CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 29

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GA174 Dornach 13 de enero de 1917 Necesidad de cultivar el sentido de la verdad

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RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 13 de enero de 1917

XVIII conferencia

Me parece que es necesario, sobre todo en nuestra época, que los miembros de nuestro movimiento sepan algo sobre las condiciones del mundo. Las observaciones que hemos hecho aquí han servido más o menos a este propósito.  Cuando hablamos de ciencia espiritual en nuestro propio sentido, debemos penetrarnos del conocimiento de cómo nuestro mundo, que inspeccionamos con la mente física y los sentidos, no es otra cosa que la revelación del mundo espiritual. Mientras el mundo espiritual sólo sea comprendido de un modo abstracto, dividiendo al hombre en sus diversos componentes y haciendo todo tipo de observaciones teóricas sobre el karma y la reencarnación, -como en el fondo nunca hemos hecho de un modo tan teórico-, la ciencia espiritual no podrá llegar a ser realmente provechosa para la vida. Por eso he hecho que dirijan su mirada de diversas maneras hacia la realidad exterior, teniendo siempre presente lo que hay detrás de esta realidad exterior, ya sean directamente factores ocultos, impulsos ocultos, ya sea que los impulsos ocultos sean utilizados por las personas en tal o cual relación. 

Para aquel que sepa ver un poco a través de las condiciones actuales, se hará cada vez más claro en el futuro, mirando hacia atrás sobre nuestros tiempos, que la antigua manera histórica de ver las cosas, tal como prevalece hoy, ya no es suficiente para comprender lo que está sucediendo en el presente. Ciertas enseñanzas ocultas del conocimiento maduro de los hombres surgirán como necesarias a través de las circunstancias, y aquellos que cierren sus mentes a tales cosas tendrán que llevar en el futuro el sello de la ignorancia, de la falta de conocimiento. 

Desde el siglo XIX es habitual construir la historia de forma puramente materialista, como se dice, a partir de los archivos. Hoy todavía no nos damos cuenta de que esto no conduce a la presentación real de los impulsos históricos, sino sólo a la descripción de fantasmas materialistas -aunque la palabra suene paradójica, es así: a la descripción de fantasmas materialistas. Lo que hoy figura como historia en los manuales habituales y otras representaciones, las representaciones de las personas y las condiciones del pasado hasta el presente, son -por muy realistas que se crean-, fantasmas sin vida real. Sólo pueden ser fantasmas por la razón de que, a toda realidad, subyacen impulsos ocultos, y si se les deja de lado, sólo se obtienen fantasmas. Por lo tanto, la representación de la historia hasta nuestros días ha sido fantasmal, pero en cierto sentido ha llenado las mentes de los hombres; en cierto sentido ha tenido un efecto. Y la tragedia de la época actual es, en muchos aspectos, precisamente una representación del karma en esas concepciones fantasmales y falsas que los hombres han ido adquiriendo gradualmente. Pero incluso dentro de nuestro movimiento, el curso del mundo no debe, por así decirlo, dividirse en dos mitades sin mediación, como les gustaría a algunas personas de nuestro movimiento: Por una parte, la complacencia en las llamadas ideas suprasensibles, que, sin embargo, siguen siendo conceptos más o menos abstractos, y por otra, la persistente inmovilidad en las concepciones ordinarias, como las que la mente vulgar, completamente saturada de materialismo, desarrolla sobre la realidad exterior. 

Las dos cosas, -la realidad física exterior y la existencia espiritual-, deben unirse, es decir, hay que darse cuenta de que en lugar de la visión anterior de la historia debe venir lo que he llamado una historia sintomática, a través de la cual se aprenderá que en ciertos fenómenos el desarrollo histórico se expresa con más fuerza que en otros. 

Ahora bien, en las últimas ocasiones quizás he insinuado algunas cosas de forma demasiado realista, aunque sólo para un sentimiento que dice: ¿Por qué nos describe las cosas que de todos modos también oímos? Si se mira con más atención, se verá que no se pueden oír de otro modo en la forma en que se describen aquí, sobre todo no en este tipo de recopilación, en este tipo de observación sintomática, en la que los diversos detalles característicos se unen para formar una viva captación de la realidad. La pregunta ahora es obvia: ¿Cómo se producen los síntomas que les he mencionado?  Me gustaría profundizar un poco en ello. 

En el transcurso del tiempo les he contado una serie de hechos, algunos de los cuales la gente llamará pequeños hechos insignificantes, como el del vástago del Voivoda Voidarevich de Herzegovina, o lo que les conté sobre el Comité de Caridad Ruso-Eslavo, etcétera. Por un lado, tales cosas pueden ser consideradas fácilmente como insignificantes, pero por otro lado, podría decirse: ¿Cómo es que tales cosas se juntan en primer lugar? ¿Cómo es posible entonces que se imponga entre nosotros una visión de la historia que intenta combinar detalles muy divergentes en una imagen de conjunto? Dicho más vulgarmente, la pregunta, si alguien me la hiciera, sería: ¿Cómo llega usted a conocer precisamente estas cosas, que deben considerarse características de los acontecimientos del presente, y a recogerlas en vida de esta manera? - Quisiera dar a esta pregunta una respuesta que les mostrará vivamente cómo puede intervenir en la vida la ciencia espiritual. 

En el curso de la vida uno adquiere conocimiento de tales cosas, si el karma así lo trae consigo, y si uno le permite al karma un curso realmente sincero, veraz.  Muchos piensan que dejan que el karma siga su curso, que se rinden al karma; pero eso puede ser un gran engaño.  Nadie puede seguir los acontecimientos externos de tal manera que se le revele la verdad, a menos que realmente se abandone al Karma, a menos que deje mucho abajo en el subconsciente, que deje que mucho se le escape del alma, pues debido a toda clase de simpatías y antipatías uno nubla su libre mirar. Nada es tan propenso a nublar la visión libre como lo que ahora se llama el método histórico. 

Este método histórico da lugar a fantasmas, porque el historiador de hoy no puede abandonarse a su karma. Por supuesto, si se abandonara a su karma desde su primera juventud, suspendería todos los exámenes de historia, eso está muy claro.

