CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 27

GA069d Bergen, 9 de octubre de 1913 - El enigma de la vida

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MUERTE  E INMORTALIDAD

Rudolf Steiner

El enigma de la vida


 Bergen, 9 de octubre de 1913

«Bergens Tidende», 10 de octubre de 1913, p. 5, traducción

Dr. Rudolf Steiner. El movimiento teosófico. Este hombre es el líder de la corriente «antroposófica» dentro del movimiento teosófico. Ha venido a Bergen con un grupo numeroso de seguidores y discípulos y ayer dio una conferencia pública en la logia sobre «Los enigmas de la vida». Allí se hizo un interesante conocimiento: la alta y oscura figura, los rasgos marcados, los gestos pronunciados de las manos, la peculiar forma de hablar con los ojos cerrados, la voz clara que podía elevarse con conmovedora fuerza... Todo ello estaba en consonancia con la mística doctrina que proclamaba su conferencia. Cuando el ponente comenzó con una disculpa por no hablar noruego, no era necesario; la peculiar ponencia mantuvo el interés de los oyentes gracias a su hermoso alemán con acento austriaco.

El conferenciante comenzó subrayando que su ciencia («ciencia espiritual» [en el texto en alemán]) era nueva para el público de nuestra época. Se había puesto en marcha un nuevo método de investigación, un laboratorio espiritual. La antroposofía se basa en experimentos espirituales y anímicos. El espiritismo muestra el impulso de explorar el mundo eterno del espíritu, pero lo hace a través de experimentos externos, por lo que se equivoca. El resultado de la ciencia espiritual es que la vida humana no está limitada por el nacimiento y la muerte; en esta vida física se acumulan y actúan fuerzas de gran alcance. En la muerte, el alma rompe las barreras de la vida física y alcanza una vida espiritual. Esta es la solución a los grandes enigmas de la muerte, la inmortalidad y el destino. Su solución arroja luz sobre toda la vida humana. En cada alma se esconde, frente a estos enigmas, la pregunta: ¿por qué?

Ahora que se han recorrido entre 300 y 400 años de ciencia natural, la respuesta es nueva. La ciencia natural no tiene aquí la respuesta, sino que ha convertido estas preguntas en un misterio aún mayor. Las ciencias humanas quieren utilizar sus resultados como semilla para una nueva cosecha. Pero no se oponen a la ciencia natural. Lo mismo ocurre con la religión. Las personas religiosas se reconciliarán con la nueva doctrina, tal y como hicieron con la doctrina de Copérnico. El objetivo es la mejora de la vida.

Tan enigmático como la muerte es el sueño, «el hermano de la muerte». Pero durante el sueño la vida no se detiene. El alma sigue viviendo, abandona el cuerpo y se vuelve independiente. Mediante un cuidadoso ejercicio de sus facultades mentales, especialmente de su voluntad, el científico espiritual llega a ser capaz de provocar un estado de sueño consciente. Puede dormir y, sin embargo, ser consciente de todo lo que su alma experimenta durante el sueño. 

El ejercicio se realiza mediante meditación, concentración, contemplación [en alemán en el texto] (devocion, introspección, reflexión). Se trata de una química espiritual. El químico libera las materias primas, el científico espiritual sus capacidades mentales. Los pensamientos y los sentimientos se liberan de su materia. Se transforma la vida del alma, se convierte en algo diferente. Al final se alcanza lo que los antiguos místicos llamaban «estar a las puertas de la muerte». Se ve más allá de esta vida, en sus existencias anteriores y futuras. Aquí a menudo se practica el diletantismo, como cuando alguien afirma que en su existencia anterior fue tal o cual. Las fronteras individuales desaparecen ante la mirada del espíritu. El científico espiritual ve al sentir las fuerzas, pero ve a través de velos. Todo esto lo experimentamos fuera del cuerpo.

¿Pero no se trata acaso de alucinaciones o ilusiones? ¡No! Estas están relacionadas con los deseos del ser humano. Los antiguos anhelos y deseos aparecen en las alucinaciones. Aquí, sin embargo, nos liberamos de ellos, aquí la vida se configura según nuevas leyes. La vida se convierte en preparación para una nueva vida. La solución se llama: inmortalidad y perfección.

El Dr. Rudolf Steiner resumió finalmente su discurso con las siguientes palabras [en el texto alemán]:

Hablan a los sentidos humanos
Las cosas en las vastedades del espacio.
Cambian con el paso del tiempo.
El alma humana, experimentando,
Atraviesa las vastedades del espacio sin límites,
Y, sin dejarse perturbar por el paso del tiempo,
Entra en el reino de la eternidad.

Entre sus alumnos y seguidores, cabe mencionar a los siguientes, que se alojaron en el hotel «Norge»: el escritor Bugajoff con su esposa, de Moscú; el director Noll, Kassel, la señora von Vossmold, Múnich, la condesa Moltke, ídem, la condesa Kalckreuth, ídem, von Rainer, Berlín, la condesa Hamilton, Estocolmo, la señora von Christoforoff, Moscú, la señora von Reden, la señorita von Lowrentz y otros.


GA069d Viena, 20 de enero de 1913 - La ciencia espiritual y la ciencia natural, en relación con los enigmas de la vida

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MUERTE  E INMORTALIDAD

Rudolf Steiner

La ciencia espiritual y la ciencia natural, en relación con los enigmas de la vida


 Viena, 20 de enero de 1913

Cuando se habla de los enigmas de la existencia desde el punto de vista que ayer se caracterizó aquí, a toda persona del presente que se acerque de alguna manera a esta consideración le surgirá ante todo una pregunta: la pregunta es: ¿qué relación tiene lo que la ciencia espiritual aquí mencionada tiene que decir con los resultados científicos actuales, que a lo largo de los últimos siglos han llevado a la vida espiritual de la humanidad de triunfo en triunfo y han hecho que, en el fondo, todo lo que nos rodea en la actualidad parezca un resultado, un fruto de la ciencia natural? No solo la existencia exterior y material está completamente impregnada de lo que nos han dado las ciencias naturales, sino que también el pensamiento, el sentir y el sentir humanos, toda la vida espiritual humana, se han visto gradualmente invadidos por el pensamiento científico, que les da color, de modo que se puede decir: A quien hoy quiera hablar de la cuestión de la vida espiritual y tenga que entrar en contradicción con los resultados científicos actuales, en principio se le podría conceder muy poca credibilidad. Las ciencias naturales han aportado una serie de conocimientos que, por su valor intrínseco, por su relación con el sentido humano y natural de la verdad, con el sentido común, penetran en nuestra alma de tal manera que hay que decir con razón: debe haber algún error en alguna parte si una cosmovisión se ve obligada a contradecir estos conocimientos científicos. Lo que aquí se pretende defender en materia de cosmovisión está en plena consonancia con los resultados legítimos de la investigación científica actual, aunque, por supuesto, debe ir más allá de estos resultados en casi todos los aspectos cuando se trata de encontrar una solución a la gran cuestión de la existencia, al importante enigma de la vida. ¿Y cuáles son estos grandes enigmas de la existencia? No son los que se imponen a través de una u otra consideración científica; los mayores enigmas del mundo no se imponen al ser humano únicamente a partir de la ciencia, sino que se imponen a cada paso de la vida; están, por así decirlo, ante nuestra alma en cada momento; y, en el fondo, podemos resumir estos enigmas de la existencia en dos preguntas.

Aunque lo que aquí se entiende por ciencia espiritual no se agota en estas dos cuestiones, hay que decir que, en última instancia, todas estas consideraciones espirituales apuntan [en última instancia] a las dos grandes cuestiones enigmáticas que, por un lado, pueden describirse con las palabras: el enigma de la muerte, que es al mismo tiempo el enigma de la vida, y, por otro lado, el enigma del destino; el enigma de la muerte, que es al mismo tiempo el enigma del destino. Sin duda, estimados presentes, este enigma, [el enigma de la muerte], se le plantea al ser humano a partir de sus esperanzas, de sus deseos, quizás también de sus miedos y temores. [Opresivo], amenazante, se cierne sobre el alma humana lo que sigue cuando el alma ha atravesado la puerta de la muerte; se plantea la pregunta de qué es lo que puede resistir en ella a la existencia efímera de su cuerpo, qué es lo que puede describirse como imperecedero frente a lo transitorio. Sin embargo, esta cuestión no se plantea científicamente cuando se plantea tal y como surge del alma, donde, en cierta medida, la solución a la pregunta se encuentra en la preocupación por el destino del alma después de la muerte, aunque no se admita. [El ser humano se dice]: Sería insoportable pensar en la destrucción de la existencia [después de la muerte], donde uno se engaña con todo tipo de razones sofísticas [para la perpetuación del alma] frente a la desaparición del cuerpo. Por el contrario, hay que destacar que deben infundir cierto respeto aquellas personas que, a lo largo del siglo XIX, llegaron a decir que era una forma especial de egoísmo que el ser humano exigiera que lo que tenía en el alma como contenido perdurara más allá de la muerte. Las almas nobles, aunque sean materialistas, consideran desinteresado decir: lo que he ganado con mi esfuerzo, lo que he asimilado en mi alma, lo entrego a la vida humana en general, lo sacrifico en el altar de la humanidad. Y así, en cierto sentido, esta actitud debe considerarse más noble que aquella que, por miedo y temor, por esperanza y deseos, se construye una fe en la inmortalidad.

