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CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25
GA094 Leipzig, 6 de julio de 1906. -la evolución atlante
GA088-3 Berlín 18 de octubre de 1903 -INVESTIGACIÓN HISTÓRICA DEL OCULTISMO
INVESTIGACIÓN HISTÓRICA DEL OCULTISMO
Ponencia del propio Rudolf Steiner - I
Berlín 18 de octubre de 1903
El Dr. Rudolf Steiner habló sobre este tema el 18 de octubre de 1903 en la reunión anual de la Sección Alemana de la Sociedad Teosófica. A continuación se ofrece un breve resumen del contenido de la charla.A través del fundador de la "Sociedad Teosófica" se nos ha dado la "Doctrina Secreta", en la que se sientan las bases por dos lados para la solución de los grandes enigmas de la existencia. En una teoría completa del origen del mundo (Cosmogénesis), se muestra el plan según el cual, a partir de las potencias primigenias espirituales del universo, se ha desarrollado el escenario desde el cual el hombre es responsable de su vida terrenal. En un segundo volumen (Antropogénesis) vemos las fases por las que ha pasado el ser humano hasta convertirse en miembro de la raza actual. Dependerá del desarrollo del Movimiento Teosófico, de cuándo habrá alcanzado un cierto estado de madurez, en cuyo momento las mismas fuerzas espirituales que nos han proporcionado las grandes verdades de los dos primeros volúmenes nos darán también el tercero. Esto contendrá las leyes más profundas de lo que, en el exterior, nos ofrece la llamada "historia del mundo". Se ocupará de la "investigación histórica del ocultismo". Mostrará cómo se cumplen los destinos de los pueblos en el verdadero sentido, cómo se entretejen la culpa y la expiación en la gran vida de la humanidad, cómo llegan a su misión y cómo la cumplen las principales personalidades de la historia.
Sólo quien conoce cómo interviene la gran triada de cuerpo, alma y espíritu en la rueda del devenir puede ver a través del desarrollo de la humanidad. Ante todo, hay que ver en qué medida está condicionada la existencia física en el sentido más amplio por las grandes fuerzas cósmicas de la naturaleza, que adoptan una forma determinada en el carácter de las razas y los pueblos y en lo que se denomina el "espíritu" de una época. Se verá cómo surge la base material, que se expresa en el hecho de que los seres humanos representan determinados tipos (pueblos, edades) en los que se parecen entre sí. Aquí los caracteres de la especie experimentarán su iluminación más brillante, que no pueden recibir a través de la historia cultural dirigida hacia lo meramente externo. Se comprenderá cómo influyen realmente en las personas el suelo, el clima, las condiciones económicas, etc.
A continuación se explicará qué papel desempeña, en el verdadero sentido de la palabra, el elemento personal en la historia. Los instintos, los sentimientos, las pasiones proceden de este elemento personal. Y sólo pueden comprenderse si conocemos la influencia de ese mundo que se llama astral o psíquico ( anímico) sobre lo que ocurre ante nuestros sentidos físicos y nuestro intelecto. A través de esta parte de la historia oculta, surgirá una comprensión de lo que normalmente se atribuye a la arbitrariedad de las personalidades individuales. Y se comprenderá la interacción de la personalidad individual, los pueblos y las épocas. Desde el ámbito astral se arrojará luz esclarecedora sobre la historia del mundo.
En tercer lugar, se experimentará cómo interviene el espíritu total del universo en los destinos humanos, como se vierte la vida de este espíritu total en el yo superior de un gran líder de la humanidad y de este modo, a través de canales, esta vida superior se comunica a toda la humanidad. Pues éste es el camino que toma esta vida superior: ésta fluye hacia los yoes superiores de los espíritus dirigentes, y éstos la comunican a sus hermanos. De encarnación en encarnación, los yoes superiores de la humanidad se desarrollan, y aprenden cada vez más a hacer de su propio ser el misionero del plan divino mundial.
A través de la investigación histórica ocultista se verá cómo un líder de la humanidad evoluciona hasta llegar a la altura en la que puede asumir una misión divina. Se verá cómo llegaron a sus misiones Buda, Zaratustra, Cristo. El conferenciante explicó estas proposiciones generales dando algunos ejemplos de cómo debe concebirse el desarrollo de los grandes líderes de la humanidad a través de su reencarnación.
Sólo quien conoce cómo interviene la gran triada de cuerpo, alma y espíritu en la rueda del devenir puede ver a través del desarrollo de la humanidad. Ante todo, hay que ver en qué medida está condicionada la existencia física en el sentido más amplio por las grandes fuerzas cósmicas de la naturaleza, que adoptan una forma determinada en el carácter de las razas y los pueblos y en lo que se denomina el "espíritu" de una época. Se verá cómo surge la base material, que se expresa en el hecho de que los seres humanos representan determinados tipos (pueblos, edades) en los que se parecen entre sí. Aquí los caracteres de la especie experimentarán su iluminación más brillante, que no pueden recibir a través de la historia cultural dirigida hacia lo meramente externo. Se comprenderá cómo influyen realmente en las personas el suelo, el clima, las condiciones económicas, etc.
A continuación se explicará qué papel desempeña, en el verdadero sentido de la palabra, el elemento personal en la historia. Los instintos, los sentimientos, las pasiones proceden de este elemento personal. Y sólo pueden comprenderse si conocemos la influencia de ese mundo que se llama astral o psíquico ( anímico) sobre lo que ocurre ante nuestros sentidos físicos y nuestro intelecto. A través de esta parte de la historia oculta, surgirá una comprensión de lo que normalmente se atribuye a la arbitrariedad de las personalidades individuales. Y se comprenderá la interacción de la personalidad individual, los pueblos y las épocas. Desde el ámbito astral se arrojará luz esclarecedora sobre la historia del mundo.
En tercer lugar, se experimentará cómo interviene el espíritu total del universo en los destinos humanos, como se vierte la vida de este espíritu total en el yo superior de un gran líder de la humanidad y de este modo, a través de canales, esta vida superior se comunica a toda la humanidad. Pues éste es el camino que toma esta vida superior: ésta fluye hacia los yoes superiores de los espíritus dirigentes, y éstos la comunican a sus hermanos. De encarnación en encarnación, los yoes superiores de la humanidad se desarrollan, y aprenden cada vez más a hacer de su propio ser el misionero del plan divino mundial.
A través de la investigación histórica ocultista se verá cómo un líder de la humanidad evoluciona hasta llegar a la altura en la que puede asumir una misión divina. Se verá cómo llegaron a sus misiones Buda, Zaratustra, Cristo. El conferenciante explicó estas proposiciones generales dando algunos ejemplos de cómo debe concebirse el desarrollo de los grandes líderes de la humanidad a través de su reencarnación.
Informe (presumiblemente de Richard Bresch) II
A las cinco y media, el Dr. Steiner pronunció la conferencia anunciada sobre investigación histórica ocultista, a la que asistieron entre 40 y 50 personas. El orador explicó aproximadamente lo siguiente:Después de la fundación de la Sociedad Teosófica en 1875, H. P. Blavatsky, con la ayuda de sus maestros, comenzó a trabajar en la poderosa obra que conocemos bajo el título de "La Doctrina Secreta" y en la que se nos ha legado un tesoro del más profundo conocimiento. Esta obra consta de dos partes, la cosmológica y la antropológica, la primera de las cuales trata del desarrollo del universo, la segunda del hombre. Con el tiempo, esta obra se completará con una tercera parte que tratará de lo que la ciencia profana llama "historia". La investigación histórica tendrá que contentarse, a discreción, con los hechos que se producen en el plano físico; la Teosofía, en cambio, que va directamente a las causas, encuentra la respuesta a todas esas cuestiones que la ciencia profana se ha esforzado tantas veces y tan vanamente en resolver.
Si nos ceñimos a los hechos históricos, nos encontramos con tres cosas: Al igual que el ser humano actuante está envuelto en un sistema tripartito -el ser físico, el anímico y el espiritual-, también los hechos históricos están sujetos a ese sistema tripartito. Las acciones externas que tienen lugar ante nuestros sentidos están en lo físico; en lo anímico se halla el centro donde prevalecen el deseo y la aversión, la simpatía y la antipatía, y en lo espiritual encontramos la región donde se originan los acontecimientos de la historia. Aquí hay que buscar las verdaderas causas de todos los acontecimientos de la tierra, aquí los protagonistas de la historia consultan cara a cara con los grandes e invisibles líderes de la humanidad. Sólo cuando investigamos la intención que les llevó a actuar comprendemos los hechos, a menudo inexplicables, de la historia.
Por ejemplo, en el siglo XV vivió un cardenal, Nicolás de Cusa (Cusano), que tenía profundas ideas científicas. Mucho tiempo antes que Copérnico, él había reconocido y enseñado el doble movimiento de la Tierra sin que sus contemporáneos lo comprendieran. Fue una especie de preparación para lo que Copérnico (nacido en 1473) pudo comunicar a una generación más perspicaz (siglo XVI). Los investigadores ocultistas enseñan ahora unánimemente (y H. P. Blavatsky también lo ha declarado abiertamente y lo ha insinuado en el Volumen III de la "Doctrina Secreta") que Copérnico no era otro que el Cardenal Cusa reencarnado, que de esta manera llevó su obra a término. Así se fijan y resuelven las tareas; el alma que prepara algo grande vuelve más tarde para cumplir y completar su misión. El orador expuso otros dos ejemplos para mostrar la forma en que la investigación histórica ocultista trabaja en su difícil campo, cómo conecta hechos aparentemente inconexos de forma explicativa; y con estos ejemplos proporcionaba al mismo tiempo una imagen del trabajo complementario que cabe esperar en el futuro de la Doctrina Secreta: Rondas y razas eran los temas de las partes que han aparecido hasta ahora; la tercera parte, investigación histórica ocultista, tratará de la reencarnación. Por último, el Dr. Steiner habló en detalle sobre el movimiento teosófico. Subrayó que este movimiento era también una tremenda necesidad en el sentido ocultista; había muchas razones para ello, siendo una de las más importantes la siguiente:A cada raza humana le es dado un secreto; nosotros estamos en la quinta raza y con el quinto secreto, y aunque este último todavía no puede ser pronunciado hoy, estamos en el proceso de vivir gradualmente en él. La naturaleza de este secreto ya ha sido indicada por Pablo, que era un iniciado - sólo será revelada en el curso del desarrollo de nuestra raza. Una adivinación prematura de este secreto por capacidades puramente intelectuales significaría un peligro indescriptible para la humanidad. Como tal conjetura casi ha sucedido ya dos veces y es inminente de nuevo en un futuro previsible, los grandes Maestros de la Humanidad han hecho surgir el Movimiento Teosófico. La humanidad debe estar preparada para la gran verdad. La Teosofía está trabajando hacia un tiempo determinado; se ha de formar un núcleo que comprenderá esta verdad cuando un día emerja sin disfraz - un núcleo que la captará correctamente y la utilizará no para maldición sino para bendición de la Humanidad. Las primeras razas se formaron a partir de una ya existente, seleccionando individuos o familias adecuados y siendo guiados por el Manú a paisajes desérticos apropiados. Este procedimiento ya no es posible, pero tampoco necesario, en vista de las relaciones que ahora tienen lugar en todo el globo; la educación a través de la Sociedad Teosófica Internacional cosmopolita, que forma este núcleo, realiza ahora éstas funciones.
El 14 de noviembre de 1903 Günther Wagner, de Lugano, que había escuchado esta conferencia, escribió lo siguiente a Rudolf Steiner: "... Le agradecería que me diera información concreta: La sugerencia sobre un enigma que cada raza tiene que resolver era completamente nueva para mí; no encontré nada al respecto en la "Doctrina Secreta". ¿Podría usted decirme los cuatro enigmas que (aparentemente), las cuatro primeras razas sí resolvieron?
Rudolf Steiner le respondió el 24 de diciembre de 1903:¡Querido Sr. Wagner! En la página 73 de la (edición alemana) de la "Doctrina Secreta" se dice con referencia a la estrofa 1,6 (Dzyan): "De las siete verdades o revelaciones, sólo se nos han entregado cuatro, ya que aún estamos en la cuarta ronda". Ahora bien, indicaba -cuando usted estaba en Berlín- en el sentido de cierta tradición ocultista, que la cuarta de las siete verdades a que me refería más arriba se remonta a siete verdades raíces esotéricas, y que de estas siete verdades parciales (la cuarta considerada como el todo) una será entregada a cada raza -por regla general. La quinta se revelará plenamente cuando la quinta raza haya alcanzado su objetivo de evolución. Ahora me gustaría responder a su pregunta lo mejor que pueda. Actualmente la situación es tal que las cuatro primeras verdades parciales forman frases de meditación para los aspirantes a los Misterios y que no se puede dar nada más que estas frases de meditación (simbólicas). De ellas surgen entonces muchas cosas superiores para el meditador de forma oculta. Por ello, expongo aquí las cuatro frases de meditación, traducidas al alemán a partir del lenguaje simbólico de los signos:
Reflexionad: sobre cómo el punto se convierte en esfera y, sin embargo, sigue siendo él mismo. Cuando hayáis comprendido cómo la esfera infinita no es más que un punto, entonces volved, pues entonces lo infinito resplandecerá en lo finito. Reflexionad: sobre cómo la semilla se convierte en espiga, y luego volved, pues entonces habréis captado cómo lo vivo vive en el número. Reflexionad: sobre cómo la luz anhela la oscuridad, cómo el calor anhela el frío, cómo lo masculino anhela lo femenino, y luego vuelvan, pues entonces habrán comprendido qué rostro les mostrará el gran dragón en el umbral. Reflexionad: sobre como se disfruta de la hospitalidad en una casa extraña, entonces vuelvan otra vez, pues entonces habrán comprendido lo que le espera a quien ve el sol a medianoche.
Pues bien, si la meditación ha sido provechosa, el quinto secreto surge de los cuatro. Por el momento, permítanme decir sólo esto, que la Teosofía -la Teosofía parcial que se encuentra, por ejemplo, en la "Doctrina Secreta" y su esoterismo- es una suma de verdades parciales de la quinta. Un atisbo de cómo ir más allá de esto puede encontrarse en la carta del Maestro K.H. [Kuthumi] citada por Sinnett, que comienza con las siguientes palabras En la primera edición (alemana) del "Mundo Oculto" se encuentra en las páginas 126 y 127. Sólo puedo asegurar que en la frase de K. H. (página 127) "Cuando la ciencia haya aprendido cómo se producen originalmente las impresiones de las hojas en las piedras...", en esta frase se esconde casi todo el quinto secreto de forma oculta.
Eso es todo lo que puedo decir sobre sus preguntas por el momento. Más, quizás, sobre otras cuestiones.
