CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA202 Dornach, 28 de noviembre de 1920 La luciferización de la cultura pre cristiana - la Ahrimanización de la civilización

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RUDOLF STEINER

El puente entre la espiritualidad mundial y el ser humano físico.


La luciferización de la cultura pre cristiana

Dornach, 28 de noviembre de 1920

Cuando repasamos una vez más lo que discutimos ayer y anteayer, debe revelársenos una relación más íntima del ser humano con el universo circundante. Ya pudimos establecer la relación del cuerpo físico del hombre con todo el cosmos según la organización cefálica, la organización rítmica, la organización metabólica; también pudimos establecer la relación del hombre anímico y del hombre espiritual con todo el cosmos. Lo que a ustedes puede parecerles como la relación del hombre con el cosmos, como toda la posición interior del hombre en el mundo, en la antigüedad tuvo que ser considerado de manera diferente de lo que debe ser considerado ahora y tendrá que ser considerado cada vez más a medida que la humanidad progrese hacia el futuro. A menudo hemos mencionado que en la antigüedad se extendía sobre la humanidad una sabiduría primigenia instintiva; una sabiduría que el hombre no elaboraba interiormente, sino que el sentía, podría decirse, como medio en sueños. Esta le era dada, y en realidad no tenía que hacer otra cosa que abrir los órganos receptivos de su alma y aceptar lo que le llegaba desde el cosmos como un regalo de los dioses.

Puesto que el hombre es un ser tripartito, la relación global del hombre también debía aparecer a esta sabiduría primigenia instintiva como tripartita. Cuando el hombre dirigía su atención más hacia aquello a lo que pertenecía antes de su nacimiento y que en el tiempo entre el nacimiento y la muerte  resplandecía como ser espiritual, que es esencialmente lo que aparece en la extensión del cosmos, el hombre hablaba de que la que se le muestra allí es la belleza; el cosmos en belleza, y el hombre en relación con su organización de la cabeza, con su organización de la representación, en relación con su vigilia nacida de este mundo de belleza. Así pues, el hombre primitivo sentía que los que se revelaban a su alrededor eran seres espirituales bondadosos; pues el hombre primitivo no veía los fenómenos de la naturaleza tan seca y sobriamente como los vemos hoy, con sólo entregarnos a la conciencia ordinaria. El hombre primitivo veía lo espiritual y lo anímico revelándose por todas partes. Esto se revelaba ante él. Y este cosmos, que era la revelación de lo espiritual y lo anímico y que se revelaba a su conciencia instintiva como en poderosas imágenes oníricas, era llamado por el hombre primitivo el cosmos en belleza.

Entonces el hombre sentía que estaba en su planeta, de alguna manera. Se sentía conectado a su planeta. De él le llegaban alimentos, en él tenía su sitio. Hasta cierto punto sentía su poder, que le impregnaba físicamente, que se manifestaba en el alma como voluntad, que le fortalecía desde el estado durmiente. Él sentía este poder a su vez como el regalo de seres divino-espirituales benévolos y lo llamaba fuerza. El planeta me fortalece en fuerza, -aproximadamente así era como el hombre primitivo sentía lo que, sin embargo, no podía expresar con palabras nítidamente moduladas.

Así que se sentía, por así decirlo, inmerso en lo que estaba tomando forma en su cabeza, visualizado en sus representaciones, iluminado en su conciencia despierta. Y se sentía erguido sobre el planeta en relación con aquello que vivía como fuerza en sus extremidades, una fuerza que sentía que le era  comunicaba desde el planeta. Se decía a sí mismo: Eso mismo que actúa como fuerza en la piedra cuando cae a la tierra, que abre un agujero cuando la piedra impacta, vive en mis piernas cuando camino. Esto me conecta a través de mis piernas al planeta tierra como mi fuerza. Esto también vive en mis brazos cuando trabajo, esto impregna mi fuerza muscular. Y se sentía de pie entre la belleza y la fuerza, y sentía que se le había encomendado la tarea de lograr el equilibrio en el ritmo entre lo de arriba, la belleza, y lo de abajo, la fuerza, en la sabiduría. Y además se sentía llevado por los seres espirituales que eran los portadores de la sabiduría, que le iluminaban con sabiduría, en el sentido de que su cometido era lograr este equilibrio entre la belleza y la fuerza.

Por eso el hombre sentía lo que el cosmos le daba como belleza, sabiduría y fuerza. Para el hombre primitivo, la belleza, la sabiduría y la fuerza eran, a partir de la enseñanza de los misterios luminosos de largo alcance, aquello a través de lo cual se sentía conectado con todo el universo, a través de lo cual se sentía a sí mismo potenciado. Por así decirlo, lo exterior que le rodeaba, lo interior que sentía dentro de sí, y el equilibrio de ambos, lo sentía como belleza, sabiduría, fuerza.

En las diversas sociedades secretas, lo que ha permanecido son los eslóganes sabiduría, belleza, fuerza, por lo que a veces resulta bastante claro hasta qué punto en realidad sólo han permanecido las palabras, hasta qué punto falta la comprensión más profunda. Porque para la humanidad ha amanecido una época que ha empujado este sentimiento y este conocimiento, aunque sea un conocimiento instintivo, de nuestras conexiones con el cosmos más hacia la oscuridad. El hombre vivía, por así decirlo, en representaciones supeditadas, en sensaciones supeditadas. Él empujaba los impulsos de su voluntad a partir de elementos supeditados de su propio ser. Se olvidó de lo que una vez sintió en la belleza, la sabiduría y la fuerza, pues debía convertirse en un ser libre. De su caos interior tenía que surgir, por así decirlo, una fuerza central, a la que no se le revelara lo que al hombre original se le revelaba luminosa y poderosamente. Pero la humanidad más actual no avanzará a menos que resucite desde dentro lo que una vez se le revelaba desde el universo como belleza, sabiduría y fuerza. Desde el exterior el cosmos ya no se revelará de nuevo en belleza a la humanidad mientras ésta sea la humanidad terrenal. Aquellos tiempos fueron los tiempos de la sabiduría primigenia instintiva. Aquellos tiempos fueron tiempos pasados. Tales tiempos no son aquellos en los que se desplegaba el ser humano libre, sino en los que sólo podía desplegarse el ser humano que, por así decirlo, se impulsaba desprovisto de libertad, en los instintos. Dichos tiempos no volverán, sino que a partir de su propio ser interior el hombre debe resucitar lo que le ha llegado de fuera en sabiduría, belleza y fuerza.

Lo que fue absorbido, digamos, aspirado como fuerza de belleza del universo, el hombre lo absorbió hasta cierto punto en las antiguas, en las antiquísimas vidas terrestres. En las vidas terrestres medias que siguieron, por las que pasamos en la era egipcia, en la griega, en la moderna, en estas vidas terrestres también se absorbió, pero no llegó ante la conciencia humana. Ahora la humanidad está madura para extraerlo de la conciencia, y está siendo extraído. Lo que ha sido absorbido como el poder de la belleza surgirá de nuevo desde dentro del ser humano, y la ciencia espiritual es la guía de cómo debe surgir desde dentro del ser humano. Esto surgirá desde dentro por medio de la imaginación. Y todo lo que ahora se imparte conscientemente por medio de la imaginación en la ciencia espiritual no es otra cosa que la vida resucitada de la belleza tal como estaba presente dentro de la sabiduría primordial. Y aquello que el hombre experimentaba en sí mismo sintiendo el poder de su planeta, pero en lo que se resumía todo lo que era el poder del cosmos, sólo que estaba centrado en el planeta o está centrado en el planeta, todo eso, debe ser resucitado por el hombre comprendiéndolo desde dentro a través del conocimiento de la intuición. La belleza, succionada del universo, se convierte en imaginación para el futuro de la humanidad desde el presente. La fuerza se convierte en intuición, arrebatada por el propio poder libre del hombre, y la sabiduría en inspiración.

Así que el hombre ha dejado atrás un tiempo en el que la belleza, la sabiduría y la fuerza le fueron dadas desde el exterior. Me gustaría decir que en ciertas sociedades secretas, en las órdenes masónicas y demás, sólo se han repetido como loros estos lemas de sabiduría, belleza y fuerza, sin ninguna comprensión interior. Si se comprendiera interiormente el asunto, se sabría que se trata de antiguas tradiciones que deben revivir como imaginación, como inspiración, como intuición. Es mas bien, por tanto, una sabiduría supeditada cuando todo tipo de miembros de tal o cual orden vienen y encuentran una similitud entre lo que aparece en la ciencia espiritual y lo que ellos tienen como tradición, que en su mayoría no comprenden. En la ciencia espiritual se acentúa la conexión desde el propio conocimiento del espíritu.

Los hombres han dejado así una edad antigua en la que los secretos del universo se les revelaban en belleza, sabiduría y fuerza. Los hombres deben acercarse a una época en la que los secretos del universo les sean revelados a partir de la imaginación, la inspiración y la intuición de aquellos que quieran o deban llegar a estos poderes del conocimiento y que puedan alcanzarlos de alguna manera. Todo el mundo puede comprender ya lo que se desprende de la inspiración, la intuición y la imaginación con sólo que lo pretenda.

Ahora, sin embargo, aquella época antigua estaba expuesta a un cierto peligro. Y este peligro, me gustaría decir, surgió con más fuerza hacia finales del 2º milenio A.C. en el mundo civilizado de entonces, a lo largo de Egipto, el Cercano Oriente, la India, etcétera. El peligro consistía en no recibir de forma correcta lo que se revelaba del universo por gracia, digamos, como por sí mismo, al ser humano, el cual sólo tenía que recibirlo en su conocimiento instintivo. Podía llegarse a sucumbir a este peligro de la siguiente manera.

