CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA112 Kassel, 6 de julio de 1909 - El Significado Cósmico del Misterio del Gólgota

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EL SIGNIFICADO CÓSMICO DEL MISTERIO DEL GÓLGOTA

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner


Kassel, 6 de julio de 1909


Conferencia XI


Ayer pusimos ante nuestras almas el significado, para el desarrollo humano en nuestra tierra, del Misterio del Gólgota. Pero ahora cada acontecimiento del mundo está conectado básicamente con el desarrollo de todo el cosmos a través de relaciones casi infinitas. Y sólo podremos comprender plenamente la esencia del Misterio del Gólgota si aclaramos también el significado cósmico de este acontecimiento.

Ya sabemos que el ser que llamamos el Cristo descendió de regiones sobrenaturales a nuestra tierra, que en su aproximación fue visto sobre el sol, por así decirlo, en la antigua Persia a través de la clarividencia de Zaratustra, luego a través de Moisés en la zarza ardiente y en el fuego del Sinaí, y finalmente, para aquellos que experimentaron el acontecimiento crístico, en la presencia del Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret.

Sabemos que nuestros acontecimientos terrenales, sobre la totalidad el desarrollo de la humanidad, están relacionados con nuestro sistema solar. Pues hemos demostrado que este desarrollo de la humanidad, tal como ha llegado a ser, no habría podido tener lugar en absoluto si el sol y luego más tarde la luna no hubieran salido una vez de un cuerpo planetario en el que nuestro sol y nuestra luna actual estaban todavía unidos a la tierra, y nuestra tierra se hubiera colocado así en una posición de equilibrio entre el sol y la luna. Como el hombre no podía seguir el rápido ritmo de desarrollo de esos seres que buscaban un lugar para sí mismos en el sol, la tierra tuvo que separarse del sol. Y porque si la tierra entonces, hubiera permanecido junto con la luna, la humanidad habría sido presa de un rápido endurecimiento, de una osificación, la luna con sus sustancias y sus seres tuvo que ser separada.

Esto hizo posible el desarrollo de la humanidad por el camino correcto. Pero ayer vimos que aún subsiste cierta tendencia residual al endurecimiento y que esta tendencia residual habría bastado para conducir a la humanidad hacia una especie de estado de decadencia al final de nuestro desarrollo en la tierra si no hubiera llegado el impulso crístico. Esto nos permitirá examinar un poco todo nuestro desarrollo.

Así que el sol, la luna y la tierra, fueron una vez un único cuerpo planetario. Luego llegó el tiempo en que el sol se separó; sólo continuaron unidas la tierra y la luna. Después, la luna actual se separó y la tierra permaneció como escenario de la evolución humana. Esto fue en el antiguo período Lemúrico, que precedió al llamado período Atlante, que ya hemos tratado desde varios puntos de vista. Luego la tierra evolucionó de tal manera que, desde el período atlante hasta nuestros días, las fuerzas del sol y de la luna actuaban desde el exterior.

Echemos ahora un vistazo al progreso ulterior de la evolución en la Tierra hasta el momento en que llegó el impulso Crístico. Consideremos un momento muy concreto de nuestra evolución en la Tierra, el momento en que se alzó la cruz en el Gólgota, cuando la sangre brotó de las heridas de Cristo Jesús. Centrémonos en este momento de nuestra evolución terrena.

Lo que le ha sucedido a la humanidad hasta aquí, es consecuencia del hecho de que los poderes combinados de las entidades luciférica y ahrimánica se han trasladado al interior del ser humano. Y hemos visto que a causa de esta intromisión, el propio hombre ha vivido en la Maya o ilusión en relación con el mundo exterior: Ahrimán ha hecho que el mundo exterior no aparezca ante el hombre en su verdadera forma, sino como si sólo fuera un mundo material, como si lo espiritual no estuviera detrás de todo lo material. Durante mucho tiempo, por tanto, el hombre se ha encontrado, -y para muchos miembros de la evolución terrena todavía hoy se encuentra en esta condición-, en un estado provocado por el error, porque el hombre sólo ve las impresiones sensoriales y materiales que le rodean y las procesa por medio de sus conceptos. A través de esta influencia de Ahrimán o Mefistófeles, el hombre ve así el mundo exterior en una imagen falsa, y se forma ideas ilusorias y falsas sobre el mundo espiritual. Pero todo lo espiritual está relacionado con los efectos físicos, y hemos visto qué tipo de efectos físicos iban de la mano de esta ilusión de percepción externa. Hemos visto que una consecuencia de la influencia luciférica y ahrimánica fue que la sangre del hombre se hizo cada vez menos capaz de darle la capacidad de ver lo que es correcto en el mundo exterior, de modo que con el deterioro de la sangre, con la disolución de la sangre, como ocurría en los tiempos de la antigua relación consanguínea, con esta dispersión, con esta aniquilación de la sangre debida a la mezcla de sangre, estaba relacionado un crecimiento cada vez mayor de lo ilusorio. Porque el hombre ya no podía preguntar a la antigua sabiduría que aún conservaba como reliquia y que le decía: No es cierto que el mundo exterior sea mera materia; porque si te aferras a tus viejas reliquias de sabiduría, ellas te dicen que detrás del mundo físico hay un mundo espiritual. - Pero estas reliquias se fueron perdiendo cada vez más. Y por eso el hombre dependía cada vez más del mundo físico exterior para toda su vida anímica y su conocimiento. Esto transformó todas las impresiones físicas en ilusión, en engaño. Si no hubiera sido por la influencia de Cristo, el hombre finalmente habría llegado tan lejos que habría perdido todas las antiguas reliquias de sabiduría, que gradualmente se habría vuelto completamente dependiente sólo del mundo exterior de los sentidos y sus impresiones. Habría olvidado que existe un mundo espiritual. Eso tendría que haber sucedido. El hombre tendría que haberse vuelto ciego respecto al mundo espiritual.

Ahora debemos considerar en toda su gravedad tal afirmación, de que el hombre caería más y más en el engaño y el error sobre el mundo exterior. No es tan fácil tomar esta afirmación que acabamos de exponer, -la caída del hombre en el error acerca de las impresiones externas del mundo de los sentidos-, en toda su gravedad y amplitud. Traten de comprender lo que esto significa: debemos reconocer todas las impresiones externas de los sentidos, tal como se nos presentan en el mundo físico- sensorial, como ilusión, como engaño. Debemos aprender a decirnos a nosotros mismos: tal como son y el modo en que nos impresionan los hechos y las impresiones en el mundo de los sentidos, así son de falsos, y debemos aprender a ver detrás de las impresiones externas su verdadera forma.

Les contaré un acontecimiento al que suele ser difícil que una persona aplique la verdad, de modo que se dice a sí misma: La figura que se me presenta en el mundo exterior sobre este acontecimiento es falsa, es una ilusión, es Maya. -¿Y saben ustedes qué acontecimiento es este? Este acontecimiento es el de la muerte. En el sentido de que la muerte hace que, en el mundo físico exterior, nos enfrentemos a ella en el sentido de que habla a nuestro conocimiento, que gradualmente, bajo las influencias que hemos descrito, se ha convertido en un conocimiento que sólo puede comprender los acontecimientos físicos exteriores, la muerte tiene una cierta cualidad, se ha vuelto tal que la gente sólo puede mirarla a través de los ojos del mundo físico exterior. Precisamente acerca de la muerte, es donde la humanidad ha caído en los puntos de vista más erróneos y desastrosos. Así que debemos llegar a la conclusión de que la forma en que la muerte se nos presenta es sólo un mito, una ilusión, un engaño.

Los acontecimientos más variados están ante nuestros ojos en el mundo físico exterior. Allí ante nuestros ojos están las estrellas que impregnan el universo; están las montañas, las plantas, los animales; está todo el mundo de nuestros minerales; está también el hombre y todo lo demás con los hechos que podemos obtener mediante nuestra observación con los sentidos. Y cuando nos preguntamos: ¿De dónde proceden estos hechos? De dónde viene este mundo físico-sensual exterior, que se nos presenta como un mundo material?. Debemos responder: Viene de lo espiritual. 
Y si nos remontáramos a la forma más originaria del espíritu, del cual surge todo lo físico-sensorial, tendríamos que llamarlo el fundamento de todo ser, en el esoterismo cristiano lo que se llama el Principio de Dios Padre. El principio paterno divino subyace a todo lo creado. Entonces, ¿Qué es lo que en realidad se le ha velado al hombre, en cuanto que todo ha estado inmerso para él en la maja o ilusión? El Principio del Dios Padre. En lugar de las ilusiones de los sentidos, debería ver el Principio del Dios Padre en todo lo que le rodea. El Principio del Padre divino-espiritual, al que pertenecen todas las cosas y él mismo, eso es lo que el hombre debe ver en todas partes. Por lo tanto, el Principio del Dios Padre, no se muestra en su verdadera forma. Debido a que el hombre ha sufrido esas disminuciones de sus facultades de las que hemos hablado, este Principio del Dios Padre se muestra a través del gran engaño, a través de la Maya.

¿Qué hay entretejido en la gran ilusión? Entre todos los hechos que vemos, se nos presenta uno que es fundamentalmente esencial, y es la muerte. Por lo tanto, el hombre debe decirse a sí mismo: Las cosas externas que se presentan a nuestros sentidos son en verdad el principio del Dios Padre; el elemento divino-espiritual del Padre, eso es lo que expresan. Y si la muerte está entretejida en todo el mundo de los sentidos, entonces la muerte es para nosotros algo que pertenece al principio divino-espiritual del Padre. Debido a que el hombre se ha desarrollado de la manera en que lo ha hecho, el principio del dos Padre está envuelto para él en diversas cubiertas, y finalmente en la cubierta de la muerte. ¿Qué debe buscar, pues, el hombre detrás de la muerte, al igual que detrás de todo lo sensorial? Al Padre, al Padre cósmico. Así como el hombre debe aprender a decir de cada cosa: «Es el Padre en verdad», así debe aprender a decirse a sí mismo: «La muerte es el Padre.» ¿Y por qué se nos aparece una imagen falsa del Padre en lo sensorial-físico? ¿Por qué la imagen del Padre nos parece tan distorsionada hasta el punto de que nos parece una muerte engañosa? ¡Porque el principio Lucifer-Ahrimán está mezclado en todas nuestras vidas! Por tanto, si ahora el hombre fuera conducido de una visión falsa, engañosa y majestuosa de la muerte a una visión correcta de la muerte, ¿Qué tendría que suceder?

¡El hombre debería ser iluminado sobre la muerte por los hechos! Tendría que ocurrir algo a través de lo cual el hombre pudiera aprender que es falso lo que ha sabido sobre la muerte, lo que ha sentido sobre la muerte, lo que ha sido capaz de hacer bajo el impulso de su concepto de la muerte. Tenía que ocurrir un acontecimiento que le hiciera darse cuenta de la verdadera forma de la muerte. Había que borrar la forma falsa de la muerte, había que presentar una forma verdadera de la muerte.

Esa fue la misión de Cristo en la tierra, la de sustituir con su obra la falsa forma de la muerte por la verdadera forma de la muerte.

La muerte se convirtió en esta imagen distorsionada del Padre porque Lucifer-Ahrimán interfirió en la evolución de la humanidad. La muerte fue la consecuencia, el efecto de la influencia de Lucifer-Ahriman. Entonces, ¿qué tenía que hacer quien quería eliminar esta falsa forma de muerte del mundo?

La falsa forma de muerte nunca podría haber abandonado la vida humana si no hubiera sido eliminada la causa, creada por Lucifer-Ahrimán. Pero ningún ser terrenal podría haber logrado esto. Un ser terrenal puede ciertamente erradicar las cosas que han sucedido por medio de los propios seres terrenales dentro de la evolución terrenal, pero no la influencia Lucifer-Ahrimán. Sólo podía sacarlo un ser que todavía no estaba en la Tierra misma cuando Lucifer-Ahrimán estaba actuando, que todavía estaba fuera en el espacio universal, que vino a la Tierra en un momento en que Lucifer-Ahrimán ya había entrado completamente en el cuerpo humano.

