ASPECTOS DE LA TERAPIA (desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual)
Rudolf Steiner
El cuerpo etérico en su manifestación en el estado líquido, la astralidad en la respiración, el «yo» en el calor
Dornach, 16 de abril de 1921
Ayer dije que queremos guiarnos mediante nuestras reflexiones, sobre la explicación de la esencia precisamente de los remedios que hemos propuesto aquí, y que justamente para eso, queremos diseñar toda la estructura de estas reflexiones. Hoy quisiera hacer primero un comentario que quizás pueda
Muy a menudo sucede que, digamos, durante la observación imaginativa de cualquier cuadro clínico, de cualquier complejo de síntomas, se obtiene un conocimiento directo e intuitivo del remedio, y entonces, como es natural, uno tiende a reflexionar sobre el asunto, basándose en los juicios que se presentan dentro de la materia como conocimientos científicos externos, y después se encuentra con que la cosa está equivocada, que no puede ser así. Esto es un fenómeno muy común, que no solo respecto a lo terapéutico, sino que quien puede realizar investigaciones ocultas en general, lo descubre con frecuencia. Cuando uno reflexiona más sobre las cosas y las estudia más a fondo, se da cuenta de hasta qué punto las cosas son correctas. La cosa que surge de una investigación imaginativa seguida de intuición, esa siempre es la correcta; naturalmente, si se basa en buenas capacidades de conocimiento. Pero el juicio siempre debe, me atrevo a decir, elevarse hasta lo que se percibe de esta manera. Uno debe familiarizarse con el hecho de que este organismo humano es algo extremadamente complejo, de modo que su visión racional representa realmente las mayores dificultades posibles, especialmente cuando además se intenta relacionar este organismo humano con el mundo exterior. Una cosa así se
Ustedes saben que existen las más diversas teorías sobre la alimentación, y que en cuanto a la interpretación de la nutrición, me gustaría decir, los investigadores en realidad se oponen diametralmente en la cuestión: ¿Cuál es exactamente la función de la proteína que se ingiere con los alimentos para el organismo humano? ¿Para qué necesita el organismo humano la proteína? - Al responder estas preguntas, como se dijo, los investigadores se encuentran en posiciones diametralmente opuestas; algunos dicen más bien que toda la estructura de los organismos proteicos humanos es constante, que por lo tanto existe algo constante, al menos relativamente constante, y que la proteína ingerida se descompone rápidamente y, en esencia, tiene poca importancia para lo que son las fuerzas constructivas o plásticas de la proteína en el organismo humano. Otros sostienen la posición, que hoy se considera algo anticuada, de que los cuerpos proteicos del ser humano se descomponen continuamente y se reconstruyen una y otra vez a partir de la proteína ingerida. Estas dos teorías, que han surgido en las formas más variadas y que representan una especie de oposición diametral, no captan ninguna de las cosas esenciales, porque juzgan la proteína de manera unilateral comparando una proteína con otra, y no consideran al organismo humano en su totalidad.
En este organismo humano nos enfrentamos a la oposición que se encuentra en la formación de la
Este pulmón es ahora una metamorfosis de la estructura de la cabeza y, esencialmente por eso, porque es una metamorfosis rezagada de la estructura de la cabeza, es justamente adecuado para sus funciones, para respirar, mientras que, cuando esas mismas fuerzas que se han quedado en el pulmón y que hacen que el pulmón sea adecuado para respirar, cuando esas fuerzas prosiguen, el pulmón se vuelve cada vez más parecido a la cabeza. La consecuencia de esto es que, al volverse cada vez más semejante a la cabeza, entonces también absorbe las fuerzas del pensar, las fuerzas orgánicas del pensar, de modo que se esfuerza en convertirse en un órgano de pensar. Al esforzarse por convertirse en un órgano de pensar, al absorber demasiado las fuerzas correctamente situadas en la cabeza, se dispone a lo que es la tuberculosis pulmonar.
