CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA108 Pforzhein, 17 de enero de 1909 Sobre la vinculación del ser humano con la tierra

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EL SENDERO DEL CONOCIMIENTO

Rudolf Steiner

Pforzhein, 17 de enero de 1909


Alegría y dolor en los tres reinos de la naturaleza. Los cuerpos celestes como escenarios de entidades espirituales. El descenso del Cristo del sol a la tierra. La experiencia de Pablo en Damasco. Influencias de Lucifer y Ahriman en el curso del desarrollo humano. Terremotos, erupciones volcánicas y karma humano. El apaciguamiento de los elementos de la naturaleza mediante la obra del Espíritu de Cristo en el corazón de los hombres.

Después de la inauguración de la rama de Pforzheim estamos de nuevo juntos y llenaremos mejor nuestro tiempo entrando inmediatamente en un tema espiritual, un tema que, a través de la Antroposofía, muestra que no sólo absorbemos enseñanza y pensamientos, sino que nuestra vida de sentimiento y de experiencia se enriquece, se calma y se protege. No nos atrevemos a imaginar que la enseñanza, la imaginación y los pensamientos no tengan importancia en nuestra vida de sentimiento. Es así: en nuestro tiempo llegaremos gradualmente a decir: De pensamientos y ciencia hay suficiente en el mundo y sólo necesitamos tomar algún que otro libro de instrucciones sobre los mundos de las estrellas o cualquier otra cosa, para llenar nuestras mentes con suficiente ciencia. La teosofía, sin embargo, debería estar involucrada con el estado de ánimo o la experiencia. - Eso es definitivamente correcto porque la ciencia, tal como se encuentra a través de conferencias y publicaciones populares, puede ofrecer poco para el corazón y el alma. Sin embargo, no nos atrevemos a concluir que la enseñanza, la observación y el conocimiento carezcan de valor.


El conocimiento científico espiritual es muy diferente a las enseñanzas de la ciencia exterior. Cuando permitimos que el conocimiento espiritual trabaje realmente en nosotros, se transforma en nosotros como sentimientos, como impulsos del alma, como una forma de pensar y de ninguna otra manera podemos adquirir valor, certeza y poder salvo a través de la profundización de este conocimiento. Es muy distinto limitarse a reconocer y conocer las cosas perceptibles por los sentidos y los acontecimientos pioneros, cómo se producen las cosas, que penetrar detrás de las cosas sensuales en los acontecimientos espirituales precedentes. Cuando permitimos que los acontecimientos espirituales actúen a través del alma, nos volvemos cálidos, sanos y fuertes. Reconocemos las conexiones entre nosotros y aquello que teje el mundo entero como espíritu y alma, los originadores de todas las apariencias. En consecuencia, queremos comprender la relación entre el mundo sensorial exterior y nuestra alma. Al observar nuestra propia alma, encontramos por así decirlo las cosas más cercanas a nosotros -sufrimiento, alegría, dolor y placer- y ahora surge la pregunta: Cuando las ciencias espirituales dicen que todo en el mundo está penetrado por el espíritu, entonces podemos argumentar que el sufrimiento, la alegría, el dolor y el placer también pueden encontrarse en aquellas cosas que nos rodean, así como en aquellas cosas que también encontramos como insensibles, indoloras e insensibles. - Necesitamos adquirir la forma correcta de pensar sobre las cosas que nos rodean, a través de la Antroposofía.

Vemos, por ejemplo, las diversas plantas, animales y minerales que nos rodean. No sólo los animales nos proporcionan por igual alegría y sufrimiento, placer y dolor; eso nadie lo duda. Con las plantas y el mundo aparentemente sin vida de las piedras podemos llegar a dudar de que los sentimientos, el placer, la alegría y el dolor puedan serles inherentes. Precisamente esto, que adquirimos como experiencias relacionadas con todo el mundo circundante, es que todos los seres no sólo están físicamente vinculados a nosotros, sino que estos seres se vinculan a nosotros de tal manera que tienen contenido anímico, igual que nosotros tenemos contenido anímico. Ahora debemos profundizar en nuestro interior, de la manera correcta, lo que la investigación espiritual y el conocimiento espiritual tienen que decir al respecto. Incluso se entiende en nuestro tiempo, a partir de pensamientos más sensoriales, que las plantas podrían poseer algo espiritual, sí, uno puede estar tentado de admitir que una piedra aparentemente sin vida podría contener algo espiritual.

Si se tiene en cuenta que todavía se pueden cometer errores fácilmente si no se tiene en cuenta la investigación científica espiritual, se puede decir fácilmente: Si corto el cuerpo físico de una persona entonces le causo daño, lo mismo con los animales; pero cuando corto una planta, ¿también se sentirá herida? - De ahí puedo deducir que si aplasto una piedra, también la estoy hiriendo. En consecuencia, cuando la gente piensa en estas cosas, llega a creer que todo lo que sucede a otros seres se experimenta de la misma manera que a los seres humanos, y debido a esta creencia, les resulta tan difícil entrar con sus pensamientos en el conocimiento del saber espiritual. La ciencia oculta nos ofrece una manera muy diferente de reconocer la naturaleza anímica de las plantas y de las piedras, por ejemplo. Parece, cuando contemplamos la planta, que ciertamente, cuando la planta está parcialmente dañada donde crece de la tierra hacia las alturas, ningún sentimiento de dolor penetra en la planta, que no le duele, sino que sucede lo contrario. Aquello que comprende el alma real de la planta siente placer, casi alegría, cuando sobre la superficie de la tierra se destruyen partes sensibles de las plantas. El dolor sólo comienza para el alma de la planta cuando ésta es arrancada de la tierra, desarraigada; un dolor similar se experimenta cuando a nosotros o a los animales, por ejemplo, nos arrancan el pelo. Esto es algo que un alma puede experimentar gradualmente cuando se encuentra en el llamado camino o sendero del conocimiento.

Estas cosas sólo nos permiten experimentarlas en nuestras propias almas cuando transformamos nuestras almas de tal manera que despertamos los poderes dormidos y verdaderos del conocimiento. Entonces comienza para el alma la capacidad no sólo de sentir compasión hacia otras personas, sino de tener compasión por todo el resto de la naturaleza, y el resto de la naturaleza se vuelve comprensible de un modo maravilloso.

Ahora podríamos decir: ¿Qué obtenemos de la investigación científica espiritual si nosotros mismos no podemos sentir tales cosas? - Es una objeción incorrecta si creemos que la Antroposofía no tiene sentido. Ya cuenta con un relato de hechos anímico-espirituales de gran valor. Cuando tales conocimientos hablan, por ejemplo, de la relación entre el sufrimiento y la alegría de las plantas, entonces tenemos que reflexionar sobre ellos y dejar que actúen en nosotros. A través de nuestra mera reflexión con respecto a este conocimiento atraemos fuerzas contenidas y pronto sentiremos que efectivamente es así, lo que dice la ciencia espiritual. Aprendemos sin embargo a través de saber que cuando miramos en la sabiduría de la naturaleza, el alma de la planta experimenta placer cuando la cogemos. De esto podemos sacar la noción de que podemos pensar lo que va a pasar si la planta hubiera podido experimentar dolor. Piensen que gran parte de los seres de la tierra se nutren a través de las plantas, y que a través de la alimentación de personas y animales el dolor podría extenderse cada vez más por la tierra. No es así, pero el placer y la alegría se extienden sobre la tierra cuando un animal pasta en un prado. Quien tiene conocimiento de esto, siente que corrientes enteras de alegría se tejen sobre la tierra cuando en otoño la hoz corta las briznas de grano. Cuando el animal joven mama la leche de su madre no significa que haya dolor, sino un sentimiento definido de placer. Así nos adentramos en la sabiduría de la naturaleza cuando vamos por la vida de esta manera.