Ahora bien, este ser vino a la tierra y justo en el momento adecuado, como hemos visto, eliminó a Lucifer-Ahriman, eliminó la causa de lo que trajo la muerte al mundo. Así que este tenía que ser un ser que no tuviera nada que ver con todas las otras causas de muerte dentro de la humanidad. Este ser no podía tener nada que ver con todo lo que causaba la muerte de las personas, es decir, con todo lo que había sido provocado por Lucifer y más tarde por Ahrimán, todo lo que las personas individuales realizaban en la tierra como resultado de la influencia de Lucifer y Ahrimán, en otras palabras, con todo lo que hacía que las personas se volvieran culpables y cayeran en el mal. Pues si hubiera muerto un ser que hubiera estado bajo la influencia de todas estas causas, entonces esta muerte habría estado justificada. Tal muerte, que fue injustificada, que fue asumida por un ser sin culpa, una muerte completamente inocente podría por sí sola borrar toda muerte culpable.

Por eso, tuvo que sufrir la muerte un hombre inocente, tuvo que casarse con la muerte, tuvo que permitir que le sobreviniera la muerte. Y al permitir que la muerte le sobreviniera, trajo a esta vida humana aquellas fuerzas que gradualmente crean para el hombre la comprensión de la verdadera forma de la muerte, es decir, la comprensión de que la muerte tal como aparece en el mundo de los sentidos no tiene verdad, que por el contrario esta muerte tuvo que ocurrir con el propósito de la vida en el mundo espiritual, que con esta muerte se crea la base misma para la vida en lo espiritual.

De este modo, la muerte inocente en el Gólgota proporcionó la prueba, prueba que los hombres irán comprendiendo poco a poco: ¡que la muerte es el Padre siempre vivo! Y una vez que tengamos la visión correcta de la muerte, una vez que hayamos aprendido a través del acontecimiento del Gólgota que la muerte externa no significa nada, que en el cuerpo de Jesús de Nazaret vivía el Cristo con el que podemos unirnos, una vez que hayamos reconocido que este Cristo ha hecho que, aunque se presente la imagen de la muerte en la cruz, ésta sólo es un acontecimiento externo, y que la vida del Cristo en el cuerpo etérico antes de la muerte es la misma que después de esta muerte, que esta muerte no puede, por tanto, hacerle nada a la vida, -una vez que nos hemos dado cuenta de que tenemos aquí ante nosotros una muerte que no extingue la vida, que es en sí misma vida, entonces, mediante aquel ser clavado en la cruz, tenemos de una vez por todas el signo de que la muerte es en verdad la dadora de la vida. Al igual que la planta crece a partir de la semilla, la muerte no es un destructor, sino una semilla de vida. Éste ser fue inserido en nuestro mundo físico-sensorial para que este mundo físico-sensorial no cayera fuera de la vida, sino que pudiera ser llevado a la vida. Era necesario presentar la refutación de la muerte en la cruz, mediante una muerte que contradijera, mediante una muerte que fuera inocente. Pero, ¿Qué se hizo realmente con ella?

Por las conferencias anteriores sabemos, que el hombre tiene un yo como cuarto miembro de su ser, y que a medida que este yo se desarrolla, tiene a la sangre como su instrumento físico exterior. La sangre es la expresión del yo. Por eso, a medida que la sangre empeoraba el yo cayó cada vez más en el error, en la maya o ilusión. Por lo tanto, el hombre también debe el aumento del poder de su yo al hecho de que tiene su sangre. Pero además a este yo le debe, en un aspecto espiritual, el hecho de que aprendió a distinguirse del mundo espiritual, de que se convirtió en una individualidad. Esto no podía serle dado bajo ninguna otra circunstancia salvo la de que su visión del mundo espiritual fuera antes cortada. Y lo que le impidió la visión fue precisamente la muerte. Si el hombre hubiera sabido siempre que la muerte es la semilla de la vida, no habría llegado a tener un yo independiente, pues habría permanecido en conexión con el mundo espiritual. Pero tal como fue, la muerte entró, le dio la ilusión de que estaba separado del mundo espiritual, y así educó al hombre para el yo independiente.

Pero este yo se hizo cada vez más independiente, de tal manera que exageró su independencia más allá de cierto punto. Por otra parte, esto sólo podía equilibrarse retirando de este yo aquel poder que lo había llevado más allá de este punto. De modo que tenía que ser expulsado aquello que en el yo había conducido con demasiada fuerza hacia el egoísmo, aquello en el yo que no había promovido la mera egoidad, sino el egoísmo. Pero esto fue expulsado, -para que en el curso del futuro también pueda ser expulsado cada vez más de los yoes individuales-, en el momento en que se produjo la muerte en la cruz del Gólgota y la sangre fluyó de las heridas.

En la sangre que fluye de las heridas de Cristo vemos, por tanto, el símbolo real del exceso de egoísmo en el yo humano. Así como la sangre es la expresión del yo, la sangre que fluyó en el Gólgota es la expresión del exceso del yo humano. Si la sangre no hubiera corrido en el Gólgota, el hombre se habría endurecido espiritualmente en el egoísmo y habría corrido la suerte que describimos ayer. Con la sangre que corrió en el Gólgota, se dio el impulso para que aquello que hace del yo un egoísta desapareciera gradualmente de la humanidad.

Pero todo acontecimiento físico tiene como contrapartida un acontecimiento espiritual. Al mismo tiempo que la sangre fluía de las heridas del Gólgota, ocurrió algo espiritual. Sucedió en ese momento que por primera vez salieron rayos de la tierra hacia el espacio universal, que no habían salido antes, de modo que nosotros, creados en esa época, pensamos en rayos de la tierra hacia el espacio universal. Con el paso del tiempo, la tierra se fue oscureciendo cada vez más hasta el acontecimiento del Gólgota. Ahora la sangre del Gólgota fluye, y la tierra comienza a brillar.

Si, en la época precristiana, algún ser, -en principio con poderes clarividentes-, hubiera podido contemplar la Tierra desde un cuerpo distante del Universo, habría visto cómo se consumía gradualmente y se oscurecía  el aura de la Tierraen el tiempo que precedió al acontecimiento del Gólgota. Pero luego habría visto cómo el aura de la Tierra se iluminaba con nuevos colores. El hecho del Gólgota ha impregnado la tierra de una luz astral, que poco a poco se convertirá en luz etérica y luego física. Pues cada ser del mundo sigue desarrollándose. Lo que ahora es el sol fue primero un planeta. Y así como el antiguo Saturno se desarrolló hasta convertirse en el sol, nuestra tierra, que ahora es un planeta, se está desarrollando hasta convertirse en el sol. El primer impulso para que nuestra tierra se convirtiera en sol se dio cuando la sangre manó de las heridas del Salvador en el Gólgota. Entonces la tierra comenzó a brillar, al principio astralmente, es decir, sólo visible para el clarividente. Pero en el futuro la luz astral se convertirá en luz física, y la tierra se convertirá en un cuerpo luminoso, en un cuerpo solar.

A menudo les he dicho que un cuerpo planetario no nace de la aglomeración de materia física, sino de la creación de un nuevo centro espiritual, de un nuevo escenario, a partir de un ser espiritual. La formación de un cuerpo planetario comienza a partir de lo espiritual. Todo cuerpo físico universal fue primero espíritu. Lo que nuestra tierra llegará a ser un día es, en primer lugar, el aura astral, que comenzó a irradiar de la tierra aquí. Esta es la primera planta del futuro sol-tierra. Pero lo que un ser humano hubiera visto entonces con sus sentidos engañosos es un espejismo. No es verdad en absoluto; se disuelve, deja de ser. Cuanto más se convierte la tierra en sol, más se quema esta maya en el fuego solar, se disuelve en él.

Pero el hecho de que la tierra fuera irradiada con un nuevo poder en ese momento, que se pusieran los cimientos para que la tierra se convirtiera en sol, hizo posible que este poder irradiara a través de los seres humanos. Se dio el primer impulso a lo que describí ayer: la irradiación del poder crístico en el cuerpo humano etérico. Y a través de aquello que podía irradiar en él astralmente, este cuerpo humano etérico podía comenzar a absorber nueva fuerza vital a medida que la necesitaba para el futuro posterior.

Así pues, si se imaginan un cierto tiempo después del acontecimiento del Gólgota y lo comparan con el tiempo en que tuvo lugar el acontecimiento del Gólgota, si comparan un estado futuro de la humanidad con el tiempo en que tuvo lugar el acontecimiento del Gólgota, entonces pueden decirse a sí mismos: En aquel tiempo, cuando llegó el impacto crístico, la tierra era todavía tal que ya no podía irradiar nada de sí misma hacia los cuerpos etéricos de los hombres. Sin embargo, durante un tiempo después, los cuerpos etéricos de aquellas personas que encontraron una relación con el impulso crístico fueron irradiados, absorbieron en sí mismos, si comprendieron al Cristo, el poder radiante que ha estado en la tierra desde entonces, la nueva luminosidad de la tierra. ¡Han absorbido la luz de Cristo en sus cuerpos etéricos! La luz de Cristo fluye en los cuerpos etéricos de los seres humanos.

Y ahora, puesto que siempre ha habido una parte de la luz crística en los cuerpos etéricos de las personas desde entonces, ¿qué sucede ahora? ¿Qué sucede con esa parte del cuerpo etérico del ser humano que ha absorbido la luz crística? ¿Qué le sucede después de la muerte? ¿Qué es lo que se instala gradualmente en el cuerpo etérico del ser humano como resultado del impulso crístico?

Esto es algo que el impulso crístico ha traído, algo que el impulso crístico ha hundido en el cuerpo etérico del hombre, algo que puede estar allí en el cuerpo etérico del hombre desde entonces y que no estaba allí antes. Desde entonces se ha dado la posibilidad en los cuerpos etéricos de los hombres de que aparezca en ellos algo nuevo, por así decirlo como efecto de la luz crística, aparece algo que respira vida, que es inmortal, que nunca puede sucumbir a la muerte. Pero si no sucumbe a la muerte, entonces mientras el hombre en la tierra siga sucumbiendo a la ilusión de la muerte, se salvará de la muerte, no participará en la muerte. Así que desde entonces ha habido algo en el cuerpo etérico del hombre que no participa en la muerte, que no sucumbe a las fuerzas de la muerte en la tierra. Y este algo que no participa en la muerte, que la gente conquista gradualmente a través de la influencia del impulso crístico, ahora refluye, fluye hacia el espacio universal, forma, dependiendo de si es más fuerte o más débil en el hombre, una fuerza que fluye hacia el espacio universal. Y este poder formará una esfera alrededor de la tierra que está en proceso de convertirse en sol. Una especie de esfera espiritual se forma alrededor de la tierra a partir de los cuerpos etéricos que han cobrado vida. Así como la luz de Cristo irradia desde la tierra, también tenemos una especie de reflejo de la luz de Cristo en la órbita de la tierra. Lo que se refleja aquí como luz crística, y lo que ha ocurrido como resultado del acontecimiento crístico, es lo que Cristo llama el Espíritu Santo. Así como es cierto que la tierra comienza a convertirse en sol a través del acontecimiento del Gólgota, es igualmente cierto que a partir de este acontecimiento la tierra también comienza a volverse creativa y a formar un anillo espiritual alrededor de sí misma, que más tarde se convierte a su vez en una especie de planeta alrededor de la tierra.

desde este acontecimiento del Gólgota ha estado ocurriendo en el cosmos, algo esencial. En aquel momento, cuando la cruz se alzó en el Gólgota y brotó sangre de las heridas de Cristo Jesús, se creó un nuevo centro cósmico. Nosotros estábamos allí cuando se creó este nuevo centro cósmico. Estábamos allí como seres humanos, ya sea en un cuerpo físico o fuera de la vida física entre el nacimiento y la muerte. ¡Así es como se crean nuevos mundos! Pero debemos comprender que, ante el punto de partida de un sol recién formado, estamos mirando al Cristo agonizante.