Uno no debe abandonarse a su karma y conocer lo que el karma le inflige, sino que debe conocer lo que prescriben los reglamentos de examen y demás. Pero ellos prescriben toda clase de cosas que naturalmente desgarran el karma del hombre, de modo que aquel que simplemente sigue la corriente que le es prescrita nunca puede llegar a la verdad real. Uno sólo puede llegar a la verdad real si se toma en serio estas cosas de las que habla la ciencia espiritual, si no las toma meramente como teoría, sino si las toma en serio. Por supuesto, uno no se toma las cosas en serio si permite que su clara visión se vea empañada por todo tipo de simpatías y antipatías. Hay que afrontarlas más o menos objetivamente, entonces la corriente del mundo les proporcionará lo necesario para comprenderlas. 

Ahora bien, parte de este rendirse al karma con respecto a los acontecimientos de nuestro tiempo actual se debe realmente al hecho de que ustedes, mis queridos amigos, han sido llevados a la Sociedad Antroposófica por su karma. Por consiguiente, en la Sociedad Antroposófica debe ser posible hablar de los hechos sin que las simpatías y antipatías lo impidan; de lo contrario no se tomaría en serio el karma ni siquiera dentro de esta Sociedad. 

He querido prologar esta introducción con las reflexiones que vamos a hacer porque quiero mostrarles ciertos hechos ocultos importantes que no podemos comprender si no sabemos relacionarlos con la vida y si no podemos penetrar en la abundante y enmarañada maleza de falsedad que se arremolina hoy en el mundo. El mundo actual está lleno de falsedades, y el sentido de la veracidad debe cultivarse en el seno de la Sociedad Antroposófica para que ésta tenga un sentido, un verdadero sentido de la vida, durante su existencia, no importa cuánto tiempo pueda existir en las condiciones actuales. 

He estado importunándoles con varias observaciones que he hecho recientemente, no sólo, diría yo, para hacerles ver esto o aquello bajo esta o aquella luz, sino porque estoy convencido de que es importante corregir ciertos conceptos. Quien piense que digo estas cosas por una especie de patetismo nacional, sencillamente no me entiende. 

Ahora bien, entre las graves acusaciones que se lanzan repetidamente contra el centro desde la periferia del mundo actual, y que, como he dicho a menudo, culminan en la frase pronunciada en tal o cual forma, -para pronunciarlas en la forma real, uno se avergüenza: No hagas nada, el alemán será quemado-, se encuentra también que en los círculos más amplios se cita a ciertas personas, cuyas obras uno naturalmente no conoce, como los corruptores, los despojadores del pueblo alemán. Y uno de los citados en primer lugar es el historiador alemán Heinrich Treitschke. 

Ahora bien, como ya he dicho, no quiero examinar a esa personalidad desde un punto de vista nacional, sino desde un punto de vista humano muy general. Ya he mencionado que no tuve mucho contacto con Treitschke, sino que sólo me reuní con él una vez; en su momento insinué que era un poco bravucón. Hoy sólo quiero decir que pude formarme una idea de su naturaleza y carácter a partir de aquel encuentro con Treitschke, pues, naturalmente, no se limitó a hablar de lo que les he mencionado como primera forma de dirección, sino que hablamos de la concepción de la historia, de las publicaciones históricas que estaban causando un gran revuelo en aquella época, en los años noventa, durante los cuales pudimos responder a muchas cuestiones de principio sobre la historia científica y cosas por el estilo. 

Ahora quisiera señalar sobre todo que Treitschke era una persona que da pie a considerarlo un poco desde el punto de vista ocultista.  En el buen sentido en que Sócrates hablaba de una especie de demonium, también se podía decir con Treitschke que algo de demonium vivía en él, no un demonio maligno, sino algo de demonium. Y uno no tenía con él la sensación de que se dejaba llevar meramente por las consideraciones del intelecto materialista, sino que era impulsado desde dentro, precisamente por lo que Sócrates llama fuerzas demoníacas. Yo diría que esas fuerzas le guiaron durante toda su vida. Pues Treitschke ya trabajaba de forma muy significativa cuando este Estado alemán aún no se había fundado. Sin embargo, no escribió su "Historia Alemana" hasta después de la fundación de este estado.  Vivía en él precisamente de la manera característica que es el caso en Europa Central, lo que no se sabe en el círculo circundante, -no sólo no se quiere saber, sino que no se sabe y no se quiere entender-, vivía en él, si puedo decirlo así, un sentido por lo concreto, por la realidad. Una cierta aversión a las meras teorías abstractas y a toda fraseología vivía en él, y con fuerza demoníaca, de modo que se veía, diría yo, a través de la personalidad a las fuerzas espirituales que hablaban desde ella. Además, Treitschke se había quedado completamente sordo relativamente pronto en la vida, de modo que no oía ni la voz de los demás ni la suya propia, y en realidad sólo se comunicaba con su propio interior.  

Semejante destino en la vida vuelve a la persona contra sí misma.La completa ausencia de audición pone al ser humano, si está predispuesto a ello, mucho más fácilmente que de otro modo en el caso de la completa ausencia de un sentido, en conexión con los poderes ocultos operantes, que en realidad sólo son ignorados porque el ser humano está distraído por sus sentidos de aquello que habla al alma más allá de los sentidos. Semejante karma, volverse completamente sordo a una edad temprana, por lo tanto ya tiene un cierto significado y está conectado con lo que yo llamo en este caso una naturaleza demoníaca. 

Bueno, esta naturaleza, este ser humano estaba realmente, a diferencia de muchos, de hecho de la mayoría de la gente de nuestro tiempo, formado de una unidad. Con él nunca funcionó el mero intelecto, sino básicamente siempre el alma entera. Tenemos suficientes verdades caseras en el mundo que pueden demostrarse en cualquier momento con las llamadas "pruebas lógicas"; verdades, sin embargo, a las que se adhiere la sangre humana, que están impregnadas de cálido sentimiento humano, deben tenerse en cuenta, tanto si se adopta el mismo punto de vista como otro distinto. Porque el hombre es, después de todo, el canal a través del cual el mundo de los sentidos se une con el mundo espiritual, y uno llega al mundo espiritual no meramente a través del estudio de teorías científico-espirituales, sino a través de la apropiación del sentido, así como el hombre individual representa un canal entre el mundo de los sentidos y el mundo espiritual. 