Contra estas cosas nunca se debe volver la espalda: sí, puede parecer más suave bajo las circunstancias cuando se arranca una planta con sus raíces y se vuelve a plantar, en lugar de coger flores. - Ciertamente, pero esto no cambia el hecho de que el desarraigo causa dolor real al alma de la planta. Arrancar deliberadamente las flores puede, naturalmente, desde cierto punto de vista, ser reprendido, pero incluso eso no cambia en nada el hecho de que el alma de la planta experimente placer. Desde distintos puntos de vista se ve diferente. Una persona puede considerar, por ejemplo, desde el punto de vista de la belleza, que arrancarse las primeras canas parece bastante justificado, aunque cause dolor. Algo más nos llama la atención cuando hacemos esta comparación entre arrancar las plantas y arrancar el cabello humano. Empezamos a comprender lo que significa que la ciencia espiritual no considere una sola planta, sino que, por así decirlo, considere el crecimiento de las plantas en toda la Tierra. Al igual que el cabello pertenece a todos los seres humanos, así las plantas y la tierra crean una unidad, y comprendemos y también podemos pensar que, lo que llamamos el "yo" (Ich) en la ciencia espiritual con respecto a una persona, no lo encontramos en una sola planta, sino en el punto central de la tierra. La planta no es en absoluto un ser único, sino que se convierte en parte del gran ser vivo, que existe a partir de muchos seres vivos únicos, pero que tiene su "yo" en el centro de la tierra.

Nadie se atreve a plantear la pregunta: ¿Hay lugar para este "yo" en todas partes? - Ciertamente, porque es espíritu y puede penetrarlo todo. Así, nuestra tierra se convierte en un ser vivo. Así que cada planta se convierte en algo que crece de un gran ser suprasensible y, en la superficie, se convierte en lo que las uñas o el pelo son para el ser humano. Cuando nos tomamos en serio este hecho, ya no discutimos sobre áridos conceptos cerebrales relativos a un planeta físico en el que vivimos, sino que sentimos que no sólo somos seres vivos, sino que estamos vinculados a un gran ser vivo que es nuestro planeta. Aprendemos a tomar conciencia de este ser espiritual y aprendemos que se trata de algo más que una simple comparación, cuando, en la savia que fluye por la planta sucede algo parecido a cuando la sangre recorre el cuerpo humano. Aprendemos a transformar estas cosas en nuestros sentimientos comprendiéndolas espiritualmente.

Cuando tocamos una planta experimentamos lo anímico-espiritual, nos sentimos seguros dentro de lo anímico-espiritual. Gradualmente se hace posible añadir el pensamiento dado en la ciencia espiritual: La tierra ha pasado por diversas metamorfosis. Cuando nos remontamos al pasado más lejano, descubrimos que la tierra tenía un aspecto muy diferente, que, por ejemplo, las masas rocosas tan sólidas que tenemos hoy no existían entonces. Hubo un tiempo en el que la Tierra sólo tenía aire y agua y un cierto grado de calor. Sólo gradualmente la solidez se desarrolló a partir de las condiciones fluidas y suaves. Al contemplar todo este desarrollo, la actividad dentro de todo el desarrollo nos parece de crecimiento y prosperidad. En un momento dado, la Tierra era joven y, con el tiempo, se volverá vieja y deteriorada.

Si aplicamos todas las imaginaciones que relacionamos con nosotros mismos, con la tierra, entonces comprenderemos que durante nuestro desarrollo terrestre se alcanzaron ciertas etapas extraordinariamente importantes. Traeremos tales etapas importantes de nuestro desarrollo terrestre ante nuestras almas cuando contemplemos lo siguiente: Ya desde el crecimiento vegetal de nuestra tierra nos damos cuenta, al considerar la tierra en su conjunto, de que es un ser vivo. Del mismo modo, otros cuerpos celestes son seres vivos que están en cierta relación con nosotros. Observemos nuestro sol y nuestra luna. Consideremos el sol. Todos ustedes saben lo que le debemos al sol. Todos saben que cuando han descansado durante la noche, cuando han estado en un estado de conciencia que ha hecho que el cuerpo astral y el yo (Ich) abandonen los cuerpos físico y etérico, saben que cuando el cuerpo astral y el yo regresan, por así decirlo, esperan todo lo que la tierra le debe al sol. ¿Qué sería de la tierra sin el sol? El sol rodea toda nuestra masa terrestre de calor y luz. Pero tenemos que considerar la actividad de tal cuerpo celeste sobre otro no sólo como meramente sustancial y materialista sino que tenemos que tener claro que este sol no sólo tiene un cuerpo físico flotando en el espacio sino que el sol está habitado por seres espirituales y que en cada rayo de sol no sólo nos llega luz física sino también actividad espiritual.

Siempre ha existido un intercambio espiritual entre el sol y la tierra, pero ha cambiado esencialmente en el curso de la evolución terrestre. Aunque durante muchísimos millones de años no se ha producido ninguna gran diferencia en el intercambio físico entre el sol y la tierra, sí se alcanzó un estadio espiritual y significativo. Se trata de seres elevados, que viven en la luz y el calor del sol y que desde allí trabajan en la tierra, inundándonos de luz y calor.

Un Ser solar, que tuvo hasta un momento determinado su etapa en el sol, que el hombre a través de largos, largos ciclos terrenales sólo pudo observar clarividentemente, este Ser descendió en un momento determinado del sol a la tierra. Esto es algo que nos permite ver en profundidad el desarrollo espiritual: a través del acontecimiento que llamamos el Misterio del Gólgota, o en otras palabras, a través del paso de Cristo por la tierra, el Ser espiritual que había estado hasta ese momento en el sol, se unió con la tierra. Se conectó con la tierra. La división del tiempo terrenal de la humanidad en precristiano y postcristiano tiene su origen en esto: en que este ser vivo, al que llamamos tierra, experimentó mediante este hecho un importante desarrollo a través de la aparición de Cristo en la tierra. Lo que antes sólo se encontraba en el sol, desde entonces se puede encontrar en el cuerpo astral de la tierra. El cuerpo astral de la tierra cambió a través del Misterio del Gólgota: en el mismo momento en que la sangre brotó de las heridas del Redentor, en ese momento el alma de Cristo se sintió unirse con el cuerpo de la tierra.

Para que podamos considerar correctamente la historia del cristianismo, es necesario comprender este hecho. Podemos preguntarnos: ¿cuál fue entonces uno de los acontecimientos más importantes con referencia a la propagación del cristianismo? Cuando uno mira la propagación del cristianismo uno puede decir: en primer lugar más había sido logrado por Pablo que aquellos que eran los compañeros físicos de Cristo Jesús en Palestina; Pablo que no era compañero físico de Cristo Jesús, que incluso había perseguido al Cristo. Pablo no se hizo creyente por compartir la vida y el sufrimiento del Cristo, sino que se hizo guerrero de Cristo por el Acontecimiento de Damasco.

En teología se levanta mucha polvareda sobre el suceso de Damasco. Sin embargo, nadie llega a comprender los sucesos de Damasco si no es a través de la ciencia espiritual. Intentemos armonizar todo esto en pocas palabras, que serán pronunciadas ahora. En el momento en que la conciencia razonadora de Pablo cambió a la conciencia superior, ¿qué vio? Vio en ese momento a este espíritu en el mundo astral, que se había convertido en el espíritu de la tierra; vio al Cristo viviente, que desde el Acontecimiento del Gólgota se había unido con la tierra. Uno bien puede preguntar: ¿qué era esta luz que él vio, que la gente no podía ver antes? - Pablo aprendió a conocer a Cristo desde el momento en que Cristo se unió a la tierra. Así podemos señalar este momento importante de la tierra diciendo: la tierra se preparó para esto, para convertirse en un cuerpo digno para el Espíritu de Cristo y mientras la tierra se preparaba para la unión de sí misma y el Espíritu de Cristo, durante este tiempo el Espíritu de Cristo trabajó en ella. Cristo dijo según el Evangelio de San Juan: "Quien come mi pan, me pisa con sus pies". Las personas que caminan sobre la tierra pisan la tierra con sus pies. "Quien come mi pan, me pisa con los pies" es una expresión del misterio que encierra esta importante etapa del desarrollo terrenal.

¡Cuán infinitamente profundo se vuelve esto con la inauguración de la Comunión con esto en mente, que la tierra se convirtió desde entonces en el cuerpo de Cristo! Cuán significativo se vuelve esto con referencia a las palabras: "Esto es mi cuerpo" y lo que fluye a través de las plantas: "Esta es mi sangre". Aprendemos a tomar al pie de la letra lo que sólo nos atrevíamos a pronunciar con palabras. Así llegamos, cuando consideramos la tierra como viva, como un ser vivo que madura gradualmente, al momento justo, listo para la aceptación del alma de Cristo.

