CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA181 Berlín, 25 de junio de 1918 - Los sueños son imágenes de la realidad cotidiana, que a su vez es imagen de la realidad suprasensible.

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RUDOLF STEINER

LOS SUEÑOS SON IMÁGENES DE LA REALIDAD COTIDIANA,

QUE A SU VEZ ES IMAGEN DE LA REALIDAD SUPRASENSIBLE


Berlín, 25 de junio de 1918

Hoy me gustaría volver sobre varios temas y ampliar lo que se ha debatido aquí a lo largo del tiempo, porque quiero sentar las bases para algunas otras consideraciones fundamentales que queremos abordar aquí en un futuro próximo.

En la investigación en ciencias espirituales, a las dos formas de conciencia que todo ser humano conoce, —la conciencia onírica y la conciencia diurna habitual, en la que vivimos desde que nos despertamos hasta que nos dormimos—, se añade una tercera, la que llamamos conciencia contemplativa. Sin embargo, en la vida cotidiana solo conocemos la conciencia onírica como una especie de interrupción de la conciencia continua. Pero esto se debe únicamente a que el ser humano solo recuerda una pequeña parte de sus sueños. En realidad, sueña continuamente desde que se duerme hasta que se despierta, y lo que solemos llamar el contenido de nuestra conciencia onírica no es más que aquellas partes de nuestras experiencias oníricas totales que el ser humano recuerda en su vida diaria despierto. Desde el punto de vista de la ciencia espiritual, debemos decir que conocemos tres niveles o tres tipos de conciencia: la conciencia onírica, la conciencia diurna habitual y la conciencia contemplativa, que está abierta al mundo suprasensible.

Ahora les resultará fácil familiarizarse con una característica de cada uno de los siguientes estados de conciencia en relación con el anterior, si empezamos por arriba, por la conciencia observadora. Basta con pensar en la conciencia onírica: ésta nos proporciona imágenes. Sabemos que las experiencias oníricas son imágenes. Si se es prudente, no podrá clasificar fácilmente estas experiencias oníricas en el contexto causal de la vida cotidiana. Si lo hiciera, mezclaría la vida onírica con la vida cotidiana y se convertiría en un fantasioso. Por lo tanto, en las experiencias oníricas nos enfrentamos a imágenes, en contraposición a la realidad. Llamamos realidades a las experiencias cotidianas.

Pero si buscamos la relación entre las experiencias cotidianas habituales y el contenido de la conciencia contemplativa, encontramos algo muy similar. Porque lo que la conciencia contemplativa experimenta como realidad espiritual y suprasensible, es una imagen de lo que experimentamos en la vida cotidiana habitual, desde que nos despertamos hasta que nos dormimos. Así pues, en la medida en que el ser humano se encuentra en la conciencia contemplativa, es decir, en un estado despierto, puede decir sin duda alguna, aunque debe hacerlo con prudencia: en esta conciencia contemplativa experimento una realidad verdadera, y frente a esta realidad, lo que normalmente se denomina realidad no es más que una suma de imágenes.

Expresado de forma tan abstracta, no tiene mucho valor. Sin duda, muchas personas se sienten bastante satisfechas cuando expresan estas cosas de forma abstracta. Creen que con estas expresiones abstractas resuelven los enigmas del mundo. Pero no es así. Algo así solo tiene valor si se aborda lo concreto, lo inmediato de la práctica de la vida. Sin embargo, esto solo es posible en determinados ámbitos.

A lo largo del tiempo, les he llamado la atención sobre un ámbito que debemos considerar una y otra vez si queremos avanzar en las ciencias espirituales. Se trata del ámbito, —el más cercano a nosotros, pero a menudo tan lejano a nuestro conocimiento—, del ser humano mismo. Por lo general, se cree que se conoce al ser humano físico, pero no al ser humano suprasensible. Pero esto solo es cierto hasta cierto punto. Lo que en la vida cotidiana llamamos anatomía y fisiología está envuelto en innumerables ilusiones. Hoy queremos partir, aunque solo sea aparentemente, de la forma exterior del ser humano: del ser humano físico. Para ello nos referiremos a la tripartición del ser humano físico que ya he mencionado en otras ocasiones.

Si consideramos al ser humano en su relación con el mundo suprasensible, es decir, tal y como es en imagen, y no como una realidad en el sentido de la anatomía y fisiología convencionales, se divide en tres partes estrictamente diferenciadas, también en lo que respecta a su forma física externa: el ser humano cefálico, el ser humano que se concentra preferentemente en la cabeza, el ser humano del tronco y el ser humano de las extremidades o de los miembros, solo que debemos imaginar que este tercer ser humano no solo está formado por brazos y piernas, sino que estos miembros continúan sus «entradas» en contraposición a las «salidas», y que esto es el ser humano completo. Consideremos estos tres. En realidad, no se podría hablar realmente de tres seres humanos sin pecar contra la realidad de lo suprasensible, porque en relación con lo suprasensible del ser humano, estos tres miembros mencionados tienen una diferencia muy considerable entre sí.Las diferentes fuerzas, o digamos corrientes de fuerza, que participan en la formación de estos miembros de la figura humana, se dirigen hacia direcciones muy diferentes. Si se examina la figura humana con conocimiento suprasensible, se ve que la cabeza está realmente formada de tal manera que hay que buscar sus fuerzas formativas antes del nacimiento o la concepción. Hay que retroceder al mundo espiritual, no a la corriente física de la herencia. Tal como está formada la cabeza del ser humano, —hay que entrar entonces, sin duda, en la formación más sutil—, en esta formación participa preferentemente todo lo que en el mundo espiritual impregna las fuerzas del alma humana antes de que, a través del nacimiento o la concepción, se haya unido a la corriente física de la herencia. Y lo que más influye en la formación de la cabeza no es tanto lo que el ser humano ha vivido en su vida terrenal anterior, no en cuanto a su apariencia, sino en cuanto a su comportamiento, sus actos y, en parte, sus sentimientos. Cuando el conocimiento extrasensorial ha llegado tan lejos que ha despertado en sí mismo el sentido de tal forma, entonces mira desde la configuración de la cabeza hacia lo que se denomina la encarnación anterior. Allí se tocan secretos extraordinariamente significativos del desarrollo humano. Y más de lo que suelen suponer los iniciados de menor rango, la forma de la cabeza humana está relacionada con el karma, tal y como se desarrolla a partir de la encarnación anterior.

Omitamos ahora al hombre del torso y centrémonos en el hombre de las extremidades, pero con sus prolongaciones hacia el interior. En este hombre de las extremidades tenemos algo que no se nos presenta de una forma tan marcada y tan individual como en la cabeza humana. Cada persona tiene su cabeza formada individualmente, porque la cabeza se remonta a vidas terrenales anteriores. En lo que respecta al organismo de las extremidades, con la cual están esencialmente relacionados los órganos sexuales, el ser humano apunta a sus vidas terrenales posteriores. Allí todo está aún indiferenciado. El correlato anímico de este organismo apunta a las vidas terrenales posteriores. También es muy importante tener en cuenta la organización del tronco. Es una interacción de fuerzas que actúan en la vida espiritual humana antes del nacimiento o la concepción y después de la muerte, es decir, entre la muerte y el siguiente nacimiento. Así pues, lo que ha rodeado al alma entre la última muerte y esta concepción o este nacimiento actúa junto con lo que la rodea entre esta muerte y la siguiente muerte o concepción. Se entrelaza. Y este entrelazamiento de fuerzas actúa en el organismo del tronco humano, de tal manera que se manifiesta principalmente en lo que es más destacado en la actividad de la organización del tronco, osea en el proceso respiratorio, de modo que la exhalación es preferiblemente una imagen, —ahora también llego aquí a la expresión «imagen»—, de lo que ha sucedido con el alma desde la última muerte hasta esta concepción; y la inspiración es una imagen de lo que sucederá en torno al alma y dentro de ella entre la muerte que nos sobrevendrá tras esta encarnación y la próxima concepción o nacimiento. 

Aquí tienen un ejemplo concreto en este ámbito. Lo que la anatomía y fisiología convencionales consideran en la forma humana, lo consideran de tal manera que colocan las cosas una al lado de la otra: aquí la cabeza, el tronco y las extremidades son, de la misma manera, una suma de nervios y vasos sanguíneos. El conocimiento suprasensible debe distinguir las cosas; para él, los diferentes miembros de la forma tienen valores diferentes. Así es como la anatomía y la fisiología comunes ven las realidades inmediatas. Nuestra ciencia espiritual ve en la forma de la cabeza la imagen de los actos y sentimientos de la encarnación anterior; ve en la exhalación, tal y como se configura individualmente en cada persona, —pues cada uno tiene, en la medida en que su cabeza está diferenciada, también diferenciado el proceso respiratorio—, una imagen de las fuerzas que rodeaban al alma entre la última muerte y el próximo nacimiento, y el proceso de inspiración es una imagen de las fuerzas que rodearán al alma entre la muerte actual y el próximo nacimiento. Y en el proceso de las extremidades ya tenemos una imagen de la próxima vida terrenal. Así, de hecho, al igual que en los sueños la vida cotidiana se entreteje con imágenes, la vida suprasensible, magníficamente extensa, que se abre a la conciencia contemplativa, se entreteje con imágenes. Pero estas imágenes son nuestra realidad dada, dada en la vigilia. Llegamos así a la conclusión de que cada mundo fenoménico sucesivo, comenzando por la conciencia contemplativa, lo encontramos como imágenes de los siguientes fenómenos. Nuestra realidad prosaica es imagen de la realidad suprasensible, y nuestra realidad onírica es imagen de la realidad ordinaria que se capta en la vida cotidiana.

Lo que digo aquí solo se hace realmente evidente para la conciencia observadora, por la sencilla razón de que en la forma exterior por sí sola no se puede encontrar lo que acabo de mencionar. Supongamos que alguien tuviera un grado bajo de clarividencia, precisamente aquella clarividencia en la que se intuye más de lo que se capta con plena lucidez, entonces podría llegar a intuir lo que acabo de decir a partir de la percepción de la cabeza, el torso y las extremidades. Ni siquiera sería especialmente difícil para un grado bajo de clarividencia. Pero no se tendría certeza; apenas se estaría convencido de ello si no se pudiera examinar críticamente mediante esa clarividencia que ahora también capta los estados de conciencia correspondientes a lo que acabo de mencionar como miembros de la forma humana. Porque esta cabeza no solo es tal en su forma exterior que remite a vidas anteriores, sino que también, en lo que respecta a su alma, se diferencia bien de las otras partes del ser humano, pero también se diferencia de manera notable en sí misma. El asunto solo se oculta a la conciencia ordinaria. Porque esta o bien sueña, o bien, durante el contenido de la realidad cotidiana, —pero sin darse cuenta—, tiene algo diferente para la cabeza del ser humano, si se me permite utilizar esta expresión: subyacente. Lo que quiero decir es lo siguiente: en la conciencia despierta, atravesamos nuestras experiencias cotidianas; a través de la conciencia que nos transmite nuestra cabeza, nos llenamos de percepciones externas, de imágenes que nos llegan a través de los sentidos y de lo que nos imaginamos sobre estas imágenes sensoriales. Todo esto es tan vívido, tan intenso para la conciencia despierta habitual, que una conciencia más sutil, que fluye continuamente por debajo, —por eso dije que está subyacente—, una conciencia profunda, que no resuena tanto como la conciencia diaria, pasa desapercibida.

Nuestra cabeza sueña continuamente aún cuando estemos despiertos. Lo importante es que nuestra cabeza, más allá de la conciencia diaria, tiene un sueño continuo. Se puede llegar a este sueño continuo; no es necesario realizar ejercicios muy complejos para ello. En realidad, solo hay que intentar entrar en ese estado de la vida anímica en el que se tiene una conciencia vacía, en el que la conciencia está despierta, pero no tiene percepciones ni pensamientos. En la vida cotidiana, las cosas suceden de tal manera que o bien estamos orientados de alguna manera hacia el mundo exterior de las percepciones, o bien tenemos imágenes memorísticas de estas percepciones, o bien pensamientos emergentes que también están relacionados con estos recuerdos. Más a menudo de lo que creemos, nos entregamos a la mera conciencia despierta, pero no nos damos cuenta. Es algo confuso. Pero si intentan tener en su estado de ánimo lo que yo llamaría «nada más que estar despiertos», nada que provenga ni de percepciones externas ni de recuerdos de ellas, ni de pensamientos recordatorios, si simplemente intentan estar despiertos, pronto surgirán percepciones que no estarán tan bien vestidas con ideas.  Estas ideas que surgen tienen algo de vago y emocional. Se podría decir que parecen imágenes, pero no tienen el peso de las imágenes. A menudo nos encontramos con personas que se encuentran en este estado. Dicen: Hay un estado de ánimo en mí en el que percibo algo que no puedo describir; lo percibo, pero no es una percepción como la que se tiene del mundo exterior. No es incorrecto que las personas hablen así, y hay muchas más personas de lo que se cree que, una vez que se les conoce, pueden comunicar este tipo de cosas.

Lo que surge es el tejido de esa conciencia subyacente de la que he hablado. Y esa conciencia subyacente es una especie de sueño. Pero, ¿qué se sueña? Se sueña, realmente se sueña, con la encarnación anterior, con la vida terrenal anterior. Solo que entonces la interpretación resulta difícil. Pero lo que se encuentra en la conciencia, en la conciencia de la cabeza, es el sueño de la vida terrenal anterior. De esta manera subjetiva que he descrito, se puede encontrar el sueño de la vida terrenal anterior, aunque la interpretación sea difícil. Hablaremos de ello más adelante.

