ASPECTOS DE LA TERAPIA (desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual)
Rudolf Steiner
la euritmia terapéutica
Dornach, 18 de abril de 1921
En relación con la euritmia, hoy tengo que decirles que según sea el caso, tendrán que analizarlo detenidamente con los conocimientos que tengan en el ámbito fisiológico y en otros ámbitos. En cuanto a cómo haya que hacerlo, eso les resultará, como si dijéramos, de forma natural. Pero precisamente cuando observamos un proceso espiritual-físico como el que tiene lugar al practicar la euritmia, no podemos sino señalar también las relaciones espirituales-físicas más profundas. Y en este sentido, me gustaría llamar su atención sobre lo siguiente.
En primer lugar, debemos fijarnos en ese proceso del mundo extrahumano que, por lo general, solo se analiza en cuanto a sus detalles y no en cuanto a lo que realmente actúa en su interior. Piensen que, por ejemplo, la formación de la Tierra en realidad se debe, a que actúa una tendencia formadora procedente de la esfera planetaria y que, desde lo que aún se encuentra fuera de dicha esfera, se produce además una formación hacia el interior de la Tierra: fuerzas cósmicas continuas y radiantes, que se expresan en las distintas entidades de fuerza y que irradian hacia la Tierra.
En este contexto, podemos entender estas fuerzas cósmicas, —aunque puedan incluir a su vez todo lo que he dicho anteriormente sobre las irradiaciones—, de tal manera que digamos, actúan hacia el centro y en realidad, forman desde el exterior aquello que hay sobre la Tierra y en el interior de ella. En primer lugar, es cierto que, por ejemplo, toda la metalidad de la Tierra, todos los metales, no se forman esencialmente a partir de fuerzas procedentes del interior de la Tierra, sino que realmente son introducidos en ella desde el cosmos. Ahora bien, a estas fuerzas que actúan a través del éter, —no desde los planetas, pues en ese caso volverían a actuar de forma central; los planetas están precisamente ahí para modificarlas, es la esfera planetaria la que lo hace—, a estas fuerzas podemos llamarlas fuerzas formativas, las fuerzas formativas que actúan desde el exterior. Precisamente en este contexto les pido que comprendan este concepto: las fuerzas formadoras. A ellas se oponen aquellas fuerzas que, en el ser humano y en la Tierra, reciben y consolidan estas fuerzas formadoras, reuniéndolas, por así decirlo, en torno a un centro, de modo que pueda surgir precisamente la Tierra. Así pues, a estas fuerzas que consolidan podemos llamarlas las fuerzas de la consolidación (véase las láminas 1 y 5).
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| lámina 1 |
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| lámina 2 |
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| lámina 3 |
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| lamina 4 |
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| lámina 5 |
Como ven, nos referimos al ser humano, que se forma a partir del cosmos, y si ahora aplicamos los conocimientos que hemos adquirido de alguna manera a través de la anatomía o la fisiología, y los analizamos a la luz de lo que se nos ha dado, entonces empezamos a comprender los órganos y sus funciones. Se trata, pues, de una clave para comprender los órganos y sus funciones, de modo que, en lo que siempre actúa de forma plástica en el ser humano, —lo que, en términos normales, me gustaría decir «plasticado», por un lado, —recurran ahora a la conferencia de ayer—, por otro lado, vive en los movimientos consonantes, que, como dije ayer, provocan precisamente fuerzas imaginativas inconscientes, es decir, una especie de flujo a través del organismo. Así pues, se perciben allí cómo la euritmia consonante se apodera de las fuerzas formativas deficientes en el ser humano, de las fuerzas plásticas deficientes, y las transforma en la plástica adecuada.
Tomemos, pues, a un niño y observemos que presenta una plástica deficiente, que la plástica se desarrolla de forma excesiva. ¿Qué significa que la plástica se desarrolla de forma excesiva? Significa que la plástica actúa de forma centrífuga, hace que la cabeza crezca al actuar de forma centrífuga y, como se vuelve demasiado grande, no le permite impregnarse de la manera adecuada con las fuerzas imaginativas. Hay que aportárselas. Por lo tanto, hay que hacer que el niño practique la euritmia de forma consonántica.
