RUDOLF STEINER
Fundamentos antroposóficos para la terapia
Proceso glaucomatoso y proceso auricular
Dornach, 1 de enero de 1924
Acabo de enterarme de que se ha producido una confusión porque he hablado del tratamiento con mercurio, por un lado, y por otro, de aquel preparado que es utilizado, como ya indiqué ayer,. En realidad, lo que ocurre es, que el tratamiento con mercurio solo se ha mencionado como un método específicamente eficaz, pero que, en realidad, es peligroso y del que se puede prescindir. Así pues, ayer quise dar a entender que el tratamiento con mercurio podía sustituirse por completo por el preparado a base de raíz de tragacanto que mencioné.
Voy a empezar ahora mismo con las preguntas que aún figuran en la antigua hoja de preguntas; al fin y al cabo, mañana también tenemos una hora. Creo que entre las preguntas que nos han llegado recientemente hay otra que guarda relación con este tema: «¿Cómo se puede entender el éxito de la terapia de Salvarsan en la sífilis?».
En primer lugar, se trataría de describir este éxito con mayor detalle. En este tipo de terapia siempre ocurre que, si bien puede haber cierto éxito, también se producen efectos secundarios nocivos. Y en el caso de la terapia con Salvarsan, es totalmente impensable que se pueda hablar siquiera de un tratamiento terapéutico racional, porque, sencillamente, el preparado, al menos tal y como se describe, es de tal naturaleza que desgarra los cuerpos humanos, que destroza a las personas. Nada encaja. En determinadas circunstancias, se le puede administrar al cuerpo lo que se quiera, siempre puede producirse un éxito, pero lo que resulta de ello es, precisamente en el caso del Salvarsan, sin lugar a dudas imprevisible, porque las cosas se contradicen. Por eso solo cabe decir: la terapia con Salvarsan es, en cierto modo, fruto de la mentalidad actual. Y, en el fondo, la cuestión es que no se puede abordar en serio algo así. ¿Quiere alguien añadir algo más al respecto?
Dr. Rascher: ¿Eso se referiría entonces a toda la metaloterapia moderna en general, es decir, también a la terapia con bismuto?
Es cierto, desde nuestro punto de vista se puede pasar por alto la terapia con bismuto. Quiero decir que en mis propios cursos se habla de la terapia con bismuto. Pero el preparado Salvarsan es imposible de pasar por alto. Destruye el organismo. Por supuesto, puede haber preparados de bismuto que hagan lo mismo si se combinan con otros preparados. Pero el efecto del bismuto en sí mismo queda patente en nuestros cursos.
Dr. Noll: ¿Puede un preparado de antimonio ser eficaz contra la sífilis?
El antimonio ejerce su eficacia propiamente dicha entre el tracto sexual y el tracto respiratorio. De modo que con el antimonio se puede tratar todo aquello del organismo humano, que se encuentra entre estos dos tractos; el resto, solo en la medida en que el efecto de un tracto se irradie al conjunto del organismo. Pero tratar específicamente el tracto sexual con antimonio para suplir cualquier carencia que este pueda tener, en realidad, no es posible. De modo que, naturalmente, las secuelas de las enfermedades sifilíticas pueden tratarse muy bien con antimonio, pero tratar la sífilis en sí misma con antimonio no conducirá, sin duda, a una curación completa. El antimonio actúa precisamente sobre la organización media del ser humano, todo el tracto digestivo, la transición del tracto digestivo al tracto circulatorio y, naturalmente, también aquella parte de la circulación que luego pasa a los órganos sexuales. Pero se limita claramente a este tracto.
Dra. Kacer: Los efectos nocivos del Salvarsan ya han quedado suficientemente confirmados por las muertes.
Lo más probable es lo siguiente: el Salvarsan se ha utilizado hace poco tiempo. Los efectos graves alcanzarán su punto álgido en los pacientes al cabo de unos cinco a diez años, quizá también en un periodo de siete años. Pero, lamentablemente, hoy en día no se elaboran estos historiales clínicos. Para el avance de la medicina es mucho, mucho más importante continuar con el historial clínico más allá de la curación. Así se obtiene mucha más información que investigando el estado interno del organismo antes de la enfermedad. Por supuesto, eso puede ser muy importante en determinadas circunstancias, pero, en realidad, suelen ser los factores externos los que revisten una importancia especial.
