CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 28

GA069e Stuttgart, 27 de noviembre de 1911 -¿Cómo se refuta la teosofía?-

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 RUDOLF STEINER

OBJETIVOS ESPIRITUALES DE NUESTRA ÉPOCA

¿Cómo se refuta la teosofía? *

Stuttgart,  27 de noviembre de 1911

El tema de nuestra conferencia de hoy puede sorprender al principio. Pero la teosofía no pretende únicamente traer comunicaciones de la investigación suprasensible, sino que quiere aportar al vida humana fuerza y alegría para vivir. Quiere ser una especie de arte de vivir, aunque bajo ciertas condiciones. No es algo que busque imponerse rápidamente, sino que la teosofía se nutre de fuentes de conocimiento profundo. Por eso no puede intentar ganar a muchas personas, no es una enseñanza que busque fanáticamente difundirse en amplios círculos. [Una corriente así debe mantenerse alejada del fanatismo.] El rasgo más importante del teósofo debe ser lo opuesto al fanatismo - [la comprensión de las personas debe ser su rasgo característico.] Debe poder penetrar [en otras almas], en el alma de los oponentes [y ganar comprensión de las objeciones justificadas].

¿Y quién negaría que hay mucho donde criticar de la Teosofía, de manera profundamente justificada? La Teosofía o ciencia espiritual habla de los asuntos más sagrados y dignos, y lo hace más para el corazón que para la razón. Y el corazón se inclina fácilmente a entregarse a cosas que prometen elevar la fuerza vital. Para profundizar en lo que significa la Teosofía se necesita un camino largo, que ciertamente aquellos que aceptan la vida teosófica desde el corazón, no todos recorren.

Si alguien se acerca hoy en día a la teosofía, debe admitirse que ha de afrontar grandes dificultades. Se acumulan preocupaciones sobre preocupaciones. Por eso, a alguien con educación científica no le resulta fácil manejarse, si tiene un verdadero sentido de la verdad. Además, hoy en día se llama teosofía a cosas con las que poco se puede hacer. Por eso, antes de pasar a las preocupaciones, primero se deben señalar los rasgos elementales de lo que queremos llamar teosofía.

Primero debemos tener claro la estructura del ser humano. El ser humano no se compone solo del cuerpo físico, ni únicamente de lo que podemos percibir con nuestra mente vinculada al cerebro, sino que se debe afirmar que al cuerpo físico se le integran una serie de miembros superiores, sobrenaturales, es decir, primero el cuerpo etérico o cuerpo vital, del cual el cuerpo físico está completamente impregnado: El cuerpo etérico hace que el cuerpo físico no se someta a las fuerzas del mundo físico externo. Él solo sigue estas fuerzas cuando la muerte lo separa del cuerpo etérico. Entonces, las fuerzas físicas actúan sobre los componentes del cuerpo humano y los llevan a la descomposición y disolución. La existencia de este cuerpo etérico puede comprobarse mediante la investigación clarividente. Pero también se puede entender que es necesario, ya que necesitamos un luchador contra la inevitable descomposición física. Otros seres vivos también poseen un cuerpo etérico mientras sean seres vivos. Incluso las plantas lo tienen.

El ser humano tiene además un alma consciente o un cuerpo astral. Esto lo compartimos con el reino animal. Este miembro es el portador de todo lo que tenemos en nuestra vida en cuanto a instintos, pasiones y deseos. Lo que ya no compartimos con los animales es aquello que llamamos nuestra conciencia del yo humano. El hecho de que uno pueda decirse a sí mismo «yo» hace al ser humano la corona de la creación. Desde el momento en que el niño puede decirse «yo», comienza nuestra conciencia de la humanidad, nuestra memoria. Por lo tanto, distinguimos entre un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y el yo.

Pero no solo por eso se diferencia la teosofía de la concepción común, sino además porque considera el núcleo esencial interior del ser humano, el yo, de manera que no se limita a una única existencia terrenal entre el nacimiento y la muerte. La teosofía quiere mostrar que no todo lo que se expresa en la persona a través del yo, se ha dispuesto solo en una vida. Este núcleo esencial del ser humano proviene, más bien, de etapas de existencia anteriores. El ser humano forma de cierta manera su cuerpo por sí mismo antes de que su conciencia del yo se integre por completo en él. Luego, la teosofía afirma además: después de la muerte, la persona solo se desprende de sus envolturas corporales, pero el núcleo esencial sigue viviendo después de la muerte física, para luego entrar en otra vida física.

El destino cambiante de los seres humanos solo se entiende comprendiendo las vidas repetidas del mismo ser humano en la Tierra. A un ser humano lo vemos miserable e infeliz en la vida, a otro feliz. La ciencia debe preguntarse por las causas de esta extraordinaria desigualdad en los destinos de vida. La ciencia espiritual afirma que la persona se ha forjado su propio destino en vidas anteriores; de acuerdo a cómo viva ahora, así se desarrollará su destino en la vida futura.

Que esto pueda ser así ya se puede ver, hasta cierto punto, en el curso de su destino vital actual. Por ejemplo, si alguien emigra a América, su destino se formará esencialmente según lo que haya sido antes en Europa. Lo que haya aprendido allí será muy determinante para su progreso y para cómo desarrollará su vida allá. Si alguien, por ejemplo, aquí era zapatero o banquero, eso influirá de manera muy significativa en la manera en que se desarrollará su vida al comenzar una nueva en América. Pero luego, cuando haya estado un tiempo en América, habrá aprendido cosas nuevas y se habrá transformado. Para que una persona madure, se necesitan diferentes destinos; es imposible que todo eso ocurra en una sola vida entre el nacimiento y la muerte. Los frutos de las vidas anteriores maduran hacia nosotros en la vida presente, y lo que aprendemos ahora beneficia nuestra vida futura.

La teosofía, por lo tanto, enseña la inmortalidad del núcleo esencial del ser humano. Entre la muerte y un nuevo nacimiento, el alma atraviesa estados completamente distintos, puramente espirituales y de duración más prolongada.

La teosofía dice sobre el estado dormido que en ese estado, mientras la persona esta acostada en la cama, el cuerpo astral y el yo,se desprenden de los cuerpos físico y etérico; es decir, que aquello que es portador de la conciencia, sale junto con el cuerpo astral, y viven una existencia en mundos suprasensoriales.

Todo esto aparece como un sistema cerrado. Veremos, de cierta manera, de qué fuentes obtiene la teosofía el conocimiento de este sistema. Este conocimiento se obtiene mediante la investigación clarividente. ¿Cómo se obtiene esta habilidad? Se puede decir que estas facultades clarividentes pueden despertarse en la persona mediante la meditación. De esta forma, el alma puede convertirse en un instrumento de investigación en lo espiritual, y de manera tan exacta y metódica como, por ejemplo, el químico o el físico utiliza medios físicos para investigar la materia. Así se despiertan fuerzas que están dormidas en el interior del ser humano. Recordemos aquí la frase de Goethe sobre los ojos y oídos del espíritu, que pueden abrirse en la persona.

Después de haber adelantado esto, nos dirigiremos hacia las objeciones contra la Teosofía. Por supuesto, no podemos argumentar todas las objeciones contra la Teosofía. Solo se tomarán algunas que puedan presentar dificultades serias y grandes para una convicción honesta. Quien esté completamente bajo el hechizo de la ciencia moderna puede, al ocuparse primero de la Teosofía, llegar a lo siguiente; puede [con razón] decir: Sí, creo que las mujeres que no son críticas [que no se enfrentan críticamente con la ciencia, sino que siguen el impulso del corazón] y que no han aprendido a pensar lógicamente, pueden dejarse resolver sus enigmas del mundo por esta ciencia espiritual. También, por mí, algunos hombres que simplemente no conocen la ciencia. Solo presten atención a una cosa: Creen necesario tener un cuerpo etérico como portador de las fuerzas vitales en el cuerpo. ¿No saben acaso que con esto retroceden de manera amateur a la época en que se asumía que las sustancias formadas orgánicamente no podían producirse en el laboratorio, sino solo en el organismo vivo? Por eso, en aquel entonces se tenía que suponer que en todo lo vivo estaban activas fuerzas vitales especiales. Pero la investigación avanzada ha mostrado [en el siglo XIX] que en el laboratorio se pueden producir puramente químicamente, igual que en el organismo vivo, las sustancias más simples de este tipo. Con ello, la antigua doctrina de la fuerza vital - vis vitalis - o éter de la vida queda descartada, pues se demuestra, aunque al principio solo con los organismos más simples, que la estructura orgánica de la naturaleza se construye igual que lo inorgánico, lo no vivo. Es totalmente serio y digno pensar que, una vez que se haya comenzado con la producción química de lo orgánico, se podrá concluir [que se producirán seres vivos en el laboratorio], aunque por ahora aún sean pocas las sustancias que se puedan crear de esta manera. Con esto se ha dado experimentalmente la prueba de que las mismas leyes actúan en lo inanimado y en lo vivo. Por lo tanto, es ignorancia si la teosofía todavía dice que la vida en un cuerpo solo puede explicarse mediante un cuerpo vital. - Tal investigador puede decir: lo que la investigación sutil debía aclarar poco a poco, ustedes los teósofos quieren simplificarlo con su fantasioso cuerpo vital. Ustedes afirman que es visible para la capacidad de conocimiento suprasensible, pero por lo dicho arriba queda probado que no se necesita en absoluto, no es necesario. Sin embargo, debe ser un requisito serio inicial para un conocimiento serio no hacer suposiciones innecesarias. - Quien sopese las cosas como deberían hacer los teósofos, debería sentir que hay mucho seriedad y dignidad en tal objeción.

Pero sigamos. La teosofía afirma que, para explicar los fenómenos de la conciencia, se necesita un cuerpo astral y un yo. Se puede admitir lo que incluso investigadores estrictos como Du Bois-Reymond dicen: que aquello que experimentamos como vida interna dentro de nosotros, no es posible que se deban solo a procesos materiales en el cerebro. Supongamos, entonces, que primero debemos prescindir de una explicación y escribir debajo el famoso «Ignorabimus». Pero, ¿es correcto decir que si de la materia surge algo diferente, algo suprasensible, eso es algo independiente? Así podría decir un oponente de la teosofía con cierto derecho. Podría referirse a las fuerzas magnéticas, que, de hecho, emanan de lo inorgánico, del imán, y están ligadas a este imán. Así que a partir de algo material se produce una fuerza tan sobrenatural como el magnetismo. Además, con el desarrollo de otras fuerzas no es diferente, por ejemplo con la gravedad, que está vinculada a los planetas. ¿Por qué no habría de ser igual con lo que conocemos científicamente como estados de excitación del cerebro, y que se manifiesta en la conciencia y en la vida interior del ser humano? No hay ninguna obligación de explicar los fenómenos de la conciencia de otra manera. Incluso lo que aún no se ha investigado se podrá explicar así. En cualquier caso, asumir apresuradamente la existencia de un cuerpo astral para explicar estos procesos es amateur. Incluso cuando todavía estamos forzados a un 'Ignorabimus', debemos esperar tranquilamente a ver qué dirá la investigación seria sobre el tema.