Se plantea aquí una pregunta sobre «un niño de dos años, por lo demás aparentemente sano, con la cabeza grande, pero que, sin embargo, no padece hidrocefalia».
De hecho, en la euritmia consonántica, aplicada correctamente, se encuentra el antídoto para hacer frente a ello. Aquí llegamos precisamente al punto en el que una observación minuciosa de lo morfológico, de lo morfológico más profundo, apunta precisamente al tratamiento mediante la euritmia.
O bien: «Un niño de doce años y tres cuartos, cuyo crecimiento en altura presenta un retraso notable, sin hallazgos orgánicos, aunque portador de oocistos, inteligente, pero que se cansa mentalmente con facilidad». - Un complejo de síntomas extraordinariamente interesante, todo lo cual apunta a que no hay suficientes fuerzas imaginativas, a que las fuerzas orgánicas plásticas proliferan porque no hay suficientes fuerzas plásticas internas, fuerzas plásticas anímicas. Y son precisamente estas fuerzas plásticas anímicas las que destruyen a los parásitos. No es de extrañar, pues, que, al ser insuficientes, la persona sea portadora de lombrices. Por lo tanto, que se le aplique euritmia consonántica y se le habrá administrado el antídoto.
Estas relaciones le indican directamente dónde debe intervenir con la euritmia. Porque si estos fenómenos se manifiestan de forma, diría yo, encubierta, la euritmia puede tener un efecto extraordinariamente beneficioso incluso en esos casos encubiertos, sobre todo si además se aborda el asunto desde un punto de vista terapéutico material.
Así, por ejemplo, se me ha planteado una cuestión interesante. Es natural que tenga que responder a esta cuestión en principio. Si surgieran complicaciones de algún tipo, estas podrían tenerse especialmente en cuenta en el caso concreto; pero aunque haya que combinar algo más con el asunto, este queda perfectamente definido, desde un punto de vista, por lo que allí se puede caracterizar:
Ahora bien, por otro lado, verá, aquí nos enfrentamos a una imaginación objetiva deficiente; también podríamos estar ante una inspiración objetiva deficiente, lo que se manifiesta entonces, —si se me permite decirlo así—, en una deformación del sistema rítmico. Esta deformación del sistema rítmico se manifiesta, sobre todo, en que la inspiración objetiva, que se dirige hacia el interior, no se adapta de la manera correcta al ritmo de circulación. Y ahí se ejerce un efecto normalizador cuando se aplica la euritmia vocalizante. Esta euritmia vocalizante actúa igualmente sobre las irregularidades internas que no van acompañadas de cambios morfológicos, del mismo modo que la euritmia consonante actúa sobre las deformaciones o sobre las tendencias a la deformación.
Antes dije que, efectivamente, puede ser necesario apoyar algo así cuando se manifiesta de forma especialmente radical, como en el caso de la deformación de las articulaciones que acabamos de comentar. En esos casos, es necesario intervenir terapéuticamente para facilitar el proceso de euritmia consonántica, que actúa estimulando, a través de esta imaginación, la respiración interna de los órganos que se extienden desde el exterior hacia el interior, situados más allá de las paredes intestinales: pulmones, riñones, hígado, etc. De hecho, cuando se practica la euritmia consonántica, la parte posterior de la cabeza, los pulmones, el hígado y los riñones comienzan a brillar y a destellar, lo cual es, en realidad, una muestra de la reacción, —la reacción espiritual y anímica—, ante lo que se realiza exteriormente en la euritmia consonántica. El ser humano en su totalidad se convierte en un ser luminoso en estos órganos, y a los movimientos que se realizan desde el exterior siempre se contraponen movimientos luminosos en el interior; y, en particular, en ciertos movimientos de consonantización, surge, —me atrevería a decir—, una reproducción luminosa completa del proceso de excreción del riñón. De cierto modo, se obtiene una imagen de todo el proceso de excreción del riñón en este proceso luminoso que se produce mediante la euritmia consonántica. Y eso se refleja luego en las imaginaciones inconscientes, y todo el proceso en el que esta parte comienza a brillar de esa manera es, precisamente, el mismo proceso que he descrito específicamente como el que tiene lugar bajo la influencia del cuprum; es el mismo proceso. Y aquí es también donde