RUDOLF STEINER
El tema de nuestra conferencia de hoy puede sorprender al principio. Pero la teosofía no pretende únicamente traer comunicaciones de la investigación suprasensible, sino que quiere aportar al vida humana fuerza y alegría para vivir. Quiere ser una especie de arte de vivir, aunque bajo ciertas condiciones. No es algo que busque imponerse rápidamente, sino que la teosofía se nutre de fuentes de conocimiento profundo. Por eso no puede intentar ganar a muchas personas, no es una enseñanza que busque fanáticamente difundirse en amplios círculos. [Una corriente así debe mantenerse alejada del fanatismo.] El rasgo más importante del teósofo debe ser lo opuesto al fanatismo - [la comprensión de las personas debe ser su rasgo característico.] Debe poder penetrar [en otras almas], en el alma de los oponentes [y ganar comprensión de las objeciones justificadas].
¿Y quién negaría que hay mucho donde criticar de la Teosofía, de manera profundamente justificada? La Teosofía o ciencia espiritual habla de los asuntos más sagrados y dignos, y lo hace más para el corazón que para la razón. Y el corazón se inclina fácilmente a entregarse a cosas que prometen elevar la fuerza vital. Para profundizar en lo que significa la Teosofía se necesita un camino largo, que ciertamente aquellos que aceptan la vida teosófica desde el corazón, no todos recorren.
Si alguien se acerca hoy en día a la teosofía, debe admitirse que ha de afrontar grandes dificultades. Se acumulan preocupaciones sobre preocupaciones. Por eso, a alguien con educación científica no le resulta fácil manejarse, si tiene un verdadero sentido de la verdad. Además, hoy en día se llama teosofía a cosas con las que poco se puede hacer. Por eso, antes de pasar a las preocupaciones, primero se deben señalar los rasgos elementales de lo que queremos llamar teosofía.
Primero debemos tener claro la estructura del ser humano. El ser humano no se compone solo del cuerpo físico, ni únicamente de lo que podemos percibir con nuestra mente vinculada al cerebro, sino que se debe afirmar que al cuerpo físico se le integran una serie de miembros superiores, sobrenaturales, es decir, primero el cuerpo etérico o cuerpo vital, del cual el cuerpo físico está completamente impregnado: El cuerpo etérico hace que el cuerpo físico no se someta a las fuerzas del mundo físico externo. Él solo sigue estas fuerzas cuando la muerte lo separa del cuerpo etérico. Entonces, las fuerzas físicas actúan sobre los componentes del cuerpo humano y los llevan a la descomposición y disolución. La existencia de este cuerpo etérico puede comprobarse mediante la investigación clarividente. Pero también se puede entender que es necesario, ya que necesitamos un luchador contra la inevitable descomposición física. Otros seres vivos también poseen un cuerpo etérico mientras sean seres vivos. Incluso las plantas lo tienen.
El ser humano tiene además un alma consciente o un cuerpo astral. Esto lo compartimos con el reino animal. Este miembro es el portador de todo lo que tenemos en nuestra vida en cuanto a instintos, pasiones y deseos. Lo que ya no compartimos con los animales es aquello que llamamos nuestra conciencia del yo humano. El hecho de que uno pueda decirse a sí mismo «yo» hace al ser humano la corona de la creación. Desde el momento en que el niño puede decirse «yo», comienza nuestra conciencia de la humanidad, nuestra memoria. Por lo tanto, distinguimos entre un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y el yo.
Pero no solo por eso se diferencia la teosofía de la concepción común, sino además porque considera el núcleo esencial interior del ser humano, el yo, de manera que no se limita a una única existencia terrenal entre el nacimiento y la muerte. La teosofía quiere mostrar que no todo lo que se expresa en la persona a través del yo, se ha dispuesto solo en una vida. Este núcleo esencial del ser humano proviene, más bien, de etapas de existencia anteriores. El ser humano forma de cierta manera su cuerpo por sí mismo antes de que su conciencia del yo se integre por completo en él. Luego, la teosofía afirma además: después de la muerte, la persona solo se desprende de sus envolturas corporales, pero el núcleo esencial sigue viviendo después de la muerte física, para luego entrar en otra vida física.
El destino cambiante de los seres humanos solo se entiende comprendiendo las vidas repetidas del mismo ser humano en la Tierra. A un ser humano lo vemos miserable e infeliz en la vida, a otro feliz. La ciencia debe preguntarse por las causas de esta extraordinaria desigualdad en los destinos de vida. La ciencia espiritual afirma que la persona se ha forjado su propio destino en vidas anteriores; de acuerdo a cómo viva ahora, así se desarrollará su destino en la vida futura.