El Cristo se desposa con la muerte, que se ha convertido en la expresión característica del Espíritu del Padre en la tierra. El Cristo va al Padre y se desposa con su expresión, la muerte, - y la imagen de la muerte se desmiente, pues la muerte se convierte en la semilla de un nuevo sol en el universo. Si sentimos este acontecimiento, si sentimos que la muerte se desmiente, si sentimos que la muerte en la cruz se convierte en la semilla de la cual brota un nuevo sol, entonces también sentimos con toda razón que la humanidad terrestre lo ha sentido y debe haberlo sentido como la transición más importante en la evolución de la humanidad.

Hubo un tiempo en que la gente aún tenía una clarividencia tenue y crepuscular. Vivían en el reino espiritual y miraban hacia atrás en sus vidas. Cuando tenían unos treinta años, miraban hacia atrás hasta su vigésimo año, su décimo año y así sucesivamente, hasta su nacimiento, pero ellos sabían: Llegué a este nacimiento desde las alturas divino-espirituales. En aquella época el nacimiento no era un principio: ellos como seres espirituales veían el nacimiento y también la muerte, y sabían que en ellos había algo espiritual, algo que no podía ser tocado por esta muerte. El nacimiento y la muerte en el sentido actual aún no existían. El nacimiento y la muerte vinieron primero, -y tomaron su forma falsa y engañosa en lo que era la imagen externa del Padre. En esa imagen externa, ¡la particularidad se convirtió en la muerte! Y entonces la gente miraba a la muerte y veía cómo aparentemente destruía la vida. Y la muerte se convirtió cada vez más en una imagen que representaba lo contrario de la vida. Si la vida a menudo traía sufrimiento, la muerte era algo que representaba el mayor sufrimiento.

¿Cómo debía pensar en la muerte aquel que contemplaba los acontecimientos terrenales desde fuera, es decir, que veía cómo estos acontecimientos terrenales se reflejaban en la humanidad antes de la venida de Cristo? Cuando descendió de las alturas divino-espirituales como un ser superior que tenía puntos de vista diferentes a los de los seres humanos, cuando miró a la humanidad, tuvo que decir como dijo el Buda.

Este Buda había salido de un palacio real en el que había sido educado. Allí no había visto más que aquello que elevaba la vida. Pero ahora, al salir, vio a un hombre que sufría, vio a un hombre enfermo, pero sobre todo vio a un hombre muerto. Cuando hubo experimentado esto, la frase apareció ante sus ojos: «¡La enfermedad es sufrimiento! ¡La vejez es sufrimiento! La muerte es sufrimiento!» Así era, en efecto, lo que sentía la humanidad. Y lo que toda la humanidad había sentido fue recogido por la gran alma de Buda.

Luego vino el Cristo. Y después del Cristo, una vez transcurridos otros seiscientos años, los mismos que habían transcurrido seiscientos años desde el Buda hasta el Cristo, hubo gente que pudo decir al ver la cruz y al muerto en ella: «¡Lo que cuelga de la cruz es el símbolo de esa semilla de la que brota la vida sobre la vida! - Habían aprendido a sentir la muerte como algo verdadero.

<El Cristo Jesús se desposó con la muerte, fue a esta muerte, que se ha convertido en la expresión característica del Padre, se unió con esta muerte. Y del matrimonio de Cristo Jesús con la muerte nació el principio de un sol de vida. Es un engaño, un mito o una ilusión, que la muerte sea sinónimo de sufrimiento. La muerte, si las personas aprenden en el curso del futuro a permitir que se les acerque de la misma manera que se acercó a Cristo, es en verdad la semilla de la vida. Y las personas contribuirán tanto a un nuevo sol y a un nuevo sistema planetario como reciban del impulso crístico, den de sí mismas y, de este modo, conviertan cada vez más el sol de la vida en uno más grande.

Alguien podría objetar: ¡Eso es lo que dice la ciencia espiritual! Pero, ¿para qué se quiere esa cosmología en relación con el Evangelio?

El Cristo enseñó a los que fueron sus discípulos. Y para hacerles madurar para lo más grande, siguió el método necesario para aprender a entender lo más grande de la manera adecuada: habló a los discípulos en parábolas, -o, como se traduce en la Biblia alemana, en «proverbios»-, en traducciones y parábolas. Después llega el tiempo en que los discípulos se han hecho cada vez más maduros, y en que pueden creerse lo bastante maduros para oír la verdad sin proverbios. Y Cristo Jesús permite que llegue el momento en que quiere hablar a sus apóstoles sin proverbios, sin parábolas. Porque los apóstoles quieren oír el nombre por el que vino al mundo; quieren oír el nombre importante:

«Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.

Os he contado todo esto en proverbios. Pero se acerca el tiempo en que ya no os hablaré en proverbios, sino que os hablaré libremente de mi Padre.»

¡Sintamos que se acerca el tiempo en que hablará a sus discípulos del Padre!

«Ese mismo día pediréis en mi nombre. Y no os digo que yo pida por vosotros al Padre.

Porque él mismo, el Padre, os ama, porque vosotros me amáis y creéis que he salido de Dios.

Yo salí del Padre».

Por supuesto, Él salió del Padre en la forma verdadera, y no en la forma engañosa del Padre.

«Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre».

Ahora, al haber madurado, se ilumina en los discípulos que el mundo tal como es a su alrededor es la expresión exterior del Padre, y que lo más significativo del mundo exterior, allí donde el mundo exterior es más maya o ilusión, es la expresión del Padre: que la muerte es el nombre del Padre. Los discípulos se dan cuenta de esto. Pero hay que leerlo correctamente.

«Sus discípulos le dijeron: «He aquí que ahora hablas libremente y no dices proverbios.

Ahora sabemos que tú lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has salido de Dios.

Jesús les respondió: Ahora creéis.

He aquí que llega la hora, y ya ha llegado, de que os disperséis, cada uno por su lado, y me dejéis solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

Os he dicho estas cosas para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis miedo; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (16, 24-33)

¿Sabían los discípulos adónde iba ahora? Sí, sabían desde ahora que iba a la muerte, que se casaba con la muerte. Y ahora lean lo que les dijo después de que aprendieron a comprender las palabras: «Salí de la muerte», es decir, de la muerte en su forma verdadera, del Padre de la vida, «y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre.» Dicen sus discípulos:

«Ahora sabemos que tú lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has salido de Dios».

Ahora bien, los discípulos sabían que la verdadera forma de la muerte se fundamenta en el Espíritu del Dios Padre, que la muerte, tal como la ven y la sienten los hombres, es una apariencia engañosa, un error. Así el Cristo revela a sus discípulos el nombre de la muerte, que oculta la fuente de la vida más elevada.

El nuevo sol de la vida nunca habría surgido si la muerte no hubiera venido al mundo y se hubiera dejado vencer por Cristo. Así, la muerte, vista en su verdadera forma, es el Padre. Y Cristo ha venido al mundo porque en la muerte había surgido un falso reflejo de este Padre. Y el Cristo vino al mundo para crear la forma verdadera, una imagen verdadera del Dios Padre viviente. El Hijo es el vástago del Padre que revela la forma verdadera del Padre. En verdad, el Padre envió a su Hijo al mundo para revelar la verdadera naturaleza del Padre, es decir, la vida eterna que se oculta tras el «ropaje» temporal.

No se trata sólo de la cosmología de la ciencia espiritual. Es lo que se necesita para comprender toda la profundidad del Evangelio de Juan. Y la persona que escribió el Evangelio de Juan estableció, por así decirlo, las verdades más elevadas y puede decir para sí mismo: En él hay verdades de las que la humanidad podrá extraer para siempre. Y a medida que la humanidad aprenda a comprender y practicar cada vez más estas verdades, tendrá una nueva sabiduría y crecerá en el mundo espiritual de una manera nueva. Pero esto sólo ocurrirá gradualmente. Por lo tanto, la dirección general del desarrollo cristiano tenía que dar la oportunidad de crear, por así decirlo, libros suplementarios que estuvieran junto al Evangelio de Juan, libros que no fueran sólo para los entendidos más dispuestos, como el Evangelio de Juan, que iba a ser un legado de Cristo para la eternidad, sino que había que crear libros suplementarios para los tiempos venideros.

Se creó, en primer lugar, un libro del cual los primeros siglos del desarrollo cristiano pudieron aprender lo mejor que necesitaban para comprender el acontecimiento de Cristo. Por supuesto, sólo fueron unos pocos, en relación con el conjunto de la humanidad, los que comprendieron a partir de este suplemento, de qué se trataba para ellos. Este primer suplemento que se dio, no para los más selectos, sino para los más entendidos, fue el Evangelio de Marcos. El Evangelio de Marcos tiene precisamente esa estructura, -y volveremos sobre ello más adelante-, que lo hizo, por así decirlo, especialmente cercano a una determinada comprensión de la época.

Luego llegó una época en la que el Evangelio de Marcos empezó a ser menos comprendido, en la que la comprensión humana estaba orientada de tal manera que se entendía mejor ver todo el poder de Cristo en el valor interior para el alma humana y en un cierto desprecio por el mundo físico exterior. Llegó un momento en que se tenía la disposición adecuada para poder decir: Los bienes temporales externos no valen nada, la verdadera riqueza sólo está en el ser interior desarrollado, más humano. Ésta fue la época en la que, por ejemplo, Johannes Tauler escribió su libro «Vom armen Leben Kristi» (Sobre la vida pobre de Cristo), en el que el Evangelio de San Lucas se comprendía especialmente bien. - Lucas, discípulo de Pablo, es uno de los que remodelaron el Evangelio de Pablo de forma adecuada a esta época, de modo que situaba en primer plano la «vida pobre» de Jesús de Nazaret, que nació en un establo de unos pastores pobres. Ahí vemos la «vida pobre de Cristo» representada por Johannes Tauler en el Evangelio de Lucas: un segundo suplemento para el desarrollo ulterior de la humanidad.

En nuestro tiempo habrá de nuevo algunas personas que aprenderán lo que puedan entender mejor del Evangelio de Mateo, según nuestro tiempo. Sucederá que nuestro tiempo, aunque quizá elija cada vez menos el nombre de «Mateo», elegirá sin embargo cada vez más lo que corresponde más estrechamente al Evangelio de Mateo. Llegará un momento en que se señalará cada vez más que no se puede entender nada de los acontecimientos sobrenaturales que tuvieron lugar en el bautismo de san Juan, tal como los hemos relatado. Esto es algo que, para muchas personas, todavía está por venir. Vivimos en una época en la que la persona que recibió a Cristo a los treinta años de su vida será descrita cada vez más como un «simple hombre de Nazaret», incluso como un investigador religioso. Las personas que prefieren esto, para las cuales el simple hombre de Nazaret es lo más importante, que dan menos valor al Cristo que al alto iniciado, que quieren al Jesús de Nazaret, encontrarán el Evangelio de Mateo especialmente importante, al menos en el sentido de la palabra. Una época de pensamiento materialista puede decir: Si abrimos el Evangelio de Mateo, encontramos un registro genealógico, una tabla genealógica, donde se nos muestra la línea ancestral de Jesús de Nazaret; va desde Abraham hasta José, pasando por tres veces catorce miembros. Y como se dice: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob y así sucesivamente hasta José y Jesús de Nazaret. Y la razón de esto es dejar claro que el linaje físico, la línea física de herencia del cuerpo en el que nació Jesús de Nazaret según su individualidad, se puede trazar hasta Abraham. Si se deja fuera a José, esta tabla genealógica no tiene el menor sentido. Si se habla de un nacimiento suprasensible en relación con este cuadro genealógico, entonces este cuadro genealógico deja de tener el menor sentido. Pues, ¿por qué habría de esforzarse el escritor del Evangelio de Mateo en dibujar una tabla genealógica con tres veces catorce miembros si después quisiera decir: El Jesús de Nazaret no desciende de José según el físico, ¡según la carne! - El Evangelio de Mateo sólo puede entenderse haciendo hincapié en que la individualidad nació en un cuerpo que realmente descendía de Abraham a través de José. Esa era la intención, que esta tabla genealógica dijera: ¡No, José no puede ser omitido en el sentido del Evangelio de Mateo! - Por lo tanto, José no puede ser omitido por aquellos que no pueden entender el nacimiento sobrenatural en el sentido del bautismo de Juan.