Las cuatro frases anteriores son lo que se llaman frases vivas, es decir, que germinan durante la meditación y a partir de ellas crecen brotes de conocimiento[.....]
Traducido por J.Luelmo dic.2022
Si nos ceñimos a los hechos históricos, nos encontramos con tres cosas: Al igual que el ser humano actuante está envuelto en un sistema tripartito -el ser físico, el anímico y el espiritual-, también los hechos históricos están sujetos a ese sistema tripartito. Las acciones externas que tienen lugar ante nuestros sentidos están en lo físico; en lo anímico se halla el centro donde prevalecen el deseo y la aversión, la simpatía y la antipatía, y en lo espiritual encontramos la región donde se originan los acontecimientos de la historia. Aquí hay que buscar las verdaderas causas de todos los acontecimientos de la tierra, aquí los protagonistas de la historia consultan cara a cara con los grandes e invisibles líderes de la humanidad. Sólo cuando investigamos la intención que les llevó a actuar comprendemos los hechos, a menudo inexplicables, de la historia.
Por ejemplo, en el siglo XV vivió un cardenal, Nicolás de Cusa (Cusano), que tenía profundas ideas científicas. Mucho tiempo antes que Copérnico, él había reconocido y enseñado el doble movimiento de la Tierra sin que sus contemporáneos lo comprendieran. Fue una especie de preparación para lo que Copérnico (nacido en 1473) pudo comunicar a una generación más perspicaz (siglo XVI). Los investigadores ocultistas enseñan ahora unánimemente (y H. P. Blavatsky también lo ha declarado abiertamente y lo ha insinuado en el Volumen III de la "Doctrina Secreta") que Copérnico no era otro que el Cardenal Cusa reencarnado, que de esta manera llevó su obra a término. Así se fijan y resuelven las tareas; el alma que prepara algo grande vuelve más tarde para cumplir y completar su misión.
Rudolf Steiner le respondió el 24 de diciembre de 1903:
Reflexionad: sobre cómo el punto se convierte en esfera y, sin embargo, sigue siendo él mismo. Cuando hayáis comprendido cómo la esfera infinita no es más que un punto, entonces volved, pues entonces lo infinito resplandecerá en lo finito. Reflexionad: sobre cómo la semilla se convierte en espiga, y luego volved, pues entonces habréis captado cómo lo vivo vive en el número. Reflexionad: sobre cómo la luz anhela la oscuridad, cómo el calor anhela el frío, cómo lo masculino anhela lo femenino, y luego vuelvan, pues entonces habrán comprendido qué rostro les mostrará el gran dragón en el umbral. Reflexionad: sobre como se disfruta de la hospitalidad en una casa extraña, entonces vuelvan otra vez, pues entonces habrán comprendido lo que le espera a quien ve el sol a medianoche.
Eso es todo lo que puedo decir sobre sus preguntas por el momento. Más, quizás, sobre otras cuestiones.
Las cuatro frases anteriores son lo que se llaman frases vivas, es decir, que germinan durante la meditación y a partir de ellas crecen brotes de conocimiento[.....]
GA061 Berlín 18 de enero de 1912 la historia de la humanidad El origen del mundo animal
HISTORIA DE LA HUMANIDAD
A LA LUZ DE LA INVESTIGACIÓN ESPIRITUAL
Rudolf Steiner
Berlín 18 de enero de 1912
9ª conferencia: El origen del mundo animal.
Si ya era algo difícil, desde el punto de vista de las ideas que rigen en la actualidad, explicar el origen del hombre de forma espiritual-científica (cosa que se hizo en la última conferencia del 4 de enero de 1912), hoy será aún menos fácil hablar del origen del mundo animal. Pues, por una parte la dificultad radica en el hecho de que todo lo que concierne al mundo animal es todavía mucho más remoto para la observación humana - al menos aparentemente - que todo lo que concierne a la naturaleza y a la esencia del hombre, aunque por otra parte debe añadirse una dificultad bastante especial porque, según el concepto actual del mundo, no se admitirá en absoluto una influencia de los acontecimientos espirituales, de las causas espirituales sobre el desarrollo y el origen de la existencia animal. En cambio, encontramos que en el curso del desarrollo de nuestra vida anímica en los últimos períodos se ha formado muy especialmente la noción de que en el desarrollo de la vida de los animales participan exactamente las mismas causas, poderes y realidades que en el desarrollo de la naturaleza sin vida, llamada inorgánica, y sabemos que los mayores triunfos de la ciencia natural se han realizado justamente en esta esfera del llamado desarrollo natural puro de los seres vivos.
Ahora bien, debemos decir ciertamente que, por un lado, el gran anhelo persigue un desarrollo puramente natural -como se suele decir-, es decir, un desarrollo que sólo tenga en cuenta aquellas fuerzas que también rigen en la existencia sin vida, y por otro lado vemos cómo una investigación que se mueve en esta dirección piensa en apresurarse de triunfo en triunfo -es más, si lo interpretamos en el sentido correcto, incluso lo hace-. Sin embargo, por otro lado podemos percibir cómo los pensadores más profundos que se apoyan enteramente en los hechos de la ciencia natural, y que además conocen plenamente lo que la ciencia natural ha aportado en los últimos tiempos, no están en condiciones de compartir la opinión de aquellos pensadores que quieren en todo momento derivar la vida de una mera unión o de una mera combinación -aunque sea muy complicada- de aquellas fuerzas y acontecimientos que también están presentes en la naturaleza sin vida. Una gran parte de los pensadores del presente y del pasado reciente no se tomaron muchas molestias en decir: hasta cierto momento probablemente el desarrollo de nuestra tierra ha consistido principalmente en desplegar de sí misma procesos sin vida, y en cierto momento algunos materiales se han unido de manera tan complicada que se originaron los seres vivos más simples... donde después el desarrollo progresó de tal manera que de estos seres vivos más simples, en la lucha por la vida y en la adaptación al entorno, por así decirlo, se han desarrollado seres vivos cada vez más complicados hasta el hombre. [Pero, en contradicción con esta idea, muchos filósofos de los últimos tiempos han sostenido que es imposible pensar que la mera combinación de sustancias inanimadas podría haber dado lugar en ningún momento a lo que en realidad se puede llamar generación espontánea, el surgimiento de lo vivo a partir de lo inanimado.
Uno de estos últimos pensadores es Gustav Theodor Fechner, que fue un genio en muchas facetas. Dado que los importantes avances de la ciencia natural en tantos campos están vinculados a esta personalidad, no hay que ignorar la opinión de un pensador de este tipo con tanta facilidad como suele ocurrir hoy en día. Gustav Theodor Fechner no puede imaginar que los seres vivos hayan podido desarrollarse a partir de seres no vivos. Más bien, le resulta obvio imaginar que lo inanimado puede surgir de lo animado a través de procesos de separación, porque efectivamente vemos que el proceso vital dentro de los seres vivos separa sustancias que, después de haber servido al proceso vital durante un tiempo, pasan al resto de la naturaleza y entonces pertenecen, por así decirlo, a lo inanimado, a los procesos inorgánicos.
Así, Fechner puede imaginar que nuestra tierra, en su punto de partida, habría sido una vez un único gran ser vivo. A partir de este gran ser vivo que era la tierra, que le había proporcionado su respiración, tal vez también su alimentación, como si del espacio del mundo se tratara, de este gran y poderoso organismo unitario, que en su día fue nuestra tierra, los seres vivos se han desarrollado, por un lado, como por una constricción especial de lo que sólo eran órganos vivos en el gran organismo terrestre, independizando dichos órganos. Y por otro lado, del gran organismo vivo de la tierra se han separado aquellas sustancias que hoy pertenecen a los procesos sin vida de la naturaleza de forma similar a como las sustancias se separan de un organismo después de haber servido a los procesos vivos durante un tiempo. Así, en el sentido de este pensador, no sería lo vivo lo que surge de lo sin vida, sino lo sin vida de lo vivo. lo inanimado habría surgido de lo animado.
De forma parecida, quizás incluso más fantástica, se formó una idea el científico natural Wilhelm Preyer, que estableció su legitimidad para opinar en la ciencia natural no sólo a través de sus abundantes investigaciones fisiológicas y biológicas, sino también a través de sus escritos sobre el darwinismo. Preyer también imagina que la tierra era una especie de ser vivo en su punto de partida. De hecho, en general era reacio a hablar de un ser inanimado en sentido absoluto. Dice: "No tenemos ningún derecho especial a considerar una llama como algo completamente inanimado, pero sí que podemos considerar el ardor de la llama como una especie de proceso vital en el nivel más bajo, que se ha simplificado y ha descendido desde un nivel superior del mismo modo que los procesos vitales que consideramos hoy pueden haberse desarrollado hacia arriba. Cuando una llama arde, piensa Preyer, entonces parece como si en el consumo de la materia y en toda la forma en que la combustión se nos presenta como un hecho, algo similar se nos muestra como un proceso vital.
Y por eso no consideraba imposible que la propia Tierra fuera un gran proceso de vida, un proceso de vida que debió proceder en condiciones muy diferentes a las que proceden los procesos de vida en la actualidad. Y así vemos surgir de la cabeza de un naturalista las ideas más extrañas, que Preyer expresa diciendo: la tierra pudo muy bien ser un gran organismo poderoso en el punto de partida de su desarrollo, cuya respiración debemos buscar en los vapores de hierro incandescentes, cuyo flujo sanguíneo debemos imaginar en los metales incandescentes, y cuya alimentación debe haber sido efectuada por meteoritos atraídos desde el espacio del mundo. - Es cierto que se trata de un organismo peculiar y de un proceso de vida peculiar, pero este naturalista cree que no puede expresarlo de otra manera, que lo vivo no se remite a lo sin vida, sino lo sin vida a una vida originaria. Y lo que hoy se nos aparece como nuestra vida, en diversos ámbitos le parecía sólo una vida formada especialmente, mientras que la vida de una vela encendida le parecía una vida formada al revés, en cierto modo, así que esta última puede parecernos exteriormente sin vida.
Si tenemos que decir que tales fenómenos en el desarrollo de la vida intelectual reciente pueden mostrarnos, por así decirlo, la importancia de los pensadores, que se mantienen firmes en el terreno de la ciencia natural no sólo de acuerdo con sus sentimientos, sino también de acuerdo con sus conocimientos, sin remitirse a la tierra simplemente como la bola de gas incandescente, líquida y sin vida de la teoría de Kant-Laplace, sino que mira a la tierra original como un gran ser vivo para poder explicar lo que está vivo hoy, esto puede enseñarnos hasta cierto punto que el rastreo de lo vivo hasta lo sin vida no es tan fácil después de todo.Por otra parte, debemos decir que precisamente los espíritus pioneros de los mayores logros de los resultados de la investigación de la ciencia natural reciente no pueden enseñarnos tampoco que el pensamiento científico natural haya remitido todo lo vivo a una existencia sin vida, y que en este sentido la ciencia natural contradiría prácticamente lo que la ciencia espiritual tiene que decir, que todo lo material, y luego en general todo lo vivo, debe remitirse a causas espirituales.
¿Es correcto, entonces, que lo que Darwin o Lamarck u otras mentes pioneras han hecho por los grandes logros de la ciencia natural excluya la visión de las causas espirituales que subyacen a los fenómenos?
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| Charles Darwin |
A partir de este pasaje, a menudo se ha llamado la atención sobre un curioso pasaje de los escritos de Darwin, en el que este gran pionero señala cómo consiguió mostrar la transformación de una forma de vida en otra, y cómo le pareció posible retrotraer la complejidad de la vida actual a formas de vida anteriores, quizá menos complicadas, y explicar así la diversidad de las formas de vida actuales gracias a formas de vida originales que quizá difirieran poco entre sí. Sin embargo, a continuación Darwin dice de forma muy significativa: "Así habríamos conseguido remontar las múltiples formas de vida actuales a una original y explicar la vida actual en su multiplicidad a través de la evolución. - Pero Darwin habla de estas formas de vida originales de tal manera que supone que, como dice literalmente, "el Creador vertió una vez la vida en ellas".
En efecto, podemos decir que Darwin, el naturalista activo a mediados del siglo XIX, se creía justificado en su explicación de la transformación de las especies en la naturaleza viva por el hecho de que suponía que aquello a lo que atribuía originalmente el desarrollo procedía simplemente del Creador. De toda la forma de pensar de Darwin se desprende que habría tenido que darse cuenta enseguida de lo inadecuado de su explicación si no se le hubiera permitido suponer la intervención de hechos espirituales en algún momento del desarrollo de la Tierra. Precisamente por eso, al sentirse firme y fuerte en el terreno que ha pisado, se dice a sí mismo que si se puede suponer que la vida original, generada a partir de lo espiritual, existió en las formas más simples, entonces también se puede esperar que esta vida en las formas más simples haya tenido tal fuerza motriz, tal empuje, para poder transformarse en formas complicadas y múltiples.
En un sentido aún más elevado, esto debe aplicarse a Jean Lamarck, que hablaba de un desarrollo natural de los seres vivos a través de la adaptación a su entorno a formas cada vez más complicadas. Precisamente en la obra de Lamarck se ve que su pensamiento es que se puede suponer un desarrollo de lo exteriormente imperfecto a lo exteriormente más y más perfecto, porque no hay que pensar que esto esté en absoluto en contradicción con el entrelazamiento y la vivencia de todo este desarrollo con las fuerzas espirituales básicas. De qué otra manera podría Lamarck haber tenido un pasaje en su obra fundamental, que podemos citar textualmente, que es precisamente característico de la forma que ahora se ha caracterizado en los pensadores científicos más antiguos. Lamarck dice en su "Philosophie zoologique":
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| Lamark |
"Ahora bien, dado que no se ha tenido en cuenta el hecho de que los individuos de una especie deben continuar sin cambios mientras no cambien materialmente las circunstancias que afectan a su modo de vida, y como los prejuicios imperantes están en armonía con la suposición de esta generación progresiva de individuos similares, se ha supuesto que toda especie es inmutable y tan antigua como la naturaleza, y que fue creada especialmente por el sublime autor de todas las cosas."
Lamarck es consciente de que debe romper con la creación única de todas las especies en el punto de partida de esta existencia natural, que debe pensar que las especies que tenemos hoy en día han surgido a través del desarrollo. Pero luego continúa:
"Ciertamente, todo existe sólo por la voluntad del sublime Autor de todas las cosas. Pero, ¿podemos prescribirle reglas en el ejercicio de su voluntad, o determinar el modo en que lo ha hecho? ¿No podría su infinita omnipotencia crear un orden de cosas desconocido para nosotros, que hizo que todo lo que vemos y todo lo que existe surgiera uno tras otro? Cualquiera que haya sido su voluntad, la grandeza inconmensurable de su poder es ciertamente siempre la misma, y de cualquier manera que haya llevado a cabo esta voluntad, nada puede disminuir su grandeza. Respetando, pues, los consejos de esta sabiduría infinita, me mantengo dentro de los límites de un simple observador de la naturaleza".