se puede señalar al médico que, de hecho, hay personas que padecen ciertas formas de enfermedad. Ayer mismo me volvieron a presentar, —diría yo, a mi pesar—, estas formas de enfermedad, al traerme, en cualquier caso desde cierto ámbito, unos dibujos extraordinariamente admirados, dibujos pintados, sobre los que se me preguntó si eran de carácter especialmente ocultista. Por supuesto que son ocultistas en cierto sentido, pero resulta extraordinariamente difícil hablar con la gente sobre estas cosas, pues tales fenómenos son un resplandor renal fijado objetivamente, son un proceso de micción fijado objetivamente. En este proceso de micción, cuando se convierte de forma anómala en un proceso de resplandor en ciertas personas con una predisposición patológica, es decir, cuando se produce una cierta obstrucción de la secreción urinaria, —una pura enfermedad del metabolismo—, los riñones comienzan a resplandecer, y cuando se produce esta clarividencia especial, dirigida hacia el interior, las personas empiezan a dibujar frenéticamente. El resultado es siempre bello, siempre bello en un sentido formal y externo. Los colores aplicados siempre quedan bonitos. Por supuesto, la gente no se conforma cuando se le dice: «Sí, has pintado algo muy bonito, pero en realidad se trata de tu secreción urinaria retenida». - Puedo asegurarles que la secreción urinaria acumulada y los deseos sexuales reprimidos, que, en cierto modo, también desembocan en irregularidades del metabolismo, son presentados por personas de naturaleza especialmente mística como dibujos y pinturas profundamente místicos, y que en gran parte de lo que ocurre en el mundo de esta índole hay que ver síntomas de anomalías patológicas de los seres humanos que aún resultan soportables,
Como ven, la ciencia espiritual de orientación antroposófica no es mística en el sentido en que mucha gente la entiende, pues no se hace ilusiones sobre cosas como las que acabamos de caracterizar. Al contrario, investiga precisamente esas cosas. Pero la gente me lo echa en cara. Ya me lo tienen en cuenta por haber llegado tan lejos en las conferencias públicas como para insinuar que, por ejemplo —aunque las cosas no se plasmaran de forma gráfica, sino que se expresaran poéticamente—, la bella poesía de Mechthild de Magdeburgo o de Santa Teresa son reflejos, es decir, reflejos inspirados de lo que son procesos que surgen de la sexualidad reprimida. Por supuesto, a la gente no le resulta agradable que se les describa a una Mechthild de Magdeburgo o a una Santa Teresa: sí, se trata precisamente de personalidades con una fuerte sexualidad, que, sin embargo, precisamente porque se les hizo demasiado intensa, la reprimieron; esto da lugar a ciertos procesos metabólicos y circulatorios, que provocan reacciones que se manifiestan de tal manera que quedan plasmadas en obras poéticas de gran belleza. Sí, este fenómeno, considerado en un sentido más elevado, nos adentra de forma extraordinariamente profunda en los misterios de la existencia. Pero hay que ser capaz de elevarse hasta alcanzar esa perspectiva. Y por eso hay que intuir al menos algo de esos procesos peculiares que se manifiestan como procesos internos cuando se realiza la euritmia de forma externa. Y, sobre todo, cuando se realiza la euritmia de aquello que ahora se esconde interiormente en la poesía, tal y como les mostré ayer, cuando se lee en voz alta un hermoso poema, y a continuación se euritmiza de manera adecuada, tal y como vimos ayer, consonantizando o vocalizando, entonces eso se entrecruza con lo otro, y a lo que se ejecuta externamente en movimientos se suma, también en quien euritmiza, un habla interior y silenciosa. Y si el proceso no se exagera en poemas sensibleros, sino que simplemente discurre de tal manera que es el acompañamiento, el proceso eurítmico que acompaña a los bellos poemas, entonces lo que ocurre en el ser humano no es precisamente ese registro de lo místico, sino que es un proceso que, sin duda, sanifica al ser humano, de modo que se puede decir: Si se practica la euritmia de tal manera que siempre se llame la atención del paciente para que escuche con atención y tome plena conciencia del sonido que oye y del contexto de la frase que oye, —en función de lo cual realiza la euritmia—, entonces se le permitirá ascender directamente hacia las fuerzas formativas externas, hacia