Pero el Evangelio de Mateo se escribió originalmente en una comunidad en la que el énfasis principal no se ponía en el Cristo, sino en la individualidad que se presentaba ante el mundo en la persona del iniciado Jesús de Nazaret. El Evangelio de Mateo se basa en lo que los gnósticos ebionitas conocían como documento de iniciación, y el Evangelio de Mateo se remonta a tal documento como modelo. Allí se hacía hincapié en el Jesús de Nazaret iniciado, y todo lo demás queda mucho más claro por el hecho de que está escrito en el Evangelio ebionita. Pero esto confiere al Evangelio de Mateo un cariz que no hay que leer fuera de él, -porque en verdad no está en él-, sino que se puede leer dentro, se puede leer el Evangelio de Mateo de tal manera que se diga: No se trata de un nacimiento sobrenatural. Y de nuevo se dará la posibilidad de encontrar lo que se presenta en el Evangelio de Mateo como símbolo de un Dios que se llama justamente así, que como Dios es en realidad sólo un hombre, aunque Mateo no lo quiera decir así. Pero quienes se refieren a Mateo hoy y se referirán a él cada vez más, lo interpretarán de este modo.

Para que la posibilidad de acercarse al Cristo no se pierda para nadie que quiera acercarse a él, también se asegura para aquellas personas que no pueden elevarse de Jesús al Cristo que tengan uno de esos peldaños en el Evangelio de Mateo a través del cual puedan desarrollarse hacia arriba hasta Jesús de Nazaret.

Sin embargo, la investigación espiritual está llamada a guiar a las personas hacia la comprensión del Evangelio de los Evangelios, el Evangelio de Juan. Todos los demás Evangelios deben considerarse un complemento del Evangelio de Juan. Y las razones de todos los demás Evangelios se encuentran en el Evangelio de Juan. Por tanto, sólo entendemos los demás evangelios cuando los consideramos a partir del Evangelio de Juan.

El examen del Evangelio de San Juan guiará a los hombres a comprender en el sentido más amplio lo que sucedió en el Gólgota; a comprender por qué misterio la muerte quedó desmentida en el desarrollo de la humanidad en la forma que es su forma falsa. Y los hombres aprenderán a comprender cómo a través de la gesta del Gólgota no sólo se ha mostrado para el conocimiento que la muerte es en verdad la fuente de la vida, sino cómo se ha hecho posible para el hombre, a través de ella, hallar una posición frente a la muerte, que le lleva a conformar su propio ser cada vez más vivo hasta que finalmente llega a ser completamente vivo, es decir, puede elevarse de toda muerte, hasta que ha vencido a la muerte. Eso fue lo que se le reveló a Pablo cuando vio al Cristo vivo a las puertas de Damasco, cuando supo: ¡El Cristo vive!, -cuando él vio con su visión clarividente lo que era espiritualmente el entorno de la tierra, y ahora, como un iniciado del Antiguo Testamento, supo: «Antes, la tierra carecía de cierta luz. Ahora veo la luz en ella. Así que el Cristo estaba allí, ¡así que el que murió en la cruz era el Cristo en Jesús de Nazaret!

Así es como Pablo pudo comprender el acontecimiento ocurrido en el Gólgota a las puertas de Damasco.

GA211 Dornach, 2 de abril de 1922. Cristianismo exotérico y Cristianismo esotérico

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RUDOLF STEINER


Cristianismo exotérico y Cristianismo esotérico

CONFERENCIA 7 

Dornach, 2 de abril de 1922.

El desarrollo de la humanidad ha quedado preservado en aquellos documentos que se han conservado como documentos religiosos o como otros documentos de cosmovisión. Pero siempre hay que subrayar que además de estos documentos, que hablan a toda la humanidad a través de los tiempos y que tienen su justificación profunda en su obra externa, existen los que podemos llamar documentos esotéricos. Cuando se ha hablado en un sentido más profundo del conocimiento humano y de la visión humana del mundo, siempre se ha distinguido entre una enseñanza exotérica, a través de la cual se reconocen las cosas más externamente, y una enseñanza esotérica, que sólo puede ser penetrada por aquellos que han adquirido la preparación adecuada para ello en su propia mente. Así pues, hay que distinguir entre la visión exotérica y la visión esotérica para el propio cristianismo, especialmente para el centro espiritual del cristianismo, el Misterio del Gólgota. La visión exotérica está contenida en los Evangelios para todo el mundo. Junto a esta visión exotérica siempre ha habido un cristianismo esotérico para aquellos que querían preparar sus mentes de una manera apropiada para la recepción de tal cristianismo esotérico. Ahora bien, lo más importante en este cristianismo esotérico es lo que puede saberse del trato del Cristo resucitado, el Cristo que pasó por la muerte, con aquellos de sus discípulos que fueron capaces de comprenderle. Como ustedes saben, en realidad los Evangelios sólo hablan del diálogo de Cristo con sus discípulos de forma alusiva y temporal. Si bien lo que se dice en los Evangelios sobre este contacto entre el Cristo resucitado y sus discípulos, permite intuir que al desarrollo terrenal se incorporó algo muy especial, a través del Cristo resucitado, sin embargo, si no se avanza hacia lo esotérico, no deja de ser mas que una mera corazonada. Sin embargo, estos presentimientos encuentran un importante aporte cuando añadimos la confesión de Pablo. Esta confesión de Pablo parece tener una importancia muy especial en relación con el desarrollo terrenal, pues Pablo expresa su convicción de que sólo pudo creer en Cristo a partir del momento en que Cristo se le apareció a través del acontecimiento de Damasco, fue entonces cuando pudo tener la impresión de que Cristo había pasado por la muerte y seguía vivo después de la muerte. Pablo recibió la visión del Cristo vivo a través del acontecimiento de Damasco, y sólo hay que considerar lo que esto significa en boca de Pablo. 
¿Entonces, por qué Pablo no pudo convencerse de la verdad del ser de Cristo antes de pasar por el suceso de Damasco? Hay que darse cuenta de lo que significaba para Pablo, que en cierto modo estaba iniciado en las enseñanzas hebreas, que según el juicio humano el ser que estaba allí como el Cristo Jesús fuera condenado a una muerte ignominiosa en la cruz. Al principio Pablo no podía imaginarse que de alguna manera las antiguas profecías pudieran haberse cumplido en relación con un ser que según la ley pudiera haber sido condenado por los hombres a una muerte ignominiosa en la cruz. Al principio Pablo no podía imaginarlo. Hasta el acontecimiento de Damasco, dicha clase de muerte fue, por así decirlo, la prueba plena para Pablo de que Jesús de Nazaret no podía haber sido el Mesías, porque tuvo que sufrir la muerte ignominiosa en la cruz. Y sólo cuando Pablo hubo experimentado la aparición de Damasco, a pesar de la cual Jesús de Nazaret, o más bien el ser encarnado en Jesús de Nazaret, había pasado por la muerte ignominiosa en la cruz, sólo después de que Pablo pudo obtener esta certeza del acontecimiento, de la aparición de Damasco, se convenció de la verdad del Misterio del Gólgota. 
Así que esto significa algo extraordinariamente grande, precisamente porque Pablo lo revela como su convicción. Ahora bien, las tradiciones que aún existían en los primeros siglos cristianos ya no existen hoy. A lo sumo, siguen existiendo como notas históricas externas en sociedades secretas individuales que no las comprenden. Lo que va más allá de la escasa información sobre el Cristo después del Misterio del Gólgota, debe ser encontrado de nuevo hoy a través de la ciencia espiritual antroposófica. Hay que volver a encontrarlo, por así decirlo: ¿Qué dijo Cristo resucitado? ¿Qué dijo a aquellos discípulos que estaban presentes y que no se recogen en los Evangelios? Pues lo que se recoge en los Evangelios de los discípulos que se encontraron con Cristo Jesús en el camino de Emaús, por ejemplo, o lo que por otra parte se recoge de los apóstoles, está siempre inmerso en una tradición tal que se trata de las mentes más simples posibles que no pudieron penetrar hasta lo esotérico. Así que hay que ir más allá y preguntar: ¿Qué dijo Cristo a sus discípulos verdaderamente iniciados después de su resurrección? Si se quiere entender esto, hay que empezar desde el punto de vista de cómo la gente en la antigüedad podía sintonizarse en toda su constitución anímica con el Misterio real del Gólgota, y cómo podían entonces sintonizarse por este acontecimiento del Gólgota. 
Es extraordinariamente difícil para la gente de hoy comprender una verdad importante sobre los primeros tiempos del desarrollo humano en la tierra, la verdad de que las primeras personas que caminaron sobre la tierra no tenían el tipo de conocimiento que hoy llamamos conocimiento. A través de sus atávicas habilidades clarividentes, estas primeras personas que caminaron sobre la tierra pudieron recibir la sabiduría de los dioses. Esto significa nada menos que: pudieron ser enseñados por entidades divinas que descendieron a la tierra desde el reino de las jerarquías superiores, naturalmente de forma espiritual, y luego también enseñaron a las almas de forma espiritual. Tales enseñanzas de los propios seres divinos, que descendían de los mundos espirituales a la tierra, eran bien conocidas en los tiempos antiguos de la evolución humana en la tierra. Se trataba de un estado de éxtasis en el que los hombres podían entrar, -sobre todo los que habían pasado por la iniciación en los Misterios-, estado durante el cual se encontraban en su mayor parte fuera de su cuerpo con su alma, de modo que no dependían de las percepciones sensoriales externas, no dependían de una conversación externa, por ejemplo, que hubiera tenido que llevarse a cabo con la boca, sino que podían recibir mensajes de los dioses de una manera espiritual. No recibían en lo que hoy llamamos un sueño, sino en un diálogo espiritual vivo con los seres divino-espirituales lo que ellos consideraban su sabiduría real. Esta sabiduría se refería en primer lugar a la información que los dioses daban al hombre sobre la estancia de las almas humanas en el mundo divino-espiritual antes de su descenso a un cuerpo terrenal. Lo que las almas experimentaban antes de descender a un cuerpo terrenal a través de la concepción fue enseñado al hombre por los dioses en el estado que he descrito. La gente tenía la sensación de que en realidad sólo se les recordaba algo. Pensaban que al darles los dioses estos mensajes se les estaba recordando lo que habían experimentado en el mundo anímico-espiritual antes del nacimiento o de la concepción. Todavía se puede oír en Platón que tal cosa era ciertamente así en los tiempos antiguos. De modo que hoy podemos remontarnos a una sabiduría divino-espiritual que los hombres recibían aquí en la tierra en los estados caracterizados, no se puede decir en absoluto en el sentido impropio, sino en el sentido muy propio: de los propios dioses. Esta sabiduría era de un tipo muy especial. Pues era tal que los hombres de la tierra no sabían nada de la muerte, por extraño que esto suene al hombre moderno. Como he dicho, hoy les sonará extraño, y sin embargo es así que los habitantes más antiguos de la tierra no sabían nada de la muerte; porque el niño no sabe nada de la muerte. Las personas que fueron enseñadas de esta manera, como he indicado, y que a su vez extendieron esta enseñanza a otras personas que también tenían clarividencia atávica, estas personas se dieron cuenta inmediatamente de que sus almas habían descendido de mundos divino-espirituales, habían entrado en un cuerpo y volverían a salir del cuerpo, y contemplaron este progreso de la vida anímico-espiritual. El nacimiento y la muerte se les aparecían como una transformación, no como algo que es el principio y el fin de algo. Si se quisiera dibujar esquemáticamente, se podría decir que el alma humana era vista como capaz de seguir desarrollándose, y la vida terrenal era percibida como un punto de inflexión.
Pero el punto a y el punto b, no se veían como el principio y el fin, sino que veían la vida espiritual fluyendo. También se veía que la gente moría. 
No esperarán que compare precisamente a estas personas más antiguas con los animales, porque estas personas más antiguas, aunque eran cercanas a los animales en cuanto a su apariencia externa, tenían una vida anímico-espiritual superior en su interior. Una vez expliqué esto aquí. Pero así como un animal de hoy tampoco comprende algo de la muerte cuando ve a otro animal muerto, lo que aquella gente comprendía de la muerte era tan poco, que sólo tenía el concepto de que lo anímico-espiritual se escapaba. La muerte pertenecía a la maya, a la gran ilusión. No causaba ninguna impresión especial en la gente. Sólo conocían la vida. Aunque veían la muerte, no la conocían. No estaban implicados en la muerte con su vida anímico-espiritual. Solo veían la vida humana desde adentro. Cuando miraban detrás del nacimiento, esta vida humana se extendía más allá del nacimiento hacia lo espiritual. Cuando miraban detrás de la muerte, la vida anímico-espiritual se extendía de nuevo más allá de la muerte hacia lo espiritual. El nacimiento y la muerte no tenían importancia para la vida. La gente sólo conocía la vida, no la muerte. La gente emergía gradualmente de este estado. Y si ustedes siguen el desarrollo de la humanidad en su progresión desde los primeros tiempos hasta el Misterio del Gólgota, pueden decir que la gente se fue familiarizando cada vez más con la muerte como algo que les causaba impresión. Su alma se entrelazaba con la muerte y se convertía en una cuestión emocional: ¿Qué le ocurría al alma cuando una persona pasaba por la muerte? En los primeros tiempos, la gente no se enfrentaba a la cuestión de la muerte como el final. Como mucho, se preguntaban por el tipo especial de transformación. Se preguntaban si es el aliento el que sale del ser humano y fluye, y así el alma pasa a la eternidad, o tenían una idea diferente de cómo fluye la vida anímico-espiritual. Pensaban en la naturaleza de este flujo, pero no pensaban en la muerte como fin de la vida. Cuando se acercó el Misterio del Gólgota, sólo entonces la gente sintió realmente que la muerte tiene un significado, que la vida terrenal es algo que tiene un final. Por supuesto, no se trataba de una cuestión científica formulada filosóficamente, sino que se depositaba en el alma como un sentimiento. La gente tenía que llegar a este sentimiento en la vida terrenal, porque el entendimiento, el intelecto, tenía que penetrar en la vida terrenal para el desarrollo de la humanidad. Pero el intelecto depende de que seamos capaces de morir. Esto lo he explicado a menudo. Así que el hombre tuvo que enredarse en la muerte. El hombre tuvo que aprender sobre la muerte. la gente de los tiempos antiguos, en los que no se conocía la muerte, carecía de intelecto. La gente obtenía sus ideas a través de inspiraciones del mundo espiritual, no las pensaban. No tenían intelecto. Pero el intelecto debía afianzarse. Y este intelecto sólo puede afianzarse debido al hecho de que, -expresémoslo de un modo espiritual-, el hombre puede morir, de que lleva continuamente dentro de sí las fuerzas de la muerte. De un modo físico se podría decir: la muerte sólo puede producirse porque el ser humano deposita sales no sólo en el resto de su cuerpo, sino también dentro de su cerebro, es decir, deposita componentes minerales-sólidos, componentes muertos. El cerebro contiene constantemente la tendencia a los depósitos de sales (* ver GA128), a las formaciones óseas que no se han materializado. Así, el cerebro contiene continuamente la tendencia a la muerte. Esta inoculación de la muerte tenía que venir sobre la humanidad. 
Y de esta necesidad, de que la muerte desempeñara realmente un papel en la vida humana, lo único que surgió fue el conocimiento externo de la muerte. Si las personas hubieran seguido siendo como eran en la antigüedad, que en realidad no conocían la muerte en absoluto, entonces nunca podrían haber desarrollado un intelecto, porque el intelecto sólo es posible en un mundo en el que reina la muerte. Así es como puede verse desde el lado humano. Pero también se puede ver desde el lado de las jerarquías superiores. La situación es algo diferente. Las jerarquías superiores contienen en su esencia las fuerzas que formaron Saturno, el sol, la luna y finalmente la tierra. Si las jerarquías superiores hubieran pronunciado entre sí, por así decirlo, su enseñanza hasta el Misterio del Gólgota, habrían dicho: 
Podemos formar la tierra a partir de Saturno, el sol y la luna. Pero si la tierra, sólo contuviera dentro de sí lo que pudimos incorporar de Saturno, el sol, la luna, nunca se habrían desarrollado seres que sepan algo de la muerte, que puedan por tanto desarrollar el intelecto dentro de sí. Nosotros, como tales jerarquías superiores, somos capaces de dejar surgir de la Luna una Tierra en la que los seres no saben nada de morir, pero en la cual tampoco pueden desarrollar el intelecto. Es imposible para nosotros, jerarquías superiores, modelar la tierra de tal manera que proporcione las fuerzas para que las personas desarrollen el intelecto. Allí debemos permitirnos involucrarnos con un ser completamente diferente, un ser que viene de caminos distintos a los nuestros, el ser ahrimánico. Ahriman es un ser que no pertenece a nuestra jerarquía. Ahriman entra en la corriente evolutiva de una manera diferente. Debemos involucrarnos con este Ahriman. Si toleramos a Ahriman dentro de la evolución terrestre, si le concedemos una parte, entonces nos trae la muerte y, por tanto, el intelecto, y podemos dar cabida en el ser humano a la muerte y el intelecto. Ahriman conoce la muerte. La conoce porque está entrelazado con la tierra, porque ha recorrido caminos a través de los cuales está conectado con el desarrollo de la tierra. Es un conocedor, un sabio de la muerte. Por lo tanto, también es el maestro del intelecto. Los dioses tuvieron que involucrarse con Ahriman, si se puede decir así. Tuvieron que decirse a sí mismos: La evolución no puede progresar sin Ahriman. 
La cuestión es que Ahriman puede ser absorbido por la evolución. Pero si Ahriman es absorbido por la evolución y ahora se convierte en el señor de la muerte y, por tanto, del intelecto, entonces la tierra ya no es nuestra, entonces Ahriman, que sólo tiene interés en intelectualizar toda la tierra, reclama la tierra para sí.