Que esto pueda ser así ya se puede ver, hasta cierto punto, en el curso de su destino vital actual. Por ejemplo, si alguien emigra a América, su destino se formará esencialmente según lo que haya sido antes en Europa. Lo que haya aprendido allí será muy determinante para su progreso y para cómo desarrollará su vida allá. Si alguien, por ejemplo, aquí era zapatero o banquero, eso influirá de manera muy significativa en la manera en que se desarrollará su vida al comenzar una nueva en América. Pero luego, cuando haya estado un tiempo en América, habrá aprendido cosas nuevas y se habrá transformado. Para que una persona madure, se necesitan diferentes destinos; es imposible que todo eso ocurra en una sola vida entre el nacimiento y la muerte. Los frutos de las vidas anteriores maduran hacia nosotros en la vida presente, y lo que aprendemos ahora beneficia nuestra vida futura.
La teosofía, por lo tanto, enseña la inmortalidad del núcleo esencial del ser humano. Entre la muerte y un nuevo nacimiento, el alma atraviesa estados completamente distintos, puramente espirituales y de duración más prolongada.
La teosofía dice sobre el estado dormido que en ese estado, mientras la persona esta acostada en la cama, el cuerpo astral y el yo,se desprenden de los cuerpos físico y etérico; es decir, que aquello que es portador de la conciencia, sale junto con el cuerpo astral, y viven una existencia en mundos suprasensoriales.
Todo esto aparece como un sistema cerrado. Veremos, de cierta manera, de qué fuentes obtiene la teosofía el conocimiento de este sistema. Este conocimiento se obtiene mediante la investigación clarividente. ¿Cómo se obtiene esta habilidad? Se puede decir que estas facultades clarividentes pueden despertarse en la persona mediante la meditación. De esta forma, el alma puede convertirse en un instrumento de investigación en lo espiritual, y de manera tan exacta y metódica como, por ejemplo, el químico o el físico utiliza medios físicos para investigar la materia. Así se despiertan fuerzas que están dormidas en el interior del ser humano. Recordemos aquí la frase de Goethe sobre los ojos y oídos del espíritu, que pueden abrirse en la persona.
Después de haber adelantado esto, nos dirigiremos hacia las objeciones contra la Teosofía. Por supuesto, no podemos argumentar todas las objeciones contra la Teosofía. Solo se tomarán algunas que puedan presentar dificultades serias y grandes para una convicción honesta. Quien esté completamente bajo el hechizo de la ciencia moderna puede, al ocuparse primero de la Teosofía, llegar a lo siguiente; puede [con razón] decir: Sí, creo que las mujeres que no son críticas [que no se enfrentan críticamente con la ciencia, sino que siguen el impulso del corazón] y que no han aprendido a pensar lógicamente, pueden dejarse resolver sus enigmas del mundo por esta ciencia espiritual. También, por mí, algunos hombres que simplemente no conocen la ciencia. Solo presten atención a una cosa: Creen necesario tener un cuerpo etérico como portador de las fuerzas vitales en el cuerpo. ¿No saben acaso que con esto retroceden de manera amateur a la época en que se asumía que las sustancias formadas orgánicamente no podían producirse en el laboratorio, sino solo en el organismo vivo? Por eso, en aquel entonces se tenía que suponer que en todo lo vivo estaban activas fuerzas vitales especiales. Pero la investigación avanzada ha mostrado [en el siglo XIX] que en el laboratorio se pueden producir puramente químicamente, igual que en el organismo vivo, las sustancias más simples de este tipo. Con ello, la antigua doctrina de la fuerza vital - vis vitalis - o éter de la vida queda descartada, pues se demuestra, aunque al principio solo con los organismos más simples, que la estructura orgánica de la naturaleza se construye igual que lo inorgánico, lo no vivo. Es totalmente serio y digno pensar que, una vez que se haya comenzado con la producción química de lo orgánico, se podrá concluir [que se producirán seres vivos en el laboratorio], aunque por ahora aún sean pocas las sustancias que se puedan crear de esta manera. Con esto se ha dado experimentalmente la prueba de que las mismas leyes actúan en lo inanimado y en lo vivo. Por lo tanto, es ignorancia si la teosofía todavía dice que la vida en un cuerpo solo puede explicarse mediante un cuerpo vital. - Tal investigador puede decir: lo que la investigación sutil debía aclarar poco a poco, ustedes los teósofos quieren simplificarlo con su fantasioso cuerpo vital. Ustedes afirman que es visible para la capacidad de conocimiento suprasensible, pero por lo dicho arriba queda probado que no se necesita en absoluto, no es necesario. Sin embargo, debe ser un requisito serio inicial para un conocimiento serio no hacer suposiciones innecesarias. - Quien sopese las cosas como deberían hacer los teósofos, debería sentir que hay mucho seriedad y dignidad en tal objeción.