Así, lo que describí como la cabeza humana es también algo complicado desde el punto de vista psíquico, ya que en realidad confluyen dos conciencias: la conciencia habitual del estado de vigilia y la conciencia onírica subyacente, que es una especie de reflejo de la encarnación anterior.

Podemos dar otra característica interesante del alma si nos fijamos en otro polo del ser humano: el ser humano de las extremidades, el ser humano de los miembros. Este ser humano de los miembros también es anímico, es decir, en su correlato anímico, lo que le corresponde anímicamente, es en realidad complicado. A menudo he señalado que dormimos en lo que respecta a este ser humano de las extremidades, mientras que estamos despiertos en lo que respecta a nuestra cabeza. Y nuestra voluntad realmente parece estar dormida. Solo tenemos la idea de lo que nuestra voluntad lleva a cabo. Cuando alguien lleva a cabo la idea «muevo la mano», nadie es consciente de cómo se relaciona esto con todo el aparato orgánico. Es tan subconsciente como los procesos mientras se duerme. El dormir impregna continuamente la conciencia diurna de este ser humano de las extremidades, y lo hace sumergiendo la voluntad del ser humano en un estado dormido.

Pero lo curioso es que cuando por la noche, mientras se duerme, el ser humano sale de su cuerpo físico, es decir, cuando el yo y el cuerpo astral abandonan los cuerpos físico y etérico, cuando la conciencia y la autoconciencia no funcionan o solo lo hacen de forma embotada, entonces, en cierto modo, este ser humano extremadamente físico se despierta. Solo que el ser humano, tal y como se encuentra ahora en su desarrollo, no tiene la posibilidad de descubrirlo con su conciencia habitual. Como solo puede ejercer su conciencia de forma embotada mientras duerme, no puede seguir con su conciencia lo que el ser humano de las extremidades, que duerme durante el día, realmente realiza por la noche, cuando la autoconciencia no se encuentra dentro del cuerpo físico. También es una forma de soñar. Este ser humano de las extremidades sueña por la noche. Al igual que la cabeza sueña durante el día bajo la conciencia diurna clara, el ser humano de las extremidades sueña mientras duerme bajo la conciencia somnolienta, se podría decir que en paralelo a la conciencia adormecida. ¿Y qué sueña? Sueña con la próxima encarnación terrenal. Como seres humanos, no solo llevamos en nosotros el pasado y el futuro en relación con nuestra forma física exterior, sino que también llevamos en nosotros, en nuestra vida anímica, en forma de sueños normalmente imperceptibles, en forma de todo tipo de conciencia subyacente, vidas terrenales pasadas y futuras.

Y es que en el ser humano torácico, los procesos de inhalación y exhalación no son seguidos con claridad por la conciencia ordinaria, sino que las funciones orgánicas están más estrechamente vinculadas a tales procesos. Precisamente estos procesos de inspiración y espiración son seguidos por los orientales, —lo que ya no nos resulta adecuado, debemos entrar en la conciencia contemplativa de otra manera—, de tal manera que se elevan a la conciencia. El oriental, como buscador espiritual, intenta adormecer y suprimir la conciencia de la cabeza y, en cambio, estimular e iluminar la conciencia torácica. Realmente intenta llevar a cabo el proceso de respiración de tal manera que surja la conciencia en la respiración. Se trata de una conciencia diferente. Al seguir el aire inhalado a medida que se expande por el organismo y al seguir el aire exhalado a medida que sale y abandona el cuerpo, eleva a la conciencia lo que de otro modo permanecería inconsciente. Esto le lleva a tener una conciencia muy clara de lo que representa el proceso respiratorio, es decir, de la vida en el mundo espiritual entre la muerte y el nacimiento. El conocimiento claro, del que el occidental en realidad no tiene ni idea, que hoy en día sigue estando mucho más extendido en Oriente de lo que se piensa, —por eso los orientales y los occidentales a menudo tienen tantas dificultades para entenderse—, la clara conciencia de que antes del nacimiento hay una vida espiritual y anímica, y después de la muerte una vida anímico-espiritual, no es una teoría, sino una certeza, igual que para usted es una certeza cuando ha recorrido un camino, se detiene, mira atrás y contempla lo que ha recorrido y luego mira hacia atrás. Así como para ustedes es una certeza que está a su lado, que el camino anterior y el camino posterior contienen esto y aquello, para los orientales no es una teoría, no es algo a lo que llegan mediante una conexión imaginativa, sino algo que ven, pero que, a través de su proceso de respiración elevado a la conciencia, ven lo que hay antes del nacimiento o la concepción y lo que hay después de la muerte.

 Esta parte del ser humano, podríamos decir que es el tronco humano, sueña continuamente. No se despierta del todo aún estando despiertos, ni se duerme del todo cuando dormimos. Sin embargo, hay una diferencia entre estos dos momentos. La conciencia, la conciencia onírica de este ser humano troncal durante el día es más apagada que su conciencia onírica en estado dormido, que es algo más clara; la diferencia no es muy grande, pero existe un matiz.

Así vemos que no solo somos seres humanos tripartitos en nuestra forma exterior, sino que también llevamos dentro de nosotros estados de conciencia complejos. En eso consiste nuestra vida anímica. Estos estados de conciencia interactúan entre sí, se reflejan entre sí. La conciencia diurna de nuestra cabeza da lugar principalmente a lo que llamamos nuestra vida imaginativa y pensante; mediante la conciencia onírica continua de nuestro tronco humano se produce lo que llamamos nuestra vida emocional, y mediante la conciencia onírica del ser humano de las extremidades, que duerme durante el día y está despierta durante la noche, se produce lo que llamamos nuestra voluntad.

Ahora solo queda una cosa. Si nos fijamos únicamente en el aspecto exterior del ser humano, no solo nos encontramos ante el organismo físico visible, sino que también llevamos dentro un organismo sutil, etéreo y suprasensorial que, para evitar malentendidos, he denominado «cuerpo de fuerzas formativas» en los últimos artículos publicados en la revista «Das Reich». Este organismo suprasensible está menos diferenciado en relación con el organismo físico exterior, es en realidad más una unidad; y solo mediante una observación superficial atribuimos una unidad a la forma exterior del ser humano. La unidad real del ser humano reside en su cuerpo etérico. Este cuerpo etérico está estructurado igual que el cuerpo físico, pero no de tal manera que los miembros estén uno al lado del otro; sino que en el cuerpo etérico hay que establecer la estructura tal y como lo he hecho últimamente con respecto a los estados de conciencia. Este cuerpo etérico también se encuentra en una conciencia siempre cambiante, de tal manera que en la vida diaria, desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, tiene una conciencia diferente a la que tiene desde que nos dormimos hasta que nos despertamos. Con este cuerpo suprasensible llevamos dentro algo muy significativo. Cuando algunos teóricos teósofos creen haber hecho algo especial al dividir al ser humano en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, etc., en realidad se trata de una especie de autoengaño. Es una especie de sistematización, y las sistematizaciones nunca tienen realmente ningún valor. Solo se obtienen conocimientos cuando se examina más de cerca lo que realmente ocurre en este cuerpo etérico. Porque si solo se dice: «En nosotros vive el cuerpo etérico», el ser humano solo tiene una palabra, se engaña a sí mismo, cree tener algo al imaginarse una niebla lo más fina posible, etc. Pero eso es autoengaño. Lo importante es que en este cuerpo etérico tenemos algo muy esencial, solo que el ser humano no puede percibirlo en la vida cotidiana. Pero lo que siempre teje y vive en este cuerpo etérico en la vida diaria, desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, es el karma de vidas terrenales anteriores, eso es lo que él ve. De hecho, en nuestro subconsciente teje este cuerpo etérico, y su tejido es la visión de nuestro karma de encarnaciones anteriores. El hecho de que el clarividente conozca algo del karma se basa en que aprende a utilizar el cuerpo etérico como normalmente utiliza el cuerpo físico. Si se aprende a utilizarlo, es inevitable ver el karma como una realidad. Porque desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, el cuerpo etérico es concreto, se percibe como una realidad, y ve el karma, concretamente, desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, el karma de vidas terrenales anteriores, y desde que nos dormimos hasta que nos despertamos, el karma que está por venir. Esto se describe de nuevo desde el punto de vista clarividente.

Así pues, en nuestro interior no solo soñamos con lo que hemos vivido entre la última muerte y este nacimiento, no solo contemplamos el pasado de esta manera, sino que también contemplamos lo que éste nos impone como karma, que bajo nuestra conciencia habitual, a través de la función del abdomen, es contemplado por el cuerpo etérico como karma pasado, como ante un ojo espiritual. Y mediante nuestra conciencia de las extremidades, al inhalar, no solo vemos lo que está relacionado con una encarnación posterior, sino que nuestro cuerpo etérico se convierte en el ojo espiritual a través del cual vemos el karma que está por venir de una manera inconsciente para la vida ordinaria. No es fácil para el ser humano actual llevar tan lejos los ejercicios de su alma, aunque es absolutamente necesario que cada persona contemple realmente todo lo que acabo de describir. Esto plantea ciertas dificultades, sobre las que se habla con más detalle en el libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». Esto era mucho más fácil en la época que corresponde a la edad pasada de la humanidad terrestre. Porque la vida histórica es más diferenciada de lo que se piensa, y un punto especialmente importante en la vida histórica de la humanidad, que también se caracteriza en mi «Ciencia oculta en líneas generales» y en otros escritos, es aquel en el que el cuarto período cultural postatlante sustituyó al tercero, cuando comenzó lo que llamamos la cultura grecolatina. Este período es aquel en el que se ha vuelto tan difícil para la humanidad cultural penetrar en estos mundos que acabo de describir. Antes era relativamente más fácil, y los orientales han conservado algo de esta naturaleza más fácil. Los occidentales no la han conservado, por lo que no pueden realizar los ejercicios descritos por los orientales, sino solo aquellos que se describen, por ejemplo, en el libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». La era que comenzó en los siglos VII y VIII antes del misterio del Gólgota es ya aquella en la que el ser humano fue expulsado más hacia el mundo físico. Volverá otra era, —aproximadamente el tercer milenio será el comienzo claro de esta era—, y hay que prepararse para ella. Entonces en cada alma surgirá algo indefinido de la naturaleza humana; no se podrá interpretar si no se conoce la ciencia oculta, si no se aborda con la ciencia espiritual. Lo que la ciencia espiritual debe preparar y fundamentar para el próximo milenio no es en realidad solo un ideal subjetivo o una tendencia subjetiva, sino que corresponde a una necesidad en el desarrollo de la humanidad. La mitad del tercer milenio será un punto de inflexión significativo en el desarrollo cultural, porque entonces llegará el tiempo en que la naturaleza humana habrá llegado a un punto en el que reaccionará de forma malsana si los seres humanos no han asimilado para entonces la idea de las vidas terrenales repetidas y del karma, que se perdió en el tiempo desde los siglos VII y VIII antes de Cristo. Antes, la naturaleza humana reaccionaba de forma sana, ya que el conocimiento brotaba de ella misma. Después, parecerá enferma si los seres humanos no le aportan la enseñanza. Solo comprendemos nuestra época si tenemos en cuenta que estamos encerrados entre dos polos. Uno de ellos se encuentra detrás de los siglos VII y VIII, antes del misterio del Gólgota. Era la época en la que la naturaleza humana transmitía el conocimiento de las experiencias suprasensoriales del alma humana. El otro polo será el tercer milenio, en el que el alma humana, tal y como se describe en el libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?», , de manera espiritual, para que el cuerpo, en el que entonces debe irradiarse la salud, no reaccione con la enfermedad. Solo se puede comprender nuestra época en sus manifestaciones externas e internas si se tiene esto en cuenta. Por supuesto, esto se desarrolla de forma lenta y gradual. Y para aquellas personas que no quieren soñar embotadas, como dormidas, con las cosas más importantes de su época, sino que quieren vivir despiertas y conscientes de sí mismas, es conveniente que en nuestro tiempo presten atención a lo que quiere entrar en la vida. Esto no se manifestará plenamente hasta mediados del tercer milenio. Pero poco a poco quiere entrar, y la humanidad debe ahora tomar conciencia de todo, debe preparar conscientemente lo que quiere entrar. Hay que aprender a observar la vida; entonces se manifestará también en las apariencias externas, —en primer lugar en las apariencias de la vida humana—, una visión superficial de que es cierto lo que acabo de decir. En el desarrollo cerebral burdo, que hoy en día es lo normal en la humanidad, no es fácil comprender lo que hay que adquirir en sentido figurado, tal y como lo describimos en la ciencia espiritual. Pero me gustaría decir: de manera trágica, se puede ver, en cierto modo, lo que las fuerzas desconocidas, —de las que hablaré en la próxima conferencia—, realmente quieren de la humanidad. En la actualidad hay ciertas naturalezas enfermizas, por eso dije «de manera trágica»; son enfermizas para el presente; sin embargo, en ellas se anuncia todo aquello que le sucederá al ser humano en los días saludables del futuro.

