CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 27

GA069a Praga, 25 de marzo de 1911 - Cómo se defiende la Teosofía

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VERDADES Y  ERRORES DE LA CIENCIA DEL ESPÍRITU

Rudolf Steiner

Como defender la Teosofía


Praga, 25 de marzo de 1911

¡Estimadas personas presentes! La conferencia que se dio aquí el pasado domingo, «¿Cómo refutar la Teosofía?», debería dar, de alguna manera, el tono general para las explicaciones que hemos de hacer llegar a nuestra alma hoy. En dicha conferencia se pretendía, en particular, mostrar que en este estado de ánimo, en el que debe encontrarse quien se impregna de Teosofía, no debería haber nada, absolutamente nada, de fanatismo, de defender de manera fanática cualquier suposición, afirmación, hipótesis o similar. Tal vez haya quedado claro a partir de todo el tono de la conferencia mencionada, que los motivos que se expusieron contra la Teosofía, no deben tomarse como si ahora, en esta conferencia de hoy, fueran a refutarse uno por uno. Más bien, deben considerarse como una parte de esas consideraciones, sensaciones y sentimientos, aunque solo una parte, que de manera necesaria surgen en el alma de quien se acerca a la Teosofía desde la conciencia de nuestro tiempo. En otras palabras, los motivos presentados contra la teosofía no deben ser considerados como injustificados, sino, por el contrario, como motivos en alto grado justificados según la conciencia de nuestro tiempo, como aquellos que se revelan como dificultades reales y no meramente aparentes, especialmente cuando la persona busca hoy el camino hacia la teosofía con conciencia científica y moral. A partir de esto, quisiera también, en cierto modo, derivar el derecho de poder hablar en la conferencia de hoy de manera que todo lo que hoy se plantea sobre la teosofía se vea bajo la misma luz con la que, hasta cierto punto, se pudo provocar mediante la refutación de la teosofía ofrecida el domingo pasado casi como un «ensayo».

El contenido de la Teosofía se describió de manera breve con pocas palabras, y se decía cómo se debe pensar sobre las fuentes de la Teosofía, sobre los verdaderos orígenes de esos conocimientos que deben ser transmitidos a través de la Teosofía. Estas fuentes no se revelan a la conciencia normal y común, tal como se ha desarrollado en el estado actual del hombre, sino que solo se revelan cuando el alma del hombre se somete a ciertos ejercicios internos que van más allá de la experiencia que se puede tener en el horizonte de la conciencia normal.

En la última conferencia ya se dijo que esto causa especialmente controversia en la ciencia actual: que uno quiera ascender a una percepción del mundo que solo se revela después de pasar por ciertas experiencias internas del alma, en las que, por así decirlo, el sujeto humano se aleja de las impresiones externas, se vacía de las percepciones habituales del mundo físico y también de aquellos pensamientos que se pueden vincular a esas percepciones. Cuando el sujeto humano, por así decirlo, provoca deliberadamente el momento que normalmente ocurre al quedarse dormido, —pero de manera radicalmente diferente—, de manera que todas las demás impresiones callan, así como todos los pensamientos y sensaciones que esas impresiones externas han despertado, y cuando entonces, a través de los procesos de la vida interior del alma, no se produce la inconsciencia del dormir, sino que se despliegan fuerzas internas tan fuertes que la conciencia permanece, y desde el alma se extraen fuerzas que normalmente yacen dormidas bajo la superficie de la conciencia, entonces surge en el alma lo que podría llamarse: una percepción superior, que con una frase de Goethe puede denominarse «ojos del espíritu» y «oídos del espíritu». Un alma así se encuentra entonces en un nivel superior en la misma situación que un ciego de nacimiento que tiene la suerte de poder ver mediante una operación, y ante quien ahora se abre el mundo de la luz y los colores. Así como para el ciego de nacimiento ya existían las realidades de la luz y los colores antes de la operación, (aunque él no las percibiera), en el mismo sentido, a nuestro alrededor están todas las cosas y entidades del mundo espiritual, de las que habla la teosofía o la ciencia espiritual; pero sólo pueden llegar a hacerse conscientes para nosotros cuando los ojos espirituales, los oídos espirituales, por así decirlo, son despertados de su sueño, a través de energías internas anímico-espirituales,. Entonces surge un nuevo mundo ante la persona.

Se ha dicho que, precisamente por eso, la ciencia externa debería obstaculizar esta cuestión, porque esta ciencia se esfuerza con todo su ser y con profunda conciencia, por hacer que el contenido del conocimiento sea independiente del sujeto humano, es decir, de lo que experimentamos en nuestro interior. Porque se argumenta con razón que lo que el hombre experimenta en su interior no es otra cosa que algo subjetivo, experiencia que cada uno vive de manera diferente y que por tanto, solo puede tener un valor individual y subjetivo para nosotros. Por eso, aunque a partir de estas experiencias subjetivas del alma, el hombre llegue a cualquier tipo de convicción sobre un mundo distinto al mundo físico, -podría decir un crítico de la teosofía-, que lo haga consigo mismo, ya que no se puede demostrar de la misma manera que aquello que obtenemos como conocimiento a través del experimento, la observación científica o la investigación histórica. - Por eso, seguramente algunos se resignarán ante estas cosas y dirán: Claro, la investigación externa tiene sus límites; no puede guiarnos hacia los ámbitos que, según los anhelos de nuestra alma, quizá sean los más valiosos; pero lo que va más allá de la investigación externa debe ser una experiencia íntima del alma humana, que cada uno debe resolver por sí mismo, porque también cada persona, según la manera en que ha desarrollado su vida interior, tendrá su propia visión de lo que va más allá de la percepción sensorial.

Si fuera cierto que cada uno debe tener su propia imagen de lo que va más allá de la observación sensorial, entonces la teosofía no tendría sentido, y todo lo que queremos sacar de las fuentes de la ciencia espiritual sería simplemente algo que cada persona tendría como su convicción subjetiva, y no podría reclamar de ninguna manera una validez objetiva. Pero no es así. Y que no sea así, solo puede mostrárselo al ser humano el hecho de pasar por los ejercicios del alma por sí mismo; solo puede mostrarlo el experimento interno que realiza la persona para llegar a esas fuentes del conocimiento suprasensible.

Ahora bien, en una conferencia orientativa como esta solo se puede indicar de manera esquemática de qué se trata. Al comparar el estado de vigilia, que nos transmite las impresiones externas y los pensamientos que se derivan de ellas, con el estado dormido, en el que las impresiones externas callan, se deduce que nuestro mundo interior, tal como se encuentra en estado de vigilia, al dormir se debilita con sus propias fuerzas y ya no es capaz de extraer de sus profundidades, capacidades cognoscitivas; por eso, al quedarse dormido, se extiende la oscuridad y la inconsciencia. Por eso, quien quiera experimentar conscientemente este estado, debe provocar artificialmente esos momentos de aislamiento del mundo exterior, momentos en los que aun así tenga una experiencia interior, debiendo despertar fuerzas internas fuertes. Esto se logra mediante ese proceso del alma que se llama meditación y a través de la concentración del pensar, sentir y de las sensaciones. Cuando dejamos de utilizar simplemente lo que nos da el mundo exterior, como algo que nos proporciona conocimientos o como impulsos para nuestra acción cotidiana, incluso para nuestra acción moral, sino que empezamos a profundizar internamente en impresiones importantes y fuertes del mundo exterior, separándolas de su uso inmediato y dejando que actúen en nuestra alma por sí mismas, esto nos lleva poco a poco al desarrollo de fuerzas dormidas en el alma. Esto se puede mostrar con un ejemplo.

Podemos ver en el mundo cómo una persona ayuda a otra, cómo actúa con benevolencia hacia los demás. Esto puede provocar en nuestra alma un impulso tan fuerte de compasión que nos haga poner los ojos llorosos. Podemos estar tan inclinados que cada vez que vemos una acción así, sentimos ese impulso de compasión. Esto puede estar tan desarrollado en nosotros que, cuando nos enfrentamos a la necesidad de otra persona, actuemos con benevolencia, nos pongamos en la piel del otro y dejemos que la impresión del mundo exterior nos motive a una acción de empatía. Quizás podemos lograr llevarlo tan lejos que podamos experimentar la misma emoción interna que nos lleva a llorar, incluso solo con la imagen de tal acción. Hay personas, y son muy numerosas, que por ejemplo, cuando durante la lectura de una novela llegan a un punto donde se muestra solo la imagen de la miseria humana y la compasión humana ante nuestra alma, se les llenan los ojos de lágrimas. Se conmueven tanto por lo que es no mas que una imagen de la realidad externa, que en su alma se despierta un impulso similar al que normalmente solo una impresión externa de la realidad física puede provocar.

Pero supongamos ahora que, simplemente pensamos en tal acción, en la conciencia común y normal, ya sentiremos lo infinitamente más débil que es este impulso, cómo no podemos intensificarlo hasta el punto de que nos haga llorar. Si ahora mediante ejercicios internos del alma llegamos a pensar un pensamiento relacionado con la compasión humana, con la disposición a ayudar, con ponernos en el lugar de otra persona, sin que el mundo exterior nos motive de ninguna manera, si dejamos que tal pensamiento surja libremente desde impulsos internos en nuestra alma y podemos sumergirnos en ese pensamiento de manera que nos identifiquemos completamente con él, tal vez aún seamos capaces de recrear la imagen de la realidad externa ante nuestros ojos, y si hacemos que esta imagen se vuelva tan fuerte que sacuda nuestra alma como normalmente solo lo hace una impresión externa, entonces habremos comenzado con lo que se puede llamar una «meditación de sentimientos». Si se posee la paciencia de hacer una meditación de este tipo sobre las sensaciones, no una, ni cincuenta veces, sino una y otra vez en el alma, entonces se nota que sumergirse en esas sensaciones separadas de la realidad externa saca de nuestra alma fuerzas que educan nuestro interior. Quien realiza estos ejercicios, ve estas imágenes aún más vivas que, por ejemplo, las imágenes de fantasía que nos creamos en la vida cotidiana. Cuando uno se sumerge en tales meditaciones una y otra vez, realmente se siente como si estuviera lleno de vida interior, de penetración interior, como solo se siente cuando la interioridad se ha impregnado en el cuerpo exterior.