Pero sigamos. La teosofía afirma que, para explicar los fenómenos de la conciencia, se necesita un cuerpo astral y un yo. Se puede admitir lo que incluso investigadores estrictos como Du Bois-Reymond dicen: que aquello que experimentamos como vida interna dentro de nosotros, no es posible que se deban solo a procesos materiales en el cerebro. Supongamos, entonces, que primero debemos prescindir de una explicación y escribir debajo el famoso «Ignorabimus». Pero, ¿es correcto decir que si de la materia surge algo diferente, algo suprasensible, eso es algo independiente? Así podría decir un oponente de la teosofía con cierto derecho. Podría referirse a las fuerzas magnéticas, que, de hecho, emanan de lo inorgánico, del imán, y están ligadas a este imán. Así que a partir de algo material se produce una fuerza tan sobrenatural como el magnetismo. Además, con el desarrollo de otras fuerzas no es diferente, por ejemplo con la gravedad, que está vinculada a los planetas. ¿Por qué no habría de ser igual con lo que conocemos científicamente como estados de excitación del cerebro, y que se manifiesta en la conciencia y en la vida interior del ser humano? No hay ninguna obligación de explicar los fenómenos de la conciencia de otra manera. Incluso lo que aún no se ha investigado se podrá explicar así. En cualquier caso, asumir apresuradamente la existencia de un cuerpo astral para explicar estos procesos es amateur. Incluso cuando todavía estamos forzados a un 'Ignorabimus', debemos esperar tranquilamente a ver qué dirá la investigación seria sobre el tema.Lo que antes en la ciencia era el terror de los terrores, la llamada teoría de las facultades [en psicología], ha quedado atrás. Allí se había construido un sistema que decía: el alma puede pensar, por lo tanto tiene la facultad de pensar. Puede sentir, por lo tanto tiene la facultad de sentir. Así que el alma era un sistema de conceptos de facultades todos encajonados, sin que se entendiera que con eso no se explicaba nada, sino que solo se habían puesto palabras en lugar de algo que no se había explicado en absoluto. Ahora, el adversario puede decir: ¿no es vuestro cuerpo astral y etérico también algo encajonado, incomprendido, como lo era la antigua teoría de las facultades? Esto puede ser objetado con razón.
Entonces, la teosofía no es para alguien que se basa en conocimientos científicos modernos. Para tal persona, la teosofía parece algo amateur comparado con las exigencias de una investigación rigurosa. Además, la teosofía dice: mientras dormimos, el cuerpo astral y el yo con la conciencia dejan el cuerpo humano. Dado que no están presentes en lo que queda en la cama, deben encontrarse en algún lugar, en algún sitio. ¿Dónde más podrían estar sino en un mundo espiritual? Por otro lado, la ciencia seria pregunta: ¿es necesario invocar una explicación especial, sobrenatural, para este estado dormido, si las explicaciones científicas disponibles son suficientes? Es completamente posible explicar el dormir de manera sencilla. El método científico aplicado interpreta el asunto de manera muy distinta, dice: cuando estamos despiertos, el organismo se desgasta. A través de la actividad que ejerce el cerebro excitado en estado de vigilia, se forman toxinas. Si se acumulan tantas toxinas, éstas matan la conciencia por acción mecánica o química, es decir, se produce el estado dormido. Ahora no actúan los órganos que normalmente producen la conciencia, sino otros órganos en la persona que destruyen las toxinas en el cuerpo, las cuales generaron la actividad de los órganos de la conciencia, y así sucesivamente. Una hipótesis de autorregulación de este tipo es completamente posible. Pero si esto es posible para explicar la alternancia entre estar dormido y despierto, entonces no es apropiado decir algo distinto al respecto. La teoría teosófica es, como mínimo, una suposición arriesgada. La verdadera situación solo podrá explicarse poco a poco, y mientras tanto, uno debe aferrarse a lo más cercano y a la explicación más sencilla de estos fenómenos.