Los dioses se enfrentaban a la gran cuestión de perder en cierto modo el control de la tierra a manos de Ahriman. Sólo había una posibilidad: que los propios dioses aprendieran algo que no podían haber aprendido en sus mundos de dioses, que no estaban impregnados por Ahriman, que los propios dioses aprendieran sobre la muerte en la tierra a través de uno de sus emisarios, el Cristo. Un dios tenía que morir en la tierra, y tenía que morir de tal manera que esto no se debiera a la sabiduría de los dioses, sino al error humano que se impondría si sólo Ahriman tuviera el dominio. Un dios tenía que pasar por la muerte, y tenía que vencer a la muerte. De modo que el Misterio del Gólgota significó para los dioses: el enriquecimiento de sus conocimientos a través de la sabiduría de la muerte. Si ningún dios hubiera pasado por la muerte, la tierra se habría vuelto completamente intelectualista sin entrar nunca en la evolución que los dioses habían previsto para ella desde el principio.

La gente no conocía la muerte en la antigüedad. Pero aprendieron sobre la muerte. Tuvieron que enfrentarse a la sensación: Con la muerte, es decir, con el intelecto, entramos en una corriente de desarrollo completamente diferente de aquella de la que venimos. Ahora bien, el Cristo enseñó a sus iniciados que había venido de un mundo en el que la muerte era desconocida; había aprendido sobre la muerte en la tierra, había vencido a la muerte. - Si se comprende esta conexión entre el mundo terrenal y el mundo divino, entonces se sabe cómo reconducir el intelecto hacia la espiritualidad. Así es como se podría expresar aproximadamente el contenido de las enseñanzas esotéricas que el Cristo dio a sus discípulos iniciados. Lo que les dio fue precisamente la enseñanza de la muerte tal como aparece desde el escenario del mundo de los dioses. Si uno desea darse cuenta de toda la profundidad de esta enseñanza esotérica, ha de quedar claro para el hombre que comprende toda la evolución de la humanidad, que los dioses han conquistado a Ahriman aprovechando sus poderes para la tierra, pero han debilitado su poder al llegar a conocer ellos mismos la muerte en el ser del Cristo. En efecto, los dioses han introducido a Ahriman en la evolución terrestre, pero al utilizarlo le han obligado a descender a la evolución terrestre, no a llevar a cabo su propio gobierno hasta el final. Quien ha llegado a conocer a Ahriman desde el Misterio del Gólgota, y quien lo conoció antes, sabe que Ahriman ha estado esperando el momento histórico-mundial en que pudiera intervenir de tal manera que este efecto no sólo se ejerciera sobre el inconsciente y el subconsciente de los hombres, como ha sido desde los tiempos atlantes -lo saben por mi «Ciencia Oculta»-, sino que también pudiera intervenir en la conciencia de los hombres. 

Si se quieren aplicar expresiones humanas a la voluntad divina, debería decir: Ahriman esperó con anhelo el momento en que pudiera penetrar la conciencia humana con su poder. Ahora se sorprendió al descubrir que no había sabido antes sobre la decisión divina de enviar a la tierra a un ser, el Cristo, que atravesó la muerte. Esto hizo posible la intervención de Ahriman, pero su dominio real se vio truncado. Desde entonces Ahriman ha aprovechado todas las oportunidades para llevar a las personas al mero uso de su intelecto; incluso hoy Ahriman no ha renunciado a la esperanza de que logrará llevar a las personas al mero uso de su intelecto. ¿Qué significaría eso? Si Ahriman lograra inculcar completamente en la gente la convicción, de modo que toda otra convicción desapareciera de la tierra, de que el hombre sólo puede vivir en su cuerpo, de que no puede separarse de su cuerpo como ser anímico-espiritual, entonces el alma humana estaría tan embargada por la idea de la muerte que Ahriman podría ejecutar fácilmente sus planes. Esto es lo que Ahriman siempre espera. Y se puede decir, por ejemplo, que en la mente de Ahriman, -si se puede hablar de mente con Ahriman, pero es comparativo-, había una alegría especial, -siempre uso expresiones humanas para eso para lo que en realidad habría que idear otras-, que en la mente de Ahriman había una alegría especial en el tiempo desde los años cuarenta del siglo XIX hasta hacia finales del siglo XIX, porque en el dominio predominante del materialismo Ahriman podía esperar de nuevo su dominio sobre la tierra. Incluso fue posible que la teología se volviera materialista durante este período. He mencionado cómo la teología se ha vuelto anticristiana, cómo el teólogo de Basilea Overbeck escribió un libro en el que intentaba demostrar que la teología moderna ya no es cristiana en absoluto. Otra vez Ahriman podría esperar. Y una oposición a Ahriman en realidad sólo está presente hoy en día en tales enseñanzas como las que fluyen a través de la antroposofía. Cuando, a través de la antroposofía, la independencia del ser anímico-espiritual, independiente del ser físico, se vuelve clara para las personas, entonces Ahriman debe primero renunciar a su esperanza.