Sí, al recurrir al alma de esta manera, al dejar que el alma se impregne de lo que emana de la meditación como algo que entra directamente en nuestra conciencia, uno experimenta algo así como decirse: Con todo aquello de lo que normalmente te separas mientras duermes, de tu cuerpo físico, ahora vives en ello tan intensamente y con tanta vitalidad como solo puedes hacerlo cuando estás con tu alma en tu cuerpo físico y tus ojos, oídos y los demás órganos sensoriales te traen las impresiones externas.

Lo que describo aquí no se puede probar de alguna manera teórica, sino que solo se puede experimentar. Pero si se experimenta, entonces está presente en nuestra conciencia como una sensación interna inmediata: Ahora estás libre de tu cuerpo externo; sin embargo, no vives en la nada, sino en una esencia espiritual y anímica que es tan real para ti como lo son normalmente las experiencias del cuerpo físico. - Una conciencia así debe preceder a la investigación y al conocimiento en el mundo espiritual. Y quien haya logrado desarrollar tal conciencia en sí mismo está aproximadamente al nivel de alguien que, para un experimento externo, ha reunido y preparado todo, de modo que solo necesita poner en movimiento todas las cosas que entran en consideración para reconocer una ley de la naturaleza a través de ese experimento. Está en tal nivel que puede avanzar hacia las fuentes del mundo espiritual, que siempre están a nuestro alrededor como la luz y los colores siempre están alrededor de un ciego de nacimiento, pero solo pueden ser vistos por él una vez que se ha vuelto capaz de ver mediante una operación.

Pero siempre debe enfatizarse que tales ejercicios del alma solo son necesarios para investigar y experimentar en el mundo espiritual, pero que no son necesarios para entender lo que el investigador espiritual, que se ha preparado de esa manera, saca de los mundos espirituales y relata como resultados de la investigación espiritual. Porque lo que se comunica en la teosofía puede ser comprendido plenamente a través del sentido natural de la verdad y de la lógica saludable del ser humano. Por lo tanto, los hechos y entidades del mundo espiritual solo pueden ser investigados por el investigador espiritual, mientras que cualquier persona con un sentido natural de la verdad y lógica saludable, que no esté prejuiciada por ningún sesgo, puede comprenderlos de manera razonable.

Así que debemos decir: Las fuentes de esta cosmovisión, que llamamos «Teosofía», solo se alcanzan mediante un desarrollo del alma. Si alguien quisiera objetar: Todo lo que el ser humano produce como conocimiento, que está desconectado de la realidad externa, sería lo opuesto a la ciencia en el sentido actual, porque en realidad es algo individual y cada persona necesariamente llega a algo diferente, entonces, por otro lado, hay que enfatizar que lo que se dice es totalmente cierto, pero solo para ciertas etapas preparatorias del desarrollo del alma. La persona debe, si quiere alcanzar tal conocimiento, abrirse paso a través de muchas luchas del alma difíciles y serias, a través de muchas cosas que solo tienen un significado subjetivo para él, y aprende a reconocer lo difícil que es en cierto modo, aislarse del mundo con estas experiencias internas y subjetivas del alma, en el que, de todas formas, estamos entrelazados. Esto da lugar a una gran serie de dificultades verdaderamente enormes. En nosotros hay muchas cosas que solo tienen validez para nosotros mismos. Pero luego en el desarrollo del alma, se alcanza un punto, donde uno sabe directamente por su conciencia: ahora has superado lo subjetivo; ahora experimentas en tu alma verdades, lo esencial, que están libres de todo lo que proviene de ti mismo y se mezcla en tu conocimiento. Ahora se tiene la sensación inmediata de que se ha penetrado en el mundo de las realidades anímico-espirituales. Un razonamiento sencillo muestra que incluso dentro de nuestras ciencias habituales hay una que destaca especialmente, en la que se alcanzan conocimientos como se ha descrito, y esa es la matemática. Incluso con las operaciones matemáticas más simples, puedes darte cuenta de que las verdades se alcanzan con el alma completamente aislada. Pero quien ha encontrado tal verdad sabe que cualquiera que realice las mismas operaciones debe llegar absolutamente a los mismos resultados. Nadie puede reconocer el teorema de Pitágoras de manera diferente, incluso si se vivencian las operaciones mentales en la pizarra, que experimentando internamente las conexiones relevantes. Quien una vez ha trabajado internamente el teorema de Pitágoras sabe que cualquier otra persona debe llegar al mismo resultado. Así es con todo conocimiento matemático. Y ahora podemos decir que el método de la investigación espiritual sigue el mismo principio que las matemáticas, consideradas la más segura de las ciencias. Pueden ser millones de personas pensando algo diferente sobre un teorema matemático, pero quien lo ha vivido internamente sabe que es verdadero. Y así también ocurre con los conocimientos obtenidos en el mundo espiritual.

Quien quiera hacer objeciones epistemológicas podría decir: Aunque en el conocimiento matemático sea como dices, las verdades matemáticas se alcanzan en lo más profundo del alma, pero no se pueden aplicar directamente al ser. —Alguien podría decir—, con los conocimientos matemáticos podemos comprender relaciones en el ser, relaciones en la realidad, pero ninguna matemática puede decidir si también existen realmente entidades que encarnen estas leyes matemáticas; la realidad misma hay que experimentarla de otra manera que no sea mediante juicios matemáticos.

Esta objeción está completamente justificada. Incluso pertenece a aquellas que desearía que se le presentaran de manera contundente al teósofo, para que no le resulte fácil defender la teosofía. Es una objeción importante. Pero lo que se considera frente a ella es que, cuando el ser humano experimenta juicios matemáticos, no experimenta algo que sí experimenta cuando se eleva hacia un mundo suprasensible, como se ha descrito. Lo que ningún juicio matemático puede brindar es la intuición del propio yo, la objetivación del propio yo, el enfrentarse a sí mismo, como si saliéramos de nuestra personalidad y nos observáramos a nosotros mismos. Por muy numerosos que sean nuestros juicios matemáticos, —en los juicios matemáticos que llenan nuestro horizonte de conciencia—, no podemos encontrar nuestro yo como objeto. Esto es lo esencial que las matemáticas no pueden darnos: la experiencia intuitiva de nuestro propio yo. En los juicios matemáticos permanecemos dentro de nuestra personalidad; por medio de ellos no podemos penetrar en la realidad externa. En el momento en que nos enfrentamos a nosotros mismos, hemos avanzado con una parte de nuestra esencia y hemos entrado en la objetividad, y nos sentimos dentro de las cosas, dentro de la realidad. Esa es la diferencia: que las matemáticas pueden llegar a la certeza interna, pero no abren el camino hacia la realidad. En cambio, el conocimiento suprasensible sí abre el camino hacia la realidad. Por eso, quien avanza por el camino de la investigación espiritual también obtiene un nuevo concepto, una nueva idea de la realidad. Y con este nuevo concepto de la realidad, que al mismo tiempo es intuición, el ser humano puede nuevamente acercarse a la contemplación de la vida humana. Vamos a mostrarnos esto con un ejemplo.

Observemos cómo transcurre la vida del ser humano desde el nacimiento hasta la muerte. Para la percepción sensorial, el ser humano entra en la existencia con el nacimiento y cierra su vida con la muerte. Para el tiempo antes del nacimiento o la concepción y para el tiempo después de la muerte, la percepción sensorial externa, la percepción externa, no puede revelar nada sobre la esencia objetiva del ser humano. Pero cuando la persona se enfrenta a sí misma y ha aprendido a mirar, de la forma antes descrita, al ser humano desde afuera, también se le muestra que a todo este devenir externo del ser humano, que los sentidos pueden percibir, le subyace algo suprasensible, que es el verdadero artífice, el constructor, el moldeador y organizador de este organismo sensorial. Y se da cuenta de que, a partir del momento del nacimiento, que tan enigmáticamente se presenta ante nuestros ojos, comienza de manera misteriosa el desarrollo humano. Ahí podemos ver cómo, desde lo más profundo del ser humano, ciertas características se van imprimiendo poco a poco en los rasgos aún indefinidos del niño con el paso de los años, cómo sus gestos y habilidades se desarrollan de adentro hacia afuera de manera cada vez más definida. Incluso el cerebro, la herramienta de nuestro pensar, no alcanza su pleno desarrollo inmediatamente después del nacimiento; éste sigue siendo remodelado y organizado. Pero el cerebro es la herramienta de nuestra experiencia espiritual. Ahora bien, si observamos la vida humana con la perspectiva que nos da la ciencia espiritual, tenemos que plantearnos la siguiente pregunta: en la vida de una persona ¿Cuál es el momento en que lo anímico-espiritual está plenamente capacitado para usar su herramienta, el cerebro? Esto no ocurre durante los primeros años de infancia. De otra manera, el niño no tendría que adquirir tantas cosas a través de las impresiones del mundo exterior y la imitación, ni tendríamos que educarlo. Es solo durante los primeros años de vida que crecemos en la posibilidad de usar la herramienta del cerebro. Desde el punto de vista de la ciencia espiritual, podemos expresarlo así: nuestro cerebro solo se vuelve capaz, a lo largo de nuestra vida, de convertirse en la herramienta del yo.