Así que desde todos los lados parece que nos encontramos con el planeta físico como espiritual; parece penetrado por el espíritu. Entonces aprendemos a comprender las conexiones entre aquello con lo que nos encontramos a diario y lo suprasensible. Cuando dirigimos nuestra atención del reino vegetal al reino de la piedra, entonces no aparecerá a través de la conciencia clarividente que infligimos dolor cuando aplastamos una piedra hasta convertirla en polvo; por el contrario, cuando una piedra se convierte en polvo, lo que podríamos llamar el alma de la piedra, experimenta placer y alegría. Los que tienen la clarividencia saben que al aplastar el mundo de piedra, la alegría brota de la roca. Cuando, por ejemplo, se disuelve sal en un vaso de agua, el placer se extiende por el agua al separarse las partículas de sal. Ocurre lo contrario cuando, por enfriamiento, la solución de sal se cristaliza; por la aglomeración de las partículas de piedra se produce el dolor. Volvemos a profundizar en la forma en que nos hablan los Iniciados, cuando quieren decir a la humanidad algo así.

Estas cosas no se dicen simplemente. Debemos repasarlas espiritualmente para llegar a comprender los grandes documentos religiosos. Ya se ha dicho que originalmente no existía ningún reino de roca dura, que la tierra era fluida. Su solidez llegó a existir por la acumulación de elementos y por el endurecimiento. ¿Qué deben el hombre y el animal a la condensación de la tierra? ¿Seguramente para que el hombre y el animal puedan vivir en el estado actual? Sin suelo sólido y tierra la tierra no podría ofrecer una base para el hombre y el animal. Ahora trae esta imaginación a nuestras almas como historia espiritual real. Esto apenas se entiende cuando sólo se considera con la mente de un físico. Sólo cuando nosotros, con nuestros corazones y mentes, exploramos el nacimiento de la tierra, entonces podemos ser conscientes de lo que hay en el reino de piedra, que los procesos del alma están en juego, mientras que la tierra se solidifica. El dolor y el sufrimiento estaban implicados - a través de esto, el hombre y el animal deben la posibilidad de vivir en la tierra.

Estos son los hechos que están en la base de las palabras de Pablo después de su Iniciación y percepción en estas cosas: "Todas las criaturas sufren y suspiran bajo la solidificación gradual, todas las criaturas suspiran y esperan la espiritualización". Él apunta con estas profundas palabras a lo más íntimo, al alma de los seres terrenales. Ahora podemos poner alma a todo, mirando a través de los ojos de la ciencia espiritual, y sólo vislumbrando el alma y el espíritu en todo, encontraremos gradualmente que el mundo que nos rodea se hace cada vez más comprensible. Llegaremos a comprender que el mundo que nos rodea, como en la fisonomía, es la expresión exterior de una vida interior. Entonces aprenderemos a comprender que el mundo se ve exactamente como se le aparece a la gente. Además, aprenderemos a comprender que detrás de todo lo físico está lo espiritual anímico, que tiene que ser el origen de todo lo físico, y cuando los investigadores espirituales nos llevan atrás, nos muestran cómo, en un pasado muy, muy lejano, todo se desarrolló gradualmente a partir de lo espiritual. El ser humano descendió gradualmente del mundo espiritual al físico, y no debemos imaginar este descenso como algo tan materialista como se suele hacer hoy en día, sino preguntarnos: ¿de dónde procede este mundo material real que nos rodea, que se extiende cada vez más a nuestro alrededor?

Durante algún tiempo, la humanidad permaneció completamente espiritual, inmersa en lo espiritual anímico. La humanidad se desarrolló sólo gradualmente a partir de lo anímico-espiritual. Si echamos una mirada retrospectiva a un tiempo relativamente corto -cuando los reinos del tiempo eran largos, pero para el investigador espiritual son cortos de nombrar- encontramos que nuestra tierra no aparecía como lo hace hoy, que su semblante ha cambiado completamente, sobre todo a través del evento del Diluvio, que en la ciencia espiritual recibe el nombre de Diluvio Atlante. Bajo este diluvio atlante podemos considerar que a través de la actividad del aire y del agua la faz de la tierra fue completamente transformada. Anteriormente la gente vivía en un área de la tierra donde hoy se encuentra el Océano Atlántico. Existía tierra y allí nuestras almas vivieron realmente en encarnaciones anteriores en cuerpos atlantes. Si miramos espiritualmente científicamente a esta gente al principio de este tiempo Atlante, ellos aparecen bastante diferentes a nuestras almas de hoy. Aparecen en los primeros tiempos atlantes como si percibieran todo de una manera diferente a la posterior. Hoy, cuando uno de nosotros, durante las horas de vigilia mira a su alrededor, percibe los objetos en color y luz. Cuando por la noche, los cuerpos físico y etérico se liberan de los cuerpos del yo y del astral, este mundo desaparece. A esto lo llamamos inconsciencia.

En los primeros tiempos atlantes esto no era así, no había inconsciencia extendiéndose alrededor del hombre cuando éste pasaba a otro estado durante la noche. En ese momento surgía todo lo que es anímico-espiritual del mundo físico. El hombre había visto flores, por ejemplo, antes de dormirse. En el sueño percibía lo que era anímico-espiritual en la flor, en el mundo de lo anímico-espiritual. Por otra parte, lo que hoy llamamos físico, los objetos exteriores, no estaban tan nítidamente separados como hoy, sino que el hombre los veía como entre brumas y rodeados de bordes de color. Así pues, vemos cómo el alma también fue cambiando gradualmente su forma de ver las cosas. Y si retrocedemos aún más, veremos que el alma sólo veía cosas espirituales, porque lo físico aún no se había condensado a partir de lo espiritual.

Ahora bien, un punto importante en el desarrollo del hombre estaba, por así decirlo, reservado para él en nuestra tierra, y ese punto se encontraba precisamente en la mitad del desarrollo atlante. En medio del desarrollo atlante, si no hubiera ocurrido antes un determinado acontecimiento, los hombres no habrían dejado de ver el mundo espiritual con su conciencia nocturna. Si un cierto acontecimiento no hubiera ocurrido, los hombres en medio del período atlante, por ejemplo, no habrían visto cualquier objeto, una flor, amarilla, sino que se les habría aparecido el espíritu de la planta. El hecho de que esto ocurriera de manera diferente se debe a que el hombre ya se había dejado influenciar por Lucifer y sus huestes. Habría sido inconsciente, por así decirlo, del mundo físico exterior; le habría parecido transparente. Habría visto el mundo espiritual por todas partes detrás del mundo físico. 

¿Qué ocurrió cuando el mundo físico no se extendió sobre el mundo espiritual como una cubierta de cristal transparente, sino que se volvió opaco? Como el mundo espiritual estaba cubierto, existía la posibilidad de que se ejerciera otra influencia, la influencia de Ahrimán o, como lo llama Goethe, Mefistófeles. A través de ella pudo penetrar ese espíritu que se llama ahrimánico, de modo que en cierto momento se instalaron el error y la ilusión. Eso que llamamos Maya, ilusión, pudo mezclarse en la concepción del mundo. Así, detrás de todo lo que hay en el mundo físico está lo que la Biblia llama el príncipe de este mundo. Su influencia se mezcla en todas partes.  Sin esta influencia la materia parecería transparente y mostraría detrás de ella lo espiritual. 

Pero ahora, debido a todos estos procesos, se ha producido un tremendo cambio para el hombre, también interior, anímicamente. Si observamos al hombre tal como se ha desarrollado en la tierra, vemos cómo en un determinado momento se afirmó la influencia luciférica, en otro momento la influencia ahrimánica.

Si miramos atrás, a la época en que el hombre era aún espiritual, cuando la solidez aún no había cristalizado, veremos cómo las fuerzas de la naturaleza y la humanidad aún no estaban tan separadas como lo están hoy. En aquella época aún estaban mucho más cerca unas de otras, cuando la tierra aún estaba entremezclada con elementos acuosos.

Cuando la tierra aún era más blanda y el hombre aún más espiritual, el pensamiento y el sentimiento humanos aún influían en las fuerzas de la naturaleza. Si nos remontamos más allá del período atlante, encontramos: Desde que la voluntad humana se hizo maligna, tuvo una influencia muy definida sobre el fuego, y una gran parte de la tierra pereció una vez porque los hombres desarrollaron instintos malignos a través de la influencia luciférica, a la que el hombre en otros aspectos debe su libertad e independencia. Así, lo que llamamos las fuerzas de la naturaleza estaban conectadas con los sentimientos del hombre en el período atlante. 