Una y otra vez me veo obligado a mencionar casos como este: nuestro amigo, el Dr. Haakenson, me trajo un paciente a Christiania. Presentaba erupciones cutáneas inexplicables. Tenía unos cuarenta y cinco años cuando lo trajeron, y el cuadro clínico completo se presentaba, para la medicina convencional, como un complejo de síntomas imposible de definir como un todo coherente. Verán, si se parte únicamente del organismo, no es posible encontrar en absoluto una causa plausible. Por supuesto, en la mayoría de los casos el médico tiene que basarse en lo que le dice el paciente. A este paciente pude decirle directamente lo siguiente. Le dije, —omito ahora los detalles intermedios—: «Debe de haber sufrido algún tipo de intoxicación entre los nueve y los once o doce años de edad».
Poco a poco se fue sabiendo que aquel hombre, que por entonces tenía unos cuarenta y cinco años, una vez, cuando era niño, tuvo sed en el colegio; casualmente, junto al aula había un laboratorio, y en la ventana había una solución diluida de ácido clorhídrico, que se bebió para calmar la sed. Y fue precisamente esa intoxicación la que se manifestó cuando cumplió los cuarenta y cinco años.
Por eso, si se quiere comprender una enfermedad, hay que fijarse precisamente en esta causa externa como lo más importante. Pero después, tras la curación, hay que seguir observando cuidadosamente el organismo para ver qué efectos tiene la curación en él.
Y eso revestiría una importancia muy especial en la terapia con Salvarsan. En la terapia con Salvarsan seguramente no podrá aplicar lo que dije ayer sobre el tratamiento de la sífilis en general. Les propuse una especie de tratamiento meditativo posterior, es decir, con conceptos abstractos que deben llevarse a cabo de forma realmente concienzuda, a ritmos variables: primero con una velocidad creciente y, después, con una velocidad decreciente. De este modo, se podrá sacar partido a una cura psíquica posterior, —que, sin embargo, durará años—, especialmente en el caso de la sífilis, si esta se ha curado de la forma que indiqué ayer. También en el tratamiento con mercurio, aunque no lo recomiendo, sería beneficioso un tratamiento psíquico de seguimiento de este tipo. En el tratamiento con Salvarsan, es probable que, si se realiza dicho tratamiento de seguimiento, en una edad más avanzada se manifieste algo que no se puede llamar «demencia precoz», pero que es muy similar a la demencia precoz en la vida posterior. Mientras que en el tratamiento con mercurio, sin un tratamiento de seguimiento psiquiátrico, se producen síntomas psiquiátricos precisamente como consecuencia de lo que mencioné ayer. Pero en el tratamiento con Salvarsan, precisamente debido a la ruptura, se constatará que, de hecho, se desarrollará una especie de esquizofrenia, sobre todo si se intenta un tratamiento de seguimiento en el sentido psiquiátrico.
Dr. Palmer: Sería muy interesante que nos diera su opinión sobre la denominada sífilis terciaria y sobre la terapia con yodo.
Por lo que se puede decir al respecto, lo esencial es que, precisamente en el caso de una enfermedad tan generalizada como es la sífilis, en primer lugar, con el foco propiamente dicho de la enfermedad y sus ramificaciones; pero, en segundo lugar, dado que la sífilis afecta a todo el ser humano, llegando incluso a la organización del yo, hay que tener en cuenta su contrapartida en el sistema neuro-sensorial. Es posible afirmar de manera esquemática: la enfermedad se localiza en el sistema metabólico-motriz, pero tiene su contrapartida en el sistema neuro-sensorial, al que pertenece, por ejemplo, el tracto laríngeo, todo aquello que está relacionado con la respiración superior en proceso de diferenciación. Estas dos cosas están íntimamente relacionadas entre sí. Lo que se consigue con el mercurio se refiere a la fuente propiamente dicha y a su irradiación. Lo que se consigue con el preparado de yodo se refiere a la parte superior. De modo que los fenómenos que se manifiestan de forma polar en el sistema neuro-sensorial pueden volver a paralizarse mediante el yodo cuando se aplica un tratamiento con mercurio. Esa es, pues, la relación.