Así hablaba el hombre al que tanto se alude hoy, y con razón, cuando se habla de la teoría de la evolución. Pero, al mismo tiempo, vemos que este hombre ha marcado así su programa de la manera más definida desde el principio. ¿Qué es este programa? Lamarck dijo: "Si uno determina todo lo que está a su alcance como simple observador de la naturaleza por medio de la observación, entonces surge la posibilidad de una idea de que los organismos se han desarrollado en una serie continua; pero en su origen hay que pensar que en todo este desarrollo actúan fuerzas motrices espirituales, pues de lo contrario no se tendría ninguna base sólida. - Esta es sin duda la actitud del pionero Lamarck.
Hay que decir, sin embargo, que este investigador científico ha marcado su programa especial limitándose a los procesos del mundo exterior y no yendo más allá de lo que debe subyacer espiritualmente a todo el proceso de desarrollo. Traslada repentinamente lo espiritual a un mundo en el que no pretende penetrar, que presupone desde el principio como una región de toda la Voluntad del Creador sin obstáculos; pero se limita a las representaciones de aquello que ha brotado de esta Voluntad del Creador y vive en un desarrollo continuo.
Ahora bien, por otra parte, hay que reconocer que, tal como están las cosas hoy, el observador científico no puede concluir nunca con razón que, en las condiciones accesibles a la observación externa de hoy, los seres vivos puedan desarrollarse en la tierra de hoy a partir de cosas sin vida. La idea de que los seres vivos se desarrollan a partir de cosas sin vida no es en absoluto nueva, es básicamente la más antigua. Ya se ha señalado aquí que fue un gran avance en la ciencia natural, que, sin embargo, apenas lleva dos siglos de retraso, cuando Francesco Redi pronunció la frase: Los seres vivos sólo pueden surgir de los seres vivos.
- Es interesante observar que en los siglos anteriores a Francesco Redi todavía se suponía que los seres vivos y bastante complejos podían surgir de sustancias meramente inanimadas. No sólo se suponía que los animales inferiores, las lombrices de tierra por ejemplo, podían desarrollarse a partir del lodo del río, que para la observación externa representaba algo inanimado, sin que el progenitor de las lombrices hubiera colocado un germen vivo en el lodo, sino que también se suponía de forma bastante sistemática que los animales hasta el nivel de los insectos, o incluso superiores, podían desarrollarse a partir de sustancias inanimadas. Es interesante que en una obra de San Isidoro, fallecido en el año 636, se afirme sistemáticamente que las abejas pueden desarrollarse a partir del cadáver de un buey -algo que ya ha pasado a lo inanimado- si se le golpea lo suficiente.
Sí, este hombre, que estaba a la vanguardia de la erudición de su tiempo, no sólo nos dijo cómo las abejas pueden desarrollarse a partir de un cadáver de buey, sino que también nos dice cómo, del mismo modo, los avispones pueden desarrollarse a partir de cadáveres de caballos, los zánganos a partir de mulas y las avispas a partir de cadáveres de burros. Pero esto no es suficiente; hasta el siglo XVII se afirmaba cómo las hormigas y las anguilas pueden desarrollarse a partir de lo que ya se ha convertido en lo inanimado. Y la creencia de que los seres vivos pueden formarse a partir de cosas sin vida de la forma más sencilla era tan poderosa que Francesco Redi sólo se libró por poco del destino de Giordano Bruno porque tuvo la desfachatez de pronunciar la frase: Los seres vivos sólo pueden surgir de seres vivos; pues la suposición de que los seres vivos pueden desarrollarse a partir de sustancias inanimadas sólo puede basarse en una observación inexacta, porque los gérmenes vivos de los seres vivos deben estar ya contenidos en el lodo del río para que los seres vivos se desarrollen.
La ciencia espiritual de hoy debe añadir a los logros de Francesco Redi la frase de que las cosas espirituales sólo pueden desarrollarse a partir de las cosas espirituales. Y puesto que todo el desarrollo terrenal culmina en lo espiritual, tal como se presenta de forma simple y en un nivel subordinado en el mundo animal, tal como se presenta en un nivel superior en el ser humano normal y en el nivel más elevado en el propio espíritu humano, este espiritual, que finalmente surge como de lo aparentemente sin espíritu, sólo puede remontarse a un origen espiritual. Si la ciencia espiritual se ve obligada a afirmar esto hoy, tal como hemos escuchado en las conferencias anteriores y también en los años pasados en estos ciclos de conferencias, y si continúa afirmando esta proposición completamente en los campos individuales: Las cosas espirituales sólo pueden surgir de las cosas espirituales -para sustanciar y decir: todo lo que nos parece material es sólo una cosa espiritual transformada-, así que hoy, porque otras cosas se han puesto de moda, porque ya no se va a la hoguera, ni se está expuesto al destino de Francesco Redi o de Giordano Bruno, sino a un destino diferente. Porque hoy tiene que representar una verdad que se asiente en la vida cultural de la misma manera que se ha asentado la frase: los seres vivos sólo pueden surgir de los seres vivos, la ciencia espiritual será considerada como una ensoñación, como algo que de ninguna manera está firmemente asentado en el terreno del conocimiento científico real.
Ahora, en primer lugar, se esbozará lo que la Ciencia Espiritual tiene que decir desde su punto de vista sobre la cuestión de los orígenes del mundo animal. Luego se mostrará cómo la comprensión de la Ciencia Espiritual sobre el origen del mundo animal puede conciliarse totalmente con las adquisiciones del conocimiento científico-natural del presente, pues me he propuesto en estas conferencias armonizar lo que la Ciencia Espiritual produce de sí misma con las adquisiciones de la ciencia natural.
Sin embargo, la ciencia espiritual como tal no puede remitirse a lo que Gustav Theodor Fechner o Preyer supusieron que era el organismo terrestre original. Pero, por otra parte, hay que insistir una y otra vez en que ninguna explicación puede conseguir que sea siquiera lógicamente plausible que la diversidad de los seres vivos haya podido desarrollarse dentro de la evolución de nuestra tierra a partir de una estructura puramente nebulosa, como supone la teoría de Kant-Laplace; habría que recurrir, por así decirlo, a los medios de información de la última manera de pensar si se quisiera poner en armonía el mundo orgánico o el animal. Entonces se llegaría a la forma de pensar del investigador sueco Svante Arrhenius, admirada por muchos hoy en día, pero no por ello menos fantástica, de que -digamos que justo en el momento oportuno, cuando la tierra estaba tan avanzada como para poder recibir gérmenes de seres vivos, recibió tales gérmenes transferidos a sí misma por la llamada presión de radiación desde el espacio del mundo. Será fácil para todos ver que no se da ninguna explicación con tal explicación, porque uno tendría entonces la tarea de explicar dónde y cómo estos seres vivos llegaron a existir, incluso aunque solo fluyeran a la tierra como los más simples gérmenes a través de la presión de la radiación.
La ciencia espiritual debe remontarse a una forma de la tierra en la que ésta aún no se nos presentaba ocupada y poblada por los seres vivos que hoy reconocemos.
En cierto sentido, la ciencia espiritual también nos muestra algo parecido a lo que Fechner y Preyer imaginaron a través de la razón pura, a saber, que la tierra en su punto de partida era un ser vivo que no sólo tenía en su interior gases y vapores inanimados, como supone la teoría de Kant-Laplace. Esta teoría puede explicarse fácilmente al alumno más sencillo diciéndole: "Mira esto, es realmente posible, por la mera rotación de una gota en un líquido, si la dejas girar, que algo se separe, que entonces da vueltas alrededor de la gota grande como resultado de la rotación, de modo que puede surgir algo así como un sistema mundial a pequeña escala. - Sólo se olvida que se ha puesto en movimiento la gota haciéndola girar, y que si una vez se ha producido realmente un proceso de este tipo a gran escala, que los planetas se hayan desprendido por la rotación de una bola de gas, entonces un gigantesco profesor o una gigantesca profesora debe haber actuado en el espacio del mundo, pues cuando uno hace un experimento debe tener en cuenta todos los procesos sin olvidarse de uno mismo. Si ya es imposible explicar a partir de lo que se conoce actualmente incluso la escisión de los planetas a partir de una bola de gas antaño existente, aún será menos posible explicar la vida dentro de una existencia planetaria sin un ser vivo, si se supone que antes sólo existían cosas no vivas.
La ciencia espiritual, sin embargo, nos lleva de vuelta a tal tierra, que en efecto no sólo estaba animada en su punto de partida, sino que también estaba espiritualizada, de modo que en el desarrollo de la tierra tenemos que retroceder a un ser terrestre original espiritualizado. Si quisiéramos entonces presentar este ser terrestre espiritualizado ante nuestros sentidos, por así decirlo en una imagen, este ser se presentaría sustancialmente de tal manera que todavía hoy tenemos ante nosotros, por así decirlo, como los últimos restos de este estado terrestre original en los organismos más bajos, de los que en realidad es difícil decir si son seres vegetales o animales, materia viva móvil pero aún no formada. Cuando observamos estos organismos más bajos, que en realidad se podría llamar el flujo de la vida, pues al principio parecen una gota redonda, pero que, por instigación externa, cambia su materia, por así decirlo, según la forma y la posición, se alarga en cuernos de sentimiento o en pies que se arrastran por el suelo, Si visualizamos esta sustancia viva original, tenemos ante nosotros, en el sentido de la ciencia espiritual, la totalidad de la materia terrestre original y dentro de esta materia terrestre todavía no aquella que tenemos hoy como sustancias inanimadas. Toda la tierra es, por así decirlo, una sustancia viva pero aún no formada, y la ciencia espiritual debe concebir lo que llamamos el principio de la forma, el principio suprasensible de la forma, como algo puramente espiritual en el punto de partida del desarrollo de la tierra, junto a esta sustancia no formada. Hoy en día, en el sentido de la ciencia espiritual, sólo podemos hacernos una idea de cómo era realmente esta tierra en el punto de partida de su desarrollo si nos imaginamos al ser humano dormido y nos decimos, como hemos hecho a menudo en las conferencias anteriores: Si nos imaginamos al ser humano dormido, tenemos el cuerpo físico acostado en la cama y este cuerpo físico impregnado de lo que llamamos en la ciencia espiritual una forma corporal ya no sensorial: el cuerpo etérico. Pero fuera, por así decirlo en la periferia de este cuerpo físico vivo, tenemos lo que está dentro de este cuerpo físico durante la vida diurna de vigilia: la vida viva del alma, que llamamos la conexión entre el yo y el cuerpo astral del hombre. - Así, en el ser humano despierto, tenemos el alma interior ante nosotros, penetrando en el físico exterior; pero en el ser humano dormido, tenemos el físico exterior ante nosotros, separado del alma interior. En el ser humano dormido de hoy, esta alma interior es inconsciente, no está, por así decirlo, impregnada de un contenido interior real, al menos no de forma consciente.
Pero para un verdadero pensador es imposible imaginar que el ser humano dormido siga teniendo eso dentro de sí mismo, o que lo que es actividad viva en el ser humano dormido al mismo tiempo produzca los fenómenos de la vida propia del alma durante el estado de vigilia. ¿Qué podemos imaginar, cuando pensamos con lógica? Sólo podemos imaginar -esto sólo puede ser esbozado hoy, pero todo aquel que piense de forma lógica y coherente no puede llegar a otra conclusión- que el hombre ejerce, expresa su actividad anímica a través de la actividad corporal de vigilia, de modo que el hombre de vigilia, para desarrollar la conciencia, necesita sus órganos corporales, y que los órganos corporales deben estar formados de tal manera que, al ser animados por el principio anímico, puedan ser portadores o mediadores de la vida de la conciencia. Pero ningún ser humano puede imaginar que a través de la actividad interna viva y orgánica que tiene lugar durante el sueño, pueda ocurrir lo que entra en nuestra conciencia en la vigilia como procesos internos del alma. Basta con hacer una simple comparación, que es suficiente para este propósito, y podremos ver cómo está el asunto.
Sustituyamos los pulmones y la respiración por el cerebro, el órgano del alma, que nos da el estado consciente despierto. Entonces debemos decir que los pulmones sólo respiran porque el oxígeno fluye hacia ellos desde el exterior. Pero la actividad de los pulmones no se agota con la entrada de oxígeno, pues la actividad orgánica no puede influir en el suministro de oxígeno. Pero no podemos aprender nada sobre la naturaleza y la esencia del oxígeno a partir de la forma en que alimentamos y avivamos nuestros pulmones desde dentro, y los pulmones tampoco pueden recibir oxígeno desde dentro. Pero al igual que tenemos que pensar que el proceso de la vida interior pasa a los pulmones, también tenemos que pensar que el proceso de la vida interior pasa al cerebro y a los demás órganos durante la vida del sueño. Por la noche nuestros órganos se agotan, porque la actividad del alma los desgasta, y deben intercalarse con una actividad vital pura, para que puedan volver a servir como mediadores de la actividad del alma. Pero al igual que la mera actividad vital interna no puede suministrar oxígeno a los pulmones, la actividad vital interna no puede suministrar al ser humano durante el sueño lo que podemos llamar los impulsos, deseos, pasiones, etc. del ser humano. Nada se deduce de la mera actividad corporal del hombre por su actividad anímica, como nada se deduce de la mera actividad vital que se vierte en los pulmones por la naturaleza del oxígeno que por todos los medios se une a los pulmones desde fuera. Y ningún hombre puede escapar a la conclusión bastante convincente: Así como el oxígeno, como tal, existe en el mundo exterior y se comunica a los pulmones, sólo que los pulmones, por no dormirse, no se abastecen de él alternativamente, sino siempre, así los órganos de la cognición en el hombre no son llamados desde dentro por la mera actividad corporal para impartir la actividad del alma, sino que ésta debe fluir hacia ellos al despertar, así como el oxígeno fluye hacia los pulmones desde fuera.
Por lo tanto, debe ser algo que, componiéndose en el ego humano, fluye en la actividad corporal por la mañana y luego trabaja en los órganos del alma humana. Así, en lo que es la vida del sueño, debemos pensar en lo espiritual como algo separado y considerarlo, por así decirlo, como algo que despierta una parte de nuestros órganos corporales en órganos del alma por la mañana.
Así que tenemos, por así decirlo, un organismo vivo en el ser humano dormido y un espíritu independiente que flota sobre él. Durante la vida de vigilia debemos imaginar que lo que fluye en nosotros como procesos anímicos, es decir, como alma espiritual, sólo puede provocar ciertos procesos que, sin duda, van paralelos a ellos en el organismo, que son efectos de los procesos anímicos y que, cuando alcanzan su cumbre, provocan fatiga, son, por así decirlo, procesos de disolución de la materia, mientras que desde el cuerpo estos procesos de fatiga se deshacen de nuevo durante el sueño.