Deben hacerse ustedes una idea de lo que significa que en la naturaleza que rodea a la humanidad no sólo se revelaba lo que hoy aparece a la sobria conciencia como naturaleza y que se nos presenta como leyes naturales, sino que la grandiosa belleza, es decir, el bello esplendor, se revelaba en poderosas revelaciones pictóricas de seres espirituales que asomaban de cada manantial, de cada nube, de todo. Especialmente en esta época, hacia el final del 2º milenio de la era precristiana, no como en épocas aún más antiguas, donde por supuesto todo esto también estaba allí; pero allí estaba, quisiera decir, más naturalmente. En aquel tiempo, el hombre tenía que participar de esta gracia haciendo algo por sí mismo. No tenía que hacerlo de la manera en que ahora buscamos un desarrollo espiritual más elevado desde la plena conciencia, sino que podía, -y era incluso una capacidad bastante dudosa-, desarrollar deseos de esa espiritualidad, que se revelaba en la naturaleza, él podía encender sus poderes de necesidad, sus fuerzas motrices; entonces lo espiritual se le revelaba desde la naturaleza por así decirlo. Y en este alimentar las fuerzas motrices, las fuerzas de la necesidad, residía un fuerte don luciférico.

La mayoría de ustedes saben lo natural que era para el hombre la aparición de seres elementales en los antiguos tiempos atlantes. Pero esta aparición aún resuena en la clarividencia de la época post atlante. Pero poco a poco se fue desvaneciendo esta clarividencia, y después el hombre mediante sus facultades de necesidad la conoció, pudo en cierto modo también evocarla a partir de los fenómenos naturales. Este fue el peligro luciférico que surgió. El ser humano podía, por así decirlo, conmoverse a sí mismo, hasta cierto punto, encenderse a sí mismo para unir lo espiritual consigo mismo. Pero este tipo de agitación era algo luciférico en él. Por lo tanto, hacia finales del 2º milenio de la era precristiana, el mundo de la cultura y la civilización de entonces estaba fuertemente infestado de Lucifer,. En otras ocasiones nos hemos referido a esta infestación luciférica desde otros puntos de vista (ver GA193); la he rastreado hasta sus otras causas; pero ahora considerémosla desde el punto de vista asumido en estas tres conferencias.

A esta infestación Luciférica del mundo en ese momento se opone otra, la Ahrimánica. Y esta infestación Ahrimánica está actualmente en ascenso, con una fuerza enormemente poderosa. Es bastante terrible ver cómo el hombre civilizado del presente está dormido frente a lo que realmente se está desarrollando. Sólo hay que considerar cómo se han desarrollado en los últimos tiempos las fuerzas mecánicas, las fuerzas de las máquinas. Ya he hablado de esto desde otros puntos de vista. No hace tanto tiempo que los hombres tenían que hacer con sus fuerzas musculares lo que en cierto sentido pueden dejar ahora a las máquinas, a las que basta con tocar unas teclas. Lo que ocurre en las máquinas se basa en las fuerzas que el hombre saca de la tierra al extraer el carbón. El carbón proporciona la fuerza que luego funciona en nuestras máquinas.

Cuando una persona llega al punto en que una máquina trabaja a su lado, es como si cediera a la máquina lo que antes tenía que hacer él mismo. La máquina lo hace. Se pone la máquina y hace el trabajo que antes tenía que hacer él mismo. Se mide lo que produce la máquina por caballos de fuerza, y si se quiere medir a gran escala, se mide lo que se produce dentro de un determinado territorio por la fuerza que produce un caballo en un año cuando realiza su trabajo diario. Ahora tomemos lo siguiente: en 1870, -se puede calcular a partir de la producción de carbón-, se trabajaron dentro de Alemania seis años enteros y siete décimas partes de un millón de caballos de fuerza, -estoy eligiendo específicamente el año de la guerra, muy deliberadamente-. En otras palabras, además del trabajo de la gente, las máquinas trabajaron seis años enteros y siete décimos millones de caballos de fuerza. Se trata, por tanto, de una potencia que ha sido producida por las propias máquinas. ¡En la misma Alemania en 1912, 79 millones de caballos-año fueron producidos por la fuerza de las máquinas!

 Dado que Alemania tiene casi 79 millones de habitantes, esto significa que un caballo trabaja junto a cada humano durante todo el año. ¡Y consideren el aumento de 6,7 millones de caballos-año a 79 millones de caballos-año en tan sólo unas décadas!

Y ahora consideremos estas proporciones en relación con el estallido de la terrible catástrofe de la guerra. En el mismo año, 1912, Francia, Rusia y Bélgica juntas podían reunir 35 millones de caballos de fuerza-año; Gran Bretaña 98 millones de caballos de fuerza-año. La guerra de 1870 fue librada esencialmente por hombres, porque no era mucho lo que se podía movilizar mediante fuerzas mecánicas. En Alemania sólo había 6,7 millones de años caballo de fuerza. En unas pocas décadas se había cambiado. Ya saben, en esta guerra las máquinas esencialmente trabajaron uno contra la otra. Lo que se enfrentaba en los frentes provenía de las máquinas, de modo que los años caballo de los mecanismos eran realmente conducidos al frente.

Ahora, sin embargo, la situación era tal que Gran Bretaña sólo podía movilizar sus 98 millones de caballos de fuerza-año durante un período de tiempo más largo. Pero entonces lo que procedía de la potencia mecánica de estos imperios sumaba 133 millones de caballos-año frente a los 79 millones de caballos-año de Alemania; unos 92 millones de caballos-año se obtendrían si se añadiera Austria. Esto compensaba inicialmente en cierta medida el hecho de que, como ya he dicho, Gran Bretaña no podía convertir sus caballos-año tan rápidamente del cultivo de la tierra al frente. En esta terrible catástrofe de la guerra, lo que realmente se enfrentó no fue la sabiduría de los generales, -aunque sí marcaron ciertas direcciones-, sino que lo esencial que se enfrentó fueron las fuerzas mecánicas que chocaban en los frentes, y que no dependían de los generales, sino de los inventos que el hombre había hecho previamente de su ciencia natural.

¿Y qué tenía que pasar, por así decirlo, con la férrea necesidad, fatalmente? Supongamos que los años caballos de fuerza de los Estados Unidos de América con 139 millones de años caballos de fuerza fueron enviados ahora al frente.

Ya lo ven, al margen del genio de los generales, el destino del mundo estaba predeterminado por lo que el hombre había producido en unas pocas décadas de potencia de las máquinas. Y contra este destino del mundo, contra esta necesidad, en la que los resultados de las fuerzas mecánicas simplemente chocaban en los frentes, no había nada que hacer.

Sí, ¿Qué está pasando aquí realmente? El hombre ha construido los mecanismos a partir de su pensar. Al construirlos, había colocado su intelecto, el intelecto que había obtenido de la ciencia natural, en los mecanismos. En cierto sentido, el intelecto se había escapado de su cabeza y se había convertido en el caballo de fuerza de su entorno. Ahora, después de escaparse, trabajaban por sí mismos. No es fácil para el adormecido hombre civilizado de hoy en día imaginar la furiosa velocidad con la que se ha producido esta creación de un mundo inhumano-extrahumano en las últimas décadas.

Aquellos seres humanos a los que me he referido, a finales del 2º milenio de la era precristiana, tenían a su alrededor la contaminación luciférica; las entidades espirituales gracias a las cuales desarrollaban sus necesidades y que se le aparecían desde la naturaleza. Si se trata de un objeto natural, el ser espiritual aparecía en él (es dibujado). Ahora el hombre deja fluir su espíritu en la materia, en los mecanismos. Esto se convierte ahí dentro de tal manera que, por ejemplo, en Alemania cada ser humano ha creado un caballo a su lado a partir del intelecto humano, que ahora trabaja a su lado, que no era un caballo, sino que era fuerza mecánica. Esta está separada del hombre, igual que antes estos seres elementales estaban separados del hombre, sólo que en un sentido diferente. Estaban separados hasta tal punto que el hombre tenía que volcar en ellos su poder lúcido. Ahora le aplica su poder ahrimanico Ahora lo ahrimaniza, lo mecaniza. Vivimos en la era de la contaminación ahrimánica. La gente ni siquiera se da cuenta de que en realidad se está retirando del mundo, y que está incorporando su intelecto al mundo y creando un mundo junto a sí misma que se está independizando. Y el gran, yo diría, experimento diabólico se ha llevado a cabo desde el año 1914; año en que una entidad ahrimánica básicamente ha inclinado la balanza en contra de la otra entidad ahrimánica. Hemos tenido que lidiar con una batalla ahrimánica casi sobre toda la tierra. Ha tomado el carácter ahrimánico debido al hecho de que el hombre ha creado un nuevo mundo ahrimánico en el propio mecanismo que le rodea. Y es un nuevo mundo ahrimánico. Si se fijan en las cifras: De 6,7 millones a 79 millones de caballos-año en sólo unas décadas, la potencia mecánica extrahumana ha aumentado - la proporción es la misma en los demás países - ¡qué rápido ha crecido Ahriman en las últimas décadas!

¿No cabe preguntarse si el hombre debe perder completamente lo que está depositado en su voluntad, lo que está depositado en su poder de iniciativa? ¿Se puede plantear la cuestión de si el hombre debe ser conducido cada vez más hacia la ilusión de creer que es él quien hace las cosas, cuando en verdad son las fuerzas ahrimánicas, fuerzas que se pueden calcular por años caballos de fuerza, trabajan unas contra otras? Foch y Ludendorif y Haig, por ejemplo, sólo interesan a quienes observan el mundo desde un punto de vista moral. Desde el punto de vista de la plena realidad, le interesan esas fuerzas que vienen del carbón y que chocan en los frentes, que son conducidas desde los talleres mecánicos a los frentes, en función de las fuerzas inventivas de los años anteriores, y que hacen de simple ejemplo aritmético de lo que debe suceder.

En consecuencia, la Ahrimanianización del mundo es un simple ejemplo de cálculo para saber lo que debe suceder. ¿Y cómo se sitúa el hombre a su lado? Puede situarse a su lado como el estúpido, cuyas máquinas acaban por correr en su contra cuando encuentra combinaciones de fuerzas aún más complicadas.