Lo que antes en la ciencia era el terror de los terrores, la llamada teoría de las facultades [en psicología], ha quedado atrás. Allí se había construido un sistema que decía: el alma puede pensar, por lo tanto tiene la facultad de pensar. Puede sentir, por lo tanto tiene la facultad de sentir. Así que el alma era un sistema de conceptos de facultades todos encajonados, sin que se entendiera que con eso no se explicaba nada, sino que solo se habían puesto palabras en lugar de algo que no se había explicado en absoluto. Ahora, el adversario puede decir: ¿no es vuestro cuerpo astral y etérico también algo encajonado, incomprendido, como lo era la antigua teoría de las facultades? Esto puede ser objetado con razón.

Entonces, la teosofía no es para alguien que se basa en conocimientos científicos modernos. Para tal persona, la teosofía parece algo amateur comparado con las exigencias de una investigación rigurosa. Además, la teosofía dice: mientras dormimos, el cuerpo astral y el yo con la conciencia dejan el cuerpo humano. Dado que no están presentes en lo que queda en la cama, deben encontrarse en algún lugar, en algún sitio. ¿Dónde más podrían estar sino en un mundo espiritual? Por otro lado, la ciencia seria pregunta: ¿es necesario invocar una explicación especial, sobrenatural, para este estado dormido, si las explicaciones científicas disponibles son suficientes? Es completamente posible explicar el dormir de manera sencilla. El método científico aplicado interpreta el asunto de manera muy distinta, dice: cuando estamos despiertos, el organismo se desgasta. A través de la actividad que ejerce el cerebro excitado en estado de vigilia, se forman toxinas. Si se acumulan tantas toxinas, éstas matan la conciencia por acción mecánica o química, es decir, se produce el estado dormido. Ahora no actúan los órganos que normalmente producen la conciencia, sino otros órganos en la persona que destruyen las toxinas en el cuerpo, las cuales generaron la actividad de los órganos de la conciencia, y así sucesivamente. Una hipótesis de autorregulación de este tipo es completamente posible. Pero si esto es posible para explicar la alternancia entre estar dormido y despierto, entonces no es apropiado decir algo distinto al respecto. La teoría teosófica es, como mínimo, una suposición arriesgada. La verdadera situación solo podrá explicarse poco a poco, y mientras tanto, uno debe aferrarse a lo más cercano y a la explicación más sencilla de estos fenómenos.

¿Cómo sigue ahora la afirmación de la teosofía sobre la repetición de las vidas en la Tierra? La teosofía muestra cómo se desarrolla el ser humano desde niño; eso no podría explicarse únicamente por la herencia. Los hijos de los mismos padres pueden ser completamente distintos, y así sucesivamente. Por lo tanto, debería intervenir algo que no se herede, que ya esté presente en la semilla de vida del ser humano recién nacido, es decir, algo que solo se puede explicar mediante vidas repetidas en la Tierra. Por ejemplo, los gemelos podrían ser diferentes a pesar de la herencia simultánea.

La objeción científica contra esto es la siguiente: Lo que constituye la esencia del ser humano no es algo que se haya heredado solo de un padre o madre, sino de una cadena de ancestros mezclados durante mucho tiempo. Si la teosofía dice además: Si lo atribuís todo a la herencia, ¿por qué hay algo individual en el desarrollo de cada persona? Entonces la objeción es: Las personas deben ser diferentes porque tantas influencias distintas actúan sobre cada individuo en la vida, [lo cual moldea al ser humano desde la infancia temprana]. El genio es un ejemplo particularmente bueno de esto. Aparece con características especiales, que, sin embargo, ya podemos ver en varios antepasados. En el genio, estas características se combinan como una gran suma total. Brentano explica el trabajo del alma en el genio diciendo que es capaz de juntar pensamientos rápidamente, es decir, solo en cierto aumento respecto a la actividad mental humana ordinaria. Pero esta mayor capacidad de movimiento en las moléculas cerebrales solo puede ser heredada. Por otro lado, el investigador del espíritu dice: Eso no tiene mucho sentido. El genio está al final de una línea de herencia; debería estar al principio de la misma si se tratara de transmitirlo a los descendientes. La objeción [en contra] de la mayor excitabilidad del cerebro del genio debe ser aceptada, y por lo tanto se puede concluir desde el punto de vista científico: Por esta mayor excitabilidad el cerebro se desgasta más, ¿es sorprendente entonces que en el organismo genial, debido a este mayor desgaste, la reproducción se vea afectada? Esa es una objeción válida. Pero la ciencia moderna es particularmente escéptica respecto a lo que se llama talento clarividente. Que existen experiencias suprasensoriales, sin embargo, debe ser reconocido. Ese tipo de percepciones se diferencian de la percepción natural. También aparece patológicamente en todo lo que normalmente se llama alucinaciones, por ejemplo. Por lo tanto, no es de extrañar que el científico diga: ¿Dónde está la posibilidad de reconocer la verdad y establecer hechos objetivos? ¿Cómo sabemos que no son simplemente experiencias subjetivas? El investigador riguroso se esfuerza por llamar científicamente solo a lo que se puede verificar objetivamente. Pero los métodos estrictamente científicos de la teoría del conocimiento no son aplicables a los resultados de la formación en ciencias humanas. Lo que supuestamente se muestra al clarividente no es más que un mundo de imágenes. Incluso en los estados patológicos, solo se trata de reminiscencias de lo real. Por ejemplo, se muestra que los clarividentes solo pueden ver un tren desde que existen. En los libros sobre experiencias clarividentes, siempre encontramos solo lo que realmente existía en ese momento, solo que un poco combinado de manera diferente. Al final, se combina esto a partir del calor y frío, luz y sombra de la vida real. Por ejemplo, se dice que el cuerpo astral es azul, rojo, amarillo, y así sucesivamente, es decir, igual que los conocidos colores de pintura física. Son colores de pintura como los físicos, que supuestamente se ven, así que no hay nada nuevo. Tales apariciones tienen un trasfondo patológico, son solo alucinaciones y realmente no aportan nada nuevo a nuestro conocimiento. La mera capacidad de combinar propiedades externas es suficiente para explicarlo por completo.

Tales objeciones deben ser comprensibles para los teósofos como surgidas de una meditación profunda y seria de los contemporáneos más serios. Quien ha envejecido en concepciones científicas no se dejará convencer fácilmente por objeciones teosóficas.

Pero la teosofía también viene con sentimientos y impulsos religiosos, morales y éticos. ¿Puede eso mantenerse?

Aquí surge primero una objeción: Si la teosofía entiende la vida de tal manera que considera la vida presente como el resultado de experiencias pasadas, entonces el interés por la vida disminuye. Una visión así conduce, por tanto, a una educación hacia el fatalismo. Es una parálisis de la vida cuando uno puede pensar: Tengo tiempo, muchos vidas me esperan. - La objeción es en realidad trivial, pero aun así es prácticamente correcta, ya que los humanos son, de por sí, naturalmente despreocupados.

¿Y la perspectiva de un mundo sobrenatural, cómo se manifiesta éticamente? Es necesario que sea de tal manera que disminuya el interés por la vida práctica. Se puede ver esto, por ejemplo, en el artista, que no quiere dedicarse con gusto a lo práctico. Tal concepción de la vida hace que uno sea ascético, hostil a la vida y paralizante en lugar de estimulante. También se ve a menudo entre los teósofos gente maravillosa que vive en una especie de paraíso imaginario. Especialmente las mujeres se vuelven fácilmente soñadoras y alejadas de la vida real. Esto no se puede refutar lógicamente, solo a través de la vida misma.

Además se podría decir: Ustedes han hecho de la ética un resultado del egoísmo. Según su visión, quien hace el bien, espera una recompensa en el equilibrio kármico. Quien hace el mal, o pretende hacerlo, lo evita por miedo al mal correspondiente en la próxima vida. Entonces, ¿la doctrina del karma es realmente una enseñanza de educación? ¡Un egoísmo más alto! Lo que el hombre siembra, debe cosecharlo: en última instancia, este es un principio de vida egoísta. Por lo tanto, la teosofía también es ética y moralmente peligrosa para la vida.

Además, trasladan la justicia divina del mundo al propio ser humano al hacer que él mismo cumpla su destino en varias vidas terrenales. Así, trasladan al ser humano aquello que de otra manera reside en la divinidad fuera de nosotros, como un Dios que castiga o recompensa. El ser humano mismo se diviniza de esta manera. ¿Dónde queda entonces un amor libre hacia Dios, si lo divino se traslada al propio interior? ¿Al interior del ser humano? — El oponente podría decir: Esto está en contradicción con una verdadera visión religiosa del mundo, si se traslada el sacrificio de Dios, la salvación del ser humano por gracia divina, al interior del propio ser humano.

Tales objeciones podrían multiplicarse mucho. La entrega a un Dios externo es una condición básica de la ética y la religión, y eso no se fundamenta en la teosofía. — Así se puede hablar; y los teósofos debemos aprender a entender esto por completo, solo así podemos mantenernos libres del fanatismo. Aquí solo se pudieron dar las directrices más importantes. Deben enseñarnos tolerancia incluso hacia el oponente. No debemos buscar refutar sus razones, sino principalmente esforzarnos por entenderlas.

Ahora se quiere mostrar con un ejemplo cómo se debe entender esto. El filósofo Eduard von Hartmann escribió en 1868 un libro titulado «La filosofía de lo inconsciente». Aunque algunas cosas en él sean poco metódicas y deficientes y no nos sirvan, se basa en ciertos fundamentos intelectuales y toca problemas profundos de la existencia. Este libro causó mucho revuelo cuando apareció. Era la época de la dominación del materialismo más extremo. Curiosamente, este libro afectó a los materialistas fanáticos como, por ejemplo, Haeckel y otros darwinistas. Ellos encontraron el libro extraordinariamente amateur. Aparecieron muchas contrascritos contra el libro. Pero un contraescrito anónimo llamó especialmente la atención. Presentaba de manera particularmente perspicaz todo lo que se podía objetar al libro de Eduard von Hartmann, tan metódica y completamente que, por ejemplo, Óscar Schmidt dijo: "Es una pena que el autor desconocido no se haya dado a conocer". — Haeckel mismo opinó: "Que se nombre, y lo consideraremos como uno de los nuestros". Pronto fue necesaria la segunda edición de esta obra. Entonces este anónimo se reveló: ¡era Eduard von Hartmann! Esta segunda edición ya no tuvo tanto éxito entre los opositores de Hartmann — [las alabanzas pronto se silenciaron.]

Este es un buen ejemplo de que uno puede tener una mejor perspectiva del oponente y juzgar más correctamente la intención del adversario que él mismo.

Se podrían presentar muchas más cosas, pero debemos conformarnos hoy con lo dicho. No hace falta que sean los peores quienes vean surgir cosas malas de la teosofía. Por eso debemos esforzarnos especialmente en aprender a comprender a nuestros oponentes.

He intentado mostrar cómo se puede refutar la teosofía. Pasado mañana se verá si la refutación es definitiva o si aún pueden presentarse razones que, a pesar de que, como hemos visto, esta lucha puede llevarse a cabo con cierto derecho, aún serán válidas.