 Pero desde un punto de vista completamente diferente surge el enigma de la muerte, que es en realidad el enigma de la vida humana, donde se reflexiona sobre la economía del mundo, donde se reflexiona sobre cómo se comportan las fuerzas acumuladas que alguna vez se manifestaron en el mundo. El ser humano adquiere, —se puede considerar de forma totalmente impersonal—, a lo largo de su vida, año tras año, semana tras semana, un cierto contenido [interno] del alma; ¿quién podría negar que, en una persona normal, este contenido se amplía [hacia la vejez, cada vez más rico], se vuelve cada vez más interno, se impregna cada vez más de energía? A aquellos que opinan que el contenido del alma debe ser entregado a toda la raza [humana], hay que plantearles la siguiente pregunta: ¿Es realmente posible entregar lo mejor, lo que el ser humano ha llegado a ser en su interior? Porque eso [lo que el ser humano debe asimilar para que su alma avance de forma totalmente personal] está tan relacionado con la vida individual que es imposible cederlo a la colectividad. Podemos ceder muchas cosas a la comunidad, pero es imposible ceder lo más íntimo, y precisamente lo más esencial, lo que solo puede alcanzarse a través de la personalidad, solo a través de la individualidad, desaparecería, se desvanecería en la nada si la vida del alma humana, allí donde se cierran las puertas de la muerte, desapareciera como entidad espiritual individual. Así pues, desde la economía de la vida, esta cuestión se plantea de forma totalmente objetiva.

La segunda cuestión que se plantea como un enigma vital, que nos acecha a cada paso, [es la del destino], es la siguiente: [vemos] que una persona está rodeada de penurias y miseria desde la cuna, y que eso no va a cambiar; este enigma del destino se nos presenta de forma aún más cruda cuando vemos crecer a alguien con pocas capacidades y tenemos que decir de él: «Será un miembro poco útil para la sociedad». Otro estará rodeado desde la cuna de todas las atenciones, [de modo que podemos prever] que se convertirá en un miembro importante de la sociedad. Son cuestiones que tal vez no ocupen mucho la mente teórica, cuestiones a las que, en cierto modo, la ciencia convencional no puede siquiera acercarse; pero ¿no debería ser igualmente necesario plantear estas cuestiones, del mismo modo que otras ciencias tratan de responderlas? Estas cuestiones no solo ocupan la mente teórica, sino toda la vida humana. [La felicidad interior, el equilibrio interior], la seguridad interior, la satisfacción interior en el trabajo y en la vida dependen de la respuesta que cada persona pueda darse a sí misma. Quien crea poder rechazarla, se dará cuenta a lo largo de su vida de que ocurre algo que no puede explicar, como si procediera de esta pregunta; la inseguridad, el nerviosismo y la inestabilidad pueden aparecer cuando alguien no encuentra la manera de resolver esta cuestión. Cuando aborda esta cuestión, la ciencia espiritual no puede limitarse a tratar los resultados de las ciencias naturales, sino que debe ir más allá; veremos por qué. Pero al ir más allá de estos resultados científicos, la ciencia espiritual, tal y como se entiende aquí, conserva —y debe hacerlo en el sentido de la época moderna— la misma disciplina de pensamiento y sentimiento, [de investigación], la misma forma de enfrentarse al mundo que hay en las ciencias naturales. Oh, estimados presentes, esto nos ha mostrado otro resultado más, ha producido [a lo largo del último siglo] una cierta educación del pensamiento humano, y esta educación se está extendiendo. Quien hoy busca una cosmovisión no debe pecar contra esta educación del pensamiento humano. Aunque quien no quiera preocuparse por las ciencias naturales puede mantenerse al margen, quien quiera penetrar en nuestra cultura debe poder justificarlo ante las exigencias legítimas de las ciencias naturales. [Lo que quiera apoderarse de nuestra cultura debe poder resistir ante el pensamiento legítimo]. Por otro lado, vemos cómo existe el anhelo de llegar a algo más allá de todas las tradiciones en la dirección indicada [sobre estas cuestiones], y precisamente en el caso de los naturalistas reflexivos vemos que lo que hoy en día se cree con tanta frecuencia no se considera en absoluto suficiente. Se podrían citar cientos de ejemplos [que muestran] cómo precisamente los naturalistas pensantes de hoy en día se esfuerzan por alcanzar una visión del mundo que pueda dar a las personas lo que buscan.

De entre muchos ejemplos, uno: si nos fijamos en un discurso pronunciado el 22 de julio de 1909 por quien fue durante cuarenta años rector de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, un naturalista, un químico, Charles Eliot, un hombre de gran carácter, habló entonces de la necesidad de avanzar desde las ciencias naturales hacia la conquista de la gran cuestión del alma, y como algo natural presentó ante sus oyentes lo que quería expresar como la existencia de un alma independiente junto a la vida física. Dijo: «El ser humano siempre ha atribuido al ser humano un alma independiente, un espíritu que tiene su esencia en sí mismo, que es como el ser humano se experimenta a sí mismo cuando quiere conocerse, que es como el ser humano se conoce a sí mismo [algo separado del cuerpo]». Pero precisamente la forma en que un hombre así intenta pasar de los hábitos de pensamiento científicos a lo espiritual nos puede enseñar lo necesario que es que una ciencia espiritual especial aborde la cuestión planteada. Si se siguen las explicaciones de Eliot, se llega a una conclusión extraña. Aunque da por sentado que existe un ser espiritual separado del cuerpo, nunca habla de ello de otra manera que diciendo: «Sí, el alma está ahí». Alma, alma y siempre solo alma. ¿Qué pasaría si se aplicara el mismo enfoque al campo de las ciencias naturales? Sería como si no se quisiera esta planta, estas leyes, sino que se quisiera construir todo el fenómeno natural exterior diciendo: existe una naturaleza. El naturalista no se conforma con eso, sino que se adentra en los detalles, en las leyes individuales, en la existencia concreta y particular de las mismas.

Lo mismo hace la ciencia espiritual. Se adentra en el alma y quiere penetrar en el mundo espiritual y conocer entidades y hechos suprasensibles. Y esa será la tarea de la ciencia espiritual en el futuro, ser capaz de abordar los detalles de la vida espiritual como lo hace la ciencia natural. Hoy en día, muchas personas aún no quieren saber que es posible penetrar en el mundo espiritual y conocer allí a seres suprasensibles que nunca llegan a encarnarse físicamente. Esa es precisamente la tarea de la ciencia espiritual; al emprenderla, procede en su ámbito siguiendo el mismo método que la ciencia natural en el suyo. Lo importante es la similitud de la observación. Supongamos, por ejemplo, que alguien quisiera observar la vida de una planta, cómo crece, cómo desarrolla hojas y flores y, finalmente, frutos. ¿Se conforma el ser humano con la forma en que culmina el crecimiento de las plantas? No, al llegar allí, se dice a sí mismo: la semilla es el final del crecimiento de la planta y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva planta. El final y el comienzo se vinculan entre sí, y entonces vemos funcionar toda la vida, la única, cuando somos capaces de conectar el final con el comienzo.

De la misma manera, [solo que aplicado al alma], lo hace la ciencia espiritual. Hay que llamar la atención sobre lo provechosa que es, en el fondo, una reflexión de este tipo frente a la pura vida cotidiana. Nada puede mostrar más claramente la fertilidad de tal consideración que reflexionar sobre la frase de un hombre importante que se ocupó mucho de los enigmas del alma en maduración: una frase de Goethe. Goethe dijo: «Con la edad, uno se vuelve místico». No quería plantear una teoría abstracta, sino [una experiencia vital], una forma de vida, quería decir: Lo que uno ha adquirido a lo largo de su vida, independientemente de dónde se haya estado, lo que se ha convertido en el contenido del alma, lo que uno se ha convertido en el fondo [de modo que poco a poco no solo me he vuelto más rico, sino también más maduro], eso ha madurado interiormente, ha adquirido una energía interior, [se] separa cada vez más de la vida exterior, de modo que gana cada vez más [en] independencia. En una juventud aún relativa, vemos cómo todo lo que vive en nosotros quiere transformarse en acciones; pero también sabemos cómo se va formando cada vez más en el alma algo que esta considera como su contenido, que debe experimentar en soledad y a través del cual se construye, en cierto modo, un mundo propio, al margen del mundo exterior. Goethe se refería a esta vida interior profunda, a la que se llega mediante la atracción de un ser humano superior que interviene en la actividad exterior. Uno se vuelve interior, espiritual y anímicamente interior. En nuestra vida anímica se produce algo similar a lo que ocurre exterior y sensorialmente en la planta, en la que las hojas y las flores se marchitan gradualmente y el germen se separa. Lo que se separa física y sensorialmente y lo que se convierte en el punto de partida de una nueva vida vegetal tiene su analogía en lo que se desprende interior y espiritualmente, en lo que Goethe quería señalar, que el ser humano se convierte en místico, y este aspecto espiritual y anímico es una fuerza acumulada. Se procede de acuerdo con el método científico cuando se conecta con el comienzo del cuerpo humano, y cuando se hace esto, debe suceder de tal manera que se vea cómo, al igual que en el niño cuando entra en la existencia, se desarrolla gradualmente a partir de fundamentos desconocidos lo que luego se manifiesta en el transcurso de la vida. Ya he dicho aquí alguna vez que quien considera a este ser humano en crecimiento desde su nacimiento de tal manera que cree que todo lo que se desarrolla entraría en la línea hereditaria, procede con la misma imprecisión con la que procedían los seres humanos, digamos, en el siglo XVI, cuando numerosas personas, incluso eruditos, creían que un ser vivo físico, —animales inferiores, lombrices de tierra—, podía desarrollarse a partir del [simple] lodo de los ríos. Fue un gran logro que Francesco Redi señalara en el siglo XVII que esto se basaba en una observación inexacta y que todo lo vivo solo surge de lo vivo.

