercer sector emanan hoy impulsos ocultos que prefieren utilizar como vehículo el elemento mercantil. Serán más fuertes que los otros, pues los números I y II no son más que repeticiones de los períodos post-atlantes tercero y cuarto, mientras que el número III pertenece plenamente al quinto período post-atlante. Por lo tanto, todos los impulsos procedentes del tercer sector serán más fuertes que los procedentes del primero y segundo sectores, porque coinciden con el carácter fundamental del quinto período post-atlante. Serán tan fuertes como lo fueron ciertos impulsos durante la civilización egipcia en el tercer período post-atlante, y otros que emanaron del Cercano Oriente y se trasplantaron a través de las culturas de Grecia y Roma durante el cuarto período post-atlante. La hechicería de los antiguos egipcios y los sacrificios de sangre son los precursores de lo que proviene de las fraternidades secretas de las que hemos estado hablando, aunque lo que proviene de ellas será algo diferente. Debido a que hace uso del elemento mercantil, tendrá un carácter más común en el sentido humano ordinario.

Debemos tener muy claras estas cosas. Sólo cuando los seres humanos se sienten inmersos de forma viva en lo que existe de verdad, puede llegar a la evolución la cura. Sólo así es posible, dentro de lo que acontece, aprender a distinguir lo verdadero de lo falso. Hemos oído lo necesario que es aprender a distinguir entre la verdad y la falsedad, esa falsedad que es la causa de la enorme oleada de impulsos que ahora recorre el mundo. Tantas ideas, si son creídas por los seres humanos, llevan en sí una poderosa fuerza oculta.

Así como en épocas anteriores otros medios sirvieron a los impulsos que estaban en acción, en nuestro propio tiempo, en el quinto período post-atlante, el arte de imprimir libros y todo lo que existe en el elemento mercantil sirve a estos propósitos. Tenemos un anticipo de las terribles cosas que están por venir en la fuerte dependencia de la gente de todo lo que publican en la prensa los grupos mercantiles por medio de la imprenta. Los objetivos de estos grupos son cualquier cosa menos lo que dicen ser en sus periódicos. Quieren obtener beneficios, o lograr ciertas cosas haciendo negocios, y para ello poseen los medios por los que pueden difundir opiniones cuya veracidad es irrelevante pero que sirven al propósito de entrar en ciertos tipos de negocios. En el caso de gran parte del material impreso que se distribuye hoy en día por todo el mundo, la pregunta correcta que hay que hacerse no es: ¿Qué quiere decir esta persona? ¿Qué significa esta persona? sino: ¿Al servicio de quién está esta persona? ¿Quién paga por esta o aquella opinión? Esta es a menudo la pregunta crucial hoy en día. Las fraternidades ocultas de las que hemos hablado no se ocupan de suprimir estas cosas, sino de promoverlas como un importante medio oculto del que pueden hacer uso. Consiguen un objetivo importante cuando lo que se dice ya no importa, siempre que ejerza influencia sobre la gente en interés de determinados grupos.

Lo importante es ver estas cosas con la mayor claridad y sobriedad posibles. Y sólo podemos discernir suficientemente los matices si los vemos adecuadamente en sus conexiones con los mundos espirituales. Me refiero a los síntomas, a los síntomas de la historia, como ya he dicho. Por supuesto, no hay que esperar encontrar magia negra detrás de cada fenómeno. Pero hay fenómenos que se utilizan al servicio de la magia gris o negra. Tampoco es necesario emitir juicios morales sobre todo; simplemente hay que ver las cosas en su justa medida.

Para quien quiera ver las cosas como es debido, seguramente serán inolvidables y sobrecogedoras ciertas palabras pronunciadas por Sir Edward Grey, palabras que aparecen entre otras cosas menos importantes que, sin embargo, también había que decir para que el conjunto resultara creíble. Estas palabras formaban parte del gran discurso que pronunció para introducir la entrada de Inglaterra en esta guerra europea, y están saturadas de la sangre, -me refiero a la sangre del alma-, del quinto período postatlante. Estas palabras no sólo son verdaderas, sino más que verdaderas; su verdad se extrae de lo que vive de forma materialista en el quinto período postatlante. Me temo que vamos a sufrir terriblemente en esta guerra, tanto si participamos en ella como si nos mantenemos al margen. El comercio exterior se va a detener, no porque las rutas comerciales estén cerradas, sino porque no hay comercio en el otro extremo. Las naciones continentales en guerra, -todas sus poblaciones, todas sus energías, todas sus riquezas, enzarzadas en una lucha desesperada-, no pueden mantener con nosotros el comercio que mantienen en tiempos de paz, tanto si somos partes en la guerra como si no lo somos", etcétera.

Toda Europa occidental está hoy bajo el dominio de una sola cuestión de poder. Este discurso sobre el comercio, y sobre la importancia de no desvincularse de la guerra por consideraciones comerciales, es mucho más profundamente verdadero que todas las demás cosas contenidas en este discurso, cosas que sólo tenían que decirse para que este discurso fuera creíble. Ya no importa lo que se diga, siempre que se crea. Incluso puede que lo digan inconscientemente. Tampoco estoy juzgando moralmente a nadie. Lo que importa es la capacidad de reconocer, -a partir de la verdad interior de la evolución humana-, dónde se expresa la verdad. Y este fue un punto en el que se dijo la verdad en el sentido más verdadero. Se expresan con veracidad los mismos hechos, las mismas verdades que, una vez convenientemente desarrolladas por esas hermandades de las que hemos hablado, conducen a la impregnación de la tendencia mercantil con impulsos ocultistas.

Esto debe ser conocido por la humanidad; debe ser experimentado por la humanidad. Si los seres humanos no lo experimentaran, no se fortalecerían lo suficiente. Deben endurecerse oponiéndose a lo que yace en los impulsos que hemos descrito. En una época anterior existía una tiranía que obligaba a la gente a creer sólo en lo que era reconocido por Roma. Una tiranía mucho mayor se producirá cuando ni los filósofos ni los científicos decidan lo que debe creerse, sino cuando sólo los instrumentos de esas fraternidades secretas especifiquen lo que debe creerse, cuando sólo ellas se aseguren de que ningún alma humana pueda albergar otras creencias que las dictadas por ellas, cuando no se haga nada nuevo en el mundo salvo lo estipulado sólo por ellas. Este es el objetivo de estas fraternidades. Y aunque no tengo nada en contra de los idealistas, -pues el idealismo siempre es algo bueno-, ciertos idealistas son ingenuos si creen que estas cosas son sólo temporales y que volverán a desaparecer una vez que la guerra llegue a su fin. La guerra no es más que el principio de la tendencia de las cosas. Y la única posibilidad de superarlo reside en la comprensión clara y adecuada de lo que está ocurriendo. Nada más sirve. Por lo tanto, -aunque a ciertos sectores no les gustará oírlos ni verlos y tomarán medidas contra ellos-, siempre tendrá que haber personas que señalen claramente toda la intensidad de lo que está ocurriendo realmente, personas a las que no se pueda disuadir de señalar toda la intensidad de lo que está ocurriendo.