De manera similar, la Ciencia Espiritual muestra que la tierra en su punto de partida consistía realmente en una dualidad, en algo que no es lo mismo que el ser humano dormido y despierto, pero que bien puede compararse con él, que era, por así decirlo, como los últimos restos de los organismos más simples lo son todavía hoy, sustancia viva móvil, pero que de ninguna manera se transformó en animal o humano, ni siquiera en formas vegetales. Y así como tenemos que pensar en lo que es el contenido del alma del hombre en relación con el cuerpo humano, revoloteando alrededor de él en el sueño, así tenemos que pensar en todo el cuerpo terrenal en su comienzo revoloteando alrededor de lo que podemos llamar el espíritu terrestre, el espíritu terrestre común unificado. Es en este espíritu terrestre donde tenemos que buscar todo lo que luego se ha convertido en forma dentro del desarrollo de la tierra. En este espíritu de la tierra debemos buscar también todo lo que tiene un efecto estimulante sobre la sustancia fluido-material, por así decirlo, sobre la tierra dormida, para que toda la sustancia vital se ponga en movimiento de las formas más diversas. Así que tenemos que pensar en - Quisiera decir que las causas excitantes, que, como la tormenta que azota el mar y lo moldea en toda clase de formaciones ondulatorias, originalmente sólo produjeron tales formas en la sustancia líquida, que no se solidificaron, sino que, después de haberse formado temporalmente, volvieron a tomar su forma original sin forma. El principio de la forma en sí debe ser considerado como un principio suprasensible y espiritual que estaba conectado con la sustancia terrestre original. Si todavía hoy queremos imaginar algo similar para este modo de acción o para esta interacción entre el espíritu y la materia en relación con la tierra en su punto de partida, podemos imaginar -la ciencia natural del futuro ya lo revelará- una zona más estrecha en la que se produce lo que ocurrió en el punto de partida del desarrollo de la tierra. Todavía podemos mostrar algo que actúa sobre la sustancia vital no formada.
Todos estos procesos que nuestra propia vida espiritual produce en la sustancia cerebral, en la sustancia sanguínea, pueden compararse con los procesos que originalmente tuvieron lugar en el punto de partida de la tierra entre el principio espiritual de la forma y lo que, como sustancia viva, subyace al desarrollo de la tierra. El ser humano es una sustancia viva que es la base de la vida en la tierra.
En nuestro sentido actual, tal cosa no puede ser probada. Sólo se puede probar que la Ciencia Espiritual, por los medios ya descritos, produce algo similar, por así decirlo, para todo el desarrollo de la tierra, a lo que se produce en la memoria en la vida humana individual. A través del desarrollo de ciertas fuerzas de las que se ha hablado aquí y que descansan en las profundidades del alma - éstas son al mismo tiempo las fuerzas a través del desarrollo de las cuales el investigador espiritual puede ver directamente en el ser espiritual terrestre - la memoria humana y la visión espiritual del hombre se amplían. Así, lo material y la vida material pueden ser completamente penetrados por la visión espiritual, y los procesos materiales pueden también mostrarse en su existencia de tal manera que permiten no sólo el presente sino también los estados anteriores, a partir de los cuales se han desarrollado, para confrontar el ojo espiritual directamente. Así como hoy el hombre lleva dentro de sí en el presente lo que ha formado su vida anímica desde la infancia, y puede así trazar la línea de la memoria, así también traza su vida anímica hasta estados anteriores; puede así trazarla como era no sólo ahora, sino hace décadas y así sucesivamente. Si la mirada espiritual no se ciñe sólo a la materia exterior, sino que penetra en la superficie de las cosas y se adentra en el subsuelo espiritual, entonces se afirma algo dentro de lo espiritual, que pone al ser humano en una especie de memoria del mundo, que también se llama lectura en la Crónica Akásica, y a través de ella mira hacia atrás, hacia estados terrenales originales anteriores.
Por lo tanto, sólo de esta manera espiritual pueden darse las pruebas. Pero cuando estas cosas han sido investigadas, entonces tenemos a nuestra disposición los medios que corroboran lo que ha salido a la luz a través de los investigadores espirituales y demuestran que hay plena armonía entre lo que las cosas aún nos presentan hoy y lo que el investigador espiritual debe afirmar a través de sus hallazgos. Por lo tanto, incluso en una conferencia pública, no se puede tomar otro camino que el de relatar lo que se presenta al investigador espiritual, y lo que fluye de la observación espiritual directa, mientras que a través de esta observación científico-espiritual se nos devuelve, por así decirlo, al punto de partida del devenir de la tierra. Pero al mismo tiempo debemos subrayar que para tales estados, sin embargo, lo que tenemos que reconocer como espiritual está todavía mucho más cerca de la nitidez material de lo que lo espiritual está hoy en la creación material. Hoy en día lo espiritual necesita la resistencia del cuerpo material, por lo que lo espiritual en el ser humano sólo puede producir aquellas imágenes de lo material que nos representamos en nuestra imaginación. No lo llevamos a una condensación más fuerte que a estas imágenes.
La ciencia espiritual, sin embargo, parte de la base -las siguientes conferencias llamarán la atención sobre el origen de la materia- de que toda la existencia material fue originalmente espiritual, sólo que lo espiritual, cuando todavía era materialmente creativo por sí mismo, se encontraba en un estado más original, más volitivo, más poderoso de lo que es hoy en la vida espiritual humana. Por lo tanto, tenemos que pensar que lo que rondaba la tierra como principio espiritual de la forma estaba mucho más cerca de lo que llamábamos la sustancia original de la vida que lo que se puede pensar hoy en el ser humano dormido en relación con su alma que rondaba. Y entonces, a medida que avanzamos, debemos pensar que por la intervención del principio suprasensible de la forma en la sustancia, ha llegado a existir todo lo que ahora se llama naturaleza inanimada. De hecho, debemos imaginar que por la influencia del principio espiritual de la forma, dicha materia se separó de la materia movible y agitada, que entonces quedó sin vida. De este modo, la ciencia espiritual vuelve a acercarse a las investigaciones de Fechner y Preyer. Pero esta materia inanimada es, en cierto modo, tomada de nuevo por el principio de la forma, en el sentido de que el principio de la forma aparece ahora en esta materia sin vida como cristalización, de modo que tenemos que pensar que todo lo mineral surge de la materia originalmente espiritual y animada y es tomado por el principio de la forma. Por eso, incluso hoy, cuando hablamos de cristal, podemos reconocer un principio suprasensible de la forma. Pero el principio de la forma se afirmó de manera diferente en la materia, que permaneció como materia viva. Y si hoy dejamos de lado las plantas, debemos imaginar que la tierra, bajo la influencia de aquellas sustancias que, como inertes, se separaron gradualmente de la sustancia viva y se agruparon de las más diversas maneras, se formó en lo que llamamos tierra sólida, agua líquida, aire, etc.
Debemos imaginar además que durante este tiempo el principio de la forma está trabajando en el conjunto de la sustancia viva y sin vida, que la materia viva formada está expuesta a la falta de vida exterior, - sí, mientras que antes estaba completamente viva en sí misma, ahora debe afirmarse con la materialidad sin vida, también por el hecho de que en el curso del desarrollo de la tierra el principio de la alimentación se afirmó como una toma de lo sin vida en lo vivo.
Así, vemos que lo vivo, por así decirlo, absorbe lo no vivo, que previamente ha separado de sí mismo de una manera determinada. De este modo, lo vivo en la tierra entra cada vez más en las condiciones que se expresan a través de lo inanimado como los elementos tierra, agua, aire, etc., y lo vivo sólo puede formarse de tal manera que las formas se adapten a los elementos exteriores.
Ahora bien, debemos imaginar la vida de la tierra de tal manera que en el curso posterior mantiene lo inanimado y lo animado separados por el principio de la forma de la manera más variada. Debemos imaginar que las sustancias que hoy se han precipitado desde las alturas y están conectadas con el cuerpo terrenal, estaban en aquel entonces disueltas y presentes como vapores en la tierra en una época intermedia. Ciertamente podemos hablar de un tiempo terrestre en el que no existía una envoltura de aire como la actual. Hay que hablar de vapores y gases que se han solidificado hace tiempo. Tenemos que ver toda la distribución del agua y aire en una época intermedia de la tierra de manera diferente. Debemos pues imaginar que el principio de la forma, que debe ser considerado puramente espiritual, al formar la sustancia viva en la materia sin vida, formada, tuvo que tomar de esta última las condiciones, por ejemplo, para la respiración, etc., de modo que, de esta manera, el principio de la forma tuvo que crear las más variadas formas, para que se adaptaran a las antiguas condiciones terrestres, que ahora ya no existen en absoluto. La ciencia espiritual muestra, sin embargo, que el desarrollo procedió de tal manera que, por así decirlo, sólo una parte de la sustancia viva llegó realmente a formarse en aquellos tiempos, y que, cuando la materia sin forma fue directamente tomada por el principio espiritual, una parte de la antigua sustancia móvil y sin forma fue retenida. Por lo tanto, en la antigüedad, cuando la tierra estaba estratificada de manera muy diferente por sustancias que hoy ya han caído al suelo por compactación o llevan una existencia líquida en la propia tierra, hemos cristalizado, por así decirlo, el principio de la forma en formas antiguas que desde hace tiempo ya no puede existir en las condiciones actuales. Tomemos tal estado, en el que nuestra tierra no tenía aún la forma de planeta que vemos hoy. Evidentemente, tuvieron que surgir otras formas de seres vivos, seres vivos que estaban adaptados a las antiguas condiciones y que hoy ya no pueden existir. Es fácil explicar que muchas de estas formas de vida tuvieron que extinguirse por completo cuando la propia Tierra cambió de forma. Allí encontramos lo que todavía es verificable geológicamente y lo que muestra la paleontología, que vivían animales que debemos imaginar de tal manera que sólo estaban adaptados al agua que sólo se acercaba a su forma actual, pero que todavía estaba intercalada con sustancias completamente diferentes. Allí encontramos otros animales que estaban adaptados a las condiciones del aire de aquella época, como las especies de dinosaurios y así sucesivamente, en definitiva, podríamos encontrar las más diversas formas animales que estaban adaptadas a las condiciones de aquella época. Además, surgieron otras formas que estaban, por así decirlo, adaptadas a las condiciones de tal manera que ya no podían ser formadas a partir de la materia móvil sin forma por el principio original de la forma, pero que eran capaces de remodelarse en generaciones sucesivas y de desarrollarse más en la línea de la herencia de tal manera que desarrollaban las formas posteriores a partir de las antiguas. Las nuevas formas se adaptaron entonces a las nuevas condiciones de la tierra. Mientras que tuvieron que morir aquellas formas que en los tiempos antiguos habían estado tan fuertemente impregnadas del principio de la forma que ya no podían transformarse, los organismos que habían permanecido más móviles en sí mismos pudieron desarrollarse, en los que el elemento vivo aún no se había formado tan fuertemente, podían transformarse y así seguir desarrollándose.
Para el hombre el desarrollo es tal que en la antigüedad no podemos verlo dentro de lo que podría haber sido visto con ojos externos, sino que lo encontraríamos compuesto de una materia tan sutil de un tipo sin forma y móvil que en los tiempos en que las formas animales ya estaban allí podría haberse convertido en cualquier cosa.El hombre ha descendido de lo informe a la forma, a la forma más tardía. Mientras que los animales que hay hoy en el mundo ya habían asumido antes el principio de la forma, de modo que tuvieron que transformar su forma anterior en adaptación a la transformación de la tierra, el hombre no se dejó determinar por el descenso a las formas antiguas, sino que esperó hasta que la tierra tuviera la distribución de aire y agua que tiene ahora. Sólo entonces se produjo para el hombre la condensación de la materia aún apenas formada en la posterior forma humana. Dado que el hombre entró en la forma formada a más tardar, apareció de tal manera que no estaba meramente adaptado a las condiciones terrestres individuales y específicas.
Pero si nos remitimos a los animales, debemos imaginar su origen de tal manera que ciertas formas se adaptaron a territorios bastante específicos de la tierra. Estos animales adoptaron entonces una forma que no es en absoluto similar a la de los descendientes actuales, que estaba adaptada a las condiciones de aquella época, pero como los animales sólo estaban adaptados a condiciones territoriales que cambiaban rápidamente en ciertos aspectos, sólo podían cambiar dentro de ciertos límites. El hombre, sin embargo, que en la época en que la tierra estaba todavía sometida a rápidos cambios no había entrado en una formación, sino sólo más tarde, <cuando le fue posible transferir la formación sobre toda la superficie de la tierra a la corporeidad de tal manera que él como tal estaba adaptado a toda la tierra, pudo poblar la tierra como un ser menos adaptado a las condiciones exteriores y más adaptado a las fuerzas motrices espirituales interiores. El ser humano estaba así adaptado desde el principio a tales fuerzas de la forma que su ser interior correspondía a lo espiritual, que las fuerzas de la forma podían actuar directamente sobre el alma de tal manera que hacían de su forma física exterior una forma erguida, que hacían de sus manos instrumentos vivos del espíritu. Pero todo esto sólo podía ocurrir después de que la tierra hubiera pasado por encima de ciertos principios de forma, para que el ser humano pudiera adaptarse a lo que desde dentro podía determinar toda su forma y su autoexpresión. Así, en el hombre el principio de la forma determina su forma por la vía de lo espiritual, mientras que en los animales el principio de la forma tuvo que llegar mucho más a lo inanimado e inorgánico.
Todavía hoy podemos ver en los animales cómo han ligado toda su vida anímica a lo físico, mientras que el hombre es capaz de desarrollar esa vida anímica que surge de la vida corporal.
Si miramos al animal, cómo está completamente en la vida corporal, cómo se forma una vez, vemos cómo digiere, cómo directamente el alma impregna la vida corporal y aparece ligada a las funciones corporales. Pero si observamos cómo surge el alma en el hombre directamente del cuerpo como algo independiente, veremos que el hombre está formado así porque el mundo animal, adaptado a otras condiciones de nuestra existencia terrenal, se formó antes desde lo informe que el hombre. Sólo así pudo activarse en el hombre tal esencia anímica, que llegó a ser tan independiente de la vida corporal que el hombre puede retener el principio formativo dentro de esta esencia anímica incluso cuando este hombre atraviesa la puerta de la muerte y se desprende primero de su vida corporal. Dado que el principio de la forma se apoderó del alma animal mucho antes de que tuviera que establecerse una conexión íntima con la vida corporal, y dado que el animal está, por tanto, completamente absorbido por la vida corporal, lo que se experimenta en el animal individual no se desprende de la vida corporal.