Pero sucedió que después de que los hombres se independizaron, por así decirlo, a través de la influencia luciférica, se vieron privados de la posibilidad de influir en las fuerzas de la naturaleza por medio de su voluntad. La influencia del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza se retiró gradualmente. Esto se produjo a la par que el mundo espiritual quedaba velado para el hombre por la influencia de Ahriman,. Si el hombre todavía pudiera ver el mundo espiritual, todavía tendría influencia sobre las fuerzas de la naturaleza. Esta influencia le fue arrebatada al individuo, pero no a la humanidad en su conjunto. El ser humano individual tiene muy poca influencia directa sobre las fuerzas de la naturaleza, pero toda la humanidad en su conjunto sí la tiene, y si miramos a toda la humanidad, veremos que además del karma del individuo, debe haber un karma de toda la tierra, de toda la humanidad de la tierra. 

Esto es consecuencia del hecho de que una vez hubo influencia luciférica y otra vez ahrimánica. Pues este ser, al que llamamos Ahrimán, está en una misteriosa conexión con los poderes ardientes de la tierra, que se han retirado de la influencia directa del ser humano individual. Estos poderes ardientes de la tierra son un elemento vital de los espíritus ahrimánicos, y a través de la influencia de Ahrimán el karma total de toda la raza humana está en cierto modo conectado con el karma de Ahrimán. Cuando se producen ciertas actitudes y acontecimientos espirituales en la evolución de la humanidad, entonces a su vez, se hace evidente la conexión entre el hombre y Ahrimán, y lo que el hombre mismo pudo hacer en tiempos pasados, para ejercer una influencia sobre los acontecimientos naturales, lo hacen ahora Ahrimán y sus compañeros espirituales. 

Siempre que Ahrimán se agita, no indica otra cosa que algo ha estado sucediendo en la historia de la humanidad que ha atraído a Ahrimán, que lo ha llevado a la agitación y a la furia. 

Algo está ocurriendo en el alma de los hombres, está ocurriendo, por ejemplo, que una gran parte de los hombres está cayendo en el materialismo. Esto hace que Ahrimán pueda agitarse en su elemento, tener un elemento de vida, pues prefiere el materialismo humano a que los hombres se espiritualicen. Ahriman provoca tormentas, erupciones volcánicas y terremotos.  Aquí de nuevo tenemos algo donde vemos como la naturaleza y el espíritu están conectados. No hay nada en la tierra que no esté conectado con el espíritu. Nuestra alma, con sus buenas y malas acciones, está conectada con lo que sucede en la tierra. Cuando la tierra se revuelve en terremotos, nunca debemos decir que depende del karma de los individuos, sino que es el karma de toda la humanidad. 

Cada uno puede golpear su propio corazón y decir: "También es mi karma individual, el individuo tenía que perecer aquí porque precisamente aquí tenía que abrirse la válvula de la tierra. En el futuro se le compensará por ello. - Una visión materialista del mundo dirá que esto es supersticioso, pero quien lo diga no sabe cuán infantilmente está hablando. Así como ninguna flor crece sin una causa espiritual, sin ser una expresión del espíritu y del alma, ningún terremoto, ninguna erupción volcánica carece de una causa espiritual. Si, como he dicho, consideramos el karma, entonces se aplica a toda la vida humana.

Sólo entonces, si no ponemos en movimiento la enseñanza científico-espiritual, aparece fría y calculada sólo para el intelecto. Pero si permitimos que penetre en nuestros sentimientos, nuestras actitudes y nuestras sensaciones, entonces veremos la tierra como un ser animado, saturado y espiritualizado, veremos que seres espirituales de las más variadas clases están conectados con este cuerpo terrenal, que tuvo lugar un acontecimiento importante, cuyo efecto no ha hecho más que comenzar: la aparición del Cristo en la tierra. Sólo a través de Cristo se disipan las consecuencias del poder de Ahrimán. A través de la penetración del espíritu de Cristo en los corazones humanos, lo que se extiende en la tierra como el espíritu de la humanidad en su conjunto, será capaz de conducir a la tierra, incluso en sus elementos naturales, a la paz y la armonía. 

Cuando todos los corazones humanos experimenten el Espíritu Crístico en un sentido verdadero, entonces el poder que fluirá de él será tan fuerte que calmará el fuego y el agua. Entonces el Espíritu Crístico creará paz y armonía en los elementos de la naturaleza, y la tierra misma será una expresión del Espíritu. El cuerpo terrestre, que es un ser vivo, se volverá apacible y suave para ascender con el espíritu humano y el alma humana a su espiritualización. La tierra ascenderá a una elevada existencia espiritual. Esto puede considerarse un ideal elevado y lejano, pero podemos penetrar en él en todo momento.  No se pierde ni un instante para el desarrollo de la humanidad que se aprovecha de tal manera que las personas penetran en sí mismas con el conocimiento y los impulsos volitivos de lo espiritual. 

Traducido por J.Luelmo ago,2023

GA108 Stuttgart, 13 de diciembre de 1908 El significado del acontecimiento del Gólgota para la vida en el mundo del más allá en el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento.

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LOS SANTO RISHIS

Rudolf Steiner

 Stuttgart, 13 de diciembre de 1908

Cambios en las experiencias del alma después de la muerte en el curso del desarrollo histórico. Los iniciados de las distintas épocas culturales. El significado del acontecimiento del Gólgota para la vida en el mundo del más allá en el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento. 

Las personas siempre experimentan diferentes condiciones en sus diversas encarnaciones. Encuentran condiciones diferentes en cada encarnación, y sus propias condiciones también cambian en consecuencia cada vez entre el nacimiento y la muerte. Ahora puede surgir la pregunta: ¿Son las experiencias entre la muerte y el nuevo nacimiento siempre las mismas, ya que las experiencias en lo físico son tan diferentes? En otras palabras: ¿La vida en el Devachán ha sido siempre la misma en todos los momentos del desarrollo físico? Las siguientes explicaciones mostrarán que también existe una historia de la vida en el más allá.

Recordemos el estado de conciencia del antiguo atlante que, todavía en estado de visión clara, veía de día los objetos físicos en contornos tenues y nebulosos -el símil de la linterna en la niebla- y de noche era camarada de los dioses; pero el día y la noche no estaban estrictamente separados como lo están hoy. 

La parte más avanzada de los atlantes, es decir, aquellos que ya habían perdido su conciencia clarividente en su mayor parte y ya podían ver físicamente las cosas a su alrededor en contornos más nítidos, vivían en la zona de la actual Irlanda bajo una entidad espiritual elevada: Manu. Se desplazaban en contingentes aislados, uno de ellos bajo la dirección de Manú, de oeste a este. Luego vino el Diluvio. Después se fundaron colonias desde el centro, en Asia Central. La primera fue la fundación de la cultura india.

Para el antiguo indio, que aún llevaba dentro de sí el recuerdo de la época de la Atlántida, cuando todavía era camarada de los dioses, lo que le enfrentaba en lo terrenal era la ilusión, Maja, todo el entorno, incluso las estrellas. La conexión con el mundo espiritual, que el indio anhelaba, fue mantenida por los santos Rishis. Ellos proclamaron la existencia de los mundos espirituales. Había siete rishis; eran los discípulos de Manu. Sólo podían enseñar en ciertos momentos, cuando se encontraban en un estado especial. <Entonces se dedicaban totalmente a las altas entidades espirituales. Eran todo el consuelo, todo el poder del mundo indio de aquella época; contaban las maravillas y las leyes de los mundos espirituales. Cuando la gente moría entonces, experimentaba lo que los rishis habían descrito, aunque sólo hasta cierto nivel de devachán, porque sólo el iniciado, el rishi, experimenta el devachán por completo. Pero la gente era hábil en aquella época para trabajar en la vida del más allá.

 El iniciado vivía alternativamente en lo terrenal y en lo espiritual. A veces enseñaba la verdad eterna a los vivos, a veces a los muertos. Pero la gente aún no se había aficionado al plano físico: Consideraban el mundo espiritual como su verdadero hogar y los santos Rishis no tenían mucho que decirles en el más allá sobre este mundo. La gente del otro mundo no tenía ningún interés en lo terrenal.

En la segunda cultura post-atlante, la persa, donde aparece por primera vez la agricultura, los hombres ya habían preferido conquistar el plano físico. En la misma medida, sin embargo, la conciencia se oscureció en el más allá. El Devachán se oscureció. Los hombres siempre prefirieron conquistar el plano terrenal. Por eso los discípulos de Zaratustra tuvieron que señalar el mundo espiritual con un lenguaje más fuerte; pero en el más allá no podían decir nada de este mundo. 