Al principio de estas consideraciones dije que los alemanes se llamaban a sí mismos "Deutsche", pero que no encontraban comprensión por parte de quienes los llaman "alemanes", o cualquier otra cosa. Visto desde su propio punto de vista, "alemán" es exactamente lo que no son, ya que los que se llaman a sí mismos "Deutsche" consideran que "germánico" se refiere a todos aquellos cuyas lenguas se encuentran en la misma etapa histórica, y esto no incluye el alto "alemán" ni nada que sea "Deutsch". Desde su punto de vista, los escandinavos, los anglosajones y los neerlandeses son "alemanes", y con ello no quieren decir otra cosa que, bajo la superficie, sus lenguas están relacionadas. Así que "alemanes" ya no significa mucho para los que se llaman a sí mismos "Deutsche" porque todo esto ya no tiene ninguna realidad hoy en día. Así, cuando fuera de Alemania se acuñan las palabras "pangermánico", éstas carecen de sentido para los que se llaman a sí mismos "alemanes", porque para ellos lo "germánico" ya no puede tener ninguna sustancia real. Se han formado diferentes estructuras nacionales, y utilizar la expresión puramente teórica "pangermánico" es simplemente retroceder a una época anterior; no expresa nada que tenga relación con el futuro o incluso con el presente. Sin embargo, la denominación "Deutsch" se basa en un instinto profundo.

De lo que denominé la "sopa primordial" surgieron las tres castas, la primera, la segunda y la tercera. Se desarrollaron y emigraron. La cuarta casta ya la he descrito como aquellos que simplemente querían ser seres humanos, y nada más. Siempre se quedaban donde estaban y, en consecuencia, experimentaban evoluciones que a los demás les parecían grotescas, -por ejemplo, en relación con el primer estadio sacramental de la aliteración, que pasó a convertirse en el cambio de sonido. Esto es muy interesante porque es un eslabón entre muchos otros.

Digámoslo así: Los que emigraron eran diversas diferenciaciones de "el pueblo"; y los que se quedaron eran "el pueblo" per se, el "volk", la "dieta". El nombre Dietrich, por ejemplo, significa "el que es rico en gente". Diet" se convirtió más tarde en "deutsch", y ser "deutsch" no significa otra cosa que ser "el pueblo". El pueblo que se quedó donde estaba es la cuarta casta. Las otras tres emigraron, "el pueblo" se quedó.

Este es el instinto profundo que se esconde tras la denominación "Deutsch"; simplemente denota el elemento humano. Por lo tanto, lo que se quedó donde estaba como "el pueblo" tiene la capacidad de sentirse, no como algo que se ha desarrollado orgánicamente, sino como algo que ha permanecido fluido en su desarrollo para poder ir más allá de todas las diferenciaciones. Ciertamente, el elemento sacerdotal está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento sacerdotal. El elemento bélico está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento bélico. El elemento mercantil también está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento mercantil. Lo mismo ocurre con el lenguaje; la forma antigua estaba ahí, pero existía la posibilidad de ir más allá.

En relación con esto, sin embargo, hay un fenómeno que, comprensiblemente, ha dado lugar a un sinfín de malentendidos. A un nivel más profundo, se trata de malentendidos trágicos, pero se producen porque, por supuesto, en la "sopa primordial" hay mucho que contiene los gérmenes de lo que más tarde reaparece en la periferia. Sin embargo, mientras que en la periferia se considera característico y adecuado, cuando se descubre en la "sopa primordial" se piensa que es totalmente anormal. Tomemos por ejemplo el militarismo. No pertenece en absoluto a la naturaleza del pueblo alemán, sino a la del francés. En Francia no se le encuentra ningún defecto, porque allí se ha desarrollado orgánicamente. Pero cuando se descubre en Alemania se ve como algo impropio que no debería estar allí. Se le reprocha cuando sale a la luz como resultado de una situación de emergencia, como la situación geográfica de la que ya hemos hablado largo y tendido. O tomemos al "aristócrata" alemán; todo lo que representa es lo que se desarrolló en el Imperio Británico hasta convertirse en algo absolutamente aceptable, el terrateniente aristocrático. Simplemente porque se desarrolló a su manera en Europa Central, destaca enormemente y se considera una provocación. Así surgen un sinfín de malentendidos; de hecho, el mundo está lleno de cosas que se malinterpretan, está lleno de interpretaciones subjetivas de la realidad. Dondequiera que se mire, se encuentran todo tipo de ideas que se desmoronan al examinarlas más de cerca. Aquellos que realmente entienden lo que está pasando no tienen ningún uso para estas cosas, aquellos cuyo pensar está basado en la realidad no tienen ningún uso para ellas, y sin embargo actúan como impulsos; en la opinión pública actúan como dinamita. Se abren paso a codazos en la opinión pública. Algunas serían infinitamente graciosas si no fueran tan infinitamente trágicas.

He aquí un ejemplo. Treitschke es descrito por las naciones de la Entente como un monstruo, como una persona cuyas opiniones son una abominación para Europa. Se le presenta como la tipificación de aquellas opiniones sobre Europa Central que justifican infligir a Europa Central su merecido. Pero veamos algunas de las opiniones de Treitschke. ¿Qué piensa, por ejemplo, de los turcos? Piensa que deberían marcharse de Europa, que no se les debería permitir vivir en Europa, sino que deberían dispersarse por Asia. Lo que leemos hoy en la nota a Wilson expresa exactamente la opinión de Treitschke. Se le reprocha a Treitschke, pero en este asunto, como en innumerables otros, su opinión es adoptada e incluso puesta en práctica. Sus puntos de vista sobre Turquía podrían haber sido copiados directamente en la nota a Wilson. Esto es lo que quiero decir con una idea que se desmorona; tan pronto como se aplica cualquier conocimiento o comprensión se desintegra. Otros conceptos también se desintegran en cuanto se aplica un poco de conocimiento. Pero hoy en día la mayoría de la gente hace afirmaciones sin ningún conocimiento, en beneficio de los que quieren difundir sus ideas en la oscuridad. Cuántas veces oímos hoy que es perfectamente "humano" rodear y matar de hambre a Europa Central. Entre las diversas razones que se aducen para justificar este humanísimo método de guerra está la de que en 1870 los alemanes hicieron exactamente lo mismo. Les pareció perfectamente "humano" rodear y matar de hambre a París; y el tamaño relativo de los territorios en cuestión es irrelevante. Sólo alguien que no sabe nada de historia puede hablar así, ¡por supuesto no me refiero a la historia que se puede leer en los periódicos!

¿Pero cuáles fueron los hechos? En 1870/71, Bismarck, responsable de matar de hambre a París, se opuso totalmente a tal cosa. En su libro se puede leer lo angustiado que estaba porque el impulso proveniente de Inglaterra, a través de la princesa inglesa que más tarde se convirtió en la emperatriz, de conquistar París por hambre y no por cualquier otro medio. Escribe que, lamentablemente, la inglesa los obligó a aplicar "este método humano" en París; habla del método humano inglés.

Ese es el verdadero contexto histórico. Pero, por supuesto, hay que saberlo si se quiere juzgar las cosas sin utilizar ideas que se desmoronen. Comparando las dos situaciones, parecen verdaderamente parecidas. Pero muy a menudo las cosas no se parecen en nada cuando se las compara con el contexto completo. En este caso, el método “humanitario” de matar de hambre a París es una invención inglesa de la historia reciente. De modo que la objeción que ahora se hace no debería hacerse, si la realidad ha de ser la base. Trabajar con la realidad, comprender las cosas a partir de la realidad: sólo esto puede conducir a la salvación hoy.