¿Cómo sigue ahora la afirmación de la teosofía sobre la repetición de las vidas en la Tierra? La teosofía muestra cómo se desarrolla el ser humano desde niño; eso no podría explicarse únicamente por la herencia. Los hijos de los mismos padres pueden ser completamente distintos, y así sucesivamente. Por lo tanto, debería intervenir algo que no se herede, que ya esté presente en la semilla de vida del ser humano recién nacido, es decir, algo que solo se puede explicar mediante vidas repetidas en la Tierra. Por ejemplo, los gemelos podrían ser diferentes a pesar de la herencia simultánea.
La objeción científica contra esto es la siguiente: Lo que constituye la esencia del ser humano no es algo que se haya heredado solo de un padre o madre, sino de una cadena de ancestros mezclados durante mucho tiempo. Si la teosofía dice además: Si lo atribuís todo a la herencia, ¿por qué hay algo individual en el desarrollo de cada persona? Entonces la objeción es: Las personas deben ser diferentes porque tantas influencias distintas actúan sobre cada individuo en la vida, [lo cual moldea al ser humano desde la infancia temprana]. El genio es un ejemplo particularmente bueno de esto. Aparece con características especiales, que, sin embargo, ya podemos ver en varios antepasados. En el genio, estas características se combinan como una gran suma total. Brentano explica el trabajo del alma en el genio diciendo que es capaz de juntar pensamientos rápidamente, es decir, solo en cierto aumento respecto a la actividad mental humana ordinaria. Pero esta mayor capacidad de movimiento en las moléculas cerebrales solo puede ser heredada. Por otro lado, el investigador del espíritu dice: Eso no tiene mucho sentido. El genio está al final de una línea de herencia; debería estar al principio de la misma si se tratara de transmitirlo a los descendientes. La objeción [en contra] de la mayor excitabilidad del cerebro del genio debe ser aceptada, y por lo tanto se puede concluir desde el punto de vista científico: Por esta mayor excitabilidad el cerebro se desgasta más, ¿es sorprendente entonces que en el organismo genial, debido a este mayor desgaste, la reproducción se vea afectada? Esa es una objeción válida. Pero la ciencia moderna es particularmente escéptica respecto a lo que se llama talento clarividente. Que existen experiencias suprasensoriales, sin embargo, debe ser reconocido. Ese tipo de percepciones se diferencian de la percepción natural. También aparece patológicamente en todo lo que normalmente se llama alucinaciones, por ejemplo. Por lo tanto, no es de extrañar que el científico diga: ¿Dónde está la posibilidad de reconocer la verdad y establecer hechos objetivos? ¿Cómo sabemos que no son simplemente experiencias subjetivas? El investigador riguroso se esfuerza por llamar científicamente solo a lo que se puede verificar objetivamente. Pero los métodos estrictamente científicos de la teoría del conocimiento no son aplicables a los resultados de la formación en ciencias humanas. Lo que supuestamente se muestra al clarividente no es más que un mundo de imágenes. Incluso en los estados patológicos, solo se trata de reminiscencias de lo real. Por ejemplo, se muestra que los clarividentes solo pueden ver un tren desde que existen. En los libros sobre experiencias clarividentes, siempre encontramos solo lo que realmente existía en ese momento, solo que un poco combinado de manera diferente. Al final, se combina esto a partir del calor y frío, luz y sombra de la vida real. Por ejemplo, se dice que el cuerpo astral es azul, rojo, amarillo, y así sucesivamente, es decir, igual que los conocidos colores de pintura física. Son colores de pintura como los físicos, que supuestamente se ven, así que no hay nada nuevo. Tales apariciones tienen un trasfondo patológico, son solo alucinaciones y realmente no aportan nada nuevo a nuestro conocimiento. La mera capacidad de combinar propiedades externas es suficiente para explicarlo por completo.
Tales objeciones deben ser comprensibles para los teósofos como surgidas de una meditación profunda y seria de los contemporáneos más serios. Quien ha envejecido en concepciones científicas no se dejará convencer fácilmente por objeciones teosóficas.
Pero la teosofía también viene con sentimientos y impulsos religiosos, morales y éticos. ¿Puede eso mantenerse?
Aquí surge primero una objeción: Si la teosofía entiende la vida de tal manera que considera la vida presente como el resultado de experiencias pasadas, entonces el interés por la vida disminuye. Una visión así conduce, por tanto, a una educación hacia el fatalismo. Es una parálisis de la vida cuando uno puede pensar: Tengo tiempo, muchos vidas me esperan. - La objeción es en realidad trivial, pero aun así es prácticamente correcta, ya que los humanos son, de por sí, naturalmente despreocupados.