La tercera cultura, la egipcia, muestra un amor aún mayor por el plano físico. Las leyes de lo espiritual se estudiaban en las estrellas. La gente intentaba cada vez más imprimir su espíritu en las cosas. Pero cuanto más hábiles se volvían los hombres en los asuntos terrenales, más inhábiles se volvían en la cooperación espiritual en el otro mundo.

Un punto culminante en el dominio del plano terrenal es la cultura greco-latina. Allí había tenido lugar el matrimonio de lo espiritual con lo físico. El templo griego es la expresión de las leyes espirituales. Los griegos amaban la vida. Eso es lo que significa la cultura griega; pero también significa algo más. Si hoy un clarividente contempla un templo griego, por ejemplo el de Paestum, experimenta algo especial en este templo cuando lo contempla: se sienten las armonías gloriosas en las que se expresa la vida espiritual. Si el clarividente se traslada ahora desde esta contemplación física, en el momento de la sensación gloriosa de las armonías de esta obra de arte, al mundo espiritual, no queda nada, nada, precisamente porque el templo griego es una expresión tan perfecta del mundo espiritual.

Esto es lo que experimentaba el alma griega en la muerte; añoraba las puras expresiones y formaciones armoniosas del plano físico. El romano, que en la cumbre de su conciencia del yo se sentía fuerte en vida, estaba como paralizado cuando llegó al otro mundo. 

"Vale más ser un mendigo en este mundo que un rey en el reino de las sombras". - Tan sombría era entonces la conciencia del mundo del más allá. Si las cosas gloriosas de este mundo se hubieran contado en el reino de las sombras, sólo habría hecho más miserables a aquellos seres. En esta vida la gente podía experimentar más de lo espiritual que en el otro mundo, en el reino de las sombras.  

Esta cuarta cultura fue la época en que se dio el impulso hacia arriba por la aparición del Cristo. Describimos el significado del acontecimiento del Gólgota en agosto; queremos hacerlo hoy para el más allá. - En el momento de la muerte física en la cruz, sucedió algo en el mundo de las sombras: El Cristo se les apareció. Por primera vez pudo informarse allí de algo importante para el más allá, a saber, que la vida en el espíritu puede vencer a la muerte. En un instante, la vida del otro mundo, que se había convertido en sombra, resplandeció. El acontecimiento más poderoso para el más allá había sucedido: allá en este mundo hay algo que también tiene significado para el más allá.

Lo que ahora -en contraste con las cuatro primeras culturas- experimenta el hombre, por ejemplo en el Evangelio de Juan, no se extingue cuando entra en lo espiritual. A partir de ahora, el hombre lleva consigo todo lo que ha sentido y adquirido espiritualmente en el plano físico. Cuanto más se profundice en las profundas verdades ocultas de la Biblia, más se llevará al más allá. Antes de la cuarta cultura, el más allá resplandecía lentamente en el más acá. Ahora es al revés: 

En el más allá hay ahora un desarrollo ascendente, es cada vez más brillante. 

Las fuerzas espirituales que hoy se utilizan para inventos y descubrimientos sólo sirven para producir medios externos de cultura. En otros tiempos: estas fuerzas servían para explorar el mundo espiritual y sus leyes. Hoy el espíritu sirve como esclavo de las necesidades materiales. Toda la inteligencia que se ha volcado en las máquinas de vapor y otros inventos forma un escollo para el mundo espiritual: ¡un desequilibrio! Lo contrario ocurre con el trabajo antroposófico. Lo que se gana allí en lo terrenal sirve para iluminar el mundo del más allá.
El Cristo apareció en la cuarta época cultural, de ahí el nombre griego de Cristo. Sin embargo, para que la aparición del Cristo no cogiera a la gente desprevenida, aparecieron Moisés y los profetas. La proclamación del Yo-Dios, de Yahvé, ha sido necesaria para poder tener algo como meta a lo que aferrarse.
El acontecimiento del Gólgota sólo podía entenderse a través de la proclamación del Dios sin imagen.


Traducido por J.Luelmo ago,2023

GA108 Breslau, 2 de diciembre de 1908 - La vida entre dos encarnaciones

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LA VIDA ENTRE DOS ENCARNACIONES

Rudolf Steiner

 Breslau, 2 de diciembre de 1908


El ser humano cuádruple en estado de vigilia y de sueño. El sueño y la muerte. El cuadro de la memoria de tres días y medio después de la muerte; el desecho del cuerpo etérico. El tiempo Kamaloka y su duración; el descarte del cuerpo astral. Sobre el seudónimo astral. La entrada en el Devachán. La amistad, el amor filial y maternal y su significado. La actividad del ser humano en el tiempo de Devachán y la preparación para un nuevo nacimiento.

Ayer pudimos discutir algunas cosas en un círculo algo más amplio sobre los caminos que conducen a los mundos superiores. Hoy quizá sea lícito decir algo sobre los mundos superiores mismos, y queremos escoger uno de los capítulos más importantes del campo de los mundos suprasensibles y echar un vistazo a los procesos que tienen lugar con el hombre entre la muerte y un nuevo renacimiento.

Este es uno de los capítulos más importantes dentro del ámbito de la vida superior porque se refiere a los hechos y procesos más fundamentales del desarrollo humano, y puesto que la existencia física del ser humano está conectada y entretejida con importantes procesos en esos mundos, hay que penetrar en estos secretos si se quiere comprender al ser humano en general. 

Me gustaría comenzar inmediatamente describiendo la vida del ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, pero para poder comprender lo que sucede en este período intermedio, primero debemos considerar la naturaleza del ser humano. Para aquellos que se han ocupado de asuntos y estudios antroposóficos durante algún tiempo, lo que se explicará en la introducción no debería representar ninguna novedad. Pero tenemos que examinar estas cosas muy detenidamente desde el principio, a fin de prepararnos para una plena comprensión de las descripciones que siguen.

Para la ciencia espiritual antroposófica, la esencia del ser humano no es meramente aquella esencia de tipo material que se nos aparece a los sentidos externos, que podemos palpar con nuestras manos y que está ligada al mundo físico por leyes físicas. La ciencia espiritual muestra que este cuerpo físico del hombre es sólo una parte de todo su ser, y de hecho el hombre tiene este cuerpo físico en común con el mundo mineral. Podemos mirar a nuestro alrededor en la naturaleza, -todo lo que es aparentemente muerto, mineral en la naturaleza, se compone de las mismas sustancias de las que está compuesto el cuerpo humano. Tanto en la piedra como en el cuerpo humano aparecen los mismos procesos físicos, pero hay una gran diferencia entre los procesos de los cuerpos físicos ordinarios, sin vida, y la naturaleza del hombre. Un cuerpo físico externo, como una piedra, tiene una forma, y conserva su forma hasta que un proceso externo, como la rotura u otro tipo de violencia, destruye la forma. El cuerpo físico humano, en cambio, o el de cualquier otro ser vivo, se destruye en la muerte debido a las leyes que rigen las propias sustancias físico-químicas que lo componen, y en este caso el cuerpo humano deviene un cadáver. 

La ciencia espiritual nos muestra ahora que en el estado entre el nacimiento y la muerte, es decir, durante nuestra vida física, está todavía presente como luchador perpetuo contra esta decadencia del cuerpo físico un segundo miembro del ser humano. Lo llamamos cuerpo etérico o cuerpo vital.

Este está presente en todos nosotros. Si este segundo miembro no estuviera en el hombre, el cuerpo seguiría en todo momento sólo las fuerzas físicas y sus leyes para terminar decayendo. El luchador contra esta decadencia es el cuerpo etérico o cuerpo vital. Sólo en el caso de la muerte este cuerpo vital se separa del cuerpo físico. El hombre tiene este cuerpo vital en común con todos los demás seres vivos; el animal lo tiene, y la planta también tiene este luchador perpetuo. También en ellos debe existir ese luchador perpetuo contra la descomposición.

Si el cuerpo físico ha sido descrito como el primero, el cuerpo vital como el segundo miembro de los seres vivos, el hombre tiene un tercer miembro además de este segundo miembro.