El investigador espiritual se comporta con respecto a lo espiritual y lo anímico tal y como se comportó Redi en su época. Demuestra que es un error aceptar solo lo físico, la línea hereditaria, sino que en realidad hay que ver cómo se desarrolla lo espiritual y lo anímico en lo espiritual y lo anímico. Entonces se ve cómo, de hecho, lo anímico-espiritual tiene una labor más importante en los primeros días de la infancia que en la vida posterior. Por muy orgulloso que esté el ser humano de lo que desarrolla como inteligencia y capacidad espiritual, en el transcurso posterior de la vida ya no es tan inteligente como para poder hacer lo que debe hacerse en los primeros años de la infancia. El cerebro primero debe hacerse plástico; el yo debe trabajar mucho más en el desarrollo de una capacidad muy concreta. [Un núcleo espiritual y anímico trabaja en el desarrollo de capacidades]. Se puede ver lo siguiente: al igual que se ve cómo se desarrolla la nueva planta a partir de la semilla, también se puede ver cómo maduran las nuevas capacidades que se cristalizan en una nueva vida humana a partir de la materia aún plástica. [Es exactamente la misma forma de ver las cosas que en las ciencias naturales]. De ahí se deriva, a través de una visión significativa de la vida, la repetición de la vida terrenal. [Un núcleo interno trabaja en el ser físico del cuerpo]. Vemos el núcleo espiritual y anímico del ser humano atravesar la puerta de la muerte, sustraerse a la mirada humana, reaparecer trabajando en su ser físico y corporal, hasta que lo ha convertido en lo que entonces solo puede ser. ¿Qué es entonces esto? El materialista dirá: es una suma de procesos materiales a partir de los cuales se desarrolla lo espiritual y anímico. Quien piense que el ser humano espiritual puede desarrollarse a partir de procesos que se derivan de lo físico, no tiene sentido para la contemplación de lo que es la vida interior del alma. Quien tenga sentido para ello, [quien quiera caracterizarlo], tal vez tenga que recurrir primero a una imagen para construir la relación entre lo espiritual y lo físico. Esta imagen podría ser la siguiente: si caminamos a lo largo de una pared y encontramos espejos colgados en distintos puntos de la misma, nos acercamos y nos vemos siempre a nosotros mismos en el espejo, no podemos vernos si no nos miramos en el espejo. Pero a nadie se le ocurriría explicar este reflejo como su esencia más íntima, y depende mucho del espejo si se ve algo y qué se ve. Del mismo modo que el ser humano se coloca delante de su espejo, donde el exterior del espejo solo refleja lo que es, así se comporta la vida espiritual y anímica con respecto a la vida física y corporal. Lo físico y corporal no es un espejo muerto, sino un espejo vivo, pero es como un espejo que nos permite saber algo de lo espiritual y anímico. Pero cuando estamos dormidos por la noche, no nos miramos en ese espejo. Cuanto más nos adentramos en una observación cotidiana de la vida del alma, más nos damos cuenta de cómo lo espiritual y lo anímico, cuando se han independizado, se perciben a sí mismos como en un espejo. Pero mientras no hayamos alcanzado esta independencia, en los primeros años de la infancia, mientras seamos inconscientes de ello, nuestro ser espiritual y anímico trabaja precisamente en nuestro ser físico y material, lo hace plástico para que podamos reconocernos a nosotros mismos. Así vemos que, a través de lo que hemos construido en una vida anterior, nos convertimos en los arquitectos de nuestra vida actual.

Otra reflexión sobre la vida puede arrojar luz sobre la cuestión del destino. El ser humano que tiene el sentido adecuado para la introspección, cuando mira atrás en su vida, se dirá a sí mismo: ¿te habrías convertido en lo que eres si no te hubiera afectado tal o cual destino? Solo una visión superficial de la vida puede separarnos de lo que ha influido en nuestro destino, y si se remonta la vida [hasta el nacimiento], como no se puede suponer que lo que se vuelve consciente de sí mismo [el yo interior] haya comenzado en la infancia, uno se dirá: entonces debe haber sido mucho antes. Se trasciende el destino que se ha vivido conscientemente en épocas anteriores; uno se reconoce como el artífice de su destino y no estará lejos de pensar que también ha traído consigo el destino en sus causas de vidas anteriores.

Solo si no se analiza la vida en profundidad se puede estar insatisfecho con tal visión. Se puede decir que la cosmovisión convierte aquello que causa tanto dolor y sufrimiento al ser humano en algo que uno mismo ha construido. Pero solo se está insatisfecho cuando se observa la superficie; cuanto más se sabe que uno mismo ha construido su destino, más se acepta ese destino, más satisfecho se está. Simplemente, no siempre se es un observador adecuado de su propio destino. [El mal destino es a menudo una necesidad para avanzar]. Supongamos que alguien ha vivido hasta los dieciocho años de forma imprudente, solo del bolsillo de su padre, y entonces el padre pierde su fortuna, el joven tiene que trabajar para mantenerse y se ve obligado a llevar otra vida. Con razón considerará que es un mal destino, pero cuando el hombre cumpla cincuenta años, dirá: «Gracias a Dios, me habría convertido en un inútil; mi miseria de entonces me ha convertido en una persona decente». Esto demuestra que el destino es un grado necesario de nuestro desarrollo.  Así, lo que se percibe como una crítica contra esta cosmovisión podría resumirse, por así decirlo, de la siguiente manera: si se puede ser un juez objetivo, lo que puede significar haberse construido la miseria y el sufrimiento, [no se estará insatisfecho], no solo se verá la miseria, sino que se verán [los necesarios] factores de desarrollo [en ella].

Pero, aparte de los resultados de la ciencia espiritual, ¿existe [la posibilidad] de imaginar que existe una conexión entre el núcleo más profundo del alma humana, [lo que uno es], y lo que [se experimenta como] destino? Una analogía de este tipo también se da en las ciencias naturales. Solo hay que imaginarse lo siguiente: ¿puede una planta de montaña prosperar en la llanura? Ella [por su naturaleza] es trasladada al entorno adecuado. [Existe una cierta atracción entre las plantas de montaña y su entorno]. Así, el ser humano es trasladado a su destino, porque ese es el lugar en el que debe prosperar. Así, siempre existe un vínculo de atracción interno entre lo que trae consigo de una vida anterior y la vida siguiente. Nos mantenemos [siempre] dentro de los hábitos de pensamiento de las ciencias naturales, incluso dentro de las ciencias espirituales, cuando respondemos al enigma de la muerte, que el ser humano atraviesa la puerta de la muerte, lleva una vida puramente espiritual hasta que vuelve a entrar en la vida a través del nacimiento; [vemos cómo en la vida actual se forma y se perfecciona un núcleo espiritual y anímico en el mundo espiritual]. Así, no consideramos la inmortalidad como una línea infinita, sino que la vemos como si estuviera compuesta por eslabones individuales y vemos, desde la esencia de lo espiritual-anímico, cómo se explica el destino del ser humano a partir de este paso del núcleo espiritual-anímico a través de las diferentes vidas [vida terrenal y vida espiritual]. Esto ya resulta de una consideración puramente externa de la vida. Pero cuando se pasa al método puramente científico-espiritual, se confirma plenamente lo que podría considerarse una creencia, si se ha entendido tal y como se ha desarrollado.

Ayer se mostró cómo el investigador espiritual es capaz de desarrollar en sí mismo fuerzas superiores. [Solo puede convertirse en investigador espiritual quien haya desarrollado su alma]. Hay varios momentos. Algunos ya se han mencionado ayer. Por supuesto, en el transcurso de una conferencia no se puede agotar ni siquiera de forma esquemática lo que el ser humano experimenta allí; pero se pueden insinuar algunos detalles y señalar algo importante, que ya intenté describir en [mi] libro [«¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?» y en] «Ein Weg zur Selbsterkenntnis des Menschen» (Un camino hacia el autoconocimiento del ser humano). En ellos se hace referencia a un descubrimiento que hace quien se forma espiritualmente, [al desarrollo que experimenta el ser humano]. Lo que experimenta [allí] lo experimenta [en un primer momento] de forma figurativa; pero esta experiencia es la expresión de una realidad significativa, de lo que realmente ocurre. En mi libro intento describir de la forma más clara posible lo que a menudo se presenta de forma inesperada como una imagen. Cuando uno ha desarrollado su alma con suficiente intensidad y durante el tiempo suficiente, llega un momento en el que puede suceder algo de cientos de maneras diferentes, pero que también puede suceder de tal forma que uno siente: ahora te está pasando algo que nunca antes habías experimentado ni vivido. Puede ser como si uno se sintiera dentro de un complejo de fuerzas, como si un rayo [golpeara], atravesara y destruyera todo lo material. A partir de ese momento, uno siente [cómo ha entrado en otra relación con el cuerpo], cómo se ha vuelto libre e independiente en la experiencia interior de aquello que le ata física y corporalmente. Uno se siente, por así decirlo, expulsado conscientemente y se siente como solo se puede sentir cuando se experimenta el desprendimiento del cuerpo en la muerte. Por eso, en la vida mística se utilizaban las palabras: uno se acerca al límite de la muerte.