A menudo he mencionado el nombre de un personaje contemporáneo muy peculiar, cuya vida osciló entre la salud y la enfermedad: Orzo Weininger, autor del curioso libro «Sexo y carácter». Weininger es, en general, una persona muy peculiar. Imagínese a alguien que, a principios de sus veinte años, escribe su tesis doctoral sobre el primer capítulo de este libro, un libro que ha entusiasmado a algunos y molestado a otros, sin que ninguna de las dos reacciones estuviera justificada, sino que se habría necesitado algo más objetivo. Luego, cada vez más, una curiosa identificación con los problemas planteados en «Geschlecht und Charakter». A continuación, viaja a Italia, anota sus experiencias y ve cosas muy diferentes a las que ven otras personas en Italia. Hay muchas cosas en este diario italiano de Weininger que me parecen muy extrañas.  Saben que les describo algunas cosas que solo se pueden describir con la imaginación: de la época atlante, de la época lemúrica, y cómo era en tiempos que hoy en día ya no se pueden seguir con la conciencia exterior, ni siquiera con la conciencia histórica. Para ello hay que utilizar ciertas ideas y conceptos para presentar ante la conciencia humana lo que se describe en términos conceptuales. Cuando leo las notas de Weininger, algunas cosas me parecen una caricatura artística lograda de la verdad. La vida de Weininger es, en general, muy curiosa. A los veintitrés años, le asalta una idea que le hipnotiza terriblemente: que debe suicidarse, porque de lo contrario tendrá que matar a otra persona, la idea de que en su alma habita un asesino, un criminal. Un fenómeno que se puede explicar muy bien desde el punto de vista ocultista. En esta vida se mezcla lo grandioso y lo exacto con la coquetería. Abandona la casa de sus padres, alquila una habitación en la Casa Beethoven de Viena, pasa allí una noche y, a la mañana siguiente, se suicida de un disparo.

Esta alma tiene la peculiaridad de que nunca estuvo completamente unida al cuerpo. Para el psiquiatra externo, Weininger era un histérico; para quien veía más allá de las apariencias, existía una conexión irregular entre su parte anímico-espiritual y su cuerpo físico. Lo que normalmente ocurre, que la parte anímico-espiritual se separan de lo físico-corporal al dormir y se vuelven a unir al despertar, en Weininger era diferente. Podría citarles los pasajes que muestran cómo, a veces, lo anímico-espiritual se separan un poco de lo físico-corporal, para luego volver a sumergirse rápidamente, y al sumergirse se le ilumina una idea, que entonces escribe, a menudo de forma seca; pero al sumergirse se vuelve imaginativo y muy extraño. Así, a quien comprende la cuestión le parece que existe una conexión irregular entre lo espiritual y lo físico, y en esta conexión irregular entra de manera extraña, pero muy especial, un conocimiento que la humanidad tendrá que adquirir en el futuro.  Piénsenlo: en una persona que, para un psiquiatra muy torpe, es histérica, aparece un conocimiento que la humanidad tendrá que tener en el futuro, pero que ahora también se caricaturiza. Después de lo que he dicho hoy, pueden ustedes imaginarse fácilmente que, debido a alguna anomalía, aparecen entre nosotros algo así como precursores de un futuro, —así como hay rezagados del pasado—, un futuro en el que los seres humanos tendrán que saber de las repetidas vidas terrenales, del karma y de los sueños del karma. Y como esas personas se presentan como adelantados de esos tiempos futuros, el conocimiento no cura el organismo, sino que lo enferma. Entonces, de una manera algo caricaturesca, con la ayuda del organismo enfermo, saldrá a la luz lo que algún día será un conocimiento de la humanidad. Tomemos, por ejemplo, un pasaje como el siguiente del libro «Über die letzten Dinge» (Sobre las últimas cosas) de Weininger, publicado por su amigo Rappaport: «Quizás no sea posible recordar nuestro estado antes del nacimiento porque hemos caído tan profundamente con el nacimiento: hemos perdido la conciencia y nacemos completamente impulsados por instintos, sin decisión racional y sin conocimiento, y por eso no sabemos nada de ese pasado».

Una cosa está clara, aunque el conocimiento que se ha revelado sea caricaturesco, y es que alguien vuelve a escribir este conocimiento cuando se convierte en una certeza absoluta para él: al nacer, pasé de un estado de vida espiritual que había vivido anteriormente. Si alguien hubiera escrito esto en el siglo X o XII antes de Cristo, o incluso en la época de Orígenes, no habría que sorprenderse; pero en nuestra época, alguien lo escribe de una manera impregnada de sentimientos; es algo que se ilumina directamente en la conciencia, no algo teorizado.

Podría citar muchos fenómenos de este tipo. ¿Qué revelan estos fenómenos? Nada más que el anuncio de ese conocimiento suprasensible que ahora quiere entrar en la naturaleza humana; y como aún no se busca en la vía de la ciencia espiritual de orientación antroposófica, entra en forma de cataclismos, de tal manera que sacude la naturaleza humana, la enferma en la misma medida en que enfermó a la persona de Weininger. Digo enfermar, sin entender nada filisteo, sino solo lo que es realmente cierto, que de hecho hay algo enfermizo en que un hombre de veintitrés años se pegue un tiro porque encuentra en sí mismo a un asesino oculto y quiere salvarse del asesinato mediante el suicidio.

Se podría demostrar con cientos, con miles de ejemplos: ¡este conocimiento quiere entrar! Y sería bueno que se dieran cuenta el mayor número de personas posibles de que así es. En el subconsciente de las personas existe un deseo enormemente extendido de adquirir ese conocimiento. Fuerzas externas, que ya he descrito en otras ocasiones, lo retienen. Debemos tener muy en cuenta lo que se desprende de la observación que hice al final de mi ensayo sobre Christian Rosenkrentz en la revista «Das Reich». Debemos tener en cuenta lo que se anunciaba en el siglo XVII, en realidad ya desde el siglo XV, aunque cada vez con más fuerza. Pero ahora hay que hablar de ello a nuestros contemporáneos utilizando la formulación científica habitual. Sin embargo, en aquel entonces sucedió lo que describí en el último «Reich», donde demostré que este Johann Valentin Andreae escribió Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz. Esto ha causado muchos quebraderos de cabeza a los filólogos: este Johann Valentin Andreae escribe Las bodas químicas, en las que en realidad se esconde un profundo conocimiento oculto, y después se comporta de una manera muy extraña. No solo se le ocurre interpretar ciertas palabras que pronunció en relación con escritos que escribió en la época en que escribió Las bodas químicas, sino que, a pesar de haber escrito esta gran obra, se muestra como una persona de la que se puede decir con certeza: no entiende nada de lo que ha escrito. El pastor pietista, que posteriormente escribió todo tipo de cosas, no entiende nada de Las bodas químicas ni tampoco de los otros escritos que redactó al mismo tiempo. Solo tenía diecisiete años cuando escribió Las bodas químicas. Ahora no ha cambiado, sigue siendo el mismo, solo que un poder completamente diferente ha hablado a través de él. Los filólogos se devanan los sesos y comparan todo tipo de pasajes de cartas. Su mano lo escribió, su cuerpo estaba allí sentado, pero a través de su ser humano, un poder espiritual que en aquel entonces no estaba encarnado en la Tierra quiso anunciarlo a la humanidad, de la forma en que se anunció entonces.

Luego vino la Guerra de los Treinta Años, que enterró gran parte de lo que debía llegar a la humanidad en aquella época. Durante la Guerra de los Treinta Años se debería haber comprendido lo que no se comprendió, lo que se acababa de enterrar. La «Boda química» ya había sido escrita por quien se hacía llamar Johann Valentin Andreae, y se sabe que ya estaba escrita en 1603; pero no se le prestó atención, porque en 1618 comenzó la Guerra de los Treinta Años. Antes de que comiencen las guerras, a veces suceden cosas así. Entonces lo correcto es leer en los signos de los tiempos que uno sabe: ¡lo que se ha sembrado como germen también debe florecer y dar fruto!

Esto forma parte de lo que acabo de insinuar, de lo que hay que leer en los signos de los tiempos de nuestra época tan catastrófica. Continuaremos con esto la semana que viene.

 Traducido por J.Luelmo nov,2025


GA174 Dornach 13 de enero de 1917 Necesidad de cultivar el sentido de la verdad

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RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 13 de enero de 1917

XVIII conferencia

Me parece que es necesario, sobre todo en nuestra época, que los miembros de nuestro movimiento sepan algo sobre las condiciones del mundo. Las observaciones que hemos hecho aquí han servido más o menos a este propósito.  Cuando hablamos de ciencia espiritual en nuestro propio sentido, debemos penetrarnos del conocimiento de cómo nuestro mundo, que inspeccionamos con la mente física y los sentidos, no es otra cosa que la revelación del mundo espiritual. Mientras el mundo espiritual sólo sea comprendido de un modo abstracto, dividiendo al hombre en sus diversos componentes y haciendo todo tipo de observaciones teóricas sobre el karma y la reencarnación, -como en el fondo nunca hemos hecho de un modo tan teórico-, la ciencia espiritual no podrá llegar a ser realmente provechosa para la vida. Por eso he hecho que dirijan su mirada de diversas maneras hacia la realidad exterior, teniendo siempre presente lo que hay detrás de esta realidad exterior, ya sean directamente factores ocultos, impulsos ocultos, ya sea que los impulsos ocultos sean utilizados por las personas en tal o cual relación. 

Para aquel que sepa ver un poco a través de las condiciones actuales, se hará cada vez más claro en el futuro, mirando hacia atrás sobre nuestros tiempos, que la antigua manera histórica de ver las cosas, tal como prevalece hoy, ya no es suficiente para comprender lo que está sucediendo en el presente. Ciertas enseñanzas ocultas del conocimiento maduro de los hombres surgirán como necesarias a través de las circunstancias, y aquellos que cierren sus mentes a tales cosas tendrán que llevar en el futuro el sello de la ignorancia, de la falta de conocimiento. 

Desde el siglo XIX es habitual construir la historia de forma puramente materialista, como se dice, a partir de los archivos. Hoy todavía no nos damos cuenta de que esto no conduce a la presentación real de los impulsos históricos, sino sólo a la descripción de fantasmas materialistas -aunque la palabra suene paradójica, es así: a la descripción de fantasmas materialistas. Lo que hoy figura como historia en los manuales habituales y otras representaciones, las representaciones de las personas y las condiciones del pasado hasta el presente, son -por muy realistas que se crean-, fantasmas sin vida real. Sólo pueden ser fantasmas por la razón de que, a toda realidad, subyacen impulsos ocultos, y si se les deja de lado, sólo se obtienen fantasmas. Por lo tanto, la representación de la historia hasta nuestros días ha sido fantasmal, pero en cierto sentido ha llenado las mentes de los hombres; en cierto sentido ha tenido un efecto. Y la tragedia de la época actual es, en muchos aspectos, precisamente una representación del karma en esas concepciones fantasmales y falsas que los hombres han ido adquiriendo gradualmente. Pero incluso dentro de nuestro movimiento, el curso del mundo no debe, por así decirlo, dividirse en dos mitades sin mediación, como les gustaría a algunas personas de nuestro movimiento: Por una parte, la complacencia en las llamadas ideas suprasensibles, que, sin embargo, siguen siendo conceptos más o menos abstractos, y por otra, la persistente inmovilidad en las concepciones ordinarias, como las que la mente vulgar, completamente saturada de materialismo, desarrolla sobre la realidad exterior. 

Las dos cosas, -la realidad física exterior y la existencia espiritual-, deben unirse, es decir, hay que darse cuenta de que en lugar de la visión anterior de la historia debe venir lo que he llamado una historia sintomática, a través de la cual se aprenderá que en ciertos fenómenos el desarrollo histórico se expresa con más fuerza que en otros. 

Ahora bien, en las últimas ocasiones quizás he insinuado algunas cosas de forma demasiado realista, aunque sólo para un sentimiento que dice: ¿Por qué nos describe las cosas que de todos modos también oímos? Si se mira con más atención, se verá que no se pueden oír de otro modo en la forma en que se describen aquí, sobre todo no en este tipo de recopilación, en este tipo de observación sintomática, en la que los diversos detalles característicos se unen para formar una viva captación de la realidad. La pregunta ahora es obvia: ¿Cómo se producen los síntomas que les he mencionado?  Me gustaría profundizar un poco en ello. 

En el transcurso del tiempo les he contado una serie de hechos, algunos de los cuales la gente llamará pequeños hechos insignificantes, como el del vástago del Voivoda Voidarevich de Herzegovina, o lo que les conté sobre el Comité de Caridad Ruso-Eslavo, etcétera. Por un lado, tales cosas pueden ser consideradas fácilmente como insignificantes, pero por otro lado, podría decirse: ¿Cómo es que tales cosas se juntan en primer lugar? ¿Cómo es posible entonces que se imponga entre nosotros una visión de la historia que intenta combinar detalles muy divergentes en una imagen de conjunto? Dicho más vulgarmente, la pregunta, si alguien me la hiciera, sería: ¿Cómo llega usted a conocer precisamente estas cosas, que deben considerarse características de los acontecimientos del presente, y a recogerlas en vida de esta manera? - Quisiera dar a esta pregunta una respuesta que les mostrará vivamente cómo puede intervenir en la vida la ciencia espiritual. 

En el curso de la vida uno adquiere conocimiento de tales cosas, si el karma así lo trae consigo, y si uno le permite al karma un curso realmente sincero, veraz.  Muchos piensan que dejan que el karma siga su curso, que se rinden al karma; pero eso puede ser un gran engaño.  Nadie puede seguir los acontecimientos externos de tal manera que se le revele la verdad, a menos que realmente se abandone al Karma, a menos que deje mucho abajo en el subconsciente, que deje que mucho se le escape del alma, pues debido a toda clase de simpatías y antipatías uno nubla su libre mirar. Nada es tan propenso a nublar la visión libre como lo que ahora se llama el método histórico. 