Para poder atender la petición de muchos de nuestros amigos de investigar los acontecimientos actuales, hemos tenido que discutir cosas que normalmente discutimos en otras conexiones, para que nuestras almas puedan experimentar la profunda seriedad con la que debe verse la realidad de los acontecimientos. Si se pudieran encontrar solo unas pocas personas que estuvieran dispuestas a ver las cosas como realmente son, entonces los tiempos sombríos que estamos a punto de enfrentar serán seguidos por tiempos mejores. Las semillas tardan en madurar. Pero si hoy siembran pensamientos de realidad en sus almas, estas son semillas reales capaces de madurar, y podemos añadir que estos son pensamientos sobre los cuales uno puede estar de acuerdo con los muertos. Es tan doloroso escuchar en todos lados estos días que 'a los muertos les debemos esto o aquello'. Este evento, que por conveniencia todavía se llama 'guerra', aunque hace tiempo que se ha convertido en algo totalmente diferente - ¿Con qué frecuencia los que quieren prolongar este evento, proclaman todas las cosas que se supone que debemos a los muertos, a los que han caído! Si la gente solo supiera cómo blasfeman contra Dios cuando sostienen que se lo debemos a los muertos para prolongar estos eventos sangrientos; si solo supieran la posición de los muertos en este asunto, ¡rápidamente se distanciarían de esta blasfemia!

Así, mis queridos amigos, de todas estas cosas que vienen a través de los seres humanos, vean lo necesario que es construir un puente entre los vivos y los muertos. La ciencia espiritual construirá este puente. La ciencia espiritual traerá consigo la posibilidad de alcanzar un entendimiento, incluso con aquellos que han pasado por el portal de la muerte. Una vida de comunidad abrazará todas las almas humanas, - aquellas encarnadas en la tierra y aquellas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento-, cuando se entienda la naturaleza fundamental del ser humano, cuando se entiende que la vida en el cuerpo y la vida sin el cuerpo son simplemente dos formas de una misma vida que abarca todo. Este saber que el ser humano tiene dos formas de vida, una en el cuerpo y otra sin el cuerpo, -este saber, si es fundamentalmente entendido, lleva dentro de él la salvación para el futuro, pero solo si los seres humanos se llenan de estas ideas de una manera verdaderamente viva.

Traducido por J.Luelmo sept.2023

GA056 Berlín, el 16 de abril de 1908 - El Infierno-

 Índice

    RUDOLF STEINER. 


LA MISIÓN DE LA CIENCIA OCULTA EN NUESTROS DIAS

 Berlín, el 16 de abril de 1908

décimo cuarta conferencia

Tenemos que remontarnos muy atrás en los esfuerzos humanos por resolver los enigmas del mundo si queremos vislumbrar el origen de las dos ideas que pronto se imponen al ser humano si aborda los enigmas del mundo en un sentido más profundo, sobre todo en un sentido espiritual: las ideas del mal y del bien.

El pensamiento humano siempre intentará elevarse a las fuerzas misteriosas que causan nuestro desarrollo desde el mundo espiritual. Todo el tiempo notamos el intento en las formas más diferentes de relacionar las fuerzas benéficas y progresivas de la vida con las fuerzas destructoras, las reacias, las que se oponen. Sin embargo, el ser humano se enfrenta repetidamente a la íntima relación entre ambas fuerzas, que existe para el observador preciso a pesar del aparentemente fuerte contraste. Basta pensar en las palabras de Schiller sobre el fuego ya mencionadas en otra oportunidad:

Benévola es la fuerza del fuego
Si el hombre lo domestica y vigila,
Pues lo que construye, lo que crea,
se lo debe a este poder celestial,
Pero terrible es este poder celestial,
Si esta fuerza, despojándose de sus grilletes,
Camina por sus propios senderos
Esta libre hija de la naturaleza.

Podría decirse que en tales palabras reside la cuestión que ha de ocuparnos hoy y en la siguiente charla. La cuestión se ha revestido en distintos momentos con las palabras infierno y cielo. No hay que imaginarse en absoluto que estas palabras aparezcan donde tienen ese significado supersticioso que les añaden muchos seguidores de estas ideas, aunque tampoco son menos numerosos los que quisieran combatirlas hoy sin conocer su significado más profundo.

Si miramos sólo brevemente a nuestro alrededor, veremos que nuestra pregunta surge ya en la antigua cultura persa, donde se contraponen agudamente los reinos de las fuerzas del bien, de Ormuzd, y de las fuerzas del mal, de Ahriman. Si vemos cómo en una extraña imagen mental las fuerzas que odian, las fuerzas impeditivas se mezclan en las fuerzas ocultas que penetran en el mundo en el buen sentido y finalmente el poder de la luz sale victorioso, tenemos ante nosotros uno de los grandes escenarios en los que la imaginación humana viste nuestro problema. Desde el Tartaros griego hasta la mitología nórdica se nos presenta un reino del infierno; oímos nombres con los que se relaciona el concepto "infierno". Es esa región en la que están condenados todos los que no tuvieron una muerte honorable en el mundo físico.
Una peculiaridad puede llamarnos la atención si recordamos esta leyenda del infierno. Sigámosla exactamente, porque hay que decir desde el principio, en el vestido de la mitología se encuentra a veces una sabiduría más profunda que la que se halla con abstracciones en nuestro tiempo.
Es curioso cómo la antigua mitología nórdica deriva la condición actual del mundo de un nebuloso y frío "Niflheim", la tierra del norte que era ajena al sol según la idea germánica en la antigüedad, y de otro reino, "Muspelheim", el reino cálido. Mediante la cooperación de ambos reinos se originó la condición actual de la tierra. Del frío y nebuloso Niflheim, y no del cálido Muspelheim, se derivaron las fuerzas más importantes que sirven ahora a la humanidad. Allí se desarrollaron primero las fuerzas superiores subyacentes a la cultura actual. Sin embargo, al mismo tiempo, -y esto es lo extraño que toca nuestra pregunta de manera milagrosa-, se nos dice que Hel que recibe a los muertos indignos es exiliado por los dioses a este hogar nebuloso donde llegan los que murieron de muerte no honorable. Es extraño que el reino y las fuerzas del ascenso se junten con el lugar y la personalidad que representa la fuerza de la muerte, de la decadencia.

Acercándonos a nuestros tiempos, encontramos a quienes se hacen la imagen mental de un mundo en el que se concentra el mal y quieren explicar nuestra existencia desde las profundidades de la existencia del mundo. ¡Cuán magnífica y grandemente describe Dante este mundo inmediatamente al comienzo de su sobrecogedor poema que muestra la purificación y el desarrollo del ser humano hacia los mundos espirituales superiores! También cuando Goethe escribió su Fausto, se instó a un poeta a tomar estas imágenes mentales para mostrar las fuerzas que viven en el alma humana. De ahí que contrapusiera lo que debía conducir a Fausto a las potencias luminosas con el representante de las potencias infernales, con Mefistófeles.