Por encima de todo, Heinrich Treitschke fue una personalidad que intentó formar su conocimiento y sus pensamientos sobre la base de un amplio conocimiento, un conocimiento que siempre se basó en la crítica del alma, no en el juicio intelectual. Los juicios eran siempre cálidos desde esta alma-crítica.  Ciertamente tenían algo de retumbante, pero eran cálidos desde esta crítica del alma. Y desde este punto de vista, las reflexiones de Treitschke se centraban sobre todo en la cuestión de la libertad humana, que para él, puesto que era historiador y se preparó muy pronto para ser el historiador de su pueblo, estaba siempre ligada a la cuestión de la libertad política, la libertad del Estado. 

Ahora hay un escrito en la literatura alemana, -pueden conseguirlo fácilmente porque fue publicado en la Biblioteca Universal Reclam-, que trata de la manera más contundente la cuestión de la relación entre la omnipotencia del Estado y la libertad humana, es decir, la libertad no sólo tal como vive desde el interior del alma humana, sino la libertad tal como se hace realidad en la vida social. No conozco ningún otro escrito en la literatura universal que aborde esta cuestión de forma tan contundente.  Este escrito se titula "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del Estado" y es de Wilhelm von Humboldt, amigo de Schiller y hermano del escritor Alexander von Humboldt. En este escrito, de finales del siglo XVIII y principios del XIX, la personalidad humana en su desarrollo pleno, humano y libre se protege de una manera muy bella contra toda omnipotencia estatal. 

Se señala que el Estado no debe intervenir más en el ámbito del "ser humano en general <que su intervención elimina obstáculos al libre desarrollo de la personalidad. Este escrito tiene su origen en la misma base sobre la que brotaron las hermosas cartas de Schiller "Sobre la educación estética del hombre". Y me gustaría decir que el escrito de Wilhelm von Humboldt sobre los límites de la eficacia del Estado es un escrito hermano de "Sobre la educación estética del hombre" de Schiller. Tiene su origen en la época en que se intentaba reunir todos los pensamientos de la vida intelectual que pudieran realmente situar al hombre en el terreno de la libertad.  Por ciertas razones, este escrito no fue muy utilizado en el siglo XIX, pero sin embargo formó repetidamente el estudio de aquellos que, en el transcurso del siglo XIX, quisieron ilustrarse sobre el exterior del concepto de libertad. Por supuesto, el siglo XIX fue una época en la que el concepto de libertad quedó enterrado en muchos aspectos, pero la gente seguía queriendo orientarse sobre el concepto de libertad, y fue precisamente desde este punto de vista que el escrito de Wilhelm von Humboldt "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del Estado" adquirió cierta importancia internacional en Europa. Tanto el francés Laboulaye como el inglés John Stuart Mill tomaron este escrito como punto de partida; para ambos, el escrito de Wilhelm von Humboldt fue un importante punto de partida. Y ellos a su vez, cada uno en su campo, trataron de orientarse a través del concepto de libertad. 

Laboulaye encontró que la institución de su país en lo que se refiere a la relación entre el Estado y el individuo era capaz de sepultar toda libertad real, es decir, todo desarrollo real de la personalidad, bajo el concepto de Estado; John Stuart Mill, partiendo de Wilhelm von Humboldt después de haberlo descubierto, explicó de manera contundente en su escrito sobre la libertad, cómo la sociedad inglesa es capaz de socavar la experiencia real de la libertad. Es precisamente a esta cuestión a la que se dedican los escritos de John Stuart Mill, -en Laboulaye es el Estado, en Mill la sociedad-: ¿Cómo se puede lograr un desarrollo de la personalidad frente a la falta de libertad creada por la sociedad? 

Treitschke, de nuevo en la vena crítica del alma de la que acabo de hablar, siguiendo a Laboulaye y a John Stuart Mill, escribió su tratado sobre la libertad a principios de los años sesenta. Y este ensayo de Treitschke sobre la libertad tiene un interés particular porque Treitschke, como historiador y como político, vivía plenamente en la dicotomía en la que se ve sumida el alma humana cuando, por un lado, reconoce la necesidad de la estructura social llamada Estado y, por otro, se entusiasma con lo que se llama la libertad humana.

En los años sesenta del siglo XIX, Treitschke, en particular, intentó ponerse de acuerdo con Laboulaye y John Stuart Mill respecto al concepto de libertad. En su obra "La libertad", intentó elaborar un concepto de Estado que no suprimiera lo que es necesario en la estructura estatal, sino que, por el contrario, hiciera del Estado no el sepulturero, sino el promotor, el alimentador de la libertad. Treitschke tenía en mente tal concepto del Estado. Era la época en que un alemán podía responder a la pregunta: "¿Cuál es su patria más cercana? -un alemán podía dar la respuesta: Schwarzburg-Sondershausen, -o la línea más joven de Reuß-Schleiz. A principios de la década de 1960, lo que hoy se llama el Reich alemán aún no existía. En aquella época, cuando un gran número de personas pensaban en una especie de unión de las diversas entidades individuales en las que vivían los alemanes, Treitschke también pensó en la necesidad de una entidad estatal. Pero para él era, yo diría, un axioma que no debía surgir ningún Estado que no permitiera a la personalidad humana desarrollarse con la mayor libertad posible. Y aunque no pueda decirse que Treitschke llegara a conceptos filosóficos plenamente desarrollados, es precisamente con referencia a este punto de vista que se dice mucho en los escritos de Treitschke sobre la libertad que merece mucho la pena tomarse a pecho.