* ver también Praga, 19 de marzo de 1911 

Traducido por J.Luelmo

GA314 Dornach, 2 de enero de 1924 -Fantasma del yo y del cuerpo astral por efecto del ácido silícico

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 RUDOLF STEINER

Fundamentos antroposóficos para la terapia

Fantasma del yo y del cuerpo astral por efecto del ácido silícico

conferencia 2

Dornach, 2 de enero de 1924

Ahora me gustaría abordar algunas de las preguntas que se me han planteado, y me parece que hay algunas que siguen siendo especialmente importantes para ustedes. La primera cuestión es la de la gonorrea: para comprender qué hay que hacer realmente, es necesario estudiar la esencia del asunto. Me parece que, precisamente en este ámbito, nos conformamos con demasiada facilidad limitándonos a decir: infección, infección y otra vez infección. Eso es, en realidad, lo que se suele decir. Ciertamente, en estas y otras enfermedades similares existe una posibilidad de contagio realmente extraordinaria y muy elevada; pero del conocimiento del contagio no se deduce, en realidad, en absoluto, el conocimiento de los medios curativos. No sirve de mucho saber simplemente que la enfermedad es contagiosa. Lo único que se obtiene de ello es que, naturalmente, se toman precauciones para reducir los riesgos de contagio. Eso es algo que resulta totalmente evidente. Pero es bueno, precisamente en estos casos, profundizar en lo que realmente está en juego.

Pues bien, hay que tener claro que el organismo humano es realmente un sistema cerrado en sí mismo y que todo lo que se encuentra fuera de él, en mayor o menor medida, resulta tóxico para el organismo humano. Así pues, en realidad, todo lo que se encuentra fuera del organismo humano es tóxico. Sin embargo, existen ciertas adaptaciones en las que, por así decirlo, se aísla el efecto que, en otras circunstancias, sería tóxico. Y este aislamiento de un efecto que, de otro modo, sería tóxico, se produce cuando se unen el semen femenino y el masculino, precisamente para la realización de los impulsos etéricos y astrales. También se da en numerosos casos, pero especialmente cuando se unen el semen femenino y el masculino. El efecto es eminentemente tóxico cuando se unen las dos sustancias de polaridad opuesta. Así pues, el efecto es eminentemente tóxico, pero se aísla y, en ese aislamiento, se expone a las fuerzas del cosmos, que incluso se pueden describir en detalle. Son las fuerzas concentradas del Sol y de la Luna a las que se expone entonces aquello que surge de la unión.

Esta exposición solo es posible si realmente se produce únicamente una interacción entre el semen masculino y el femenino. Con cualquier sustancia ajena al semen femenino, —es decir, generada en órganos que no sean los órganos sexuales femeninos—, el semen masculino libera un veneno inservible tanto en todo el organismo humano como en el mundo exterior. Por el contrario, la semilla femenina, con cada sustancia, —excepto aquella que es secretada por el órgano sexual masculino—, libera un veneno que no puede ser metabolizado. Este veneno es, en el fondo y tras una metamorfosis, en unos casos el veneno de la sífilis y en otros el de la gonorrea. Y con ello nos encontramos ante enfermedades que representan algo esencialmente diferente de las enfermedades sifilíticas que hemos comentado. Nos encontramos ante la generación de toxinas que no soportan ninguna exposición, ni en el organismo humano ni más allá de él.

Pues bien, estas sustancias son, en esencia, también agentes contagiosos tremendamente potentes. Son, en realidad, portadoras de parásitos minúsculos, de organismos hipermicroscópicos. Y nos encontramos ante un efecto de este tipo, es decir, ante una interacción entre la organización astral-etérica en lo masculino y lo femenino, que, al descender hacia lo físico, genera estas toxinas correspondientes. Eso es lo esencial. El riesgo de contagio es secundario. Siempre está presente, precisamente porque de esta manera se generan las toxinas más potentes que existen para el órgano.

Creo que es extraordinariamente importante que se comprendan estas cosas, para que no se sigan contemplando, —diría yo—, los fenómenos correspondientes de la misma manera en que antaño se contemplaba toda la reproducción de la raza humana, al atribuir a los ovarios de Eva el origen de toda la raza humana en todo el futuro de la Tierra. Por supuesto, se trata de una visión muy simplista. Del mismo modo, se simplifica demasiado cuando se dice: «Esta enfermedad es contagiosa; la persona contagiosa vuelve a contagiarse», y, naturalmente, se vuelve a caer en lo indefinido, sin llegar a ningún conocimiento real. Pero si se llega a un conocimiento como el que acabo de esbozar, entonces, naturalmente, uno se pregunta lo siguiente. Entonces se dice: ¿Cómo se puede hacer frente a la acción que se produce en el organismo humano bajo la influencia de este veneno?

Por lo tanto, hay que crear algo a lo que se pueda exponer este veneno, del mismo modo que, por ejemplo, se puede exponer el óvulo fecundado al universo. Hay que crear, por así decirlo, una atmósfera, crear en el organismo astral-etérico una atmósfera que tenga cierta capacidad de absorción, no para el veneno, —que luego se elimina—, sino para que se absorban las fuerzas generadoras de veneno en los planos astral y etérico.

Y ahora bien, precisamente en casos como este suele ocurrir con frecuencia que se deja que las fuerzas curativas actúen conjuntamente desde dos frentes, y en tal caso se podrá producir un resultado realmente positivo si se administra internamente un preparado, por ejemplo, algún carbonato alcalino, y luego se realiza un tratamiento local con compresas, aplicándose localmente compresas fuertes y oleosas de eucalipto, pero dejando que ambas cosas actúen conjuntamente. Esto conducirá sin duda a una curación, quizá lenta, pero a cambio profunda. Porque los carbonatos alcalinos actúan esencialmente de tal manera que, en cierto sentido, crean un cuerpo etérico especial a partir del cuerpo etérico total del ser humano; y el extracto de eucalipto actúa de tal manera que fluye a través de este tracto etérico creado, como si fuera astral. De este modo, se crea efectivamente alrededor del tracto genital una atmósfera que absorbe las fuerzas generadoras de toxinas. Eso es lo que se puede tener en cuenta en este contexto.

¿Hay alguien que quiera decir algo al respecto? En realidad, todas estas cosas no están aquí para debatirlas, sino para probarlas. Demostrarán su eficacia.

Ahora me gustaría abordar concretamente una pregunta que he encontrado aquí, y es la siguiente:

¿Es posible desintoxicar con éxito a un paciente que se ha convertido en adicto a la morfina debido a un asma grave, incluso de la morfina, mediante el tratamiento aplicado por el Instituto Clínico-Terapéutico de Stuttgart, a base de ácido cítrico, Prunus spinosa y Nicotiana tabacum?

El asma es, en efecto, un caso difícil, porque se basa esencialmente en el hecho de que la exhalación, el flujo exhalatorio, encuentra resistencias al pasar por las vías respiratorias. Se atasca, por así decirlo. Esto es algo que se aprecia con gran claridad en el organismo astral.


Por supuesto, siempre resulta un poco problemático registrar estas cosas, pero todos ustedes son antroposofos y, por lo tanto, dan por sentado que las cosas son tal y como se entienden. Así pues, frente a la corriente de aire que emana, se observa efectivamente que desde el plano astral del ser humano sobresalen unas especie de ganchos en los que este se engancha (véase el dibujo). Ese es el hallazgo. Y esto demuestra precisamente que el asma es, en realidad, la forma de enfermedad que se sitúa justo en el límite de las enfermedades puramente psíquicas, con el término psíquico no me refiero a las llamadas enfermedades mentales, sino a aquellas enfermedades que están relacionadas con la vida psíquica. Las enfermedades mentales no tienen por qué estar relacionadas con la vida psíquica, sino que pueden ser simplemente enfermedades físicas, en las que lo psíquico es únicamente un síntoma. Así pues, las llamadas enfermedades mentales no deberían denominarse así en la mayoría de los casos, ya que casi siempre se trata de una verdadera enfermedad orgánica que encuentra su reflejo psíquico, simplemente una sombra, y eso no es más que un síntoma. La mejor forma de curar las llamadas enfermedades mentales es reconocer, a partir de los hallazgos físicos como complejo de síntomas, si se trata de una enfermedad renal, hepática o de una enfermedad cerebral verdaderamente orgánica. Sin embargo, por enfermedades psíquicas entiendo aquellas en las que, por ejemplo, subyacen efectos realmente psíquicos, como los efectos del shock o de la ansiedad y similares, es decir, aquellas en las que existen causas psíquicas. Y en el caso del asma, de hecho ocurre que a menudo hay que remontarse muy atrás en el tiempo para encontrar las causas psíquicas.

Cuando se ha llegado a la edad que yo tengo, uno se ha encontrado con casos de asma de lo más variado, y debo decir que, a menudo, cuando se analizan los casos de asma y se busca la causa de su origen, —es decir, aparte de la causa kármica—, hay que remontarse incluso a la vida embrionaria. Y, de hecho, las causas externas suelen encontrarse realmente en la vida embrionaria. Residen en que la madre haya sufrido conmociones o aflicciones que se hayan repetido de forma irregular una y otra vez durante el embarazo. Este tipo de situaciones ejercen un efecto extraordinariamente fuerte sobre todo el sistema de membranas mucosas de las vías respiratorias, y de ahí surgen ya, durante la etapa embrionaria, las causas de lo que más tarde se manifestará en los síntomas asmáticos.

Ahora bien, en lo que respecta a los síntomas asmáticos, lo siguiente reviste una importancia muy especial: el asma se manifiesta de formas muy diversas, dependiendo de la individualidad de cada persona, y depende en gran medida de que se puedan combatir de forma realmente adecuada las demás secuelas del asma presentes en el organismo. De este modo, se fortalece el organismo lo suficiente como para que, más adelante, pueda actuar por sí mismo para combatir el asma. Y así, me gustaría indicar ahora las posibilidades de cómo abordar precisamente estos problemas, ya que se trata, en realidad, de un movimiento irregular de la vida astral en la zona bronquial y pulmonar.

En el fondo hay algo, diría yo, muy sutil, al igual que el asma es, en general, una enfermedad sutil. Si se examina a un asmático con lo que, si se me permite decirlo así, es una visión oculta, se descubre que, ante todo, lo que está inactivo en él es lo que yo llamaría el «apetito interno» del organismo.

Aclaremos primero este concepto de «apetito interno» del organismo. En realidad, solo se llega a este concepto del apetito interno del organismo cuando se observa a niños muy pequeños. Estos, en realidad, no saborean únicamente con la lengua. Siempre se lo he dicho a los pedagogos: los niños pequeños no saborean únicamente con la lengua, sino que, en realidad, saborean con todo el organismo. Todo el organismo es, en cierto modo, un delicado órgano del gusto. Solo que, más adelante, esta percepción del sabor se localiza, por así decirlo, en torno al paladar, la lengua y demás. Sin embargo, esta diferenciación, que se produce relativamente pronto, es solo parcial. En esferas subconscientes, el ser humano saborea y, por tanto, genera esa experiencia interna del apetito a través de todo su organismo. Sencillamente, todo el organismo posee esa fuerza impulsora que se denomina apetito.

Pues bien, al igual que se experimenta una falta de apetito en el extracto principal aislado, también existe, —y esto ocurre en gran medida precisamente en el caso de los asmáticos—, una falta de apetito de todo el organismo. Y en el asmático esto se manifiesta en que no tiene ningún deseo de asimilar los nutrientes ingeridos, precisamente en aquellas partes que pasan a la circulación general. Incluso siente aversión, aunque no es consciente de ello porque es inconsciente a nivel interno, sobre todo hacia los alimentos cocinados. Esto se puede observar bastante bien a partir de los síntomas externos que aparecen en su vida. Hay que abordar esto en primer lugar. Primero hay que devolverle al organismo el apetito.