Solo a partir de ese momento se sabe lo que significa experimentarse interiormente y, al mismo tiempo, saber que no está vinculado con la corporalidad interior, de la que uno se siente liberado; ahora se sabe lo que significa estar frente al espejo. [Los pensamientos no son productos del cerebro]; ahora se conoce la realidad espiritual y anímica; pero en ese momento se está separado de algo más, y eso es lo esencial. Se sabe que se está separado de la corporeidad, pero también se está separado en gran medida de lo que se ha conocido como espiritual y anímico, en lo que se estaba, en lo que se ha experimentado [de lo que se ha sentido como propio]. Los místicos que lo han conocido han dicho que uno se acerca a la necesidad exterior de la existencia. [Solo se entiende a los místicos cuando uno mismo lo conoce]; sí, esta experiencia se tiene en ese momento, [es] un descubrimiento significativo.  Al enfrentarse a un cuerpo extraño y solo poder ser espectador, uno siente que solo puede ser espectador de aquello en lo que antes se sentía protagonista; [uno se siente espectador de una vida espiritual y anímica]. Uno mismo lo siente como una especie de corporeidad fuera de sí, siente que hay procesos en ella sobre los que no tiene ningún control. Uno se siente, por así decirlo, atado, encadenado a un ser al que debe permanecer hasta las puertas de la muerte y ante el cual, sin embargo, se siente exteriormente como un espectador. Uno siente que un nuevo pensador despierta en su interior, se siente despojado de la antigua voluntad, enfrentado a ella. Mucho más que un resultado sensacional, lo importante es que él, un ser humano en desarrollo, pueda realmente tener este tipo de experiencias, que pueda conocerse a sí mismo en un mundo espiritual; y cuando se conoce a sí mismo allí, algo le queda claro. Se da cuenta de que, con el nuevo ser que ahora ha extraído de su vida anímica anterior, está mucho más cerca de la corporeidad exterior de lo que antes admitía. Estamos cerca de la corporeidad exterior. El materialista actual conoce el fenómeno del sudor, del rubor; hemos experimentado procesos físicos y corporales; estos pueden intensificarse aún más; también se puede hacer referencia a circunstancias que se manifiestan cuando se observa a una persona a lo largo de un período prolongado de su vida. Descubrimos que, si tiene una vida interior que no se queda en lo teórico, se convierte en el dueño de su vida; [el alma actúa sobre el cuerpo; los rasgos faciales cambian]. Pero todo eso son minucias en comparación con lo que se siente en el momento en que uno se ha desprendido, por así decirlo, de su espíritu y su alma, y siente que tiene en sí mismo las fuerzas para crear físicamente. [Se siente lo que tiene la fuerza para dar forma a lo físico], entonces se sienten las fuerzas que hay en el niño cuando da forma a su cuerpo plástico, [desarrolla físicamente sus capacidades]. Esta experiencia no es fácil, es bastante difícil de soportar. No se puede cambiar este cuerpo, pero se siente que a lo largo de la vida se han acumulado fuerzas que pueden construir otro cuerpo. Se siente, por así decirlo, un anticipo de las fuerzas que trabajarán en el destino en una vida futura. Uno se siente como separado, pero también ha adquirido la certeza de la experiencia espiritual y anímica, [el núcleo espiritual y anímico]. Tan seguro como se separa el oxígeno y el hidrógeno, se reconoce, a través de la separación que se realiza mediante este significativo experimento personal, que en el cuerpo humano se mezcla lo espiritual y lo anímico, un núcleo espiritual y anímico, y que el ser humano se eleva a una nueva vida, llevando en sí mismo la predisposición para ello. La certeza nos invade cuando hacemos las cosas así. Sin embargo, no hay experimentos que podamos realizar en el laboratorio; el único experimento es el desarrollo personal, la inspiración personal, y el único experimento para penetrar en los mundos suprasensibles es el propio espíritu y el alma. Uno mismo debe convertirse en la herramienta de penetración. Entonces se obtiene realmente el conocimiento sobre la conexión entre el destino en la vida actual y en vidas anteriores. Del mismo modo que se equivoca quien cree que es un producto de la naturaleza [quien cree que es él mismo en el espejo, se equivoca quien busca su yo en lo físico], también se equivoca quien le sucede lo siguiente: le sucede que no encuentra los objetos, por ejemplo, los botones que necesita para vestirse; se enfada y supone que alguien se los ha quitado. [Él pregunta]: ¿Quién me ha hecho daño, dónde debo buscar? Entonces mira más de cerca y descubre que él mismo es el causante, que ha tenido que buscar. Lo que ahora tiene que hacer es el resultado de lo que él mismo hizo el día anterior. [Así es nuestro destino]. Nuestro destino se nos presenta; lo enfrentamos con amor y odio; no lo relacionamos con nosotros mismos porque hemos olvidado que lo hemos causado [nosotros mismos]. Pero una verdadera reflexión sobre la vida amplía nuestra memoria y descubrimos que lo hemos construido nosotros mismos.

Esa es la verdadera extensión de la verdadera introspección humana. Sin duda, la ciencia natural puede penetrar en muchos ámbitos, pero no en los terrenos de lo espiritual y lo anímico. El mencionado Charles Eliot dijo que la antigua cosmovisión se ocupaba del sufrimiento del ser humano y decía: «Encontrarás compensación después de la muerte». Según Charles Eliot, la nueva cosmovisión no debe ocuparse de la muerte y la miseria, sino de la alegría y la vida. Sin duda, debemos admitirlo. Pero, ¿se puede decir tan simplemente que, partiendo de la ciencia natural, hay que construir una cosmovisión que solo se ocupe de la alegría y la vida? Se puede decir, muy bien, que [se puede rechazar ocuparse del sufrimiento y la muerte], se pueden apartar los ojos del sufrimiento y la muerte, pero el sufrimiento y la muerte se ocupan de nosotros, se nos acercan, y solo aquel que puede considerar el sufrimiento como un factor de desarrollo, que en el fondo puede responder a la pregunta: «Has experimentado la felicidad y la alegría, el dolor y el sufrimiento».  ¿Qué preferirías sacrificar de lo que has experimentado: [el sufrimiento o la alegría]? - Sacrificaría la alegría a cambio del dolor y el sufrimiento, porque en realidad es a ellos a quienes debo mi conocimiento -, diría correctamente, porque ha adquirido el verdadero conocimiento. Lo que nos hace comprender el conocimiento como factor de desarrollo, la muerte, de la que surge una nueva semilla de vida, que repele la envoltura como las hojas marchitas, nos permite considerar la muerte como el acontecimiento que nos garantiza una nueva vida. [En la muerte madura una nueva semilla de vida]. No podríamos utilizar lo que debemos utilizar para una nueva vida [la semilla] si no tuviéramos la muerte [si no pasáramos por la muerte]. Esto se convertirá en una práctica de vida, en una especie de savia vital, una vez que la educación se base en esta cosmovisión; se podrá simbolizar, a través del proceso de marchitamiento de la planta, cómo el núcleo espiritual y anímico se vuelve cada vez más enérgico, en el que nuevas fuerzas vitales quieren actuar. Esto nos dará valor para vivir. Este descubrimiento será un elixir de vida. Siempre he señalado una objeción que se plantea al respecto. Las investigaciones sistemáticas nos muestran cómo en la familia Bernoulli se heredó el talento matemático, al igual que en la familia Bach se heredó el talento musical. La pregunta es ahora la siguiente: ¿se niega algo de todos estos resultados científicos? ¿Es necesario negar algo? Mediante una simple comparación podemos comprender cómo se puede admitir todo lo que se dice legítimamente desde la ciencia natural. [La ciencia espiritual no niega nada de lo que dice la ciencia natural]. El investigador espiritual no es una persona supersticiosa, es una persona que no quiere poner objeciones [arbitrarias], que no necesita rechazar lo que es legítimo. Se admite sin duda que los hechos hereditarios tienen su justificación, [pero además de la causa materialista, también existe una espiritual]. Supongamos que alguien está delante de nosotros y otra personalidad dice: «Quiero responder a la pregunta de por qué vive realmente la personalidad que está delante de mí. Bueno, porque tiene pulmones en el interior y aire en el exterior, porque respira». Sin duda, tiene razón. Pero llega otro y dice: «Sí, pero yo sé otra razón por la que vive; una vez lo encontré ahorcado y lo corté. ¡Mi corte es la causa de que hoy siga vivo!». Esta comparación aclara todo lo que constituye la relación entre la ciencia espiritual y la ciencia natural. Si alguien afirma que vemos en un gran comandante militar su talento porque su madre [la de Napoleón], cuando lo llevaba en su vientre, tenía predilección por moverse en los campos de batalla, podemos admitirlo, pero eso no excluye que al mismo tiempo sea cierto lo contrario [que también existen conexiones espirituales y mentales]. Si se comprende suficientemente esta relación entre la ciencia espiritual y la ciencia natural, ya no se plantearán las objeciones que se suelen oír. 

Pero, por lo demás, estas objeciones tampoco tienen suficiente lógica. Vemos que el genio siempre se encuentra al final de la línea hereditaria. Ciertamente, podemos ver que los instrumentos físicos externos provienen de los antepasados, pero la individualidad tuvo que buscar los instrumentos físicos. [Esto es una prueba en contra de la herencia]. Pero si alguien basa en ello la afirmación de que todo ocurre solo en la línea hereditaria, cuando se dice que alguien ha heredado tal o cual característica de sus antepasados, porque ellos también la tenían, en realidad eso no puede ser una prueba en sentido estricto. En sentido lógico, no es una prueba, como cuando se dice que si alguien se ha caído al agua, está mojado. Una prueba externa y real solo podría encontrarse, también en sentido lógico, si el genio no estuviera al final, sino al principio de la línea hereditaria, de modo que se pudiera demostrar cómo se transmite el genio, pero eso es algo que simplemente no se va a hacer.  Se ve que las afirmaciones no se basan en la lógica, sino en ciertos hábitos de pensamiento que tienden a buscar las razones de todo en lo físico y corporal, por lo que hay que decir: la ciencia natural tiene la tarea de mostrar lo que es perecedero en el ser humano y, con ello, también concluir su tarea; pues, ¿con qué debe proceder realmente la ciencia natural? Se sirve de los sentidos, pero estos desaparecen precisamente con la muerte del ser humano. ¿Cómo se puede ganar con las herramientas que se pierden con la muerte lo que ilumina el mundo suprasensible? ¿Cómo se puede lograr esto con el intelecto, si el cerebro, al que está ligado el intelecto, se pierde con la muerte? Solo si es posible apelar a aquellas fuerzas del alma que no están ligadas a los sentidos, al cerebro físico, es posible penetrar en los mundos espirituales, suprasensibles. Y por muy cierto que sea y nadie pueda rebatirlo, si Du Bois-Reymond dijo una vez que se comprende al ser humano dormido, pero que desde el punto de vista científico ya no se le comprende cuando el rayo de la conciencia penetra en él, —[lo que constituye la alegría y el sufrimiento ya no se puede investigar] —, también hay que admitir que de esta manera no se puede encontrar la solución al enigma de la vida, que deja abierta una posibilidad de solución donde termina la ciencia natural. Si no se hace así, hay que desesperar de resolver este enigma de la vida. 