Si ahora pensamos en el momento de la vida en que tenemos unos veinte años, o incluso un poco después de los veinte, cuando ya hemos aprendido plenamente a usar nuestro cerebro, y retrocedemos a épocas anteriores de la vida, a la observación de las ciencias del espíritu se muestra que el cerebro, que nuestro yo usa más tarde como instrumento, solo se desarrolla y se configura en los primeros años de la infancia. Ahí se revela al investigador del espíritu, que observa el desarrollo humano con el ojo abierto del vidente, que aquello que más tarde en el ser humano sirve para usar el cerebro es exactamente lo mismo que ha estado actuando en la formación y configuración del cerebro con fuerzas que ningún ojo sensible puede ver. Quien quiera acercarse a estas cosas con la razón, puede decir: Entonces nos dices que ves como una especie de atmósfera espiritual infantil alrededor de la cabeza del niño y que a través de esta atmósfera infantil, a modo de aura de la cabeza, irradian fuerzas espirituales que trabajan en el cerebro del niño para moldearlo de manera que más tarde pueda convertirse en un instrumento del yo. Entonces, dices, esta aura de la cabeza, esa formación de luz visible solo para el ojo del vidente, que rodea la cabeza del niño como una formación astral, se desliza hacia el interior, para luego desde dentro usarlo como una herramienta en la que ella misma había participado durante la infancia. Así que afirmas que, de hecho, lo que más tarde usa el cerebro, es reconocible para el ojo suprasensible del vidente como una formación espiritual, como un aura del cerebro, está presente en la infancia, avanzando desde fuera hacia adentro, primero trabajando en el organismo humano, luego entrando en su interior y como yo, ahora con la herramienta que ha surgido gracias a su propia fuerza, mira y comprende el mundo.

Cuando la razón se enfrenta a esta declaración de la conciencia clarividente, puede considerar que toda herramienta debe haber surgido de fuerzas que están relacionadas con las fuerzas que usan esa herramienta. Ninguna herramienta puede ser puesta al servicio de la cultura humana inteligente si no ha sido creada por la propia inteligencia humana. Y la razón puede fácilmente desarrollar el pensamiento de que, de hecho, la herramienta que más tarde será utilizada por fuerzas del yo, debe haber sido formada a partir de esas mismas fuerzas del yo.

Cuando uno ha avanzado con la intuición espiritual hasta el punto de ver cómo lo anímico-espiritual del ser humano trabaja en la configuración de la forma humana, tal como se desarrolla en la vida, entonces ya no queda muy lejos de decirse a sí mismo: Así, en el fondo, lo anímico-espiritual está involucrado en lo que es su parte física. - Y luego también se puede seguir diciendo: Entonces debemos reconocer lo anímico-espiritual de tal manera que tenga existencia antes de lo físico-corpóreo, porque lo físico-corpóreo aún debe ser formado. - Sin embargo, hay que seguir observando y preguntarse: Lo que se ha formado en el ser humano por su propia entidad espiritual, lo que se ha desarrollado como su cerebro, Se nos presenta de manera tal que tenemos que preguntarnos: Lo que elabora en el ser humano antes del nacimiento, ¿Es lo mismo para cada persona? O se nos presenta de manera que debemos decir: ¿Es algo individual para cada persona?

Una verdadera observación de la vida no podrá sino admitir que cada persona está hecha de manera individual, que por ello también tiene habilidades individuales, que dependen del uso de sus instrumentos externos, de sus fuerzas externas, y por eso no puede ser construida solo a partir de una naturaleza humana general, sino que debe ser construida a partir de una individualidad humana.

Eso significa que, si subimos hasta el formador de la figura humana, que se muestra al ojo clarividente en el aura del niño, debemos decir: ya está individualmente formado. Y si, como un educador conocedor, observamos al ser humano en crecimiento, podemos ver cómo ciertos talentos humanos, ciertas habilidades humanas, se abren paso en la vida, de una manera en una persona y de otra manera en otra. Y de estos talentos y habilidades específicos debemos decir: buscan lo que está presente en una determinada región cultural; por ejemplo, un talento se orienta hacia lo artístico, otro hacia lo manual, un tercero más hacia lo intelectual, y así sucesivamente, y eso se convierte en lo que existe en la Tierra en nuestra vida actual.

¿Pero de dónde viene eso que está presente en nuestra vida actual? ¿Qué es eso, si vemos en el niño en desarrollo el momento en que se inclina hacia esas actividades que existen en nuestra cultura? Lo que el niño busca en eso, se ha desarrollado completamente fuera del niño. El niño tiene esta o aquella capacidad específica, este o aquel talento especial. Pero si queremos reconocer esa conexión, entonces debemos retroceder en nuestra cultura hasta etapas anteriores. Si una individualidad infantil no tuviera ninguna relación con lo que ocurre en la Tierra, entonces podría tener inclinación hacia algo general, pero no hacia algo específico que surgió de nuestra vida cultural. Por eso será comprensible que lo que aparece como individualidad infantil debe haber adquirido anteriormente ciertas relaciones con lo que busca dentro de la cultura para su capacidad. Por eso no podemos pensar de otra forma que la siguiente: las almas que descienden y muestran esta o aquella capacidad, ya estuvieron en la Tierra antes y se prepararon entonces para desarrollar esas relaciones.

Sin embargo, en la conciencia normal solo tenemos la posibilidad de pensar esto. Pero entonces vemos que la ciencia espiritual puede ascender, partiendo de esta mera posibilidad de pensar, hasta la intuición de los hechos. Y uno podría preguntarse ahora: ¿Dónde se muestra para la observación externa aquello que el investigador espiritual llama el aura infantil, que primero se sumerge en el interior para usar el cerebro como su herramienta?

Sí, este momento se marca de manera muy fuerte. Se marca porque cada persona que piensa retrospectivamente, que intenta recordar sus condiciones de vida anteriores, solo llega hasta cierto punto: a partir del cual luego la memoria se interrumpe, y como mucho los padres o aquellos que estaban alrededor durante la juventud pueden contarle lo que pasó antes. Sin embargo, cada persona debe asumir que su yo ya existía también en los tiempos que no puede recordar. Para el observador preciso, el momento hasta el que la persona llega retrocediendo con la memoria, coincide con el momento en que el niño aprende a decir «yo», es decir, donde aparece la conciencia del yo. Hasta ese momento llega también la memoria de una persona. Lo que está antes del despertar de la conciencia del yo está fuera del recuerdo. Aquí tenemos la marca en la vida humana: el niño que antes decía «Karlito está aquí», «Mariecita está aquí», ahora dice: «Yo estoy aquí». En el tiempo en que la persona empieza a sentirse como yo, la conciencia clarividente ve la inserción de lo que se ha llamado aura infantil.

A partir de este hecho, podemos concluir que nuestra memoria retrospectiva en ningún caso es determinante para la existencia de nuestro yo. También podemos enfatizar que, sin duda, en nuestra vida humana hay un momento en que el yo está presente y, sin embargo, la persona no puede encontrar este yo en la memoria retrospectiva. Solo llega hasta cierto punto. Pero quien quisiera creer que el yo solo despierta entonces o que se imprime en la persona en el momento en que el niño aprende a decir “yo”, estaría creyendo algo absurdo. Si nuestro yo se extiende más hacia el pasado de lo que alcanza nuestra memoria, tampoco debemos sorprendernos si la ciencia espiritual dice que es posible extender todavía más el yo, incluso previo al nacimiento hacia vidas anteriores. Pero precisamente para la percepción del yo en esas etapas del desarrollo, para las cuales en el desarrollo normal no puede llegar a la conciencia, uno puede avanzar poco a poco mediante ejercicios espirituales específicos, meditaciones, y demás. Aquí solo se describirá lo más elemental de esos ejercicios espirituales.

Si el ser humano quiere mirar al futuro, debe desarrollar en sí mismo un estado de ánimo muy específico, para el cual se puede usar la palabra «serenidad». Si puede mirar al futuro con serenidad, con absoluta ecuanimidad, entonces ha ganado mucho para alcanzar la visión superior. Este estado de ánimo se puede describir más o menos así: la persona se dice a sí misma: Puede que el mundo nos elogie, puede que el mundo nos condene, puede que esto o aquello del futuro caiga sobre nosotros, cosas horribles o agradables; yo me mantendré erguido y aceptaré con ecuanimidad todo lo que pueda venir y enfrentaré el futuro sin miedo. - Es fácil de describir, pero solo se puede conseguir mediante un largo entrenamiento del alma de tipo meditativo, como se describió al inicio de la conferencia de hoy. Pero si la persona desarrolla este estado en sí misma, aprende primero a atravesar la puerta que el conocimiento ordinario cierra a las experiencias humanas de los primeros años de infancia; luego aprende a mirar primero esos primeros años y después más allá. En resumen, se abre así a lo que podemos llamar la retrospección en vidas terrestres anteriores. Podemos mencionar como un método particular para ello el logro de un estado de ánimo intrépido frente al futuro. A través de una completa serenidad hacia el futuro, adquirimos la posibilidad de seguir el curso de nuestro yo hasta el punto donde la conciencia del yo aparece en la conciencia normal en la vida entre el nacimiento y la muerte. Sin embargo, el investigador del espíritu no tiene que detenerse ahí, sino que puede expandir su conciencia más allá de lo habitual, y lo que llamamos vidas repetidas en la Tierra puede convertirse para él en una verdadera percepción.

En contra de cuanto se ha mencionado hoy, todavía se pueden presentar muchos argumentos. Pero solo quería indicar los caminos a través de los cuales se pueden encontrar los métodos para defender la teosofía. Solo pude hacer un inicio de manera esquemática, pero seguir este camino puede, gradualmente, llevar a una defensa de la teosofía frente a aquellos ataques que desde otro punto de vista son completamente justificados.

Lo mismo ocurre cuando estos ataques se sitúan, por ejemplo, en el ámbito moral que también se mencionó en la última conferencia. Ahí tuvimos que reconocer que aquellos que dicen: 'Vuestra enseñanza sobre las vidas repetidas en la Tierra y sobre la influencia de la vida de una existencia a otra sostiene, en primer lugar, ¡prácticamente el egoísmo!’ tienen cierta razón. Porque eso permite que la gente se diga a sí misma: 'Debo hacer el bien, porque si hago el mal, tendré que sufrir las consecuencias del mal en la próxima vida; pero si hago el bien, también experimentaré las consecuencias del bien.' Así que lo que se deriva de que la vida pase de una a otra no es más que un egoísmo refinado. Y esto también se puede ampliar en el sentido más amplio a lo que se llama el efecto del karma.