Esta Ahrimanización es la contraparte moderna de la Luciferización del mundo de la que hablé antes. Esto es lo que se tiene que ver. Después de todo, ¿no es esto quizás lo más ilustrativo para probar la necesidad de que el hombre debe ahora crear desde dentro? No detendremos esta ahrimanización, ni debemos hacerlo, pues de lo contrario estaríamos ante cada nueva mecanización como el Colegio de Médicos de Nuremberg en 1839 o como el jefe de correos de Berlín antes de que se construyera el ferrocarril, que dijo: La gente quiere hacer funcionar un ferrocarril de Berlín a Potsdam -¡Yo dejo que salgan los vagones de correo dos veces por semana y no hay nadie en ellos! -No se puede detener la mecanización, porque la cultura tiene que avanzar en esa dirección. La cultura exige ahrimanización. Pero debe ir acompañada de lo que ahora trabaja desde el interior humano, lo que a su vez extrae sabiduría, belleza, fuerza, es decir, poder del interior humano en la imaginación, en la intuición, en la inspiración. Porque los mundos que surgirán allí serán mundos humanos, serán los que estén ante nosotros en el espíritu, en el alma, mientras afuera corren las fuerzas de la máquina ahrimánica. Y estas fuerzas, que surgen de la imaginación, de la inspiración, de la intuición, tendrán el poder de dirigir lo que de otro modo tendría que abrumar al hombre a su alrededor  a partir del ritmo frenético de la ahrimanización. Lo que surge del mundo espiritual, de la imaginación, de la inspiración, de la intuición, es más fuerte que todos los caballos de fuerza que aún pueden brotar de la mecanización del mundo. Pero las fuerzas mecanizadoras abrumarían al hombre si no encontrara el contrapeso para ellas en lo que puede encontrar de las revelaciones del mundo espiritual, por las que debe esforzarse.

No se trata de una invención, ni de un ideal abstracto, ni de una consigna, que aparece con la ciencia espiritual y que se esfuerza por la comprensión de la imaginación, de la inspiración, de la intuición, sino que es algo que se puede leer en su necesidad de manera tangible en el curso del desarrollo humano. Y hay que señalar que el hombre se vería desbordado por lo extrahumano, que él mismo ha creado en un mundo ahrimanizado en potencia calculable. Cuando el hombre recibía de fuera lo que le daba sabiduría, belleza y fuerza, no tenía todavía el mundo ahrimanizado a su alrededor, podía absorberlo en gracia, o absorberlo a través de la gracia, y tenía en la tierra lo que había adquirido a lo sumo a través del poder del fuego o a través de las herramientas mecánicas más simples, que no añadían mucho a su propio poder. Y sólo desde aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX tenemos un nuevo mundo, quisiera decir, una nueva y poderosa capa geológica que cubre la tierra. Además de todas las capas, diluvio, aluvión, existe la capa ahrimánica de las fuerzas mecanizadas, que forma como una costra sobre la tierra. Así que de las profundidades surge lo que abruma al hombre si éste no se sitúa en el mundo exterior con ese mundo que le viene del espíritu, es decir, de la imaginación, la intuición, la inspiración.

Hay impulsos verdaderamente fuertes procedentes del conocimiento del devenir del mundo, que apuntan a la necesidad de una cultura y civilización espiritual-científica. Estas son ya hoy necesidades cuantificables. Después de todo, ¿Acaso no es terrible que esta capa, digamos, suprageológica surja junto a las personas con tanta rapidez, como una nueva corteza terrestre, y que muchas personas hoy en día sigan pensando como cuando, por ejemplo, en Alemania sólo se producían 6,7 millones de caballos de fuerza-año gracias a la mecanización? ¿Piensa la gente por dónde transcurre realmente el devenir del mundo? ¿Son conscientes de lo que ocurre en realidad? No lo somos, de lo contrario veríamos realmente a partir de la constatación de lo que está sucediendo la necesidad de encontrar una nueva forma para impregnar al hombre de lo que las épocas pasadas llamaron belleza, sabiduría, fuerza, y de lo que debemos llamar imaginación, inspiración, intuición, de acuerdo con el curso que debe seguir la personalidad humana para alcanzarlo.

Estamos, pues, ante un mundo de infestación ahrimánica. He dicho a menudo: no quiero emplear descuidadamente la palabra "período transitorio", porque en el fondo todo tiempo es un período transitorio; pero un tiempo en el que algo tan especial como la Ahrimanización se ha desarrollado tan rápidamente, como desde el último tercio del siglo XIX, tal tiempo no existe siempre. Y el período Biedermeier que lo precedió inmediatamente para una gran parte de Europa Central no puede compararse verdaderamente con lo que ha sucedido en realidad en las últimas décadas. Hay que sentir toda la gravedad de estos acontecimientos modernos. Y hay que sentir lo siguiente.

Cuando se observa un acontecimiento como la guerra de 1870/71 en Europa Central: se podría pensar en ello, se podría seguir con el pensamiento. ¡Pero basta con ver cómo la gente sigue intentando visualizar los acontecimientos de los últimos años de la misma manera! ¡Todavía piensan como la gente pensaba cuando sólo había 6,7 millones de caballos de fuerza años en Alemania! ¡No se dan cuenta de que tienen que pensar de otra manera cuando est´tán trabajando 79 millones de caballos de fuerza-año fuera del hombre! Esto requiere una forma de pensar completamente diferente. Sin recurrir a la ciencia espiritual, los enigmas que surgen de estos acontecimientos no se resolverán en absoluto. Si el hombre mecaniza el mundo que le rodea mediante la ciencia externa, con mayor razón debe permitir que surja de su interior una ciencia interna, que a su vez es sabiduría. Esto tendrá el poder de dirigir lo que de otro modo le abrumaría.

Traducido por J.Luelmo feb.2024



GA202 Dornach, 5 de diciembre de 1920 El pensar como metamorfosis de lo que vivió en la vida anterior en la tierra en las extremidades como voluntad

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RUDOLF STEINER

El puente entre la espiritualidad mundial y el ser humano físico.


El pensar como metamorfosis de lo que vivió en la vida anterior en la tierra en las extremidades como voluntad 

Dornach, 5 de diciembre de 1920

De las explicaciones de ayer habrán llegado a la conclusión de que uno ve el mundo de manera unilateral si lo mira como lo hace Hegel de una manera especialmente destacada, si lo mira como si estuviera impregnado de lo que se puede llamar el pensar cósmico. El mundo se ve igual de unilateralmente si se piensa en la estructura básica de naturaleza volitiva. Esta es la idea de Schopenhauer de pensar el mundo en términos de naturaleza volitiva. Hemos visto que esta tendencia particular, diría yo, a ver el mundo, a verlo como un efecto del pensar, apunta también a la naturaleza humana occidental, que tiende más hacia el lado del pensar. Hemos podido mostrar cómo la filosofía del pensar de Hegel tiene una forma distinta en las cosmovisiones occidentales, y cómo en los sentimientos de Schopenhauer vive la inclinación que en realidad es peculiar de los pueblos de Oriente, lo que se muestra por el hecho de que Schopenhauer tiene una preferencia especial por el budismo, por las cosmovisiones orientales en general.

Ahora bien, en el fondo, semejante forma de ver las cosas sólo puede juzgarse cuando se la puede ver desde el punto de vista que da la ciencia espiritual. Sin embargo, desde este punto de vista, tal recapitulación del mundo desde el punto de vista del pensar o desde el punto de vista de la voluntad parece algo abstracto, y es sobre todo el período más reciente del desarrollo humano el que, como hemos subrayado a menudo, todavía tiende a tales abstracciones. La ciencia espiritual debe hacer que la humanidad vuelva hacia una comprensión concreta, hacia una comprensión del mundo conforme a la realidad. Pero es precisamente a tal comprensión realista del mundo a la que se le aparecerán las razones internas por las que tal unilateralidad se afianza. Lo que ven personas como Hegel y Schopenhauer, que al fin y al cabo son espíritus grandes, importantes e ingeniosos, está por supuesto ciertamente presente en el mundo; sólo hay que verlo de la manera correcta.

Antes que nada hemos de darnos cuenta hoy de que experimentamos el pensar en nosotros mismos como seres humanos. Así pues, cuando el hombre habla de su experiencia del pensar, tiene esta experiencia del pensar directamente. Por supuesto, no podría tenerla si el mundo no estuviera impregnado de pensamientos. Pues, ¿Cómo podría el hombre, al percibir sensorialmente el mundo, obtener el pensamiento de su percepción sensorial si el pensar no estuviera presente en el mundo como tal?

Pues bien, como sabemos por otras observaciones, la organización de la cabeza humana está constituida de tal manera que es particularmente capaz de captar pensamientos del mundo. Está moldeada por el pensar, formada por el pensar. Pero al mismo tiempo la organización de la cabeza humana nos señala la vida anterior en la tierra. Sabemos que la cabeza humana es en realidad el resultado metamórfico de las vidas terrestres anteriores, mientras que la organización de las extremidades humanas apunta a las vidas terrestres futuras. Hablando en términos generales: Tenemos nuestra cabeza porque nuestras extremidades de la vida terrestre anterior se han metamorfoseado formando la cabeza. Nuestras extremidades, tal como las llevamos encima ahora, con todo lo que les es propio, se metamorfosearán en la cabeza que llevaremos encima en la siguiente vida terrestre. En la vida que transcurre entre el nacimiento y la muerte, los pensamientos actúan actualmente en nuestra cabeza. Tales pensamientos son, como también hemos visto, al mismo tiempo la transformación, la metamorfosis de aquello que actuó como voluntad en nuestros miembros en la vida terrena anterior. Y a su vez, aquello que obra como voluntad en nuestros miembros actuales, se transformará en pensar en la próxima vida terrena.

Cuando uno se da cuenta de ello, puede decirse a sí mismo: El pensar aparece en realidad como aquello que surge continuamente de la voluntad como una metamorfosis en la evolución de la humanidad. La voluntad aparece realmente como aquello que es, por así decirlo, el germen del pensar. De modo que podemos decir: La voluntad se desarrolla gradualmente en pensar. Lo que primero es voluntad más tarde se convierte en pensar. Cuando los seres humanos nos miramos a nosotros mismos, debemos, si nos consideramos seres dotados con una cabeza, volver la vista hacia nuestra prehistoria, en cuanto que en esta prehistoria teníamos el carácter de la voluntad. Cuando miramos hacia el futuro, debemos en el presente atribuirnos el carácter volitivo en nuestros miembros y debemos decir: En el futuro esto será lo que se forme en nuestra cabeza, el hombre pensante. Pero continuamente llevamos en nosotros a ambos. Somos, por así decirlo, resultado del universo por el hecho de que, en nosotros, el pensar del pasado se organiza conjuntamente con la voluntad que quiere entrar en el futuro.