Esta tuberculosis pulmonar solo puede entenderse de esta manera a partir del ser humano completo. Se entiende completamente de tal manera que uno dice: en un pulmón tuberculoso, la respiración tiende a volverse pensamiento. En la cabeza, la respiración está transformada, y todas las funciones del pensar hasta procesar las percepciones no son otra cosa que una respiración dirigida hacia arriba, es decir, hacia un desarrollo más avanzado. La cabeza es un órgano respiratorio avanzado, que ha ido más allá del nivel pulmonar, que solo contiene la respiración, pero que en lugar de absorber aire mediante la respiración, lo que hace es colocar la absorción de las fuerzas etéricas a través de los sentidos. La percepción sensorial no es otra cosa que un proceso respiratorio refinado, es decir, llevado hacia lo etérico. La cabeza respira, el pulmón respira. Pero aún hay algo más que respira en el ser humano, es algo que en esta formación metamórfica queda un nivel por debajo: el hígado. El hígado, que es un pulmón no completamente desarrollado, una formación de la cabeza incompleta, también respira. En él predomina solo aquello que ahora es otra metamorfosis nuevamente, la metamorfosis polar de las sensaciones, ahora trasladada a la ingestión de alimentos, la digestión. Por eso, la formación del pulmón y del hígado se encuentra en la mitad entre la formación del estómago y la formación del cerebro y la cabeza en general.
Si basamos estas consideraciones, entonces no estaremos muy lejos de comprender lo que se debe decir: que los órganos humanos, es decir, ciertos órganos humanos como tales, son básicamente órganos respiratorios. Todos aquellos órganos humanos que tienen una estructura como el cerebro, los pulmones, el hígado, son al mismo tiempo órganos respiratorios. Pero al ser órganos respiratorios, tienen la
Y con eso llegamos al último punto, me gustaría decir, de estas reflexiones, que nos dice que lo que en el ser humano está presente como cuerpos proteicos, en esencia, en la medida que pertenece a órganos como los que he descrito, está orientado a la respiración y se manifiesta hacia afuera a través de la respiración. Pero todo lo que se manifiesta hacia afuera, también se manifiesta hacia adentro. Si tuviera que dibujarlo de manera esquemática, me gustaría dibujarlo así: Si se tiene cualquier órgano que contenga proteínas en el ser humano, que pertenezca a este grupo orgánico que he mencionado, esto se manifiesta hacia afuera desarrollando la actividad respiratoria (ver lámina 1 en rojo). 
lámina 1
Pero al exhalar hacia afuera, desarrolla hacia adentro otra actividad, la actividad polar de la respiración, la actividad que libera la mente, la actividad que libera el alma. Actividad que libera el alma: al exhalar hacia afuera, al desarrollar la respiración hacia afuera, desarrollas hacia adentro una actividad mente-alma que naturalmente no necesita espacio; al contrario, incluso se podría usar la expresión: desaparece continuamente en el espacio, saliendo continuamente del espacio tridimensional. Pero internamente esta actividad se manifiesta, hacia el interior, y la característica esencial de la proteína humana es precisamente que desarrolle esta actividad hacia el interior. En la cabeza, aquello que actúa como actividad interna nos es transmitido desde el exterior a través de los sentidos. Por eso, los órganos de la cabeza son los que menos espíritu contienen. Reciben el espíritu del exterior al asimilarlo a través de los sentidos. La cabeza es el órgano menos espiritual del ser humano.
Por el contrario, la espiritualidad del ser humano —concretamente, con su desarrollo en el cuerpo, comienza con el desarrollo del espíritu hacia el interior, del espíritu real, no del abstracto— tiene su origen en el sistema pulmonar y actúa de fuera hacia dentro, en sentido contrario a la respiración. Y los órganos más espirituales son los que pertenecen al sistema hepático. Son aquellos órganos que desarrollan hacia el interior la mayor actividad espiritual. Esta es, de hecho, la explicación de por qué las personas que usan la cabeza, (el intelecto), de forma predominante se vuelven materialistas, ya que con la cabeza solo se puede procesar la espiritualidad exterior y, por ello, uno se ve inducido a creer que todo lo que se desarrolla espiritualmente se capta desde el exterior, mediante los sentidos. Por eso, cuando uno es un verdadero intelectual, se convierte al mismo tiempo en materialista. Cuanto más pensador se es, cuanto más se piensa con la cabeza, mayor es la tendencia a convertirse en materialista. Por el contrario, cuando el ser humano íntegro, cuando el ser humano en todas sus partes se esfuerza por alcanzar el conocimiento, cuando el ser humano comienza a desarrollar una conciencia de cómo piensa la plenitud de su ser con los órganos situados internamente, entonces para la conciencia deja de tener justificación el materialismo.