Si queremos profundizar en esta idea, podríamos decirnos algo como lo siguiente. Consideremos, por ejemplo, a una persona que se dice a sí misma: Quiero hacer el bien, porque el bien me trae buenos frutos, y es desventajoso hacer el mal, porque de todos modos tengo que cargar con los frutos del mal, así que lo evito. - Comparemos a esta persona con otra, que de una manera no poco noble, reflexiona entre el nacimiento y la muerte sobre las cosas que debe hacer, digamos, por ejemplo, padres que se proponen como principio educar a sus hijos para que sean personas verdaderamente capaces. Ahora, si pudiéramos preguntar a estos padres de manera honesta por qué lo hacen, quizás recibiríamos la respuesta: Cuando seamos mayores, tendremos hijos que se han vuelto personas capaces en la vida, que nos podrán apoyar y sostener, mientras que de los hijos a quienes dejamos incapaces, en la vejez no tendríamos respaldo. - Ahí tenemos un caso que nos muestra cómo se hace el bien por los frutos que se esperan en algún momento, porque sin duda una crianza así por parte de los padres también se realizaría desde un punto de vista egoísta. Pero preguntémonos ahora: ¿A qué puede llevar un punto de vista así, aunque sea egoísta? Porque que las personas tengan el objetivo de criar a sus hijos como personas capaces, para que en la vejez tengan en ellos un apoyo, eso es, en principio - visto de manera totalmente objetiva - algo que no se logra con meras declaraciones morales; es más bien algo que se alcanza con la frase del filósofo: Predicar la moral es fácil, fundamentarla es difícil. - Pero no se trata de decir que uno no debería educar a sus hijos desde esa actitud, sino que se trata de reconocer los hechos y observar cómo se han vuelto las personas bajo esas influencias. Si los padres ponen todo su cuidado en criar a sus hijos para que sean personas capaces, y los hijos luego llegan a ser competentes en la vida, entonces no solo ayudan a los padres, sino que realmente se convierten en miembros útiles de la sociedad humana. Pero también podemos ver otro efecto. Porque si los padres empiezan a criar a sus hijos de esa manera, —aunque su perspectiva al principio fuera tan egoísta—, pronto algo no egoísta despierta con esa educación. Lo que era egoísta por naturaleza se transforma en algo altruista, y de hecho se logra lo que seguro no podría alcanzarse solo con predicar moral: la vida misma nos educa del egoísmo al altruismo, a la liberación del egoísmo.

Así como en la educación, lo mismo sucede con el principio que podríamos tener si ahora hacemos el bien y evitamos el mal, para que en la próxima vida tengamos los frutos de la vida presente. Eso es, al principio, egoísta, pero debemos reconocer que la naturaleza humana tiene ese egoísmo. Sin embargo, no se trata de que esto sea así, sino de la pregunta: ¿Cómo se supera realmente el egoísmo a través de la vida real?

Ahí podemos ver que una persona puede aceptar la enseñanza del karma de tal manera que se diga a sí misma: voy a evitar el mal porque me da malos frutos, y voy a hacer el bien porque así obtendré los buenos frutos, pero aún así, bajo la influencia de esta ley, la actitud egoísta se va transformando poco a poco en una actitud no egoísta. Y vemos que en la realidad, gradualmente, de ese egoísmo surge lo no egoísta.

Por eso debemos decir: Si una ética establece principios muy bonitos, aún así, si solo predica el bien, en realidad se parece a una persona que se pone frente a un horno y dice: Mira, querido horno, que en tu naturaleza está calentar la habitación. - Ahí puedes quedarte predicando largo rato; eso no calentará nada. Pero si nos ahorramos la predicación y nos comportamos con el horno de modo que pueda ocurrir un proceso de combustión, es decir, si le damos carbón, entonces calentará la habitación, y de esa manera fundamentamos su moral de horno, sin necesidad de predicar. Así ocurre también con las personas. Para quien entiende de psicología, está claro lo poco que se logra en la vida solo predicando moral. La moral debe fluir como fuerza en la naturaleza humana. Si nos ahorramos toda predicación sobre principios bonitos y solo podemos poner la enseñanza del karma como una fuerza viva en el alma humana, algo así como combustible para el alma, entonces quizás al principio se acepte esta enseñanza por egoísmo, pero se activarán las fuerzas del alma, de modo que a partir del egoísmo puede surgir la acción desinteresada que nace de la compasión.

Así, la Teosofía con respecto a la ética es una realidad que no simplemente adquirimos como doctrina, sino que la absorbemos como un conjunto de ideas que actúan en el alma y nos transforman en otras personas. Y nadie, -salvo que tenga una disposición anormal-, va a entender la enseñanza del karma de manera que diga: Todavía tengo muchas vidas por delante; todavía tengo tiempo hasta la próxima vida para ser una buena persona. - Nadie puede pensar así. Quien se impregna de la enseñanza del karma sabe: experimentas los frutos de tu vida actual en la próxima vida; si ahora pones los cimientos de ser una persona decente, en la próxima vida podrás serlo; pero si ahora no creas las causas para ser una buena persona, no podrás serlo en la próxima, y por lo tanto estarías colocando las causas para ser una persona desordenada, quizá incluso mala. - Con la enseñanza del karma correctamente entendida, es imposible llevar el egoísmo hasta el extremo; porque bien comprendida, siempre nos llevará no solo a transformar el egoísmo en altruismo, sino también a darnos cuenta de que no construimos nuestra vida de manera fatalista según un destino impuesto. Reconocemos que nosotros mismos pusimos las causas en la vida que luego actúan en el karma.

Ahora podemos ocuparnos de lo que desde el punto de vista religioso podría oponerse a la teosofía. Se puede decir: sí, el teósofo reconoce que en el ser humano vive un Supremo, que es como una gota del mar de lo Divino. Así que lo que el ser humano debe adquirir, lo que puede alcanzar, se coloca, por así decirlo, como una fuerza divina en su propia alma, y entonces uno no puede desarrollar con la actitud que surge de tal postura esa entrega, ese sacrificio de fundirse en aquel Ser que permea y vive en el mundo. -Alguien podría decir-. La actitud que siente la persona verdaderamente religiosa en la entrega más desinteresada a la divinidad que impregna todo, se vería afectada por la actitud teosófica, que coloca una chispa de lo divino en el mismo ser humano ¿Pero acaso no es posible de otra manera? Si uno toma lo representado en el mejor sentido, podrá decirse a sí mismo: Así que hay en ti una parte del poder de Dios. No solo existes para ti mismo, sino que estás allí con una parte del poder de Dios. Y si has 'continuado' por un tiempo, —en esta o en otra vida—, entonces mira una vez cuál era tu deber. Era tu deber desarrollar la semilla, el germen del poder de Dios que ha sido puesto en ti; en otras palabras, hacerte cada vez más y más semejante a lo que ese poder espera de ti. El desarrollo gradual, la perfección gradual se convierte en un deber, de modo que el poder de Dios en ti pueda brotar cada vez más activamente. La teosofía no exige un sentimiento religioso que consista solo en la entrega al divino, sino uno que se diga: Debo trabajar en mi perfección, porque si no lo hago, dejaré que la semilla de Dios dentro de mí quede sin desarrollar y entonces no seré una semejanza, sino una caricatura de lo divino. Pero no debo convertirme en eso. Tengo el deber de perfeccionarme. como su «yo superior», que poco a poco se abre camino hasta la posición que Pablo caracterizó al decir: ¡no yo, sino Cristo en mí!, - donde se une con la esencia de Cristo o con lo que la teosofía reconoce en general como tal esencia. Y hay que decirlo: allí todo lo que el hombre puede reconocer se aísla de lo que el universo vive y atraviesa.

Esto es una entrega activa y práctica a lo divino. Es un estado religioso que llama a las personas a hacer cada vez más por su conocimiento, a ocuparse cada vez más de su moralidad, y a esforzarse cada vez más por desarrollar esas fuerzas que están puestas en el alma como fuerzas divinas. Así vivimos con un espíritu religioso hacia el futuro, que no solo nos transmite una entrega pasiva a la divinidad, sino con un estado que nos insta a hacer nuestro yo cada vez más divino. Frente a lo divino, que atraviesa y vive el mundo, sería la mayor violación del deber si dejáramos nuestro yo incompleto. No podemos dejar sin usar la libra que se nos ha dado, tenemos que multiplicar esa libra. Este estado más auténtico y activo debe ser considerado cuando se habla del elemento religioso que puede venir de la teosofía.

Así se puede ver que hay muchas cosas que primero deben ser mencionadas en los elementos, para mostrar que la Teosofía, por un lado, puede fortalecer la vida, transformar el egoísmo en altruismo y provocar un estado de ánimo religioso que pueda desarrollar cada vez más una religiosidad activa para el futuro. Ese es el otro aspecto de la cuestión que vimos la última vez. Por lo tanto, debemos decir: ciertamente, los objeciones y refutaciones que se pueden presentar contra la Teosofía son justificadas, pero entonces podemos enfrentarnos a esas objeciones tal como se ha mencionado ahora, y podemos interrogar a toda nuestra persona, no solo unilateralmente a nuestra razón y nuestro pensamiento, y podemos decirnos: Tal vez sea verdad que existen cosas que son así, que deben ser reconocidas, que solo comienzan donde la razón se detiene. Entonces debemos poner en movimiento a toda nuestra persona y esa persona debe decidir. Sin embargo, esta decisión puede ser tomada por cada alma, por cada individualidad. Por lo tanto, la Teosofía es el elemento espiritual que más intensamente habla a la individualidad humana, llamando a la individualidad humana a decidir por sí misma incluso frente a la razón.

Cuando la persona se siente inmersa en impulsos tan vivos y sagrados, poco a poco encuentra a través de estos impulsos el camino que le permite darse cuenta: Estás aquí en esta tierra; perteneces con todo lo que hay en ti como ser humano físico-sensorial al mundo físico-sensorial de los seres humanos en la tierra, y perteneces con todo lo que puede fluir desde el mundo espiritual hacia tu mundo espiritual-sentimental, a un mundo espiritual.