Si uno quiere apreciar a Treitschke y considerar precisamente lo que es importante para el ocultista, no debe ignorar el hecho de que Treitschke fue una personalidad intrépida que no quiso servir a ningún otro dios que no fuera el de la verdad. Es casi el colmo de la insensatez cuando se oye a algunas personas juzgar hoy a Treitschke en términos que nada tienen que ver con la objetividad; pues los juicios que andan zumbando por el mundo no están en su mayoría en condiciones de ganar ningún punto de vista ni remotamente, por la sencilla razón de que lo que señalé el otro día cuando dije que si uno se dedicara un poco a la diferenciación de los espíritus de las personas resultante de la ciencia espiritual, no diría tantas insensateces. Estaba enlazando con las diversas locuras que se han planteado en parte por él mismo, en parte sobre Romain Rolland. Tenía que decir esto porque una consideración penetrante de lo que se puede llamar el espíritu del pueblo sólo es posible hoy realmente desde la perspectiva de la ciencia espiritual. Los que no quieren comprometerse con esto sólo pueden llegar a juicios tan completamente subjetivos y, por tanto, tan insensatos como el de Romain Rolland. 

Si uno acepta ahora lo que se desprende de la observación espiritual-científica de los espíritus del pueblo, entonces debe tener claro sobre todo el hecho de que en una persona típica de su pueblo, -y eso es precisamente Treitschke porque era de naturaleza demoníaca-, surgen también ciertas características típicas del pueblo. Este es también el caso de Treitschke, y uno puede decir realmente: si uno entiende a Treitschke, entiende gran parte del germanismo de la segunda mitad del siglo XIX, no todo, pero sí mucho. Si uno tiene ante todo la posibilidad de obtener un punto de vista desde el ocultismo, entonces debe, -no con naturalezas cosmopolitas, sino nacionales-, abordar la diferencia básica que existe entre los juicios de Europa occidental y los de Europa central. Eso sí, tales cosas no pueden entrar en consideración para el humano en general, pero sí cuando el nacionalismo demoníaco vive en los espíritus. 

Sólo con esta excepción digo lo que tengo que decir ahora. Si consideramos este aspecto de la nacionalidad en la medida en que afecta a la gente, entonces lo que un americano quiere decir cuando dice, -quizá sea mejor que no utilice ahora mis palabras, sino las de un americano, porque mis palabras podrían quizá tomarse a mal: El juicio francés, en cuanto nacional, -es decir, no el juicio del francés individual, que al fin y al cabo puede ser cosmopolita, sino el juicio que surge de la sustancia de la nacionalidad, de la gente-, vive en la palabra; el juicio inglés vive en el concepto político-práctico; el juicio alemán vive en lo anacional, en la búsqueda no nacional del conocimiento. -Así lo dice un norteamericano que ha viajado por Europa. Esto significa, sin embargo, que ciertos juicios emitidos en Occidente tienen dentro de la sustancia nacional alemana un carácter distinto del que tienen en Occidente. En Occidente tienen un carácter abstracto. El alemán, en tanto que alemán, se inclina a traducir los juicios a su concreción y, por tanto, a llamar por su verdadero nombre a muchas cosas que en Occidente nunca se tocan por su verdadero nombre. Tomemos un concepto que está ahora en el curso de nuestras consideraciones: el concepto de Estado. 

En sus conferencias sobre "Política", que también están impresas, Treitschke habló sobre el Estado. Por supuesto, mucha gente habla del Estado; pero consideremos ahora hablar del Estado sólo en la medida en que tiene lugar dentro de la sustancia nacional del pueblo.  En Occidente, a la gente le gusta referirse al Estado de tal manera que toman la palabra y luego le adjuntan todo tipo de conceptos que, por una u otra razón, quieren unir al concepto de Estado. Así, uno adjuntará al estado como tal el concepto de libertad, de ley y todo tipo de otras cosas, e incluso posiblemente se elevará de una manera extraña a la frase: El Estado debe ser despojado de toda noción de poder, el Estado debe ser un Estado constitucional. Esto puede decirse mientras uno no se vea obligado a considerar el concepto de Estado en términos reales. Pero si se aborda el concepto de Estado como lo hizo Treitschke, se llega al secreto del Estado. Entonces no se exige que el Estado se sitúe en el principio de que: El poder prevalece sobre el derecho, afirmación que se atribuye calumniosamente a Treitschke, sino que se llega a la conclusión de que el concepto de Estado no es concebible en absoluto sin el concepto de poder. Simplemente se llega a la verdad porque no hay otra manera de fundamentar un Estado que no sea basándolo en el poder. 

Y si no se admite esto, no está representando la verdad. Así, Treitschke se vio obligado a hablar del Estado en relación con el poder. Esto se "tergiversa" de tal manera que se puede decir que Treitschke afirmaba que el poder está por encima del derecho según la concepción alemana del Estado. Pero no hay duda de que esto nunca se le ocurrió a Treitschke, sino que aún tenía demasiado presente el sentido de los argumentos de Humboldt: "Ideas para un intento de determinar los límites de la eficacia del estado". Porque el Estado debe necesariamente desarrollar poder, no debe convertirse en omnipotente. No se puede hablar de un estado constitucional porque eso significa tanto como - bueno, no exactamente hierro de madera, pero al menos hierro de cobre. Los dos términos son, como se dice en lógica, dispares; no tienen nada que ver el uno con el otro. Pero sólo los que se toman las cosas en serio llegarán a esa conclusión. 

Y desde este punto de vista, Nietzsche también llegó a su concepto de la "voluntad de poder". De nuevo no es otra cosa que una calumnia sin límites atribuirle a Nietzsche haber abogado por el "principio de poder". Él no defendió otra cosa que: Hay que considerar hasta qué punto el poder vive en realidad bajo los impulsos de los hombres. Es característico que Nietzsche plantee lo siguiente desde este punto de vista. Él dice: Hay personas que, partiendo de ciertos principios de ascetismo, defienden la tesis de que hay que luchar contra el poder.  ¿Por qué lo hacen? Porque, de acuerdo con su naturaleza especial, alcanzan un poder especial precisamente luchando contra el poder. Esa es sólo su especial voluntad de poder, ¡para acentuar la impotencia! Porque eso les da un poder especial precisamente en su forma de acentuar ascéticamente la impotencia. En lo que se basaba Nietzsche, y que también ronda las reflexiones de Treitschke, es: no hacer una X por una U, sino decir las cosas de verdad, no dar vueltas a las frases. 