Esta lucha del Cristo contra Ahriman ya es posible de nuevo, de modo que una idea de ella puede surgir en el Evangelio en el relato de la tentación. Pero el asunto sólo puede comprenderse plenamente si uno se da cuenta, como he explicado a menudo aquí, de que Lucifer desempeña un papel más importante en el desarrollo anterior de la humanidad y que Ahriman sólo ha tenido influencia sobre la conciencia humana desde la época del Misterio del Gólgota. Antes de eso también tuvo una influencia sobre la humanidad, pero no realmente sobre la conciencia. Si se mira dentro de la mente humana, hay que decir que el punto más importante en la evolución terrenal de la humanidad es cuando el hombre aprende a reconocer que en el impulso Crístico vive un poder a través del cual él mismo, cuando se une a él, vence a la muerte en sí mismo. Visto desde el mundo espiritual exterior, esto significa que desde el lado de las jerarquías pertenecientes a Saturno, Sol, Luna, Tierra, etc., Ahriman ha sido atraído hacia la evolución terrestre, pero sus pretensiones de poder han sido limitadas al ponerlas al servicio de la evolución terrestre. En cierto modo, Ahriman se ha visto obligado a entrar en la evolución terrestre. Sin él, los dioses no habrían podido introducir el intelectualismo en la humanidad. Si a través del acontecimiento Crístico no se hubiera roto la cúspide del dominio de Ahriman, éste habría intelectualizado interiormente toda la Tierra y la habría materializado exteriormente. En el Misterio del Gólgota no sólo se trata de un acontecimiento místico interior, sino ciertamente de un acontecimiento exterior que, sin embargo, no debe representarse en el sentido de una investigación histórica material externa, sino que debe representarse de tal manera que signifique la incorporación del ahrimanismo al desarrollo terrenal, pero al mismo tiempo, en cierto modo, la superación del ahrimanismo. Así tenemos una batalla de los dioses que tuvo lugar a través del Misterio del Gólgota. El hecho de que allí tuviera lugar una batalla de los dioses era algo que también formaba parte del contenido de las enseñanzas esotéricas que el Cristo enseñó a sus discípulos iniciados después de su resurrección.
Si describiéramos lo que prevalecía allí como cristianismo esotérico, entonces podríamos decir que la gente en los antiguos tiempos de la evolución terrenal sabía que estaba conectada con los mundos de los dioses. Conocían los mundos de los dioses a través de las revelaciones que les he descrito. Pero de estos mundos de los dioses no podía llegarles ninguna comunicación sobre la muerte, porque en estos mundos de los dioses la muerte no existía, y para el propio hombre la muerte no existía, en el sentido de que sólo se podía reconocer la progresión firme y continua de su alma y su espíritu a través de las instituciones de los dioses. El hombre veía acercarse aquí el sentido de la muerte. Pudo adquirir un cierto poder de aferrarse al Cristo para superar la muerte, es decir, el desarrollo humano interior. Pero la enseñanza esotérica que el Cristo proporcionó a sus discípulos iniciados consistió precisamente en el hecho de que él les contó, que lo ocurrido en el Gólgota es el reflejo de acontecimientos sobrenaturales, de una relación que tuvo lugar entre los mundos de los dioses, que están conectados con Saturno, el sol y la luna, y con la tierra anterior, y Ahriman. Que uno no puede limitarse a mirar la cruz del Gólgota como la expresión de algo terrenal, sino que la cruz del Gólgota tiene un significado para todo el cosmos, ese era el contenido del cristianismo esotérico. Tal vez se pueda tener una idea de lo que se entiende por cristianismo esotérico si se expresa el asunto así: Supongamos que dos discípulos esotéricos de Cristo, que avanzaban cada vez más en su aceptación del cristianismo esotérico, hablaban entre sí cuando aún luchaban por salir de la duda. Uno podría haberle dicho al otro: El Cristo que nos enseña ha descendido de los mundos conocidos desde la antigüedad. Sabían de los dioses, pero de aquellos dioses que no podían hablar de la muerte. Si sólo hubiéramos permanecido con ellos, nunca habríamos aprendido de la naturaleza de la muerte. Los propios dioses tuvieron primero que enviar un ser a la tierra para aprender la naturaleza de la muerte a través de uno de los suyos. Lo que los dioses tuvieron que hacer para conducir el desarrollo terrenal hacia el fin correcto parece que nos lo enseña Cristo tras su resurrección. Cuando le seguimos, aprendemos algo que la gente no ha podido saber hasta ahora. Aprendemos lo que los dioses han hecho entre bastidores de la existencia del mundo para promover el desarrollo terrenal de la manera correcta. Aprendemos cómo trajeron a las fuerzas de Ahriman y no permitieron que se convirtieran en la ruina de la humanidad, sino para el beneficio de la humanidad. Había algo profundamente conmovedor en lo que se le impartió a los discípulos iniciados, como una enseñanza esotérica del Cristo resucitado.
Y un discípulo como el que acabo de citar podría haber seguido diciendo: Hoy ya no sabríamos nada en absoluto de los dioses, porque estamos enredados en la muerte, si el Cristo no hubiera muerto y resucitado y, tras su resurrección, nos hubiera comunicado las experiencias de los dioses a través de la muerte. Como humanos, nos hundiríamos en una época en la que ya no podríamos saber nada de los dioses. Los dioses buscaron un camino para poder hablarnos de nuevo. Y este camino pasaba por el Misterio del Gólgota. El hecho de que la gente volviera a acercarse a lo divino, del que se había distanciado, fue lo esencial que pasó del cristianismo esotérico a los discípulos. Los discípulos estaban imbuidos de esta enseñanza estremecedora en los primeros tiempos del desarrollo cristiano. Y muchos hombres, de los que en la historia sólo se nos habla por detalles externos, llevaban dentro de sí el conocimiento que sólo podía haberles llegado o bien por haber tenido la enseñanza del propio Cristo resucitado en los primeros tiempos, o bien por haber estado en relación con maestros que habían tenido esta misma enseñanza. Más tarde todas estas cosas se exteriorizaron. Se exteriorizaron tanto que los primeros predicadores del cristianismo concedían gran importancia a poder decir que habían tenido un maestro que seguía siendo alumno de un discípulo de los apóstoles. Se trataba de un desarrollo continuo, de modo que el que les enseñaba aún había visto a uno que había visto a un apóstol y, por tanto, a uno que había llegado a conocer al Señor mismo después de su resurrección. Este desarrollo vivo todavía se valoraba en los primeros siglos; pero al llegar a la humanidad posterior, ya se había exteriorizado. Se había convertido en una representación histórica externa. Pero esencialmente se remonta a lo que acabo de caracterizar para ustedes aquí. Y la incorporación del intelecto, que comienza sobre todo en el siglo IV, V después del Misterio del Gólgota, que experimenta luego el vuelco especial en el siglo XV, donde comienza el quinto período post-atlante, este desarrollo del intelecto lo llevó al punto de que ya no se tenía la antigua sabiduría, a través de la cual aún se podían comprender tales cosas, y la nueva sabiduría aún no estaba desarrollada. 
La gente olvidó durante una época, por así decirlo, lo que era esotéricamente importante en el cristianismo. Como ya he dicho, quedaron notas al respecto en las sociedades secretas, pero sus miembros, en todo caso en los tiempos modernos, ya no comprenden a qué se refieren estas notas; en realidad se refieren al hecho de que las enseñanzas fueron dadas por el Cristo resucitado a ciertos discípulos iniciados. Supongamos que la antigua enseñanza hebrea no hubiera sido regenerada por el cristianismo, porque tendría que haber sido aquello de lo que Pablo estaba absolutamente convencido antes del suceso de Damasco. Pablo pensaba algo así: Existe una doctrina tradicional. Originalmente existía como una revelación divino-espiritual que había llegado a las personas espiritualmente en tiempos primitivos, como acabo de caracterizarla hoy. Después fue preservada a través de la palabra escrita. En el pueblo hebreo había escribas que sabían por las Escrituras lo que se había conservado de la antigua sabiduría de los dioses. De estos escribas surgió el juicio que condenó a muerte a Cristo Jesús. Así que un hombre como Pablo, cuando todavía era Saulo, se fija en la antigua sabiduría de los dioses.
A partir de esto fluye hasta los escribas de su tiempo lo que esta sabiduría de los dioses ha llegado a ser para el hombre. Cuando hombres destacados se dedicaron a las Escrituras, esta sabiduría de los dioses sólo podía conducir a que se pronunciaran sentencias justas. Un hombre inocente condenado a la muerte de cruz: ¡imposible, imposible! si todo ocurriera como en la condena de Cristo Jesús. Sólo el gobernador romano Poncio Pilato, que ya estaba instintivamente enredado en una visión del mundo completamente distinta, fue capaz de pronunciar la palabra significativa: ¿Qué es la verdad? - Para Pablo, cuando aún era Saulo, no había posibilidad siquiera de pensar que lo que había ocurrido después del justo juicio no debía ser verdad. ¿A qué convicción tuvo que llegar Pablo? A la convicción de que lo que una vez vino de los dioses como verdad puede ser error entre los hombres, que los hombres han sido capaces de convertirlo en error, en un error tan fuerte que el más intachable pasa por la muerte de cruz. Para que quede bien claro, hagamos un dibujo esquemático de esto:
Sabiduría original de los dioses, desciende hasta la sabiduría de los escribas, contemporáneos del Misterio del Gólgota dentro del hebraísmo (blanco). Allí sólo puede haber verdad, debió pensar Saulo. Pero había que pensar de otra manera. Pablo, cuando todavía era Saulo, se dijo: «Si éste es realmente el Cristo, el Mesías, que ha pasado por la muerte de cruz, entonces debe haber error en esta corriente (rojo). Debe haber error mezclado con la verdad, porque debe ser el error el que llevó al Cristo a la cruz; es decir, la antigua verdad de Dios debe haberse convertido en error en el hombre. Por supuesto, Saulo sólo podía convencerse por el hecho de que esto es así. Sólo el propio Cristo pudo convencerle cuando se le apareció, como sucedió en el suceso de Damasco. Pero, ¿qué significaba esto para Saúl? Significaba que la antigua sabiduría de los dioses ya no existía, sino que lo Ahrimánico había fluido en ella. Así Pablo llegó a comprender que el desarrollo de la humanidad había sido tomado por un enemigo, y que este enemigo era la fuente del error en la tierra. Al traer el intelecto, trae también la posibilidad del error, y cuando el error aparece en su forma más grande, se convierte en el error que lleva a la cruz a los que no tienen culpa. Primero hay que llegar a la convicción de que los inocentes pueden ir a la cruz. Esta fue la primera manera de comprender cómo Ahriman se abrió camino en la evolución de la humanidad, y cómo un acontecimiento suprasensible y sobrenatural estuvo presente en la evolución del yo humano cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota. Lo esotérico nunca puede ser meramente místico. Siempre es un gran malentendido reinterpretar el mero misticismo como esoterismo. Lo esotérico es siempre un reconocimiento de hechos que ocurren en el mundo espiritual como tal, que están detrás del velo de lo sensorial. Y detrás del velo de lo sensorial está el desbordamiento entre el mundo de los dioses y el mundo ahrimánico, tal como tiene lugar a través de la muerte de Cristo Jesús en la cruz. Sólo en un mundo, -como Pablo podía sentir ahora-, en el que el ser humano está apresado por los poderes ahrimánicos, puede producirse el error que podría haber conducido a la muerte en la cruz. Y ahora, cuando había comprendido esto, reconocía la verdad del cristianismo esotérico. Por lo tanto, Pablo era definitivamente uno de los que pertenecían a los iniciados en este sentido. 