Pero esto al mismo tiempo arroja luz sobre la alimentación del ser humano en general. Esta alimentación es una interacción entre el líquido tisular, es decir, lo acuoso, en el que se lleva a cabo preferentemente la nutrición y la excreción, y lo que en relación relativa permanece extraordinariamente estable, lo que en cierta medida solo es inestable durante el período de crecimiento, luego se estabiliza y, como mucho, en la segunda mitad de la vida experimenta una especie de descomposición, el verdadero organismo proteico del ser humano. En el líquido tisular se produce una continua absorción y destrucción de las proteínas presentes en los alimentos. Y en esta actividad están los ataques que se realizan sobre aquello que desea permanecer estable en la formación de proteínas: los órganos internos proteicos del ser humano en general. Ellos quieren permanecer estables. Quieren mantenerse estables porque desean secretar hacia adentro actividad espiritual y psíquica, quieren liberar. En esta interacción continua entre la vivaz absorción y destrucción de proteínas y el juego de fuerzas que surge allí, en esta interacción entre este juego de fuerzas, que es extraordinariamente móvil, y el juego de fuerzas que busca la calma, que surge en este intercambio del proteico interno humano, es donde realmente se basa lo que se logra mediante el proceso de alimentación. Por eso, en parte es un superstición, y en parte hay algo cierto, cuando se dice: el ser humano se construye a sí mismo a través de los nutrientes que ingiere. - Es una superstición, porque las fuerzas constructivas están presentes desde el principio en los cuerpos proteicos del ser humano simplemente por el hecho de ser humano, y el ser humano, por otro lado, en el otro polo, despliega una actividad que en realidad realiza un ataque continuo sobre esa estabilidad de su propia estructura proteica, de manera que se puede decir: no es correcto pensar que solo la ingesta de alimentos es lo que mantiene la vida humana. Simplemente no es correcto, sino que lo otro es igualmente cierto; que el mantenimiento del juego de fuerzas vivas en el fluido tisular es lo que sostiene la vida. Entonces, si diseñas los alimentos de manera que estimulen esta actividad en el fluido tisular, estás sosteniendo la vida, pero no al proporcionar nutrientes al cuerpo, sino al impactar las fuerzas estables de sus propios cuerpos proteicos. Hay un proceso que se activa mediante la ingesta de alimentos en el que está presente lo más esencial para mantener la vida, por lo que también debemos fijarnos en el proceso. Por ejemplo, puede darse perfectamente el caso de que en un adulto las sustancias que sabemos que funcionan muy bien en niños sean ineficaces, porque el niño está en pleno crecimiento plástico y, por lo tanto, necesita la absorción de las sustancias, la entrada de las sustancias y el despliegue de las fuerzas dentro de la sustancia. Si saben que algo actúa bien como materia en el niño, eso no significa que necesariamente funcione igual en el adulto. En el adulto puede ser mucho más necesario simplemente mantener sus fuerzas que buscan reposo en el liquido tisular, es decir, estimular la actividad en él. Si ahora consideran todo esto, lo que ocurre en los, me gustaría decir, órganos del ser humano orientados hacia atrás —la cabeza también está orientada hacia atrás—, en los pulmones, el hígado, y si se alejan de los órganos que se orientan hacia atrás, dirigiendose hacia aquellos que, me gustaría decir, están más insertados en el liquido tisular, en esa actividad, entonces obtienen como órgano primordial el corazón rodeado por los pulmones. Este corazón del ser humano se forma completamente a partir de la actividad del liquido tisular, y su actividad no es otra cosa que el reflejo de la actividad interna del fluido del tejido.