Pero esto les muestra que ni Treitschke ni Nietzsche estaban preocupados por introducir ningún principio en la vida social como principio de poder, sino simplemente por mostrar cómo el poder vive en todas partes donde hay un Estado, y cómo, cuando se quiere decir la verdad, no puede evitar decirla. Este, diría yo, es el karma bajo el que trabajó Treitschke: llegar a la conclusión de que es un absurdo imaginar meros conceptos abstractos y vacíos y pregonarlos al mundo. Quería atacar directamente la realidad; ése es precisamente el atractivo de sus escritos. Desde este punto de vista, también consideró el concepto de libertad de tal manera que dijo: <La cuestión de si el Estado existe para promover la libertad o para no promoverla, no es una cuestión en absoluto. - Así que procedió a buscar las cosas donde viven en su realidad. No quiero defender eso, sino sólo describirlo hoy; y realmente no se puede machacar agitadamente al hombre intrépido que quiso expresar las cosas tal como habían surgido para su sentido de la verdad. 

Pero hoy en día se cultiva en todas partes la refriega agitadora. Treitschke es un espíritu intrépido que realmente no quiere tener pelos en la lengua en ninguna situación. Y sería más prudente, -debo decirlo de nuevo-, señalar cómo Treitschke se convirtió en una especie de educador de los que querían oírle. Los cuales no eran tantos como hoy se nos quiere hacer creer. Porque cuando Treitschke habla de libertad, lo hace mucho menos como crítico de otros pueblos que como educador de los suyos. Me gustaría compartir con ustedes un pasaje de su escrito "Die Freiheit" (La libertad), que debería conocerse como muchas cosas sacadas de contexto, que no se entienden en absoluto si sólo se sacan de contexto. Así Treitschke escribe, después de discutir primero qué cosas sociales promueven la libertad: 

"Todavía sigue siendo oportuno hablar de prejuicios de clase en particular", es decir, a principios de los años sesenta del siglo XIX. "Un pensamiento deprimente, en efecto, que este gran pueblo cultural", -se refiere a los alemanes-, "conozca todavía el bárbaro concepto jurídico del matrimonio mixto, que los antiguos arrojaron por la borda al comienzo mismo de su vida cultural". Por supuesto, no hablamos de esa burda Aristocracia, a la que una carrera estable parece más respetable que una profesión científica, el derecho del puño más noble que el sentido legal del ciudadano libre: Esta imagen distorsionada de la nobleza ha perdido su recompensa. Pero incluso la abigarrada masa de las llamadas clases ricas educadas abriga y cultiva una abundancia de nociones de clase poco libres e intolerantes. ¡Qué poco caritativa dureza de juicio sobre las vergonzosamente llamadas clases peligrosas! ¡Qué insensible denegación del lujo de las clases inferiores, mientras que un hombre libre y distinguido debería regocijarse en el hecho de que incluso los pobres comienzan a pensar algo de sí mismos y de la decencia de su apariencia! ¡Qué miedo tan mezquino ante cualquier agitación de rebeldía y sentimiento de sí mismo entre la gente inferior! La bondad del corazón alemán nos ha salvado, en efecto, de que estas actitudes de los educados adopten entre nosotros una forma tan grosera como entre los británicos más rudos; pero mientras las tendencias aristocráticas, de las que ninguna cabeza fina se ha librado jamás por completo, aparezcan en tal forma, nuestra libertad interior se encuentra en un estado muy triste. 

Cuando preguntamos por el estatus del más poderoso y unido de los 'estados', -o como queramos llamar a esta aristocracia natural-, el sexo masculino, entramos en un territorio en el que la falta de libertad y la intolerancia campan a sus anchas. Increíblemente extendida existe entre nosotros, señores de la tierra, una silenciosa conspiración para negar a las mujeres, por principio, una parte de la armoniosa educación humana.  Pues las mujeres alcanzan una parte de su educación sólo a través de nosotros. Entre nosotros, sin embargo, es evidente que la ilustración religiosa es un deber para el hombre educado, pero una ruina para la chusma y las mujeres, y cuántos encuentran a una mujer bastante extravagante 'poética' cuando muestra la superstición más torpe. Ahora incluso "politizar a las mujeres" es una abominación, no diremos ni una palabra más al respecto. ¿Es esta nuestra fe viril en la naturaleza divina de la libertad? ¿Es realmente la iluminación religiosa sólo una cuestión de sobrio intelecto y no mucho más una necesidad de la mente? Y, sin embargo, pensamos que el calor del corazón de las mujeres sufrirá si las dejamos disfrutar a su manera de la gran obra intelectual de los últimos cien años. 

¿Realmente conocemos tan poco a las mujeres alemanas como para pensar que alguna vez 'politizarían', que alguna vez se preocuparían por los impuestos sobre la tierra y los acuerdos comerciales? Y, sin embargo, la miseria política de este pueblo ofrece un lado puramente humano que quizá las mujeres puedan comprender más profundamente, más sutilmente, más íntimamente que nosotros. ¿No debería dedicarse a la patria una pobre fracción de esta abundancia de entusiasmo y amor, ante la que tan a menudo nos mostramos fríos y desamparados y desalmados? ¿Debe renovarse la vergüenza de la época francesa si queremos que nuestras mujeres vuelvan a sentirse, como todas sus vecinas de Oriente y Occidente desde hace mucho tiempo, hijas de un gran pueblo? Pero hemos callado ante ellas durante demasiado tiempo, en una estrechez de miras sin libertad, lo que nos movía en lo más íntimo de nuestros sentimientos, creímos que sólo servían para contarles las cosas más triviales sobre las cosas triviales; y porque creímos que éramos demasiado pequeños para permitirles la libertad de la educación, sólo una minoría de las mujeres alemanas de hoy son capaces de comprender la seria gravedad de este momento trascendental." 