[Donde termina la ciencia natural, comienza la ciencia espiritual]. Por lo tanto, debe existir una ciencia espiritual que no niegue en ningún punto la legitimidad de la ciencia natural, pero que investigue de la misma manera [rigurosa] mediante el desarrollo de las fuerzas del alma. Entonces se produce en el ser humano un conocimiento que es al mismo tiempo vida; es algo que se derrama como un elixir de vida espiritual y anímico, por el cual ganamos valor y seguridad en la vida, por el cual sabemos por primera vez lo que somos como seres humanos y nos sentimos como espíritu, tal y como nos sentimos dentro del mundo físico-material, como lo mismo que vive ahí fuera. Cuando reconocemos la esencia de lo espiritual-anímico, nos sentimos igualmente parte de este espiritual-anímico, como un miembro del espiritual-anímico que atraviesa y entreteje todo el mundo, [de modo que nos decimos: lo que está en nosotros en forma de leyes también vive fuera, somos parte del mundo].  La ciencia espiritual debe aportar a la cultura moderna vida, vida consciente, no solo vida creyente, y eso es lo que necesita el ser humano moderno. La antigua fe ya no le basta, por la sencilla razón de que el ser humano ha recibido la educación que le puede dar la ciencia natural y exige que lo que se dice sobre el espíritu se mantenga en el mismo estilo que lo que se dice sobre la ciencia natural. Y eso nos lleva finalmente a reconocer que, por un lado, es totalmente acertado lo que dice Goethe: que, como llevamos dentro la capacidad de percibir la luz, también reconocemos la luz exterior; que, como llevamos dentro una luz divina, también podemos reconocer lo divino. Goethe dice:

Si el ojo no fuera como el sol, 
no podría contemplarlo; 
si no estuviera en nosotros el poder mismo de Dios, 
¿cómo podría lo divino deleitarnos?

Goethe señala que en nuestro interior [siempre] tenemos algo espiritual y anímico y que, al tenerlo en nuestro interior, se traslada, por así decirlo, al mundo exterior, donde podemos volver a verlo; si no tuviéramos ojos, todo sería oscuridad; es cierto que, si no tuviéramos un ojo espiritual, no podríamos admirar lo divino fuera de nosotros. Pero Goethe no solo se puso del lado de aquellas muchas personas que solo quieren reconocer lo espiritual y lo anímico en el propio ser humano, sino que se puso del lado de aquellos que sabían que, debido a que la luz atraviesa el espacio, tenemos el ojo; [debido a que el ojo es solar, vemos el sol. El hecho de que la luz inunde el espacio es la causa del ojo]. Si no hubiera luz fuera de nosotros, ¡el ojo no habría podido establecerse en nuestra vida! 

 Y así podemos concluir las reflexiones de esta noche, que nos han mostrado cómo el ser humano puede alcanzar el conocimiento espiritual mediante la activación de las fuerzas que hay en él, diciendo: No solo hay algo espiritual y anímico en nosotros, sino que es una garantía de que, al igual que nacemos del mundo físico, también nacemos de lo espiritual y anímico [que impregna el mundo].


Si el mundo no estuviera dotado del sol,
¿cómo podrían florecer los ojos de los seres?;
si la existencia no fuera la revelación de Dios,
¿cómo podrían los seres humanos alcanzar la plenitud divina?

Traducido por J.Luelmo. feb, 2026

GA069d Viena, 19 de enero de 1913 - Los Mundos Sobrenaturales y la Naturaleza del Alma Humana

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MUERTE  E INMORTALIDAD

Rudolf Steiner

Los Mundos Sobrenaturales y la Naturaleza del Alma Humana

 Viena, 19 de enero de 1913


¡Estimados asistentes! Les ruego que consideren las dos conferencias de hoy y mañana como un todo. Aunque me esforzaré por presentar cada una de ellas como un todo completo en cierto sentido, lo que tendré el honor de exponerles solo podrá verse completamente a la luz cuando lo expuesto en una conferencia se compare con lo expuesto en la otra.

Cuando hoy se hable, desde el punto de vista de la cosmovisión desde la que voy a exponer mis ideas, sobre la naturaleza del alma humana y su relación con los mundos suprasensibles, es comprensible que a quien juzgue lo que aquí se dice desde el punto de vista de la cultura general actual le resulte extraño, curioso, quizá incluso fantástico. Lo más comprensible es que así debe ser para quien se encuentra en la posición de esta cosmovisión basada en una especie de investigación espiritual, pues, por un lado, ¿cómo no iba a parecer extraño que, frente a las cosmovisiones actuales, que creen estar sobre la base sólida de la ciencia moderna, esta llamada investigación espiritual afirme que el alma humana es un ser mucho más amplio de lo que el ser humano conoce de ella en la vida cotidiana, a lo largo de todo el transcurso de la vida entre el nacimiento y la muerte? pues esta investigación espiritual quiere demostrar que la vida del alma humana no se agota en todo lo que se manifiesta entre el nacimiento y la muerte, sino que el ser del alma humana sigue su camino desde el nacimiento hasta la muerte y de nuevo desde la muerte hasta el nacimiento en nuevas vidas, como consecuencia de las anteriores [vidas terrenales y causa de las posteriores].

La existencia total del ser humano se divide, por tanto, en sucesivas vidas terrenales, entre las cuales se intercalan formas de existencia de una vida anímica y espiritual que transcurren en un mundo puramente espiritual. A primera vista, esto parece, comprensiblemente, una cosa totalmente fantástica, y nadie debe sorprenderse, ni siquiera aquellos que se basan en la investigación espiritual, de que en los círculos más amplios de los cultos actuales se considere tal visión como nada más que la fantasía de algunos entusiastas extraños, y si, por un lado, el asunto en sí mismo parece muy discutible, a esta discusión se le puede añadir fácilmente otra que también plantean muchos, a saber, la que dice: si realmente existe algo así como una vida espiritual separada de lo cotidiano, especialmente separada, el ser humano, con sus facultades cognitivas habituales, no puede, sin duda, llegar a una solución de los enigmas del mundo que se basan en los fundamentos que acabamos de caracterizar. Si alguien que está de acuerdo con la educación convencional actual dice que algo así no se puede reconocer en absoluto, otro diría que se trata de algo completamente fantástico. Y, de hecho, estimados asistentes, no es fácil acercarse a los métodos y vías de investigación que conducen a conocimientos de los que los mencionados sobre el ser del alma humana son [solo] una parte. El ser humano no puede llegar a tales resultados mediante acciones externas, mediante experimentos externos, ni siquiera mediante el método de observación habitual de la ciencia externa, y quien imaginara que la investigación espiritual puede recurrir a los métodos de la ciencia habitual, incurriría en un gran error. La ciencia espiritual no puede recurrir a pruebas similares a las de la ciencia convencional. Oh, [sin duda] todo aquello [a lo que se refiere lo que se dice] se encuentra fuera del ámbito [más allá de lo que] pueden observar las almas humanas y de lo que pueden experimentar las facultades cognitivas del ser humano, que están ligadas al instrumento del cerebro. Entonces surge inmediatamente la pregunta: ¿Existen en la esencia del alma humana posibilidades de llegar a conocimientos que no estén condicionados por los sentidos, que no estén condicionados por el cerebro humano? La respuesta a esta pregunta solo puede darla, por supuesto, la experiencia, la experiencia de aquellos que han llegado precisamente a tales conocimientos. Pero cualquiera puede preguntarse: ¿existe realmente la posibilidad de hablar de un «ser superior» del alma humana, que se desarrolla separadamente de la corporeidad externa del cerebro humano?

Un punto de partida, estimados presentes, debemos partir, como ya he hecho en otras ocasiones en las que he tenido el honor de dirigirme a ustedes, de un hecho íntimamente relacionado con todos los grandes enigmas de la vida del ser humano, que se le impone cada día de nuevo, pero que no se observa porque lo que menos quiere observar el ser humano en la vida es lo que vive como algo cotidiano. Sin embargo, es sorprendentemente más significativo ese enigma de la vida del que hablaremos más detenidamente mañana, que se resume en la cuestión de la muerte y la inmortalidad. Pero íntimamente relacionado con este enigma de la vida que conmueve tan profundamente a cada ser humano hay otro, cotidiano. Es el enigma de la vida que se esconde en el estado de transición que experimentamos cada día entre la vigilia y el dormir. No se trata aquí de las hipótesis científicas, sin duda muy interesantes, sobre la naturaleza del dormir, sino de lo que, en primer lugar, la ciencia espiritual tiene que decir de manera muy elemental sobre la naturaleza del estado de transición entre la vigilia y el dormir. Las ciencias humanas deben llamar la atención, en primer lugar, sobre lo ilógico que resulta suponer que cada noche, todo lo que surge a lo largo del día, desde la mañana hasta la noche, desaparece al sumergirnos en [la oscuridad], en la inconsciencia del dormir. Los impulsos, los deseos, las pasiones, las sensaciones, las ideas, [la alegría y el dolor], todo se sumerge en la inconsciencia del dormir; que desaparezca por la noche y [vuelva] por la mañana, que se vuelva a configurar, es algo que el pensamiento lógico no puede aceptar. Por lo tanto, este pensamiento puede considerar lo que la ciencia espiritual tiene que decir al respecto y, por el momento, considerarlo como una hipótesis. Y lo que dice es que, al dormirse, cuando el ser humano pierde el control sobre sus miembros externos y el movimiento, cuando pierde la capacidad de sentir y pensar, su ser anímico-espiritual, —así lo afirma la ciencia espiritual—, abandona en ese momento el cuerpo físico.  Fuera del cuerpo se encuentra [entonces el ser espiritual-anímico del ser humano] mientras duerme, y regresa por la mañana; cuando el ser humano [despierta] de nuevo, comienza su vida diaria, este ser espiritual-anímico, —según dice la ciencia espiritual—, se sumerge [de nuevo] en la cuerpo físico y comienza a moverse para interactuar con el mundo exterior físico y sensorial.