las fuerzas de intuición objetiva. Y se hará bien, si se quiere actuar sobre todo aquello que se encuentra en el ser humano como vestigio de lo que ya no ha tenido lugar entre el nacimiento y la muerte, sino que el materialismo denomina «herencia», aunque gran parte de ello proviene precisamente de la vida espiritual y anímica preexistente; es decir, si se quiere actuar sobre lo que se puede denominar defectos congénitos, defectos y demás, entonces se hará bien, sobre todo en la edad juvenil, actuar una y otra vez a través de la euritmia, de tal manera que se inste repetidamente al practicante de la euritmia a que se aclare por completo aquello que oye en lo exterior. De este modo se disipan también todas aquellas tendencias que quieren fijar interiormente lo que, por ejemplo, surge en algo así como el dibujo místico o la poesía mística. Es precisamente lo que se vincula al hermoso poema exterior. Se trata del proceso inverso. Un verdadero místico sabe que aquello que el ser humano refleja como algo anormal en lo bello tiene siempre un lado preocupante. Por el contrario, cuando lo que es bello en el mundo exterior se experimenta interiormente, no se puede decir que se nos presente como una forma especialmente magnífica y bella; al contrario, se esquematiza, se vuelve abstracto por ello, pero abstracto como un dibujo, del mismo modo que un dibujo es abstracto. Pero eso es precisamente lo saludable, eso es lo deseable. Y ¿no es cierto que este hermoso proceso histórico no habría surgido? Pero si, por ejemplo, se hubiera incitado a Mechthild de Magdeburgo a hacer euritmia a partir de buenos poemas, se habría visto a salvo de todo su destino místico. Por supuesto, cuando se llega a este punto, se puede decir: Se llega a un punto en el que, en cierto sentido, el bien y el mal dejan de existir. Se entra en la esfera amoral de Nietzsche, en el más allá del bien y del mal, y, por supuesto, no se puede ser tan filisteo como para decir que todas las Mechthild de Magdeburgo deberían ser erradicadas de raíz. Pero, por otro lado, puede estar seguro de que, desde los mundos suprasensoriales, se velará por que, aunque el ser humano no deje que eso se desborde, se mantengan, de todos modos, los vínculos correspondientes con el mundo suprasensorial.
Ahora me gustaría abordar algunas cuestiones que quizá puedan arrojar algo más de luz, a pesar de que nuestra época ya esté muy avanzada. En primer lugar, me gustaría referirme concretamente a la siguiente cuestión:
«¿No podrían complementarse los ejercicios terapéuticos de euritmia con ejercicios de respiración racionales? No hace falta que sea precisamente hatha-yoga».
Bueno, al respecto tengo que señalar lo siguiente: los ejercicios de respiración racionales que complementan los ejercicios de euritmia, en nuestra época, dada la dirección que ha tomado la naturaleza humana y que sigue avanzando cada vez más en esa línea, solo deben abordarse de la siguiente manera. Se observará, en efecto, que bajo la influencia, sobre todo, de la euritmia vocalizada, surge de forma espontánea una tendencia a modificar el ritmo respiratorio. Eso es lo que se observará. Y ahora nos encontramos ante la dificultad de que aquí no hay que generalizar, ni decir nada en términos generales, sino que primero hay que observar lo que hay que hacer. En cada caso concreto, hay que observar la respiración de una persona a la que, según el resto de los hallazgos, se quiere ayudar de forma curativa mediante la euritmia vocal, y luego hay que hacerle saber que ahora debe continuar conscientemente con esa tendencia. Porque ya no somos personas como lo eran los antiguos orientales, que podían recorrer el camino inverso e influir de nuevo en el ser humano en su totalidad mediante una respiración prescrita. Esto es algo que, en cualquier circunstancia, si se prescribe de una u otra forma, provoca conmociones internas y que, en realidad, debería evitarse. Debemos aprender precisamente a observar lo que nos enseña la euritmia, en concreto la euritmia vocal, sobre su propia influencia en el proceso respiratorio. Y entonces podremos continuar de forma consciente aquello que se manifiesta eurítmicamente en cada caso concreto. Porque allí se puede ver claramente que este proceso, este proceso respiratorio, continúa de una manera determinada, es decir, de forma diferente para cada persona.