Recibes tu misión del mundo espiritual, y tienes que grabar en todo el proceso de desarrollo de la Tierra lo que puedes traer desde el mundo espiritual. Tu misión es ser intermediario entre el proceso de la Tierra y lo espiritual que desea fluir hacia la Tierra. Si aprendes, a través del estudio teosófico, a reconocer que esto es así, y si puedes transformar la profundización teosófica en una actitud que te dé esa infinita y bendita realización del espíritu y del corazón, que se puede expresar en la conciencia de la conexión tanto con lo temporal y finito como con lo infinito y atemporal, —lo eterno y lo efímero—, entonces puedes decirte a ti mismo que estás arraigado con tu ser en lo eterno, que aunque como humano sensorial estás ligado a la Tierra, es solo para dar cumplimiento a lo eterno en forma terrestre a través de tu misión.

Una actitud así puede convertirse en teosofía cuando se transforma en el ser humano a través de un estado de ánimo general, que se puede expresar artísticamente con las palabras:

A los sentidos humanos hablan
Las cosas en las vastedades del espacio
Se transforman en el curso del tiempo
El alma humana vive reconociendo
Las vastedades del espacio sin límites
Y sin dejarse desviar por el curso del tiempo
En el reino de la eternidad del espíritu.

Traducido por J.Luelmo - ago 2026-

GA108 Karlsruhe, 18 de enero de 1909 - ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar?

   Índice


¿CÓMO ADQUIRIR LA ACTITUD CORRECTA PARA PENSAR?

Rudolf Steiner

Karlsruhe, 18 de enero de 1909



Pensar de forma realmente práctica y meros hábitos de pensar.  ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar? El entrenamiento del pensar mediante ejercicios. Profundizar en las facultades del pensar. Ejercicios para Fortalecer la memoria.  Ejemplos de errores del pensar. Sobre la importancia de pensar correctamente.

Podría parecer extraño que precisamente la antroposofía se sienta llamada a hablar sobre la formación práctica del pensar, dado que quienes están fuera a menudo opinan que la antroposofía es algo sumamente poco práctico y que no tiene nada que ver con la vida. Esta visión solo puede existir cuando se ven las cosas desde fuera, de manera superficial. Pero en realidad, lo que se propone debe ser una guía para la vida más cotidiana; debe poder transformarse en cada momento en sensación y sentimiento, y permitirnos enfrentarnos a la vida con seguridad y mantenernos firmes en ella.

La gente que se auto considera práctica, se imagina que actúa según los principios más prácticos. Pero cuando se examinan las cosas más de cerca, se verá que el llamado «pensamiento práctico» a menudo no es pensar en absoluto, sino un improvisar con juicios y hábitos de pensamiento adquiridos. Si se observa de manera absolutamente objetiva el pensar de los prácticos y se analiza lo que normalmente se llama práctica del pensar, se descubrirá que en realidad tiene muy poco de práctico real detrás; lo que se llama práctica consiste en haber aprendido: ¿cómo pensaba el maestro, cómo pensaba quien fabricó esto o aquello antes, y cómo se sigue eso? - Y quien piensa diferente se le considera una persona poco práctica; porque el pensamiento no coincide con lo que uno ha aprendido a lo largo del tiempo.


Pero cuando realmente se inventó algo práctico, este no fue hecho inicialmente por un profesional. Tomemos como ejemplo nuestro sello de correos actual. Lo más lógico sería pensar que fue inventado por un especialista en correos. Pero no es así. A principios del siglo pasado, enviar una carta aún era algo muy complicado. Si alguien quería enviar una carta, tenía que ir al lugar correspondiente, donde se podían enviar cartas, y allí consultar diversos libros y lidiar con todo tipo de complicaciones. Tener una tarifa uniforme como la que conocemos hoy es algo de hace apenas unos sesenta años (1880). Y nuestro sello postal actual, que lo hace posible, no fue inventado por un trabajador postal práctico, sino por alguien alejado del correo, el inglés Hill.

Y cuando se inventó el sello postal, el ministro correspondiente en el Parlamento inglés, que en aquel entonces estaba a cargo del servicio postal, dijo: Sí, primero no se puede asumir que realmente, por esta simplificación, el tráfico se incrementaría tanto como este poco práctico Hill se imagina, y segundo, incluso suponiendo que fuera así, entonces el edificio de correos en Londres no sería suficiente para ese tráfico. - A este gran práctico ni se le ocurrió remotamente que el edificio de correos debería ajustarse al tráfico y no al revés. Ahora, en un tiempo relativamente breve, se ha impuesto lo que en ese entonces un “poco práctico” tuvo que luchar contra un “práctico”: hoy en día es completamente normal que la carta se envíe con un sello.

Algo similar ocurre con el ferrocarril. Cuando en el año 1835 se iba a construir el primer ferrocarril en Alemania, de Núremberg a Fürth, el colegio médico bávaro, que fue consultado al respecto, emitió un informe de expertos diciendo que no era recomendable construir ferrocarriles; pero si aún así se tenía la intención de hacerlo, al menos se debía levantar a ambos lados del ferrocarril una alta pared de tablones, para que las personas que cruzaran no sufrieran sacudidas nerviosas o cerebrales.

Cuando se iba a construir la línea ferroviaria Potsdam-Berlín, el director general de correos Nagler dijo: Yo dejo que dos carruajes de correos vayan diariamente a Potsdam, y no van llenos; si la gente quiere tirar su dinero absolutamente por la ventana, entonces que lo hagan directamente. - Las realidades de la vida simplemente superan a los “practicos”, a aquellos que creen ser practicos. Hay que distinguir entre lo que es pensamiento verdadero y el llamado pensar práctico, que no es más que juzgar según hábitos mentales adquiridos.

Quisiera contarles una pequeña experiencia que yo mismo viví una vez y ponerla ante nuestra reflexión de hoy: Durante mis años de estudio, un joven colega vino a mí lleno de alegría, de esa alegría que se nota en las personas que han tenido una idea bastante ingeniosa, y dijo: Tengo que ir ahora mismo al profesor Radinger, -que en aquel entonces representaba la ingeniería mecánica en la universidad-, porque he hecho un gran invento: he descubierto cómo, usando muy poca energía de vapor una sola vez, se puede lograr una cantidad enorme de trabajo mediante una máquina. - No pudo decirme más, tenía mucha prisa por ir al profesor. Pero no encontró al profesor en cuestión, y regresó y me explicó todo el asunto. La historia me olió enseguida un poco a perpetuum mobile - pero, ¿verdad?, ¿por qué algo así no podría ser posible algún día? - Pero después de que me explicó todo, tuve que decirle: Mira, la idea es bastante ingeniosa, pero en la práctica es algo que se puede comparar exactamente con que alguien se meta en un vagón de tren, empuje con todas sus fuerzas y piense que el vagón va a moverse solo. Así es el principio de pensamiento en tu invento. - Entonces él también lo entendió y no volvió a ir al profesor.

De cierta manera, uno puede encerrarse con su pensar. En casos muy especiales y raros, ese encerrarse se muestra claramente; pero en la vida, muchas personas se encierran así, y no siempre se nota tan evidentemente como en nuestro ejemplo. Sin embargo, quien pueda observar la cosa un poco más de cerca, sabe que así transcurre una gran parte de los procesos de pensamiento humano: a menudo ve, por así decirlo, a las personas 'plantadas' en el carro empujando hacia adentro y pensando ahora que son ellos quienes hacen avanzar el carro. Muchas de las cosas que ocurren en la vida serían muy distintas si la gente no fuera de esos que empujan el carro 'así plantadas'.

La verdadera práctica del pensar supone que uno adopte la actitud correcta, el sentimiento adecuado hacia el pensamiento. ¿Cómo se puede adquirir una postura correcta ante el pensamiento? Nadie puede tener el sentimiento correcto hacia el pensamiento si cree que el pensar es algo que solo ocurre dentro de la persona, en su cabeza o en su alma. Quien tenga esta idea se distraerá continuamente con un sentimiento falso y no buscará una práctica correcta del pensar ni exigirá lo necesario a su pensar. Quien quiera adquirir el sentimiento correcto hacia el pensar debe decirse: Si mediante el pensar, puedo reflexionar sobre las cosas, si puedo profundizar en las cosas, entonces los pensamientos deben estar primero en las cosas. Las cosas deben estar construidas según los pensamientos, solo así puedo extraer los pensamientos de las cosas.

El ser humano debe imaginar que lo que ocurre afuera en el mundo con las cosas, es comparable a como con un reloj. El hecho de comparar el organismo humano con un reloj se usa con mucha frecuencia; pero la gente muchas veces olvida lo más importante: que también existe un relojero. Hay que tener claro que los engranajes no se han combinado por si solos, ni que la máquina funciona por sí sola, sino que en algún momento tubo que haber un relojero que ensambló ese reloj. No se debe olvidar al relojero. Cuando el reloj se hizo realidad se hizo mediante el pensar, los pensamientos fluían casi directamente en el reloj, en la cosa. También todo lo que son obras de la naturaleza, sucesos de la naturaleza, hay que imaginarlos así. Con lo que es fruto del obrar humano, eso se puede ilustrar fácilmente; pero con las obras de la naturaleza, la gente no puede notarlo tan fácilmente, y obstante también son actividades espirituales, y detrás de ellas hay entidades espirituales. Y cuando un ser humano piensa sobre las cosas, solo reflexiona sobre lo que previamente fue depositado en ellas. La fe de que el mundo ha sido creado mediante el pensamiento y que continúa manifestándose de este modo, es lo que realmente hace provechosa la práctica interna del pensar.