Bueno, ayer, como recordarán, expuse básicamente dos partes del tratamiento completo de la sífilis. La primera es la inyección con el preparado; la segunda es un tratamiento de baños, mediante el cual se expulsa la enfermedad. Esto se corresponde, en un sentido mucho más natural y racional, exactamente igual que aquí el mercurio y el yodo. Así es como se concibe, pues. En general, la terapia nos lleva a un equilibrio entre las dos organizaciones opuestas entre sí.
Dr. Palmer: ¿Entonces hay que considerar los «gummata» como secuelas de un tratamiento con mercurio demasiado intenso?
Sí, así es, sin lugar a dudas. ¿Hay algo más que preguntar al respecto?
Dra. Kacer: ¿Cuál es el efecto del arsénico?
El efecto del arsénico, en general, consiste en que este elemento, esencialmente, energiza el cuerpo astral humano. Ese es el fenómeno fundamental del efecto del arsénico. El arsénico, incluso en sus compuestos, actúa con tanta intensidad sobre el ser humano que se puede afirmar: el arsénico energiza el cuerpo astral. Por lo tanto, si utiliza arsénico, especialmente en estado líquido, simplemente en forma de agua de Roncegno y de Levicow en la dosis adecuada, siempre podrá actuar cuando se trate de estimular el cuerpo astral para que, por así decirlo, desarrolle sus impulsos naturales.
Por cierto, en todas estas enfermedades, —tanto en la sífilis como en otras enfermedades de transmisión sexual—, un defecto en el cuerpo astral es siempre, ya sea la causa o la consecuencia. Por eso es totalmente natural que el arsénico también tenga un efecto observable en este aspecto; pero no tiene por qué curar. Su acción es demasiado superficial como para poder hablar de curación.
Dra. ...: ¿En el caso de la sífilis congénita, las circunstancias en el niño son diferentes a las del adulto?
¿Se refiere a la sífilis hereditaria? En el caso de la sífilis en el niño, las circunstancias son, por supuesto, totalmente diferentes. Y en el caso de los niños, si se puede diagnosticar a tiempo, se obtendrán buenos resultados precisamente con un tratamiento a base de arsénico, —no con el tratamiento con Salvarsan, sino con el de arsénico—, utilizando el arsénico en una dilución más fuerte y, a ser posible, mezclándolo con leche, ácido o algo similar para que actúe lo suficiente en el organismo. De este modo, se podrán obtener resultados muy favorables, especialmente en los niños. Porque la lues hereditaria no es, en realidad, una sífilis; la lues hereditaria se diferencia de la sífilis en que esta última, entre los miembros de la organización humana, —especialmente en el adulto—, cuando se ha producido por infección, tiene su efecto esencial en el cuerpo etérico. La hereditaria solo se transmite al cuerpo físico y, por tanto, no se encuentra en el cuerpo etérico. Por lo tanto, si se estimula intensamente el cuerpo astral mediante el arsénico, se puede trasladar el efecto al cuerpo etérico y, de este modo, combatirlo de forma realmente racional en el cuerpo físico. La dificultad de la lues hereditaria radica precisamente en que se ha arruinado por completo aquello a lo que los medios terrenales tienen tan difícil acceso.
Aquí entra en juego lo que expuse en la conferencia general como «sometido a las fuerzas periféricas». Si se quiere ejercer algún tipo de influencia sobre tales deformaciones y degeneraciones —o, en general, sobre los daños relacionados con las fuerzas periféricas—, entonces hay que poner en movimiento de alguna manera también las fuerzas etéricas.
Ahora bien, este espino cerval, del que hablé ayer, tiene la particularidad de que está endurecido, cornificado y, por lo tanto, no está realmente bañado continuamente por fuerzas etéricas. Si se obtienen estas fuerzas etéricas a través de la savia de sus propias flores y hojas, se obtiene precisamente un preparado como el que describí ayer. Esto permite entonces reflexionar de forma racional sobre el tema.