Ciertamente, estimados presentes, esto debe ser una hipótesis para cualquiera que aún no se haya adentrado en la ciencia espiritual; pues aunque se suponga que el ser espiritual-anímico se separa de la corporeidad y lleva una existencia propia, el ser humano no es capaz de saber nada sobre este ser anímico-espiritual; suponiendo también que haya salido de la corporeidad exterior, el ser humano pierde [al salir] la posibilidad de sentirse consciente, activo y sensible en lo que se supone que está fuera. Y si no hay posibilidad de demostrar que lo que sale realmente existe, si no hay posibilidad de demostrar que el ser humano puede llegar a experimentarse fuera del cuerpo, entonces tampoco puede haber una prueba real de lo que dice la ciencia espiritual. Quien quiera ser investigador espiritual debe aportar esta prueba, y es imposible mirar dentro del mundo espiritual, es imposible obtener conocimientos en el mundo espiritual, ya que lo que se sumerge al dormir [en el mundo espiritual], lo que se activa en el ser humano como su propio ser humano-anímico, se anima, elevado a la conciencia, incluso cuando está separado del cuerpo. El investigador espiritual debe pasar por esto como un desarrollo de su esencia espiritual y anímica para poder llegar a una [nueva] visión. El investigador espiritual debe aprender a percibir, a relacionarse con esa esencia espiritual y anímica de la que el ser humano no sabe nada en la vida cotidiana, de la que debe decir: «Aunque esté en mí, no lo sé». Esto implica que al investigador espiritual le podría ocurrir algo similar al estado de sueño, pero a la vez radicalmente diferente. Supongamos que la hipótesis fuera cierta; entonces se podría decir que el ser humano abandona su cuerpo físico durante el sueño. La vida consciente cesa, los órganos [sensoriales] dejan de funcionar, por lo que el estado dormido se [constituye] de tal manera que el alma humana, al no utilizar sus herramientas, [aparentemente] pierde el conocimiento y se sumerge en la oscuridad del dormir. El investigador espiritual debe ser capaz de provocar este estado [del alma] mediante su arbitrio, mediante su voluntad energizada. De hecho, debe provocar [arbitrariamente] lo que de otro modo le ocurre al ser humano sin voluntad: suspender toda comunicación con el mundo físico exterior. El investigador espiritual debe provocar esto artificialmente. Pero eso no es suficiente; si solo hiciera eso, no provocaría ningún conocimiento espiritual, sino que solo provocaría el estado dormido.

Una segunda cosa debe ser [lo siguiente]: cuando [el investigador espiritual], mediante su arbitrariedad, se ha independizado de todo servicio a la corporeidad, no cae en la inconsciencia, sino que sabe que se encuentra con el yo en un mundo nuevo, en un mundo más allá del mundo habitual, es decir, debe llegar a la capacidad de desarrollar la vida interior y la actividad del yo, que de otro modo parece paralizado, sin actividad interior, sin vida interior; lo que de otro modo parece irreal, paralizado, [debe hacerlo realmente real].

Al menos en principio, debo indicarles, estimados presentes, lo que conduce a tal revitalización; en mis escritos «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?», «Teosofía» y [«Un camino hacia el autoconocimiento del ser humano»]. Lo que allí se explica detalladamente, aquí solo se expondrá en principio. No se [llega] a ello mediante medidas externas, sino a través de procesos internos íntimos que pueden describirse con las palabras meditación, concentración de la vida del alma, contemplación. ¿Qué hay que entender por ello? La mejor forma de entenderlo es no imaginar en un primer momento que se trata de algo ajeno a la vida anímica habitual, algo distante. Todo lo que el investigador espiritual debe aplicar a su alma no es más que una continuación de lo que él [y la vida anímica] realiza habitualmente.

Giordano Bruno
Tomemos un ejemplo. Uno de los grandes avances en la vida espiritual de la humanidad se caracteriza por lo que hizo en su día Giordano Bruno, que se erigió como pensador universal sobre la base de la cosmovisión copernicana. ¿Qué se consiguió realmente con Giordano Bruno para la evolución de la vida espiritual? Podemos resumir lo que se consiguió de la siguiente manera: Una gran parte de la humanidad [en aquella época], en el tiempo anterior a Giordano Bruno, miraba hacia el espacio cósmico y veía girar las diferentes estrellas, pero los ingenuos hombres de aquella época imaginaban que todo el espacio estaba cerrado por el éter, por lo que se llamaba el cielo de cristal, porque se veía la bóveda celeste azul. Pero, ¿cómo miraba Giordano Bruno al espacio cósmico? Miraba al espacio cósmico y se daba cuenta de que cada mirada que se dirige hacia fuera ve infinitos, y que allí donde se presenta un límite para el ojo, en realidad no hay nada; es solo a través del ojo, a través de toda la percepción humana, que se ve algo como una esfera hueca azul.  Así pues, se rompió lo que veía el ojo; y, a través de la cosmovisión de Giordano Bruno, se rompió lo que la misión del desarrollo de la humanidad necesitaba hasta ese momento. Apareció un nuevo elemento. [El ojo tiene ante sí espacios infinitos], incrustados en el espacio infinito, mundos infinitos. El ser humano puede decirse a sí mismo: lo que ves allí, al igual que tu mirada hacia la bóveda celeste azul, es solo una apariencia, solo es provocada por tu interacción con el mundo exterior, en realidad [en verdad] no está allí. ¿Cómo se había llegado a tal visión? [Esta visión no se había obtenido] mediante la observación externa, naturalmente, ya que esta contradice tales visiones, sino mediante una mayor energización, [un fortalecimiento] de la vida cognitiva y anímica del ser humano. Se había reunido el valor necesario para adquirir conocimiento interior a partir de la información proporcionada por los sentidos y, con ello, traspasar lo que estos ofrecían. Se había explicado [lo que ofrecían los sentidos] como algo aparente y global. El hecho de que el alma humana haya desarrollado en sí misma fuerzas que pueden iluminarla sobre lo real a pesar de la apariencia exterior, es, por así decirlo, una continuación del escaso desarrollo del alma al que se dedicaron las personalidades espiritualmente destacadas, lo que se denomina meditación, contemplación, concentración.

Cómo llega el ser humano a esa arbitrariedad de desviar la atención se puede leer [en mi libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?»]. Del mismo modo que en la vida cotidiana es posible apartar la atención de algo, mediante un acto de voluntad interior superior es posible desviar toda la atención del alma de todas las impresiones externas, de modo que se llega artificialmente a un estado similar al sueño involuntario. [Pero] entonces hay que asegurarse [de que la vida del alma sea tan fuerte] que no se caiga en la inactividad, en la inactividad, y esto se logra realizando la actividad interior del alma que es necesaria para ello. Y cómo debe suceder esto nos quedará más claro si pensamos que el ser humano experimenta, piensa y siente todo lo que vive basándose en el mundo exterior. Basta con pensar en lo vacío que estaría el alma humana si de repente, en un instante, olvidara todo lo que viene del exterior. Algunos seres espirituales se sentirían demasiado vacíos. Ahora bien, también se puede llegar a una cierta profundización, interiorización [de la vida espiritual] si se toma la idea que se obtiene a través de las impresiones externas, se retiene, [se retira y] se procesa internamente, [lo que se ha obtenido a través de las impresiones externas. Esto ya es una forma de meditación]. Solo se vuelve eficaz cuando el investigador espiritual da vida a ideas que no provienen del exterior, sino que él mismo [crea] desde el alma, aunque con un eco de las realidades externas. Me gustaría destacar aquí una idea concreta, una idea que, en un primer momento, puede parecer bastante absurda para el ser humano exterior: imaginemos que tenemos delante dos vasos de agua, uno vacío y otro parcialmente lleno; imaginemos además que vertemos el agua del vaso medio lleno en el vacío;  Imaginemos que el vaso no se vacía al verter el agua, sino que se llena cada vez más cuanto más agua se vierte. Una idea absurda en el mundo exterior, pero este tipo de ideas son importantes y esenciales para otra cosa. A quien objetara que esta idea es completamente absurda, habría que responderle: esta idea no pretende reflejar nada del exterior, sino que [esta idea pretende] que el alma se active, que se despierte una idea simbólica en el alma. ¿Cómo podemos comportarnos al respecto? Esta idea puede ser un símbolo de algo [muy enigmático], profundamente significativo en la vida humana; y eso es lo que se incluye en la palabra «amor». Dondequiera que miremos en la vida humana, se nos presenta como algo fecundante, [se manifiesta como algo vivificante]. Nos plantea enigmas tras enigmas, [enigmas vitales de la más alta índole]. ¿Quién se atrevería a afirmar que puede penetrar en las profundidades del alma que se ven afectadas cuando se habla del amor? [Algo infinitamente amplio se despierta con la idea del «amor»]. Pero una característica del amor se simboliza maravillosamente con la parábola de los dos vasos, con esta idea imposible: aquel que [siempre] da una y otra vez por amor, no se va vaciando, sino que se va llenando, enriqueciéndose. Esa es una peculiaridad [del amor], de lo que se expresa allí: que el alma se enriquece cada vez más cuando da por amor. Podemos imaginar lo que se da en esa imagen simbólica; no hacemos nada tan tremendamente absurdo, porque lo hacemos [imitando al científico, al que se considera el más estricto, al matemático], lo hacemos según las matemáticas y la geometría.