Siempre es la incredulidad hacia lo espiritual, lo que provoca en el mundo, incluso sobre una base científica, la peor práctica incorrecta del pensar. Por ejemplo, cuando alguien dice: Nuestro sistema planetario se formó así, que primero hubo una nebulosa original que empezó a girar, se compactó en un cuerpo central, de él se separaron anillos y esferas, y así se formó mecánicamente todo el sistema planetario -, quien lo dice comete un gran error de pensamiento. Hoy en día se enseña esto de forma muy bonita a la gente. En un experimento bonito se muestra esto hoy en cualquier escuela: se pone una gota de grasa en un vaso de agua, se pasa una aguja por la gota de grasa y se pone todo a girar. Entonces, del gran gota se separan pequeñas gotitas, y se tiene un sistema planetario en miniatura, y al estudiante, -según se cree-, se le muestra visualmente cómo se puede formar de manera puramente mecánica. Sólo un pensamiento poco práctico puede sacar tales conclusiones de este experimento bonito, porque la persona que lo transfiere al gran sistema del mundo usualmente olvida algo, que tal vez sería bueno olvidar, se olvida a sí mismo, se olvida que ha sido él mismo quien puso la cosa en rotación. Si él no hubiera estado ahí ni hubiera hecho todo, nunca se habría producido la división de la gota de grasa en pequeñas gotas. Si la persona también observa esto y lo traslada al sistema planetario, entonces sí que se estaría aplicando un pensamiento completo. Estos errores de pensamiento hoy en día, especialmente en lo que hoy se llama ciencia, juegan un papel enorme. Estas cosas son mucho más importantes de lo que uno suele pensar.

Si uno quiere hablar de una verdadera práctica del pensar, debe saber que los pensamientos solo pueden sacarse de un mundo en el que ya existen tales pensamientos. Así como solo se puede sacar agua de un vaso que realmente contiene agua, también solo se pueden extraer pensamientos de cosas que realmente los contienen. El mundo está construido según pensamientos; únicamente por eso se pueden extraer pensamientos de él. Si esto no fuera así, no podría surgir ninguna práctica del pensar. Pero cuando la persona siente hasta el final lo que aquí se ha expresado, entonces será fácil superar todo pensamiento abstracto. Cuando la persona tiene plena confianza en que detrás de las cosas hay pensamientos, que los hechos reales de la vida transcurren conforme a pensamientos, entonces, cuando tiene esta sensación, le será fácil volverse hacia una práctica del pensar que esté construida sobre la realidad.

Ahora queremos mostrar algo de esa práctica del pensar que es especialmente importante para quienes se encuentran en el terreno antroposófico. Quien esté impregnado de la idea de que el mundo de los hechos se desenvuelve en pensamientos, verá la importancia de desarrollar un pensar correcto. Supongamos ahora que alguien dice: Quiero enriquecer mi pensar de manera que éste realmente siempre sepa orientarse en la vida; entonces tiene que seguir lo que se va a decir ahora. Y lo que se indica a continuación debe entenderse de manera que sean realmente principios prácticos, y que, si uno se esfuerza una y otra vez por organizar su pensar según ellos, tienen ciertos efectos, haciendo que el pensar se vuelva práctico, aunque al principio no lo parezca. En efecto, si se aplican tales principios, se presentan experiencias totalmente diferentes para el pensar.

Supongamos que alguien intenta lo siguiente: Hoy observa cuidadosamente un proceso en el mundo que está a su alcance, que puede observar lo más precisamente posible, digamos por ejemplo el clima. Observa la configuración de las nubes por la tarde, la manera en que se ha puesto el sol y así sucesivamente, y ahora se forma exactamente la imagen de lo que ha observado. Intenta mantener la idea, esta imagen, durante un tiempo en todos sus detalles; conserva tanto como pueda de esta idea y busca mantenerla hasta mañana. Mañana observa aproximadamente a la misma hora, o quizás en otro momento, nuevamente las condiciones climáticas, e intenta hacerse otra vez una imagen exacta de las condiciones.

Si de esta manera se hace imágenes precisas de estados consecutivos, se le volverá extraordinariamente claro cómo se enriquece e intensifica gradualmente por dentro su pensar, porque lo que hace que el pensamiento sea poco práctico es que la gente suele estar demasiado inclinada a omitir los detalles de los procesos consecutivos en el mundo y quedarse solo con ideas generales y vagas. Lo valioso, lo esencial que fecunda el pensamiento, es precisamente formarse imágenes exactas de los procesos consecutivos y luego decirse a sí mismo: ayer la cosa era así, hoy es así; y al mismo tiempo acercar lo más posible estas dos imágenes que están separadas en el mundo real también frente al alma.

Esto no es nada más que una expresión especial de la confianza en los pensamientos sobre la realidad. No se espera que la persona saque de inmediato alguna conclusión y a partir de lo que observó hoy determine cómo será el clima mañana. Eso corrompería su pensamiento. Más bien, debe tener confianza en que las cosas en la realidad exterior están conectadas, que lo de mañana tiene de alguna manera relación con lo de hoy. No debe especular sobre ello, sino simplemente reflexionar primero sobre lo que ocurre sucesivamente en imágenes mentales lo más precisas posible, y luego dejar que esas imágenes estén juntas y se mezclen entre sí. Este es un principio de pensamiento muy específico que hay que seguir si se quiere desarrollar un pensamiento realmente adecuado. Es bueno aplicar este principio especialmente a cosas que aún no se entienden, en las que aún no se ha penetrado en la conexión interna. Por eso, incluso en procesos que aún no comprendemos, como el clima, debemos confiar en que, al estar conectados en el exterior, también producen conexiones en nosotros; y eso debe ocurrir con abstención del pensamiento, solo en imágenes. Hay que decirse: Aún no conozco la conexión, pero dejaré que estas cosas vivan dentro de mí, y si me abstengo de toda especulación, producirán algo en mí. Será fácil creer que, si la persona, de esta manera, con abstención del pensamiento, se hace imágenes mentales lo más precisas posible de los procesos sucesivos, algo puede ocurrir en los miembros invisibles del ser humano.

El ser humano tiene el cuerpo astral como portador de la vida de las ideas. Este cuerpo astral es, mientras el ser humano especula, el esclavo del yo. Pero no se limita a tener esta actividad consciente; también mantiene cierta relación con todo el cosmos.

En la medida en que nos abstenemos de dejar que nuestra voluntad de pensar actúe, en que nos limitamos simplemente a formar imágenes de ideas de eventos consecutivos, en esa misma medida los pensamientos internos del mundo actúan en nosotros y se imprimen en nuestro cuerpo astral sin que lo sepamos. Así como nos adaptamos al curso del mundo observando los sucesos del mundo y captando las imágenes lo más puramente posible en nuestros pensamientos y dejándolas actuar en nosotros, en esa misma medida vamos haciéndonos más sabios en los miembros que están fuera de nuestra conciencia. Si luego logramos, en tales sucesos que tienen una conexión interna, dejar que una nueva imagen pase a la otra, tal como se desarrolla esa transición en la naturaleza, veremos después de un tiempo que nuestro pensar ha adquirido algo así como cierta suavidad.

Así debemos proceder con cosas que aún no entendemos; pero ante cosas que sí comprendemos, debemos comportarnos un poco de la misma manera, por ejemplo, frente a los sucesos de nuestra vida cotidiana que tienen lugar a nuestro alrededor. Por ejemplo, alguien, tal vez el vecino, hizo esto o aquello. Reflexionamos: ¿Por qué lo hizo? - Pensamos que lo hizo hoy más fácilmente como preparación para algo que quiere hacer mañana. Ahora no decimos nada más, sino que nos imaginamos exactamente lo que hizo e intentamos ahora hacernos una idea de lo que hará mañana. Nos imaginamos: Esto es lo que hará mañana - y esperamos a ver qué hace realmente. Puede ser que mañana notemos que realmente hace lo que nos imaginamos. También puede ser que haga algo diferente. Veremos qué ocurre y trataremos de mejorar nuestros pensamientos en base a eso.

Así que buscamos en el presente eventos que seguimos en nuestra mente hacia el futuro y esperamos a ver qué sucede. Podemos hacer esto con lo que hacen las personas y con otras cosas. Donde entendemos algo, tratamos de hacernos una idea de lo que creemos que sucederá. Si lo esperado ocurre, entonces nuestro pensamiento fue correcto; y eso está bien. Si sucede algo distinto a lo que esperábamos, entonces intentamos pensar en qué nos equivocamos y así tratar de corregir nuestros pensamientos incorrectos observando y revisando calmadamente cuál fue el error, de dónde surge que haya pasado así. Si acertamos, sin embargo, queremos cuidarnos especialmente de presumir nuestra profecía: ¡Sí, ya lo sabía ayer, que esto iba a pasar!

Eso era, a su vez, un principio que surgía de la confianza de que hay una necesidad interna en las cosas y los acontecimientos, que en los hechos mismos hay algo que impulsa las cosas hacia adelante. Y lo que trabaja ahí de un día para otro son fuerzas del pensar. Si nos sumergimos en las cosas, tomamos conciencia de estas fuerzas del pensar. Hacemos presentes estas fuerzas del pensar en nuestra conciencia a través de ejercicios de este tipo, y entonces estamos en sintonía con ellas cuando se cumple lo que habíamos previsto; entonces, a través de nuestra actividad mental, estamos en una conexión interna con la realidad. Así nos acostumbramos a pensar no de forma arbitraria, sino por la necesidad interna, por la naturaleza de las cosas.

Pero también podemos entrenar nuestra práctica de pensar en otra dirección. Algún evento que ocurre hoy también está relacionado con lo que sucedió ayer, por ejemplo, algún niño se ha portado mal; ¿cuáles podrían ser las causas? Seguimos los acontecimientos hoy hacia atrás hasta ayer, construimos las causas que no conocemos. Nos decimos: Creo que porque esto pasa hoy, entonces eso o aquello se preparó ayer o antes de ayer mediante esto o aquello.

Luego uno se informa sobre lo que realmente ocurrió y así reconoce si pensó correctamente. Si ha encontrado la causa correcta, está bien; si se hizo una idea equivocada, entonces intente aclarar los errores para sí mismo y encontrar cómo se desarrolló el proceso de pensamiento y cómo ocurrieron las cosas en la realidad.

Lo importante es llevar a cabo estos principios: que realmente encontremos tiempo para mirar las cosas como si estuviéramos dentro de ellas con nuestro pensar, que nos sumerjamos en las cosas, en la actividad interna del pensamiento de las cosas. Si hacemos eso, nos daremos cuenta poco a poco de cómo prácticamente nos fusionamos con las cosas, cómo ya no sentimos que las cosas estén afuera y nosotros adentro pensando sobre ellas, sino que sentimos como si nuestro pensamiento se moviera dentro de las cosas. Cuando una persona alcanza esto en un alto grado, muchas cosas pueden volverse claras para ella.