Pero esta iniciación se fue desvaneciendo bajo la influencia del intelectualismo. Y hoy necesitamos volver a un conocimiento del cristianismo esotérico. Hoy necesitamos volver a saber que no sólo lo exotérico pertenece al cristianismo, del que los Evangelios pueden, en efecto, despertar premoniciones. Todavía hoy se habla poco de lo esotérico. Pero la humanidad debe volver a aquello para lo que apenas existen documentos externos, aquello que debe ser visto a través de la ciencia espiritual antroposófica, aquello que el propio Cristo enseñó a sus discípulos iniciados después de su resurrección con la condición de que sólo podía enseñarlo después de haber tenido una experiencia en la tierra que no podría haber tenido en el mundo de los dioses de arriba, pues en el mundo de los dioses no hay muerte hasta el Misterio del Gólgota. Ningún ser había pasado por la muerte allí. Cristo es el primogénito que pasó por la muerte desde el mundo de las jerarquías relacionadas con la evolución terrena en Saturno, Sol y Luna. 
La incorporación de la muerte a la vida, ése es el secreto del Gólgota. Antes se conocía la vida sin la muerte, ahora se aprendía la muerte como un componente de la vida, como una experiencia que fortalece la vida. La vida que vivió la humanidad cuando aún no conocía la muerte era más débil. La humanidad debe vivir más fuerte si quiere atravesar la muerte y seguir viviendo. Y la muerte, en este sentido, también significa intelecto. Las personas necesitaban un sentido de la vida relativamente débil cuando aún no tenían que luchar con el intelecto. La antigua humanidad, que recibían el conocimiento de los mundos divinos en sus revelaciones interiores, no morían interiormente. Ellos siempre permanecían vivos. Podían reírse de la muerte porque permanecían vivos internamente. Los griegos aún hablan de lo felices que eran los antiguos porque antes de morir estaban tan anestesiados interiormente, por así decirlo, que no se daban cuenta de que se acercaban a la muerte. Pero eso ya era el último vástago de esta visión del mundo, que no sabía nada de la muerte. El hombre más nuevo experimenta el intelecto. El intelecto nos hace interiormente fríos, nos hace interiormente muertos. El intelecto nos paraliza. Cuando desarrollamos el intelecto, en realidad no vivimos. Sólo tenemos que sentir que en realidad no vivimos si pensamos que estamos vertiendo nuestra vida en imágenes intelectuales muertas, y que necesitamos una vida fuerte para sentir como una vida creadora, lo que está en la formación muerta del intelecto, si entramos en ese reino donde los impulsos morales provienen del poder del pensar puro, donde aprendemos a comprender la libertad del hombre a partir de los impulsos del pensar puro. Intenté describirlo en mi «Filosofía de la libertad». Esta «filosofía de la libertad» es en realidad una visión moral que quiere ser una guía para revitalizar los pensamientos muertos como impulsos morales, para llevarlos a la resurrección. En este sentido, el cristianismo interior forma parte definitivamente de esa filosofía de la libertad. He querido utilizar hoy estos argumentos para poner ante sus almas algo del cristianismo esotérico desde un cierto punto de vista. Es necesario en nuestro tiempo, cuando hay tanta controversia sobre la naturaleza exotérica-histórica del cristianismo, señalar esta enseñanza esotérica del cristianismo. Eso es lo que quería hacer hoy. Espero que estas cosas no se tomen a la ligera, sino que se sientan con la gravedad necesaria. Uno siempre tiene la sensación, cuando habla de estas cosas, de que es difícil introducirlas en las palabras ya abstractas del lenguaje actual. 
Por eso ayer traté de sintonizar sus almas con esto, representando en imágenes los procesos interiores del hombre, para conducirlos hoy, por así decirlo, del ser humano individual a lo que ahora es, en sentido esotérico, el desarrollo histórico de la humanidad, que retoma el Misterio del Gólgota como algo esencial en sí mismo. Cuando regrese del viaje, tal vez tengamos la oportunidad de considerar la relación del alma humana con el desarrollo del mundo a un nivel diferente. 

Traducido por J.Luelmo nov,2024

GA150 Weimar, 13 de abril de 1913 - Experiencia sensorial y experiencia del mundo de los difuntos

  Índice

RUDOLF STEINER

ADVERTENCIA!!!

De las conferencias de los años 1913/14, que se enumeran en la bibliografía con los números 150, 152 y 154, las que tratan del tema “Preliminares al Misterio del Gólgota” se publicaron en un solo volumen (Bibl. No. 152). bajo este título. Las conferencias restantes, complementadas con algunas otras de esta época, aparecen ahora en la edición completa en dos volúmenes: en el presente volumen Bibl.No. 150 y en la Bibl. núm. 154 “¿Cómo se adquiere comprensión del mundo espiritual?”. En muchos aspectos ofrecen adiciones al volumen “Estudios ocultos sobre la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento” (Bibl. No. 140), particularmente en lo que respecta a la influencia concreta de los muertos en el mundo de los vivos. Las transcripciones en general pueden describirse como buenas. Sólo en las conferencias del 13 de abril de 1913 (mañana y tarde) y en la conferencia del 5 de mayo de 1913 el texto es inadecuado en algunos lugares y no puede describirse sistemáticamente como una reproducción literal de lo que dijo Rudolf Steiner. La conferencia del 12 de enero de 1913, de la que sólo se registran notas, se colocó al final del volumen.

EXPERIENCIA SENSORIAL Y EXPERIENCIA DEL MUNDO DE LOS DIFUNTOS

Weimar, 13 de abril de 1913

Si recordamos que estamos familiarizados aquí en el mundo físico con este mundo físico, siempre llegaremos a la conclusión de que vivimos en este mundo principalmente gracias a nuestros sentidos físicos, gracias a la mente. Sin embargo, también vivimos en este mundo físico por medio de nuestra vida anímica, por medio de los pensamientos que surgen en nosotros, que permanecen en nuestra memoria, que constituyen nuestro tesoro de recuerdos, vivimos en este mundo por medio de nuestros sentimientos e impulsos volitivos. Es comprensible que para una persona que todavía no se ha ocupado más profundamente de cuestiones de la ciencia espiritual, sea bastante improbable que también se puedan tener experiencias muy distintas en su forma a las del mundo físico; pues es evidente que el hombre conoce el mundo inicialmente sólo por medio del pensar, del sentir y de la voluntad. Pero a través de lo que llamamos iniciación, existe ahora una forma completamente diferente de experiencia en el mundo que va más allá del mundo físico. Básicamente, es el mismo tipo de experiencia que cuando una persona atraviesa la puerta de la muerte para entra en el tiempo que transcurre entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Ahora bien, hay que decir que en la mayoría de los casos, cuando se supone que una persona se forma una idea de la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento aquí en el cuerpo físico, surge en el alma un cierto temor a la nada. Tengamos en cuenta que esta aparición del miedo es muy natural. Pues basta con intentar ponerse físicamente en la situación de haber caminado bastante deprisa y haber llegado al borde de un profundo abismo. Esto no sería más que una corazonada, una sensación: No se puede saber lo que podría ocurrir en el momento siguiente si continuaran caminando. Esta sensación sólo puede afligir al alma cuando una persona ha corrido tan deprisa que ya no puede detenerse. Se dice a sí mismo: Tienes que dar el siguiente paso. La indeterminación del miedo vive en el alma y esta sensación sólo podría compararse con la sensación que siempre está presente en las profundidades del alma, pero que únicamente no se percibe porque la atención está centrada en el mundo físico, esta sensación que le dice: ¿Qué te ocurrirá si dejas todo a lo que estás acostumbrado? El hombre sólo tiene que darse cuenta de que algo así puede vivir subconscientemente en él, y también vive allí, lo que puede expresarse con las palabras: No puedes ver ni oír, porque te han quitado los instrumentos para esta actividad sensorial; tampoco puedes pensar. Uno no se da cuenta de estas sensaciones, pero están en el alma, y lo que una persona siente es una especie de adormecimiento de esta sensación. En cuanto surge, se evoca otra cosa en el alma, de modo que la sensación no puede llegar a la conciencia. Pero esta tampoco es la forma correcta de prepararse, no es posible levantar el velo que se oculta tras la muerte. Hoy queremos iluminarnos sobre cómo esta vida nuestra está conectada con la vida después de la muerte.

Hablamos correctamente del mundo físico como algo que percibimos a través de nuestros sentidos. Cuando el hombre habla de los sentidos, en realidad sólo habla de los sentidos que han de utilizarse en el mundo físico. Éstos sólo pueden utilizarse en el mundo físico porque están ligados a las herramientas que nos son arrebatadas al morir. Sólo se enumeran los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero ninguno de ellos se puede utilizar en el estado incorpóreo. Es necesario, si se quiere encontrar una transición, que se enumeren completamente los sentidos humanos. Lo que el hombre echa de menos en la enumeración es que se olvida de sí mismo. Pero él pertenece al mundo físico y no podría percibirse aquí si no tuviera sentidos para ello. Hay inicialmente pocos sentidos a través de los cuales se percibe a sí mismo: El sentido del equilibrio, el sentido del movimiento y el sentido de la vida, sin embargo, éstos sentidos son tan importantes como los otros, los sentidos externos. 
El sentido de la vida.
¿Cuál es el sentido de la vida? Pueden ustedes hacerse una idea de ello si consideran sentir la diferencia entre la sensación de hambre y la de saciedad. Si el hombre no se comprendiera interiormente, no sabría nada de su propia corporeidad, de su bienestar o malestar. Igual que se habla del sentido de la vista, hay que hablar del sentido de la vida. Pero también debemos hablar de otro sentido.
El sentido del movimiento.
 Qué imposible sería para el hombre sentirse a sí mismo si no percibiera la actividad de los músculos y tendones. Esta es una percepción de la movilidad interior. Sólo que está algo nublada para el hombre porque el hombre se ve a sí mismo en el mundo físico con sus ojos físicos. La sensación correcta de la percepción interior la obtienen cuando se mueven en la oscuridad; entonces, por ejemplo, la percepción del proceso respiratorio se hace más clara.
El sentido del equilibrio
Lo que llamamos el sentido del equilibrio es muy necesario. Se puede observar en los niños cuando aprenden a andar y a mantenerse de pie; poco a poco van sintiendo el sentido. Debemos acostumbrarnos a sentir que caminamos erguidos. Este sentido tiene incluso un órgano; son los tres canales semicirculares del oído, que son perpendiculares entre sí. Si se lesionan, la persona se cae, y la falta de equilibrio en algunas personas se debe a que el sentido interno de la orientación está lesionado.

Si vamos aún más allá, encontramos otros sentidos mediante los cuales podemos tener una especie de autopercepción dentro de nosotros mismos, pero esto ya es más difícil. Tenemos que partir de cierta observación que apunta a un estado de conciencia que ya no es del todo normal. Esto se produce en ciertos sueños. Esto puede darse en la conciencia como un sueño: Alguien está en terribles problemas, el timonel ha llegado. Sueña esto en detalle, y puede ser un sueño largo. Cambia y entonces se oye un traqueteo de vagones; pasan los bomberos. Se ha declarado un incendio. Exteriormente, sólo se oye el grito de "fuego = Feuer". Esta palabra se hace eco suavemente de la palabra "impuesto = Steuer", y evoca en el alma a través del sonido la transición de la llamada inmediatamente oída "fuego", y esto a su vez da origen a la suma de las ideas molestas del sueño. El sueño transcurre tremendamente rápido. Los acontecimientos individuales son imaginados en la línea del tiempo, y por eso el sueño parece tan largo. De este sueño se desprende la gran importancia que tiene el sonido en el cuerpo anímico, sobre todo cuando se mezcla con representaciones, cuando la palabra desempeña un papel. Si vamos más allá en la investigación del alma, vemos que en realidad sucede algo muy diferente. Sólo que cuando el hombre está profundamente dormido no se da cuenta de las cosas. También habría ocurrido algo aunque el grito de "feuer" no hubiera sonado en absoluto, pero ahora el grito encubre algo y evoca la palabra "steuer". Un fino velo se teje a partir del eco de la palabra. En la vida cotidiana, el velo es terriblemente espeso, pero junto a las ideas del día están las ideas sutiles del alma. Sólo que éstas no se perciben. En tal faceta onírica, captamos los acontecimientos del mundo tal como se presentan en un recoveco de nuestra alma.

Hemos elegido deliberadamente este ejemplo porque el oído, tal como está estructurado ahora en la raza humana actual, es el sentido más cercano a los sentidos suprasensibles. Nos hallamos justo en la frontera del mundo suprasensible y si pudiéramos despojarnos de las dos palabras, podríamos experimentar las verdaderas vivencias del alma.
Este ejemplo muestra claramente que el hombre se encuentra ante el mundo espiritual. Pero las dos palabras lo detienen. En realidad, la gran mayoría de nuestros sueños están hilados por causa de reminiscencias del sentido del oído, porque entre el oído y el pensar vive un sentido interior que está completamente atrofiado para la vida actual. Cuando se ha vivido en el mundo espiritual, este sentido se activa. Entre el oír y el pensar vive este sentido, que se hace consciente cuando uno puede oír lo inaudible. Cuando uno ha despertado el sentido de la armonía rítmica, melódica... (Hueco en el texto.)

Cuando uno no se interna en un sentido que sólo tiene significado para el mundo físico, entonces se está ante un sentido del mundo suprasensible. En el mundo físico este sentido se ha bifurcado en el sentido del oído y el sentido de la representación. Se hace audible cuando uno llega a una especie de autoconciencia. Suena tanto mejor, cuanto más se intente desarrollar la empatía con la música y la poesía. Sin embargo, es mejor abordarlo desde el otro lado. En la vida física exterior el sentido está atrofiado.