Utilizando nuestro intelecto, con la lógica, somos capaces de ver esto. Supongamos que un hombre está ante nosotros. En este espacio que ocupa, en esta mano que utiliza. ¿No hay acaso nada más que lo que se ha mencionado hasta ahora? O, ¿Existe algo más en ella que huesos y músculos, y que toda clase de componentes químicos que podemos ver con nuestros ojos, tocar con nuestras manos? Cada uno de nosotros sabe muy bien que hay algo más en su interior. Ese algo más es la suma de su sufrimiento y su placer; todo el mundo conoce ese algo, pues son todas las sensaciones y sentimientos que se suceden de la mañana a la noche, a lo largo de la vida. Hay un portador invisible de estas sensaciones, y lo llamamos cuerpo astral o cuerpo de sensaciones del hombre. Este cuerpo astral, que no puede ser percibido por el ojo físico, es considerablemente mayor que el cuerpo físico. Para la conciencia clarividente es reconocible como una nube luminosa en la que está inmerso el cuerpo físico. El hombre comparte este tercer miembro de su ser con el animal, pues éste también posee un cuerpo astral.

Pero además hay un cuarto miembro en el ser humano, la cúspide del reino de la tierra, la cúspide de la naturaleza humana. Podemos vislumbrar este cuarto miembro cuando indagamos acerca de un movimiento íntimo del alma humana.  Hay una cosa en el hombre que nunca puede acercarse a él desde el exterior. Se trata de este único nombre, el simple nombre "yo". Sólo desde lo más profundo del alma puede sonar este nombre, esta designación "yo". Otro ser humano nunca puede decir "yo" a otro ser humano. Sólo a sí mismo puede un ser humano decirse esto; sólo de sí mismo, de su propio ser interior más profundo puede salir, y aquí algo muy diferente, algo divino comienza a sonar a través del nombre "yo". Todas las grandes religiones sintieron también que hay algo sagrado en el "yo". Esto también se reconoce inequívocamente en el Antiguo Testamento. Allí el nombre "Yo" es sinónimo del nombre de Dios. Sólo al sacerdote se le permitía pronunciar el nombre de Dios en ocasiones especialmente solemnes, en servicios especialmente solemnes, y cuando pronunciaba reverentemente el nombre "Yahvé" en el templo, -el nombre "Yahvé" no significaba otra cosa que "Yo" o "Yo soy". Debería significar que Dios mismo se expresa en el hombre. Y sólo aquel ser puede pronunciar esta palabra en el alma a su alma en cuya naturaleza se revela el ser de Dios. La revelación de Dios en el hombre es un cuarto miembro del ser humano. Pero no debemos pensar que ahora somos Dios mismo. Es una chispa del mar de la divinidad la que brota en el hombre. Así como una gota del mar no es el mar mismo, sino sólo una gota de él, así el yo humano no es Dios, sino una gota de la sustancia divina: Dios comienza a hablar en el alma humana.

Sólo al sacerdote se le permitía pronunciar el nombre sagrado de Yahvé en ocasiones particularmente solemnes. Hacer sonar esta esencia de Dios en el alma del hombre por el hecho de que el hombre pueda decir: "Yo soy", ésa es la culminación de la creación. Este portador del Yo, o cuarto miembro de la naturaleza humana, hace del hombre el primero entre los seres visibles de la creación terrestre. Por eso en todos los antiguos Misterios se hablaba de la cuádruple forma sagrada, cuyo primer miembro es el cuerpo físico visible, su segundo miembro es el cuerpo etérico o cuerpo de vida, el tercero es el cuerpo astral o cuerpo de sentimiento, y su cuarto miembro es el yo. Estos son los cuatro miembros que queremos considerar en primer lugar. Y la vida humana, la conciencia humana, depende de la forma en que están conectados entre sí. 

Sólo en la conciencia diurna, en la vigilia, se interpenetran esos cuatro miembros de la naturaleza humana. Allí tenemos el cuerpo físico penetrado por el cuerpo etérico, sólo que más fino y algo más grande, proyectándose más allá del cuerpo físico. Luego tenemos el cuerpo astral, portador de nuestras sensaciones, penetrando el cuerpo etérico y rodeando el cuerpo físico, que está conectado con el cuerpo etérico, como un gran óvalo brillante. Y luego tenemos el cuerpo del yo. Los cuatro miembros de la naturaleza humana, sin embargo, se interpenetran entre sí sólo cuando están despiertos. Cuando el ser humano está dormido, el cuerpo astral junto con el cuerpo del yo sale, mientras que el cuerpo físico, conectado con el cuerpo etérico, permanece en la cama. Por la mañana, o cuando el ser humano despierta, los dos primeros de los cuatro miembros descienden de nuevo y se reúnen con los otros dos.

¿Qué hace el cuerpo astral por la noche en el ser humano ordinario? No permanece inactivo. Ante la mirada del clarividente aparece como una nube en espiral, y de él emanan corrientes que lo conectan con el cuerpo físico que yace allí. Cuando nos dormimos cansados por la noche, ¿Cuál es la causa de este cansancio? El hecho de que el cuerpo astral utilice el cuerpo físico durante las horas de vigilia del día, y así lo desgaste, aparece como fatiga. Pero toda la noche, mientras duerme, el cuerpo astral trabaja en la eliminación de la fatiga. De ahí viene el reparador descanso de una buena noche durmiendo, y de ahí se desprende la importancia que tiene para el ser humano un dormir realmente saludable. Restaura de manera correcta lo que se ha desgastado por la vida de vigilia. El cuerpo astral también repara otros daños mientras duerme, por ejemplo, las enfermedades del cuerpo físico y etérico. Esto no sólo lo habrán observado por experiencia propia en ustedes mismos y en otras personas, sino que también habrán experimentado que todo médico sensato dice que en ciertos casos el dormir es un remedio indispensable para la recuperación. Este es el significado del estado alternante entre el dormir y el despertar.

Pasemos ahora a considerar un estado alternante aún más importante, el que existe entre la vida y la muerte. Si antes se demostró que, tan pronto como se inicia el dormir, el cuerpo astral con el portador del yo abandona el cuerpo físico, que está conectado con el cuerpo etérico, en la vida ordinaria casi nunca se produce una separación del cuerpo etérico del cuerpo físico, a lo sumo en ciertos casos excepcionales, que se mencionarán más adelante. Sólo en la muerte se produce normalmente por primera vez la separación del cuerpo físico del cuerpo etérico. Ahora, pues, en la muerte, no sólo el cuerpo astral abandona al ser humano de cuatro miembros con el Yo, como en el sueño, sino que los tres miembros, cuerpo etérico, cuerpo astral y Yo, abandonan el cuerpo físico, y por un lado tenemos el cuerpo físico, que queda como cadáver, que es atacado inmediatamente por las fuerzas físico-químicas y queda expuesto a la destrucción, mientras que por otro lado tenemos una unión de cuerpo etérico, cuerpo astral y el portador del Yo.

La pregunta que surge ahora es cómo puede alguien saber en absoluto cómo se desarrollan estas condiciones después de la muerte. Pues bien, si han seguido la conferencia pública de ayer, comprenderán que aquellas personas que son capaces de ver en las esferas superiores también son capaces de informar sobre las condiciones después de la muerte. Y los medios están abiertos a todo ser humano y se ofrecen vías para adquirir tales capacidades, por lo que también es posible saber lo que experimenta el ser humano cuando atraviesa la puerta de la muerte. Si se relatan hechos que no son inmediatamente controlables por todos, sólo quien realmente sabe puede decidir sobre su exactitud. Sin embargo, si por parte del ignorante se hiciera el reproche al conocedor de que él tampoco puede saber nada, el reproche de arrogancia recaería totalmente del lado de los que no saben nada y, sin embargo, sostienen que no se puede saber nada. Así pues, sólo el conocedor puede decidir lo que se puede conocer. 

Cuando un ser humano ha pasado por la muerte, primero tiene la sensación de que está desplegándose en un mundo en el que se hace cada vez más grande, y que ya no está fuera de las demás entidades como en este mundo físico, que no está frente a todas las demás cosas, sino como dentro de ellas, como si se deslizara dentro de todas las cosas. En el momento inmediatamente posterior a la muerte no se siente un aquí y un allá, sino un por todas partes; es como si uno mismo se deslizara dentro de todas las cosas.