Este método histórico da lugar a fantasmas, porque el historiador de hoy no puede abandonarse a su karma. Por supuesto, si se abandonara a su karma desde su primera juventud, suspendería todos los exámenes de historia, eso está muy claro.

Uno no debe abandonarse a su karma y conocer lo que el karma le inflige, sino que debe conocer lo que prescriben los reglamentos de examen y demás. Pero ellos prescriben toda clase de cosas que naturalmente desgarran el karma del hombre, de modo que aquel que simplemente sigue la corriente que le es prescrita nunca puede llegar a la verdad real. Uno sólo puede llegar a la verdad real si se toma en serio estas cosas de las que habla la ciencia espiritual, si no las toma meramente como teoría, sino si las toma en serio. Por supuesto, uno no se toma las cosas en serio si permite que su clara visión se vea empañada por todo tipo de simpatías y antipatías. Hay que afrontarlas más o menos objetivamente, entonces la corriente del mundo les proporcionará lo necesario para comprenderlas. 

Ahora bien, parte de este rendirse al karma con respecto a los acontecimientos de nuestro tiempo actual se debe realmente al hecho de que ustedes, mis queridos amigos, han sido llevados a la Sociedad Antroposófica por su karma. Por consiguiente, en la Sociedad Antroposófica debe ser posible hablar de los hechos sin que las simpatías y antipatías lo impidan; de lo contrario no se tomaría en serio el karma ni siquiera dentro de esta Sociedad. 

He querido prologar esta introducción con las reflexiones que vamos a hacer porque quiero mostrarles ciertos hechos ocultos importantes que no podemos comprender si no sabemos relacionarlos con la vida y si no podemos penetrar en la abundante y enmarañada maleza de falsedad que se arremolina hoy en el mundo. El mundo actual está lleno de falsedades, y el sentido de la veracidad debe cultivarse en el seno de la Sociedad Antroposófica para que ésta tenga un sentido, un verdadero sentido de la vida, durante su existencia, no importa cuánto tiempo pueda existir en las condiciones actuales. 

He estado importunándoles con varias observaciones que he hecho recientemente, no sólo, diría yo, para hacerles ver esto o aquello bajo esta o aquella luz, sino porque estoy convencido de que es importante corregir ciertos conceptos. Quien piense que digo estas cosas por una especie de patetismo nacional, sencillamente no me entiende. 

Ahora bien, entre las graves acusaciones que se lanzan repetidamente contra el centro desde la periferia del mundo actual, y que, como he dicho a menudo, culminan en la frase pronunciada en tal o cual forma, -para pronunciarlas en la forma real, uno se avergüenza: No hagas nada, el alemán será quemado-, se encuentra también que en los círculos más amplios se cita a ciertas personas, cuyas obras uno naturalmente no conoce, como los corruptores, los despojadores del pueblo alemán. Y uno de los citados en primer lugar es el historiador alemán Heinrich Treitschke. 

Ahora bien, como ya he dicho, no quiero examinar a esa personalidad desde un punto de vista nacional, sino desde un punto de vista humano muy general. Ya he mencionado que no tuve mucho contacto con Treitschke, sino que sólo me reuní con él una vez; en su momento insinué que era un poco bravucón. Hoy sólo quiero decir que pude formarme una idea de su naturaleza y carácter a partir de aquel encuentro con Treitschke, pues, naturalmente, no se limitó a hablar de lo que les he mencionado como primera forma de dirección, sino que hablamos de la concepción de la historia, de las publicaciones históricas que estaban causando un gran revuelo en aquella época, en los años noventa, durante los cuales pudimos responder a muchas cuestiones de principio sobre la historia científica y cosas por el estilo. 

Ahora quisiera señalar sobre todo que Treitschke era una persona que da pie a considerarlo un poco desde el punto de vista ocultista.  En el buen sentido en que Sócrates hablaba de una especie de demonium, también se podía decir con Treitschke que algo de demonium vivía en él, no un demonio maligno, sino algo de demonium. Y uno no tenía con él la sensación de que se dejaba llevar meramente por las consideraciones del intelecto materialista, sino que era impulsado desde dentro, precisamente por lo que Sócrates llama fuerzas demoníacas. Yo diría que esas fuerzas le guiaron durante toda su vida. Pues Treitschke ya trabajaba de forma muy significativa cuando este Estado alemán aún no se había fundado. Sin embargo, no escribió su "Historia Alemana" hasta después de la fundación de este estado.  Vivía en él precisamente de la manera característica que es el caso en Europa Central, lo que no se sabe en el círculo circundante, -no sólo no se quiere saber, sino que no se sabe y no se quiere entender-, vivía en él, si puedo decirlo así, un sentido por lo concreto, por la realidad. Una cierta aversión a las meras teorías abstractas y a toda fraseología vivía en él, y con fuerza demoníaca, de modo que se veía, diría yo, a través de la personalidad a las fuerzas espirituales que hablaban desde ella. Además, Treitschke se había quedado completamente sordo relativamente pronto en la vida, de modo que no oía ni la voz de los demás ni la suya propia, y en realidad sólo se comunicaba con su propio interior.  

Semejante destino en la vida vuelve a la persona contra sí misma.La completa ausencia de audición pone al ser humano, si está predispuesto a ello, mucho más fácilmente que de otro modo en el caso de la completa ausencia de un sentido, en conexión con los poderes ocultos operantes, que en realidad sólo son ignorados porque el ser humano está distraído por sus sentidos de aquello que habla al alma más allá de los sentidos. Semejante karma, volverse completamente sordo a una edad temprana, por lo tanto ya tiene un cierto significado y está conectado con lo que yo llamo en este caso una naturaleza demoníaca. 

Bueno, esta naturaleza, este ser humano estaba realmente, a diferencia de muchos, de hecho de la mayoría de la gente de nuestro tiempo, formado de una unidad. Con él nunca funcionó el mero intelecto, sino básicamente siempre el alma entera. Tenemos suficientes verdades caseras en el mundo que pueden demostrarse en cualquier momento con las llamadas "pruebas lógicas"; verdades, sin embargo, a las que se adhiere la sangre humana, que están impregnadas de cálido sentimiento humano, deben tenerse en cuenta, tanto si se adopta el mismo punto de vista como otro distinto. Porque el hombre es, después de todo, el canal a través del cual el mundo de los sentidos se une con el mundo espiritual, y uno llega al mundo espiritual no meramente a través del estudio de teorías científico-espirituales, sino a través de la apropiación del sentido, así como el hombre individual representa un canal entre el mundo de los sentidos y el mundo espiritual. 

Por encima de todo, Heinrich Treitschke fue una personalidad que intentó formar su conocimiento y sus pensamientos sobre la base de un amplio conocimiento, un conocimiento que siempre se basó en la crítica del alma, no en el juicio intelectual. Los juicios eran siempre cálidos desde esta alma-crítica.  Ciertamente tenían algo de retumbante, pero eran cálidos desde esta crítica del alma. Y desde este punto de vista, las reflexiones de Treitschke se centraban sobre todo en la cuestión de la libertad humana, que para él, puesto que era historiador y se preparó muy pronto para ser el historiador de su pueblo, estaba siempre ligada a la cuestión de la libertad política, la libertad del Estado. 

Ahora hay un escrito en la literatura alemana, -pueden conseguirlo fácilmente porque fue publicado en la Biblioteca Universal Reclam-, que trata de la manera más contundente la cuestión de la relación entre la omnipotencia del Estado y la libertad humana, es decir, la libertad no sólo tal como vive desde el interior del alma humana, sino la libertad tal como se hace realidad en la vida social. No conozco ningún otro escrito en la literatura universal que aborde esta cuestión de forma tan contundente.  Este escrito se titula "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del Estado" y es de Wilhelm von Humboldt, amigo de Schiller y hermano del escritor Alexander von Humboldt. En este escrito, de finales del siglo XVIII y principios del XIX, la personalidad humana en su desarrollo pleno, humano y libre se protege de una manera muy bella contra toda omnipotencia estatal. 

Se señala que el Estado no debe intervenir más en el ámbito del "ser humano en general <que su intervención elimina obstáculos al libre desarrollo de la personalidad. Este escrito tiene su origen en la misma base sobre la que brotaron las hermosas cartas de Schiller "Sobre la educación estética del hombre". Y me gustaría decir que el escrito de Wilhelm von Humboldt sobre los límites de la eficacia del Estado es un escrito hermano de "Sobre la educación estética del hombre" de Schiller. Tiene su origen en la época en que se intentaba reunir todos los pensamientos de la vida intelectual que pudieran realmente situar al hombre en el terreno de la libertad.  Por ciertas razones, este escrito no fue muy utilizado en el siglo XIX, pero sin embargo formó repetidamente el estudio de aquellos que, en el transcurso del siglo XIX, quisieron ilustrarse sobre el exterior del concepto de libertad. Por supuesto, el siglo XIX fue una época en la que el concepto de libertad quedó enterrado en muchos aspectos, pero la gente seguía queriendo orientarse sobre el concepto de libertad, y fue precisamente desde este punto de vista que el escrito de Wilhelm von Humboldt "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del Estado" adquirió cierta importancia internacional en Europa. Tanto el francés Laboulaye como el inglés John Stuart Mill tomaron este escrito como punto de partida; para ambos, el escrito de Wilhelm von Humboldt fue un importante punto de partida. Y ellos a su vez, cada uno en su campo, trataron de orientarse a través del concepto de libertad. 

Laboulaye encontró que la institución de su país en lo que se refiere a la relación entre el Estado y el individuo era capaz de sepultar toda libertad real, es decir, todo desarrollo real de la personalidad, bajo el concepto de Estado; John Stuart Mill, partiendo de Wilhelm von Humboldt después de haberlo descubierto, explicó de manera contundente en su escrito sobre la libertad, cómo la sociedad inglesa es capaz de socavar la experiencia real de la libertad. Es precisamente a esta cuestión a la que se dedican los escritos de John Stuart Mill, -en Laboulaye es el Estado, en Mill la sociedad-: ¿Cómo se puede lograr un desarrollo de la personalidad frente a la falta de libertad creada por la sociedad? 

Treitschke, de nuevo en la vena crítica del alma de la que acabo de hablar, siguiendo a Laboulaye y a John Stuart Mill, escribió su tratado sobre la libertad a principios de los años sesenta. Y este ensayo de Treitschke sobre la libertad tiene un interés particular porque Treitschke, como historiador y como político, vivía plenamente en la dicotomía en la que se ve sumida el alma humana cuando, por un lado, reconoce la necesidad de la estructura social llamada Estado y, por otro, se entusiasma con lo que se llama la libertad humana.

En los años sesenta del siglo XIX, Treitschke, en particular, intentó ponerse de acuerdo con Laboulaye y John Stuart Mill respecto al concepto de libertad. En su obra "La libertad", intentó elaborar un concepto de Estado que no suprimiera lo que es necesario en la estructura estatal, sino que, por el contrario, hiciera del Estado no el sepulturero, sino el promotor, el alimentador de la libertad. Treitschke tenía en mente tal concepto del Estado. Era la época en que un alemán podía responder a la pregunta: "¿Cuál es su patria más cercana? -un alemán podía dar la respuesta: Schwarzburg-Sondershausen, -o la línea más joven de Reuß-Schleiz. A principios de la década de 1960, lo que hoy se llama el Reich alemán aún no existía. En aquella época, cuando un gran número de personas pensaban en una especie de unión de las diversas entidades individuales en las que vivían los alemanes, Treitschke también pensó en la necesidad de una entidad estatal. Pero para él era, yo diría, un axioma que no debía surgir ningún Estado que no permitiera a la personalidad humana desarrollarse con la mayor libertad posible. Y aunque no pueda decirse que Treitschke llegara a conceptos filosóficos plenamente desarrollados, es precisamente con referencia a este punto de vista que se dice mucho en los escritos de Treitschke sobre la libertad que merece mucho la pena tomarse a pecho.

Si uno quiere apreciar a Treitschke y considerar precisamente lo que es importante para el ocultista, no debe ignorar el hecho de que Treitschke fue una personalidad intrépida que no quiso servir a ningún otro dios que no fuera el de la verdad. Es casi el colmo de la insensatez cuando se oye a algunas personas juzgar hoy a Treitschke en términos que nada tienen que ver con la objetividad; pues los juicios que andan zumbando por el mundo no están en su mayoría en condiciones de ganar ningún punto de vista ni remotamente, por la sencilla razón de que lo que señalé el otro día cuando dije que si uno se dedicara un poco a la diferenciación de los espíritus de las personas resultante de la ciencia espiritual, no diría tantas insensateces. Estaba enlazando con las diversas locuras que se han planteado en parte por él mismo, en parte sobre Romain Rolland. Tenía que decir esto porque una consideración penetrante de lo que se puede llamar el espíritu del pueblo sólo es posible hoy realmente desde la perspectiva de la ciencia espiritual. Los que no quieren comprometerse con esto sólo pueden llegar a juicios tan completamente subjetivos y, por tanto, tan insensatos como el de Romain Rolland. 