Es muy bueno saber cómo tratar a un organismo en el que se cree percibir falta de apetito, es decir, en el que se ha interrumpido la conexión adecuada entre el organismo etérico y el astral, pues eso significa carecer de apetito. Ahora bien, es bueno saber qué es lo que le hace bien. Y siempre es bueno aportar al organismo, en la dosis adecuada, lo que se puede obtener en forma de ácido tánico, por ejemplo, de las hojas de salvia, de las hojas de nogal, de la corteza de roble o de sauce; en resumen, quiero decir, cuando se le aporta al organismo humano la cantidad de ácido tánico que quizá equivalga a la primera décima, solo que en porcentaje. Eso es lo que resulta especialmente importante para el cuerpo astral en un caso así. Este se ve estimulado a extender su actividad al cuerpo etérico cuando se le aporta este ácido tánico. Sin embargo, el cuerpo etérico no reacciona a ello. De modo que solo se provoca un desequilibrio si se aporta ácido tánico de forma unilateral. Por otro lado, también hay que actuar sobre el cuerpo etérico. Y esto se consigue, por ejemplo, preparando un extracto de hojas de Veronica officinalis, de esta verónica, y extrayendo de él, concretamente, las sustancias amargas, esas sustancias amargas que se encuentran en este tipo de plantas, —también se pueden obtener de otras plantas, siempre que contengan estas sustancias extractivas amargas—, y luego se administran alternativamente, —por ejemplo, por la mañana una cosa y por la noche la otra—, con lo que se puede regular el ritmo entre el cuerpo astral y el etérico e iniciar así la curación. Si luego se da al enfermo la indicación de que, con mucha paciencia, durante semanas no se acueste en la cama en absoluto, sino que duerma en una silla, y que, cuando intente conciliar el sueño, medite mentalmente sobre la respiración, es decir, que vea o sienta en su mente: inspiración, expansión del aire, espiración, —respirar de forma totalmente consciente mientras se duerme; cuando se despierte, que vuelva a empezar inmediatamente a respirar conscientemente durante unos minutos. Si se fortalecen de esta manera las fuerzas morales aplicándolas al propio organismo, concretamente a la respiración, pero de tal forma que pueda aplicarlas sin vacilar, —en cualquier otra postura que no sea la de dormir en una silla, sobre todo en posición tumbada, es totalmente imposible que el paciente lleve a cabo el ejercicio—, y si se utiliza esto como tercer acto del tratamiento, cabe esperar que se pueda combatir el asma incluso en estadios muy avanzados de su desarrollo. El morfinismo no es, al fin y al cabo, más que una manifestación secundaria, que se podrá eliminar. Hay que intentar combatir el morfinismo.

Ahora bien, otro caso interesante que se me ha presentado. Pero quiero subrayar expresamente que, naturalmente, se trata de cuestiones más o menos problemáticas cuando no se ve al paciente en cuestión. Se trata simplemente, me gustaría decir, de que el caso también se podría construir de forma ideal, pero vamos a exponer brevemente lo que nos ocupa en el caso de este secretario de correos de cuarenta y cinco años que, a raíz de algo, sufrió una crisis nerviosa y, al parecer, empezó a perder el sueño y entró en un estado en el que el enfermo ya no se controla a sí mismo, en el que solo piensa la mente, es decir, actúa de forma automática. Esa fue, al parecer, la primera fase. Luego, esta fase parece haber dado paso a otra, en la que, al cabo de dos años, empezó a sufrir temblores en las extremidades y, al parecer, también convulsiones en las mismas.

En un caso así, lo más importante será saber, ante todo, que toda esta situación no radica en otros órganos que no sean aquellos que, desde la organización del yo y desde la organización astral, ejercen una influencia directiva sobre el sistema volitivo del ser humano. Lo que hay que tener en cuenta es el sistema volitivo. Y lo irregular y anormal de dicho sistema ya se manifiesta en esta peculiar entrega al automatismo del pensamiento. Esto no tiene nada que ver con los pensamientos, sino con la voluntad que subyace al desarrollo del pensamiento. Pero todo ello tiene como objetivo actuar en lo más profundo del subconsciente, para formar la voluntad propiamente dicha en el mero metabolismo del organismo de las extremidades, separándola del organismo rítmico, separándola del organismo nervioso-sensorial. Existe, pues, una tendencia al traslado de todos los órganos de la voluntad físicos y etéricos hacia el organismo inferior.

Seguramente habría podido percibir claramente lo que digo, incluso a través de los síntomas externos, en un caso así, si hubiera tenido la oportunidad de observar, digamos, a este secretario de correos en algún momento y, de nuevo, dos años después; así se daría cuenta de que, en esos dos años, la relación recíproca entre el labio inferior y el labio superior ha cambiado. Hace dos años le habría parecido que tal vez se daba una relación determinada, no del todo armoniosa, en el movimiento del labio superior respecto al inferior, que daba la sensación de que no encajaban tan bien como en las personas normales, y al cabo de dos años eso se habrá acentuado. El labio inferior habrá continuado con sus movimientos descontrolados más que el labio superior. Podrá observar este tipo de cosas. También podrá observar una relación similar entre las piernas y los brazos en lo que respecta a movimientos que no concuerdan.

Ahora bien, lo importante es que, en un caso así, se debería combinar un tratamiento farmacológico y un tratamiento físico, digamos, con un tratamiento psíquico mediante euritmia terapéutica. Estas dos cosas deben combinarse aquí, y este caso es incluso típico de ello.

En un caso así, aplique baños de equiseto con una concentración bastante elevada de equiseto, con lo que se aprovechará el ácido silícico. El equiseto tiene, como es sabido, un porcentaje muy elevado de ácido silícico, así que utilice baños de equiseto y, gracias a ellos, podrá provocar un refuerzo sustancial de la organización del yo. Pero esto se debe precisamente a la influencia del baño. Existe constantemente el peligro de que, al poco tiempo, vuelva a desaparecer. Se tiende a que se convierta en algo duradero si, una vez finalizado el baño, se realiza vocalización curativa a través de la euritmia, —simplemente vocalizar—, durante una hora. De este modo, se estimula aquello que al principio solo se había iniciado en el baño de equiseto. Y entonces puede esperar, de esta manera, combatir el problema sobre todo desde la periferia, desde el organismo de las extremidades. Hay que intentar encontrar en todas partes el punto desde el que se puedan combatir las cosas.

Ahora bien, me ha llamado la atención este otro caso, que es muy interesante; solo que no se describe con total claridad. Aquí se dice:

Crecimiento de tipo lúpico, cada vez más extenso, de la mucosa del paladar, que provoca dificultades para tragar, en una paciente de treinta y siete años que padeció tuberculosis pulmonar hace siete años, de segundo y tercer grado, pero que ya está bastante curada. Se le operó de cálculos biliares que no existían.

¡Me hubiera gustado saber qué ocurrió inmediatamente después de la operación de cálculos biliares que no existían!

Padece trastornos del tracto digestivo y flatulencias, que se alivian con el ejercicio S de euritmia terapéutica y que últimamente son mínimas; lleva años sufriendo una gran angustia. ¿Podría haber provocado la enfermedad lúpica un ejercicio I realizado con éxito? ¿Qué se debería hacer?

¿Cree usted que realmente se trata de algo parecido al lupus?

También podría ser escorbuto; solo lo parece.

No hay por qué darlo por sentado. En realidad, solo puede tratarse de que la fuerza plástica del organismo etérico simplemente no actúa lo suficiente en las vías periféricas. No puede tratarse de otra cosa. Y habría que remediarlo simplemente inyectando veneno de abeja, quizá en una dilución de la sexta décima, y haciendo que el proceso sea total, lo cual se consigue porque el veneno de abeja estimula muy intensamente el cuerpo etérico para que absorba las fuerzas astrales dirigidas realmente hacia todo el organismo humano.

El veneno de abeja es una sustancia muy interesante. Lo que subyace al veneno de las abejas es, en realidad, un sistema de fuerzas que, al mismo tiempo, constituye la base de toda la estructura del organismo humano. Lo que ocurre en la colmena, —entre la producción del veneno de abeja a partir de la alimentación de las abejas y todo lo que estas ingieren, y lo que luego son las celdas de cera de los panales—, no es algo que afecte a la abeja individual, sino que, para toda la colmena, presenta un parecido asombroso con los procesos orgánicos del organismo humano. Es decir, si se sigue a las abejas desde el momento en que se posan en las flores hasta que regresan a la colmena, secretan los productos que traen consigo y luego construyen las celdas, se observa una actividad de la colmena que, en lo íntimo, en el plano astral, etericamente muy similar a lo que ocurre entre los procesos que tienen lugar internamente en el cerebro cuando un ser humano percibe algo, incorpora sustancias en las facultades de percepción y llega hasta la configuración, hasta esa curiosa configuración de las células óseas. En los panales de abejas se observa algo que ha permanecido blando, algo que se ha conservado de otra forma, a diferencia de lo que se ha convertido en células óseas, y en el hecho de que la abeja se pose sobre la flor se percibe la percepción humana. De modo que, de hecho, todo el organismo humano, en su actividad, está incluido en lo que ocurre entre la succión de las abejas en la flor y la formación de las celdas de cera.

Todo ello se basa, a su vez, en el veneno de abeja como principio organizador procedente de lo espiritual. De modo que, cuando se trata de que pueda observar que, en cierto sentido, el efecto orgánico se interrumpe en la periferia, —no quiere penetrar en ella—, siempre puede obtener muy buenos resultados con el veneno de abeja o de avispa, y luego reforzar desde dentro el efecto de la inyección preparando una papilla líquida de miel y leche, y administrándola como complemento alimenticio diario.

Es algo que realmente se manifiesta de tal forma que se ve el organismo, que se ha contraído sobre sí mismo y que presenta tales manifestaciones anormales en diversas zonas periféricas, vuelve a extender su efecto, por un lado, bajo la influencia del veneno del insecto, que penetra en el sistema circulatorio, y, por otro lado, bajo la influencia de aquello que, en esencia, está relacionado con la leche y la miel, y que se desarrolla y se extiende en el organismo. Esto es lo que, en mi opinión, ya se puede recomendar en un caso así.

Ahora me gustaría hablar de la cuestión que, al parecer, también les preocupa. Se trata de las enfermedades neurológicas, las enfermedades de la médula espinal, etc.

De todas las enfermedades nerviosas, las de la médula espinal son, naturalmente, las más difíciles de tratar. Las demás enfermedades nerviosas son mucho más fáciles de combatir. Pero se podrían tratar mucho mejor las llamadas enfermedades nerviosas si se tuviera en cuenta que en el nervio, en el haz nervioso, en el sistema nervioso en general, existe una sustancia que tiende constantemente a desintegrarse en partes de dos. En el nervio no hay nada, como en otras partes del organismo, de fuerzas constructivas, de fuerzas de brote, de fuerzas de crecimiento, sino que en el nervio está presente por doquier aquello que tiende hacia la organización del yo, en el sentido de que, en realidad, siempre quiere separarse y desmoronarse. Solo hay que impedir continuamente que se desmorone. En el momento en que la organización del yo no es lo suficientemente fuerte como para impedir que los nervios se desmoronen, surgen entonces los fenómenos más diversos. Dependiendo de si es la organización del yo o la organización astral la que no es lo suficientemente fuerte, surgen o bien las enfermedades nerviosas propiamente dichas, —cuando la organización astral no es lo suficientemente fuerte— o, si la organización del yo no lo es, surgen las diversas neuralgias o los distintos estados con síntomas semipsíquicos, etcétera.