En el Fausto de Goethe se pueden encontrar muchas observaciones importantes que describen la peculiar relación de Fausto con Mefistófeles y de ambos con la existencia del mundo. Me gustaría mencionar dos de ellas en este contexto en el que Goethe pone ambos conceptos extrañamente uno al lado del otro y en cierto modo recuerda a la leyenda nórdica. La primera cita es aquella en la que Mefistófeles es llamado "una parte de esa fuerza que, queriendo siempre el mal, produce siempre el bien". En una coherencia muy íntima con toda la existencia del mundo, se ponen ahí los conceptos del bien y del mal. Y no debe dejar de mencionarse otra cita de Goethe que por un lado nos conduce profundamente al alma de Goethe, por otro lado, sin embargo, también bastante profundamente a nuestro problema; pues trata de toda la relación de las fuerzas buenas en Fausto con aquello que Mefisto, el maligno, quiere alcanzar con él. Muy típicamente, Goethe deja que Fausto diga las palabras cuando debe hacer el pacto con Mefisto que determina bajo qué condiciones pertenece a Mefisto:

Si alguna vez dijera a cualquier momento:
Quédate, eres tan hermosa.
Entonces puedes ponerme tus grilletes,
entonces con gusto seré destruido.
Entonces pueden tocar la campana que pasa,
tus obligaciones terminarán...
el reloj puede detenerse, su mano puede caer,
y se acabe para mí el tiempo.

(Versos 1699-1706)

"Si alguna vez dijera a algún momento: Quédate - ¡eres tan bella!" es una expresión con la que Goethe nos hace comprensible que Mefistófeles no lo ha entendido en su totalidad. Sin embargo, Fausto sabe que sólo puede enamorarse de los poderes infernales si se encuentra en situación de decir al momento: "¡Quédate - eres tan justo!"

Quiero poner esto al principio de nuestra consideración de hoy porque puede mostrar en qué dirección se vuelve lo que hoy nos ocupa, por un lado, desde el mundo de las leyendas, por otro lado, desde un profundo pensamiento humano, revestido de un ropaje poético. En efecto, quienes hoy creen poder construir toda una cosmovisión a partir de algunos conceptos desmenuzados del mundo material, se aprestan muy fácilmente con los conceptos infierno y cielo. No les importa lo que hemos puesto ahora a la cabeza de nuestra consideración. Uno simplemente dice, sólo tenemos que retroceder en el camino de desarrollo de las diferentes religiones y cosmovisiones infantiles. Entonces nos damos cuenta de que los pueblos o algunos seres humanos inventaron algo en su miseria que se denomina cielo e infierno, en parte para consolar a los pueblos por el dolor que sufren en la tierra, en parte para animarles por el miedo al infierno a transformar sus deseos egoístas en el bien.

Quien habla así no sabe nada de los verdaderos motivos por los que se introdujeron ideas como el cielo y el infierno en las almas y los corazones de los seres humanos.

Hoy buscamos una respuesta a esta pregunta no en cualquier observación accidental, en cualquier imagen, juicio y conclusión, sino que queremos obtener imágenes mentales de lo que hay que decir sobre esta cuestión.

Recordamos la conferencia sobre el tema "El hombre, la mujer y el niño". Podríamos hablar allí del gran desarrollo del ser humano en la tierra e impartir conocimiento de varias fuerzas que están activas en la evolución humana. Si observamos este desarrollo humano en el sentido de la ciencia espiritual, entonces tomamos el camino para alcanzar una relación con él como el observador científico-espiritual mira al niño en crecimiento que se acerca a nosotros desde los primeros momentos de su vida y desarrolla sus fuerzas y habilidades cada vez más.
Quien, con la vista aguzada por la ciencia espiritual, observa a este ser humano en crecimiento, ve cómo las capacidades del niño se desarrollan a partir de los rudimentos de un modo encantador. Una ciencia de mentalidad materialista querría hacernos creer que lo que gradualmente se abre camino de forma tan atractiva debe retrotraerse a los atributos meramente heredados de los padres, abuelos u otros antepasados. La palabra "herencia" juega un gran papel en esta cuestión en la actualidad. A menudo he llamado su atención sobre el hecho de que la ciencia espiritual tiene que jugar un papel que antes de no mucho tiempo, -300 años no han pasado todavía-, jugó un gran científico, el naturalista italiano Francesco Redi (1626-1697). Él pronunció por primera vez algo que hoy es propiedad común de cualquier conocimiento no profesional y académico. En su época, no sólo era una fe no profesional, sino también la fe de todos los naturalistas que de algo inerte, del lodo del río, pueden originarse no sólo seres animales inferiores, sino también lombrices de tierra, peces. Hoy se cree que se trata sólo de prejuicios religiosos, que impidieron al ser humano reconducir todas las cosas a un orden mundial totalmente mecánico. Sin embargo, no sólo los pocos eruditos mundanos que vivían en aquella época suponían que a partir de algo inanimado podía originarse la vida, sino que también San Agustín representaba este punto de vista. De este hecho se deduce que no contradecía en absoluto la piedad de San Agustín representar tal concepción.
Pero, ¿qué es lo que contradice tal suposición? Una verdadera observación exterior e interior adentrándose en las profundidades de la existencia cósmica, experiencia física y no sobrenatural de las cosas.. Las experiencias físicas y no sobrenatural forzaron la cita sobre los seres humanos gradualmente que entonces Redi hizo: la vida puede originarse sólo de la vida.