Si uno acepta ahora lo que se desprende de la observación espiritual-científica de los espíritus del pueblo, entonces debe tener claro sobre todo el hecho de que en una persona típica de su pueblo, -y eso es precisamente Treitschke porque era de naturaleza demoníaca-, surgen también ciertas características típicas del pueblo. Este es también el caso de Treitschke, y uno puede decir realmente: si uno entiende a Treitschke, entiende gran parte del germanismo de la segunda mitad del siglo XIX, no todo, pero sí mucho. Si uno tiene ante todo la posibilidad de obtener un punto de vista desde el ocultismo, entonces debe, -no con naturalezas cosmopolitas, sino nacionales-, abordar la diferencia básica que existe entre los juicios de Europa occidental y los de Europa central. Eso sí, tales cosas no pueden entrar en consideración para el humano en general, pero sí cuando el nacionalismo demoníaco vive en los espíritus. 

Sólo con esta excepción digo lo que tengo que decir ahora. Si consideramos este aspecto de la nacionalidad en la medida en que afecta a la gente, entonces lo que un americano quiere decir cuando dice, -quizá sea mejor que no utilice ahora mis palabras, sino las de un americano, porque mis palabras podrían quizá tomarse a mal: El juicio francés, en cuanto nacional, -es decir, no el juicio del francés individual, que al fin y al cabo puede ser cosmopolita, sino el juicio que surge de la sustancia de la nacionalidad, de la gente-, vive en la palabra; el juicio inglés vive en el concepto político-práctico; el juicio alemán vive en lo anacional, en la búsqueda no nacional del conocimiento. -Así lo dice un norteamericano que ha viajado por Europa. Esto significa, sin embargo, que ciertos juicios emitidos en Occidente tienen dentro de la sustancia nacional alemana un carácter distinto del que tienen en Occidente. En Occidente tienen un carácter abstracto. El alemán, en tanto que alemán, se inclina a traducir los juicios a su concreción y, por tanto, a llamar por su verdadero nombre a muchas cosas que en Occidente nunca se tocan por su verdadero nombre. Tomemos un concepto que está ahora en el curso de nuestras consideraciones: el concepto de Estado. 

En sus conferencias sobre "Política", que también están impresas, Treitschke habló sobre el Estado. Por supuesto, mucha gente habla del Estado; pero consideremos ahora hablar del Estado sólo en la medida en que tiene lugar dentro de la sustancia nacional del pueblo.  En Occidente, a la gente le gusta referirse al Estado de tal manera que toman la palabra y luego le adjuntan todo tipo de conceptos que, por una u otra razón, quieren unir al concepto de Estado. Así, uno adjuntará al estado como tal el concepto de libertad, de ley y todo tipo de otras cosas, e incluso posiblemente se elevará de una manera extraña a la frase: El Estado debe ser despojado de toda noción de poder, el Estado debe ser un Estado constitucional. Esto puede decirse mientras uno no se vea obligado a considerar el concepto de Estado en términos reales. Pero si se aborda el concepto de Estado como lo hizo Treitschke, se llega al secreto del Estado. Entonces no se exige que el Estado se sitúe en el principio de que: El poder prevalece sobre el derecho, afirmación que se atribuye calumniosamente a Treitschke, sino que se llega a la conclusión de que el concepto de Estado no es concebible en absoluto sin el concepto de poder. Simplemente se llega a la verdad porque no hay otra manera de fundamentar un Estado que no sea basándolo en el poder. 

Y si no se admite esto, no está representando la verdad. Así, Treitschke se vio obligado a hablar del Estado en relación con el poder. Esto se "tergiversa" de tal manera que se puede decir que Treitschke afirmaba que el poder está por encima del derecho según la concepción alemana del Estado. Pero no hay duda de que esto nunca se le ocurrió a Treitschke, sino que aún tenía demasiado presente el sentido de los argumentos de Humboldt: "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del estado". Porque el Estado debe necesariamente desarrollar poder, no debe convertirse en omnipotente. No se puede hablar de un estado constitucional porque eso significa tanto como - bueno, no exactamente hierro de madera, pero al menos hierro de cobre. Los dos términos son, como se dice en lógica, dispares; no tienen nada que ver el uno con el otro. Pero sólo los que se toman las cosas en serio llegarán a esa conclusión. 

Y desde este punto de vista, Nietzsche también llegó a su concepto de la "voluntad de poder". De nuevo no es otra cosa que una calumnia sin límites atribuirle a Nietzsche haber abogado por el "principio de poder". Él no defendió otra cosa que: Hay que considerar hasta qué punto el poder vive en realidad bajo los impulsos de los hombres. Es característico que Nietzsche plantee lo siguiente desde este punto de vista. Él dice: Hay personas que, partiendo de ciertos principios de ascetismo, defienden la tesis de que hay que luchar contra el poder.  ¿Por qué lo hacen? Porque, de acuerdo con su naturaleza especial, alcanzan un poder especial precisamente luchando contra el poder. Esa es sólo su especial voluntad de poder, ¡para acentuar la impotencia! Porque eso les da un poder especial precisamente en su forma de acentuar ascéticamente la impotencia. En lo que se basaba Nietzsche, y que también ronda las reflexiones de Treitschke, es: no hacer una X por una U, sino decir las cosas de verdad, no dar vueltas a las frases. 

Pero esto les muestra que ni Treitschke ni Nietzsche estaban preocupados por introducir ningún principio en la vida social como principio de poder, sino simplemente por mostrar cómo el poder vive en todas partes donde hay un Estado, y cómo, cuando se quiere decir la verdad, no puede evitar decirla. Este, diría yo, es el karma bajo el que trabajó Treitschke: llegar a la conclusión de que es un absurdo imaginar meros conceptos abstractos y vacíos y pregonarlos al mundo. Quería atacar directamente la realidad; ése es precisamente el atractivo de sus escritos. Desde este punto de vista, también consideró el concepto de libertad de tal manera que dijo: <La cuestión de si el Estado existe para promover la libertad o para no promoverla, no es una cuestión en absoluto. - Así que procedió a buscar las cosas donde viven en su realidad. No quiero defender eso, sino sólo describirlo hoy; y realmente no se puede machacar agitadamente al hombre intrépido que quiso expresar las cosas tal como habían surgido para su sentido de la verdad. 

Pero hoy en día se cultiva en todas partes la refriega agitadora. Treitschke es un espíritu intrépido que realmente no quiere tener pelos en la lengua en ninguna situación. Y sería más prudente, -debo decirlo de nuevo-, señalar cómo Treitschke se convirtió en una especie de educador de los que querían oírle. Los cuales no eran tantos como hoy se nos quiere hacer creer. Porque cuando Treitschke habla de libertad, lo hace mucho menos como crítico de otros pueblos que como educador de los suyos. Me gustaría compartir con ustedes un pasaje de su escrito "Die Freiheit" (La libertad), que debería conocerse como muchas cosas sacadas de contexto, que no se entienden en absoluto si sólo se sacan de contexto. Así Treitschke escribe, después de discutir primero qué cosas sociales promueven la libertad: 

"Todavía sigue siendo oportuno hablar de prejuicios de clase en particular", es decir, a principios de los años sesenta del siglo XIX. "Un pensamiento deprimente, en efecto, que este gran pueblo cultural", -se refiere a los alemanes-, "conozca todavía el bárbaro concepto jurídico del matrimonio mixto, que los antiguos arrojaron por la borda al comienzo mismo de su vida cultural". Por supuesto, no hablamos de esa burda Aristocracia, a la que una carrera estable parece más respetable que una profesión científica, el derecho del puño más noble que el sentido legal del ciudadano libre: Esta imagen distorsionada de la nobleza ha perdido su recompensa. Pero incluso la abigarrada masa de las llamadas clases ricas educadas abriga y cultiva una abundancia de nociones de clase poco libres e intolerantes. ¡Qué poco caritativa dureza de juicio sobre las vergonzosamente llamadas clases peligrosas! ¡Qué insensible denegación del lujo de las clases inferiores, mientras que un hombre libre y distinguido debería regocijarse en el hecho de que incluso los pobres comienzan a pensar algo de sí mismos y de la decencia de su apariencia! ¡Qué miedo tan mezquino ante cualquier agitación de rebeldía y sentimiento de sí mismo entre la gente inferior! La bondad del corazón alemán nos ha salvado, en efecto, de que estas actitudes de los educados adopten entre nosotros una forma tan grosera como entre los británicos más rudos; pero mientras las tendencias aristocráticas, de las que ninguna cabeza fina se ha librado jamás por completo, aparezcan en tal forma, nuestra libertad interior se encuentra en un estado muy triste. 

Cuando preguntamos por el estatus del más poderoso y unido de los 'estados', -o como queramos llamar a esta aristocracia natural-, el sexo masculino, entramos en un territorio en el que la falta de libertad y la intolerancia campan a sus anchas. Increíblemente extendida existe entre nosotros, señores de la tierra, una silenciosa conspiración para negar a las mujeres, por principio, una parte de la armoniosa educación humana.  Pues las mujeres alcanzan una parte de su educación sólo a través de nosotros. Entre nosotros, sin embargo, es evidente que la ilustración religiosa es un deber para el hombre educado, pero una ruina para la chusma y las mujeres, y cuántos encuentran a una mujer bastante extravagante 'poética' cuando muestra la superstición más torpe. Ahora incluso "politizar a las mujeres" es una abominación, no diremos ni una palabra más al respecto. ¿Es esta nuestra fe viril en la naturaleza divina de la libertad? ¿Es realmente la iluminación religiosa sólo una cuestión de sobrio intelecto y no mucho más una necesidad de la mente? Y, sin embargo, pensamos que el calor del corazón de las mujeres sufrirá si las dejamos disfrutar a su manera de la gran obra intelectual de los últimos cien años. 

¿Realmente conocemos tan poco a las mujeres alemanas como para pensar que alguna vez 'politizarían', que alguna vez se preocuparían por los impuestos sobre la tierra y los acuerdos comerciales? Y, sin embargo, la miseria política de este pueblo ofrece un lado puramente humano que quizá las mujeres puedan comprender más profundamente, más sutilmente, más íntimamente que nosotros. ¿No debería dedicarse a la patria una pobre fracción de esta abundancia de entusiasmo y amor, ante la que tan a menudo nos mostramos fríos y desamparados y desalmados? ¿Debe renovarse la vergüenza de la época francesa si queremos que nuestras mujeres vuelvan a sentirse, como todas sus vecinas de Oriente y Occidente desde hace mucho tiempo, hijas de un gran pueblo? Pero hemos callado ante ellas durante demasiado tiempo, en una estrechez de miras sin libertad, lo que nos movía en lo más íntimo de nuestros sentimientos, creímos que sólo servían para contarles las cosas más triviales sobre las cosas triviales; y porque creímos que éramos demasiado pequeños para permitirles la libertad de la educación, sólo una minoría de las mujeres alemanas de hoy son capaces de comprender la seria gravedad de este momento trascendental." 

 Como ven, también se pueden sacar de Treitschke cosas que ya son bastante humanas en general, pero que precisamente se le exigen como espíritu nacional para su nación.  Si una de las naciones que hoy regañan a Treitschke pudiera reclamar para sí un espíritu como el que él fue para los alemanes, entonces verían cómo sería elevado al cielo. Piensen en un Treitschke italiano, y en lo que dirían los italianos si los alemanes se encontraran con un Treitschke italiano como los italianos y muchos otros se han encontrado con Treitschke. Pero lo que imprime su sello a nuestro tiempo, -y eso es lo infinitamente triste-, es la ignorancia y el contar con la ignorancia. Sería del todo imposible que tanta falsedad zumbara hoy por el mundo si no se pudiera contar siempre con la ignorancia de la gente. 

Por ignorancia, por supuesto, no me refiero a la que surge necesariamente debido a que no todas las personas tienen tiempo para informarse de todo; pero lo que sí sería necesario es un poco de autoconocimiento. No se pueden juzgar determinadas circunstancias si no se conocen ciertas cosas, y los juicios sobre pueblos enteros nacidos de la ignorancia tienen el efecto más terrible. Y hoy en día infinidad de cosas nacen de la ignorancia. Esto se debe, por supuesto, a esa magia negra, -ya la he caracterizado en otras ocasiones-, que hoy se llama periodismo; porque es una especie de magia negra, y no fue incorrecto que cuando apareció el arte de la imprenta, con todas las perspectivas que ha producido, la leyenda popular encontrara que los originadores eran magos negros. 

Por supuesto habrá quienes digan: Vaya, además de todas las locuras y entresijos de la ciencia espiritual de orientación antroposófica, ahora se califica de magia negra el arte de la imprenta. Pero yo sólo me refiero "un tipo de periodismo". A menudo he subrayado que es erróneo decir siempre: ¡Ahrimán, oh, no debe acercarse a mí; fuera con él!  Lucifer, ¡oh, no debe acercarse a mí! Sólo quiero asociarme con los dioses buenos. Entonces no puedes asociarte con el mundo, porque el mundo está equilibrado entre Ahriman y Lucifer. No puedes conspirar con el mundo si quieres tener esta actitud, como aparece tan a menudo, especialmente en nuestros círculos. En las cosas más pequeñas uno debe adquirir veracidad. Este debe ser el resultado práctico de nuestros esfuerzos espirituales-científicos.  