En el ser humano se desprende, conserva un principio de forma en el alma aparte de la sustancia orgánica, corporal, y después del tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento puede volver a formar una nueva vida corporal. Sólo porque el principio de la forma se ha apoderado directamente del alma espiritual en el hombre, esta alma espiritual tiene esa independencia que puede pasar de vida en vida, lo que hace posible que pase por su existencia en vidas repetidas. Por otra parte, la íntima conexión con la forma de la existencia, que debía establecerse en el animal entre el principio de la forma y la materia viva, tiene como efecto que cuando se produce la muerte del animal, el principio de la forma se ha agotado en lo orgánico, y el alma del animal vuelve a caer en una vida anímica animal general, continuando no en un individuo, sino en un animal general, en una supervivencia del alma grupal del animal y no del alma individual del animal.
Así vemos que hay que buscar el origen del animal en el hecho de que lo que penetra e impregna al hombre más tarde, penetra antes en el animal. El animal queda, por así decirlo, relegado por el principio de desarrollo continuo. Es un ser retrasado en relación con el hombre, que es un ser avanzado. Podemos imaginar fácilmente por una simple comparación cómo se ha producido esta formación, si imaginamos un líquido en un vaso, y una sustancia en él, tan disuelta que no se puede distinguir del líquido. Pero si lo dejamos reposar, un sedimento se asienta y el líquido más fino queda en la parte superior. Así es como debemos imaginarnos todo el proceso de desarrollo: en lo que consideramos una dualidad - entre la sustancia formadora de espíritu y lo que es la sustancia viva de abajo, por así decirlo - lo que es la sustancia espiritual. Esto también contiene el principio formativo para el ser humano. Pero para el ser humano la falta de forma sigue siendo más prolongada. Para el animal la plasmación se produce antes, de modo que en una época en la que el hombre todavía se conservaba arriba en una sustancia informe y más sutil, abajo el ser animal ya se condensa y vive de tal manera que sólo puede llegar a formas cada vez más firmes en sí mismas, que se transforman en el transcurso del tiempo. El hombre, en cambio, sólo puede remontarse a lo que hay originalmente en un ser vivo sin forma, pero en el que el espíritu actúa como principio impulsor y lo lleva gradualmente a su forma actual. En el curso posterior también debemos pensar en las formas animales de tal manera que no surgieron de una forma animal, sino que mientras aquí o allá se formaron ciertos animales, quedaron otros, que sólo se formaron más tarde, otros descendieron a su vez aún más tarde, y así sucesivamente. Así que el hombre descendió el último.
Es curioso que encontremos lo que ahora se ha dicho plenamente explicado cuando leemos libros como el de Haeckel, por ejemplo. Se afirma que el hombre se remite a los animales. Pero si seguimos la escalera, vemos que el hombre puede remitirse a algo que no puede atribuirse a las condiciones actuales de la tierra, sino a los seres vivos concebidos. Y lo mismo ocurre con los animales. En el árbol genealógico de Haeckel también encontramos aquellos seres a los que la ciencia espiritual apunta como seres hipotéticos, <sólo que éstos se remontan entonces no a lo formado, sino a lo informe. No es posible profundizar en esto ahora. Pero se deduce de mi "Ciencia Oculta en esbozo" que lo que ahora se representa como la tierra, se ha desarrollado hacia abajo desde niveles espirituales anteriores. Esto es para que no se pueda decir que la ciencia espiritual entonces sólo introduce algo desconocido. ¡No! Por último, la tierra es conducida a niveles planetarios anteriores de existencia, al igual que el hombre, en relación con su vida actual, es conducido a vidas anteriores. Y si retrocedemos a las etapas anteriores, encontramos la materia no como algo vivo, sino como algo espiritual. Llegamos a conocer el punto de partida de todos los seres vivos como el espíritu. Con ello nos remontamos -es decir, al espíritu, que es a algo que tenemos en nosotros mismos- a la base de algo conocido, que está en nosotros, mientras que la ciencia externa se remonta a algo desconocido. La ciencia espiritual se encuentra en una posición diferente de la actual teoría hipotética de la evolución. La ciencia espiritual remonta la evolución a algo que estaba ahí como ser espiritual y que sigue estando ahí hoy. La única diferencia es que la sustancia espiritual dentro de nosotros no se muestra, de la misma manera que el líquido más fino en un vaso se separa de la sustancia más densa. Lo espiritual más fino en el hombre también se ha separado, al igual que lo más fino en el vaso se ha separado de lo más denso.
Así pues, debemos remontarnos al mundo animal para que el hombre, para poder desarrollar su espiritualidad como lo ha hecho hoy, haya tenido que separar primero todo el mundo animal, de modo que pudiera desarrollarse como un ser espiritual más fino por encima del substrato del mundo animal, al igual que la sustancia más fina se muestra en nuestra comparación cuando ha separado la materia más gruesa que hay debajo en el suelo. Hoy sólo podemos referirnos a los acontecimientos en la medida en que nos muestran el origen del mundo animal. Cómo se desarrollará posteriormente lo espiritual y lo anímico debe dejarse para una conferencia posterior. Sin embargo, hay que mencionar que los hechos no contradicen este principio y que la ciencia natural descubrirá cómo el curso de los acontecimientos no pudo ser diferente a como se presenta hoy. Porque, ¿los animales se nos muestran de tal manera que sería necesario hablar de la espiritualidad especial que sólo existe en el hombre? Al contrario. Una observación más atenta mostrará que a veces hay mucho más intelecto en el mundo animal, que el hombre debe adquirir primero su intelecto, y que quizás la ventaja del hombre sobre los animales consiste en que pudo adquirir primero su pequeño intelecto. Dondequiera que miremos en el mundo animal, en los castores, las avispas y demás, vemos el intelecto en acción, vemos el espíritu en acción, haciendo uso de los animales. No podemos decir que esta mente esté dentro de los animales individuales. Basta con señalar cómo ciertos insectos cuidan de sus crías. Ahí vemos que se trata de una mente suprasensible que gobierna los rangos animales y es objetiva para el mundo animal, así como la materia misma es objetiva para el mundo animal. Podemos notar esto cuando el insecto pone sus huevos de tal manera que la larva debe vivir en condiciones de vida muy diferentes. El insecto en sí puede haber vivido en el aire, la larva debe vivir primero en el agua. Así que el insecto puede no conocer las condiciones en las que la larva tiene que vivir. Así que sólo puede ser llevado por un instinto en él para <poner los huevos donde la larva puede vivir. O observemos animales como el castor, etc., que forman con su organismo, forman lo que podemos llamar arquitectura exterior, surgida de su interior - entonces no estamos lejos de admitir según las leyes de la observación externa que la inteligencia obra en la sustancia animal misma. Cuando miramos al hombre, vemos que después de que está presente tiene que apropiarse, al principio, de aquellas facultades que ya están formadas en los animales. No está tan avanzado como para tener en sí mismo lo que los animales ya han formado en sí mismos. Esta es una medida por la que podemos ver que los animales se forman antes y que la formación del hombre sigue adelante después de que haya nacido. Por lo tanto, no es una prueba de que el hombre se originó a partir de los simios cuando el científico natural Emil Selenka encontró que la naturaleza de los simios, en su etapa embrionaria, está mucho más cerca de la figura del hombre, que la figura posterior de los simios. Por el contrario, podemos suponer de este hecho que el plan de la figura del hombre era más original que el de la figura del simio; sólo que el hombre materializa su figura mas tarde al entrar en la evolución terrestre.
En todas partes la ciencia natural muestra en sus hechos que lo que la ciencia espiritual tiene que decir es confirmado precisamente por la ciencia natural más avanzada. Sí, se podría ir aún más lejos -y no tengo miedo de hacerlo- y mostrar cómo la ciencia natural actual, por así decirlo, saca a la luz contra sus teorías algo que proporciona una prueba completa de los hechos de la ciencia espiritual. Sobre todo si se tienen en cuenta resultados de investigaciones como la realizada por los dos hermanos Oscar y Richard Hertwig en 1875 sobre el proceso reproductivo de los animales inferiores, que posteriormente fue confirmada muchas veces, de que el principio de la fecundación, por ejemplo en el caso de los huevos de los erizos de mar, puede ser sustituido por la influencia de los ácidos, es decir, que la fecundación puede derivarse de un proceso en principio puramente inorgánico, hay que decir que los procesos que hoy están ligados al principio de la herencia sólo pueden imaginarse de esta manera y pueden ocurrir de esta manera, cuando se ha establecido el principio de la herencia.
sólo pueden ser imaginados y sólo pueden tener lugar en la forma en que aparecen externamente, mientras que en la antigüedad aparecían de manera muy diferente. Así, se puede hablar muy bien de una fecundación del núcleo animado de la tierra, que era materia viva sin forma, por el principio espiritual de la forma que fluye en torno a él, a pesar de estar de acuerdo con los hechos de la ciencia natural, de modo que del principio de la forma se formó lo vivo, y que entonces lo no vivo se separó de lo vivo, que era la sustancia unificada de toda la tierra.
Los elementosFormados e impregnados por el espíritu.Tuvieron que recibirEl último impulso del espíritu:que fue vestir al ser humanoa la forma espiritual y a la vida del alma.
Traducido por J.Luelmo oct.2021
GA054-2 Berlín 12 de octubre de 1905 -situación internacional, guerra, paz y Ciencia Espiritual
Los enigmas del mundo y la Antroposofía
RUDOLF STEINER
situación internacional, guerra, paz y Ciencia Espiritual
Berlín 12 de octubre de 1905
II conferencia.
La investigación espiritual no puede interferir en los problemas inmediatos de la época. Por otra parte, al hacerlo tampoco debe apoyarse en la confianza de que el conocimiento espiritual sea algo que flote por encima de toda la realidad y que no tenga que ver con la praxis vital. No queremos presentar los acontecimientos que inmediatamente conmocionan al mundo de hoy en la forma en que tratamos los acontecimientos del día, ni queremos ser de aquellos que permanecen ciegos y sordos ante lo que mueve los corazones humanos que nos concierne directamente. Entre estos dos acantilados, el investigador espiritual tiene que encontrar siempre el camino, de modo que nunca se vea mezclado en las opiniones y los puntos de vista de la vida cotidiana. Por otro lado, nunca se permite involucrarse en meras abstracciones vacías o caer en vicios autoritarios. Lo he dicho repetidamente desde este lugar: la ciencia espiritual tiene que hacernos directamente prácticos, mucho más prácticos de lo que normalmente piensan los pragmáticos. Sin embargo, debe hacernos prácticos conduciéndonos a sucumbir a las fuerzas profundas de la vida y educándonos sobre las cosas que dirigen nuestras acciones en armonía con las grandes leyes universales. Sólo entonces, uno puede lograr cualquier cosa en el mundo e intervenir en las actividades del mundo si lo hace de acuerdo con las grandes leyes universales.
GA173 Dornach 16 de diciembre de 1916 Sobre la progresión de las naciones
RUDOLF STEINER
EL KARMA DE LA FALSEDAD
Dornach 16 de diciembre de 1916
5ª conferencia
Necesidades en los asuntos mundiales. Brooks Adams sobre las edades de las naciones. La "Utopía" de Tomás Moro. Carlomagno, Dante, Venecia, Contrarreforma. La unificación de Italia y su relación con Europa Central y Francia. La triple alianza. La anexión de Bosnia por Austria, el asesinato en Sarajevo. 1888 y 1914.
Si no fuéramos una Sociedad que tiene que mirar todas las cosas desde el punto de vista del conocimiento, y del conocimiento espiritual más profundo, sería natural que me detuviera ahora en las reflexiones que hemos hecho en los últimos días y que han sido deseadas desde muchos lados. Si se tratara de algo distinto al conocimiento, estas reflexiones tendrían que suspenderse, naturalmente, hasta que se dispusiera de los resultados efectivos de los acontecimientos importantes de nuestros días.
Creo que es evidente que todas las almas que se toman en serio la salvación humana esperan con ansiedad lo que sucederá en los próximos días. Hay que decidir por los hechos si ciertas voces de lo que hemos llamado la periferia en estas consideraciones están todavía en condiciones de reflexionar sobre sí mismas hasta el punto de que no se debe esperar que toda la humanidad, incluida la del futuro, crea que se lucha por la paz cuando se rechaza y excluye la posibilidad de alcanzar esta paz, y eso en un tiempo relativamente corto.
GA061 Berlín 4 de enero de 1912 la historia de la humanidad El origen del ser humano
HISTORIA DE LA HUMANIDAD
A LA LUZ DE LA INVESTIGACIÓN ESPIRITUAL
Rudolf Steiner
Berlín 4 de enero de 1912
8ª conferencia: El origen del ser humano.
Lo que la ciencia espiritual, de cuyo punto de vista proceden estas conferencias, tiene que decir sobre la importante cuestión del origen del hombre, debe ser del mayor interés para todas aquellas personalidades que se interesan por esta ciencia espiritual a causa de las grandes cuestiones de la visión del mundo del presente. Pues la cuestión del origen del hombre ha sido objeto de un enorme interés por parte de todos los sectores en las últimas décadas, que se ha encendido especialmente en la segunda mitad del siglo XIX por el gran y admirable progreso de la ciencia natural. Y hay que entender que con la manera insistente en que la ciencia natural ha intentado elevarse a una visión del mundo en estas últimas décadas, la cuestión del origen del hombre tenía que plantearse una y otra vez, para situarse, por así decirlo, en el centro de las cuestiones de la moderna visión del mundo.
A primera vista, podría parecer que la cosmovisión que quiere apoyarse en el terreno firme de la ciencia natural en nuestros días y la que se representa aquí como ciencia espiritual estuvieran en la más abrupta oposición entre sí en relación con esta misma cuestión del origen del hombre.
Sin embargo, si se consideran las condiciones del desarrollo de las ciencias naturales tal y como existían hace tan sólo unas décadas, o quizás incluso hace menos tiempo, podría parecer muy plausible suponer un contraste tan marcado. Pues basta con considerar lo que significaba en 1864 cuando, a partir de los puntos de vista darwinianos de la ciencia natural, que entonces eran recientes pero que ya estaban en vías de imponerse en los círculos más amplios, en una reunión de naturalistas alemanes, antes de que el propio Darwin se pronunciara de forma clara en la aplicación de sus principios a la cuestión del origen del hombre, Ernst Haeckel aplicó estos principios darwinianos a la ciencia del hombre de tal manera que defendió con energía, audacia y valentía no sólo el parentesco del hombre en relación con su forma y condiciones de vida con los animales superiores, sino que defendió con energía la descendencia real directa y el surgimiento real del hombre a partir del mundo animal superior.