La ciencia espiritual moderna se encuentra hoy en la misma posición en la que se encontraba en aquellos días el naturalista Redi, que escapó por los pelos del destino de Giordano Bruno (1544-1600, monje y filósofo italiano, quemado en la hoguera). La sentencia, que hoy se niega, se aplica al ámbito espiritual: lo espiritual sólo puede originarse en lo espiritual. - No podemos reconducir a procesos físicos lo que vemos desarrollarse primero a partir de las disposiciones del embrión. Lo reconducimos a lo espiritual como reconducimos la vida a la vida. Entonces lo espiritual nos devuelve a lo espiritual-mental. Si vemos este espiritual-mental revestido, por así decirlo, de aquellos atributos relacionados con el físico o las otras cubiertas del ser humano, entonces sólo reconducimos este físico a toda la línea de herencia que colorea y matiza las capacidades y peculiaridades espirituales-mentales. Si se quiere llamar nuestra atención repetidamente sobre la forma en que las cualidades se suman en la línea de herencia gradualmente que aparecen entonces por último con un descendiente, no nos sorprende en absoluto desde el punto de vista de la ciencia espiritual. Para nosotros es algo natural que en los cuerpos en los que aparece el germen espiritual aparezcan los atributos de la herencia física. Pues, ¿Cómo vemos esta herencia física? Elegimos el siguiente ejemplo:
Tomamos una semilla de planta y la depositamos en tierra fértil con todo tipo de sustancias que pueden dotar a la planta de abundancia. Y luego depositamos la misma semilla en otra tierra que sólo contiene escasas sustancias que la planta necesita. Las plantas llevan en sí las cualidades de la tierra de la que brotaron. Así vemos a la planta desplegando lo que es su propio origen más profundo, su germen vegetal, y por otro lado vemos lo que desarrolla y despliega este germen vegetal, en el que está envuelto, lo que está como adherido y relleno de la tierra y el suelo del que ha brotado la planta. Y así el ser humano, como la planta de una planta anterior, ha brotado de un alma espiritual del pasado. Ha crecido en un suelo que fue preparado en la línea de la herencia, y este germen de alma espiritual también contiene cualidades que trae consigo del suelo de la línea de la herencia. No nos sorprende que todo el proceso sea así, y que se presente al observador externo y físico del mundo de tal manera que pueda caer en los errores aludidos. Cuando se dice que hay que observar cómo se suman las cualidades de los antepasados en una personalidad especialmente dotada y que un músico procede de una familia de músicos y un matemático de una familia de matemáticos, el científico espiritual no tiene por qué negar estas cosas ni presentarlas bajo una luz diferente. Para la ciencia espiritual, la situación es la siguiente: 
Hay largos periodos de tiempo en los que lo que es nuestra alma espiritual emerge una y otra vez. En la investigación espiritual hablamos de vidas terrenales repetidas diciendo que lo que es la existencia del alma espiritual en nosotros nos remite a vidas anteriores en las que se pusieron los gérmenes espirituales para la vida presente. Todo lo que ahora contenemos, y lo que ahora alcanzamos, se desplegará y hará su trabajo en el tiempo futuro. Este germen espiritual no tiene nada que ver con lo que se reproduce en la línea física. Cuando el ser humano viene a la existencia, este germen espiritual-anímico entra en el cuerpo físico, y este cuerpo físico, que habita, es construido por las fuerzas que se heredan en la familia. De este modo, se construye realmente en el hombre una dualidad, una de las cuales, el alma espiritual, se remonta a una línea de evolución meramente espiritual, mientras que la otra, la física, debe remontarse a la línea de evolución hereditaria. La herencia y la reencarnación son las dos cosas que juegan entre sí aquí, lo cual es bastante obvio a partir de cualquier observación sensata. Pero vean -se dice entonces- que en un antepasado están presentes estas cualidades y en el otro aquellas otras. Al final estas cualidades se reúnen y se convierten en un Goethe o un Beethoven. Y normalmente los genios aparecen al final de una larga línea.
Veamos esta frase: El genio aparece al final de una serie generacional.  - Es extraño que el genio se atribuya a la herencia porque tiene un cuerpo organizado para el genio.
Si los BernoulH se convierten siempre en matemáticos, está claro que necesitan cuerpos especiales para ello. No es maravilloso que cuando el germen espiritual-anímico se sumerge en lo que es el linaje hereditario, en lo que es el substrato para la cabeza matemática, traiga también consigo estas cualidades. ¿O acaso es de extrañar que quien entra en el agua salga mojado? Así que también es natural que cuando alguien nace de una familia, lleve consigo las cualidades de la familia. 
Lo que puede significar realmente la frase anterior, entonces, es algo evidente, algo fundamentalmente trivial. ¿Pero cómo habría que demostrar que el genio en sí es hereditario? ¡Por el hecho de que se encuentra al principio y no al final de una serie de generaciones! Si está al final, ¡eso es prueba de que las cualidades mismas del genio no son hereditarias! Es una extraña manera de razonar cuando se dice que uno puede ver que las cualidades son hereditarias, y cuando se hace la afirmación de que el genio se encuentra al final de una serie.  La sana lógica sólo puede decir que el genio, al reencarnarse, no puede heredar cualidades espirituales, pues de lo contrario tendría que situarse al principio de la serie de generaciones. Llegamos a dos líneas de desarrollo, una espiritual y otra física. Si no aceptamos esto, no podemos llevarnos bien con la sana lógica.
Vemos a un niño que ha vivido otra vida siglos atrás desplegar y utilizar las cualidades que ahora se le presentan. Así es como vemos al niño que entra en la vida. ¿Y cómo vemos al ser humano saliendo de la vida? Ya nos hemos referido a ello. Consideremos ahora los acontecimientos que tienen lugar cuando lo que ha entrado en la existencia física a través del nacimiento, sale de nuevo de la vida atravesando la puerta de la muerte.
Aquí no sólo debemos considerar la muerte, sino algo que ya consideramos en la última observación, el estado alternante de sueño y vigilia, y los estados alternantes de vida y muerte.
Sabemos por la última observación que cuando el hombre se hunde por la noche en lo que se llama dormir sin sueños, ciertos miembros de su ser se separan de lo que llamamos el verdadero ser interior humano, el ser más íntimo, la esencia del hombre.
En tal ser humano dormido distinguimos, en el sentido de la ciencia espiritual, lo que yace en la cama, por así decirlo, de este núcleo del ser. En la cama yace el cuerpo físico, que en la muerte es entregado a los elementos de la tierra. Pero cuando el ser humano yace en la cama, el cuerpo físico no es como es cuando se entrega a la tierra. El cuerpo físico sigue impregnado por el cuerpo etérico o vital.
El cuerpo físico está vivo, las funciones vitales se mantienen, de modo que el cuerpo físico y el cuerpo etérico o vital yacen en la cama. En primer lugar encontramos al portador del placer y del sufrimiento, de la alegría y del dolor y de todas las sensaciones que suben y bajan durante el día: Calor y frío, olor y sabor, el portador de toda la vida del pensamiento y la imaginación, empezando por los instintos y las pasiones y terminando con los ideales morales. esto es lo que se hunde en una oscuridad indefinida cuando nos dormimos. Pero esto es también lo que vuelve a estar ahí por la mañana como un torrente de luz. Es la luz de la conciencia.
Hay algo más que debemos distinguir precisamente dentro de lo que se eleva fuera del cuerpo humano, tanto el cuerpo físico como el etérico en la noche: es la autoconciencia humana y su portador, el yo humano. Al portador del deseo y el sufrimiento, de los instintos y las pasiones, de las sensaciones sensuales que suben y bajan, lo llamamos cuerpo astral, y al portador de la autoconciencia, el cuarto miembro del ser humano, el yo. Estos dos miembros, el portador del yo y el portador del placer y del dolor, se desprenden del cuerpo físico y etérico durante el dormir sin sueños.
Ahora bien, ¿por qué no se puede percibir en ese mundo? Hemos encontrado la respuesta a estas preguntas en nuestras conferencias porque, tal como está ahora el desarrollo del hombre, el yo y el cuerpo astral del hombre no tienen órganos. El hombre percibe su entorno físico por tener órganos, ojos y oídos. Sólo por la mañana, cuando el yo y el cuerpo astral están inmersos en el cuerpo físico y utilizan estos órganos, el ser humano percibe el entorno. Así que tenemos un ser de cuatro miembros: un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y un cuerpo del yo. - Esta es la esencia de los estados alternos de vigilia y sueño.