Ahora bien, hay que tener claro cómo se puede actuar sobre el sistema nervioso de tal manera que en él surja, por así decirlo, una especie de fantasma del organismo astral y del yo. Esto ocurre realmente cuando se intenta, —en el caso de una enfermedad nerviosa ya grave, no de una parcial—, introducir el efecto del ácido silícico en todo el sistema nervioso. Se trata, por así decirlo, de una especie de postulado: introducir el ácido silícico en la organización nerviosa.

Ahora bien, si no existen obstáculos ni inhibiciones especiales, el ácido silícico llega al sistema nervioso gracias a que existe realmente una afinidad extraordinariamente fuerte entre la estructura del sistema nervioso humano y la sustancia del árnica. Esa afinidad es ya de por sí muy grande. Y si se administran inyecciones de árnica, —por supuesto, en potencias elevadas, como la decimoquinta, la vigésimo quinta o incluso la trigésima—, se observará en la mayoría de los casos que la inyección de árnica surte tal efecto que el enfermo siente por sí mismo el impulso y la necesidad de hacer algo para combatir sus trastornos nerviosos. Porque siempre hay que conseguir que el enfermo se dé cuenta de repente de que: «Lo que hay en los nervios me lo quita algún remedio, y ahora puedo utilizar mi organización del yo, mi organismo astral». En este caso, se trata de una eliminación. En una persona con una enfermedad nerviosa, el organismo del yo y el organismo astral están intensamente ocupados con el proceso nervioso. Hay que introducir en el proceso nervioso algo que imite la organización del yo y la organización astral. Y eso es precisamente lo que hace esa curiosa configuración que se encuentra en el árnica, que, de hecho, es un mixtum compositum de todo lo imaginable, realmente también una especie de imitación microcósmica de todo lo macrocosmico. La sustancia del árnica lo hace de una manera muy especial.

Piense en todo lo que ocurre ahí. En primer lugar está el ácido silícico que contiene el Árnica montana. Esa es la sustancia fundamental. Es tremendamente sensible, un reactivo de gran importancia para todo tipo de influencias cósmicas. Para todo lo que actúa sobre la Tierra, el ácido silícico es un reactivo de una delicadeza extraordinaria. Además, en el Árnica montana existe siempre la tendencia a transmitir estas delicadas percepciones del cosmos, —por así decirlo—, y a plasmarlas de forma plástica en las sales de potasio y también en las sales de calcio, que en el Árnica montana se distribuyen de una manera maravillosa.

Ahora todo el efecto que acabo de describir, imagínenselo en relación con el ácido tánico; ese efecto sobre el organismo astral también está presente en la árnica. De modo que lo que ahora llega desde el cosmos, y que el ácido silícico imprime, por así decirlo, de forma plástica en las sales de potasio y calcio, se introduce directamente en el organismo a través del contenido de ácido tánico del árnica. Entonces, la sustancia del árnica desarrolla, como por arte de magia, un sedante simultáneo, de modo que el ser humano no percibe la inquietud que provoca la intrusión de una sustancia extraña en el correlato físico del cuerpo astral. Y es que en la sustancia del árnica hay algo similar al alcanfor. Así pues, contiene su propio sedante. Además, la sustancia del árnica, maravillosamente incrustada en goma y sustancias similares, contiene proteínas, lo que le confiere afinidad con el cuerpo etérico. Y luego tenemos en su interior componentes fosforosos, concretamente aceites esenciales, gracias a los cuales todo se estructura de tal manera que se convierte directamente en un fantasma del organismo del yo humano.

Por lo tanto, si administra al organismo, —mediante inyección, ya que las demás sustancias no surten un efecto tan potente por vía inyectable—, una sustancia de Árnica montana en la dosis adecuada, observará, por regla general, que, al menos al principio, se produce una fuerte influencia sobre el sistema nervioso. El proceso será el adecuado cuando pueda observar cómo el enfermo se siente ahora con más fuerzas, cómo cree que podrá superar la situación por sí mismo. Hay que provocar esta sensación. Si no se produce, recurra, alternando con el Árnica montana, a aquello que le ayude a potenciar el efecto del Árnica montana también desde el punto de vista respiratorio; es decir, alterne con una inyección de ácido fórmico de concentración bastante elevada. Verá que entonces el proceso podrá desarrollarse.

Por lo tanto, si introducen ustedes en el organismo, —en la dosis adecuada, pero mediante inyección, ya que los demás remedios no surten un efecto tan potente por vía inyectable—, una sustancia de Árnica montana, observarán, por regla general, que, al menos al principio, se produce una fuerte influencia sobre el sistema nervioso. El proceso será el adecuado cuando pueda observar cómo ahora el enfermo se siente con más fuerzas, cómo cree que podrá superar la situación por sí mismo. Hay que provocar esta sensación. Si no se produce, recurran, alternando con el Árnica montana, a aquello que le ayude a potenciar el efecto del Árnica montana también desde el punto de vista respiratorio; es decir, alterne con una inyección de ácido fórmico de concentración bastante elevada. Verá que entonces el proceso podrá desarrollarse.

Si no se consigue esto, es necesario, por supuesto, extraer de la parte en la que se pueda determinar el origen real de la enfermedad, —ya sea en el cerebro o en la médula espinal—, un extracto de la parte correspondiente del sistema nervioso de un animal en alta potencia, y inyectarlo en lugar del ácido fórmico, alternándolo con el árnica. Así pues, si, por ejemplo, sospecha que la enfermedad nerviosa se origina, digamos, en el área visual, tome precisamente la secreción de la sustancia de los cuatro montículos o de una sustancia similar de un animal, extraiga el extracto, utilícelo en una potencia bastante elevada e inyéctelo como complemento de la Árnica montana. Deje que el apoyo llegue precisamente allí donde sea necesario. Estas son cosas que hay que observar siempre.

Sin embargo, precisamente en los tratamientos exitosos con Arnica montana se produce un leve efecto tóxico, —de hecho, debería producirse—, que se puede percibir de alguna manera. Pero siempre verá que este leve efecto tóxico puede neutralizarse tomando por vía oral algún compuesto que contenga potasio. Creo que en lo que acabo de describir hay, de hecho, algo muy esencial para lo que se debería hacer en caso de enfermedades nerviosas, incluso en las de la médula espinal, que solo podían diagnosticarse en la fase adecuada, y en las que habría que abandonar esa mala práctica médica que, sobre todo en Europa occidental, está tan extendida, hasta el punto de que casi todas las enfermedades de tabes dorsal se atribuyen a causas lúeticas de algún tipo. Es una completa tontería. Y si uno se obstaculiza así la visión clara desde el principio, naturalmente no podrá llegar a una conclusión acertada. La mayoría de las enfermedades de la médula espinal no se deben en absoluto a ningún origen sifilítico, sino que tienen su origen en resfriados, —que a la mayoría de las personas les parecen inofensivos—, en el tracto gástrico u otras partes del abdomen, es decir, en general en las regiones abdominales, o bien en el hecho de que la columna vertebral, como tal, haya estado expuesta en alguna ocasión a un resfriado. Lo que ocurre es que, bueno, dadas las conocidas condiciones sociales de las últimas décadas, era muy frecuente que se diera una complicación puramente externa en la que se combinaban la sífilis y la enfermedad de la médula espinal, lo que desviaba la atención y se dejaba de hacer lo correcto, es decir, combatir por separado las secuelas de la sífilis y las de las enfermedades de la médula espinal mediante algo como lo que acabo de describir. En realidad, siempre debería considerarse y tratarse como una enfermedad nerviosa, tal y como acabo de describir.

Ahora bien, lo interesante es que, cuando las enfermedades nerviosas se localizan todavía en el tracto digestivo o incluso en el tracto gástrico y no se extienden más allá de los órganos digestivos, se puede lograr lo mismo, —y esto es realmente extraordinario—, si en lugar de Árnica montana, se utiliza Camomilla y se trata igualmente mediante inyección, manteniendo el resto de los parámetros iguales. Y esto es interesante porque de ello se deduce, —puesto que el Camomilla carece casi por completo de ácido silícico—, que el ácido silícico solo es necesario cuando los nervios se extienden más allá del tracto digestivo. Carece de ácido silícico. En cambio, contiene azufre, que resulta esencialmente muy beneficioso cuando se trata de estimular el cuerpo etérico en el sistema digestivo.

Ahora han surgido algunas preguntas más, pero ya no nos queda tiempo para tratar los temas en profundidad: «¿Cuál es la esencia de la miopía y la hipermetropía?»

¿No es así? ¿Opina usted que se podría influir en estas cosas desde el punto de vista terapéutico? Las causas son evidentes, y a eso no se le pregunta en estos asuntos. ¿Se refiere a cómo se podría influir en ellas desde el punto de vista terapéutico, si se pueden curar únicamente con remedios médicos? Se podrán curar, tanto la miopía como la hipermetropía, y así también prevenirlas, porque tiene toda la razón: es evidente que el glaucoma está estrechamente relacionado con la hipermetropía. Las personas que no son hipermétropes no suelen padecer glaucoma. Pero un tratamiento farmacológico, que sin embargo es posible, solo tendrá éxito si se inicia, tal vez incluso antes de los tres años de edad. Por lo tanto, hay que detectar muy pronto en el niño la predisposición a la miopía o la hipermetropía. En ese caso, se podrá lograr mucho con Belladonna en potencias elevadas. Pero, en realidad, hay que detectarlo antes de que el niño haya aprendido completamente a hablar y a andar. Una vez que el organismo ha alcanzado su estructura física básica, tal y como la ha alcanzado, una vez que ha aprendido a caminar, a mantenerse de pie y a hablar, ya existe toda la tendencia a la formación del cristalino y del cuerpo vítreo, que son la base de la hipermetropía y la miopía. Y entonces, al tratarse de algo puramente mecánico y formal, resulta difícil hacer algo al respecto. En cambio, mientras aún pueda actuar sobre el ojo aquello que está sin formar en los movimientos inquietos, en los movimientos de los brazos aún no orientados y demás en el niño, y que proviene de algo muy íntimo, de una cierta percepción, de una cierta sensación a través de una experiencia provocada por la belladona altamente potenciada, se podría pensar que ahí sí se puede hacer algo. Pero probablemente no será fácil realizar esas observaciones. Esto es lo que hay que decir al respecto.

Lamentablemente, ahora debemos dar por concluidas estas reflexiones. Espero que podamos retomarlas en el momento oportuno. Siempre nos proporcionará una satisfacción muy especial poder integrar, por así decirlo, en la actividad universitaria médica anunciada, el hecho de poder aportar algo a los médicos cuando acudan a este tipo de reuniones. Espero que, en el futuro, esto pueda volver a hacerse realidad de una u otra manera. Pero, en esencia, también será posible que aquellos amigos que se mantengan en contacto con la Escuela Superior de Dornach puedan recibir, de vez en cuando, —nos encargaremos de que se haga de la manera adecuada—, información sobre tal o cual tema cuando lo soliciten. De modo que, si envía preguntas a la dirección, señora Dra. Wegman, daremos respuestas conjuntas, aunque, por supuesto, no en el suplemento de «Goetheanum», sino de una forma que solo pueda llegar a los médicos. Pero creo que debemos organizar el sistema de tal manera que, cuando alguien plantee una pregunta, la respuesta llegue siempre a nuestros médicos antroposóficos, ya que, en realidad, siempre resulta interesante para todos y así es como mejor avanzaremos. Intentaremos también establecer de esta forma la comunicación con los médicos desde aquí, desde Dornach, de la manera adecuada.