El corazón no es una bomba –lo he dicho muchas veces–, sino que el corazón es eso que, más bien quiero decir, actúa como un aparato de lectura con respecto a aquello que es la actividad en el líquido tisular. El corazón se mueve por la circulación de la sangre, no es que la circulación sanguínea se produzca por la acción de bombeo del corazón. El corazón tiene tan poco que ver con lo que actúa como circulación en el ser humano, como el termómetro con la generación de calor y frío exterior. Así como el termómetro no es más que un aparato de lectura para el calor y frío, el corazón no es más que un aparato de lectura para la circulación humana y para aquello que fluye desde el sistema metabólico de la sangre hacia la circulación humana. Esta es una regla de oro que hay que observar si uno quiere entender al ser humano de algún modo. Porque con la creencia de que el corazón es una bomba que impulsa la sangre por las venas, con esa creencia se tiene, en realidad, lo contrario de la verdad según la ciencia natural actual. Quien se adhiera a esa superstición sobre el corazón, si sigue su razonamiento de forma coherente, debería llegar sin dificultad a creer: «Sí, ¿por qué hace más calor en mi habitación? ¡Porque el termómetro ha subido!». Si se lleva el razonamiento hasta sus últimas consecuencias, es exactamente lo mismo.
Ven a qué consecuencias conduce justamente una perspectiva que simplemente no toma en cuenta la parte más importante de la humanidad, lo anímico-espiritual, que ignora lo movible, lo dinámico, y parte únicamente de lo material, y a partir de lo material quiere impulsar aquellas fuerzas que en realidad solo se imprimen en la materia. Quiere imponer al corazón fuerzas que en realidad se imprimen en él a través de lo dinámico, a través del juego de fuerzas.
Así que en realidad podemos decir: En la actividad del corazón y en el órgano del corazón se encuentra la organización más avanzada de aquello que se opone a la respiración y a la liberación del espíritu en el ser humano. Ahí se encuentra aquello que ahora se puede llamar la metamorfosis polar, en contraste con lo meramente transformado. Si uno observa la cabeza, los pulmones y el hígado, se tienen diferentes niveles de transformación metamórfica. Tan pronto como uno considera el corazón en relación con los pulmones, debe hablar de una metamorfosis polar, debe hablar de que el corazón en su forma es el opuesto polar de los pulmones. Y todos aquellos órganos que luego se desarrollan más hacia adelante, como por ejemplo en el caso más destacado el útero femenino, son igualmente una transformación gradual de la formación del corazón. Hablo del útero femenino porque también existe un útero masculino, pero que solo está presente como cuerpo etérico en el hombre. El útero no es otra cosa que un corazón transformado. Desde esta forma de ver estas cosas surge todo aquello que se necesita para comprender la organización del ser humano.
Ahora intervienen en esta otra actividad, que, si se me permite decirlo, tiene su centro y se tranquiliza en el movimiento del corazón, preferentemente en los humanos actúan las grasas y los carbohidratos. Ahí es donde estas grasas y carbohidratos tienen su eficacia. Naturalmente, esto se extiende por todo el cuerpo, porque así como todo el cuerpo es un desarrollador de respiración y de espíritu, por otro lado es a su vez un depositario de sustancias y un articulador funcional de sistemas de fuerzas que se orientan hacia la combustión. Esto ahora también arrojará cierta luz sobre —y vemos cómo siempre se pasa de una consideración verdaderamente interna del organismo humano a las cosas terapéuticas—, arrojará luz sobre cómo, en realidad, lo que antes se llamaba tuberculosis pulmonar —que ahora solo ha recibido otros nombres a partir de una teoría— consiste en que, mediante las diferentes influencias que pueden ser efectivas y que, en el fondo, todas consisten en lo mismo, la persona se distrae de lo extraterrestre y se empuja hacia lo terrestre, hacia vivir en viviendas malas, y así sucesivamente. Todas las descripciones que existen sobre la tuberculosis se pueden resumir en que la persona se distrae del sol y del espacio cósmico y se dirige hacia aquello que la aísla del sol y del espacio cósmico, es decir, que le hace que la alegría por lo extraterreno, que esencialmente se basa en la recepción a través de los sentidos, en la percepción de los sentidos, se vea reducida, de modo que su alma, su ánimo no puede llegar hasta los sentidos y, por ello, desciende hacia los pulmones, de manera que los pulmones tienden a convertirse en órgano de pensar, en cabeza, y de hecho, también en su forma externa se muestra claramente cómo quieren convertirse en cabeza, cómo toman una forma en la que se puede ver cómo las fuerzas que calcifican la cabeza humana se expresan entonces en los pulmones, cómo surgen las endurecidas de los pulmones, y así sucesivamente. Y si se quiere contrarrestar esto, ¿qué hay que hacer?