En aquella época, en la medida en que se quería ser imparcial en este sentido, había que pensar en los círculos más amplios que los descubrimientos venideros de la investigación científica confirmarían cada vez más lo que Ernst Haeckel había pronunciado en 1864 como un audaz programa de investigación: la orientación, la ordenación de todos los principios científicos de tal manera que se pudiera reconocer cómo se había desarrollado gradualmente el orden del hombre a partir de los órdenes animales. Si esto, que Haeckel proclamó en su momento como una especie de programa, pero que él mismo consideraba ya una verdad incontrovertible, hubiera resultado cierto, si la investigación científica natural hubiera tomado realmente el camino que él presuponía, entonces el mencionado contraste radical entre la ciencia natural y la ciencia espiritual existiría sin duda también hoy. Pero las cosas no han resultado así.
La propia ciencia natural ha producido básicamente resultados y consecuencias muy diferentes, especialmente en las últimas décadas, de lo que se suponía en su momento. Y el hecho de que todavía hoy tengamos tantas dificultades para ver con claridad en este campo cuando se trata de explicar la relación entre la ciencia natural y la ciencia espiritual se debe únicamente a que la difusión popular del conocimiento científico y la forma en que llega a la vida no va al ritmo del descubrimiento y la producción de este conocimiento. Hoy en día todavía estamos en una posición tal en relación con la conciencia popular que en los círculos más amplios la creencia está extendida como un dogma firme, pero especialmente en la literatura popular está extendida la opinión como si sólo los que realmente están en el terreno firme del conocimiento científico, aquellos que se someten completamente a la afirmación de que el hombre se ha desarrollado externamente, realmente, tal como se puede ver con los sentidos externos, en el curso del tiempo a partir de las formas de animales que bordean directamente en la serie animal de acuerdo con su diseño y sus condiciones de vida. Esta creencia está muy extendida, y todavía se puede oír en todas partes, si se escucha, que los que quieren oponerse a esta creencia, a este dogma, son simplemente replicados: Bueno, no sabes nada de lo que resulta como visión del mundo cuando uno realmente se para en el terreno firme de los hechos científicos.
- En los círculos más amplios no se sabe nada de esto, ya que la literatura popular presenta todo de tal manera que no se puede saber nada del hecho de que esta creencia se ha vuelto bastante frágil en los últimos años, y que lo que la ciencia natural está aportando realmente hoy en día con respecto a nuestra cuestión ya se ha acercado a lo que la ciencia espiritual tiene que decir de una manera que es alarmante para la visión materialista-monista del mundo. En efecto, se quiere decir que la evolución de las ciencias naturales en los últimos años con respecto a nuestra cuestión es tal que en todas partes habría que dudar de las antiguas opiniones de una aparición directa del hombre a partir de la serie de animales que lo acompañan. Y si consideramos el curso que esta ciencia ha tomado con sólo unos trazos de la pluma, antes de entrar en los asuntos científico-espirituales, nos mostrará cómo es correcto que la ciencia espiritual hoy en día puede entrar en mucha menos contradicción con la ciencia natural que las teorías e hipótesis natural-científicas, que todavía son sostenidas por una visión del mundo materialista-monista, están en contradicción con los hechos de la ciencia natural.
Para indicar con algunas pinceladas lo que ha sucedido, volvamos a las opiniones que, por ejemplo, pudieron difundirse de forma bastante comprensible en los años sesenta y setenta del siglo XIX. Cuando el propio Darwin publicó su ingenioso libro "Sobre la descendencia del hombre" en 1871, tras su libro "Sobre el origen de las especies en los reinos animal y vegetal" publicado en 1858, ¿Qué opinión le merecía a él y a sus seguidores inmediatos, que estaban más o menos cerca de él? Allí se formó la opinión de que una vez, en una época muy anterior a la nuestra, el hombre había evolucionado gradualmente a partir de formas pertenecientes a la especie de los simios, formas que no tienen por qué coincidir con las de esta especie animal, que ha sobrevivido hasta nuestros días, pero que, sin embargo, están en cierto modo relacionadas exteriormente con ellas en cuanto a la forma.
Se consideraba que un tipo de criatura era el antepasado del hombre, que tenía cuatro extremidades que, en contraste con la actual distribución de las cuatro extremidades del hombre en manos y pies, tenían una forma más parecida a las manos, una especie de criatura de cuatro manos, en la que las extremidades del hombre, que ahora se han transformado en pies, también eran similares a las manos. Así pues, el hombre habría sido una especie de animal trepador a cuatro manos, todavía cubierto por una especie de pelaje, con un cerebro imperfecto y, en consecuencia, con una cápsula craneal de forma diferente. Y entonces, en una línea más o menos recta, esa criatura simiesca se habría convertido en el hombre de hoy a través de la adaptación a las condiciones y a través de todo lo que ha surgido en la lucha por la existencia.
Hemos llegado tan lejos que no sólo nos hemos rendido a la opinión de que las formas exteriores y las condiciones de vida más animales del hombre se han desarrollado gradualmente a partir de dicha forma animal, sino como si todas las actividades espirituales del hombre fueran sólo un estadio superior de desarrollo en comparación con las actividades espirituales y anímicas que ya se encuentran en el mundo animal.
En particular, se ha procurado mostrar que lo que es el pensar humano, el sentir humano, la voluntad humana y la esencia de esta voluntad bajo el estándar de la cosmovisión moral, resulta ser sólo una complicación, una formación de actividades anímicas y espirituales más simples y primitivas, que también se encuentran en el reino animal, pero que luego se habrían complicado y transformado como las formas externas del cerebro o los miembros. Por lo tanto, sería importante que tal visión llevara a suponer que todo lo que el ser humano experimenta hoy como espiritual, como contenido de su vida anímica, es en realidad sólo el producto, la expresión de una vida físico-corporal que puede remontarse a tiempos en los que en realidad sólo hay una vida todavía animal, corporal, para los que todavía no tiene sentido hablar de tal proceso espiritual o contenido espiritual tal como se vive hoy en el alma humana. En consecuencia, la vida espiritual humana se habría desarrollado como una especie de superestructura sobre las formas inferiores anteriores, de modo que no estaría justificado vincular directamente la vida espiritual del hombre, tal como se desarrolla en el alma, a la cual los hombres han atribuido durante tanto tiempo un origen superior y más puro, con un mundo espiritual que se extiende a nuestro mundo físico. Y para épocas aún más lejanas en el pasado surgiría que la vida animal se ha desarrollado a partir de formas inferiores y que lo que puede llamarse espiritual y mental en el animal debe remontarse a una existencia en tiempos primitivos en la que sólo existían aquellos procesos y cualidades del ser que el hombre actual se inclina a no considerar como vividos y entretejidos por cualquier juego de un elemento espiritual. Sin embargo, de este modo, en la visión del mundo el espíritu se presentaría como una semblanza, como una apariencia de sustancialidad, como si brotara de lo corpóreo, y todo lo espiritual se remontaría a lo que nos rodea como algo sensorial-corpóreo.
Es bien sabido cómo en la segunda mitad del siglo XIX proliferaron cosmovisiones totalmente animadas por el espíritu que acabamos de describir, que veían su grandeza en la ruptura con todo lo que las antiguas visiones habían aportado sobre el origen del hombre a partir de un mundo espiritual y sobre el ascenso del hombre a un mundo espiritual cuando ha atravesado la puerta de la muerte. Puede decirse que, en el transcurso del siglo XIX, el sentido más honesto de la verdad y una conciencia intelectual agudizada condujeron a las dos personalidades más diversas a esa visión del mundo. Una visión del mundo que, en aquella época, no se basaba en absoluto en una actitud materialista, sino que quería actuar y pensar en armonía con un noble y genuino idealismo, que se decía a sí mismo: Ningún ser humano puede esperar pertenecer directamente a un mundo espiritual, sino que sólo el espíritu que se ha desarrollado a partir de la existencia material encontrará una existencia más o menos larga en el alma humana. Incluso la cultura humana continuará desarrollando lo espiritual en el curso de la evolución, pero lo que uno podría hacer por sí mismo en lo espiritual ni siquiera se cobijaría en un mundo espiritual, sino que, con la completa extinción de la personalidad e individualidad humanas, sólo podría vivir en lo que la especie humana produce como cultura. - Sí, se puede decir que incluso en muchas personas había una cantidad extraordinaria de heroísmo anímico mezclado con tal perspectiva, y que especialmente entre las personalidades más destacadas en este campo no se puede afirmar el más mínimo grado de oposición a las visiones morales del mundo. Pues muchos se han dicho a sí mismos que es precisamente lo que el alma debe procurar si se entiende bien a sí misma, que trabaje desinteresadamente sobre la base de lo que puede ganar en el mundo, y que luego se entregue desinteresadamente de nuevo, reconociendo plenamente que se extingue, y que sólo sus obras perduran. Se insistió repetidamente en que buscar la inmortalidad de cualquier forma era, en realidad, egoísmo.
La ciencia espiritual, por lo general, no se inclina a desechar las cosas que han surgido de un genuino sentido de la verdad y de una actitud intelectual, pero debe comprender cómo se forman esos puntos de vista. La ciencia espiritual nunca podría involucrarse en esta degradación de las visiones del mundo señalando las cosas moralmente desastrosas que deben resultar de la visión del mundo caracterizada, como sucede a menudo en el mundo. Pero otra cosa es cuando una visión objetiva del mundo, un conocimiento más profundo y una realización más profunda en sí misma, nos demuestra en todas partes que esa visión del mundo es frágil. Y hay que decir que todo lo que se ha logrado de manera tan admirable por la historia de la evolución, por la anatomía comparativa, por la petrificación y la geología y el resto de la ciencia natural, y que parecía indicar tan definitivamente que tal visión del mundo debía confirmarse, ha llevado cada vez más al hecho de que hoy se ha vuelto imposible sostener tal visión del mundo sobre la base de los hechos de la ciencia natural. Por ello, algunos investigadores, de los que aquí sólo podemos mencionar tipos en las breves pinceladas con las que queremos caracterizar el desarrollo de la cosmovisión, han llegado a combatir ideas que se han desarrollado sobre la base de supuestos e hipótesis anteriores, precisamente porque los conocimientos científicos más avanzados han sacado a la luz hechos que no concuerdan en absoluto con determinadas hipótesis y opiniones. Hay que destacar a una personalidad como Kollmann porque es típica de las opiniones que también encontramos en algunos matices en otros, y porque tienen una base en los hechos.
A partir de las observaciones de la historia del desarrollo, de la observación del ser humano prenatal, del germen humano y de los gérmenes animales antes de su nacimiento, y de lo que se le mostró en el estudio de los fósiles, Kollmann tuvo que llegar a la conclusión de que era imposible suponer que los antepasados del hombre se hubieran formado en una época anterior de la manera que suponían, por ejemplo, los darwinianos ortodoxos en los años setenta del siglo XIX. del siglo XIX y que aún hoy se asume. No se puede suponer que la forma de los seres humanos fuera tal que se notara una formación de la frente baja y replegada hacia atrás, un cerebro aún no desarrollado y, por así decirlo, encogido, una forma que recordara a la de los simios actuales. Por el contrario, el citado investigador siempre se vio obligado a suponer, a partir de sus descubrimientos, que habría que suponer, justo al contrario, una configuración cerebral que superara con creces la cerrazón actual del cerebro humano y del cerebro simio, a partir de la cual el cerebro simio de hoy se habría desarrollado a partir de una forma original que, en realidad, debía ser mucho más parecida al cerebro humano de hoy que al cerebro simio actual. De modo que habría que ver en el actual cerebro de los simios una especie de regresión de una forma que ya no existe en la actualidad y que, por haberse definido en su formación cerebral, también habría que suponer que es la forma original del cerebro humano. Además, el mismo investigador se vio obligado a suponer que el hombre no podía derivar de las formas de los animales superiores, sino que tendría que derivar de seres pequeños y pigmeos. Y por eso buscó por todas partes restos de esa antigua y enana raza humana.
Si uno deja que tal hipótesis se abra paso, se dirá: La cuestión se resuelve pronto en cuanto a por qué la ciencia de la petrificación, la geología, no puede mostrar ningún documento adecuado para un hombre primitivo como el que supone Kollmann, y por qué todo lo que se puede encontrar actualmente de simios y hombres petrificados se desvía de esta forma de hombre primitivo. - Esto se puede averiguar pronto. Si consideramos las condiciones actuales de la Tierra, debemos decirnos: es imposible que esa forma primigenia, que sería la del hombre y la del simio al mismo tiempo, sea viable hoy en día, que pueda existir en las actuales condiciones terrestres de vida. -De esto se deduce directamente, lo diga más o menos claramente tal investigador, que debe presuponer que la tierra en épocas anteriores debe haber tenido condiciones muy diferentes a las actuales, que debemos mirar hacia atrás a épocas anteriores que tenían condiciones de vida muy diferentes, y que en ninguna tierra que ya tuviera las condiciones de vida actuales podríamos encontrar la forma ancestral del hombre de hoy. Así que tendríamos que volver a esas condiciones terrestres, que serían muy diferentes de la idea que tenemos sobre las condiciones actuales de la tierra. Dicha hipótesis científica apunta a que nuestra tierra en la prehistoria debía tener una forma completamente distinta y todas las condiciones debían ser diferentes de las actuales.
Pero esto pospone toda la cuestión tal y como se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX. ¿Cómo fue que los científicos naturales llegaron a esa visión del mundo? Por el hecho de que su sentido de la verdad y su conciencia intelectual les obligaron a romper con la antigua visión, por ejemplo con la visión de Linnè, (Carl von L., 1707-1778, botánico y zoólogo sueco) según la cual las formas individuales de los seres vivos se situaban una al lado de la otra en el mundo. Este punto de vista no parecía corresponder al apogeo de la investigación científica, al suponer actos arbitrarios de creación que habrían colocado las formas individuales de los animales en la tierra y luego también al hombre. Si se pregunta por qué este punto de vista no parecía científico, hay que responder que justamente no parecía científico, si se consideran las leyes y condiciones de formación de los seres vivos tal como prevalecen en la actualidad, pues según estas leyes de la naturaleza no puede conciliarse en absoluto la colocación de formas animales y humanas una al lado de la otra. Si, por el contrario, los propios hechos científicos nos instan, como hemos visto por las observaciones más o menos conscientes o inconscientes del citado investigador, a suponer condiciones muy diferentes en la existencia de la tierra para las épocas anteriores, entonces la base ya no es válida. Entonces no se puede decir que para esta fase de la tierra sería todavía tan difícil pensar en las formas individuales de los seres vivos en tal independencia material de los demás y concebirlos sólo en dependencia espiritual de los demás.