Dr. Palmer: Se vuelve a plantear una pregunta sobre la sífilis terciaria.
Lo único que se puede decir sobre la sífilis terciaria es que la única forma realmente racional de actuar es no dejar que llegue a ese punto, es decir, intentar detectar la sífilis en su primera fase. Porque, una vez que la sífilis ha pasado a la fase secundaria o terciaria, se presenta un complejo de síntomas tan complicado que dificulta la observación oculta, y que no tiene por qué ser igual en dos pacientes. Solo lo parece exteriormente; interiormente no tiene por qué ser igual. Por lo que resulta muy difícil abordar el asunto, porque, en realidad, se cura por un extremo y, por el otro, reaparece de forma opuesta. Por eso, si hay que adoptar una postura al respecto, solo se puede decir lo siguiente: la sífilis secundaria debe tratarse, por supuesto, tal y como dije ayer, y en el caso de la terciaria se tratará simplemente de lograr, en determinadas circunstancias, una curación, aunque esta siempre seguirá siendo problemática.
Dr. Palmer: En cuanto al proceso del glaucoma y al proceso del oído: el proceso del glaucoma se considera una especie de proceso tumoral; los procesos del oído son procesos purulentos, procesos inflamatorios. Ahora bien, precisamente el ojo, en todo su desarrollo, debe entenderse como un proceso inflamatorio, mientras que en la formación del oído debemos ver un proceso de formación de tumores. ¿Es precisamente esta oposición polar lo que constituye el cuadro clínico del glaucoma, por un lado, y de la supuración del oído, por otro?
¿No es eso evidente? Si en condiciones normales se produce un proceso inflamatorio en el ojo y un proceso tumoral en el oído, entonces el proceso patológico en el ojo debe ser un proceso tumoral y en el oído un proceso inflamatorio, es decir, lo que se manifiesta como lo contrario. Es, por así decirlo, evidente que tiene que ser así.
Pues bien, en esta ocasión quizá sea oportuno hablar de estos procesos polares de la otitis, concretamente de la otitis media. En la otitis se trata, en efecto, de un predominio de la organización etérica en este tracto local. Que esto es así lo demuestra no solo la observación oculta, sino también la simple visión de un estado final, de un estadio terminal de una otitis media, con la adhesión de los órganos y demás.
Ya se puede observar en el organismo físico que se trata de una actividad desmesurada del cuerpo etérico. Ahora bien, hay que tener claro que esta organización etérica desmesurada en este tracto provoca inmediatamente un refuerzo de la organización del «yo» para ese tracto, que se extiende hasta el subconsciente.
Así pues, nos encontramos ante una formación física que no debería existir y que depende de la organización del yo. La mejor manera de abordar este asunto es, en cierto modo, reactivar el proceso respiratorio. A nivel interno, se puede estimular el proceso respiratorio, —de modo que la exhalación sea más viva—, mediante la administración interna de Levistikum en la dosis adecuada. Esto estimula el proceso respiratorio, en sentido contrario a lo mencionado ayer en relación con la formación del glaucoma. Se respira más bien de tal manera que el refuerzo de la respiración se dirige hacia el interior, mientras que en el proceso del Levistikum debe dirigirse hacia el exterior. Es decir, el refuerzo del proceso respiratorio se dirige más bien hacia el interior. Y entonces resultará especialmente beneficioso para la otitis, por extraño que parezca, aplicar también euritmia, euritmia terapéutica, en caso de otitis. Y, concretamente, resultará extraordinariamente beneficioso practicar precisamente las letras L, M y S como euritmia terapéutica. Y es que todo lo que se refiere al oído no es, en realidad, más que un proceso localizado de un proceso que tiene lugar en todo el cuerpo etérico humano. Por eso se puede actuar sobre todo aquello que se localiza en el oído estimulando la respiración de esta manera, —ya que, en realidad, con ello solo se estimula la respiración—, haciendo que se ejecuten las letras mencionadas mediante la euritmia terapéutica.
Ahora me gustaría hablar de algunas cosas más.
Dr....: ¿La euritmia debería ser diferente en caso de otitis y de procesos escleróticos?