Una persona que había alcanzado en gran medida lo que se podía alcanzar, un pensador así, que siempre estaba dentro de las cosas con sus pensamientos, ese era Goethe. El psicólogo Heinroth dijo en 1822 en su «Manual de Antropología» que el pensamiento de Goethe era un pensamiento objetivo. Goethe mismo se alegró de este comentario. Esto debía significar que tal pensamiento no se separa de las cosas; permanece dentro de las cosas, se mueve dentro de la necesidad de las cosas. El pensamiento de Goethe era al mismo tiempo una contemplación, y su contemplación al mismo tiempo un pensamiento.

Goethe llegó muy lejos con un pensamiento tan desarrollado. Así que ocurrió más de una vez: Goethe planeaba algo, se acercaba a la ventana y le decía a quien estaba ahí presente: En tres horas lloverá, - y así sucedía. Podía, desde el pequeño fragmento del cielo que veía por la ventana, predecir lo que iba a ocurrir en las siguientes horas en las condiciones del clima. Su pensamiento fiel, que permanecía en las cosas, le había permitido sentir lo que se estaba preparando a partir de lo que había venido antes como el evento posterior.

Realmente se puede lograr mucho más a través del pensar práctico de lo que uno suele imaginar. - Cuando uno tiene lo que se ha descrito como principios para el pensamiento, entonces se da cuenta de que el pensamiento se vuelve realmente práctico, que la perspectiva se amplía y que uno aborda las cosas del mundo de manera completamente diferente a como lo haría sin esto. Poco a poco, la persona empieza a relacionarse de manera muy distinta con las cosas y también con los demás. Es un proceso real que ocurre en él, que cambia completamente su comportamiento. Puede ser de enorme importancia que la persona realmente intente crecer junto con las cosas a través de su pensamiento; porque es un principio para el pensamiento eminentemente práctico, hacer este tipo de ejercicios.

Otra cosa es un ejercicio que deberían hacer especialmente aquellas personas a las que normalmente no se les ocurre lo correcto en el momento adecuado. Lo que estas personas deberían hacer consiste, ante todo, en intentar no solo pensar de manera que se entreguen en cada instante a lo que el curso del mundo trae consigo, a lo que las cosas traen consigo. Lo más común es que, cuando una persona puede acostarse por media hora para descansar, deje que sus pensamientos jueguen. Entonces se enredan hasta el ciento y el mil. O tal vez le preocupa este o aquel asunto en la vida; de repente se apodera de su conciencia y queda completamente ocupado por ello. Si una persona hace esto, nunca logrará tener la idea correcta en el momento adecuado. Si quiere lograrlo, debe comportarse de la siguiente manera. Si tiene media hora para descansar, debe decirse a sí mismo: Quiero pensar, siempre que tenga tiempo, en algo que yo mismo elija, algo que solo lleve a mi conciencia por mi propia voluntad. Por ejemplo, ahora quiero pensar en algo que quizá haya experimentado antes, tal vez durante un paseo hace dos años; quiero traer deliberadamente esas experiencias a mi pensamiento y reflexionar sobre ellas, aunque solo sea cinco minutos. ¡Todo lo demás, fuera durante esos cinco minutos! Yo mismo elijo sobre qué quiero pensar. La elección ni siquiera tiene que ser tan difícil como acabo de decir. En principio, no se trata de influir en tu proceso de pensamiento a través de ejercicios difíciles, sino de arrancarte de aquello en lo que te arrastra la vida. Solo tiene que ser algo que sobresalga de lo que te envuelve el curso normal del día. Y si sufres de falta de imaginación, si simplemente no se te ocurre otra cosa, puedes ayudarte a ti mismo abriendo un libro y reflexionando sobre lo que lees a primera vista. O también, puedes decirte: Hoy voy a pensar en lo que vi cuando fui a la tienda a determinada hora de la mañana y que normalmente hubiera pasado por alto. Tiene que ser algo que se salga del curso habitual de la vida, sobre lo que normalmente no hubieras reflexionado.

Si uno hace estos ejercicios sistemáticamente una y otra vez como él, entonces ocurre que se tienen ideas en el momento adecuado, que se nos ocurren en el momento correcto cosas que deben ocurrírsenos. El pensamiento se volverá entonces más ágil, y eso es enormemente importante para la persona en la vida práctica.

Otro ejercicio es especialmente adecuado para influir en la memoria. Primero se intenta recordar, de manera general, como uno normalmente recuerda las cosas, algún acontecimiento, digamos de ayer. Por lo general, los recuerdos de las personas son grises; normalmente uno se conforma con recordar solo el nombre de la persona que encontró ayer. Pero no debemos conformarnos con eso si queremos desarrollar nuestra memoria. Debemos tener eso claro. Debemos hacer sistemáticamente lo siguiente, debemos decirnos a nosotros mismos: Quiero recordar con mucha precisión a la persona que vi ayer, también a qué esquina de la calle la vi; qué había alrededor de ella. Quiero visualizar la imagen con detalle, también su chaqueta, su chaleco quiero imaginarlo con exactitud. Allí la mayoría de las personas notarán que no pueden hacerlo, que les resulta imposible. Se darán cuenta de cuánto les falta para tener una verdadera imagen visual de lo que encontraron ayer y de lo que vivieron ayer.

Ahora debemos partir principalmente de la gran mayoría de los casos en los que la persona no es capaz de recordar lo que vivió ayer. La observación de las personas es realmente extremadamente inexacta. - Un experimento de un profesor universitario con sus alumnos mostró que de treinta presentes, solo dos observaron el hecho correctamente, mientras que los otros veintiocho lo hicieron de manera incorrecta. - Sin embargo, una buena memoria es el fruto de una observación fiel. Para desarrollar la memoria, precisamente importa observar con atención. Se logra una buena memoria mediante la observación cuidadosa; a través de cierto camino psicológico, la memoria fiel nace como hijo de una buena observación.

Pero si ahora no se puede hacer eso, primero hay que recordar con precisión lo que se vivió ayer, ¿qué se hace entonces? Primero, trate de recordar lo más exactamente posible, y donde no recuerde, entonces intente imaginarse algo falso, solo que debe ser completo. Supongamos que ha olvidado por completo si alguien que encontró llevaba una falda marrón o negra, pues imagínese más fácilmente que llevaba una falda marrón y pantalones marrones; que tenía tales y cuales botones en el chaleco, la corbata era amarilla, y allí estaba esa situación, la pared era amarilla, a la izquierda pasó una persona grande, a la derecha una pequeña, y así sucesivamente.

Aquello a lo que uno recuerda, eso se coloca dentro de la imagen; solo aquello a lo que no se puede recordar, eso se completa, para obtener en la mente una imagen completa. La imagen inicialmente está equivocada, pero al esforzarse por obtener una imagen completa, eso lo guía a observar con más precisión a partir de ahora. Y continúa haciendo tales ejercicios. Y cuando lo hayas hecho cincuenta veces, la cincuenta y una vez sabrás exactamente cómo lucía la persona que encontraste, qué llevaba puesto; recordarás todo con exactitud, salvo los botones del chaleco. Ya no pasarás nada por alto, y cada detalle se grabará en tu memoria. Primero has agudizado tu sentido de la observación con los ejercicios y luego has mejorado la fidelidad de tu memoria como consecuencia del sentido de la observación.

Es especialmente bueno enfocarse en observar, no solo en recordar nombres y algunos rasgos principales de aquello que uno quiere recordar, sino en intentar obtener representaciones lo más vívidas posible, que se extiendan a todos los detalles; y si uno no puede recordar algo, primero se busca completar la imagen, construirla como un todo. - Entonces pronto veremos cómo, por caminos indirectos, parece -, que nuestra memoria se vuelve fiel poco a poco.

Así vemos cómo, de hecho, se puede indicar, –como movimientos manuales–, aquello a través de lo cual el ser humano puede hacer su pensamiento cada vez más práctico. Especialmente importante es lo siguiente: el ser humano tiene cierta tendencia, cuando reflexiona sobre algo, a llegar a un resultado. Piensa cómo hacer esto o aquello y llega a este o aquel resultado. Ese es un impulso muy comprensible. Pero eso no es lo que conduce al pensamiento práctico. Cualquier apresuramiento en el pensamiento no avanza, sino que retrocede. Uno debe tener paciencia en estas cosas.

Por ejemplo, deberías llevar a cabo esto o aquello: puedes hacerlo de una manera o de otra, hay diferentes posibilidades. Ahora, ten paciencia e intenta imaginar lo que pasaría si lo hicieras de esta manera, y también intenta imaginar cómo se vería si lo hicieras de otra forma. Siempre habrá razones para preferir una opción sobre la otra, pero por ahora abstente de tomar una decisión inmediata, y en su lugar trata de imaginar las dos posibilidades y luego decirte a ti mismo: Bueno, ya está, ahora dejo de pensar en esto.

Habrá personas que se pondrán inquietas por esto; y luego es difícil superar esa inquietud, pero es enormemente útil superarla y decirse a uno mismo: Así va, así va, y ahora no pienso en ello por un rato. Si se puede, uno debería posponer el asunto, la acción, hasta el día siguiente y mantener frente a sí las dos posibilidades de nuevo, y se descubrirá que las cosas han cambiado mientras tanto, que al día siguiente decidiremos de manera diferente, al menos más a fondo, de lo que habríamos decidido el día anterior. Las cosas tienen una necesidad interna, y si no actuamos impacientemente de manera arbitraria, sino que dejamos que esa necesidad interna funcione en nosotros, —y funcionará en nosotros—, aparecerá enriqueciendo nuestro pensamiento al día siguiente y nos permitirá tomar una decisión más correcta. ¡Esto es enormemente útil!