Pero el científico natural mencionado es sólo un tipo. Es especialmente importante lo que opinan pensadores científicos como Klaatsch y Snell sobre la base de resultados científicos muy especiales. Para ellos resultaba, y lo decían de la manera más clara, que según lo que se puede observar en los hechos de la ciencia natural, no se podía hablar en absoluto de que el hombre tuviera una relación directa con los mamíferos superiores, de tipo simiesco. No es posible hoy en día entrar en los resultados de, por ejemplo, la investigación de la sangre en los últimos años, aunque sería interesante. Hoy en día, hay que prestar más atención a la forma. Pero de la investigación sobre la sangre de Friedmann podría decirse lo mismo que se ha dicho del desarrollo morfológico. Estos últimos investigadores comprobaron que era del todo imposible hablar de que el hombre había evolucionado a partir de mamíferos superiores, porque una búsqueda concienzuda de lo que hoy tenemos como resultado de la ciencia de la petrificación nos lleva a darnos cuenta de que los poderes de formación y los poderes de educación son los mismos, que las facultades de formación y las condiciones de formación de los propios mamíferos superiores sólo pueden entenderse de manera que conduzcan a las formas básicas, a las formas animales originales que, en el fondo, en la forma en que deben ser consideradas originalmente como conectadas con la tierra, son mucho más similares al hombre que a los mamíferos simiescos de hoy. Así pues, los simios actuales serían mucho más diferentes a las formas ancestrales de las que ellos mismos tendrían que derivar que el hombre a esta forma ancestral.
Este es un giro extraordinariamente interesante que se ha producido en el desarrollo de la zoología, especialmente a través de Klaatsch, que los investigadores se han visto obligados a llegar a la conclusión: Si, por ejemplo, se observan las manos humanas, es imposible pensar por un momento en serio que se han transformado a partir de las extremidades de los mamíferos superiores actuales; al contrario, hay que suponer que en un pasado lejano eran mucho más parecidas a las manos del hombre que a las extremidades de los mamíferos superiores actuales. - Así, por ejemplo, el citado investigador decía: "Cuando vemos en el gibón, esa extraña especie de simio que siempre se utiliza como ejemplo de semejanza humana, que sus extremidades son las que más se parecen a las humanas, debemos decir que tiene esta semejanza no porque la forma humana haya evolucionado a partir de su forma, sino porque de todas las especies de simios es la que más ha conservado la forma original de la que también desciende el hombre y la que más fielmente ha conservado. - Así, este investigador ha llegado a suponer que en épocas muy lejanas existió un tipo de seres vivos cuya constitución completa era tal que el hombre, tal como se presenta hoy, es el que más ha conservado de ellos, y que las mayores desviaciones se encuentran en aquellas formas animales que luego se han desarrollado junto al hombre a partir de estas formas originales de los tiempos primitivos. Así, el hombre habría conservado muy fielmente una forma de vida original que existía para este investigador mucho antes de que existieran no sólo nuestros géneros de simios, sino también los demás mamíferos. Una forma primigenia, pues, que se remonta a aquellos tiempos en que nuestros mamíferos aún no existían. Y es interesante que Klaatsch diga que debemos pensar que este arquetipo de los animales está más relacionado con las antiguas familias de dragones de las que nos habla la geología que con los mamíferos y los simios actuales. De modo que todos los mamíferos descienden de una forma primigenia que han distorsionado hasta convertirla en una caricatura, bajada, por así decirlo, mientras el hombre la ha conservado con la mayor fidelidad.
Son cosas que no descubrimos a partir de cualquier ciencia espiritual considerada como fantástica por los científicos naturales, sino que lo descubrimos dentro de la investigación científica natural de tal manera que los investigadores, a partir de lo que ven, se sienten impulsados a afirmar tales cosas. Ahora bien, a su vez se puede decir que esos investigadores dan saltos extraños y que se pueden objetar muchas cosas. Pero si consideramos la extraña criatura de la que se dice que descienden el hombre y todos los mamíferos, debemos decirnos a nosotros mismos: tal criatura en las condiciones actuales es totalmente imposible; no puede existir en absoluto hoy en día. - El hombre simplemente ha transformado la forma de aquella época de tal manera que la ha ido adaptando a las condiciones de hoy. Ahora bien, es interesante que un investigador como Klaatsch, en el desarrollo de esta forma original en el hombre, que no tendría nada que ver con las leyes que produjeron las diversas formas de los mamíferos, se sienta impelido a asumir como lugares de desarrollo de tal forma original precisamente aquellos lugares en los que el hombre tuvo que verse menos afectado por lo que en el sentido darwiniano se llama la "lucha por la existencia".
Pues dice: Si el hombre hubiera tenido que pasar por la áspera lucha por la existencia con los depredadores y demás en regiones donde los depredadores estuvieran especialmente extendidos, nunca habría podido llevar a cabo esta lucha, tenía que estar protegido de ella en condiciones alejadas de esta lucha por la existencia, para que lo que era en él un sistema de desarrollo pudiera llegar a buen puerto. - Así, tal investigador, que no obstante siempre tiene en el fondo un pensamiento materialista-monista, intenta mostrarnos cómo el pie humano de hoy se ha formado a partir de una forma de miembro en los seres primitivos, suponiendo que el segundo par de miembros fuese una especie de mano trepadora. La raza humana, o esta forma original de la raza humana, habría vivido en zonas en las que no vivía en árboles densos, sino altos, por lo que no era un animal trepador, pero en las que, en adaptación a su escalada, por ser capaz de apoyarse en los troncos de los árboles, pudo formarse el hueco del pie y el peculiar y afilado ajuste del dedo gordo del pie humano. Porque cuando el hombre se convirtió en un ser, dice Klaatsch, que caminaba sobre la tierra, ya debió haber formado el pie para ello; debe haber formado este pie de esta manera a partir de otras circunstancias.
Sin embargo, se trata de una conclusión y una hipótesis extrañas. Pues ¿Cómo no justificar la objeción de que el pie, cuando todavía era una mano trepadora, también debía adaptarse a las condiciones? Así que el pensamiento materialista-monista no es suficiente. Pero es interesante observar cómo un investigador de este tipo llega a rechazar para la formación del hombre a partir de un ser primordial ese principio en el que el darwinismo ortodoxo ha dado valor durante tanto tiempo: la "lucha por la existencia", de modo que quiere apartar al hombre de esta misma lucha por la existencia. ¿Cómo se puede decir que los hechos científicos de hoy en día deben entenderse como una confirmación y afirmación del programa de visión del mundo que se esbozó en los albores del darwinismo con tan audaz intrepidez? Nos parece que lo más interesante es que los naturalistas se sintieron impulsados a señalar como formas originarias del hombre formas que no existen en la actualidad, que son, por así decirlo, formas inventadas para los naturalistas, meramente hipotéticas. Y esto llega hasta el punto de que Klaatsch, por ejemplo, puede decir en contra de todas las ideas de que el hombre evolucionó a partir de formas de mamíferos superiores durante la Edad de Hielo a través de la lucha por la existencia, que ésta es una idea infantil que ya no podría sostenerse hoy en día. Por supuesto, tal idea, calificada de infantil por este investigador, se sigue manteniendo por doquier en la literatura popular, y todavía hay bastantes escritores en esta literatura popular que dicen citar hechos, cuando sólo son hipótesis que fracasan en comparación con lo que otros investigadores citan como hechos. De este modo, el pensamiento científico se aleja completamente de lo que todavía hoy se suele presentar como una visión científica del mundo.
¿Cuál es el curso de la investigación científica desde épocas anteriores hasta la nuestra? En los años setenta se decía: ¡Mira las formas superiores de los mamíferos, ahí tienes una imagen de cómo era el hombre en el pasado lejano! - Hoy se dice: En estas formas de mamíferos se encuentran formas de animales que sólo han surgido porque se han desviado completamente de lo que una vez existió como hombre primitivo, y que no se puede encontrar en las capas fósiles de la tierra, para las que no hay pruebas externas, sino que sólo se puede construir hoy a partir de lo que se encuentra a través de la geología. La propia ciencia natural nos lleva así a formaciones que ya no están presentes en la actualidad. Así, en la prehistoria, el hombre se adscribe a formas realmente muy diferentes de aquellas de las que, hasta hace relativamente poco, se creía que el hombre debía descender.
Este es un camino que nos muestra claramente que debe conducir directamente a lo que la ciencia espiritual tiene que decir sobre el origen del hombre. ¿En qué se diferencia la ciencia espiritual de un monismo científico-natural materialista con respecto a la cuestión del origen del hombre?
La ciencia espiritual debe partir de la base de que el ser humano, tal como está formado hoy, conduce a un tiempo pasado -ya lo hemos indicado como camino hacia el próximo pasado en estas conferencias-, que primero somos conducidos, si lo seguimos hacia atrás, a vidas anteriores, a encarnaciones anteriores. Lo que vive hoy en el hombre como espíritu o alma, debemos, según lo que se nos ha revelado en las últimas conferencias, considerarlo de tal manera que no sólo pueda tener una vida dentro de la forma corporal humana en la que se enfrenta por primera vez a nosotros en el mundo sensorial, sino que también pueda tener una vida en el llamado estado incorpóreo, por lo que tenemos que considerar la vida humana completa de manera que se descomponga en aquella parte que transcurre en el tiempo que va desde el nacimiento o la concepción hasta la muerte, y aquella parte que va desde la muerte hasta un nuevo nacimiento, donde el ser humano vive en un mundo puramente espiritual y desarrolla y utiliza los poderes que ha adquirido en el cuerpo físico. Después el ser humano viene a la existencia a través de un nuevo nacimiento de tal manera que adquiere efectivamente la forma corporal exterior, las formas corporales exteriores de la línea de herencia como resultado de lo que sus padres y otros antepasados pueden transmitirle, pero lo que se hereda así no incluye la esencia humana real, sino que ésta se encuentra en un mundo espiritual inmediatamente antes de que el ser humano venga a la existencia, y que a través de este núcleo espiritual, en la medida en que ha heredado formas como las corporales y se compone de sustancias físicas, el ser humano puede experimentar transformaciones y formaciones plásticas, que así se remodela y, sobre todo en los primeros años de la infancia, se estructura individualmente, de modo que el cuerpo pueda convertirse en un instrumento útil para el alma espiritual, que entra en él como entidad independiente. Por lo tanto, consideramos el alma espiritual como un elemento independiente, como lo primero en la ciencia espiritual, que trabaja en el ser humano de tal manera que el ser humano toma la estructura básica de su forma, de sus condiciones materiales de las condiciones hereditarias, pero que en lo que toma allí se trabaja la formación individual más sutil de acuerdo con estas condiciones del alma espiritual. Pero desde el punto de vista de la ciencia espiritual no vemos que el núcleo del alma espiritual trabaje sobre la forma humana como si estuviera dando forma a todo el ser humano, sino de tal manera que dentro de esa corporeidad que se hereda en el mundo físico aún queda tanta movilidad y tanta flexibilidad interior que el núcleo del alma espiritual puede abrirse camino en ella.
Si nos remontamos ahora al ser humano en épocas anteriores, encontramos que a la vida en el mundo de los sentidos le sigue una vida en el mundo espiritual entre la última muerte y el nacimiento actual, pero que a ésta le sigue una vida anterior en la tierra, luego de nuevo una vida espiritual, y así sucesivamente. Pero si nos remontamos a la existencia anterior del hombre con los medios que están a disposición del investigador espiritual, y que se marcarán con unas líneas en relación con estas observaciones, encontramos que estas encarnaciones, esta entrada en un cuerpo físico en la prehistoria, se detiene, por así decirlo, que lo que podemos llamar el núcleo espiritual del ser humano estaba presente de una forma diferente a la actual, cuando entra en la existencia física a través del nacimiento, pero seguía estando presente y salía del mundo espiritual igual que sale ahora cuando está conectado con las relaciones hereditarias. Pero encontraríamos que originalmente desde el mundo espiritual en los remotos tiempos primitivos, de tal manera que encontraba condiciones terrestres muy diferentes a las actuales. del presente. La ciencia espiritual nos muestra que esta entidad anímico-espiritual se encontró realmente con tales condiciones terrenales en los tiempos primitivos, que en ese momento mucho, mucho más de lo que se le dio al hombre como un ser anímico-espiritual en la forma de un cuerpo, debía ser formado, transformado. Y cada vez retrocedemos más en la secuencia de los tiempos y finalmente encontramos que ascendemos a una época tan primitiva en la que la entidad anímico-espiritual humana no dependía aún de encontrar formas corporales acabadas, a las que sólo incorporaba las formas más sutiles del cerebro, el sistema glandular, etc, y nos remontamos a los tiempos primitivos en los que la entidad anímico-espiritual humana encontró tales condiciones <que sin los procesos de herencia y reproducción actuales, las condiciones y leyes materiales de aquel tiempo pudieron ser moldeadas directamente a partir de lo espiritual. Así pues, no se nos remite a una forma hipotética de la que se dice que tuvo una existencia físico-sensorial, como supone Klaatsch para la antigua edad del dragón, sino que en realidad se nos remite a una forma original espiritual. Y en la primera encarnación del ser humano vemos una elaboración directamente plástica de la corporeidad, y bajo el avance de las condiciones terrestres las formas más firmes de la corporeidad humana sólo se transfirieron entonces, por así decirlo, cada vez más a lo que seguía desarrollándose, y sólo quedó para este núcleo espiritual interno del ser, que se debilitaba cada vez más en relación con la fuerza creadora exterior, la posibilidad de plasmar dentro de lo que se da dentro de la línea de la herencia. Hoy en día nuestro ser anímico-espiritual, debido a que se ha debilitado en la línea de la herencia y ya no tiene la fuerza para formar la corporeidad posterior, sólo forma las condiciones más sutiles: la estructura del cerebro, las condiciones más sutiles de la circulación sanguínea, del sistema glandular. Encuentra el cuerpo físico que le ha sido dado por la herencia. Pero si nos remontamos a los tiempos primitivos, encontramos condiciones muy diferentes de los acontecimientos terrestres, condiciones muy diferentes de lo corpóreo, en las que lo espiritual dentro de lo corpóreo no sólo da forma al resto de las sustancias corpóreas, como ocurre hoy, sino que puede dar forma a todo el ser humano directamente a partir de sí mismo, De modo que lo que hoy vemos como forma humana debe considerarse, en el sentido científico-espiritual, como cristalizado a partir de lo espiritual, al igual que hoy vemos un cubo de sal cristalizado a partir de una solución salina, que se da a sí misma su forma a partir de las leyes internas de formación. Y así como no es necesario suponer que los cubos de sal, que se parecen todos en su formación interior, desciendan de uno solo, tampoco es necesario suponer, cuando se deja que estas consideraciones científico-espirituales afecten al alma, que existe un parentesco corporal con los animales, cuando lo que el hombre tiene hoy en sus relaciones de forma, en su estructura ósea y en la estructura de los demás órganos, recuerda las relaciones y las funciones de los animales, que tienen formas similares. Tenemos que atribuir la similitud de la forma a un surgimiento de este principio de la forma, que todavía hoy podemos reconocer como algo directamente anímico-espiritual. Esto se explica en detalle en mi "Ciencia Oculta en Esbozo".