Si se trata de una esclerosis, habrá que aplicar preferentemente una euritmia terapéutica vocal. En ese caso, se trataría de vocalizaciones en la euritmia terapéutica. En los procesos inflamatorios, debe tratarse de consonantización, y concretamente de la L, la M, la S y sonidos similares.
Ahora bien, se han planteado otras cuestiones que me gustaría abordar una por una. Resulta especialmente interesante el caso sobre el que se ha preguntado aquí y sobre el que ya contamos con cierta experiencia. Se ha planteado la siguiente pregunta:
¿Es posible aún aplicar un tratamiento en un caso de artritis deformante que lleva décadas presente? Actualmente se está probando con aceite de fósforo al 1 % y estaño. ¿Está también indicada la euritmia consonántica en este caso?
Quizás pueda pedirle al Dr. Palmer que nos exponga muy brevemente nuestro caso de artritis deformante de Stuttgart.
Dr. Palmer: Este caso, que tratamos en su momento y cuya terapia se ha dado a conocer ampliamente, se refería a un caso muy reciente de artritis deformante. Se trataba de la señora X., en la que, tras un tratamiento de cuatro a cinco semanas con aceite de fósforo al 1 % y fricciones con estaño al 4-5 %, remitieron todos los síntomas que anteriormente se habían tratado de otra forma en clínicas. La paciente también realizó en aquel entonces euritmia terapéutica, además del tratamiento farmacológico. En los casos que llegaron a nuestra clínica y en los que aplicamos la misma terapia, naturalmente no obtuvimos los mismos resultados que en este caso reciente. Un niño pequeño, que ya padecía esta afección desde los tres o cuatro años de edad, también fue tratado con aceite de fósforo y Stannum, pero tuvimos que recurrir además a inyecciones de agua de Levico para potenciar el efecto. Este niño se encontraba entonces en una fase inflamatoria muy aguda de artritis deformante en la cadera, y allí también remitieron todos los síntomas, quedando completamente indoloro. Por supuesto, la destrucción de las articulaciones y del cartílago ya era tan grave que, en este caso, ya no cabía pensar en recuperar la movilidad articular.
Por supuesto, ahí radica precisamente la dificultad. Analicemos primero estos dos casos, porque uno de ellos resultará muy instructivo. ¿Qué edad tenía nuestra paciente, la señora X?
Dr. Palmer: Quizás rondaba los veintitantos años, y el chico debía de tener doce o trece años; era el chico estadounidense.
La Dra. Kater dice que su paciente tiene veintisiete años y lleva padeciendo la enfermedad desde los doce; que un segundo paciente tiene cuarenta y cinco años y lleva tres años padeciéndola; y que una paciente tiene unos setenta años.
Ahora bien, la pregunta es si han logrado curarlos. ¿Han aplicado aquí el mismo tratamiento?
La Dra. Kater dice que acaba de aplicar el tratamiento.
El asunto reviste una importancia extraordinaria, porque, en esta enfermedad, depende enormemente de la persona con la que se tenga que tratar. Y se puede afirmar que, en el caso de esta enfermedad, la artritis deformante, es cierto que, en todos los casos, hay que individualizar en cierta medida, ya que la aparición de esta enfermedad está estrechamente relacionada con el desarrollo global de la persona. A veces, ante una enfermedad que aparece en la mediana edad, como en el caso cuya interpretación le pedí en primer lugar al Dr. Palmer, hay que preguntarse: ¿la causa se remonta muy atrás, a la infancia, o las causas se encuentran en años posteriores?
Lo peculiar es precisamente que, dependiendo de la constitución física, —en particular, en caso de debilidad constitucional del cuerpo etérico—, en la mayoría de los casos la causa de la artritis deformante radica en procesos psíquicos, especialmente en personas que, al despertar, hacen descender su cuerpo astral hacia un cuerpo etérico débil, de modo que el cuerpo astral, debido a la debilidad del cuerpo etérico, se vuelve más fuerte de lo que debería ser, ya que no se ve suficientemente atenuado al penetrar en el cuerpo etérico. Así, el dolor, la preocupación, los sustos y la angustia desgarradora que se producen en el alma actúan, de hecho, como causa de esta enfermedad.