Dr. Palmer: Estimado Dr. Steiner, permítame expresarle, en nombre de mis colegas, nuestro más sincero agradecimiento por haber encontrado tiempo para dedicarnos unas horas, a pesar de la gran carga de trabajo que ha tenido durante las fiestas navideñas. Nosotros mismos, que trabajamos en el Instituto Clínico-Terapéutico de Stuttgart, sabemos lo mucho que necesitamos estas lecciones, y nos gustaría pedirle que siga apoyándonos con sus consejos y prestándonos su ayuda.

Lo único que habría deseado es que hubiera habido más horas. Pero, por mucho que lo hayamos pensado junto con la Dra. Wegman, no hemos podido disponer de más de estas tres horas. Como ya he dicho, me hubiera gustado que hubiera habido más horas; ¡pero espero que sea en otra ocasión!
Traducido por J.Luelmo

GA314 Dornach, 1 de enero de 1924 Proceso glaucomatoso y proceso auricular

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 RUDOLF STEINER

Fundamentos antroposóficos para la terapia

Proceso glaucomatoso y proceso auricular

conferencia 2

Dornach, 1 de enero de 1924

Acabo de enterarme de que se ha producido una confusión porque he hablado del tratamiento con mercurio, por un lado, y por otro, de aquel preparado que es utilizado, como ya indiqué ayer,. En realidad, lo que ocurre es, que el tratamiento con mercurio solo se ha mencionado como un método específicamente eficaz, pero que, en realidad, es peligroso y del que se puede prescindir. Así pues, ayer quise dar a entender que el tratamiento con mercurio podía sustituirse por completo por el preparado a base de raíz de tragacanto que mencioné.

Voy a empezar ahora mismo con las preguntas que aún figuran en la antigua hoja de preguntas; al fin y al cabo, mañana también tenemos una hora. Creo que entre las preguntas que nos han llegado recientemente hay otra que guarda relación con este tema: «¿Cómo se puede entender el éxito de la terapia de Salvarsan en la sífilis?».

En primer lugar, se trataría de describir este éxito con mayor detalle. En este tipo de terapia siempre ocurre que, si bien puede haber cierto éxito, también se producen efectos secundarios nocivos. Y en el caso de la terapia con Salvarsan, es totalmente impensable que se pueda hablar siquiera de un tratamiento terapéutico racional, porque, sencillamente, el preparado, al menos tal y como se describe, es de tal naturaleza que desgarra los cuerpos humanos, que destroza a las personas. Nada encaja. En determinadas circunstancias, se le puede administrar al cuerpo lo que se quiera, siempre puede producirse un éxito, pero lo que resulta de ello es, precisamente en el caso del Salvarsan, sin lugar a dudas imprevisible, porque las cosas se contradicen. Por eso solo cabe decir: la terapia con Salvarsan es, en cierto modo, fruto de la mentalidad actual. Y, en el fondo, la cuestión es que no se puede abordar en serio algo así. ¿Quiere alguien añadir algo más al respecto?

Dr. Rascher: ¿Eso se referiría entonces a toda la metaloterapia moderna en general, es decir, también a la terapia con bismuto?

Es cierto, desde nuestro punto de vista se puede pasar por alto la terapia con bismuto. Quiero decir que en mis propios cursos se habla de la terapia con bismuto. Pero el preparado Salvarsan es imposible de pasar por alto. Destruye el organismo. Por supuesto, puede haber preparados de bismuto que hagan lo mismo si se combinan con otros preparados. Pero el efecto del bismuto en sí mismo queda patente en nuestros cursos.

Dr. Noll: ¿Puede un preparado de antimonio ser eficaz contra la sífilis?

El antimonio ejerce su eficacia propiamente dicha entre el tracto sexual y el tracto respiratorio. De modo que con el antimonio se puede tratar todo aquello del organismo humano, que se encuentra entre estos dos tractos; el resto, solo en la medida en que el efecto de un tracto se irradie al conjunto del organismo. Pero tratar específicamente el tracto sexual con antimonio para suplir cualquier carencia que este pueda tener, en realidad, no es posible. De modo que, naturalmente, las secuelas de las enfermedades sifilíticas pueden tratarse muy bien con antimonio, pero tratar la sífilis en sí misma con antimonio no conducirá, sin duda, a una curación completa. El antimonio actúa precisamente sobre la organización media del ser humano, todo el tracto digestivo, la transición del tracto digestivo al tracto circulatorio y, naturalmente, también aquella parte de la circulación que luego pasa a los órganos sexuales. Pero se limita claramente a este tracto.

Dra. Kacer: Los efectos nocivos del Salvarsan ya han quedado suficientemente confirmados por las muertes.

Lo más probable es lo siguiente: el Salvarsan se ha utilizado hace poco tiempo. Los efectos graves alcanzarán su punto álgido en los pacientes al cabo de unos cinco a diez años, quizá también en un periodo de siete años. Pero, lamentablemente, hoy en día no se elaboran estos historiales clínicos. Para el avance de la medicina es mucho, mucho más importante continuar con el historial clínico más allá de la curación. Así se obtiene mucha más información que investigando el estado interno del organismo antes de la enfermedad. Por supuesto, eso puede ser muy importante en determinadas circunstancias, pero, en realidad, suelen ser los factores externos los que revisten una importancia especial.

Una y otra vez me veo obligado a mencionar casos como este: nuestro amigo, el Dr. Haakenson, me trajo un paciente a Christiania. Presentaba erupciones cutáneas inexplicables. Tenía unos cuarenta y cinco años cuando lo trajeron, y el cuadro clínico completo se presentaba, para la medicina convencional, como un complejo de síntomas imposible de definir como un todo coherente. Verán, si se parte únicamente del organismo, no es posible encontrar en absoluto una causa plausible. Por supuesto, en la mayoría de los casos el médico tiene que basarse en lo que le dice el paciente. A este paciente pude decirle directamente lo siguiente. Le dije, —omito ahora los detalles intermedios—: «Debe de haber sufrido algún tipo de intoxicación entre los nueve y los once o doce años de edad».

Poco a poco se fue sabiendo que aquel hombre, que por entonces tenía unos cuarenta y cinco años, una vez, cuando era niño, tuvo sed en el colegio; casualmente, junto al aula había un laboratorio, y en la ventana había una solución diluida de ácido clorhídrico, que se bebió para calmar la sed. Y fue precisamente esa intoxicación la que se manifestó cuando cumplió los cuarenta y cinco años.

Por eso, si se quiere comprender una enfermedad, hay que fijarse precisamente en esta causa externa como lo más importante. Pero después, tras la curación, hay que seguir observando cuidadosamente el organismo para ver qué efectos tiene la curación en él.

Y eso revestiría una importancia muy especial en la terapia con Salvarsan. En la terapia con Salvarsan seguramente no podrá aplicar lo que dije ayer sobre el tratamiento de la sífilis en general. Les propuse una especie de tratamiento meditativo posterior, es decir, con conceptos abstractos que deben llevarse a cabo de forma realmente concienzuda, a ritmos variables: primero con una velocidad creciente y, después, con una velocidad decreciente. De este modo, se podrá sacar partido a una cura psíquica posterior, —que, sin embargo, durará años—, especialmente en el caso de la sífilis, si esta se ha curado de la forma que indiqué ayer. También en el tratamiento con mercurio, aunque no lo recomiendo, sería beneficioso un tratamiento psíquico de seguimiento de este tipo. En el tratamiento con Salvarsan, es probable que, si se realiza dicho tratamiento de seguimiento, en una edad más avanzada se manifieste algo que no se puede llamar «demencia precoz», pero que es muy similar a la demencia precoz en la vida posterior. Mientras que en el tratamiento con mercurio, sin un tratamiento de seguimiento psiquiátrico, se producen síntomas psiquiátricos precisamente como consecuencia de lo que mencioné ayer. Pero en el tratamiento con Salvarsan, precisamente debido a la ruptura, se constatará que, de hecho, se desarrollará una especie de esquizofrenia, sobre todo si se intenta un tratamiento de seguimiento en el sentido psiquiátrico.

Dr. Palmer: Sería muy interesante que nos diera su opinión sobre la denominada sífilis terciaria y sobre la terapia con yodo.

Por lo que se puede decir al respecto, lo esencial es que, precisamente en el caso de una enfermedad tan generalizada como es la sífilis, en primer lugar, con el foco propiamente dicho de la enfermedad y sus ramificaciones; pero, en segundo lugar, dado que la sífilis afecta a todo el ser humano, llegando incluso a la organización del yo, hay que tener en cuenta su contrapartida en el sistema neuro-sensorial. Es posible afirmar de manera esquemática: la enfermedad se localiza en el sistema metabólico-motriz, pero tiene su contrapartida en el sistema neuro-sensorial, al que pertenece, por ejemplo, el tracto laríngeo, todo aquello que está relacionado con la respiración superior en proceso de diferenciación. Estas dos cosas están íntimamente relacionadas entre sí. Lo que se consigue con el mercurio se refiere a la fuente propiamente dicha y a su irradiación. Lo que se consigue con el preparado de yodo se refiere a la parte superior. De modo que los fenómenos que se manifiestan de forma polar en el sistema neuro-sensorial pueden volver a paralizarse mediante el yodo cuando se aplica un tratamiento con mercurio. Esa es, pues, la relación.

Bueno, ayer, como recordarán, expuse básicamente dos partes del tratamiento completo de la sífilis. La primera es la inyección con el preparado; la segunda es un tratamiento de baños, mediante el cual se expulsa la enfermedad. Esto se corresponde, en un sentido mucho más natural y racional, exactamente igual que aquí el mercurio y el yodo. Así es como se concibe, pues. En general, la terapia nos lleva a un equilibrio entre las dos organizaciones opuestas entre sí.

Dr. Palmer: ¿Entonces hay que considerar los «gummata» como secuelas de un tratamiento con mercurio demasiado intenso?

Sí, así es, sin lugar a dudas. ¿Hay algo más que preguntar al respecto?

Dra. Kacer: ¿Cuál es el efecto del arsénico?

El efecto del arsénico, en general, consiste en que este elemento, esencialmente, energiza el cuerpo astral humano. Ese es el fenómeno fundamental del efecto del arsénico. El arsénico, incluso en sus compuestos, actúa con tanta intensidad sobre el ser humano que se puede afirmar: el arsénico energiza el cuerpo astral. Por lo tanto, si utiliza arsénico, especialmente en estado líquido, simplemente en forma de agua de Roncegno y de Levicow en la dosis adecuada, siempre podrá actuar cuando se trate de estimular el cuerpo astral para que, por así decirlo, desarrolle sus impulsos naturales.

Por cierto, en todas estas enfermedades, —tanto en la sífilis como en otras enfermedades de transmisión sexual—, un defecto en el cuerpo astral es siempre, ya sea la causa o la consecuencia. Por eso es totalmente natural que el arsénico también tenga un efecto observable en este aspecto; pero no tiene por qué curar. Su acción es demasiado superficial como para poder hablar de curación.