Ahora bien, lo que así constituye hasta cierto punto la organización del hombre a partir de la confluencia del pensar y de la voluntad, cuya expresión es entonces la organización exterior, lo que hasta cierto punto organiza tan plenamente al hombre, se hace particularmente vívido cuando se contempla desde el punto de vista de la investigación científico-espiritual.

Aquel que puede desarrollarse hacia arriba hasta las consecuciones de la imaginación, la inspiración, la intuición, no ve en el hombre sólo la cabeza exteriormente visible, sino que por medio de la cabeza ve objetivamente lo que es el hombre-pensamiento. Él ve, por así decirlo, hasta el pensar. De modo que podemos decir: Con aquellas facultades que llegan al hombre como las inicialmente normales entre el nacimiento y la muerte, la cabeza se muestra en la configuración en la que está precisamente allí. A través del conocimiento desarrollado en la imaginación, la inspiración, la intuición, el vigor mental, que es la base del organismo de la cabeza, proveniente de encarnaciones anteriores, también se hace visible, si usamos esta expresión en un sentido figurado. ¿Cómo se hace visible? De modo que sólo podemos utilizar la expresión para este hacerse visible, para este hacerse comprensible anímica-espiritualmente diciendo: se vuelve como luminoso.

Es cierto que cuando aquellos que quieren atenerse al punto de vista del materialismo critican tales cosas, se ve inmediatamente cuán fuertemente la humanidad actual carece de la sensibilidad para captar lo que realmente se quiere decir con tales cosas. En mi libro "Teosofía" y en otros escritos he señalado con suficiente claridad que es cosa natural que no aparezca un nuevo mundo físico, por así decirlo una nueva edición del mundo físico, cuando la imaginación, la inspiración, la intuición miran lo que es el hombre pensamiento. Pero esta experiencia es exactamente la misma que se tiene hacia el mundo físico exterior en la luz. Sería más exacto decir que el hombre tiene una cierta experiencia de la luz exterior. La misma experiencia que el hombre tiene a través de la percepción sensorial de la luz en el mundo exterior, la tiene hacia los elementos de pensamiento de la cabeza para la imaginación. Para que se pueda decir: El elemento pensar, visto objetivamente, se ve como luz, o mejor dicho, se experimenta como luz. Vivimos en la luz porque somos personas pensantes. La luz exterior se ve con los sentidos físicos; la luz que se convierte en pensar no se ve porque uno vive en ella, porque uno mismo es ella como hombre pensante. Al principio no puedes ver aquello que tú mismo eres. Cuando uno sale de estos pensamientos, cuando entra en la imaginación, en la inspiración, entonces se enfrenta a ello, y entonces ve el elemento pensamiento como luz. De modo que cuando hablamos de la totalidad del mundo, podemos decir: Tenemos la luz dentro de nosotros; sólo que no se nos aparece como luz, porque vivimos en ella, y porque al hacer uso de la luz, al tener la luz, se convierte en pensar en nosotros. Ustedes toman posesión de la luz, por así decirlo; la luz que de otro modo les aparecería fuera, ustedes la absorben en sí mismos. La distinguen dentro de ustedes mismos. Ustedes trabajan dentro de ella. Eso es su pensar, esto es actuar en la luz. Ustedes son un ser de luz. No saben que son un ser de luz porque viven en la luz interior. Pero el pensar que desarrollan ustedes es vivir en la luz. Y cuando observan su pensar desde fuera, ciertamente ven luz.
Ahora piensen para ustedes mismos en el universo (dibujo de la izquierda). Se ve, -de día, por supuesto- inundado de luz, pero imagínense que están viendo este universo desde fuera. Y ahora hacemos lo inverso. Acabamos de tener la cabeza humana (dibujo de la derecha), que en su desarrollo interior tiene un pensamiento y en el exterior ve luz. En el universo tenemos luz que es visible para los sentidos. Cuando salimos del universo, miramos el universo desde fuera (flechas), ¿Cómo aparece? ¡Como una estructura de pensamientos! El universo, -interiormente luz, visto desde fuera como pensamientos. La cabeza humana, -pensamiento interior, vista desde el exterior como luz.

Esta es una forma de ver el cosmos que puede ser inmensamente útil e informativa si quieren utilizarla, si realmente se adentran en tales cosas. Su pensar, toda su vida anímica se volverá mucho más móvil de lo que es de otro modo si aprenden a elaborar representaciones: Si yo saliera de mí mismo, como ocurre constantemente cuando me duermo, y mirara hacia atrás, hacia mi cabeza, es decir, hacia mí mismo como persona de pensamiento, me vería resplandeciente. Si me saliera del mundo, del mundo iluminado, para ver el mundo desde fuera, lo vería como una formación de pensamientos. Percibiría el mundo como una entidad de pensamientos. Ya ven, la luz y el pensamiento van juntos, la luz y el pensamiento son lo mismo, sólo que visto desde lados diferentes.

Pero ahora el pensamiento que vive en nosotros es en realidad el que viene de tiempos prehistóricos, el que está más maduro en nosotros, el resultado de vidas terrenales anteriores. Lo que antes era voluntad se ha convertido en pensamiento, y el pensamiento aparece como luz. De esto podrán sentir: Donde hay luz, hay pensamiento, pero ¿Cómo? El pensamiento, en el que un mundo muere continuamente. Un premundo, un mundo prematuro muere en el pensamiento, o lo que es lo mismo, en la luz. Este es uno de los misterios del mundo. Miramos hacia el universo. Está inundado de luz. El pensamiento vive en la luz. Pero en esta luz impregnada de pensamiento vive un mundo moribundo. El mundo está muriendo constantemente en la luz.

Cuando un hombre como Hegel contempla el mundo, en realidad está contemplando la continua extinción del mundo. Esas personas que tienen una inclinación especial hacia el hundimiento, la muerte, la paralización del mundo, se convierten en personas especialmente pensantes. Y al morir el mundo se vuelve bello. Los griegos, que interiormente estaban realmente llenos de naturaleza humana viva, exteriormente se regocijaban cuando la belleza brillaba en la muerte del mundo. Porque en la luz en la que el mundo muere, la belleza del mundo brilla. El mundo no se vuelve bello si no puede morir, y al morir brilla, el mundo. Así que en realidad es la belleza la que aparece del destello de luz del mundo que muere continuamente. 
Así se ve el universo desde el punto de vista cualitativo. Los tiempos modernos, con Galileo y los demás, han comenzado a ver el mundo cuantitativamente, y hoy nos sentimos particularmente orgullosos de que, como ocurre en todas partes en nuestras ciencias donde es posible hacerlo, podamos comprender los fenómenos naturales a través de las matemáticas, es decir, a través de lo que está muerto. Hegel, sin embargo, para comprender el mundo utilizaba conceptos más sustantivos que los matemáticos; pero para él, lo particularmente atractivo era lo que había llegado a ser maduro, lo que había muerto primero. Podría decirse: Hegel se enfrentaba al mundo como quien se enfrenta a un árbol que acaba de estallar en flores. En el momento en que los frutos quieren desplegarse pero aún no lo han hecho, cuando las flores han alcanzado su plenitud, la fuerza de la luz actúa en el árbol, lo que actúa en el árbol es el pensamiento nacido de la luz. Así es como Hegel se posicionaba ante todos los fenómenos del mundo. Él contemplaba la flor más externa, la que se despliega completa y cabalmente en lo más concreto.

Schopenhauer se enfrentaba al mundo de otro modo. <Si queremos examinar el ímpetu de Schopenhauer, entonces debemos mirar a lo otro en el hombre, a aquello que comienza. Eso otro es el elemento de la voluntad que llevamos en nuestras extremidades. Sí, en realidad lo experimentamos del mismo modo, -lo he señalado a menudo-, que experimentamos el mundo en el dormir. El elemento voluntad lo experimentamos inconscientemente. ¿Podemos de algún modo mirar este elemento de la voluntad desde fuera del mismo modo que miramos el pensamiento desde fuera? Tomemos la voluntad, desplegándose de algún modo en una extremidad humana, y preguntémonos, si ahora viésemos la voluntad desde el otro lado, es decir, si viésemos la voluntad desde el punto de vista de la imaginación, de la inspiración, de la intuición: ¿Cuál es entonces el paralelismo al verla en comparación con el hecho de que vemos el pensamiento como luz? ¿Cómo vemos la voluntad cuando la miramos con el poder desarrollado de la visión, la clarividencia? Cuando miramos la voluntad con el poder desarrollado de la visión, de la clarividencia, entonces también se experimenta algo que vemos externamente. Cuando miramos el pensamiento con el poder de la clarividencia, se experimenta luz, se experimenta algo luminoso. Cuando miramos la voluntad con el poder de la clarividencia, esta se vuelve cada vez más espesa, y se convierte en materia. Si Schopenhauer hubiera sido clarividente, este ser de voluntad se habría presentado ante él como un autómata material, pues esto es lo exterior de la voluntad, lo material. Interiormente la sustancia es voluntad, al igual que la luz es interiormente pensamiento. Y externamente la voluntad es sustancia, así como el pensamiento es luz externamente. Por eso también pude señalar esto en reflexiones anteriores: Cuando el hombre se sumerge místicamente en su naturaleza volitiva, los que en realidad sólo tontean con el misticismo, pero en realidad se esfuerzan por el bienestar, por la experiencia del peor egoísmo, entonces tales introspeccionistas creen que encontrarían el espíritu. Pero si pudieran llegar lo suficientemente lejos con esta introspección, descubrirían la verdadera naturaleza material del ser interior del ser humano. Pues no es otra cosa que una inmersión en lo material. Cuando uno se sumerge en la naturaleza de la voluntad, se le revela la verdadera naturaleza de la sustancia. Los filósofos naturales de hoy sólo fantasean cuando dicen que la materia consiste en moléculas y átomos. La verdadera naturaleza de la materia se encuentra cuando uno se sumerge místicamente. Allí se halla el otro lado de la voluntad, y eso es la materia. Y en esta sustancia, es decir, en la voluntad, se revela básicamente aquello que está continuamente comenzando, un mundo germinal.