Ahora bien, lo peculiar de esto es lo siguiente: si tiene un niño, —tomemos cualquier caso hipotético—, un niño de diez años que, por alguna razón, digamos que debido a un episodio previo de sarampión o algo similar, tiene un cuerpo etérico debilitado, aunque sea solo temporalmente; el cuerpo astral actúa con demasiada fuerza. Por eso, en esta etapa de la vida del niño, —no diré hasta los diez, sino hasta los doce años, ya verán enseguida por qué—, si tiene un educador malhumorado que lo somete a todo tipo de situaciones, de modo que se genera en su interior una discordia anímica, predomina en un primer momento esa angustia infantil. Y ahora imaginemos que llega el decimocuarto año, de forma aproximada, por supuesto; entonces tenemos dos años desde el duodécimo hasta el decimocuarto, y luego otros dos años hasta el decimosexto, y en el decimosexto año existe de nuevo la posibilidad de que, transcurrido el mismo tiempo desde el final del periodo posterior a la madurez sexual que el que transcurrió desde el inicio del trauma antes de la madurez sexual, la situación se repita rítmicamente; pero entonces no surge, naturalmente, una nueva aflicción que tendría que provenir del exterior, sino que aparece la contrapartida orgánica de la aflicción. Entonces, la pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo tarda este proceso, tras los períodos que se van configurando, en volverse debidamente periférico? En el año veintiuno hay de nuevo un período; es decir, en el diecinueve, dos años antes de ese período, y dos años después, a los veintitrés años, vuelve a existir en este niño la posibilidad de que, de alguna manera, el proceso siga avanzando. Ahora bien, la cuestión es únicamente cuánto tiempo tarda este proceso en alcanzar un carácter verdaderamente periférico, de modo que se manifieste como una deformación. En determinadas circunstancias, esto puede extenderse desde los doce años, —donde se encuentran las primeras causas—, hasta los treinta, e incluso hasta principios de los cuarenta. Entonces se presenta un panorama completamente diferente al que se da, por ejemplo, cuando alguien experimenta la causa psíquica por primera vez después de cumplir los cincuenta años o a finales de los cuarenta, momento en el que también puede experimentarse. En ese caso, estas deformaciones surgen desde una profundidad del organismo completamente distinta. Así pues, podríamos decir que, supongamos que nos encontramos ante un paciente que, por lo que a mí respecta, tiene entre treinta y tantos y cuarenta y pocos años y que padece una artritis deformante grave, lo que nos indica que, en realidad, las causas se remontan bastante atrás. En ese caso, en determinadas circunstancias, se podría proponer el siguiente tratamiento a partir de estos datos. Por lo tanto, he planteado un caso ideal en respuesta a su pregunta, y se trataría ahora de que, en un caso así, lo que se ha tratado aquí, —mediante la inyección de arsénico, el estaño, etc.—, se potencie con baños de sulfuro de hidrógeno, es decir, actuando en primer lugar sobre el sistema nervioso y sensorial, sobre el que siempre actúan los baños correspondientes, y afectando así al individuo de forma periférica desde el exterior. Si a continuación se administra desde el interior, por ejemplo, sustancia de árnica altamente potenciada, tintura de árnica o equiseto, —que en este caso serían lo mismo—, se actúa en el mismo sentido desde dentro, y probablemente se logrará la curación incluso en un caso de artritis deformante de larga duración.
Es totalmente cierto que se puede decir: «Este sería un caso que quizá deba tratarse así». Mientras que casos como el primero interpretado por el Dr. Palmer, cuya causa sin duda no se remontaba muy atrás en el tiempo, pueden tratarse con Stannum y con aceite de fósforo. Por eso me ha gustado mucho mencionar este caso, porque resulta muy instructivo observar, precisamente en una enfermedad de este tipo, —aunque muy profunda—, cómo hay que individualizar el tratamiento.
Se describe un caso en el que la paciente pasó por algo similar en su juventud. A los veinte años sufrió una infección gonocócica e inmediatamente después, desarrolló una artritis crónica muy grave. Ahora tiene unos cuarenta y cinco años y se encuentra en un estado realmente desolador.