Ahora, sin embargo, visualicemos el momento de la muerte. Podemos hacerlo refiriéndonos a lo que está disponible como un hecho para tal hombre que ha aplicado los métodos de iniciación a sí mismo y ha aprendido a usar los sentidos superiores que yacen latentes en el hombre. Pero incluso la lógica ordinaria puede ver esto, porque estos hechos están revestidos de tal manera que pueden mostrarnos el camino del hombre a través de la muerte. En la muerte ocurre algo que durante toda la vida entre el nacimiento y la muerte sólo se produce en casos excepcionales. Durante toda la vida el cuerpo etérico permanece unido al cuerpo físico. Sólo en el momento de la muerte se separa de él, con lo que el cuerpo físico se convierte en cadáver. Ahora sigue a las fuerzas meramente físico-químicas de las que se separó entre el nacimiento y la muerte a través de la morada del cuerpo etérico. Este cuerpo etérico, como se ha dicho a menudo, es un fiel luchador durante toda la vida contra la decadencia del cuerpo físico; porque el cuerpo físico tiene dentro de sí las fuerzas químicas y físicas. Esto se hace evidente cuando se le deja solo después de la muerte: se descompone, es una mezcla imposible. El cuerpo etérico se separa del cuerpo físico y permanece durante un tiempo junto con el cuerpo astral y el yo.
Este vínculo es de gran importancia. Ahora, en este momento de la muerte, aparece ante el ser humano un amplio cuadro-memoria de la vida hasta ahora vivida entre el nacimiento y la muerte. Es como si un enorme panorama de esta vida que hemos vivido estuviera ante nuestra alma. Esta visión, este panorama de la memoria, va acompañado de un sentimiento de expansión, de que el ser humano se engrandece. Es como si el ser humano se expandiera y en el interior, como en un panorama maravilloso, aparecieran las imágenes de la vida pasada.
¿De dónde viene esto? Viene del hecho de que el cuerpo etérico es el portador de la memoria. Mientras está en el cuerpo físico, está ligado al cuerpo físico, y sólo puede examinar lo que ha experimentado en el cuerpo físico entre el nacimiento y la muerte. El cuerpo físico es un obstáculo. Debido a que el cuerpo etérico es un portador puro y sin nubes de la memoria, es por lo que después de la muerte todo el pasado aparece en una sola imagen. Las personas que estuvieron cerca de la muerte en un ahogamiento o en un derrumbe y recibieron un shock recuerdan que en un momento toda su vida se presentó ante su alma. Podría contarles mucho sobre esto, pero sólo quiero mencionar lo que está escrito en un libro al que me he referido antes. El antropólogo criminalista Moritz Benedikt, un hombre que consideraría todo lo demás que se ha dicho aquí un completo disparate y una fantasía -pero eso no importa-, nos cuenta que cuando una vez estuvo a punto de ahogarse, toda su vida se puso delante de su alma como un gran cuadro. ¿Qué ocurre en un caso así? Se produce un desprendimiento espontáneo entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico, que se anula inmediatamente. El resultado es que el contenido de la memoria de toda la vida se presenta ante el alma humana durante muy poco tiempo. 
Así, al principio, esta imagen de la memoria se presenta ante el alma del hombre. Luego llega el momento en que el cuerpo etérico se separa de nuevo del cuerpo astral y del yo.
Pero un resto del cuerpo etérico permanece ligado al ser humano, algo que se podría llamar el extracto de la última vida, algo así como un breve extracto.
Piensa en este corto extracto, esta esencia de vida, como si pudieras resumir ingeniosamente el contenido de un grueso libro en una página, pero de tal manera que un ser humano pudiera reconstruir el contenido del libro a partir de este extracto. Algo así como esa esencia vital se incorpora al ser humano para todo el futuro, después de que haya desechado lo que no puede utilizar para su evolución ulterior. Recordemos esto en particular. Lo que se incorpora al ser humano para su evolución futura es el fruto de la última vida. Cada vida forma algo así como una hoja en el gran libro de la vida, y todas nuestras vidas en la tierra están inscritas con una hoja así. Se incorporan a nuestro ser.
Llevamos tal fruto de una vida con nosotros a todas las vidas futuras. venideras. Este fruto tiene un gran significado para el desarrollo ulterior del ser humano. 
Pero antes de que podamos adentrarnos en el significado de este extracto de la vida, debemos echar un vistazo más de cerca al curso ulterior del ser humano después de la muerte. Después de un tiempo muy corto de esta panorámica de la vida, transcurre otro tiempo para el ser humano después de la muerte, que podemos caracterizar de la siguiente manera. Ahora el hombre tiene su yo, su cuerpo astral y este extracto del que acabo de hablar. Consideremos ahora cómo puede funcionar el cuerpo astral, portador de pulsiones, deseos y pasiones. Podemos formarnos una idea de este funcionamiento del cuerpo astral a partir de consideraciones lógicas. Tomemos una de las experiencias ordinarias, la experiencia de un gourmet que disfruta de una deliciosa comida. ¿Cómo se produce este disfrute?
Sería fácil atribuirlo únicamente al cuerpo físico. Pero eso sería absurdo. No es el cuerpo físico sino el cuerpo astral el portador de los deseos, del placer y del sufrimiento. El cuerpo astral tiene el placer, y es también el cuerpo astral el que desarrolla el deseo por la comida deliciosa. 
El cuerpo físico es un aparato de sustancias físicas, de fuerzas físicas y químicas. Él proporciona las herramientas para que el cuerpo astral satisfaga estos deseos. Este es el vínculo que existe en la vida entre el cuerpo astral y el cuerpo físico. El cuerpo astral clama por la satisfacción de sus deseos, y el cuerpo físico le suministra las herramientas, el paladar, la lengua, etc., por medio de las cuales puede satisfacer sus deseos. ¿Qué ocurre ahora en la muerte? El cuerpo físico es desechado y con él todos los instrumentos de disfrute. El cuerpo astral, sin embargo, sigue allí, y es fácil ver que este cuerpo astral no desecha tan fácilmente su ansia de placer, sus deseos, cuando se le quita el instrumento físico. Después de la muerte, el cuerpo astral conserva el deseo, la adicción, aunque carezca del instrumento físico mediante el cual puede ser satisfecho. Así, el cuerpo astral desarrolla el ansia por la comida deliciosa, etc., pero carece del paladar. O es como cuando un hombre que sufre sed ardiente se encuentra en un ambiente que no tiene agua ni de lejos.
Por ninguna otra razón se encuentra en la imposibilidad de satisfacer el deseo después de la muerte salvo porque no tiene órganos para ello. Así que sufre dolor por el deseo hasta que, al no satisfacerlo, lo ha erradicado de raíz.
Este es el tiempo que el hombre tiene que pasar después de la muerte en el llamado Kamaloka. Kama significa deseo, Loka significa lugar. Es un símbolo. El tiempo de sufrimiento cesa sólo cuando el hombre ha erradicado el deseo y la adicción, que están arraigados en el cuerpo astral y sólo pueden satisfacerse en el mundo físico. Es un tiempo de desapego, de purificación. 
Pero si ahora nos preguntamos si este tiempo de purificación no puede darse en todos los grados posibles, debemos responder: ¡Sí! - Tomemos a dos personas, una que está completamente absorbida por los placeres sensuales, cuya vida está llena desde la mañana hasta la noche de toda clase de placeres que sólo pueden obtenerse en el mundo físico, donde dispone de los instrumentos para su satisfacción. Identifica todo su ser interior con lo que es su cuerpo físico. Una persona que se identifica de este modo con el cuerpo físico tendrá una existencia más difícil después de la muerte que otra que ya en esta vida ve a través de las cosas sensuales lo que es extrasensorial, espiritual-anímico. Tomemos, por ejemplo, al observador de un bello paisaje o de una obra musical. En la cosa más pequeña, más insignificante, el hombre puede ver una manifestación del espíritu. A uno le gusta elegir como ejemplo un hermoso paisaje o una buena pieza musical, porque es más fácil ilustrar el asunto. Quien oye en las armonías y melodías de una obra musical los enigmas de lo eterno en el mundo, quien puede dejar que las armonías y relaciones espirituales actúen sobre su alma en el bello paisaje, se arrebata a sí mismo como ser anímico-espiritual ya en esta vida entre el nacimiento y la muerte de lo que está ligado a lo físico. Y lo que así resplandece a través de lo físico, lo que así se siente resonar a través de lo físico, es una posesión que permanece con nosotros y por la que no tenemos que pasar por ninguna purificación, ninguna retirada; pues lo que se desprende de nosotros no es más que el ropaje exterior.  Piensa por un momento en lo más íntimo de tu ser cómo algo que es puramente espiritual se manifiesta en la obra musical. No difiere de las manifestaciones sensuales en que está oculto en ellas y penetra en ti a través de los medios de la manifestación sensual.
Esto es algo que pertenece al espíritu, al alma, y de lo que el ser humano no necesita desprenderse después de la muerte.
Así que ya ves que hay grados de lo que hay que soportar, y estos grados dependen de lo fuertemente que el ser humano se haya identificado con lo que sólo puede experimentar y disfrutar a través de sus órganos en el mundo físico.
Ahora existe, por así decirlo, una perspectiva que no tiene por qué ser una realidad inmediata para el ser humano actual, porque no hay nadie con quien las condiciones se ajusten completamente a esta perspectiva. Sin embargo, existe. Tomemos un ser humano que entrega su yo completamente a lo que sólo el cuerpo físico y sus órganos en conexión con el mundo exterior físico pueden disfrutar y que no tiene interés en nada que forme la base como contenido anímico-espiritual de este mundo exterior sensual. Brevemente, tomemos a un ser humano que sólo mira la tierra y se identifica sólo con aquello que forma su cuerpo. ¿Cuál será el resultado? Podemos reconocerlo si investigamos los enigmas del ser humano con mayor exactitud.