Si uno quiere contrarrestar este desarrollo de la cabeza en los pulmones, primero que nada debe considerar que hay un debilitamiento de la actividad astral que debería tener lugarr, y un fortalecimiento excesivo de esa actividad que es la actividad del yo. Así que la actividad del yo empieza a superar la actividad astral. Y a eso hay que enfrentarse. Todo aquello que especialmente estimula la actividad del yo es precisamente la percepción sensorial desde el exterior. Pero lo que es la percepción sensorial desde el exterior se continúa a través del organismo humano entero en los depósitos de sal. Estos no se regulan de manera correcta en quien muestra tendencia a la tuberculosis pulmonar. Por eso hay que intervenir desde este lado y tratar, en el momento adecuado, de contrarrestar con frotaciones fuertes de sal lo que los pulmones ya no pueden hacer: las frotaciones con sal, aplicadas desde afuera, contrarrestarán los procesos de endurecimiento que se forman desde dentro.
Ahora, por supuesto, uno tiene que diseñar una actividad de este tipo, como la que se tiene a través de los efectos de la sal desde afuera, de tal manera que se intente hacer que el organismo internamente esté dispuesto a absorber también lo que viene desde afuera. También se pueden tomar baños de sal, baños de sal fuertes, pero hay que hacer que el organismo esté dispuesto a procesarlo realmente desde adentro, es decir, ofrecerle algo desde el interior. Entonces pueden considerar la siguiente reflexión; en parte ya seguirá de lo que discutimos aquí el año pasado.
Si se quiere estimular al organismo para que desarrolle una actividad desde dentro, que regule ciertas fuerzas organizativas externas en su interacción, entonces se trata de administrar mercurio en pequeñas dosis, es decir, siguiendo un enfoque homeopático. El mercurio es, en esta dirección, un importante remedio curativo, un importante medio de regulación. Aquí es precisamente donde se vuelve muy relevante lo que generalmente se observa con respecto a las dosificaciones. De todo esto, pueden resumir lo que he expuesto: lo que más se parece a la naturaleza externa es el sistema de miembros en el metabolismo. Si a eso le falta algo, si hay algo que hacer en él, hay que usar las potencias bajas. En cuanto se trata del ser humano promedio, hay que usar dosis medias. Pero cuando se quiere actuar desde la cabeza, desde aquello que tiene que ver con lo espiritual en la cabeza, hay que trabajar con las potencias más altas, con las potencias elevadas. En este caso, estamos tratando con la actividad pulmonar, algo que pertenece al ser humano promedio. La dosificación de mercurio debe ser media. Se trata de que aquello sobre lo que se espera especialmente que actúe en la organización de la cabeza y desde allí nuevamente a través de todo el organismo, requiere las más altas potenciaciones, que serán especialmente beneficiosas donde se cree que se puede hacer algo con compuestos de silicio. Los compuestos de silicio, debido a su propia naturaleza, porque siempre se mueven hacia la cabeza y hacia la periferia del cuerpo, lo cual también forma parte de la formación de la cabeza, realmente requieren la mayor dilución, mientras que, por ejemplo, con compuestos de calcio uno generalmente estará acertado si tiene otras razones para aplicarlos, cuando no se llega a las potenciaciones más altas, sino que se usan en las potenciaciones más bajas. En resumen, un criterio para la potenciación es precisamente la idea que uno obtiene sobre si se debe intervenir en el organismo metabólico de los miembros, en el organismo rítmico medio o en el organismo de la cabeza; teniendo en cuenta, por supuesto, que el organismo de la cabeza debe considerarse en la dirección de que en realidad refuerza nuevamente todo el organismo desde el otro lado. Por ejemplo, se puede llegar a la conclusión de que una persona tiene una enfermedad en el pie, que en realidad es una enfermedad encubierta de la cabeza, que proviene de la cabeza; en ese caso, no se trata de curar desde el metabolismo, sino desde la cabeza, es decir, aplicar altas potenciaciones de aquello que tal vez sea bueno en bajas potenciaciones, si se sabe que se debe curar desde el metabolismo. Bueno, estas cosas se pueden llevar a una razón y deben hacerse poco a poco. Lo individual solo se mostrará realmente si uno se compromete con la observación exacta de lo que los experimentos muestran. Las direcciones deben buscarse tal como lo he indicado.