¡Es casi como si hubiera imaginado este caso hace un momento! Baños de sulfuro de hidrógeno y, por vía oral, equiseto o árnica; si no surte efecto de inmediato, quizá inyecciones.
Dra. Kater: El caso que ha descrito es exactamente el de una paciente mía de veintisiete años. Lo ha esbozado con precisión sin conocerlo.
Ahora bien, aquí también se nos plantea una cuestión interesante: las enfermedades del tracto gastrointestinal como consecuencia de un impacto traumático. Bueno, estas pueden aparecer como consecuencia de un impacto emocional, pero creo que también como resultado de otros efectos psíquicos, por ejemplo, de una pena persistente y similares, que se alimentan constantemente de nuevas fuentes; esto ocurre especialmente en el caso de las mujeres. En estos casos pueden aparecer estados muy dolorosos similares a cólicos. También puede producirse un letargo de todo el tracto gastrointestinal; en determinadas circunstancias, puede llegar incluso a producirse un fallo completo, pero un fallo que, al mismo tiempo, suele ir acompañado de una sensación de dolor. ¿No es más o menos así el cuadro clínico? (Respuesta: ¡Sí!) — Se trata de una enfermedad muy frecuente, y resulta muy interesante observar qué es lo que realmente ha sucedido. En cada uno de estos casos ocurre lo siguiente: el cuerpo astral humano es, como es sabido, un organismo muy diferenciado, y cuando se conoce este cuerpo astral humano, se observa que, en lo que respecta a todos los órganos situados detrás de los órganos sexuales, hacia el tracto renal, y delimitados hacia arriba por el tracto pulmonar y cardíaco, —es decir, en esta zona—, el cuerpo astral se asemeja mucho al cuerpo etérico. De modo que, en realidad, se puede decir que, para este tracto, el cuerpo etérico es el que marca la pauta. El cuerpo astral adopta en sus movimientos y en sus formas lo que hace el cuerpo etérico. Esto es muy diferente en el tracto sexual. En el tracto sexual, el cuerpo astral actúa con gran intensidad por sí mismo y, en cierta medida, reprime la actividad del cuerpo etérico. Cuando se produce un efecto de choque precisamente de este tipo, la actividad que el cuerpo astral desarrolla en el tracto sexual se impone en el tracto digestivo, de modo que se produce un desplazamiento de la actividad astral, y todos los síntomas son entonces los mencionados anteriormente. Y es necesario iniciar realmente aquel proceso que, en tal caso, devuelva al cuerpo astral a su lugar correcto.
Es fundamental comprender esta relación, que en realidad tiene lugar íntegramente dentro de los miembros superiores del organismo humano. Lo demás, lo que ocurre en el cuerpo físico, no es más que una consecuencia, un mero síntoma externo. Lo que ocurre tiene lugar entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral, y concretamente en una zona determinada del cuerpo.
En todos los casos obtendrá resultados si aplica compresas o fricciones con ácido oxálico, es decir, simplemente ácido oxálico, que se obtiene mejor exprimiendo trébol. Exprima el trébol y, de esta forma, obtendrá el ácido oxálico. Así es como resulta más eficaz. Y, por supuesto, lo mejor es utilizarlo mediante fricciones. Es extraordinariamente eficaz para dinamizar el sistema etérico del tracto digestivo. Esto lo activa de forma especialmente intensa. Y ahora debe intentar recuperar ese sistema sexual astral que se ha introducido allí. Lo recuperará bien mediante un preparado de plata por vía oral en la dosis adecuada, bien mediante una inyección de plata administrada en la quinta o sexta décima. La plata, tanto cuando se introduce en el sistema circulatorio como en el digestivo, tiene siempre la tendencia a restablecer las deformaciones de los niveles superiores de organización.
Como pueden ver, si aplican estos dos procesos uno tras otro, obtendrán resultados muy satisfactorios, especialmente en los efectos de choque. Y es que los efectos de choque son, precisamente, extraordinariamente interesantes. Y si ha logrado una curación tras un efecto de choque, si, digamos, se da uno de esos efectos de choque típicos que acabamos de describir, entonces, al seguir observando al paciente, podrán observar lo siguiente. Si saben hacer las preguntas adecuadas, obtendrán del paciente respuestas que serán más o menos así: Es muy curioso: desde que me curé aquella vez, desde entonces mi corazón funciona de forma muy diferente; desde entonces, cuando percibo algo que me asusta, como un disparo de cañón o algo por el estilo, mi corazón reacciona como si quisiera tranquilizarme, como si en él hubiera un ser que quisiera tranquilizarme.