Tenemos que adherirnos si queremos hacer esto a aquello que el ser humano toma como esencia vital de su cuerpo etérico. ¿Qué se origina de esta esencia vital? A partir de este fruto de la vida precedente, el ser humano construye su siguiente encarnación, el cuerpo de su siguiente vida. Para ello, lo que el ser humano desarrolla gradualmente es un producto de la herencia. Sin embargo, este producto de la herencia es elástico en cierto modo.

El ser humano no puede construirse sólo con los atributos de la herencia, sino -como en una corporeidad elástica- que trabaja y teje lo que ha traído de vidas anteriores. Así, vemos los frutos incorporados de la vida anterior y de todas las vidas anteriores en el ser humano, excepto los atributos heredados. Si nos preguntamos, ¿Qué implica esto si el ser humano vive de encarnación en encarnación de tal manera? Entonces podemos decir que es el camino de la perfección por las vidas terrenas. El ser humano entró en su primera vida con fuerzas que eran primitivas en relación con las fuerzas que trabajan con la mayoría de los seres humanos hoy en día. Cuando entró en su primera encarnación, tenía poco poder mental mediante el cual podía dirigir lo mental a los cuerpos físico y etérico. Entonces disfrutó de los frutos de la primera vida, tomó los frutos de la primera vida y el resultado de ello fue que la siguiente vida pudo convertirse en una vida más perfecta. Como el ser humano puede añadir las experiencias de las vidas siguientes a las de la primera vida, crea una existencia terrestre armoniosa, cada vez más perfecta y autosuficiente. Toda nueva vida se nos presenta en un nivel superior. Sin embargo, se ven dos fuerzas que actúan la una sobre la otra. Ves, después de que el ser humano ha pasado la puerta de la muerte, la esencia vital, las fuerzas de la vida anterior que se conservan para el futuro, las fuerzas que pueden hacer al ser humano cada vez más perfecto. Así, el poder del ser humano aumenta de vida en vida.
Sin embargo, cuando el yo abandona el cuerpo físico, se ven las fuerzas que lo encadenan repetidamente a la existencia física pasada. En efecto, después de la muerte, la existencia humana se compone de fuerzas de avance y de fuerzas retardadoras.