 Como ven, también se pueden sacar de Treitschke cosas que ya son bastante humanas en general, pero que precisamente se le exigen como espíritu nacional para su nación.  Si una de las naciones que hoy regañan a Treitschke pudiera reclamar para sí un espíritu como el que él fue para los alemanes, entonces verían cómo sería elevado al cielo. Piensen en un Treitschke italiano, y en lo que dirían los italianos si los alemanes se encontraran con un Treitschke italiano como los italianos y muchos otros se han encontrado con Treitschke. Pero lo que imprime su sello a nuestro tiempo, -y eso es lo infinitamente triste-, es la ignorancia y el contar con la ignorancia. Sería del todo imposible que tanta falsedad zumbara hoy por el mundo si no se pudiera contar siempre con la ignorancia de la gente. 

Por ignorancia, por supuesto, no me refiero a la que surge necesariamente debido a que no todas las personas tienen tiempo para informarse de todo; pero lo que sí sería necesario es un poco de autoconocimiento. No se pueden juzgar determinadas circunstancias si no se conocen ciertas cosas, y los juicios sobre pueblos enteros nacidos de la ignorancia tienen el efecto más terrible. Y hoy en día infinidad de cosas nacen de la ignorancia. Esto se debe, por supuesto, a esa magia negra, -ya la he caracterizado en otras ocasiones-, que hoy se llama periodismo; porque es una especie de magia negra, y no fue incorrecto que cuando apareció el arte de la imprenta, con todas las perspectivas que ha producido, la leyenda popular encontrara que los originadores eran magos negros. 

Por supuesto habrá quienes digan: Vaya, además de todas las locuras y entresijos de la ciencia espiritual de orientación antroposófica, ahora se califica de magia negra el arte de la imprenta. Pero yo sólo me refiero "un tipo de periodismo". A menudo he subrayado que es erróneo decir siempre: ¡Ahrimán, oh, no debe acercarse a mí; fuera con él!  Lucifer, ¡oh, no debe acercarse a mí! Sólo quiero asociarme con los dioses buenos. Entonces no puedes asociarte con el mundo, porque el mundo está equilibrado entre Ahriman y Lucifer. No puedes conspirar con el mundo si quieres tener esta actitud, como aparece tan a menudo, especialmente en nuestros círculos. En las cosas más pequeñas uno debe adquirir veracidad. Este debe ser el resultado práctico de nuestros esfuerzos espirituales-científicos.  

Ustedes ya pueden sentirlo ahora: Si uno no desarrolla en sí mismo este impulso por la veracidad, entonces siempre estará expuesto al peligro de ser infectado, sugestionado por la falsedad que vive en el mundo. Por eso dije el otro día: Las cosas procederán de tal manera que en el futuro todo lo que hubo como esfuerzo por la paz se olvidará, y uno sólo recordará en la periferia lo que hubo como grito de paz; pero esto no se sentirá como grito, sino como algo bastante justificado. Todo lo demás se olvidará.  - Así será. Y al menos estas reflexiones deberían contribuir a dar a la gente la oportunidad de sentir las cosas en su verdad.  Porque hoy uno de los primeros requisitos de un hombre que quiere honestamente la salvación y el progreso humanos es no dejarse engañar por la falsedad. 

Veamos uno de los hechos de hoy totalmente sine ira pero no sine studio; sin simpatías ni antipatías pero con una base de hechos. Todos ustedes han leído, estoy seguro, la nota de la Entente al presidente Wilson. Desde cierto punto de vista, esta nota, en contraste con todas las anteriores, debe considerarse como un síntoma favorable para el futuro. Porque si las cosas se llevan demasiado lejos, si la cuerda del arco amenaza con romperse, entonces vuelve a haber esperanza, la esperanza de que si los poderes espirituales son desafiados, entonces el golpe también será devuelto por el lado espiritual. Esta nota supera sin duda a todas las anteriores.

Veamos ahora los hechos. Aquí está, a grandes rasgos, Austria-Hungría tal como es hoy. [Aquí está el Danubio y aquí es donde estaría Viena. Ahora supongamos que se cumplen las exigencias de la nota de la Entente. En ella se dice que los italianos, es decir, los austríacos italianos, quieren ser liberados. Lo peor de esta nota de la Entente es que adolece de esa falsedad interior que surge de la ignorancia total. Por eso es difícil hacer el dibujo que ahora quiero hacer. Habrá dificultades, como verán. Supongamos que los austríacos italianos son liberados. Ahora hay que liberar también a los eslavos del sur. Esto es bastante difícil. Si los eslavos del sur fueran liberados, el mapa se vería así, ya que viven en todas partes por aquí.

Además se dice, curiosamente: Los checoslovacos deben ser liberados. Conocemos a los checos y también a los eslovacos. Ni que decir tiene que sólo la Entente ha oído hablar de los checoslovacos. Supongamos que se trata de checos y eslovacos. Si nos guiamos por lo que piensan los propios checos, el resultado sería el siguiente. A continuación, la liberación de los rumanos. Así es como sería. También serían liberados, como dice la nota "... de acuerdo con la voluntad de Su Majestad el Zar", los polacos que habitan en Galitzia; pero esto lo haría la propia Austria. Al final, Hungría quedaría así, y Austria así.

Este mapa es el resultado de llevar a cabo lo que se dice de Austria en la nota de la Entente. Y al mismo tiempo se dice que ¡no hay intención de hacer nada a los pueblos de Europa Central!

Toda la nota demuestra, por ejemplo, un desconocimiento total de las dificultades de gestionar todo esto aquí, donde los eslavos son mayoría, en comparación con allí, donde son una ínfima minoría. Toda la nota deja al descubierto la ignorancia más arrogante y sin escrúpulos de la situación. Con esta ignorancia se escriben notas históricas. Y para colmo de males se dice además que la única intención es ... Realmente no lo sé, pues resulta casi demasiado repulsivo repetir estas frases vacías.