Desde ahí sigue y sigue hasta lo que hoy denominamos: El hombre llega al concepto del yo. Hay que ser honesto hacia este concepto del yo. Las personas expresan el yo y tienen cierta estabilidad interior al expresarlo. Ellos creen con razón que captan el yo en la expresión del yo. Eso es correcto. Esta es una especie de preparación para captar el verdadero yo superior. Esta captación tiene su gran dificultad, de lo contrario todo el esfuerzo filosófico no se dirigiría a descubrirla. En mi "Filosofía de la Libertad", me he esforzado por dejar claro cómo descubrirlo. Todo esto forma parte de la autopercepción. Hay que captarlo interiormente, a través de lo cual uno se dirige a sí mismo como yo. Por tanto, tenemos sentidos a través de los cuales captamos el mundo exterior, y sentidos a través de los cuales nos captamos a nosotros mismos cuando oímos los tonos inaudibles.

Aquí, en el mundo físico, están especialmente desarrollados los conocidos cinco sentidos. En el mundo espiritual estos no tienen significado para el iniciado. Los otros sentidos, a través de los cuales el hombre llega a la autopercepción, están atrofiados. Los cuales tienen un gran significado para el hombre cuando atraviesa la puerta de la muerte.

Lo primero que él necesita en el más allá es el sentido que sobrepasa lo musical exterior para llegar a lo musical interior. La presencia del instrumento externo del oído no es un obstáculo para este sentido. Hoy en día, sólo el oído elimina tal sentido. En el mundo físico, el poder de tal sentido puede percibirse cuando los músicos componen. Ese sentido está detrás de la creación musical. Después de la muerte, se convierte en un sentido a través del cual el hombre se hace consciente de todo su entorno. Entonces experimentamos la música interiormente. Después de la muerte el sentido se convierte en un sentido externo y durante un tiempo después de la muerte uno percibe lo que atraviesa el mundo, pues el mundo está impregnado de armonía rítmico-musical. Una persona que no percibiera esta armonía rítmico-musical sería como una persona en el mundo físico que no pudiera percibir lo inorgánico.

En mi libro "Teosofía", en la descripción del Devacán, encontrarán cómo la vida recíproca consiste en la difusión de lo armónico rítmico-musical. En efecto, lo de adelante y lo de atrás están ligados a lo de arriba y a lo de abajo, mientras que por el sentido del equilibrio sólo sabemos que caminamos erguidos. Percibimos a los seres que están arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda. Entonces los sentidos internos, que ahora están atrofiados, se expanden y nos transmiten el mundo espiritual. Entonces el sentido del equilibrio se transforma en el sentido de la armonía y el ritmo, y luego se desarrolla el sentido del movimiento. Cuando nos liberamos de todo el trabajo de los músculos y tendones, entonces el sentido, que de otro modo se concentra a través del cuerpo físico, se extenderá y llegaremos a la posibilidad de estar en todas partes del universo como estamos en nuestro propio cuerpo a través del sentido del movimiento. El mundo exterior está en el mundo espiritual del mismo modo que un movimiento muscular tiene lugar en nosotros en el mundo físico. Cuando se estira la mano de un niño hacia él, el niño lo comprende e imita el movimiento. El sentido del movimiento se despierta en la experiencia interior del movimiento imitado.

Con el tiempo, uno se cura completamente de algunas enseñanzas que siempre adolecen del hecho de que dicen: Vivimos dentro de nosotros mismos. Pero en el mundo suprasensible no hay circulación sanguínea.

El sentido interior del movimiento será un sentido especialmente importante cuando hayamos muerto, el sentido de la vida será importante para nosotros, -si no puede ser utilizado de forma desagradable-, porque entonces ya no tendremos dolor de cabeza ni sensación de hambre.

Los sentidos que se han atrofiado aquí se estimulan especialmente cuando atravesamos la puerta de la muerte. No podemos percibir nuestra propia corporalidad a través de nuestra propia corporalidad, el ojo no puede verse a sí mismo y el cerebro no puede examinarse a sí mismo; por lo tanto, el órgano que percibe algo no puede ser el mismo órgano que se percibe a sí mismo. Así, lo que hemos llamado el sentido de la vida debe separarse del cuerpo, y de este modo se acerca al alma. Con el sentido del equilibrio no ocurre que medie la percepción, sino que sólo se expresa simbólicamente en ella.

Estos sentidos son en realidad los que son egoístas por su propia naturaleza, porque el hombre percibe su yo a través de ellos. Y no debemos ocultar el hecho de que lo que nos llevamos de la vida es la parte más egoísta. Así que al principio nos quedamos con la parte más egoísta y de ahí se comprende que inmediatamente después de la muerte el hombre pase a un estado bastante egoísta. Así como el niño trae consigo sus sentidos a la existencia física y primero debe acostumbrarse al mundo sensorial físico, así el ser humano en el estado desencarnado debe acostumbrar sus sentidos al mundo suprasensible. Esto lleva bastante tiempo después de la muerte, y mientras aprende a aclimatar sus sentidos, lo único que le queda al principio es el recuerdo de lo que le unió con el mundo exterior aquí, en el mundo físico, y ésa es la parte más desagradable del recuerdo. El primer recuerdo dura sólo unos días, aparece como un retablo de la memoria, que nos es familiar. Después empieza a ser de tal manera que lo que es su ser más íntimo se adhiere aquí de un modo interior, de modo que el ser humano se acostumbra a afirmar interiormente todo lo que ha vivido, pues cesa la posibilidad de percibir.

 Un caso concreto: hemos convivido con una persona en algún tipo de relación vital. Nosotros fallecemos, él se queda atrás en el plano físico. Nos acostumbramos cada vez más a retener algo mas que recuerdos en el ser interior. Cuando miramos a una persona muerta, vemos que sabe lo que hemos vivido con ella durante su vida en la tierra. Con la muerte se rompe el hilo y ahora se puede hacer la estremecedora percepción de que uno se encuentra con muertos que le dicen con sus medios de comunicarse: Yo viví con tal o cual persona. Sé que sigue viviendo, pero sólo sé algo de él hasta mi muerte. Es un gran dolor. Ahora el muerto le echa de menos. Por eso los muertos se lamentan sobre todo por los que amaron y no pueden acercarse a ellos. Hay que reconocer que podemos prestar un gran servicio a los muertos en este sentido si llegamos a encontrarnos con ellos. Los muertos carecen de sentidos externos, en ellos sólo permanece vivo lo que vivenciaron mientras estaban junto a nosotros. Sí, la vida ordinaria no ofrece realmente nada que pueda cambiar las cosas. Sólo puede cambiar si se forjan lazos entre los muertos y los vivos. Para los muertos suele ser lo mismo que cuando alzamos la mirada hacia ellos. (Hueco en el texto.) Ahora bien, hay un vínculo común entre los muertos y los vivos: es lo que pensamos de conceptos suprasensibles. El pensamiento espiritual es este vínculo.

Me gustaría enfatizar que se puede leer a los muertos sobre cosas que tienen que ver con mundos suprasensibles. Si tenemos tiempo, nos sentamos y analizamos mentalmente cuál es el contenido de la ciencia espiritual e imaginamos vívidamente que los muertos estaban con nosotros. Les quitamos el dolor de que piensen que no estábamos allí. Dentro del movimiento antroposófico logramos algunos resultados realmente buenos leyéndoles pensamientos sobre los muertos. Esto significa que están con nosotros y eso es lo que necesitan, lo que anhelan.

Hay dos cosas en la convivencia con los muertos. La primera es la que se acaba de describir, la privación de las personas con las que se ha vivido en la tierra. Podemos remediarlo leyendo en voz alta. Debemos estar junto a los muertos y colmar el vacío de nuestra existencia. ¿Qué significado tiene para los muertos que les leamos Antroposofía, aunque no hayan querido saber nada de ella en vida? se dice a menudo. Pero ésta es una objeción materialista, porque las condiciones no permanecen iguales. Por ejemplo, se puede observar que hay dos hermanos. Uno se inclina hacia la ciencia espiritual, mientras que el otro se enfada cada vez más al respecto. Se auto convence cada vez con más ira. Pero sólo lo hace porque quiere adormecer su anhelo interior por la ciencia espiritual. No es fácil acercarse a él en la vida, y no es bueno agitar a favor de la antroposofía. En la muerte se revela sobre todo aquello que una persona ha anhelado, y es precisamente a tales almas a las que uno puede hacer lo mejor leyéndoles. Los que aquí ya se han interesado por la Antroposofía, allí también se interesarán cada vez más.

La otra cosa a considerar, especialmente en nuestro tiempo, es que cuando entramos en el mundo suprasensible cada día mientras dormimos, estamos en el mismo reino donde están los muertos. Sólo que después de despertar no sabemos nada de ello. ¿Cómo entra la mayoría de la gente en el sueño? Puede decirse, que cuando han cruzado el umbral del sueño, se han llevado poco espiritual consigo. Los que han alcanzado la necesaria pesadez de sueño mediante el consumo de bebidas alcohólicas no llevan mucho espiritual al mundo espiritual. Pero hay muchos matices. Tan a menudo se oye: Sí, ¿de qué sirve si uno aprende ciencia espiritual y sin embargo no puede ver en los mundos espirituales? Sí, si te ocupas de ello lo suficiente, también te llevarás algo al sueño. Imaginen una ciudad dormida, personas dormidas, las almas son incorpóreas. Lo que las almas dormidas representan para el mundo espiritual es algo distinto de lo que representan para el mundo físico. Para los muertos pasa algo parecido. Lo que damos a los muertos y lo que absorben en su conciencia es lo que necesitan para su vida. Y si les llevamos pensamientos espirituales, entonces tienen alimento, si no, entonces tienen hambre, para que la sentencia pueda ser pronunciada: Podemos, cultivando pensamientos espirituales aquí en la tierra, proporcionar alimento a los muertos. Podemos dejarlos morir de hambre si no les llevamos pensamientos espirituales. Si los campos se vuelven desolados, no darán frutos para alimentar a la gente y ésta puede morir de hambre. Por supuesto, los muertos no pueden morir de hambre, sólo pueden sufrir si la vida espiritual en la tierra se vuelve yerma.

La cosa es que aquí en la tierra la ciencia sigue varias leyes sobre las vinculaciones, y un idealista cree que a través de la ciencia se puede captar científicamente la vida como tal. Aquí en el plano físico, sin embargo, no se aprende sobre la vida. Todas las leyes se refieren a lo viviente, pero con todo este conocimiento no se puede investigar la vida. Para el mundo suprasensible no se puede llegar a conocer la muerte con toda la investigación. Para los que ven a través de las cosas, no tiene sentido creer que existe la muerte en el mundo suprasensible. Hay estados de conciencia parecidos al sueño y también un anhelo de muerte, igual que nos gustaría comprender la vida, pero allí no hay muerte. No deben ustedes creer que pueden perecer en el mundo espiritual, ni que pueden morir allí. Tampoco pueden destruir su conciencia, lo que correspondería a morir aquí. Pero uno puede convertirse en un solitario en el mundo espiritual.

Se trata de la incapacidad para percibir el mundo físico-sensorial. Uno sólo sabe de sí mismo y nada de los demás seres. Esto es lo que se llama el sufrimiento y el dolor de Kamaloka. Lo que expande la conciencia humana es la vida social tras la muerte, y también socializamos con los diversos seres del mundo suprasensible.

Una objeción que todavía puede plantearse se resolverá esta tarde en Erfurt. Consiste en lo siguiente: ¿Cómo es que los muertos están en el mundo suprasensible? ¿Pueden aprender algo si les leemos sobre los mundos suprasensibles? Lo que no les demos desde la tierra, no pueden llegar a saberlo en el mundo suprasensible. Los pensamientos deben surgir de la tierra. La Antroposofía no se enseña en el cielo, sino en la tierra. Las personas no están en la tierra para conocer sólo un valle de lágrimas, sino también la Antroposofía. A menudo se cree que la Antroposofía también se puede aprender después de la muerte, pero esto es un gran error. Lo que el hombre ha experimentado en la tierra debe depositarlo en el mundo espiritual después de haber atravesado la puerta de la muerte.

Traducido por J.Luelmo mar, 2024