Ahora mira de nuevo brevemente estas fuerzas retardadoras de las que hemos hablado, de las que el ser humano debe desprenderse de raíz después de la muerte. Si no se añadiera nada más, el ser humano sólo dispondría de las fuerzas fértiles de su vida pasada para la existencia futura. En efecto, el ser humano rompe con todo aquello que le encadena, por así decirlo, a las vidas anteriores, rompe con todos los deseos. Sin embargo, no puede romper con una sola cosa. Le queda un resto. Este resto se prepara entre el nacimiento y la muerte. No existe cuando el ser humano entra en la vida. Después de entrar en la vida, crece en el mundo físico, y su adhesión al deseo del mundo físico es algo que el ser humano causa sólo en el curso de esta vida que sólo esboza en su ser. Ahora podemos formarnos la imagen mental de que lo que el ser humano atrae gradualmente en su ser es algo que no contribuye a su desarrollo ulterior que haría este desarrollo ulterior incluso imposible si estuviera expuesto únicamente a estas fuerzas. Porque trae todo esto a su vida y porque tiene la posibilidad de ser absorbido por la vida, es la vida misma entre el nacimiento y la muerte la que trae las fuerzas inhibidoras al ser humano. Por un lado, nos da experiencia vital, que nos llevamos como fruto, y por otro, nos forja junto con el mundo físico, que luego llevamos dentro continuamente. Es lo que, por una parte, quiere elevarnos más allá de la corporeidad y, por otra, nos trae una y otra vez a este mundo, hasta que estemos tan avanzados que hayamos superado por completo todo lo que nos une al mundo físico al final de nuestra existencia. Así pues, el hombre tiene constantemente en su interior una fuerza que le hace avanzar, y otra que es una fuerza inhibidora, retardadora. Vemos la existencia humana como compuesta de estas dos fuerzas, una fuerza que nos hace avanzar y una fuerza inhibidora. 
Se puede ver en detalle cómo interactúan estas fuerzas que avanzan y las que se retrasan.
Tomemos de la vida ordinaria, lo aparentemente físico, el ojo del hombre. El ojo está, como dice Goethe, "formado a la luz para la luz". Si no tuviéramos ojo, no veríamos la luz.
Pero si no existiera la luz, tampoco existiría el ojo. Es la luz la que ha desarrollado el ojo. Al crear el ojo, la luz crea al mismo tiempo una inhibición del desarrollo y de la corriente de desarrollo que lo precedió. En un pasado tenue y lejano, la luz tuvo un efecto sobre el cuerpo humano, y este ojo fue extraído de él.
Para ello, primero tuvo que inhibir la fuerza que de otro modo habría sido la fuerza vital que brotaba en otra dirección.  Después de que las otras fuerzas hayan actuado durante mucho tiempo, el ojo sólo estará maduro para convertirse en un órgano que haga avanzar de nuevo el desarrollo. Así que ves en este ejemplo que las inhibiciones, las fuerzas repulsivas, son esencialmente necesarias. 
Ahora vemos cuán maravillosamente sabiamente está dispuesto en esta vida humana, en que por un lado está la fuerza de empuje hacia adelante de la evolución, y por el otro lado las fuerzas de retroceso. Son estas fuerzas de repulsión las que forjan al hombre junto con el mundo físico, las que le proporcionan en el mundo físico entre el nacimiento y la muerte los órganos a través de los cuales adquiere de nuevo el poder para el progreso.
Si no existieran las fuerzas de restricción, el hombre no entraría en la vida entre el nacimiento y la muerte, y no crecería en las envolturas a través de las cuales se le aparece lo anímico espiritual. Ahora trabaja a través de la vida que se crea a partir de las fuerzas inhibidoras. Así el hombre debe los frutos del progreso a las fuerzas inhibidoras. 
Esto oculta un gran enigma, que en la vida las fuerzas progresivas deben trabajar junto con las inhibidoras. Ahora puede suceder que el ser humano en su ser mantenga el equilibrio entre las fuerzas progresivas y las inhibidoras, o que en una vida se una completamente con las fuerzas inhibidoras, que una vez crezca completamente junto con las fuerzas que sólo se producen en el cuerpo físico como medio de progreso, pero no las considere como un medio, sino como un fin en sí mismas, como algo para sí mismas. En este caso, el alma espiritual del hombre se arrancaría a sí misma de todo progreso.
Se caería y lo que sería el tiempo Kamaloka, el tiempo del acostumbramiento, de la purificación, que consiste en que el ser humano se desprenda de lo que le conecta en pequeño con el mundo físico, este tiempo se convertiría en algo absoluto. Ese es el extremo que tenemos ante nosotros.
Pero puesto que el hombre nunca crece enteramente junto con el "mundo" sensual, puesto que es capaz de retirarse de esta perspectiva exterior en su alma, en su ser interior, escapará de lo exterior. Pero si él fuera de tal manera que su interés nunca se adhiriera a lo que brilla como alma espiritual - que está allí como una perspectiva, pero no se alcanza en esta vida - entonces esto se forzaría en las fuerzas de trabajo de la vida y estaría de tal manera que el ser humano se apartaría de todo lo anímico-espiritual a través de su crecimiento junto con el mundo físico-sensual. Supongamos este caso. Ahora el hombre debe ser transferido al mundo anímico-espiritual después de la muerte. No lleva consigo para el mundo anímico-espiritual nada más que un invencible apego, un invencible apego por y con el mundo físico-sensual. Esta imagen de la memoria se aferra ahora a él y le pesa como un peso de plomo.
La materia endurecida, transpuesta a lo espiritual, arrastra al ser humano al mundo espiritual. Está inseparablemente conectado con las fuerzas que detienen e inhiben todo desarrollo y toda evolución. Este es el pensamiento de la existencia infernal. Por lo tanto, en la última perspectiva, el tiempo de purificación se expande hasta ese estado en el que, carente de comprensión del mundo anímico espiritual, el yo se ha apegado a lo puramente físico-sensual y no lleva consigo nada más que la comprensión de lo físico-sensual. Esta comprensión de lo físico-sensual es la agonía del infierno en lo espiritual, aunque tal vez sea un goce sensual infinitamente satisfactorio en la existencia sensual. 
Y ahora tratemos de comprender las palabras de Fausto antes mencionadas. Si el Enviador del Infierno lo quiere, ¿Qué debe lograrse? Debe lograrse que Fausto no succione de los momentos de existencia corporal el germen de un desarrollo ulterior, sino que debe comerse a estos momentos de existencia corporal de tal modo que quiera retenerlos en esta sensualidad suya. Si le digo a un momento: "Espera, eres tan hermosa..." - ¡entonces me tienes a mí! Esta es la alianza que el hombre puede hacer con los poderes del infierno, que se une a los poderes que impiden el progreso. Pero al mismo tiempo vemos que no había otro camino en la evolución de la humanidad que el de estas fuerzas inhibidoras.
La próxima vez examinaremos lo que era el hombre en aquella época, cuando apareció por primera vez en el cuerpo físico, y de dónde procedía. Ahora sabemos que el ser humano se compone de fuerzas que se impulsan hacia adelante y fuerzas que se impulsan hacia atrás. Si el hombre no hubiera tenido fuerzas inhibidoras cuando entró por primera vez en el cuerpo físico, habría permanecido en la forma espiritual en la que estaba antes de la encarnación. Debido a que los órganos inhibidores se desarrollaron en él, el espíritu penetró en lo sensual y pudo traer consigo los frutos de lo sensual, pudo enriquecerse cada vez más. Las fuerzas de las que brota el progreso son las que deben crear primero los órganos del progreso. Deben inhibir un desarrollo anterior para que sea posible un desarrollo posterior. Nadie tiene derecho a quejarse de las inhibiciones de la vida. Lo que es una bendición, el elemento conservador, mientras está al servicio de la humanidad, se convierte en un obstáculo cuando se convierte en un fin en sí mismo. Lo mismo ocurre después de la vida, en la muerte. El obstáculo, considerado al servicio del espíritu, es el vehículo más elevado del progreso. Pero si es considerado como un fin en sí mismo, o utilizado egoístamente, entonces es el elemento semilla del infierno. Así, aquello de lo que brotan todas las facultades humanas de esta tierra, si el hombre se conecta con ello en un momento inoportuno, puede convertirse en un fin en sí mismo, en la semilla del infierno.
Ahora comprendemos la saga nórdica. El germen espiritual para la cultura actual ha brotado del Nebelheim. Tuvo que pasar por las antiguas culturas, pero también tuvo que ir más allá de ellas trayendo los frutos a la encarnación presente. Aquellas personas que no utilizan la encarnación actual en el sentido espiritual se condenan a sí mismas a retroceder a una etapa que fue beneficiosa a su manera, que fue un medio de progreso en su tiempo, pero que ahora tiene un efecto inhibidor. Así, lo que en su tiempo es un medio de progreso, si se mantiene en la existencia humana, se convierte en un elemento infernal. Nebelheim no siempre estuvo dominado por el infierno. Los elementos buenos del hombre mantuvieron el Nebelheim hasta el momento en que evolucionaron hacia fuera.
Así que realmente vemos el bien y el mal, lo infernal y lo celestial, trabajando juntos en la vida humana y derramándose juntos, como dice el poema citado de Schiller: Lo benévolo se convierte en un elemento inhibidor y consumidor si no se usa de la manera correcta. — así como el fuego es benéfico cuando el hombre lo controla, mientras que puede volverse terrible cuando "se libera de sus ataduras y sigue su propio camino". Del mismo modo, los poderes infernales aparecen cuando siguen "su propio rastro" en la vida humana.
Así comprendemos por qué los grandes espíritus que pensaron o sintieron conexiones tan profundas pensaron y sintieron las mismas cosas que la ciencia espiritual pone ante nuestras almas. Si hoy hemos reconocido el elemento infernal como algo esencial para nuestra vida, la próxima vez conoceremos aún mejor ese elemento que nos iluminará sobre el todo. A la luz de la verdadera ciencia espiritual también llegaremos a conocer el elemento luz del cielo. Pero ya podemos ver en la conferencia de hoy que lo que dice Dante sobre el infierno en la última línea de su canción es correcto. Dante también creía que primero debe considerar las fuerzas fuertes e inhibidoras de la vida antes de formarse una idea de esas fuerzas progresivas en las que reside toda salvación y todo desarrollo humano. Obtendremos pista tras pista para la vida ordinaria y cotidiana también, si podemos equilibrar el retroceso con el progreso. Se mostrará dónde lo que inhibe al hombre amenaza con volverse infernal, y dónde se muestra benéfico elevándose a las potencias que verdaderamente avanzan, como lo describe Dante cuando, bajo la dirección de Virgilio, se ve seducido por las potencias infernales, pero luego emerge victorioso sobre todos los poderes restrictivos y para él, cuya alma está "hinchada de lujuria", las estrellas brillantes aparecen en el lejano firmamento.
Traducido por J.Luelmo jun.2023