Ustedes ya pueden sentirlo ahora: Si uno no desarrolla en sí mismo este impulso por la veracidad, entonces siempre estará expuesto al peligro de ser infectado, sugestionado por la falsedad que vive en el mundo. Por eso dije el otro día: Las cosas procederán de tal manera que en el futuro todo lo que hubo como esfuerzo por la paz se olvidará, y uno sólo recordará en la periferia lo que hubo como grito de paz; pero esto no se sentirá como grito, sino como algo bastante justificado. Todo lo demás se olvidará.  - Así será. Y al menos estas reflexiones deberían contribuir a dar a la gente la oportunidad de sentir las cosas en su verdad.  Porque hoy uno de los primeros requisitos de un hombre que quiere honestamente la salvación y el progreso humanos es no dejarse engañar por la falsedad. 

Veamos uno de los hechos de hoy totalmente sine ira pero no sine studio; sin simpatías ni antipatías pero con una base de hechos. Todos ustedes han leído, estoy seguro, la nota de la Entente al presidente Wilson. Desde cierto punto de vista, esta nota, en contraste con todas las anteriores, debe considerarse como un síntoma favorable para el futuro. Porque si las cosas se llevan demasiado lejos, si la cuerda del arco amenaza con romperse, entonces vuelve a haber esperanza, la esperanza de que si los poderes espirituales son desafiados, entonces el golpe también será devuelto por el lado espiritual. Esta nota supera sin duda a todas las anteriores.

Veamos ahora los hechos. Aquí está, a grandes rasgos, Austria-Hungría tal como es hoy. [Aquí está el Danubio y aquí es donde estaría Viena. Ahora supongamos que se cumplen las exigencias de la nota de la Entente. En ella se dice que los italianos, es decir, los austríacos italianos, quieren ser liberados. Lo peor de esta nota de la Entente es que adolece de esa falsedad interior que surge de la ignorancia total. Por eso es difícil hacer el dibujo que ahora quiero hacer. Habrá dificultades, como verán. Supongamos que los austríacos italianos son liberados. Ahora hay que liberar también a los eslavos del sur. Esto es bastante difícil. Si los eslavos del sur fueran liberados, el mapa se vería así, ya que viven en todas partes por aquí.

Además se dice, curiosamente: Los checoslovacos deben ser liberados. Conocemos a los checos y también a los eslovacos. Ni que decir tiene que sólo la Entente ha oído hablar de los checoslovacos. Supongamos que se trata de checos y eslovacos. Si nos guiamos por lo que piensan los propios checos, el resultado sería el siguiente. A continuación, la liberación de los rumanos. Así es como sería. También serían liberados, como dice la nota "... de acuerdo con la voluntad de Su Majestad el Zar", los polacos que habitan en Galitzia; pero esto lo haría la propia Austria. Al final, Hungría quedaría así, y Austria así.

Este mapa es el resultado de llevar a cabo lo que se dice de Austria en la nota de la Entente. Y al mismo tiempo se dice que ¡no hay intención de hacer nada a los pueblos de Europa Central!

Toda la nota demuestra, por ejemplo, un desconocimiento total de las dificultades de gestionar todo esto aquí, donde los eslavos son mayoría, en comparación con allí, donde son una ínfima minoría. Toda la nota deja al descubierto la ignorancia más arrogante y sin escrúpulos de la situación. Con esta ignorancia se escriben notas históricas. Y para colmo de males se dice además que la única intención es ... Realmente no lo sé, pues resulta casi demasiado repulsivo repetir estas frases vacías.

¿Qué mejor prueba que esta nota de la Entente del hecho de que Austria se vio obligada a defenderse? ¿Qué podría dar mejor prueba? En resumen, esta nota sólo puede verse como algo patológico. Es un desafío a la verdad y a la realidad. Es llevar las cosas demasiado lejos. Así pues, esperemos, puesto que es un desafío al mundo espiritual, que este mundo espiritual considere necesario poner las cosas en su sitio, aunque, por supuesto, los seres humanos tendrán que ser las herramientas con las que trabajará el mundo espiritual.

Ya es hora de que una ilustración como la que he esbozado aquí se muestre en todo el mundo para demostrar esta absoluta ignorancia histórica y falta de comprensión sobre Europa Central. Evidentemente, allí donde impera el poder, la razón no puede tener mucho efecto. Pero hay que empezar por comprender que, cuando se habla de derechos y libertades, se habla de poder, de poder real. Hay que llamar a las cosas por su verdadero nombre. De esto es de lo que adolece nuestra época: de que la gente no se atreva a llamar a las cosas por su nombre, de que no se decida a llamar a las cosas por su nombre. Mucha gente no comprende muchas cosas. Cuando te encuentras con algo como esta división absolutamente idiota de las naciones austriacas, se hace perfectamente obvio que esta nota proviene de personas que no saben nada de lo que existe en Europa Central, pero que poseen la arrogancia de juzgar cosas sobre las que no saben nada y que no quieren otra cosa que extender su poder sobre estos territorios. Les importa un bledo la situación real.

Pero hay que preguntarse cómo es posible que ocurran estas cosas. Por ejemplo, en algunas versiones dice: Liberación de los eslavos, checos y eslovacos. Pero los periódicos suizos, cuya traducción es probablemente más exacta, hablan de checoslovacos. Estarán de acuerdo en que, si alguien hace una afirmación correcta, uno no siente curiosidad por la fuente de su información; pero cuando alguien dice auténticas tonterías, como la descripción de las naciones en la nota de la Entente, uno empieza a preguntarse por su fuente. En efecto, no deja de ser interesante tomar nota cuando las situaciones parecen discurrir, en cierto modo, paralelas, aunque, por supuesto, sin basar en ello ninguna hipótesis ni sacar ninguna conclusión. Naturalmente, me pregunté: ¿Cuál es el origen de estos términos sin sentido? Repito: sin formar ningún tipo de hipótesis ni conclusiones, permítanme que les dé un avance.

En los últimos días, -de nuevo, no estoy juzgando el hecho, sólo relatándolo-, se ha publicado la sentencia dictada en Austria contra el dirigente checo Kramarz, que fue durante mucho tiempo una de las personalidades más influyentes de Austria. Fue condenado a muerte y luego indultado a quince años de prisión. En la sentencia también se menciona que ciertos artículos aparecidos en el "Times", -en inglés, por supuesto-, fueron encontrados en la lengua de Kramarz. El amigo del Dr. Kramarz es el profesor universitario Masaryk, que escapó de Austria y ahora vive en Londres y París. Tómense ciertas frases del programa de Kramarz, con motivo de la sentencia, en base a las cuales ha sido condenado, y deténganse en ellas. Si no entienden nada de las condiciones austríacas, lean estas frases en el Times o en otro sitio, también aparecieron en París en la Revue tcheque, y las parafrasean, -Kramarz habla en los términos correctos, por supuesto-, curiosamente obtendrán las frases de la nota de la Entente sobre las nacionalidades austríacas. 

Y si realmente se utiliza el término "checoeslovacos", surgiría la extraña imagen de que Kramarz se inclina por fundar un Estado a partir de los checos y los eslovacos, lo cual tiene sentido; pero los que en Europa Occidental no saben nada de estas circunstancias lo traducen por "checoeslovacos".

En efecto, es necesario hoy, cuando tantos canales clandestinos desempeñan su papel, aclarar ciertas cuestiones sobre las interconexiones. No quiero construir ninguna hipótesis, ni sacar ninguna conclusión en relación con lo que he dicho, pero el hecho es que existe una curiosa conformidad entre la sentencia que se dictó y el texto de la nota de la Entente. Obviamente, se pueden tener diferentes opiniones sobre esta frase, dependiendo del punto de vista de cada uno. Kramar puede ser visto como un mártir o como un criminal. Pero no quiero emitir juicios. Lo importante es estar en condiciones de observar esta curiosa conformidad. Como ya he dicho, simplemente me di cuenta de ello cuando me preguntaba sobre el origen, aparte de todo lo demás, de la estupenda ignorancia en la que se basa la nota.

Ciertamente hay que hablar de esta estupenda ignorancia. Porque es significativo, y es una de las características de nuestro tiempo, que sobre la base de este tipo de realidad se exprese una opinión por parte de quienes dominan una mitad de la tierra habitable. Es, en efecto, un desafío al espíritu de la verdad. Siempre será posible, si uno tiene el poder, dar a los hechos una bofetada insolente en la cara - y la periferia tiene este poder. Pero no se puede dar una bofetada a la verdad. La verdad habla y será, -esperemos- también un impulso que, cuando las cosas estén peor, pueda llevar a la humanidad a algún tipo de salvación.

Continuaremos mañana.

Traducido por J.Luelmo sept.2023

GA226 Oslo, 19 de mayo de 1923 -Ser humano, destino humano y evolución del mundo - La voluntad y el pensar en relación con el destino pasado y futuro del hombre

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    RUDOLF STEINER 

Ser humano, destino humano y evolución del mundo
LA VOLUNTAD Y EL PENSAR EN RELACIÓN CON EL DESTINO PASADO Y FUTURO DEL HOMBRE

 Oslo, 19 de mayo de 1923

cuarta conferencia

Al contemplar el alma del hombre, encontramos su elemento interior compuesto por el pensar o formación de representaciones mentales, el sentir y la voluntad. ya saben que he hablado a menudo de estas tres actividades del alma. Sin embargo, quisiera decir hoy algunas palabras sobre esta triple constitución del alma humana, en cuanto se relaciona especialmente con el presente ciclo.

GA227 Penmaenmawr, 25 de agosto de 1923 - La interacción de los distintos mundos.

     Índice

    RUDOLF STEINER 

Conocimientos de Iniciación

LA INTERACCIÓN DE LOS DISTINTOS MUNDOS

 Penmaenmawr, 25 de agosto de 1923

séptima conferencia

En la vida humana existe una perpetua interacción entre el mundo suprasensible y el mundo de los sentidos; y también me he referido a casos extremos en los que los dos mundos -o en realidad los tres- interactúan entre sí sin que el hombre contribuya en nada a ello mediante su propio desarrollo. Hoy hablaremos de ejemplos humanos de interacción entre los diversos mundos. Describiré primero el tipo ordinario de sonámbulo, luego el tipo de Jacob Boehme y, finalmente, el tipo representado por Swedenborg.

La relación de estos tres tipos entre sí es tal que puede decirse que cada uno indica, como por un experimento universalmente válido, cómo la evolución humana está conectada con la evolución del mundo como un todo. Esto es también lo que quiero destacar en lo que voy a decir.

Al estudiar estos tres tipos de hombres, que entran y salen del mundo espiritual sin reconocer plenamente la presencia del Guardián en el Umbral, encontramos en efecto que los tres -el tipo del sonámbulo, el tipo de Jacob Boehme y el tipo de Swedenborg- tienen una manera de percibir el mundo suprasensible -o, como es particularmente cierto en el caso del sonámbulo, están activos en él- que es diferente del camino abierto por la cognición Imaginativa, Inspirativa e Intuitiva. Esto se deriva del hecho de que cuando alguien entra en el mundo espiritual - y todo el mundo lo hace, aunque sólo sea inconscientemente, cada vez que se va a dormir -, todas las cosas, como ya he señalado, se vuelven diferentes de lo que son en el mundo físico.

Tres características del mundo suprasensible, sobre todo, son opuestas a las del mundo físico. Este contraste tiene un efecto tan fuerte sobre los seres humanos y es tan perturbador para todo lo que consideran verdadero, correcto, saludable, etc. en el mundo físico que, dada la actual condición terrenal del alma y del cuerpo, las personas nunca deberían ser trasladadas repentinamente al mundo suprasensible sin la debida preparación. De ahí que en mi libro Conocimiento de los mundos superiores haya insistido especialmente en la necesidad de una preparación adecuada. Se describe allí de tal manera que cualquiera que siga las instrucciones estará preparado en todos los aspectos para entrar en el mundo suprasensible de la manera correcta. Sin embargo, los tres tipos de los que estoy hablando hoy no entran por la preparación, sino por su destino, y su destino, su karma, les protege de cualquier peligro. En efecto, a través de su karma se familiarizan con muchas cosas relativas a la humanidad que, de otro modo, sólo pueden ser conocidas a través de la cognición Imaginativa, Inspirativa e Intuitiva.

En primer lugar, en el mundo espiritual-suprasensible, cesa todo peso, toda gravedad. Cuando se está realmente en el mundo espiritual, nunca se está en nada que se pueda pesar, sino en lo imponderable. La primera experiencia consciente allí es como la sensación que podríamos tener en el mundo físico si el suelo se estuviera cayendo bajo nuestros pies, y tuviéramos que mantenernos firmes a través de nuestras propias fuerzas internas.

Así que deben imaginarse cómo, si realmente deseamos entrar en el mundo espiritual, estamos obligados a tener esta sensación de que el suelo se desprende de nosotros, y cómo, sin gravedad en la que apoyarnos, tenemos que mantenernos en el espacio libre por la fuerza que llevamos dentro.

La segunda cosa que cesa en lo suprasensible es todo lo que tenemos como percepción sensorial en el mundo físico. Para decirlo brevemente: en el mundo suprasensible cesa la luz y uno se encuentra en la oscuridad. Pero eso no es todo, pues en realidad no es sólo la luz la que cesa; la luz cesa en el mundo físico para los ciegos, que aún poseen otros sentidos. Pero en la ciencia del espíritu la palabra luz abarca a menudo no sólo la luz y el color, sino todo lo audible, tangible o perceptible como el calor, etcétera. En el mundo suprasensible, todo esto cesa. Y uno puede dar a entender esto refiriéndose simplemente a lo que para la mayoría de la gente es su principal experiencia sensorial, y así diciendo: Donde había luz, todo se vuelve oscuro.