Dra. ...: ¿En el caso de la sífilis congénita, las circunstancias en el niño son diferentes a las del adulto?

¿Se refiere a la sífilis hereditaria? En el caso de la sífilis en el niño, las circunstancias son, por supuesto, totalmente diferentes. Y en el caso de los niños, si se puede diagnosticar a tiempo, se obtendrán buenos resultados precisamente con un tratamiento a base de arsénico, —no con el tratamiento con Salvarsan, sino con el de arsénico—, utilizando el arsénico en una dilución más fuerte y, a ser posible, mezclándolo con leche, ácido o algo similar para que actúe lo suficiente en el organismo. De este modo, se podrán obtener resultados muy favorables, especialmente en los niños. Porque la lues hereditaria no es, en realidad, una sífilis; la lues hereditaria se diferencia de la sífilis en que esta última, entre los miembros de la organización humana, —especialmente en el adulto—, cuando se ha producido por infección, tiene su efecto esencial en el cuerpo etérico. La hereditaria solo se transmite al cuerpo físico y, por tanto, no se encuentra en el cuerpo etérico. Por lo tanto, si se estimula intensamente el cuerpo astral mediante el arsénico, se puede trasladar el efecto al cuerpo etérico y, de este modo, combatirlo de forma realmente racional en el cuerpo físico. La dificultad de la lues hereditaria radica precisamente en que se ha arruinado por completo aquello a lo que los medios terrenales tienen tan difícil acceso.

Aquí entra en juego lo que expuse en la conferencia general como «sometido a las fuerzas periféricas». Si se quiere ejercer algún tipo de influencia sobre tales deformaciones y degeneraciones —o, en general, sobre los daños relacionados con las fuerzas periféricas—, entonces hay que poner en movimiento de alguna manera también las fuerzas etéricas.

Ahora bien, este espino cerval, del que hablé ayer, tiene la particularidad de que está endurecido, cornificado y, por lo tanto, no está realmente bañado continuamente por fuerzas etéricas. Si se obtienen estas fuerzas etéricas a través de la savia de sus propias flores y hojas, se obtiene precisamente un preparado como el que describí ayer. Esto permite entonces reflexionar de forma racional sobre el tema.

Dr. Palmer: Se vuelve a plantear una pregunta sobre la sífilis terciaria. 

Lo único que se puede decir sobre la sífilis terciaria es que la única forma realmente racional de actuar es no dejar que llegue a ese punto, es decir, intentar detectar la sífilis en su primera fase. Porque, una vez que la sífilis ha pasado a la fase secundaria o terciaria, se presenta un complejo de síntomas tan complicado que dificulta la observación oculta, y que no tiene por qué ser igual en dos pacientes. Solo lo parece exteriormente; interiormente no tiene por qué ser igual. Por lo que resulta muy difícil abordar el asunto, porque, en realidad, se cura por un extremo y, por el otro, reaparece de forma opuesta. Por eso, si hay que adoptar una postura al respecto, solo se puede decir lo siguiente: la sífilis secundaria debe tratarse, por supuesto, tal y como dije ayer, y en el caso de la terciaria se tratará simplemente de lograr, en determinadas circunstancias, una curación, aunque esta siempre seguirá siendo problemática.

Dr. Palmer: En cuanto al proceso del glaucoma y al proceso del oído: el proceso del glaucoma se considera una especie de proceso tumoral; los procesos del oído son procesos purulentos, procesos inflamatorios. Ahora bien, precisamente el ojo, en todo su desarrollo, debe entenderse como un proceso inflamatorio, mientras que en la formación del oído debemos ver un proceso de formación de tumores. ¿Es precisamente esta oposición polar lo que constituye el cuadro clínico del glaucoma, por un lado, y de la supuración del oído, por otro?

¿No es eso evidente? Si en condiciones normales se produce un proceso inflamatorio en el ojo y un proceso tumoral en el oído, entonces el proceso patológico en el ojo debe ser un proceso tumoral y en el oído un proceso inflamatorio, es decir, lo que se manifiesta como lo contrario. Es, por así decirlo, evidente que tiene que ser así.

Pues bien, en esta ocasión quizá sea oportuno hablar de estos procesos polares de la otitis, concretamente de la otitis media. En la otitis se trata, en efecto, de un predominio de la organización etérica en este tracto local. Que esto es así lo demuestra no solo la observación oculta, sino también la simple visión de un estado final, de un estadio terminal de una otitis media, con la adhesión de los órganos y demás.

Ya se puede observar en el organismo físico que se trata de una actividad desmesurada del cuerpo etérico. Ahora bien, hay que tener claro que esta organización etérica desmesurada en este tracto provoca inmediatamente un refuerzo de la organización del «yo» para ese tracto, que se extiende hasta el subconsciente.

Así pues, nos encontramos ante una formación física que no debería existir y que depende de la organización del yo. La mejor manera de abordar este asunto es, en cierto modo, reactivar el proceso respiratorio. A nivel interno, se puede estimular el proceso respiratorio, —de modo que la exhalación sea más viva—, mediante la administración interna de Levistikum en la dosis adecuada. Esto estimula el proceso respiratorio, en sentido contrario a lo mencionado ayer en relación con la formación del glaucoma. Se respira más bien de tal manera que el refuerzo de la respiración se dirige hacia el interior, mientras que en el proceso del Levistikum debe dirigirse hacia el exterior. Es decir, el refuerzo del proceso respiratorio se dirige más bien hacia el interior. Y entonces resultará especialmente beneficioso para la otitis, por extraño que parezca, aplicar también euritmia, euritmia terapéutica, en caso de otitis. Y, concretamente, resultará extraordinariamente beneficioso practicar precisamente las letras L, M y S como euritmia terapéutica. Y es que todo lo que se refiere al oído no es, en realidad, más que un proceso localizado de un proceso que tiene lugar en todo el cuerpo etérico humano. Por eso se puede actuar sobre todo aquello que se localiza en el oído estimulando la respiración de esta manera, —ya que, en realidad, con ello solo se estimula la respiración—, haciendo que se ejecuten las letras mencionadas mediante la euritmia terapéutica.

Ahora me gustaría hablar de algunas cosas más.

Dr....: ¿La euritmia debería ser diferente en caso de otitis y de procesos escleróticos?

Si se trata de una esclerosis, habrá que aplicar preferentemente una euritmia terapéutica vocal. En ese caso, se trataría de vocalizaciones en la euritmia terapéutica. En los procesos inflamatorios, debe tratarse de consonantización, y concretamente de la L, la M, la S y sonidos similares.

Ahora bien, se han planteado otras cuestiones que me gustaría abordar una por una. Resulta especialmente interesante el caso sobre el que se ha preguntado aquí y sobre el que ya contamos con cierta experiencia. Se ha planteado la siguiente pregunta:

¿Es posible aún aplicar un tratamiento en un caso de artritis deformante que lleva décadas presente? Actualmente se está probando con aceite de fósforo al 1 % y estaño. ¿Está también indicada la euritmia consonántica en este caso?

Quizás pueda pedirle al Dr. Palmer que nos exponga muy brevemente nuestro caso de artritis deformante de Stuttgart.

Dr. Palmer: Este caso, que tratamos en su momento y cuya terapia se ha dado a conocer ampliamente, se refería a un caso muy reciente de artritis deformante. Se trataba de la señora X., en la que, tras un tratamiento de cuatro a cinco semanas con aceite de fósforo al 1 % y fricciones con estaño al 4-5 %, remitieron todos los síntomas que anteriormente se habían tratado de otra forma en clínicas. La paciente también realizó en aquel entonces euritmia terapéutica, además del tratamiento farmacológico. En los casos que llegaron a nuestra clínica y en los que aplicamos la misma terapia, naturalmente no obtuvimos los mismos resultados que en este caso reciente. Un niño pequeño, que ya padecía esta afección desde los tres o cuatro años de edad, también fue tratado con aceite de fósforo y Stannum, pero tuvimos que recurrir además a inyecciones de agua de Levico para potenciar el efecto. Este niño se encontraba entonces en una fase inflamatoria muy aguda de artritis deformante en la cadera, y allí también remitieron todos los síntomas, quedando completamente indoloro. Por supuesto, la destrucción de las articulaciones y del cartílago ya era tan grave que, en este caso, ya no cabía pensar en recuperar la movilidad articular.

Por supuesto, ahí radica precisamente la dificultad. Analicemos primero estos dos casos, porque uno de ellos resultará muy instructivo. ¿Qué edad tenía nuestra paciente, la señora X?

Dr. Palmer: Quizás rondaba los veintitantos años, y el chico debía de tener doce o trece años; era el chico estadounidense.

La Dra. Kater dice que su paciente tiene veintisiete años y lleva padeciendo la enfermedad desde los doce; que un segundo paciente tiene cuarenta y cinco años y lleva tres años padeciéndola; y que una paciente tiene unos setenta años.

Ahora bien, la pregunta es si han logrado curarlos. ¿Han aplicado aquí el mismo tratamiento?

La Dra. Kater dice que acaba de aplicar el tratamiento.

El asunto reviste una importancia extraordinaria, porque, en esta enfermedad, depende enormemente de la persona con la que se tenga que tratar. Y se puede afirmar que, en el caso de esta enfermedad, la artritis deformante, es cierto que, en todos los casos, hay que individualizar en cierta medida, ya que la aparición de esta enfermedad está estrechamente relacionada con el desarrollo global de la persona. A veces, ante una enfermedad que aparece en la mediana edad, como en el caso cuya interpretación le pedí en primer lugar al Dr. Palmer, hay que preguntarse: ¿la causa se remonta muy atrás, a la infancia, o las causas se encuentran en años posteriores?

Lo peculiar es precisamente que, dependiendo de la constitución física, —en particular, en caso de debilidad constitucional del cuerpo etérico—, en la mayoría de los casos la causa de la artritis deformante radica en procesos psíquicos, especialmente en personas que, al despertar, hacen descender su cuerpo astral hacia un cuerpo etérico débil, de modo que el cuerpo astral, debido a la debilidad del cuerpo etérico, se vuelve más fuerte de lo que debería ser, ya que no se ve suficientemente atenuado al penetrar en el cuerpo etérico. Así, el dolor, la preocupación, los sustos y la angustia desgarradora que se producen en el alma actúan, de hecho, como causa de esta enfermedad.