Entonces se produce un recuerdo total de toda la vida pasada, que se presenta ante uno con todos sus detalles como un gran cuadro. Este recuerdo no puede compararse con un recuerdo de la vida pasada, por bueno que sea, tal como lo conocen en la vida terrenal, sino que este cuadro del recuerdo se presenta allí de una vez en todo su tamaño. ¿En qué se basa esto? Se debe a que el cuerpo etérico es, en verdad, el portador de la memoria. Mientras el cuerpo etérico estaba todavía en el cuerpo físico, tenía que trabajar a través del cuerpo físico y estaba limitado por las leyes físicas. Allí no es libre; allí olvida, pues allí se aparta todo recuerdo que no pertenezca directamente a lo más inmediato que el ser humano está experimentando. En la muerte, sin embargo, como ya se ha explicado, el cuerpo etérico, portador de la memoria, se libera. Ya no necesita trabajar a través de lo físico y, por lo tanto, los recuerdos aparecen de repente de forma desatada.

En casos excepcionales esta separación del cuerpo físico y etérico también puede producirse durante la vida. Por ejemplo, en casos de peligro de muerte, ahogamiento, caída, es decir, en aquellos casos en que la conciencia recibe una gran conmoción por el susto. Las personas que han sufrido tal conmoción a veces dicen que durante unos momentos toda su vida se presentó ante ellos como un retablo, de modo que las experiencias ya desvanecidas de su vida más temprana reaparecieron de repente del olvido con total claridad. Tales narraciones no se basan en el engaño, sino en la verdad; son hechos. En ese momento del destello del retablo de la memoria, al ser humano le ocurre algo muy especial; sólo en tal conmoción no debe perderse la conciencia. En ese momento de conmoción u otro sobresalto que ha dado lugar a la conmoción, ocurre algo que el clarividente puede ver. No siempre, pero a veces, la parte del cuerpo etérico que llena la región de la cabeza emerge total o parcialmente de la cabeza, y aunque esto ocurra sólo por un momento, la memoria queda así liberada, porque en tal momento el cuerpo etérico se libera de la materia física, obstáculo para la memoria desinhibida.

También podemos observar una salida parcial del cuerpo etérico en otras ocasiones. Al presionar o empujar cualquier miembro del cuerpo, se produce a veces una sensación peculiar, de hormigueo, y estamos acostumbrados a describir esta sensación diciendo que el miembro se ha dormido. A menudo se ha oído decir a los niños que quieren describir la sensación que tienen: Siento como agua de Seltz en la mano. ¿A qué se debe? La causa real es que la parte correspondiente del cuerpo vital se sale de este miembro durante un tiempo. El clarividente puede entonces percibir la parte levantada del cuerpo etérico como una copia del cuerpo humano físico en su proximidad. Por ejemplo, durante una caída, la parte correspondiente del cuerpo etérico es empujada fuera de la cabeza por el movimiento de caída.

En la muerte, este retablo de recuerdos entra inmediatamente con toda su fuerza, porque queda todo el cuerpo físico. También sabemos la duración de este retablo de la memoria después de la muerte. Es de tres a cuatro días. No es fácil dar las razones de esto. Esta duración es diferente para cada persona y corresponde aproximadamente a la capacidad de la persona en cuestión de permanecer despierta sin dormirse durante el tiempo que hubiera podido aguantar en vida.

Después de eso, tiene lugar algo más. Lo que ocurre a continuación es que se libera una especie de segundo cadáver. El ser humano ahora también deja atrás el cuerpo etérico, pero retiene cierto extracto de él, una esencia, y el ser humano se la lleva consigo y la retiene por toda la eternidad. Ahora, después de dejar el cuerpo etérico, comienza para el hombre el tiempo de Kamaloka, el estado de Kamaloka.

Si desean esclarecer qué clase de estado es éste, deben tener en cuenta que el hombre, después de dejar atrás los cuerpos físico y etérico, conserva aún de sus cuatro miembros el cuerpo astral y el yo, y se nos plantea ahora la cuestión de cuál es la naturaleza del cuerpo astral con el que el yo vive ahora en el tiempo Kamaloka. El cuerpo astral es portador de placer y dolor, de anhelos y deseos, por lo tanto éstos no cesan cuando se desecha el cuerpo físico; sólo cesa la posibilidad de satisfacer los deseos, puesto que ya no se dispone del instrumento para satisfacerlos, es decir, el cuerpo físico. Todo lo que el ser humano era como ser sensible en el cuerpo físico no deja de serlo. El hombre conserva todo esto en su cuerpo astral. Pensemos en un deseo ordinario, y en aras de la simplicidad elijamos uno de tipo bastante banal, por ejemplo, el deseo de un plato sabroso. Este deseo no radica en el cuerpo físico, sino en el astral. Por lo tanto, este deseo no desaparece con el cuerpo físico sino que permanece. El cuerpo físico no era más que el instrumento con el que este deseo podía ser satisfecho. Si se tiene un cuchillo para cortar, éste es el instrumento, y la capacidad de cortar no se pierde aunque se pierda el cuchillo. De igual modo, en el momento de la muerte, sólo se desecha el instrumento para disfrutar, y por lo tanto el hombre se encuentra al principio en un estado en el que están representados todos sus diversos deseos, que ahora deben desecharse primero, o mejor dicho, deben aprender a desengancharse. El tiempo en que esto sucede es el tiempo Kamaloka. Es un tiempo de prueba, y es muy bueno e importante para el desarrollo ulterior del ser humano. Imaginen ustedes que sufren de sed y están en una zona donde no hay agua, por supuesto, ni cerveza ni vino, ni bebida de ningún tipo. Allí se sufre una sed ardiente que no puede saciarse. Del mismo modo, el hombre sufre cierta sensación de sed cuando deja de poseer el instrumento con el que sólo podía satisfacer sus deseos.

El Kamaloka es un periodo de "desenganche" para el ser humano, ya que tiene que renunciar a sus deseos para poder vivir en el mundo espiritual. Este período de Kamaloka dura más o menos tiempo, dependiendo de cómo la persona afronte la renuncia a sus deseos. Depende de cómo el hombre haya adquirido ya el hábito de regular sus deseos en la vida, y de cómo haya aprendido a disfrutar y a renunciar en la vida. Pero hay placeres y deseos de tipo inferior y superior. Tales placeres y deseos, para cuya satisfacción el cuerpo físico no es el instrumento real, los llamamos placeres y deseos superiores, y tales no pertenecen a aquellos a los que el hombre tiene que renunciar después de la muerte. Sólo mientras el hombre tenga todavía algo que le atraiga hacia la existencia física -placeres inferiores- permanece en la vida astral del tiempo Kamaloka. 

Después de ese período de "desenganche", cuando ya nada lo atrae hacia abajo, cuando se ha vuelto capaz de vivir en el mundo espiritual, entonces del ser humano se desprende un tercer cadáver. La estancia del hombre en este tiempo Kamaloka dura aproximadamente un tercio de su vida.

Por lo tanto, depende de la edad que tenía la persona cuando murió, es decir, de cuánto tiempo vivió en el cuerpo físico. Sin embargo, este tiempo de Kamaloka no siempre es horrible o desagradable. En cualquier caso, el hombre se vuelve más independiente de los deseos físicos, y cuanto más independiente se haya vuelto en la vida y más interesado esté en las cosas espirituales, más fácil le resultará este tiempo de Kamaloka. Se vuelve más libre a lo largo de este tiempo en él, de modo que el hombre se vuelve agradecido por este tiempo de Kamaloka. El sentimiento de privación en la vida física se convierte en dicha en el tiempo de Kamaloka. Entonces se producen los sentimientos opuestos, porque todo aquello de lo que uno ha aprendido en la vida a prescindir con gusto, durante el tiempo de Kamaloka se convierte en un placer. Cuando, como ya se ha dicho, el tercer cadáver se desprende del ser humano, entonces desaparece con él todo lo que el ser humano ya no puede utilizar en el mundo espiritual, el cuerpo astral. Para el clarividente estos cadáveres astrales son visibles, y pasan veinte, treinta o cuarenta años hasta que se han disuelto. Dado que tales cuerpos astrales están siempre ahí, pasan ocasionalmente a través de los cuerpos de las personas vivas, a través de nuestros propios cuerpos, especialmente durante la noche, que es cuando nuestros cuerpos astrales se separan de los cuerpos físicos en el sueño, y ésta es la fuente de ciertas influencias nocivas que el hombre puede recibir. Así como para el ser humano actual, después de la partida del cuerpo etérico, queda un extracto, una cierta esencia para toda la eternidad, así también para él, después de la partida del cuerpo astral, queda una cierta esencia para toda la eternidad como fruto de la última encarnación.