Ellos miran al mundo: están rodeados de luz. Un mundo prematuro muere en esa luz. Ellos pisan el duro material, -la fuerza del mundo los sostiene. En la luz, la belleza brilla mentalmente. En el resplandor de la belleza, el mundo prematuro muere. El mundo se levanta en su fuerza, en su poder, en su violencia, pero también en su oscuridad. En la oscuridad se alza el mundo futuro, en el elemento material-volitivo.

Cuando los físicos empiecen a hablar en serio, no se entregarán a las especulaciones que hoy hablan de átomos y moléculas, sino que dirán: El mundo exterior está formado por el pasado, y en su interior no hay moléculas ni átomos, sino el futuro. Y cuando un día digan: El pasado se nos aparece radiante en el presente, y el pasado envuelve al futuro por todas partes, entonces hablarán del mundo correctamente, pues en todas partes el presente no es mas que aquello que el pasado y el futuro realizan conjuntamente. El futuro no es más que lo que yace realmente en la fuerza de lo material. El pasado es lo que brilla en la belleza de la luz, por lo que la luz se utiliza para todo lo que se revela, pues naturalmente lo que aparece en tono, lo que aparece en calor, también se entiende aquí bajo el significado de luz.

Y por eso el hombre sólo puede comprenderse a sí mismo cuando se comprende como un núcleo futuro que está envuelto por lo que le llega del pasado, por el aura luminosa del pensamiento. Se puede decir: El hombre visto espiritualmente es pasado, donde él brilla en su aura de belleza, pero incorporado a esta aura del pasado está aquello que como oscuridad se mezcla con la luz que brilla desde el pasado y que arrastra hacia el futuro. La luz es lo que irradia del pasado, la oscuridad lo que apunta al futuro. La luz es de la naturaleza del pensamiento, la oscuridad es de la naturaleza de la voluntad. Hegel era proclive a la luz que se despliega en el proceso de crecimiento, en las flores más maduras. Schopenhauer, como observador del mundo, es como alguien que se encuentra ante un árbol y no disfruta realmente del esplendor de las flores, sino que tiene el impulso interior de esperar hasta que las semillas para el fruto broten de las flores por todas partes. Esto le hace feliz de que haya poder de crecimiento en su interior, esto le estimula, se le hace la boca agua cuando puede pensar en la flor del melocotón convirtiéndose en melocotones. Se vuelve hacia aquello que se apodera de él desde dentro, de naturaleza ligera como aquello que se despliega de la naturaleza ligera de la flor, se vuelve como aquello que puede fundirse materialmente en su lengua, como aquello que se desarrolla como fruto en el futuro. Esta es, en efecto, la naturaleza dual del mundo, y sólo se mira al mundo correctamente si se le mira en su naturaleza dual, pues entonces uno se da cuenta de que este mundo es concreto, mientras que de otro modo sólo se le mira en su abstracción. Cuando ustedes salen y miran los árboles en flor, en realidad están viviendo del pasado. Así que ustedes miran la naturaleza primaveral del mundo y pueden decirse a sí mismos: Lo que los dioses han trabajado en este mundo en tiempos pasados se revela en el esplendor floreciente de la primavera. Miran el mundo fructífero del otoño y pueden decirse: Aquí comienza una nueva obra de los dioses, pero aquello que es capaz de seguir desarrollándose, aquello que se desarrolla hacia el futuro, se desvanece.

Así que no se trata simplemente de adquirir una imagen del mundo mediante la especulación, sino de captar el mundo interiormente con la totalidad del ser humano. En la flor del ciruelo uno puede realmente, yo diría, captar el pasado, sentir el futuro en la ciruela. Aquello que brilla en los ojos de uno, está íntimamente relacionado con lo que uno ha llegado a ser a partir del pasado. Lo que se deshace en su lengua está íntimamente relacionado con aquello a partir de lo cual resurge, como el ave fénix de sus cenizas, hacia el futuro. Uno capta el mundo en la sensación. Y Goethe se esforzaba realmente por "captar el mundo en la sensación" en todo lo que quería ver y sentir en el mundo. Por ejemplo, miraba el mundo verde de las plantas. No tenía lo que hoy podemos tener como ciencia espiritual, pero al mirar el verdor del mundo vegetal, tenía en el verdor de la planta, que todavía no se había desplegado completamente en forma de flor, lo que se proyecta en el presente desde el pasado real de la planta; porque en la planta el pasado ya aparece en la flor; pero lo que todavía no es tan pasado es el verdor de la hoja.

Si se mira el verdor de la naturaleza, es en cierto sentido algo que todavía no ha muerto hasta ahora, algo que todavía no está tan apresado por el pasado (véase el dibujo verde). Pero lo que apunta al futuro es lo que sale de las tinieblas, de la oscuridad. Donde el verde se torna azulado, allí está lo que en la naturaleza demuestra ser el futuro (azul).
Por otra parte, allí donde nos dirigimos hacia el pasado, donde yace lo que madura, lo que hace florecer las cosas, allí está el calor (rojo), donde la luz no sólo ilumina, sino donde penetra interiormente con fuerza, donde ésta pasa al calor. Ahora habría que dibujar realmente el conjunto de tal manera que uno diga: uno tiene el verde, el mundo vegetal, -así lo sentiría Goethe, aunque todavía no lo haya traducido a ciencia espiritual o ciencia oculta- y luego la oscuridad, donde el verde se vuelve azulado. Pero aquello que brilla, aquello que está lleno de calor, eso conectaría a su vez con el lado superior. Pero ahí se está como ser humano, ahí se tiene interiormente como ser humano lo que se tiene exteriormente en el mundo vegetal verde, ahí se está interiormente como cuerpo etérico humano, como he dicho a menudo, de color flor de melocotón. Este es también el color que aparece aquí, cuando el azul se superpone al rojo. Pues uno mismo es de ese color. De modo que cuando miran hacia el mundo coloreado, en realidad pueden decir: Ustedes mismos están dentro de la flor de melocotón, frente al verde.

En el mundo vegetal esto se presenta entonces objetivamente. De un lado tienen lo azulado, oscuro, del otro lo claro, rojizo-amarillento. Pero puesto que están dentro de la flor del melocotonero, puesto que viven dentro de ella, no pueden percibirla al principio en la vida ordinaria, así como tampoco perciben el pensamiento como luz. Lo que uno experimenta, no lo percibe, por lo tanto uno deja fuera la flor de melocotón y mira sólo el rojo, que se expande por un lado, y el azul, que se expande por el otro lado; y así le aparece a uno tal espectro de arco iris. Pero esto no es mas que una ilusión. El verdadero espectro se obtendría si esta banda de colores se extendiera en círculo. De hecho, lo perciben recto porque como ser humano están dentro de la flor del melocotón, y por eso sólo ignoran el mundo coloreado del azul al rojo y del rojo al azul a través del verde. En el momento en que uno tuviera este aspecto, todo arco iris aparecería como un círculo, como un círculo curvo, en forma de rollo con sección circular.

Esto último lo he mencionado sólo para llamar su atención sobre el hecho de que algo como la visión de la naturaleza de Goethe es al mismo tiempo una visión del espíritu, algo que corresponde plenamente a la visión espiritual. Cuando uno se acerca a Goethe, el científico natural, uno puede decir que él no tiene todavía una ciencia espiritual, pero él ha visto la ciencia natural de tal manera que está completamente en el espíritu de la ciencia espiritual. Sin embargo, lo que hoy debe ser esencial para nosotros es que el mundo, incluido el hombre, es una organización transversal de pensamiento-luz, luz-pensamiento con voluntad-materia, materia-voluntad, y que lo que concretamente se nos presenta está construido o impregnado de contenido de las formas más diversas a partir de pensamiento-luz, luz-pensamiento, voluntad-materia, materia-voluntad.

Así que se debe mirar el cosmos cualitativamente, no sólo cuantitativamente, entonces se podrán reconciliar con este cosmos. Pero en este cosmos también existe un continuo morir, un morir del pasado en la luz, un surgir del futuro en la oscuridad. Los antiguos persas, por su clarividencia instintiva, llamaban Ahura Mazdao a lo que sentían como la muerte del pasado en la luz, Ahriman a lo que sentían como el futuro en la oscuridad.

Y ahora tienen estas dos entidades del mundo, la luz y la oscuridad: en la luz el pensamiento vivo, el pasado que muere; en la oscuridad la voluntad emergente, el futuro que viene. Cuando vamos tan allá que ya no consideramos el pensamiento meramente en su abstracción, sino como luz, ya no consideramos la voluntad en su abstracción, sino como oscuridad, de hecho en su naturaleza material, en que llegamos a ser capaces de considerar el contenido de calor, por ejemplo, del espectro luminoso como coincidiendo con el pasado, el lado material, el lado químico del espectro con el futuro, pasamos de lo meramente abstracto a lo concreto. Ya no somos pensadores tan resecos y pedantes que se limitan a funcionar con la cabeza, sino que sabemos que aquello que piensa dentro de nuestra cabeza es en realidad lo mismo que inunda nuestro alrededor como luz. Y ya no somos personas tan prejuiciosas que se limitan a complacerse en la luz, sino que lo sabemos: En la luz está la muerte, un mundo que muere. También podemos sentir la tragedia del mundo en la luz. Así que salimos de lo abstracto, de lo intelectual y entramos en la inundación del mundo. Y en lo que es oscuridad vemos la parte naciente del futuro. Incluso encontramos en ello lo que incita a naturalezas tan apasionadas como la de Schopenhauer. En resumen, penetramos de lo abstracto a lo concreto. Surgen ante nosotros formaciones del mundo en lugar de meros pensamientos o impulsos abstractos de la voluntad.