Ahora bien, lo peculiar de esto es lo siguiente: si tiene un niño, —tomemos cualquier caso hipotético—, un niño de diez años que, por alguna razón, digamos que debido a un episodio previo de sarampión o algo similar, tiene un cuerpo etérico debilitado, aunque sea solo temporalmente; el cuerpo astral actúa con demasiada fuerza. Por eso, en esta etapa de la vida del niño, —no diré hasta los diez, sino hasta los doce años, ya verán enseguida por qué—, si tiene un educador malhumorado que lo somete a todo tipo de situaciones, de modo que se genera en su interior una discordia anímica, predomina en un primer momento esa angustia infantil. Y ahora imaginemos que llega el decimocuarto año, de forma aproximada, por supuesto; entonces tenemos dos años desde el duodécimo hasta el decimocuarto, y luego otros dos años hasta el decimosexto, y en el decimosexto año existe de nuevo la posibilidad de que, transcurrido el mismo tiempo desde el final del periodo posterior a la madurez sexual que el que transcurrió desde el inicio del trauma antes de la madurez sexual, la situación se repita rítmicamente; pero entonces no surge, naturalmente, una nueva aflicción que tendría que provenir del exterior, sino que aparece la contrapartida orgánica de la aflicción. Entonces, la pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo tarda este proceso, tras los períodos que se van configurando, en volverse debidamente periférico? En el año veintiuno hay de nuevo un período; es decir, en el diecinueve, dos años antes de ese período, y dos años después, a los veintitrés años, vuelve a existir en este niño la posibilidad de que, de alguna manera, el proceso siga avanzando. Ahora bien, la cuestión es únicamente cuánto tiempo tarda este proceso en alcanzar un carácter verdaderamente periférico, de modo que se manifieste como una deformación. En determinadas circunstancias, esto puede extenderse desde los doce años, —donde se encuentran las primeras causas—, hasta los treinta, e incluso hasta principios de los cuarenta. Entonces se presenta un panorama completamente diferente al que se da, por ejemplo, cuando alguien experimenta la causa psíquica por primera vez después de cumplir los cincuenta años o a finales de los cuarenta, momento en el que también puede experimentarse. En ese caso, estas deformaciones surgen desde una profundidad del organismo completamente distinta. Así pues, podríamos decir que, supongamos que nos encontramos ante un paciente que, por lo que a mí respecta, tiene entre treinta y tantos y cuarenta y pocos años y que padece una artritis deformante grave, lo que nos indica que, en realidad, las causas se remontan bastante atrás. En ese caso, en determinadas circunstancias, se podría proponer el siguiente tratamiento a partir de estos datos. Por lo tanto, he planteado un caso ideal en respuesta a su pregunta, y se trataría ahora de que, en un caso así, lo que se ha tratado aquí, —mediante la inyección de arsénico, el estaño, etc.—, se potencie con baños de sulfuro de hidrógeno, es decir, actuando en primer lugar sobre el sistema nervioso y sensorial, sobre el que siempre actúan los baños correspondientes, y afectando así al individuo de forma periférica desde el exterior. Si a continuación se administra desde el interior, por ejemplo, sustancia de árnica altamente potenciada, tintura de árnica o equiseto, —que en este caso serían lo mismo—, se actúa en el mismo sentido desde dentro, y probablemente se logrará la curación incluso en un caso de artritis deformante de larga duración.

Es totalmente cierto que se puede decir: «Este sería un caso que quizá deba tratarse así». Mientras que casos como el primero interpretado por el Dr. Palmer, cuya causa sin duda no se remontaba muy atrás en el tiempo, pueden tratarse con Stannum y con aceite de fósforo. Por eso me ha gustado mucho mencionar este caso, porque resulta muy instructivo observar, precisamente en una enfermedad de este tipo, —aunque muy profunda—, cómo hay que individualizar el tratamiento.

Se describe un caso en el que la paciente pasó por algo similar en su juventud. A los veinte años sufrió una infección gonocócica e inmediatamente después, desarrolló una artritis crónica muy grave. Ahora tiene unos cuarenta y cinco años y se encuentra en un estado realmente desolador.

¡Es casi como si hubiera imaginado este caso hace un momento! Baños de sulfuro de hidrógeno y, por vía oral, equiseto o árnica; si no surte efecto de inmediato, quizá inyecciones.

Dra. Kater: El caso que ha descrito es exactamente el de una paciente mía de veintisiete años. Lo ha esbozado con precisión sin conocerlo.

Ahora bien, aquí también se nos plantea una cuestión interesante: las enfermedades del tracto gastrointestinal como consecuencia de un impacto traumático. Bueno, estas pueden aparecer como consecuencia de un impacto emocional, pero creo que también como resultado de otros efectos psíquicos, por ejemplo, de una pena persistente y similares, que se alimentan constantemente de nuevas fuentes; esto ocurre especialmente en el caso de las mujeres. En estos casos pueden aparecer estados muy dolorosos similares a cólicos. También puede producirse un letargo de todo el tracto gastrointestinal; en determinadas circunstancias, puede llegar incluso a producirse un fallo completo, pero un fallo que, al mismo tiempo, suele ir acompañado de una sensación de dolor. ¿No es más o menos así el cuadro clínico? (Respuesta: ¡Sí!) — Se trata de una enfermedad muy frecuente, y resulta muy interesante observar qué es lo que realmente ha sucedido. En cada uno de estos casos ocurre lo siguiente: el cuerpo astral humano es, como es sabido, un organismo muy diferenciado, y cuando se conoce este cuerpo astral humano, se observa que, en lo que respecta a todos los órganos situados detrás de los órganos sexuales, hacia el tracto renal, y delimitados hacia arriba por el tracto pulmonar y cardíaco, —es decir, en esta zona—, el cuerpo astral se asemeja mucho al cuerpo etérico. De modo que, en realidad, se puede decir que, para este tracto, el cuerpo etérico es el que marca la pauta. El cuerpo astral adopta en sus movimientos y en sus formas lo que hace el cuerpo etérico. Esto es muy diferente en el tracto sexual. En el tracto sexual, el cuerpo astral actúa con gran intensidad por sí mismo y, en cierta medida, reprime la actividad del cuerpo etérico. Cuando se produce un efecto de choque precisamente de este tipo, la actividad que el cuerpo astral desarrolla en el tracto sexual se impone en el tracto digestivo, de modo que se produce un desplazamiento de la actividad astral, y todos los síntomas son entonces los mencionados anteriormente. Y es necesario iniciar realmente aquel proceso que, en tal caso, devuelva al cuerpo astral a su lugar correcto.

Es fundamental comprender esta relación, que en realidad tiene lugar íntegramente dentro de los miembros superiores del organismo humano. Lo demás, lo que ocurre en el cuerpo físico, no es más que una consecuencia, un mero síntoma externo. Lo que ocurre tiene lugar entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral, y concretamente en una zona determinada del cuerpo.

En todos los casos obtendrá resultados si aplica compresas o fricciones con ácido oxálico, es decir, simplemente ácido oxálico, que se obtiene mejor exprimiendo trébol. Exprima el trébol y, de esta forma, obtendrá el ácido oxálico. Así es como resulta más eficaz. Y, por supuesto, lo mejor es utilizarlo mediante fricciones. Es extraordinariamente eficaz para dinamizar el sistema etérico del tracto digestivo. Esto lo activa de forma especialmente intensa. Y ahora debe intentar recuperar ese sistema sexual astral que se ha introducido allí. Lo recuperará bien mediante un preparado de plata por vía oral en la dosis adecuada, bien mediante una inyección de plata administrada en la quinta o sexta décima. La plata, tanto cuando se introduce en el sistema circulatorio como en el digestivo, tiene siempre la tendencia a restablecer las deformaciones de los niveles superiores de organización.

Como pueden ver, si aplican estos dos procesos uno tras otro, obtendrán resultados muy satisfactorios, especialmente en los efectos de choque. Y es que los efectos de choque son, precisamente, extraordinariamente interesantes. Y si ha logrado una curación tras un efecto de choque, si, digamos, se da uno de esos efectos de choque típicos que acabamos de describir, entonces, al seguir observando al paciente, podrán observar lo siguiente. Si saben hacer las preguntas adecuadas, obtendrán del paciente respuestas que serán más o menos así: Es muy curioso: desde que me curé aquella vez, desde entonces mi corazón funciona de forma muy diferente; desde entonces, cuando percibo algo que me asusta, como un disparo de cañón o algo por el estilo, mi corazón reacciona como si quisiera tranquilizarme, como si en él hubiera un ser que quisiera tranquilizarme.

En ello pueden ver cómo, en realidad, en cada intervención reguladora, —no solo en una intervención terapéutica—, se producen procesos polares en el organismo humano. Ese efecto cardíaco del que habla el paciente, que, en esencia, también se desarrolla en los planos etérico y astral, es la reacción polar contraria a lo que usted ha hecho en realidad para restablecer la relación correcta entre el tracto sexual y el tracto digestivo. Esto es lo que hay que decir en relación con este efecto de choque.

Mañana hablaré con más detalle sobre una cuestión interesante, a saber, las enfermedades nerviosas, concretamente las de la médula espinal, que es, por así decirlo, la primera cuestión que figura en la lista. Mañana volveremos a reunirnos a las ocho y media en punto. Ahora solo quiero añadir algo, ya que se trata de un tema realmente de gran actualidad, —al menos así me lo parece—, que también figura aquí en la lista: la enuresis infantil. De hecho, parece que se está dando con mucha más frecuencia.

En el caso de la enuresis infantil, nos encontramos ante una debilidad típica del cuerpo astral. El cuerpo astral simplemente no tiene la fuerza que debería tener. Sin embargo, si en el caso concreto de la enuresis utiliza arsénico, incluso en su forma saludable de agua de Levicow o de Roncegnow, por lo general obtendrá un efecto sí fuerte, pero extraordinariamente breve; precisamente en los casos de enuresis, debido a su organización general, se logrará un movimiento breve de este cuerpo astral, adecuado a su naturaleza. Los niños seguirán mojando la cama; pero sin duda obtendrá buenos resultados si utiliza, en el caso de los que mojan la cama, la sustancia que se obtiene al exprimir las hojas y las flores de la hierba de San Juan, Hypericum perforatum. No sé si sabe que es la única planta que tiene estambres dispuestos en tres racimos. Pertenece a la clase XVIII de Linneo, tiene pétalos amarillos y unas hojas que, al mirarlas a contraluz, parecen estar llenas de agujeros. Si exprime esta planta, obtendrá un jugo. Se debe esencialmente a esa sustancia extractiva amarga que contiene esta planta, una sustancia que actúa de forma muy intensa y duradera sobre la movilidad interna del cuerpo astral y lo fortalece. Y gracias a ello, en determinadas circunstancias, se producirá la curación si además se influye moralmente en el niño diciéndole simplemente que tiene la obligación de prestar atención a sus funciones. Esta influencia moral debería tener lugar precisamente en aquellos casos que, ¿verdad?, se sitúan en la frontera entre las malas costumbres y las enfermedades. No me malinterpreten, por supuesto que sé que se trata de una enfermedad, pero se encuentra en la frontera entre la mala educación y la enfermedad. Y como, de hecho, la voluntad moral tiene una gran influencia, no hay que dejarla de lado. Porque si se trata este tipo de problema en el niño, —por supuesto, se puede tratar con Hypericum—, se debilita la voluntad del niño si no se le estimula al mismo tiempo, si no se le da un impulso en el aspecto moral. Esto es lo que habría que decir en relación con la enuresis.

Entonces, mañana hablaremos sobre los niños con trastornos neuropáticos, especialmente sobre los niños con demencia precoz en sus diversas formas. Después, trataremos algunas otras cuestiones, e intentaré tener en cuenta todas ellas.

Dra. ...: Se pregunta qué antigüedad puede tener el jugo.

No hay que dejar que se quede demasiado tiempo; pero si lo prepara de tal manera que lo exprima lo mejor posible, en una cantidad determinada, digamos, un gramo de hojas y flores mezcladas, mitad y mitad, entonces tendrá la posibilidad de añadirle un vaso de agua, y podrá dividirlo en porciones y utilizarlo de esta manera durante medio año.

Traducido por J.Luelmo