En ello pueden ver cómo, en realidad, en cada intervención reguladora, —no solo en una intervención terapéutica—, se producen procesos polares en el organismo humano. Ese efecto cardíaco del que habla el paciente, que, en esencia, también se desarrolla en los planos etérico y astral, es la reacción polar contraria a lo que usted ha hecho en realidad para restablecer la relación correcta entre el tracto sexual y el tracto digestivo. Esto es lo que hay que decir en relación con este efecto de choque.
Mañana hablaré con más detalle sobre una cuestión interesante, a saber, las enfermedades nerviosas, concretamente las de la médula espinal, que es, por así decirlo, la primera cuestión que figura en la lista. Mañana volveremos a reunirnos a las ocho y media en punto. Ahora solo quiero añadir algo, ya que se trata de un tema realmente de gran actualidad, —al menos así me lo parece—, que también figura aquí en la lista: la enuresis infantil. De hecho, parece que se está dando con mucha más frecuencia.
En el caso de la enuresis infantil, nos encontramos ante una debilidad típica del cuerpo astral. El cuerpo astral simplemente no tiene la fuerza que debería tener. Sin embargo, si en el caso concreto de la enuresis utiliza arsénico, incluso en su forma saludable de agua de Levicow o de Roncegnow, por lo general obtendrá un efecto sí fuerte, pero extraordinariamente breve; precisamente en los casos de enuresis, debido a su organización general, se logrará un movimiento breve de este cuerpo astral, adecuado a su naturaleza. Los niños seguirán mojando la cama; pero sin duda obtendrá buenos resultados si utiliza, en el caso de los que mojan la cama, la sustancia que se obtiene al exprimir las hojas y las flores de la hierba de San Juan, Hypericum perforatum. No sé si sabe que es la única planta que tiene estambres dispuestos en tres racimos. Pertenece a la clase XVIII de Linneo, tiene pétalos amarillos y unas hojas que, al mirarlas a contraluz, parecen estar llenas de agujeros. Si exprime esta planta, obtendrá un jugo. Se debe esencialmente a esa sustancia extractiva amarga que contiene esta planta, una sustancia que actúa de forma muy intensa y duradera sobre la movilidad interna del cuerpo astral y lo fortalece. Y gracias a ello, en determinadas circunstancias, se producirá la curación si además se influye moralmente en el niño diciéndole simplemente que tiene la obligación de prestar atención a sus funciones. Esta influencia moral debería tener lugar precisamente en aquellos casos que, ¿verdad?, se sitúan en la frontera entre las malas costumbres y las enfermedades. No me malinterpreten, por supuesto que sé que se trata de una enfermedad, pero se encuentra en la frontera entre la mala educación y la enfermedad. Y como, de hecho, la voluntad moral tiene una gran influencia, no hay que dejarla de lado. Porque si se trata este tipo de problema en el niño, —por supuesto, se puede tratar con Hypericum—, se debilita la voluntad del niño si no se le estimula al mismo tiempo, si no se le da un impulso en el aspecto moral. Esto es lo que habría que decir en relación con la enuresis.
Entonces, mañana hablaremos sobre los niños con trastornos neuropáticos, especialmente sobre los niños con demencia precoz en sus diversas formas. Después, trataremos algunas otras cuestiones, e intentaré tener en cuenta todas ellas.
Dra. ...: Se pregunta qué antigüedad puede tener el jugo.
No hay que dejar que se quede demasiado tiempo; pero si lo prepara de tal manera que lo exprima lo mejor posible, en una cantidad determinada, digamos, un gramo de hojas y flores mezcladas, mitad y mitad, entonces tendrá la posibilidad de añadirle un vaso de agua, y podrá dividirlo en porciones y utilizarlo de esta manera durante medio año.
Traducido por J.Luelmo
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