Conviene presentar este pensamiento de cómo la ciencia espiritual conduce al ser humano de vuelta a un arquetipo espiritual, a un arquetipo del ser humano, que es espiritual en sí mismo, pero que está tan fuertemente entremezclado con fuerzas que aún domina la materia. Y junto a ello debe mostrarse cómo la ciencia natural debe conformar la forma original, a la que ella misma es conducida, y que no es simiesca, sólo desde el pensamiento hipotético. Pero la ciencia natural sigue pensando que esta forma original debió actuar como un ser material en los tiempos primitivos. No actuó como un ser material en los tiempos primitivos, así como tampoco, por ejemplo, el hombre de hoy, cuando duerme, cuando deja el cuerpo como un ser anímico-espiritual, regula ciertas relaciones de producción como un ser material durante el tiempo que transcurre desde que se duerme hasta que se despierta. Mientras que hoy en día el ser anímico-espiritual sigue siendo más activo durante el sueño que durante el despertar diurno, es decir, se lleva el cansancio, debemos pensar que lo que es creativo en el hombre, lo que se lleva el cansancio durante el sueño, estaba tan intensificado en los tiempos primitivos que podía suscitar a todo el hombre en sus condiciones de forma.
Si uno se pregunta entonces: cuál es el sentido de toda esta evolución, hay que decir: En el fondo, el ser humano de hoy nos muestra, no con hipótesis audaces, sino a través de una observación sin prejuicios, cuál es el sentido de tal evolución. Si observamos al hombre en su vida, como ya hemos hecho aquí, en cómo recuerda su infancia con su conciencia, con su yo actual, entonces el hilo de la memoria se rompe un día, y para la conciencia ordinaria sólo podemos entonces dejar que los padres, hermanos y demás nos digan cómo éramos antes de este momento, de lo contrario tendríamos que situar nuestro origen mucho más atrás. ¿Acaso el ser espiritual del niño no estaba aún presente en estos tiempos, que no podemos recordar, en la vida tenue y adormecida del niño? Estaba presente, era incluso más fuerte y potente en los primeros años de la infancia con respecto a la eficacia externa que después. Antes de que la conciencia del yo apareciera en el hombre, este ser humano onírico y activo trabajaba en el desarrollo más sutil de las condiciones cerebrales y de la corporeidad humana más sutil, y debido a que enviaba sus fuerzas a esto, todavía no había surgido un ser anímico humano interior con conciencia del yo. Después, cuando el ser humano hubo desarrollado las relaciones más sutiles de su corporeidad a partir de su alma, este trabajo externo en el ser humano se transformó en lo que apareció como una vida anímica interior consciente. Así vemos que para la forma exterior el poder creativo del ser anímico-espiritual debe debilitarse para que pueda aparecer como conciencia. Por lo tanto, no es absurdo que la ciencia espiritual retroceda en el tiempo y considere que el alma espiritual creó primero la forma humana, y después de haber asumido tal forma, que fue preservada por la herencia a través de las generaciones, las fuerzas del alma espiritual pudieron retirarse a una vida interior, a una vida anímica humana consciente y cada vez más consciente. Así, en verdad, este núcleo anímico-espiritual del ser humano sólo se ha debilitado en relación con las condiciones formativas externas, pero lo que se ha perdido y lo que ha cedido a la herencia ha surgido en las fuerzas de la conciencia que continúan desarrollándose más y más en los procesos culturales.
Ahora bien, debe ser de interés cómo ha de pensarse el origen del propio mundo animal en relación con esta formación humana. También aquí sólo podemos decir brevemente lo que se explica con más detalle en la "Ciencia Oculta". Se puede decir que las condiciones terrestres, en las que el hombre tuvo que encontrar su camino, tomaron forma antes de lo que es la forma corporal humana, y que el hombre entró en el mundo de los sentidos en un momento determinado desde el mundo de lo suprasensible, de modo que, como forma original puramente espiritual, trabajó el ser anímico-espiritual en lo corpóreo en un momento dado, para poder aparecer posteriormente como un ser corpóreo, y que tenemos que imaginar aquello en lo que trabajó como algo muy diferente de las formas corpóreas posteriores, es decir, móvil, maleable en sí mismo. Y el hombre formó esta maleabilidad en un momento en que era posible para las formas humanas, pues la ciencia espiritual debe suponer que el mundo animal se formó en materia sensorial en un momento mucho más anterior en la tierra, que no pudo esperar hasta que se dieran las condiciones que hubieran hecho posible el desarrollo del mundo animal, condiciones que han dado al hombre su forma actual. El hombre esperó, por así decirlo, a que la tierra estuviera madura para ello, para que lo que se reflejaba en su espiritualidad pudiera imprimirse en la materia plástica y orgánica como la actual forma corporal humana. Los animales alcanzaron sus formas corporales antes y en condiciones diferentes, y esto significó que, aunque su forma original es también espiritual, este funcionamiento del alma espiritual del animal en condiciones mucho más restrictivas salió a la luz en una forma diferente en el animal. Por lo tanto, tenemos que ver en los animales a los seres que el hombre envió antes que él, por así decirlo, a la existencia terrenal y que, debido a que no se encarnaron en las condiciones en las que el hombre se encarnó, tenemos que ver, por lo tanto, en formas antiguas no adaptadas a las condiciones terrenales posteriores.
Si la ciencia espiritual quiere pensar estrictamente en el sentido de la ciencia natural, no sólo debe ordenar su lógica enteramente en el sentido de la ciencia natural, pues habrán visto que las observaciones que acaban de hacerse no sólo están pensadas estrictamente en términos de ciencia natural, sino que los hechos de la ciencia natural apuntan enteramente a lo que se ha dicho hoy: Que simplemente aquellas formas que los naturalistas piensan a partir de los hechos como formas primordiales e imaginan materialmente-sensibles deben transformarse en formas anímico-espirituales, que sólo han conducido a la forma humana actual gracias a que se han encarnado más tarde que las formas animales en las condiciones terrestres. Pero la investigación natural muestra sus resultados no sólo a través de la hipótesis, sino también a través del experimento, de la prueba. Tampoco en este aspecto la ciencia espiritual va a la zaga de la ciencia natural. Ya se ha señalado en conferencias anteriores cómo el hombre puede desarrollarse en relación con su alma espiritual, para que a través de procesos íntimos del alma, como son: -meditación, concentración y similares- puede afectar a su alma espiritual de tal manera que se vuelva mucho más poderosa, mucho más fuerte en sí misma de lo que es en la vida normal. Hoy en día sólo se puede señalar que los pensamientos en la vida meditativa deben nacer de la voluntad humana si han de desarrollar al ser humano para hacer de él un investigador espiritual, mientras que todos los demás pensamientos se forman a partir de las condiciones circundantes. Si el hombre comienza con plena perseverancia a dedicarse a tal vida meditativa, si pone en el centro de su vida anímica determinadas ideas, sentimientos o impulsos de la voluntad a través de su libre albedrío, entonces llega al punto de desprender su alma espiritual de lo físico, y puede entonces, por mucho que esto se ridiculice y se burle hoy en día, avanzar a una vida interior en la que sabe: Ahora vivo en mi núcleo anímico-espiritual del ser y a través de él estoy directamente en contacto con el mundo espiritual. No experimento a través de mis sentidos o a través del intelecto, que está ligado al cerebro, sino que experimento en mí un hombre con alma espiritual que se ha salido de su cuerpo físico, incluso de su instrumento cerebral. - Y se ha mencionado que en las primeras etapas de tal avance el ser humano tiene la sensación, si aún no ha avanzado lo suficiente: ahora estás experimentando una vida espiritual, pero no puedes imaginarlo, no puedes transformarlo en conceptos. Este es un estado de transición que puede parecerte bastante dudoso. Es cierto, mientras te consideras, por lo demás, como una persona razonable al poder formar conceptos de tu experiencia, algo hay ahora, en que no puedes conceptualizar las cosas, de modo que no puedes considerarte como una persona razonable sino como un idiota. Experimentas algo, pero no puedes comprenderlo.
Por extraño que parezca, te conviertes en una especie de idiota en un sentido superior durante un cierto tiempo. Pero si luego avanzas, transformas esta esencia anímico-espiritual de tal manera que recibe fuerzas aún más fuertes para participar conscientemente en lo que hace la esencia anímico-espiritual de la cual no es consciente. Mientras que en la primera infancia trabajas inconscientemente en tu configuración exterior, ahora notas que la esencia anímico-espiritual es tan fuerte que creas un órgano ahora consciente, mientras trabajas en tu organización cerebral, para que puedas entender lo que antes no podías entender. La comunicabilidad de la ciencia espiritual se basa en eso. Lo que puedes contemplar en los primeros tiempos de la experiencia científico-espiritual es tan incierto, tan completamente una experiencia en un nuevo elemento de la existencia que no tiene contornos conceptuales. Sin embargo, si permaneciera sólo de esta manera, no podrías informar de la ciencia espiritual. Puedes informar de ella, ahora puedes llevar estas experiencias a tu conciencia y puedes conceptualizarlas. Sin embargo, sólo puedes hacer esto con el cerebro. Por lo tanto, el investigador espiritual tiene que transformar su cerebro conscientemente; por eso siente su cerebro primero como un bloque que tiene que transformar.
Por tanto, podemos decir que en este desarrollo superior del espíritu humano podemos experimentar literalmente el trabajo del ser humano a partir de su ser espiritual como un trabajo experimental sobre la configuración, sobre la organización de la materia. - El conocimiento espiritual superior siempre procede de tal manera que la vida espiritual humana, que existe primero en lo espiritual, se elabora en la materia. Allí vemos cómo el alma humana, que llega a ser consciente de sí misma en una determinada etapa, continúa el proceso que vemos que tiene lugar al principio del desarrollo humano desde el mundo espiritual, y entonces lo que el ser humano experimenta como investigador espiritual, si se entrena durante mucho tiempo los métodos indicados, apunta al origen espiritual del ser humano en su desarrollo.
Así como en la vida cotidiana del hombre, en la vida entre el nacimiento y la muerte, los estados anteriores aparecen en su memoria, de modo que cuando ha llegado a la edad de cincuenta años sabe lo que experimentó cuando tenía veinte, treinta años y así sucesivamente, y su conciencia se extiende hacia atrás, así la conciencia del hombre se extiende hacia atrás más allá del nacimiento a través de meditaciones y concentraciones en regiones que de otro modo están bastante ocultas para nosotros si sólo nos mantenemos en el cerebro en lo físico-terrenal. Se toca un punto que todavía está bastante alejado de la conciencia actual del hombre, pero para el cual habrá una comprensión en un tiempo comparativamente corto, cuando la cultura sea fecundada por la ciencia espiritual. Se trata de un área que llamamos la de la conciencia humana más allá de los límites del cerebro y los sentidos. Entonces conseguimos de la memoria más allá de la vida presente, una expansión de la conciencia Es una extensión de la conciencia del alma y de los procesos espirituales.
Estos procesos anímico-espirituales se presentan entonces de tal manera que se puede decir: Ya no se trabaja sólo con conclusiones lógicas, como hacen la geología, la paleontología, la anatomía comparada, etc., sino que se trabaja con hechos que aparecen espiritualmente ante los ojos, como recuerdos de los primeros tiempos de los días en la tierra. La visión espiritual se expande. Y allí, al formarse el núcleo espiritual-alma del ser humano, se encuentra con la experiencia interior y se conjura realmente ante nuestros ojos espirituales, como ante el ojo espiritual, ese estado original espiritual de nuestra vida terrenal, que entonces no contiene las formas de los seres tal y como están a nuestro alrededor, sino de esos seres tal y como aún no han tomado forma, como aparecerían si se percibiera un cristal que aún no ha tomado forma y se proyectara hacia el devenir. En resumen, aprendemos a reconocer lo que hay en el hombre, aparte de las fuerzas corporales de la forma, tal como es, sin tener que considerar lo corporal, que reside en la herencia. Lo conocemos espiritualmente, y así podemos formarnos una idea de cómo era el hombre en su lugar de origen, cuando se abrió paso en el mundo corpóreo y se encarnó en el mundo de los sentidos.
Este es un resultado que todo ser humano puede comprobar si tiene la resistencia y el valor necesarios para tal auto-experimentación. Cuando un ser humano experimenta el núcleo anímico-espiritual de su ser dentro de sí mismo, no lo experimenta entonces, como algo que se enfrenta a él como algo completamente extraño, aunque no provenga del entorno sensorial, sino como algo que aparece como algo completamente nuevo, pero del cual siente está relacionado con toda tu naturaleza más íntima eso que sientes como una impresión más íntima; ese eres tú mismo como algo eterno, que como primera, como base eterna, subyace a toda formación corporal externa, uno siente que ahora no se enfrenta a la persona entera con los sentidos, sino espiritualmente.
Y existe una extraña posibilidad de comparación con lo que encontramos en la vida cotidiana. El investigador espiritual experimenta que no puede decir: Lo que estoy formando está conectado con mi cerebro o con mi ojo y así sucesivamente, sino que debe decir: Está conectado con todo el ser humano. - Es similar a la forma en que miramos a un niño en la vida ordinaria. Vemos que el niño ríe y llora de forma diferente al adulto. También es diferente. El niño ríe y llora con todo su cuerpo. Lo que en el adulto sólo se produce a través de la secreción de las glándulas lacrimales, en el niño va directamente a todo el organismo. Se siente sacudido por aquello que se expresa en el llanto. Lo mismo ocurre con la risa: el niño se ríe con todo el cuerpo, mientras que el adulto quizá sólo echa hacia atrás las comisuras de los labios. Esto también se puede observar en el resto de la vida. Así, lo que se apodera del alma primero se apodera de todo el ser humano, y sólo entonces se apodera de las glándulas lagrimales o de los músculos de la risa. Ser influenciado se especializa en un órgano en particular. Observe cómo, durante un tiempo en la vida, cuando uno se mueve, siente algo como una opresión, como una tensión en el pecho; más adelante en la vida esto se concentra en una ligera sensación en la laringe, que la persona puede notar si le presta atención. De este modo, lo que se especializa surge de la captación de la totalidad del ser humano. Lo anímico-espiritual se abre paso en el ser humano completo y luego se especializa en partes individuales.
Pasas exactamente por el mismo proceso que un investigador espiritual. Uno siente que se desarrolla un segundo ser humano dentro de sí mismo. Uno siente que este ser humano interior, que vive en uno como un ser espiritual, sólo está trabajando en el desarrollo de lo orgánico en menor medida de lo que trabajó originalmente en el punto de partida del desarrollo de la tierra.