¿Qué mejor prueba que esta nota de la Entente del hecho de que Austria se vio obligada a defenderse? ¿Qué podría dar mejor prueba? En resumen, esta nota sólo puede verse como algo patológico. Es un desafío a la verdad y a la realidad. Es llevar las cosas demasiado lejos. Así pues, esperemos, puesto que es un desafío al mundo espiritual, que este mundo espiritual considere necesario poner las cosas en su sitio, aunque, por supuesto, los seres humanos tendrán que ser las herramientas con las que trabajará el mundo espiritual.

Ya es hora de que una ilustración como la que he esbozado aquí se muestre en todo el mundo para demostrar esta absoluta ignorancia histórica y falta de comprensión sobre Europa Central. Evidentemente, allí donde impera el poder, la razón no puede tener mucho efecto. Pero hay que empezar por comprender que, cuando se habla de derechos y libertades, se habla de poder, de poder real. Hay que llamar a las cosas por su verdadero nombre. De esto es de lo que adolece nuestra época: de que la gente no se atreva a llamar a las cosas por su nombre, de que no se decida a llamar a las cosas por su nombre. Mucha gente no comprende muchas cosas. Cuando te encuentras con algo como esta división absolutamente idiota de las naciones austriacas, se hace perfectamente obvio que esta nota proviene de personas que no saben nada de lo que existe en Europa Central, pero que poseen la arrogancia de juzgar cosas sobre las que no saben nada y que no quieren otra cosa que extender su poder sobre estos territorios. Les importa un bledo la situación real.

Pero hay que preguntarse cómo es posible que ocurran estas cosas. Por ejemplo, en algunas versiones dice: Liberación de los eslavos, checos y eslovacos. Pero los periódicos suizos, cuya traducción es probablemente más exacta, hablan de checoslovacos. Estarán de acuerdo en que, si alguien hace una afirmación correcta, uno no siente curiosidad por la fuente de su información; pero cuando alguien dice auténticas tonterías, como la descripción de las naciones en la nota de la Entente, uno empieza a preguntarse por su fuente. En efecto, no deja de ser interesante tomar nota cuando las situaciones parecen discurrir, en cierto modo, paralelas, aunque, por supuesto, sin basar en ello ninguna hipótesis ni sacar ninguna conclusión. Naturalmente, me pregunté: ¿Cuál es el origen de estos términos sin sentido? Repito: sin formar ningún tipo de hipótesis ni conclusiones, permítanme que les dé un avance.

En los últimos días, -de nuevo, no estoy juzgando el hecho, sólo relatándolo-, se ha publicado la sentencia dictada en Austria contra el dirigente checo Kramarz, que fue durante mucho tiempo una de las personalidades más influyentes de Austria. Fue condenado a muerte y luego indultado a quince años de prisión. En la sentencia también se menciona que ciertos artículos aparecidos en el "Times", -en inglés, por supuesto-, fueron encontrados en la lengua de Kramarz. El amigo del Dr. Kramarz es el profesor universitario Masaryk, que escapó de Austria y ahora vive en Londres y París. Tómense ciertas frases del programa de Kramarz, con motivo de la sentencia, en base a las cuales ha sido condenado, y deténganse en ellas. Si no entienden nada de las condiciones austríacas, lean estas frases en el Times o en otro sitio, también aparecieron en París en la Revue tcheque, y las parafrasean, -Kramarz habla en los términos correctos, por supuesto-, curiosamente obtendrán las frases de la nota de la Entente sobre las nacionalidades austríacas. 

Y si realmente se utiliza el término "checoeslovacos", surgiría la extraña imagen de que Kramarz se inclina por fundar un Estado a partir de los checos y los eslovacos, lo cual tiene sentido; pero los que en Europa Occidental no saben nada de estas circunstancias lo traducen por "checoeslovacos".

En efecto, es necesario hoy, cuando tantos canales clandestinos desempeñan su papel, aclarar ciertas cuestiones sobre las interconexiones. No quiero construir ninguna hipótesis, ni sacar ninguna conclusión en relación con lo que he dicho, pero el hecho es que existe una curiosa conformidad entre la sentencia que se dictó y el texto de la nota de la Entente. Obviamente, se pueden tener diferentes opiniones sobre esta frase, dependiendo del punto de vista de cada uno. Kramar puede ser visto como un mártir o como un criminal. Pero no quiero emitir juicios. Lo importante es estar en condiciones de observar esta curiosa conformidad. Como ya he dicho, simplemente me di cuenta de ello cuando me preguntaba sobre el origen, aparte de todo lo demás, de la estupenda ignorancia en la que se basa la nota.

Ciertamente hay que hablar de esta estupenda ignorancia. Porque es significativo, y es una de las características de nuestro tiempo, que sobre la base de este tipo de realidad se exprese una opinión por parte de quienes dominan una mitad de la tierra habitable. Es, en efecto, un desafío al espíritu de la verdad. Siempre será posible, si uno tiene el poder, dar a los hechos una bofetada insolente en la cara - y la periferia tiene este poder. Pero no se puede dar una bofetada a la verdad. La verdad habla y será, -esperemos- también un impulso que, cuando las cosas estén peor, pueda llevar a la humanidad a algún tipo de salvación.

Continuaremos mañana.

Traducido por J.Luelmo sept.2023

GA058 Berlín, 22 de octubre de 1909 La misión de la verdad

Índice 

CAMINOS DE LAS EXPERIENCIAS DEL ALMA

LA MISIÓN DE LA VERDAD

RUDOLF STEINER


III conferencia

Berlín, 22 de octubre de 1909

Ayer pudimos concluir nuestra conferencia sobre la misión de la cólera, -el Prometeo atado-, con la afirmación de Heráclito: ¡Es difícil encontrar los límites del alma, aunque se recorrieran todas las calles; pues el suelo del alma es infinitamente profundo! Hemos aprendido acerca de esta profundidad en el efecto y en la interacción de las fuerzas del alma. La verdad de esta frase nos resulta especialmente evidente cuando nos basamos en lo que fue nuestro punto de partida ayer, cuando consideramos el ser interior más profundo del hombre. Pues en su Yo se encuentra, por así decirlo, en lo más espiritual, y de esto partimos. El yo es la parte de su ser que se añade a las que tiene en común con los tres reinos inferiores del mundo mineral, vegetal y animal.