Lo tercero que se encuentra en el mundo espiritual, -y debemos esforzarnos por sentirlo en toda su realidad-, es el vacío en lugar de la plenitud. Aquí, en el mundo físico, generalmente hay algo que tocar, y cuando no hay nada más sigues rodeado por el aire. En todas partes hay plenitud. En el mundo espiritual es justo lo contrario: en todas partes hay vacío. De ahí que podamos decir: En el mundo físico de los sentidos, las experiencias predominantes son las de lo ponderable, de la luz en el sentido físico, que incluye todo lo experimentado por los sentidos; y en tercer lugar, la plenitud. Mientras que en el mundo espiritual prevalece lo imponderable; la oscuridad en la que el hombre debe proporcionar su propia luz a partir de lo que ha desarrollado interiormente durante su evolución; y el vacío que tiene que llenar para la conciencia superior con la realidad que absorbe al entrar en otros seres espirituales a través de la Intuición.

Ahora bien, cuando un hombre es llevado, por el destino instintivo, fuera de lo ponderable al reino donde prevalece lo imponderable, se apoderan de él fuerzas de más allá de la Tierra. Cualquiera que se desplace por la Tierra física, o incluso cuando está acostado, está siempre sujeto a las leyes de la gravedad. Si escapara de ellas durante unos minutos, entraría en juego la fuerza contraria, la contragravedad. Entonces experimenta en su interior una fuerza que le arrastra lejos de la Tierra, en lugar de encadenarle a ella. Es la misma fuerza que proviene de la Luna, además de la luz que refleja.

Por lo tanto, cuando alguien va por la Tierra, está expuesto en la vida normal a la fuerza de gravedad que lo arrastra hacia abajo y lo sujeta a la Tierra. Si a través de su karma, que está entonces ligado a las fuerzas de la naturaleza que dominan en él, esta gravedad terrestre se retira en ciertos momentos, para que las fuerzas de la Luna puedan empezar a actuar sobre él como contra-gravedad, entonces, aunque todavía esté dormido, empieza a vagar. Entonces está expuesto a las fuerzas que gobiernan sus cuerpos físico y etérico, fuerzas que están relacionadas no sólo con las fuerzas reflejadas por la Luna en forma de luz, sino con muchas otras fuerzas que fluyen de la Luna a la Tierra. Estas fuerzas tiran del hombre; siempre están tratando de alejarlo de la Tierra. En el momento en que, en lugar de estar en las garras de la gravedad terrestre, es agarrado por las fuerzas de la contra-gravedad, que vienen de la Luna y que trabajan contra las fuerzas terrestres, puede vagar por ahí a la manera lunática del sonámbulo. Las fuerzas que dominan al hombre en este momento son muy diferentes de las fuerzas terrestres normales, pero esto sólo se aplica a la época actual. Estas fuerzas sólo se encuentran ahora en el sonámbulo, y son anormales. Si se le llama por su nombre terrestre cuando, bajo la influencia de la Luna, está vagando por un tejado, caerá. Así entra inmediatamente en el reino de las fuerzas terrestres; pero en otras épocas no se daban a los hombres nombres como los que tienen hoy, y la condición temporal del sonámbulo era entonces normal. Cualquiera que analice el asunto verá que el hombre terrenal, en su llamada vida normal de hoy, está ligado a las fuerzas de la Tierra. El sonámbulo, sin embargo, nos lleva de la evolución humana a la evolución del mundo y, de hecho, a aquella época en que la evolución del mundo era la evolución de la Luna.

En el momento en que una persona entra en el reino de la evolución lunar, se comporta como si no viviera en absoluto en el reino físico de la Tierra, sino en el mundo astral, aunque el astral penetra en el físico y se sirve del cuerpo físico. Y lo que el astral desarrolla físicamente de esta manera fue en un tiempo la evolución lunar. Se nos recuerda que la actividad astral en lo físico fue una vez evolución del mundo -evolución lunar- y volverá a serlo. Pero entonces un hombre será capaz, en plena conciencia, de subir por superficies muy inclinadas, como hoy pueden hacerlo las moscas. Esto es una indicación de lo que sucederá en el futuro durante la evolución de Júpiter. Así pues, si comprendemos correctamente al sonámbulo, podemos estudiar el cuadro físico que nos presenta, como si la naturaleza misma nos diera una demostración de lo que experimentamos durante nuestra existencia lunar -no, ciertamente, en un cuerpo físico de carne, sino en una sustancia infinitamente más fina- y de lo que experimentaremos de nuevo cuando aprendamos a dominar la sustancia física con plena conciencia, durante la evolución de Júpiter. Así pues, este estado de sonambulismo apunta tanto al pasado como al futuro en la evolución del mundo.

A este respecto, nos ocupamos exclusivamente de los seres humanos que podemos llamar hombres-luna, que en ciertos momentos de su vida se vuelven sonámbulos. Pero este comportamiento sonámbulo, este ir de un lado a otro en lo imponderable, puede realizarse espiritualmente, en plena conciencia, si al mismo tiempo se tiene la fuerza suficiente para mantenerse perfectamente inmóvil. El sonámbulo sigue los impulsos de las fuerzas lunares; se entrega inconscientemente a ellas y realiza todos los movimientos a los que le impulsan. Pero el que pasa por esta experiencia con clarividencia exacta y consciente, se abstiene de tales movimientos; se mantiene inmóvil. El efecto es que los movimientos sufren en él una metamorfosis y se convierten en Intuiciones. La intuición consciente, por lo tanto, el más alto desarrollo de la clarividencia estricta, consiste realmente en detener las acciones que un sonámbulo es instintivamente obligado a realizar por las fuerzas lunares. Quien realiza esta metamorfosis no se entrega a las fuerzas físicas de la Luna, sino que las contiene en sí mismo. Así puede dedicarse intuitivamente a la espiritualidad correspondiente, es decir, alcanza la Intuición.

De ahí que sea realmente muy bueno estudiar en estos hombres-luna cómo, por un lado, el hombre está relacionado con la evolución del mundo, y por otro cómo el sonámbulo y el clarividente exacto son opuestos. Mientras que los instintivos son los sonámbulos lunáticos, los clarividentes exactos son videntes intuitivos que, absteniéndose de la acción, se mantienen frente a la Luna. Eso es lo que se nos muestra en este punto de la relación del hombre con el mundo.

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El segundo de los tres tipos de hombres de los que hablo hoy está ejemplificado en Jacob Boehme. Él era un hombre tan plenamente dotado que en ciertos momentos de su vida, como por su destino natural, su karma, era capaz, estando completamente despierto, de evocar ante sí, en lugar del mundo iluminado por el sol, el espacio oscuro. De lo que ya he dicho se desprende que aquí no se trata sólo de la oscuridad que es ausencia de luz, sino del borramiento de todo lo percibido por los sentidos. A Jacob Boehme le fue posible, bajo ciertas condiciones durante su vida, encontrarse con la oscuridad en lugar de la luz, con el silencio y la quietud en lugar de los diversos sonidos del mundo, y en lugar del calor con algo, -igualmente distinto del calor o del frío-, que podríamos llamar anti-calor, y así sucesivamente. De modo que, si a través de la Inspiración uno hubiera examinado estos estados suyos, sin experimentarlos uno mismo, habría tenido que decir que Jacob Boehme, en lugar de tener un espacio iluminado por el sol a su alrededor, se enfrentaba en ciertos momentos a una completa oscuridad.

Las personas que tienen esta experiencia sin ser conscientes de ello, es decir, que se encuentran en un sueño ligero, aunque siguen sintiendo que están en el mundo ordinario iluminado por el sol, tienen lo que se llama segunda visión: y esto es lo que Jacob Boehme tenía en su forma más pronunciada. Sólo que, en su caso, se aplicaba menos a los detalles individuales de la Tierra y más a la constitución de la Tierra como un todo. ¿Cuál era, pues, su visión?

Ahora imagínense esto. Cuando otras personas tienen ante sí la luz del Sol, Jacob Boehme la tenía, -precisamente desde el punto donde se encuentran los rayos visuales de los ojos, al mirar algún objeto lejano o cercano, o desde detrás del punto donde surge una barrera cuando cruzamos la mano derecha sobre la izquierda y nos aislamos del mundo exterior-, allí Jacob Boehme se encontraba ante la oscuridad y el silencio con respecto a todos sus sentidos. Imagínense esta oscuridad total. Hay una imagen física que se corresponde estrechamente con ella. Cuando uno se coloca ante un espejo, no ve lo que hay detrás, sólo lo que hay delante. Espiritualmente, es lo mismo para cualquiera que vea a la manera de Jacob Boehme. La oscuridad que hay detrás crea algo delante como un espejo, en el que uno ve reflejado el mundo terrenal en su espiritualidad. Así, si uno fuese del tipo de Jacob Boehme, en ciertos momentos de su vida miraría hacia la oscuridad y, como esta oscuridad le devolvía la vida espiritual de la Tierra, contemplaría la constitución espiritual de la Tierra y el curso de su existencia.

Era una poderosa segunda visión la que tenía Jacob Boehme. Otro hombre puede tener ciertos momentos en su vida en los que se enfrenta a la oscuridad que apaga la luz física, lo que le permite mirar en lo espiritual. Entonces, si comprende cómo hacer el uso correcto de este espejo espiritual, que consiste simplemente en la existencia de la oscuridad, entonces, a través de las comunicaciones internas entre todas las cosas terrenales, los hechos e incluso los pensamientos, podrá, cuando esté en Europa, percibir a un amigo en América. Pues lo que percibimos con nuestros ojos y sentidos físicos resulta, sobre todo, de la acción del Sol. Pero el Sol también actúa de forma oculta en todo: en los minerales, en las plantas, en los animales y también en los seres humanos. Aunque se encuentren en Europa, a través de estas fuerzas ocultas del Sol en su interior, están en comunicación con un amigo en la lejana América, en quien estas mismas fuerzas están activas.

Estas comunicaciones tienen efectos kármicos. Muchas personas han tenido su destino de matrimonio, amor, amistad, ligado a alguien en América, quizás, que era desconocido para él en ese momento. En este trabajo del karma en la Tierra, las fuerzas ocultas del Sol están activas; se hacen visibles allí, como en un espejo.

Esto se aplica particularmente a las personas que llevan vidas aisladas en islas, en valles montañosos o en otros lugares favorables en este sentido, y el hecho de que la segunda visión sea bastante común en tales lugares se debe a que las personas que llevan vidas aisladas responden más fácilmente que otras a estas comunicaciones interiores y son capaces de extender una oscuridad parcial a su alrededor en la vida. De ahí las segundas visiones escocesa y de Westfalia, y la segunda visión en un valle aislado de Alsacia tan bellamente descrita por Oberlin. Así aparecen tales cosas en regiones especiales de la Tierra. Cuando son auténticos, como esos efectos ocultos del Sol de los que acabo de hablar, deben juzgarse de manera muy diferente a como se juzgan normalmente en nuestra época materialista.

Algunas personas hoy en día, orgullosas de su inteligencia, discuten si alguna vez existió un Rey Arturo, si fue una figura real o legendaria. Pero los que pueden profundizar en la cuestión hablarán de otro modo. Para ellos, cualquiera que dude de que el Rey Arturo haya existido es mucho más legendario que el propio Rey Arturo. Tomemos por ejemplo a un erudito moderno que niegue la existencia de Arturo: bueno, está físicamente presente entre nosotros, pero de hecho pertenece mucho más al reino de las sagas y las leyendas que el Rey Arturo, al menos en opinión de quienes pueden ver la verdad de estas cosas.

De ahí que podamos decir de las personas que tienen una segunda visión, el don manifestado en grado sumo en Jacob Boehme, que son en un sentido especial Hombres-Sol. Así como normalmente vemos los efectos del Sol en el mundo exterior, estos hombres-Sol están impregnados interiormente por las fuerzas ocultas del Sol. Y así como nuestro primer tipo consistía en hombres-luna, el segundo tipo consiste en hombres-sol, como Jacob Boehme con su segunda visión. Son hombres-Sol que, por su karma natural, llevan dentro de sí algo que hoy es anormal, pero que, por eso mismo, está totalmente de acuerdo con la realidad; porque lo que hoy es anormal, en algún momento fue completamente normal.

Así, al darnos cuenta de lo que los hombres con segunda visión son capaces de percibir, al hacernos comprender la naturaleza de las fuerzas ocultas del Sol, por las que estos hombres-Sol están impregnados, podemos decir: Esta vida en los efectos ocultos del Sol, ahora anormal, era normal en una etapa anterior de la evolución de la Tierra, y volverá a ser normal. Fue normal durante el período que, como evolución solar, precedió a la evolución terrestre. Entonces era normal que los hombres, en todas partes, se miraran en la oscuridad como en un espejo, para que se les reflejara lo espiritual. Toda la Tierra pasó por esa etapa de evolución que hizo del hombre, en su tenue y volátil materialidad de entonces, un hombre-Sol. La conciencia era entonces muy tenue.

Esta condición volverá de nuevo. Entonces el hombre será capaz de penetrar con plena conciencia en la oscuridad que le rodea, produciendo por sus propios esfuerzos una imagen reflejada del mundo entero. Para entonces habremos llegado a la evolución de Venus, una etapa futura de la evolución de la Tierra.