Entonces se trata de que solo puede hablar de curaciones de manera detallada quien realmente recuerde cuidadosamente todo aquello con lo que se ha encontrado en su experiencia, porque cada experiencia individual, como es natural, también enseña y da fruto para algo que sigue. Ahora, si tienen en cuenta lo que acabo de decir, verán que ya no parece tan misterioso que, por ejemplo, existan enfermedades en las que se ve afectado el cerebro y el hígado a la vez, porque el hígado no es más que un cerebro metamorfoseado. Así que, si se encuentran al mismo tiempo degeneración hepática y de los ganglios cerebrales, esto va exactamente en la misma dirección y se trata de que entonces se tiene algo que, como forma de enfermedad, es un aumento con respecto a lo que es la causa del desgaste pulmonar. Es solo la metamorfosis aumentada del desgaste pulmonar. Por eso se trata de que se aplicarán dosis más fuertes de mercurio internamente, y que externamente no nos quedaremos solo con los frotamientos con sales y los baños, con la sal de sodio, con la sal común, sino que ya habrá que pasar a sales de calcio. Eso es lo que hay que decir.
Ahora bien, pero vean ustedes, dónde se encuentran todas las fuentes del error y dónde realmente se llega solo a lo correcto si se considera el organismo humano desde dentro. Piénsenlo solo un momento, que alguien pueda ir y decir: Aquí hay una enfermedad, la curaré con mercurio. Y también logra algún efecto. Solo que justo la enfermedad no tiene por qué estar relacionada con la sífilis o la lues, pero se le ha formado la idea de que si el mercurio cura, entonces eso tiene que ver con procesos de lues o sífilis. Eso ni siquiera tiene que ser el caso. De la misma manera comprenderá un poco más detenidamente lo que dije el año pasado cuando hablé de las «enfermedades mentales». Por supuesto, cuando hablé hace unos días de la reblandecimiento del cerebro, me refería a las enfermedades paralíticas, pero si se dice «parálisis», realmente no se expresa de forma tan clara. Siempre se tiene la sensación de que se está hablando solo desde el conjunto de síntomas externos. Pero ahora surge naturalmente la pregunta: ¿Cómo se relaciona lo que dije el año pasado, que las verdaderas causas de las enfermedades psíquicas deben buscarse en las deformaciones de los órganos? Pues esto también es el caso. Y es tan fuerte el caso que siempre, cuando uno simplemente se fija en los síntomas psíquicos, en realidad no se llega a nada; en realidad no se obtiene nada. Se puede decir una vez: complejos psíquicos similares conducen a causas de enfermedad muy diferentes. Se trata cada vez más de que, justo en los llamados enfermos mentales, se busque la deformación de los órganos, algún órgano que no funcione correctamente, y que a su vez uno se pregunte: ¿por qué no funciona bien? Porque esas fuerzas se han dañado, las que son realmente estables en la formación de proteínas, no las variables, sino las estables. Entonces, hay algo en el enfermo que continuamente lucha por destruir el órgano en su estructura plástica original, y por eso tampoco es bueno si se mira demasiado hacia lo que ocurre en los líquidos tisulares, que representa el otro polo del metabolismo. Así que con lo que en el organismo mismo representa el metabolismo, no se logra nada si se parte de los síntomas. En cambio, será sumamente importante buscar el conocimiento de las enfermedades mentales en las secreciones. Allí se encontrarán sin duda puntos de referencia importantes. Y estudiar cómo son las secreciones en un enfermo mental es extremadamente importante, porque el año pasado dije que para ciertas formas de enfermedades mentales existe una tendencia a formar imaginaciones e inspiraciones. Eso es precisamente lo que significa la liberación de lo espiritual en el interior.
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| lámina 2 |
Ahora avanzaremos por un lado hacia la respuesta de las preguntas individuales que se han hecho, y por otro lado hacia la explicación de nuestros remedios. Ahora queremos cerrar y escuchar la conferencia del Dr. Scheidegger.
Traducido por J.Luelmo


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