Y ahora comienza para el hombre el tiempo del Devachán, la entrada en el mundo espiritual, en el hogar de los dioses y de todos los seres espirituales. Cuando el hombre entra en este mundo, experimenta una sensación que puede compararse a la liberación de una planta que crecía en una estrecha grieta y de repente crece hacia la luz. En efecto, cuando el ser humano entra en este mundo celestial, experimenta una perfecta libertad espiritual en su interior y, a partir de ese momento, disfruta de una dicha absoluta. Pues, ¿Cuál es en realidad el tiempo del Devachán? Pueden hacerse una idea si tienen en cuenta que aquí el hombre se prepara para una nueva vida, para una nueva reencarnación. En el mundo físico, en este mundo inferior, el hombre ha experimentado y vivido mucho, y se ha llevado estas experiencias consigo. Las ha llevado dentro de sí como un fruto de la vida, que ahora puede procesar libremente dentro de sí. Ahora forma un arquetipo para una nueva vida en el tiempo del devachan. Esto sucede durante mucho, mucho tiempo. Se trata de una creación del propio ser, y toda creación, toda producción está ligada a la dicha. Que toda producción, toda creación está conectada con la dicha, puede uno hacerse una idea de ello si observa a una gallina incubando un huevo. ¿Por qué lo hace? Porque siente placer al hacerlo. Así que también es un placer para un ser humano crear en devachan y tejer el fruto de la vida pasada en el plan para una nueva vida.

En la cadena de reencarnaciones, el hombre ya ha pasado por muchas vidas, pero al final de una vida nunca vuelve a ser el mismo que era al principio de ésta. En esta vida, se ve sometido al cuerpo físico, debiendo comportarse de forma bastante pasiva. Pero ahora que está liberado, liberado del cuerpo físico, del cuerpo etérico y del cuerpo astral, teje un arquetipo en el núcleo eterno de su ser, y este entretejido lo percibe como dicha, como un sentimiento que no puede compararse con nada que pueda experimentar como dicha en el mundo físico. Su vida es dicha en el mundo espiritual. Pero no crean que la vida física carece de importancia en este mundo espiritual. Si en la vida se han formado lazos de amor y amistad entre almas, entonces sólo lo físico se desvanece con la muerte, pero el lazo espiritual permanece y forma puentes duraderos e indestructibles de alma a alma, que se condensan en efectos en los arquetipos. Estos lazos pueden después vivirse en lo físico en las siguientes reencarnaciones. Lo mismo ocurre en la relación que existe entre madre e hijo. El amor de una madre por su hijo es la respuesta al amor prenatal del niño por su madre, que se sintió atraído por esta misma madre como resultado de su parentesco anímico con ella a través del anhelo de reencarnación. Lo que luego tiene lugar en la vida, en la encarnación experimentada conjunta entre madre e hijo, forma nuevos lazos anímicos que permanecen. Y todo lo que unía alma con alma ya está entretejido en la vida espiritual que encuentran cuando entran en el mundo espiritual después de la muerte. La vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es, por tanto, tal que lo que se hizo en la vida física anterior sigue teniendo efecto. Sí, incluso las ocupaciones favoritas a las que un hombre estaba apegado en vida tienen un efecto posterior. Pero el hombre se vuelve cada vez más libre después de la muerte, porque se prepara para el futuro, para su propio futuro.

Ahora bien, ¿Hace algo más el hombre en ese más allá? Sin duda, él es muy activo en este más allá. Alguien podría preguntar, si también puede ser activo en el más allá ¿Por qué el hombre renace y por qué vuelve a esta tierra?. Pues bien, esto sucede porque las reencarnaciones nunca se producen de tal manera que el ser humano renazca innecesariamente en el transcurso de las mismas. Siempre puede aprender algo nuevo, las condiciones terrestres siempre han cambiado de tal manera que entra en condiciones completamente diferentes con el fin de adquirir experiencia para su desarrollo posterior. La faz de la tierra, las regiones, el reino animal, la cubierta vegetal, todo esto cambia continuamente en un tiempo comparativamente corto. Piensen ustedes en en cómo era la Tierra hace cien años.

¡Qué diferencia con la actualidad! No hace tanto tiempo que todo el mundo sabe leer y escribir a los seis años, como hoy en día. En la antigüedad, había personas muy cultas a la cabeza del Estado que no sabían leer ni escribir. ¿Dónde están los bosques y las especies animales que hace quinientos años llenaban la tierra que ahora está surcada por vías férreas? ¿Cómo eran las localidades donde hoy están nuestras grandes ciudades, ¿Cómo eran hace mil años? Porque sólo para entonces volverá a nacer el hombre, sólo entonces volverá a entrar en una nueva encarnación, cuando las condiciones hayan cambiado de tal manera que el hombre pueda aprender algo nuevo. Vean con el paso de los siglos cómo la faz de la tierra es cambiada, derribada y edificada por las fuerzas intelectuales de los hombres. Pero también hay muchas cosas que siguen cambiando y sobre las que las fuerzas externas del intelecto humano no pueden actuar. La cubierta vegetal y el mundo animal, cambian ante nuestros ojos; desaparecen y otras especies ocupan su lugar. Tales cambios se efectúan desde el otro mundo. Un hombre que camina por un prado puede ver perfectamente cómo se construye un puente sobre el arroyo, pero no puede ver cómo se construye la cubierta vegetal. Eso es lo que hacen los muertos. Estos están activos en la remodelación y reelaboración de la faz de la tierra con el fin de crear para sí mismos la escena cambiada para una nueva reencarnación.

Después de que el ser humano haya estado tan ocupado durante mucho, mucho tiempo con los preparativos para la nueva reencarnación, se acerca el momento en que ésta ha de tener lugar. ¿Qué ocurre ahora? ¿Qué hace entonces el hombre cuando entra en su nuevo renacimiento? En este momento el hombre se encuentra en su Devachán, y allí siente que primero debe reunir para sí mismo un nuevo cuerpo astral. Entonces, por así decirlo, la sustancia astral se dispara hacia él desde todas partes, y según su peculiaridad se cristaliza a su alrededor. Hay que imaginarlo de la misma manera que las limaduras de hierro están sujetas a la atracción de un imán y se disponen y agrupan en torno a él, así la sustancia astral se dispone entorno al yo que ha de reencarnarse. Pero entonces todavía es necesario elegir una pareja adecuada de padres, y así el ser humano es guiado hacia tal o cual pareja de padres, pero no sólo obedeciendo a su propio poder de atracción. Pues aquí intervienen y actúan seres altamente elevados, que hoy, apropiados al estado actual del desarrollo humano, han asumido el trabajo de ordenar kármicamente estas relaciones en rectitud y justicia.

Si, por tanto, ocasionalmente los padres no parecen ser correctos con los hijos y hacia los hijos, no tiene por qué ser porque estén equivocados o sean injustos. Esto es quizás a veces lo bueno, que el hombre llega a las condiciones más complicadas y tiene que soportar las circunstancias más extrañas para aprender a través de ellas.

La secuencia de estas reencarnaciones siempre repetidas no es, sin embargo, interminable. Hay un principio y también un final. Hubo una vez, en el pasado distante, en que el hombre aún no descendía a las encarnaciones. Aún no conocía el nacimiento ni la muerte. Él llevaba entonces una especie de existencia angélica, no interrumpida por cambios tan drásticos en su condición como los que se dan hoy en día como el nacimiento y la muerte.

Pero con la misma seguridad llegará un tiempo para el hombre en el cual habrá reunido una suma suficiente de experiencia en los mundos inferiores para haber adquirido un estado de conciencia lo suficientemente maduro y clarificado como para poder trabajar en los sublimes mundos superiores sin verse obligado a sumergirse de nuevo en los mundos inferiores.

Después de escuchar estos testimonios de repetidas vidas terrenales, algunas personas creen que deben temer que el sentimiento de amor paternal pueda verse perjudicado por el hecho de que una madre oiga que el hijo no es realmente carne de su carne, pues hay algo en este hijo que no es de ella, es decir, algo ajeno. Pero estos lazos que abrazan a padres e hijos no están en modo alguno sujetos al azar y sin ley. No son lazos nuevos. Ya estaban presentes en vidas anteriores y existían en lazos de parentesco y amistad. Estos lazos de amor los unen permanentemente en los mundos superiores en la realidad eterna, y todos los seres humanos serán abrazados un día en el amor eterno, aunque ya no desciendan al ciclo de reencarnación.

Traducido por J.Luelmo ago.2023