Eso es lo que buscábamos hoy. La próxima vez buscaremos el origen del bien y del mal en lo que hoy se ha vuelto extrañamente concreto para nosotros: el pensamiento hacia la luz, la voluntad hacia la oscuridad. Así que desde el mundo interior penetramos en el cosmos y buscamos de nuevo en el cosmos, no meramente en un mundo abstracto o religiosamente abstracto, las razones del bien y del mal, sino que queremos ver cómo nos abrimos paso hasta una comprensión del bien y del mal, después de haber hecho el comienzo captando el pensamiento en su luz, sintiendo la voluntad en su devenir oscuro. Continuaremos con esto la próxima vez.

Traducción realizada por J.Luelmo feb.2024

GA202 Dornach 19 de diciembre de 1920 - El camino hacia la libertad y el amor, y su Importancia en los acontecimientos mundiales

El puente entre la espiritualidad universal y la Constitución
física del hombre
Conferencia a cargo de Rudolf Steiner, Dornach 19 de diciembre de 1920

El camino hacia la libertad y el amor, y su 
Importancia en los acontecimientos mundiales





Como seres humanos estamos en el mundo como seres pensantes, contemplativos, por un lado, y como hacedores, como seres de acción, por el otro; Con nuestros sentimientos vivimos dentro de estas dos esferas. Con nuestros sentimientos respondemos, por un lado, a lo que se presenta ante nuestra observación; por el otro lado, los sentimientos entran en nuestras acciones, nuestros actos. Sólo necesitamos considerar cómo podemos estar satisfechos o insatisfechos con el éxito o la falta de éxito de nuestros actos, como en verdad toda acción va acompañada de impulsos de sentimiento, veremos que el sentimiento une los dos polos de nuestro ser: el polo del pensamiento y el polo de la acción. Sólo a través del hecho de que somos seres pensantes, somos humanos en el verdadero sentido. Consideren también, cómo todo lo que nos da la conciencia de nuestra humanidad esencial está conectado con el hecho de que podemos representar interiormente el mundo que nos rodea, Vivimos en este mundo y podemos contemplarlo. Imaginar que no podemos contemplar el mundo implicaría perder nuestra humanidad esencial.
Como hacedores tenemos nuestro lugar en la vida social y todo lo que realizamos entre el nacimiento y la muerte tiene cierta significacion en esta vida social. En cuanto somos seres contemplativos, el pensamiento opera en nosotros; En la medida en que somos activos, es decir, seres sociales, la voluntad opera en nosotros. No es el caso en la naturaleza humana, ni lo será nunca, que las cosas puedan ser simplemente pensadas intelectualmente; La verdad es que todo lo que sea un factor activo en la vida puede caracterizarse desde un aspecto u otro; Las fuerzas del mundo se interpenetran, fluyen unas a otras. Mentalmente podemos imaginarnos como seres de pensamiento y también como seres de voluntad. Pero incluso cuando estamos completamente absortos en la contemplación, cuando el mundo exterior está completamente en calma, la voluntad está continuamente activa. Y por contra, cuando estamos realizando acciones, el pensamiento está activo en nosotros. Es inconcebible que algo proceda de nosotros en la forma de acciones o hechos, - que también pueden tener efecto en el ámbito de la vida social -, sin que nos identifiquemos en el pensamiento con lo que ocurre. En todo lo que es de la naturaleza de la voluntad, el elemento del pensamiento está contenido; Y en todo lo que es de la naturaleza del pensamiento, la voluntad está presente. Es esencial que tengamos muy claro lo que esto implica si queremos seriamente construir el puente entre el orden moral-espiritual del mundo y el orden físico-natural del mundo.
Imaginen que están viviendo por un tiempo, rigurosamente en la reflexión como generalmente es entendida, que no están involucrados en ningún tipo de actividad exterior, sino que están completamente absortos en sus pensamientos. No obstante, deben comprender, que en esta vida de pensamiento, la voluntad también está activa; La voluntad está por lo tanto trabajando en su ser interno, irradiando sus fuerzas en el reino del pensamiento. Cuando nos representamos al ser humano pensante de esta manera, cuando nos damos cuenta de que la voluntad está irradiando todo el tiempo en los pensamientos, algo ciertamente nos repercutirá en lo que concierne a la vida y a sus realidades. Si revisamos todos los pensamientos que hemos formulado, encontraremos en cada caso que están vinculados con algo de nuestro entorno, algo que nosotros mismos hemos experimentado. Entre el nacimiento y la muerte no tenemos, en cierto sentido, otros pensamientos que los que nos trae la vida. Si nuestra vida ha sido rica en experiencias tenemos un rico contenido de pensamientos; Si nuestras experiencias de vida han sido escasas, tenemos un escaso contenido de pensamientos. El contenido del pensamiento representa nuestro destino interno - hasta cierto punto. Pero dentro de esta vida de pensamiento hay algo que es inherentemente propio; Aquello que es intrínsecamente propio es cómo conectamos los pensamientos entre sí y los disociamos de nuevo, cómo los elaboramos interiormente, cómo llegamos a los juicios y sacamos conclusiones, cómo nos orientamos en la vida del pensamiento -, todo esto es inherentemente propio. La voluntad en nuestra vida de pensamiento es propiamente nuestra.
Si estudiamos esta vida del pensamiento con un cuidadoso autoexamen, ciertamente nos daremos cuenta de que los pensamientos, mas allá de lo concerniente a su contenido real, nos llegan desde afuera, pero que somos nosotros mismos quienes elaboramos estos pensamientos. Por eso, con respecto a nuestro mundo de pensamiento, dependemos totalmente de las experiencias que nos brindan nuestro nacimiento y nuestro destino. Pero a través de la voluntad, que irradia de las profundidades del alma, llevamos a nuestro interior lo que viene a nuestro encuentro desde el mundo exterior, algo que es inherentemente nuestro. Para el cumplimiento de lo que nos exige el autoconocimiento, es muy importante mantener separados en nuestras mentes, por una parte, cómo nos viene el contenido del pensamiento del mundo circundante y por la otra, la fuerza de voluntad que viniendo de dentro de nuestro ser, se irradia en el mundo del pensamiento.
En realidad ¿Cómo nos volvemos interiormente más y más espirituales? - No tomando el mayor número posible de pensamientos del mundo circundante, pues estos pensamientos simplemente reproducen en imágenes este mundo exterior, que es un mundo físico y material. Estar constantemente corriendo en busca de sensaciones no nos hace más espirituales. Nos volvemos más espirituales a través del trabajo interior, permeado de la fuerza de voluntad que llevamos a cabo en nuestros pensamientos. Es por eso que la meditación también consiste en no caer en pensamientos fortuitos, sino manteniendo ciertos pensamientos fácilmente contemplados en el centro de nuestra conciencia, atrayéndolos allí con un fuerte esfuerzo de voluntad.
Y cuanto mayor sea la fuerza e intensidad de esta irradiación interior de la voluntad en la esfera del pensamiento, más espirituales devendremos. Cuando tomamos pensamientos del mundo material exterior - y entre el nacimiento y la muerte sólo podemos tomar tales pensamientos - devenimos, como ustedes pueden fácilmente darse cuenta, prisioneros de ellos; Porque estamos entregados a las concatenaciones de cosas y acontecimientos del mundo exterior; mas allá de lo que concierne al contenido real de los pensamientos, estamos obligados a pensar tal como prescribe el mundo exterior; Sólo cuando elaboramos los pensamientos devenimos libres en el verdadero sentido.
Es posible alcanzar la plena libertad en nuestra vida interior si crecientemente vamos limpiando y excluyendo el contenido real del pensamiento, a medida que este nos va llegando, y proyectamos una mayor actividad al ingrediente de la voluntad que fluye a través de nuestros pensamientos cuando formamos juicios, extraemos conclusiones y demas. De este modo, no obstante, nuestro pensamiento deviene en lo que he llamado en mi Filosofía de la Actividad Espiritual "pensamiento puro". Pensamos, pero en nuestro pensamiento no hay nada sino voluntad. He puesto especial énfasis en esto en la nueva edición del libro (1918). Lo que está dentro de nosotros está en la esfera del pensamiento. Pero el pensamiento puro puede igualmente llamarse voluntad pura. Así, desde el reino del pensamiento llegamos al reino de la voluntad, cuando devenimos interiormente libres; Nuestro pensamiento alcanza tal madurez que es enteramente irradiado por la voluntad; Ya no toma nada de fuera, sino que su vida misma es de la naturaleza de la voluntad. Al fortalecer progresivamente el impulso de la voluntad en nuestro pensamiento, nos preparamos para lo que he llamado en la Filosofía de la Actividad Espiritual, "Imaginación Moral". La Imaginación Moral se eleva a las "Intuiciones Morales" que entonces permean e iluminan nuestra voluntad que ahora se ha convertido en pensamiento, o nuestro pensamiento que ahora se ha convertido en voluntad. De esta manera nos elevamos por encima del dominio de la "necesidad" que prevalece en el mundo material, nos impregnamos con la fuerza que es intrinsecamente nuestra, y nos preparamos para la Intuición Moral. Y todo lo que puede fluir en nosotros desde el mundo espiritual tiene su fundamento, principalmente, en estas Intuiciones Morales. Por lo tanto, la libertad nace cuando permitimos que la voluntad se convierta en una fuerza cada vez más y más poderosa en nuestro pensamiento.
Ahora consideremos al ser humano desde el polo opuesto, el de la voluntad. ¿Cuándo se presenta la voluntad con particular claridad a través de lo que hacemos? - Cuando estornudamos, digamos, también estamos haciendo algo, pero ¡no podemos atribuirnos a nosotros mismos ningún impulso definitivo de voluntad cuando estornudamos! Cuando hablamos, estamos haciendo algo en lo que la voluntad está indudablemente contenida. Pero piensen cómo, al hablar, con deliberada intención y en ausencia de intención, volición y ausencia de volición, se entremezclan.
Tenemos que aprender a hablar, y de tal manera que ya no estemos obligados a formular cada simple palabra a base de un esfuerzo de voluntad; Un elemento de instinto entra en el habla. En la vida ordinaria al menos, es así, y mas enfáticamente en el caso de aquellos que no se esmeran particularmente por la espiritualidad. Las personas locuaces, que siempre están abriendo la boca para decir cualquier cosa en la que hay muy poco pensamiento, brindan a los demás la oportunidad de darse cuenta - ellos mismos, por supuesto, no lo notan - cuánto hay en el habla que es instintivo e involuntario. Pero cuanto más salimos de nuestra vida orgánica y pasamos a actividades liberadas, - por así decirlo - de los procesos orgánicos, tanto más pensamientos llevamos a nuestras acciones y hechos. Los estornudos son todavía enteramente un asunto de la vida orgánica; El hablar se relaciona en gran parte con la vida orgánica; Caminar realmente muy poco; Lo que hacemos con las manos, también muy poco. Y así llegamos gradualmente a acciones cada vez más emancipadas de nuestra vida orgánica. Acompañamos estas acciones con nuestros pensamientos, aunque no sabemos cómo la voluntad fluye en estos pensamientos. Si no somos sonámbulos y no nos comportamos en estas condiciones, nuestras acciones siempre van acompañadas de nuestros pensamientos. Llevamos nuestros pensamientos a nuestras acciones, y cuanto más evolucionan nuestras acciones hacia la perfección, tanto más contenido de pensamientos llevan.
Nuestra vida interior se profundiza constantemente cuando le aportamos voluntad - nuestra propia fuerza inherente - a nuestro pensamiento, cuando permeamos nuestro pensamiento con voluntad. Llevamos la voluntad en el pensamiento y, por lo tanto, alcanzamos la libertad. A medida que perfeccionamos gradualmente nuestras acciones, vamos consiguiendo finalmente enviar pensamientos a estas acciones; Irradiamos nuestras acciones - que proceden de nuestra voluntad - con pensamientos. Por un lado (hacia adentro) vivimos una vida de pensamiento; Lo impregnamos con la voluntad y así encontramos la libertad. Por el otro lado (hacia fuera) nuestras acciones fluyen de nuestra voluntad, y las impregnamos con nuestros pensamientos. (Diagrama IX)