¿Y la perspectiva de un mundo sobrenatural, cómo se manifiesta éticamente? Es necesario que sea de tal manera que disminuya el interés por la vida práctica. Se puede ver esto, por ejemplo, en el artista, que no quiere dedicarse con gusto a lo práctico. Tal concepción de la vida hace que uno sea ascético, hostil a la vida y paralizante en lugar de estimulante. También se ve a menudo entre los teósofos gente maravillosa que vive en una especie de paraíso imaginario. Especialmente las mujeres se vuelven fácilmente soñadoras y alejadas de la vida real. Esto no se puede refutar lógicamente, solo a través de la vida misma.
Además se podría decir: Ustedes han hecho de la ética un resultado del egoísmo. Según su visión, quien hace el bien, espera una recompensa en el equilibrio kármico. Quien hace el mal, o pretende hacerlo, lo evita por miedo al mal correspondiente en la próxima vida. Entonces, ¿la doctrina del karma es realmente una enseñanza de educación? ¡Un egoísmo más alto! Lo que el hombre siembra, debe cosecharlo: en última instancia, este es un principio de vida egoísta. Por lo tanto, la teosofía también es ética y moralmente peligrosa para la vida.
Además, trasladan la justicia divina del mundo al propio ser humano al hacer que él mismo cumpla su destino en varias vidas terrenales. Así, trasladan al ser humano aquello que de otra manera reside en la divinidad fuera de nosotros, como un Dios que castiga o recompensa. El ser humano mismo se diviniza de esta manera. ¿Dónde queda entonces un amor libre hacia Dios, si lo divino se traslada al propio interior? ¿Al interior del ser humano? — El oponente podría decir: Esto está en contradicción con una verdadera visión religiosa del mundo, si se traslada el sacrificio de Dios, la salvación del ser humano por gracia divina, al interior del propio ser humano.
Tales objeciones podrían multiplicarse mucho. La entrega a un Dios externo es una condición básica de la ética y la religión, y eso no se fundamenta en la teosofía. — Así se puede hablar; y los teósofos debemos aprender a entender esto por completo, solo así podemos mantenernos libres del fanatismo. Aquí solo se pudieron dar las directrices más importantes. Deben enseñarnos tolerancia incluso hacia el oponente. No debemos buscar refutar sus razones, sino principalmente esforzarnos por entenderlas.
Ahora se quiere mostrar con un ejemplo cómo se debe entender esto. El filósofo Eduard von Hartmann escribió en 1868 un libro titulado «La filosofía de lo inconsciente». Aunque algunas cosas en él sean poco metódicas y deficientes y no nos sirvan, se basa en ciertos fundamentos intelectuales y toca problemas profundos de la existencia. Este libro causó mucho revuelo cuando apareció. Era la época de la dominación del materialismo más extremo. Curiosamente, este libro afectó a los materialistas fanáticos como, por ejemplo, Haeckel y otros darwinistas. Ellos encontraron el libro extraordinariamente amateur. Aparecieron muchas contrascritos contra el libro. Pero un contraescrito anónimo llamó especialmente la atención. Presentaba de manera particularmente perspicaz todo lo que se podía objetar al libro de Eduard von Hartmann, tan metódica y completamente que, por ejemplo, Óscar Schmidt dijo: "Es una pena que el autor desconocido no se haya dado a conocer". — Haeckel mismo opinó: "Que se nombre, y lo consideraremos como uno de los nuestros". Pronto fue necesaria la segunda edición de esta obra. Entonces este anónimo se reveló: ¡era Eduard von Hartmann! Esta segunda edición ya no tuvo tanto éxito entre los opositores de Hartmann — [las alabanzas pronto se silenciaron.]
Este es un buen ejemplo de que uno puede tener una mejor perspectiva del oponente y juzgar más correctamente la intención del adversario que él mismo.
Se podrían presentar muchas más cosas, pero debemos conformarnos hoy con lo dicho. No hace falta que sean los peores quienes vean surgir cosas malas de la teosofía. Por eso debemos esforzarnos especialmente en aprender a comprender a nuestros oponentes.
He intentado mostrar cómo se puede refutar la teosofía. Pasado mañana se verá si la refutación es definitiva o si aún pueden presentarse razones que, a pesar de que, como hemos visto, esta lucha puede llevarse a cabo con cierto derecho, aún serán válidas.
* ver también Praga, 19 de marzo de 1911
Traducido por J.Luelmo
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