Bueno, estos, queridos amigos, son más o menos los temas que aún se pueden abordar. No hay tiempo suficiente para entrar en detalle en algunas cuestiones que, sin duda, aún quedan pendientes. Para terminar, solo quiero decirles con unas pocas palabras, queridos amigos, que deben prepararse para que sus colegas médicos de todo el mundo les planteen una lucha no menos intensa en cuanto se den cuenta claramente de que algo de nuestra naturaleza está ganando terreno, y que ya necesitan la fuerza de convicción capaz de contrarrestar lo que se les opondrá. Por supuesto, lo que se nos oponga nunca debe llevarnos a dejar de actuar, pero tampoco debemos hacernos ilusiones sobre todas aquellas fuerzas que consideramos antagónicas.
También al final de este curso quiero reiterar que me atengo plenamente a este principio en todos los ámbitos: para hacer posible el movimiento que ahora se va a poner en marcha en el ámbito médico, yo mismo no intervendré directamente en los procesos de curación de los pacientes, sino que me limitaré a hablar con ellos, debatir y aconsejando a los propios médicos, de modo que ustedes siempre puedan estar en condiciones de rechazar cualquier intento que pudiera sugerir que yo mismo quisiera intervenir de alguna manera en el tratamiento de forma injustificada. Esto es lo que ya dije al final del último curso. La verdad es que, desde el punto de vista antroposófico, —y esto no se puede ocultar—, se nos pone las cosas extraordinariamente difíciles, porque, naturalmente, la gente nos plantea todo tipo de exigencias en este sentido. De hecho, también ocurre que entre los antroposofos existe la tendencia, no a superar el egoísmo, sino a volverse a veces incluso más egoístas que la gente normal, y entonces, en determinados casos, realmente les da igual la más absoluta indiferencia, lo que sea el bienestar del movimiento, que el bienestar del movimiento se basa en que no se debe llevar a cabo, en cada caso concreto, lo que el mundo exterior denomina precisamente «charlatanería», sino que debe tener lugar el proceso de sanación de toda la medicina, y que este no debe verse perturbado por aquello que el individuo, tal vez a veces, plantea como exigencias a partir de sus aspiraciones personales. Resulta muy difícil, pero hay que llevarlo a cabo en esta dirección, pues solo así podremos salir adelante precisamente en este ámbito si somos capaces de rebatir ante el mundo exterior lo que, por lo demás, también ocurre en nuestro movimiento antroposófico, siempre que se lleve a cabo con comprensión y no sea tergiversado por los que no lo comprenden, tenemos que ser capaces, simplemente por el hecho de saber lo que ocurre en el movimiento antroposófico, de decir: «Lo que allí se dice es sin duda alguna una mentira, es sin duda alguna una invención». - En ciertos casos, simplemente tenemos que poder decirlo siempre. Pero podemos decirlo si estamos interiormente, por así decirlo, iniciados en todo aquello que consiste en los asuntos a los que he llamado la atención aquí, es decir, que yo no intervengo directamente en los procesos de curación, sino que, para curar al paciente, están precisamente aquellos que ejercen como médicos dentro de nuestro movimiento antroposófico.
Al haber tenido que decir esto, no quiero añadir nada más que esto: que precisamente en vosotros estas ideas, —que, debido a la brevedad del tiempo, a menudo solo han podido quedar en insinuaciones en este curso—, puedan seguir madurando, y que surtan efecto de la manera adecuada para el bien de la humanidad. Esperamos tener la oportunidad de continuar de alguna manera lo que ya hemos iniciado en dos ocasiones, y al menos nos esforzaremos por llevarlo adelante de alguna forma. Con este deseo concluyo estas reflexiones, queridos amigos, y espero que, en todos estos aspectos, nuestras acciones estén a la altura de nuestros deseos. Ha sido una gran satisfacción veros aquí. Será una satisfacción recordar los días que habéis querido pasar aquí precisamente para enriquecer la ciencia médica, y los pensamientos que nos unen os acompañarán, queridos amigos, en los caminos que recorreréis para llevar a la práctica aquello que aquí hemos intentado, en primer lugar, suscitar en nuestros pensamientos.
Traducido por J.Luelmo





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