Pero, ¿por qué medios evolucionan nuestras acciones hacia una mayor perfección? Para utilizar una expresión invariablemente polémica - ¿Cómo lograr una mayor perfección en nuestras acciones? Logramos esto desarrollando en nosotros la fuerza que sólo puede designarse con las palabras: devoción al mundo exterior. - Cuanto más crece y se intensifica nuestra devoción al mundo exterior, más este mundo exterior nos anima a la acción. Pero es sólo a través del despliegue de la devoción al mundo exterior que logramos impregnar nuestras acciones con pensamientos. ¿Qué es, en realidad, la devoción al mundo exterior? La devoción al mundo exterior, que permea nuestras acciones con pensamientos, no es otra cosa que el amor.
Así como alcanzamos la libertad irradiando la vida del pensamiento con voluntad, también alcanzamos el amor impregnando la vida de la voluntad con pensamientos. Desplegamos el amor en nuestras acciones cuando dejamos que los pensamientos irradien en el reino de la voluntad; Desarrollamos la libertad en nuestro pensamiento cuando dejamos que lo que es de la naturaleza de la voluntad irradie en nuestros pensamientos. Y porque, como humanos, somos un todo unificado, cuando llegamos al punto donde encontramos la libertad en la vida del pensamiento y el amor en la vida de la voluntad, habrá libertad en nuestras acciones y amor en nuestro pensamiento. El uno uno irradia al otro: la acción llena de pensamiento se forja en el amor; El pensamiento que está permeado de voluntad da lugar a acciones y hechos verdaderamente libres.
Así vemos cómo en el ser humano los dos grandes ideales, de libertad y amor, crecen juntos. La libertad y el amor son también lo que el ser humano, erguido en el mundo, puede llevar a la realización en sí mismo de tal manera que, a través de él, lo uno se une con lo otro para el bien del mundo.
Ahora debemos preguntarnos: ¿Cómo se alcanza el ideal, el ideal más elevado, en la vida del pensamiento permeada por la voluntad? Ahora bien, si la vida del pensamiento fuera algo que representaba procesos materiales, la voluntad nunca podría penetrar plenamente en el reino de los pensamientos e incrementar su arraigo allí. La voluntad tendría a lo sumo la capacidad de irradiar en estos procesos materiales como una fuerza organizadora. La voluntad tiene un efecto real sólo si la vida del pensamiento es algo que no tiene una realidad física exterior. Entonces ¿Qué debe ser?



Podrán ustedes imaginar lo que debe ser, si toman una imagen como punto de partida. Si tenemos aquí un espejo y aquí un objeto, el objeto se refleja en el espejo; Si luego vamos detrás del espejo, no encontraremos nada. En otras palabras, ustedes tienen una imagen - nada más. Nuestros pensamientos son en este mismo sentido, imágenes. (Diagrama X) ¿Cómo se explica esto? - En una conferencia anterior ya dije que la vida del pensamiento como tal, no es en verdad una realidad del momento inmediato. La vida del pensamiento nos irradia desde nuestra existencia de antes de nacer, o más bien, de antes de la concepción.
La vida del pensamiento tiene su realidad entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y al igual que aquí el objeto que se coloca ante el espejo, lo que nos presenta es una imagen - sólo eso y nada más – de la misma manera lo que desplegamos como vida del pensamiento se vive en el sentido real entre la muerte y un nuevo nacimiento, y meramente se irradia en nuestra vida desde el nacimiento. Como seres pensantes, tenemos dentro de nosotros una reflejo de la realidad solamente. Puesto que esto es así, la otra realidad que, como ustedes saben, surge del proceso metabólico, puede permear las imagenes reflejadas de la vida del pensamiento. Si, como muy raramente es el caso hoy en día, hacemos esfuerzos sinceros por desarrollar un pensamiento imparcial, tendremos claro que la vida del pensamiento consiste en imagenes reflejas, si volvemos al pensamiento en su forma más pura - las matemáticas. El pensamiento matemático fluye completamente de nuestro ser interior, pero sólo tiene una existencia refleja. A través de las matemáticas, la composición de los objetos externos puede ser analizada y determinada; Pero los pensamientos matemáticos en sí mismos son sólo pensamientos, existen simplemente como imágenes. No se han adquirido de ninguna realidad externa.
Pensadores abstractos como Kant también emplearon una expresión abstracta. Decian: los conceptos matemáticos son a priori. - A priori, apriorismo, significa "de lo que es antes". [Doctrina epistemológica que se fundamenta en ideas preconcebidas y prescinde de los hechos de la experiencia. ] ¿Pero por qué los conceptos matemáticos son a priori? Porque fluyen de la existencia anterior al nacimiento, o más bien de la concepción precedente. Esto es lo que constituye su "aprioridad". Y la razón por la que parecen reales a nuestra conciencia es porque son irradiados por la voluntad. Esto es lo que los hace reales. ¡Piensen cómo se ha convertido el pensamiento moderno abstracto cuando utiliza palabras abstractas para algo que, en su realidad, no es entendido! Los hombres como Kant tenían solo una débil idea de que traemos las matemáticas con nosotros desde nuestra existencia antes del nacimiento, y por lo tanto llamaron a priori las conclusiones de las matemáticas. Pero el término "a priori" realmente no nos dice nada, pues no señala ninguna realidad, señala algo meramente formal.
En cuanto a la vida del pensamiento, que por su existencia-refleja debe ser irradiada por la voluntad para convertirse en realidad, las tradiciones antiguas hablan de Semblanza. (Diagrama XI)
Vamos ahora a considerar el otro polo de la naturaleza del hombre, donde los pensamientos fluyen hacia la esfera de la voluntad, donde los actos se desempeñan en el amor. Aquí nuestra conciencia, por decirlo así, es mantenida a raya, rehuye la realidad. No podemos mirar a ese reino de oscuridad, un reino de tinieblas para nuestra conciencia, donde la voluntad se despliega cada vez que levantamos un brazo o giramos la cabeza, a menos que tomemos concepciones súper sensibles en nuestra ayuda. Movemos un brazo; Pero el complicado proceso en funcionamiento permanece igualmente escondido de la conciencia ordinaria como lo que ocurre en el sueño profundo, en el dormir sin sueños. Percibimos nuestro brazo; Percibimos cómo nuestra mano agarra un objeto. Esto es porque permeamos la acción con pensamientos. Pero los pensamientos mismos que están en nuestra conciencia todavía son sólo apariencia. Vivimos en lo que es real, pero no irradia en nuestra conciencia ordinaria. Las tradiciones antiguas hablaban aquí del Poder (Gewalt), porque la realidad en la que vivimos está, de hecho, permeada por el pensamiento, pero el pensamiento, sin embargo, la rehuye en cierto sentido, durante la vida entre el nacimiento y la muerte. (Diagrama XI).
Entre estos dos polos se encuentra el factor de equilibrio que une los dos - los une la voluntad que irradia hacia la cabeza con los pensamientos que, a medida que fluyen en hechos forjan el amor, son, por decirlo así, sentidos con el corazón. Este método de unión es la vida del sentimiento, que esta en disposición de dirigirse a sí mismo tanto hacia la voluntad, como hacia los pensamientos. En nuestra conciencia ordinaria vivimos en un elemento por medio del cual captamos, por un lado, lo que viene a la expresión de nuestro pensamiento impregnado de voluntad con su predisposición a la libertad, mientras que en el otro lado, tratamos de asegurar que lo que pasa a nuestros hechos se llene más y más con pensamientos. Y lo que forma el puente que conecta los dos es lo que desde la antigüedad ha sido llamada sabiduría. (Esquema XI.)