Supongamos que alguien tiene una medalla delante y no tiene ni idea de su contenido sustancial, pero hay algo que sí puede ver: que es circular. Dibuja el círculo, se lo imagina. Todo lo que puede imaginar como círculo se aplica a la medalla. Entonces, ¿qué hace? Separa las propiedades de las cosas [y] las considera [individualmente], por separado, y así llega a sus conclusiones. Sin embargo, con una imagen mental de este tipo no se puede llegar tan lejos como en las matemáticas. Pero este símbolo debe conducir a la vida interior [autónoma] del alma. Ahora se trata de que, excluyendo todas las demás ideas, excluyendo todas las preocupaciones, [lo que sea la experiencia vital], uno se dedique por un tiempo a entregarse por completo a tal idea, a vivir plenamente en ella. ¿Qué se consigue con ello? Se consigue que aquel que quiere convertirse en investigador del alma haya reunido en su alma todo lo que de otro modo se fragmenta en muchas sensaciones y muchos impulsos volitivos, que lo concentre todo en una única idea que él mismo ha creado, que por tanto domina por completo, [en un símbolo]. Se requiere una energía mucho mayor de la vida anímica cuando tal idea no tiene ningún apoyo, ninguna muleta en la vida anímica exterior. Pero no basta con realizar tal entrenamiento solo durante un breve periodo de tiempo. Se necesita mucho más, como se afirma en el libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». Son necesarias ideas morales de todo tipo, que son especialmente fructíferas para la energización interior, para una revitalización interior, para una activación de la vida anímica.

Lo primero que siente el alma no es un conocimiento suprasensible, sino que ahora sabe que existe en ella la posibilidad de evocar otras fuerzas distintas a las que se experimentan en la vida cotidiana. Experimentar esto es un momento importante y esencial de la vida. Este momento no se puede comparar con nada de lo que se experimenta [en la vida cotidiana] en otras ciencias, lo que se podría llamar ampliación del conocimiento en el ámbito científico habitual; lo que se experimenta aquí solo se puede comparar con otra cosa en la vida humana, con lo que experimenta el niño después de estar íntimamente ligado a lo físico durante los primeros años tras su nacimiento. Lo vemos crecer de tal manera que el alma no está separada del cuerpo, por así decirlo, que la influencia espiritual se manifiesta en el movimiento físico, y entonces nos damos cuenta de ese momento [importante] en el que es consciente de que es un yo, hasta el que más tarde recuerda, mientras que el tiempo anterior desaparece. La vida del niño se presenta como una estructura interna dividida en lo espiritual y lo anímico. Lo físico se presenta ahora como algo diferente frente a la vida anímica, se produce una especie de nacimiento de la vida anímica, una separación de la vida anímica; no solo es que el niño haya adquirido algo, sino que se ha convertido en algo diferente, se ha convertido [con ello] en un ser diferente. En el mismo sentido, uno siente que madura cuando se alcanza lo que es posible alcanzar mediante la meditación; [se siente algo similar a lo que siente el niño en esta experiencia]. En ese momento, uno siente cada vez más cómo algo se desprende, del mismo modo que la corporeidad del niño se desprende de la vida del alma. La vida anímica se duplica, se ve cómo algo se separa, como si un nuevo ser humano naciera del antiguo [uno se convierte en otro ser, adquiere un nuevo yo, despierta una nueva vida anímica interior]; al igual que el niño, cuando comienza a tomar conciencia de sí mismo, se enfrenta a su corporeidad de una manera muy diferente a como lo hacía antes, así se enfrenta el ser humano que ha vivido esta experiencia a toda su vida anímica. Pero este es un momento que difiere considerablemente del momento que acabamos de comentar en la vida del niño; esto se puede entender claramente si se tiene en cuenta que el ser humano es, a lo largo de toda su vida, lo que ha desarrollado como sus sentimientos, pensamientos e ideas; lo que ahora experimenta espiritualmente debe separarlo de sí mismo como un nuevo yo. Lo que era interno ahora debe volverse externo, la mayor parte de ello se vuelve externo y despierta una nueva vida anímica interna, al mismo tiempo más elevada. En ese momento se sienten dos cosas: las experiencias son bien conocidas de antes, pero nunca antes se habían vivido con tanta intensidad. 

Lo primero que ocurre es que ahora uno sabe lo que es el amor propio, lo que es el amor por uno mismo. En ese momento, el amor propio se hace evidente. Ahora uno sabe: tienes que separarte de aquello de lo que estabas tan enamorado, de lo que considerabas tu todo, de lo que hasta ahora llamabas tu esencia; es como si el suelo bajo tus pies desapareciera. Ahora uno siente por primera vez cómo se ha amado a sí mismo y lo que [tiene que] arrancar cuando se le muestra objetivamente esta vida del alma. [Es natural]; en la vida cotidiana tiene que ser así, porque el ser humano ama más lo que es, por muy desinteresado que se considere. Se pasa por alto que lo que más se ama es lo que se ha ido formando poco a poco en la vida del alma [lo que hay que arrancar].  Es difícil separarse de uno mismo; y sin llegar al punto en el que, por así decirlo, uno arranca de sí mismo lo que más ama y aprecia, sin este hecho no se puede reconocer lo espiritual como algo fundamentado en los mundos espirituales. En la vida cotidiana también se tiene una sensación de lo que es expulsar el amor propio; la fuerza [del altruismo] que ahora se necesita para esta sensación solo se aprende en un punto determinado del desarrollo de la vida espiritual meditativa y concentrada, que permite al alma tomar conciencia de su propia esencia.

Lo segundo es tomar conciencia: ¿qué eres ahora [en tu esencia], después de haber convertido tu esencia en tu envoltura, [después de que lo que parecía ser la esencia sea solo la envoltura]? Al principio se siente que no se es gran cosa, que lo que se presenta como un nuevo yo es muy débil. Lo que se necesita ahora es valor interior para mantenerse firme frente a la sensación de impotencia, de vacío de todo el nuevo ser. En el fondo, una de las experiencias más importantes del investigador espiritual es arrancar el amor propio y superar el enorme miedo que surge cuando se reconoce la propia impotencia del nuevo yo. Ahora bien, en la vida cotidiana también está presente lo que el investigador espiritual alcanza allí, está presente en todos; no se le da nada nuevo al ser humano, solo que el investigador del alma puede tomar conciencia de ello en el nivel caracterizado.  Entonces se enfrenta a lo que realmente es, y solo ahora llega el autoconocimiento. ¿Por qué el ser humano no puede tenerlo siempre? [¿Por qué no estaba ahí antes?] Y aquí llegamos al importante descubrimiento que debe hacer todo aquel que quiera convertirse en un científico espiritual, que transforma la esencia de su alma para poder ver los mundos suprasensibles: se da cuenta de que es bueno en la vida cotidiana que todo eso [el autoconocimiento] no se produzca, porque el ser humano no sería capaz de soportarlo. El entrenamiento debe consistir en que [en el momento en que se despoja de la envoltura del alma], sea capaz de enfrentarse a sí mismo, de arrancar todo el amor propio, de tener el valor necesario en grado suficiente. Que el ser humano no se enfrente a ello en la vida cotidiana [real] es una protección, porque [el ser humano común] no podría soportarlo [que lo que antes era interno se hiciera externo]. Por eso, en las ciencias espirituales se habla de que [en ese momento] uno se presenta ante el «guardián del umbral». Con umbral se refiere a aquello que hay que traspasar si se quiere entrar en el mundo suprasensible. Se dice que la vida cotidiana encuentra protección en este guardián del umbral, porque solo entonces comienza, en el fondo, la posibilidad de relación del alma con los mundos suprasensibles, solo entonces el alma está preparada para poder mirar dentro de los mundos suprasensibles. Solo entonces el ser humano comienza a convertirse en un investigador espiritual.

Porque llega un momento en el que el ser humano, cuando ha cultivado durante suficiente tiempo ese fortalecimiento interior de su vida anímica, cuando ha puesto durante suficiente tiempo esas imágenes simbólicas ante su alma [que él sabe que están ahí para fortalecer las fuerzas del alma], entonces su alma se ha fortalecido, entonces percibe también el fruto de ese fortalecimiento, entonces se da cuenta de ese momento importante y significativo que siente como una iluminación. De las profundidades indefinidas de la vida del alma surgen [por sí solas] tales imaginaciones que parecen mostrarle nuevos mundos. Ahora ha llegado el momento más importante y decisivo para el alma del investigador espiritual. Ahora debe ser capaz de tomar una decisión que es tremendamente difícil. La razón por la que es difícil puede deducirse de una comparación, de la comparación de lo que le sucede a una persona cuando, sin su intervención, surgen en ella imágenes nuevas que no provienen de hechos externos. Ya saben, se les llama visiones, alucinaciones, delirios y cosas por el estilo. Quien sea un científico externo se verá tentado a decir: lo que experimenta el investigador espiritual no es más que delirios que surgen en un alma enferma.