Las personas que deseen adquirir la segunda visión deben desprenderse de sus percepciones y sensibilidad groseras, y de las sensaciones que reciben de lo físico de su entorno; deben extraer de sí mismas una sensibilidad libre. A esto también se puede llegar interiormente, aunque no sin peligro. Puede lograrlo cualquiera que fije su mirada, -no estoy aconsejando esto, simplemente les estoy proporcionando hechos- en algún objeto brillante, para inducir un estado de fascinación. De este modo se debilita la sensibilidad exterior, se estimula la interior y se evoca la segunda visión. En la antigüedad, en determinadas circunstancias, la segunda visión se evocaba de forma bastante sistemática. Los relatos al respecto hablan de un "espejo mágico": en realidad, se trataba de un instrumento diseñado para fascinar y, de este modo, amortiguar la sensación exterior, llamando así a la sensación interior como su polo opuesto. Se utilizaba un espejo físico para evocar un reflejo espiritual. Lo importante no era lo que se veía en el espejo físico; el espejo físico simplemente ahuyentaba toda sensación exterior y se evocaba la sensación interior. Así surgió la creencia de que en el propio espejo mágico podían verse los sentimientos, los pensamientos, etc., de amigos lejanos. En realidad, la persona veía el estado del alma provocado en sí misma por el espejo ordinario.

Cualquiera que provoque este tipo de visión ve realidades reales. Ve la actividad espiritual que tiene lugar en los reinos de la naturaleza, y está, por así decirlo, unido a todo lo que en la Tierra es semejante al Sol.

Para entender realmente los escritos de Jacob Boehme, uno debe tomar todo su contenido como derivado de una complicada y maravillosa segunda visión.

Otra personalidad, Paracelso, estaba constituida de una manera similar aunque algo diferente. En su caso, la sensación se combinaba con un mayor poder intelectual; de ahí que siempre interpretara las imágenes que le revelaba la segunda visión. Cuando reflexionamos intelectualmente sobre las cosas físicas, perceptibles por los sentidos, no las cambiamos, porque el intelecto es impotente ante lo físico; pero no es impotente ante nada que se vea en un espejo de la manera descrita. Percibir la constitución interna del mundo tan puramente en términos de segunda visión sólo es posible para alguien como Jacob Boehme, que era capaz de entregarse desinteresadamente a las cosas externas. El amor inagotable con que miraba todas las cosas, y que se hacía sentir en toda su manera de captar las imágenes reflejadas de lo espiritual en el mundo, está presente en casi todas las líneas que escribió. Así que estas reflexiones permanecieron para él en la mayor pureza como una especie de Imaginaciones de lo espiritual en el mundo.

Con Paracelso, todas estas cosas sufrieron un cambio de acuerdo con su fuerte inclinación intelectual. De ahí que sean imágenes reflejadas a las que se da una forma diferente. Incluso de un espejo físico puedes aprender que lo que refleja puede sufrir un cambio, - sólo tienes que mirar tu cara en un espejo cóncavo. No hay duda de que no te gustaría tener la cara tal y como la ves allí. Eso es más o menos lo que la intelectualidad hace a la superficie reflectante en la que uno se mira, si uno es un intelectual como Paracelso. Por este medio, sin embargo, uno penetra más profundamente en las fuerzas internas.

Así Jacob Boehme, contemplando todas las cosas con su amor verdaderamente sublime, se convirtió en un observador contemplativo; mientras que Paracelsus, concentrándose más en las fuerzas internas, y distorsionando las imágenes-espejo con las que estaba tratando, se acercó más a las fuerzas curativas que subyacen en las cosas como fuerzas solares ocultas.

Cuando alguien aprende a dominar conscientemente las fuerzas ocultas del Sol, de modo que no utiliza la oscuridad exterior para ver imágenes reflejadas, sino que lleva a la oscuridad la luz interior encendida en el alma y el espíritu a través de la meditación y la concentración; cuando llega a ser capaz de llenar con fuerzas interiores del alma el espacio que de otro modo estaría iluminado por el Sol físico, de modo que puede iluminarlo con la luz de su propia alma y espíritu, entonces surge realmente la Imaginación consciente. Esta Imaginación consciente, que puede ser evocada de la manera que hemos aprendido a hacerlo en el camino del conocimiento, es la fuente de lo que Jacob Boehme, como hombre-Sol, plasmó hasta cierto punto inconscientemente en sus escritos, y con menor dominio del mundo de las ideas y demás.

Y así como la Intuición surge cuando las fuerzas secretas de la Luna en un hombre se mantienen firmes, y no se expresan en vagabundeos sonámbulos, así las imágenes-espejo evocadas por las fuerzas del Sol a partir de la oscuridad espiritual se transforman en Imaginación consciente.

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Mientras que el tipo sonámbulo vive en las fuerzas de la Luna, y el tipo Jacob Boehme en las del Sol, un tercer tipo vive en las condiciones de calor y frío siempre presentes en el espacio alrededor de la Tierra. En la vida normal, la gente se acostumbra a la temperatura predominante. Pero existe una cierta sensibilidad delicada e íntima que se independiza del calor o del frío exterior y, por el contrario, es muy susceptible a la acción oculta del calor y del frío que impregnan el espacio que rodea y penetra la Tierra. Una facultad de este tipo para percibir estas acciones ocultas fue adquirida en cierto momento de su vida por Swedenborg. Cualquiera que desee hacer un estudio de la faceta misteriosa de la vida de Swedenborg llegará gradualmente a ver con claridad que esta susceptibilidad apareció en él a cierta edad, pues hasta entonces había sido un distinguido representante de la ciencia oficial de su época: sus escritos en este campo son muy numerosos. No todos fueron publicados en su momento, pero ahora una sociedad de eruditos suecos está preparando una edición de sus obras científicas en muchos volúmenes. No cabe duda de que Swedenborg será un hueso duro de roer para estos eruditos. Se ven obligados a admitir que sus obras demuestran que fue uno de los mayores genios de su época, pero que en un determinado momento de su vida se volvió clarividente, lo que, en opinión de quienes editan sus obras oficialmente reconocidas, es otra manera de decir medio tonto.

Ahora debemos dirigir nuestra atención más bien a esta visión superior desarrollada por Swedenborg después de haberse familiarizado con el resto del conocimiento reconocido en su época. Debemos examinar más de cerca las razones por las que se convirtió así en "medio tonto" a los ojos del saber oficial.

Al profundizar en la personalidad de Swedenborg, descubrimos que "perdió el juicio" porque en su cuadragésimo año desarrolló un amor abrumador por todo lo que había aprendido hasta entonces. Difícilmente puede haber alguien que haya amado el conocimiento puro tanto como Swedenborg llegó a amarlo. Fue este amor por el conocimiento lo que le permitió, en cierto momento de su vida, mirar a su manera en el mundo espiritual, y volverse susceptible a los efectos ocultos del calor y el frío en el espacio circundante.

Estos efectos ocultos de calor y frío no provienen ni de la Luna ni del Sol, sino principalmente de un cuerpo celeste que envía rayos muy modestos al espacio interplanetario: Saturno. Estos modestos rayos transportan las fuerzas ocultas que, en cierta época de su vida, impregnaron particularmente a Swedenborg. Por este motivo, desarrolló la capacidad de percibir el vacío, en lugar de la plenitud que nos rodea en el mundo de los sentidos, y un día se volvió sensible a ello. No hizo ningún esfuerzo para llegar a serlo; surgió instintivamente. Tampoco se sometió a ningún entrenamiento como el que he descrito en el libro El Conocimiento de los Mundos Superiores; esta sensibilidad surgió en él como un delicado instinto superior. Y así llegó a ser capaz de mirar en el mundo, -no un mundo físico-, que es perceptible sólo cuando hemos entrado en las condiciones de calor y frío que fluyen como rayos desde Saturno a través del espacio interplanetario. Así desarrolló una forma de visión muy individual.

Si se lee lo que Swedenborg ha registrado como resultados de esta visión, realmente parece casi una experiencia etérea, sutilizada, terrenal. Los seres espirituales que él ve, ángeles, arcángeles, etc., se mueven ciertamente con la libertad de lo imponderable, pero casi a la manera de los seres terrenales. Podemos preguntarnos si el mundo que contemplaba era real, o si simplemente proyectaba en el vacío lo que extraía de sus propios recursos interiores. No, la verdad es muy distinta. Además del mundo al que miramos con nuestros sentidos físicos, y además del segundo mundo que podemos experimentar, el mundo etérico, estamos rodeados por un mundo puramente espiritual. En este mundo espiritual hay seres espirituales que nunca han descendido a la Tierra, seres que llevan una vida de movimiento y actividad. Estos seres tienen que enviar su influencia a la vida terrenal; por eso imparten al elemento etérico de la Tierra su actividad en el mundo puramente espiritual. Podemos describirlo de esta manera. La Tierra está rodeada, impregnada, por su elemento etérico, y fuera, -en realidad fuera del espacio-, está el mundo de estos seres espirituales activos que entra en el reino terrenal. La Tierra es lo que es sólo gracias a la actividad de estos seres.

Esta actividad irradia en el reino terrestre, pero es devuelta y reflejada en el éter de la Tierra; y las fuerzas del éter son en realidad la realización etérica de lo espiritual que está por encima de ellas. Cuando estudiamos el éter que nos rodea en la Tierra, lo encontramos impregnado de la actividad de estos seres espirituales en forma de imágenes etéricas. La actividad real tiene lugar por encima o dentro de ella. Lo que nos rodea inmediatamente en la Tierra es la actividad que se proyecta hacia el éter de la Tierra. Es como si un espejo no sólo reflejara imágenes, sino que desarrollara gradualmente una actividad propia. La actividad espiritual se proyecta desde la Tierra hacia el éter, y esta actividad es en realidad una proyección de la actividad espiritual.

Así como Jacob Boehme veía en un espejo el reflejo de lo que sucede en el cuerpo humano o en la naturaleza, en la forma que he descrito, para Swedenborg la propia Tierra era el espejo que le devolvía en el éter las imágenes de la actividad espiritual en el mundo espiritual. Podemos decir que lo que él veía no era el mundo espiritual, o también podemos decir que sí lo era. No es más que la realización de una imagen reflejada por la Tierra. Es una imagen verdadera, pero verdadera sólo como reflejo de la realidad que hay tras ella.

Eso es lo que Swedenborg percibía. En el éter de la Tierra veía cómo los seres supraterrenales desarrollan fuerzas en el éter, -fuerzas que desempeñan un papel positivo en la vida humana y también en otras formas de vida en la Tierra. Estas fuerzas etéricas no son Ángeles ni Arcángeles, sino fuerzas que vibran en el éter. Hoy en día es anormal que alguien pueda ver estas fuerzas etéricas ocultas, que proyectan por todas partes en el éter circundante una imagen etérica de los arquetipos espirituales superiores. Sin embargo, en una época anterior de la evolución de la Tierra, esto era perfectamente normal, en el tiempo que precedió a la evolución del Sol y que puede llamarse la época de Saturno. En aquella época se dio a conocer que un día experimentaríamos una época de Venus, después de la cual vendría la época de Vulcano.

En Swedenborg surgió este tipo especial de visión, -el modo de existencia que una vez atravesó la Tierra; cómo se revelaba la Tierra a los hombres de aquel tiempo; y cómo se revelará en el futuro.

Cuando alguien ha adquirido la capacidad de ver conscientemente las imágenes que Swedenborg contempló en el éter; cuando al vacío del espacio-mundo puede oponer su propia plenitud, -entonces, para la clarividencia exacta, los seres que fueron reflejados etéricamente para Swedenborg se desvanecen de la visión etérica, y comienzan a ser audibles para la audición espiritual, los oídos espirituales. Cuando se borran como imágenes visionarias, se convierten gradualmente en Inspiraciones, sonando en la conciencia desde fuera del mundo espiritual.

De ahí que podamos decir: La Imaginación inconsciente, surgiendo en Swedenborg como imágenes etéricas, -si se observan cuidadosamente las advertencias del Guardián del Umbral, -lo que Swedenborg no pudo hacer-, pasará por una metamorfosis y reaparecerá como Inspiración astral plenamente consciente.

Ahora les he mostrado cómo se relacionan el estado más subconsciente del sonámbulo, el tipo de visión de Jacob Boehme y el tipo de Swedenborg, con lo que se puede buscar conscientemente como Intuición, Imaginación, Inspiración. Hoy he tenido que ponerlos en un orden diferente porque he estado dando una imagen cósmica. Si esto se hace de acuerdo, no con los nombres, sino con las cosas en sí mismas, entonces, si las descripciones se dan desde diferentes puntos de vista, la secuencia tiene que cambiar, al igual que las cosas a menudo pueden aparecer en un orden diferente cuando se cambia la perspectiva. Por ejemplo, supongamos que estoy entre dos hombres, uno detrás de mí y otro delante. Si me adelanto al que tengo delante, puedo mirarles a los dos. Así también, en el espacio cósmico las cosas cambian de acuerdo con nuestro punto de vista.

Por eso, en mis ciclos de conferencias, las cosas aparecen en un orden diferente, según los distintos puntos de vista desde los que hay que describirlas. Cuando esto no se aprecia plenamente y alguien persiste en un enfoque abstracto, dirá: Esto no cuadra. Pero los únicos que pueden permitirse satisfacer al intelectualista puro en este asunto son aquellos cuyas descripciones derivan de meras suposiciones. Cualquiera que describa realidades debe permitir que parezcan contradictorias, como a menudo pueden parecerlo desde distintos puntos de vista.

Traducido por J.Luelmo, ago.2023