En su cuento de hadas, La serpiente verde y el hermoso lirio, Goethe ha dado indicaciones de estas antiguas tradiciones en las figuras del rey de oro, el rey de plata y el rey de bronce. Ya hemos demostrado desde otros puntos de vista cómo estos tres elementos deben de nuevo volver a la vida, pero en una forma completamente diferente -esos tres elementos a los cuales apuntaban los conocimientos instintivos antiguos y que sólo pueden revivir si el hombre adquiere el conocimiento dado por la Imaginación, la Inspiración y la Intuición.
Pero, ¿Qué es lo que realmente ocurre cuando el ser humano despliega su vida de pensamientos? - ¡La realidad deviene en apariencia! Es muy importante tener claro esto. Llevamos con nosotros nuestra cabeza, que con su cráneo duro y propenso a la osificación, presenta, incluso exteriormente, una imagen de lo que está muerto, en contraste con el resto del organismo vivo. Entre el nacimiento y la muerte llevamos en la cabeza aquello que, desde una época anterior, cuando era realidad, entró en nosotros como apariencia, y desde el resto de nuestro organismo permeamos esa apariencia con el elemento que emana de nuestros procesos metabólicos, lo permeamos con el elemento real de la voluntad. Allí tenemos dentro de nosotros una semilla, una entidad germinativa que, ante todo, es parte de nuestra virilidad, pero también significa algo en el cosmos. Piénsenlo: un hombre nace en un año concreto; Antes de eso estaba en el mundo espiritual. Cuando sale del mundo espiritual, el pensamiento que es la realidad, deviene en apariencia, y guia hacia esa apariencia a las fuerzas de la voluntad que proceden de una dirección completamente distinta, surgiendo de partes de su organismo distintas de la cabeza. Así es como el pasado, muriendo en la apariencia, se enciende de nuevo para devenir realidad del futuro.
Hemos de entender esto correctamente. ¿Qué sucede cuando nos elevamos al pensamiento puro, al pensamiento que está irradiado por la voluntad? - Sobre el fundamento del pasado que se ha disuelto en la apariencia, a través de la fructificación por la voluntad que surge de nuestra yoidad, se despliega dentro de nosotros una nueva realidad guiandonos al futuro. Somos los portadores de la semilla del futuro. Los pensamientos del pasado, como realidades, son como si fueran el suelo-madre; En este suelo-madre está puesta lo que proviene de la yoidad individual, y la semilla es enviada al futuro para la vida futura.
Por otra parte, evolucionamos permeando de pensamientos nuestros actos y acciones y la naturaleza de nuestra voluntad; Las acciones se desempeñan en el amor. Tales obras se separan de nosotros. Nuestras obras no permanecen confinadas en nosotros mismos; Se convierten en acontecimientos del mundo. Si están permeadas por el amor, entonces el amor va con ellas. En lo concerniente al cosmos, una acción egoísta es diferente de una acción permeada por el amor. Cuando, a través de la apariencia y a través de la fructificación por la voluntad, desplegamos lo que procede de nuestro ser íntimo, entonces lo que fluye hacia el mundo desde nuestra cabeza encuentra nuestras acciones permeadas de pensamientos.   

Así como cuando una planta se despliega conteniendo en su flor la semilla a la que debe llegar la luz del sol, el aire exterior, y demas, a la cual debe llegarle algo del cosmos para que pueda crecer, Asi, lo que se despliega a través de la libertad debe encontrar un elemento en el que crecer a través del amor que vive en nuestros actos.
Por lo tanto, estamos en el gran proceso de la evolución del mundo, y lo que tiene lugar dentro de la frontera de nuestra piel y fluye más allá de nuestra piel en forma de hechos, tiene significado no sólo para nosotros, sino para el mundo, el universo. Tenemos nuestro lugar en el teatro de los acontecimientos cósmicos. Dado que la realidad de épocas anteriores se ha convertido en apariencia en nosotros, la realidad se disuelve siempre una y otra vez, y en ella, la apariencia es acelerada de nuevo por la voluntad, surgiendo asi nueva realidad. Aquí tenemos - como si pudiéramos espiritualmente poner nuestro dedo sobre él - lo que también se ha hablado desde otros puntos de vista. - ¡No hay conservación eterna de la materia! La materia se transforma en apariencia y la apariencia se transforma en realidad por la voluntad. La ley de la conservación de la materia y la energía afirmada por la física es una ilusión, porque sólo se tiene en cuenta el mundo natural. La verdad es que la materia está muriendo continuamente en eso que es transformado en apariencia; Y una nueva creación tiene lugar en esta a través del ser humano y se hace presente ante nosotros como el logro supremo del cosmos, la apariencia se transforma de nuevo en Ser (Sein).
Esto también podemos verlo si nos fijamos en el otro polo - sólo que no es tan fácil percibirlo. Los procesos que finalmente conducen a la libertad ciertamente pueden ser captados por un pensamiento imparcial. Pero para ver correctamente en el caso de este otro polo, se necesita un cierto grado de desarrollo científico-espiritual. Pues aquí, para empezar, la conciencia ordinaria rehuye cuando se enfrenta a lo que las antiguas tradiciones llaman Poder. Lo que se vive como Poder, como Fuerza, está realmente permeado por pensamientos; Pero la conciencia ordinaria no los percibe, sino tan solo más y más voluntad, una facultad cada vez mayor de juicio, llega al mundo del pensamiento, así, cuando traemos los pensamientos a la naturaleza de la voluntad, cuando superamos el elemento del Poder más y más completamente, también permeamos lo que es meramente Poder con la luz del pensamiento. En el polo del ser humano vemos la superación de la materia; En el otro polo, el nuevo nacimiento de la materia.


Como he señalado brevemente en mi libro, Riddles of the Soul (Enigmas del Alma), el hombre es un ser triple: Como hombre dotado de nervios y sensibilidad es portador de la vida del pensamiento y de la percepción; Como ser rítmico (respiración, circulación sanguinea), es portador de la vida del sentimiento; Como ser metabólico, es portador de la vida de la voluntad. Pero entonces, ¿Cómo, opera el proceso metabólico en el hombre cuando la voluntad se despliega mas y más en el amor? Opera en tanto que, al realizar el hombre tales actos, la materia continuamente es superada. ¿Y qué es lo que se despliega en el hombre cuando, como ser libre, encuentra su camino en el pensamiento puro, que es, sin embargo, realmente de la naturaleza de la voluntad? - ¡Nace la materia! - ¡Contemplamos el devenir-en-ser de la materia! Llevamos en nosotros lo que hace nacer la materia: nuestra cabeza; Y llevamos en nosotros lo que destruye la materia, donde podemos ver cómo se destruye la materia: nuestras extremidades y nuestro organismo metabolico.
Esta es la manera de estudiar al hombre entero. Vemos cómo lo que la conciencia concibe en las abstracciones es un factor real en el proceso del devenir del mundo; Y vemos cómo aquello que está contenido en este proceso de devenir del mundo y al que la conciencia ordinaria se aferra tan firmemente que no puede hacer otra cosa que concebirla como realidad, vemos cómo se disuelve hasta la nulidad. Es realidad para la conciencia ordinaria, y cuando obviamente no coincide con las realidades externas, entonces el recurso tiene que ser acogerse a los átomos, que se consideran realidades firmemente fijadas. Y dado que el hombre no puede liberarse en sus pensamientos de estas realidades firmemente fijadas, uno las deja mezclarse unas con otras, ahora de una manera, ahora de esta otra. En un momento se mezclan para formar hidrógeno, en otro, oxígeno; Simplemente se agrupan de forma diferente. Esto es simplemente porque la gente es incapaz de cualquier otra creencia salvo aquella que una vez que se ha fijado firmemente en el pensamiento también debe estar firmemente fijada en la realidad.
Eso no es otra cosa que debilidad del pensamiento en el que uno se pierde cuando acepta la existencia de átomos fijados y por siempre perdurables. Lo que asi se nos revela a través del pensamiento que está de acuerdo con la realidad es, que la materia se disuelve continuamente hasta la nulidad y continuamente se reconstruye a partir de la nulidad. Y sólo porque cuando la materia muere, una nueva materia viene a la existencia, es por lo que la gente habla de conservación de la materia. Caen en el mismo error en el que caerían, digamos, si tomasemos un número de documentos los llevamos a una casa, y allí los copiamos (volviendolos a escribir), pero los originales los quemamos y las copias son sacadas nuevamente, y entonces ellos creyesen que tanto los que se introdujeron como los que se sacaron - son la misma cosa. La realidad es que los documentos primeros han sido quemados y escrito otros nuevos. Pasa lo mismo con lo que viene a la existencia en el mundo, y es importante para nuestro conocimiento avanzar a este punto. Porque en ese reino del ser del hombre, donde la materia muere en la apariencia y surge la nueva materia, ahí reside la posibilidad de la libertad, y ahí reside la posibilidad del amor. Y la libertad y el amor están juntos, como ya he indicado en mi Filosofía de la Actividad Espiritual.
Aquellos que, basandose en alguna concepción particular del mundo, hablan de lo imperecedero de la materia, anulan la libertad por un lado y el pleno desarrollo del amor por el otro. Porque sólo a través del hecho de que en el hombre muere el pasado, conviertiendose en apariencia, y el futuro es una nueva creación en un estado de semilla, surge en nosotros el sentimiento del amor (devoción por algo a lo que no nos vemos coaccionados por el pasado ) y la libertad (acción que no está predeterminada). La libertad y el amor son, en realidad, comprensibles sólo si se tiene una concepción científico-espiritual del mundo, no con ninguna otra. Aquellos que están familiarizados con la imagen del mundo que ha aparecido en el transcurso de los últimos siglos podrán evaluar las dificultades que habrán de superar antes de que los hábitos de pensamiento predominantes en la humanidad moderna, puedan ser inducidos a dar paso a este pensamiento científico-espiritual imparcial. Pues en la imagen del mundo que nos ofrecen las ciencias naturales no hay realmente puntos a partir de los cuales podamos avanzar hacia una verdadera comprensión de la libertad y el amor.
De cómo están relacionadas por un lado, la imagen científico-natural del mundo, y por el otro, la imagen antigua y tradicional del mundo, con un desarrollo científico-espiritual de la humanidad verdaderamente progresivo, de esto hablaremos en alguna otra ocasión.













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