Por ejemplo, alguien puede pedirte consejo sobre esto o aquello, o tienes algo que decidir. Ahí hay que tener paciencia, no lanzarse de inmediato con decisiones, sino primero considerar varias posibilidades y no tomar una decisión dentro de uno mismo, sino dejar que las opciones actúen tranquilamente. También se dice popularmente que uno debe 'dormir sobre algo' antes de decidir. Pero solo dormir sobre ello no es suficiente. Es necesario considerar dos o, mejor, más opciones, que luego sigan trabajando dentro de ti, como si tu yo consciente no estuviera presente, y luego volver a la cuestión más tarde. Verás que de esta manera se estimula la capacidad de pensar interna y el pensamiento se vuelve cada vez más adecuado y práctico.

Y sea lo que sea que el ser humano haga en el mundo, ya sea que esté en el tornillo de banco o detrás del arado, o que pertenezca a una de las llamadas clases profesionales privilegiadas, en las cosas más cotidianas se convertirá en un pensador práctico si practica estas cosas. Así, al practicar, toma y observa las cosas del mundo de una manera completamente diferente. Y aunque estas prácticas parezcan internas al principio, son justamente para el mundo exterior, llevan en sí la mayor importancia posible para el mundo exterior; tienen consecuencias importantes.

Quiero mostrarles con un ejemplo lo necesario que es pensar realmente de manera práctica sobre las cosas: alguien ha subido a un árbol con una escalera y ha hecho algo allí; se cae, se golpea y muere. Bueno, ¿verdad?, es un pensamiento obvio que
al caer se golpeó hasta morir. Se dirá que la caída fue la causa y la muerte el efecto. Parece que causa y efecto están relacionadas. Pero aquí pueden ocurrir confusiones terribles. - Puede ser que haya sufrido un infarto mientras estaba arriba, de modo que cayó a causa del ataque al corazón. Exactamente lo mismo habría pasado si hubiera caído estando vivo, habría pasado por las mismas cosas que realmente podrían haber sido la causa de su muerte. - Así se puede confundir completamente causa y efecto. En este ejemplo es evidente; pero muchas veces no es tan evidente lo que se ha pasado por alto. Estos errores de pensamiento ocurren muchísimo, de hecho, hay que decir que hoy en día, en la ciencia, a diario se emiten juicios en los que se confunden causa y efecto de esta manera. Los humanos simplemente no lo comprenden porque no se mantienen conscientes de las posibilidades de pensamiento.

Se dará todavía un ejemplo que puede mostrarles claramente cómo surgen tales errores de pensamiento, y que les demuestra que a una persona que ha hecho ejercicios como los que se indicaron hoy, ya no le ocurrirán. Supongamos lo siguiente: un erudito se dice a sí mismo que el ser humano, tal como es hoy, desciende del mono; es decir, lo que aprendo del mono, las capacidades en el mono, se perfeccionan, y de eso surge después el ser humano. - Ahora, para mostrar el sentido de la idea, hagamos la siguiente suposición: imaginemos que el hombre que debe sacar esta conclusión fuera, por alguna circunstancia, colocado completamente solo en la Tierra. Además de él, solo estarían esos monos de los que su teoría dice que de ellos pueden surgir los humanos. Ahora estudia esos monos muy de cerca, se hace una idea de los detalles de lo que hay en los monos. Entonces debe intentar, a partir del concepto del mono, generar el concepto del ser humano, sin que jamás haya visto uno. Se dará cuenta de que nunca lo logrará: su concepto de “mono” nunca se transforma en el concepto de ser humano.

Si tuviera hábitos de pensamiento correctos, debería decirse: Entonces, mi concepto no se transforma en mí de tal manera que del concepto del mono pase al concepto del ser humano, por lo tanto, lo que veo en el mono no puede convertirse en humano, porque de lo contrario mi concepto también tendría que cambiar. Entonces debe añadirse algo más, que no puedo ver. - Este ser humano, por lo tanto, tendría que ver algo extra sensorial detrás del mono sensorial, algo que no puede percibir, que luego podría convertirse en humano.

No vamos a entrar en la imposibilidad del asunto, sino solo mostrar el error de pensamiento que se encuentra detrás de esa teoría. Si el ser humano pensara correctamente, se vería llevado a que no puede pensar de esa manera, si no quiere suponer algo sobrenatural. Si reflexiona sobre el asunto, verá que aquí hay un error de pensamiento abrumador cometido por toda una serie de personas. Tales errores ya no serán cometidos por quien entrene su pensamiento de la manera indicada.

Una gran parte de toda nuestra literatura actual, especialmente la científica, se convierte para quien realmente sabe pensar bien, en una fuente de efectos hasta dolor físicos, debido a esos pensamientos torcidos y contradictorios, cuando tiene que leer a través de ellos. - No se quiere decir con esto nada en absoluto contra la enorme cantidad de observaciones que se han obtenido gracias a esta ciencia natural y sus métodos objetivos.

Ahora llegamos a un capítulo que está relacionado con la miopía del pensar. Es realmente así: generalmente la persona no sabe que su pensar no es muy razonable, sino que en gran medida es solo el resultado de hábitos de pensamiento. Así, los juicios, para quien comprende el mundo y la vida, se formarán de manera completamente diferente que para quien no los comprende o los comprende poco, por ejemplo, un pensador materialista. Convencer a alguien así mediante razones, por más sólidas y buenas que sean, no es fácil. Intentar convencer con razones a quien conoce poco la vida suele ser un esfuerzo inútil, porque ni siquiera comprende las razones por las que algo se puede afirmar. Si se ha acostumbrado a ver en todo, por ejemplo, solo materia, entonces se aferra precisamente a este hábito de pensamiento.

Hoy en día, por lo general no son las razones lo que lleva a alguien a hacer afirmaciones, sino que detrás de las razones están los hábitos de pensamiento que ha adquirido y que influyen en todo su sentir y percibir. Cuando presenta razones, solo se le pone frente a su sentir y percibir la máscara del pensamiento habitual. Así que a menudo el padre del pensamiento no es solo el deseo, sino que todos los sentimientos y hábitos de pensamiento son los padres de los pensamientos. Quien conoce la vida sabe lo poco que alguien se deja convencer por razones lógicas en la vida. En el alma decide algo mucho más profundo que las razones lógicas.

Por ejemplo, si tenemos nuestro movimiento antroposófico, ciertamente tiene buenas razones para que lo tengamos y para que trabaje en sus ramas. Cada uno nota, al colaborar un tiempo en el movimiento, que ha adquirido una forma diferente de pensar, sentir y percibir. Porque, al trabajar en las ramas, no solo uno se ocupa de encontrar las razones lógicas para algo, sino que adquiere un sentir y percibir más completo.

Como solía burlarse hace unos años una persona que escuchaba por primera vez una conferencia de ciencia espiritual y hoy, ¡cuántas cosas le son completamente claras y transparentes que tal vez tiempo atrás habría considerado algo sumamente absurdo! Al participar en el movimiento antroposófico, no solo transformamos nuestros pensamientos, sino que aprendemos a introducir toda nuestra alma en una perspectiva más amplia. Debemos tener claro que la coloración de nuestros pensamientos proviene de niveles mucho más profundos de lo que normalmente se piensa. Hay ciertas sensaciones, ciertos sentimientos que imponen una opinión al ser humano. Las razones lógicas a menudo son solo un disfraz, solo máscaras para los sentimientos, sensaciones y hábitos de pensamiento.

Lograr que los motivos lógicos nos den algún sentido de algo requiere aprender a amar la lógica en sí misma. Solo cuando aprendemos a amar la objetividad y lo adecuado, los motivos lógicos se volverán decisivos. Poco a poco se aprende a pensar objetivamente, por así decirlo, independientemente de la predilección por este o aquel pensamiento, y entonces la perspectiva se amplía y uno se vuelve práctico; no tan práctico como para solo poder juzgar siguiendo caminos ya establecidos, sino tan práctico como para aprender a pensar a partir de las cosas mismas.

La verdadera práctica es un hijo del pensar adecuado, del pensamiento que fluye de las cosas. Solo empezamos a dejarnos inspirar por las cosas cuando hacemos tales ejercicios; y estos ejercicios deben hacerse con cosas sanas. Son aquellas cosas en las que la cultura humana tiene la menor influencia posible, que son las menos distorsionadas
es decir: los objetos de la naturaleza. Practicar con objetos naturales de la manera que hemos descrito hoy nos convierte en pensadores prácticos. Eso es realmente práctico. La actividad más cotidiana se abordará de manera práctica si entrenamos el elemento fundamental, o sea: el pensar. Al ejercitar el alma humana de la manera que se ha expuesto, se forma una orientación práctica del pensar

Debe ser el fruto del movimiento de las ciencias espirituales que realmente genere practicantes en la vida. No es tan importante que la persona pueda considerar esto o aquello como verdadero, sino que llegue a ver las cosas correctamente. Mucho más importante es la manera en que la antroposofía penetra en nuestra alma y nos guía hacia la actividad de nuestra alma y amplía nuestra mirada, que simplemente teorizar más allá de las cosas sensoriales y hacia lo espiritual. En esto, la antroposofía es algo verdaderamente práctico.

Esa es una misión importante del movimiento antroposófico: que a través de él se ponga en movimiento el pensamiento del ser humano, se entrene de tal manera que piense que el espíritu está detrás de las cosas. Si el movimiento antroposófico enciende esta actitud, entonces establecerá una cultura de la que nunca surgirá un pensamiento como el de personas que quieran empujar el carro desde dentro. Eso fluye por sí mismo hacia el alma. Cuando el alma ha aprendido a pensar sobre los grandes hechos de la vida, entonces también piensa correctamente sobre la cuchara de sopa. Y no solo con respecto a la cuchara de sopa las personas se volverán más prácticas, sino que también aprenderán a clavar un clavo más prácticamente, a colgar un cuadro más prácticamente, de lo que lo habrían hecho de otra manera. Es de gran importancia que aprendamos a considerar la vida espiritual-alma como un todo y que, a través de esta visión, aprendamos a hacer todo cada vez más práctico.

Traducido por J.Luelmo -ago 2026-