Ahora bien, no es fácil explicar la diferencia, pero cualquiera puede comprenderla si vuelve a hacer una comparación. Seguramente usted también sabe lo que le ocurre a una persona que, debido a una enfermedad, ha llegado a tener tales delirios. Intentar convencer a un enfermo así de que abandone esos delirios es una tarea inútil. Ahora se pone de manifiesto lo [mucho] que el ser humano está enamorado precisamente de lo que él mismo ha creado. El ser humano debe llegar precisamente a eso, a que, como investigador espiritual, no esté tan enamorado de su imagen, y por eso debe arrancar de raíz el amor propio; debe saber que en todo lo que surge como idea, solo tú mismo vives en ello; como sombras de tu propia esencia, lo que es la naturaleza interior del estado de ánimo del alma se expresa en lo que te rodea. Esto es muy difícil, porque se puede conocer a personas que han llegado a tales experiencias a través de ciertos ejercicios, de enfermedades, de las que no hablaremos aquí, y cosas por el estilo. Oh, tales personas son dichosas en el mundo que desean conquistar. Se pueden contar cosas extrañas, están completamente convencidos de este nuevo mundo. Que eso no suceda, forma parte del entrenamiento espiritual. Sí, la voluntad debe ir más allá; no debe quedarse solo en el conocimiento, eso no ayuda a largo plazo. Se nos presenta un mundo nuevo y maravilloso, pero hay que saber lo que significa, que ha surgido del estado de ánimo interior del alma. [Se necesita una voluntad fuerte para decirse a uno mismo: todo esto es solo un reflejo de tu propio ser; un conocimiento abstracto no sirve de nada aquí]. La decisión de la voluntad debe ser tan fuerte [que sea capaz] de borrar todo este mundo [imaginativo] del yo, para que ya no exista. Ese es el Rubicón que hay que cruzar. Uno se ha creado este mundo y debe ser capaz de borrarlo. [Solo quien ha pasado por eso puede hablar de ello]. Pero cuando ha logrado borrar todo este mundo del yo, [entonces se ha objetivado], entonces ha liberado la conciencia para experimentar un nuevo mundo objetivo.  Las cosas vuelven, de manera similar a las ideas olvidadas que descansan en lo más profundo del alma, y sin embargo de una forma completamente diferente; [la imaginación descansa en el interior del alma]. El alma se ve entonces transportada por sus propias fuerzas a un mundo completamente nuevo. Es tan peculiar lo que se experimenta en esta etapa del conocimiento; es como si se experimentara algo completamente nuevo, que ha capacitado al alma para percibir un mundo espiritual objetivo. Ahora la vida del alma se ha convertido en ojo espiritual, en oído espiritual; ahora no se percibe [solo] a sí misma, [se ha vuelto objetiva]; ahora el alma es ojo y oído espirituales, porque ya no se ve a sí misma. Así como el ojo exterior [no se ve a sí mismo], no sabe nada de sí mismo y, por lo tanto, se ha vuelto permeable al mundo exterior, [así] el ser humano, mediante los procedimientos realizados, debe haberse vuelto, por así decirlo, permeable al mundo espiritual; [entonces se ve el mundo suprasensible]. Cuando se ha vuelto permeable a través de su energía en su raíz, ¡encuentra lo que vive dentro del alma!

Bueno, se podría decir: todo lo que encuentra el investigador espiritual podría ser autosugestión, engaño. Ya he mencionado aquí lo que alguien me dijo en otra [laguna en la transcripción]: el alma es algo peculiar, a menudo se imagina que tiene una realidad ante sí. — Habría que objetar que no hay prueba de nada de lo que se puede experimentar en ningún mundo, excepto la experiencia [misma]. Solo la experiencia da la prueba. Solo tenemos que recordar una extraña afirmación filosófica de Schopenhauer, en la que se basaron filosofías. Cuando oímos que el mundo es una idea y que, en el fondo, todo lo que se le presenta al ser humano es [solo] una idea, hay que responder que las ideas se distinguen claramente de la experiencia. Una cosa es formarse la idea más clara de un trozo de hierro caliente y otra muy distinta es tocar realmente un hierro caliente; en el segundo caso, uno se quemará, pero en el primero, con toda seguridad, no. No hay prueba de la realidad más que la que nos da la experiencia directa. Si nadie hubiera visto nunca una ballena, nunca podríamos demostrar que ese animal existe realmente. En la vida misma, la realidad está garantizada por esta experiencia. Lo mismo ocurre en los mundos suprasensibles. Quien ha llegado a donde debe llegar el investigador espiritual, experimenta allí la realidad de los mundos en los que ha entrado, y si ese señor ha dicho que hay personas que pueden imaginar una limonada con tanta claridad que creen saborearla, hay que decir: Sí, ciertamente, puede ocurrir que alguien pueda imaginar el sabor de una limonada a partir de su representación, pero ¿se ha llevado la experiencia hasta el final? Solo lo estará cuando haya saciado su sed, y nadie ha saciado nunca su sed con la mera representación del sabor. La experiencia debe llevarse a cabo hasta el final, y esta culminación de las experiencias se experimenta cuando se ha entrado [realmente] con el alma en los mundos suprasensibles. Solo cuando se ha accedido de esta manera a los mundos suprasensibles, se está en condiciones de comprender la esencia suprasensible propia.

Esta naturaleza propia se hace especialmente evidente cuando uno echa la vista atrás a su propia vida. Sin embargo, al ser humano le resulta muy difícil reconocer su propia vida, ya que todo lo que parece habitual es, en realidad, una parcialidad provocada por las circunstancias de la vida y por la predisposición. Nos encontramos con idealistas y materialistas; unos consideran a los otros unos necios. No basta con comprender un autoconocimiento superficial. Mentes más profundas, como la de Goethe, por ejemplo, sabían, frente a estos diferentes puntos de vista, que en el fondo cada uno de ellos solo representa una parcialidad. Lo material debe reconocerse con leyes materiales; lo espiritual, con leyes espirituales, pero Goethe se situó en cada punto de vista y no llegó a considerar al espiritualista como un necio, porque sabía que solo a través de sus fuerzas espirituales se puede comprender la vida suprasensible.  Cuando el ser humano se aleja de sí mismo, su propia vida se convierte en una imagen, en algo que se le presenta como antes se hablaba de la imaginación, y cuando ahora aplica su fuerte decisión a su vida, cuando reprime todo lo que reconoce [mediante una fuerte decisión de voluntad], cuando toda la vida, una vez que ha existido, se convierte en una idea olvidada, entonces puede surgir fuera del cuerpo, aquello que uno es entre el nacimiento y la muerte, aquello que trasciende la muerte, [lo que uno es fuera de la vida individual en un mundo puramente espiritual]. Uno se conoce a sí mismo como un ser espiritual que abandona el cuerpo y vive en un mundo puramente espiritual entre la muerte y el nuevo nacimiento, que lleva consigo lo que ha experimentado a la nueva vida y que ahora contribuye a construir el cuerpo humano, para más tarde tomar conciencia de sí mismo. En resumen, a través de la experiencia también se llega a conocer la naturaleza más amplia del alma, que no está limitada por los límites que restringen nuestra vida; [es un ser que trasciende los límites de la vida y pasa de una vida a otra.

De este modo, esta nueva vida incorpora un elemento similar al que aportaron Copérnico y Giordano Bruno. Mientras que en la época de Giordano Bruno las personas miraban hacia las estrellas y asumían un mundo limitado, él lo rompió y lo explicó como algo fuera de las limitaciones de la vida del alma; así, la investigación espiritual, en plena armonía con la ciencia natural, resolverá el enigma de la muerte [laguna en la transcripción], mostrando que, al igual que el firmamento no es un límite real, el límite que se establece para la vida desde el nacimiento hasta la muerte no es real, sino que solo es provocado por la percepción humana. Estamos encerrados por el nacimiento y la muerte como por un firmamento espiritual; pero, al igual que Giordano Bruno rompió lo limitado [mostrando a los seres humanos la infinidad del espacio], también lo hará la investigación espiritual en plena armonía con la ciencia natural [mostrando la ciencia espiritual la infinidad del espíritu].

Pero, ¿cómo se comporta el investigador espiritual con aquel que no puede convertirse en investigador espiritual, que solo puede leer y escuchar lo que el investigador espiritual puede comunicar? No es válida la objeción de que solo el investigador espiritual puede ver los mundos espirituales. El investigador espiritual es como el pintor frente a su cuadro. Si dos personas se encuentran ante el cuadro, una indiferente y la otra con una sensación viva, a esta última se le puede abrir todo un mundo. Pero el hecho de que el cuadro haya podido realizarse se debe al arte del pintor. Él debe haber superado lo que le llevó a pintar el cuadro; pero cuando el espectador se adentra en él, se hace presente lo que el pintor había pensado. El investigador espiritual debe llegar a poder describir con conceptos y palabras comunes lo que ha obtenido de la ciencia espiritual. Para comprender un cuadro no es necesario ser pintor.  Así, también se puede percibir como verdad lo que expresa el investigador espiritual. Por lo tanto, los resultados de la investigación espiritual pueden ser reconocidos, incluso si no se es investigador espiritual. Así pues, lo que ofrece la investigación espiritual puede convertirse perfectamente en parte de nuestra vida cultural. Quien se compromete [realmente] con los conocimientos de la investigación espiritual puede [de este modo] llegar a un conocimiento real del mundo suprasensible y del alma humana. [Puede] tomar conciencia del mundo suprasensible con tal certeza que, frente a todas las objeciones que puedan surgir por parte de aquellos que, por razones comprensibles, consideran la teosofía como una locura y una fantasía, se verá en una situación similar a la que Goethe se vio empujado una vez a pronunciar su extraña frase frente a personas que, como filósofos, negaban el movimiento. Ya en la antigua filosofía griega existía la negación del movimiento. Estos filósofos decían: cuando [se dispara una flecha y] se ve la flecha volando en un instante, [siempre] descansa en un punto de reposo, en el instante siguiente está en el punto de reposo y así sucesivamente; por lo tanto, siempre está en el punto de reposo, por lo tanto, no está en movimiento en absoluto, [por lo que no hay movimiento]. Goethe dijo, cuando esto se le ocurrió, lo cual es una prueba creíble:

Puede que se vea algo hostil,
permanece tranquilo, permanece en silencio;
y si te niegan el movimiento,
pásales por delante.

Él quería decir que se han demostrado los hechos, lo que también puede demostrarse de manera completa con la razón, pero de manera contraria. Del mismo modo, uno querría comportarse así cuando ha obtenido la certeza de la realidad del mundo espiritual, del alma humana misma y de su fundamento en el mundo suprasensible. Entonces uno quisiera recordar esta frase de Goethe cuando hay personas que [quieren] demostrar sin fisuras desde su punto de vista que no puede existir un mundo suprasensible y que, si existe, no puede ser conocido, entonces uno quisiera replicar a estos negadores de la vida espiritual y de la existencia del alma humana cuando se muestran hostiles hacia la cosmovisión de la investigación espiritual:


Puede que sucedan cosas hostiles,
pero tú mantén la calma, mantén la serenidad,
y si te niegan el espíritu,
no sigas dándole vueltas.
Sí, al final dale la razón,
su espíritu está en mal estado.

Traducido por J.Luelmo feb, 2026