Tiene su cuerpo físico en común con los minerales, las plantas y los animales, el cuerpo etérico sólo con las plantas y los animales, el cuerpo astral finalmente sólo con los animales. Sólo a través del yo el hombre puede ser realmente humano, puede desarrollarse de etapa en etapa. Este yo actúa sobre sus otros miembros, purifica y limpia los instintos, inclinaciones, deseos y pasiones del cuerpo astral y conducirá al cuerpo etérico y físico a niveles cada vez más elevados. Pero es precisamente al considerar este yo cuando se hace evidente que este yo humano, este miembro elevado y digno del ser humano, está atrapado entre dos extremos. Por medio del yo, el ser humano debe convertirse cada vez más en un ser que tiene su centro en sí mismo. Los pensamientos, sentimientos e impulsos volitivos deben brotar del yo. Cuanto más una persona tiene un centro sólido y sustancial dentro de sí misma, más irradia su ser, más es capaz de dar al mundo, más sustancial y fuerte se vuelve su trabajo y todo lo que emana de él. Si una persona no es capaz de encontrar este centro dentro de sí misma, se expone al peligro de perderse en una actividad mal entendida de su yo. Se disolvería en el mundo y pasaría por la vida sin efecto. Por el contrario, puede caer presa de otro extremo. Así como por una parte el hombre puede perderse a sí mismo si no hace todo lo posible para que su yo sea más substancial y más fuerte, así también puede, si sólo se esfuerza por agrandar el yo, por agregar más y más a este yo, caer en el otro extremo pernicioso, que conduce al egoísmo que aleja de toda comunalidad humana. En el otro extremo, pues, está el egoísmo, el egoísmo que se endurece y se encierra en sí mismo, que puede alejar al yo del camino de su desarrollo. El yo está encerrado en estas dos cosas. Si ahora pasamos a considerar el alma humana, vemos que el ser humano tiene inicialmente dentro de sí lo que ya hemos llamado el alma sensible, racional y consciente. Recientemente hemos aprendido acerca de una característica del alma que, -tal vez sorprendentemente para algunos-, es una especie de educador del alma sensible: la ira. Aquellos que adopten una visión unilateral de la conferencia que di ayer sobre la misión de la ira tendrán muchas objeciones al respecto. Sin embargo, si se indaga cada vez más en el trasfondo real del asunto, se resolverán importantes enigmas de la vida.

¿De qué manera es la ira una especie de educadora del alma, en particular del alma sensible, y precursora del amor? Puede uno preguntarse: ¿Acaso la ira no hace que el hombre se pierda o se deje llevar a acciones salvajes, inmorales y carentes de amor? Si sólo se tienen en cuenta los arrebatos salvajes e injustificados de la ira, se tiene una visión falsa de lo que se ha dicho sobre la misión de la ira. No es por provocar arrebatos injustificados por lo que la ira se convierte en educadora del alma, sino por lo que lleva a cabo dentro del alma. Para visualizar la acción de la ira sobre el alma, supongamos que dos personas se encuentran ante un niño que debe ser educado y que comete algo malo. El primer educador estará furioso y se dejará llevar a aplicar actos de castigo; el segundo educador es un alma que no puede estar furiosa, sino que, en el sentido al que nos referíamos ayer, aún no es capaz de hacer realmente lo correcto partiendo del yo con plena compostura. ¿Qué diferencia habrá en las acciones de dos educadores así? Un arrebato de cólera no sólo tendrá como consecuencia infligir un acto de castigo al niño, sino que la cólera es algo que se agita en el alma, que actúa en el alma del ser humano y actúa precisamente de tal manera que mata el egoísmo. La ira actúa como un veneno sobre el egoísmo del alma. Y si esperamos, veremos que transforma gradualmente las potencias del alma y la hace capaz de amar. Por otra parte, la persona que no está madura para la serenidad y, sin embargo, lleva a cabo el acto punitivo por frío cálculo, se convertirá cada vez más en un frío egoísta, porque la ira no actúa en ella como un veneno. La ira actúa interiormente, y como tal debe describirse como una característica del alma. Dondequiera que aparezca la ira, hay que verla como un regulador de los arrebatos del egoísmo humano, que son injustificados. La ira debe estar ahí, de lo contrario no habría que combatirla. Al superar la ira, el alma se vuelve cada vez mejor. Cuando una persona quiere hacer valer lo que considera correcto y se enfada, esta ira es un atenuante de las fuerzas egoístas que actúan. Las amortigua y las rebaja en cuanto a su eficacia. En la ira tenemos una característica del alma que, precisamente porque es superada y el hombre se libera de ella y se eleva cada vez más por encima de ella, atrae el altruismo en el hombre y mediante esta atracción del altruismo hace que el yo sea cada vez más fuerte. Esta interacción del yo con la ira tiene lugar en el alma sensible del ser humano. También, en lo que llamamos el alma racional, tiene lugar otro efecto entre ella y otras experiencias anímicas. Así como el alma humana tiene cualidades que debe superar para elevarse cada vez más, también debe desarrollar en sí fuerzas que pueda, por así decirlo, cultivar y amar, aunque se alcen en su interior. Debe tener fuerzas a las que poder entregarse, para que cuando se afirme, no se debilite sino que se fortalezca. Si la persona no se enfadara en las acciones en las que debe hacerlo, se debilitaría.

Aumentará la fuerza de su alma precisamente sumergiéndose en ella de tal modo amoroso; se elevará a altos niveles del yo precisamente haciéndolo así; y aquello que es excelente, aquello que el alma puede amar en sí misma, aquello por lo que se educa a sí misma no al egoísmo sino al altruismo cuando lo ama, -eso es la verdad. La verdad educa el alma racional o mental. Así como la ira es una cualidad del alma que debe ser superada si el hombre quiere elevarse más alto, la verdad, aunque se supone que es una cualidad del alma, es algo que el hombre debe amar desde el principio. La práctica interior de la verdad es absolutamente necesaria para que el alma se eleve cada vez más.

Cuál es la cualidad de la verdad que hace que el hombre llegue cada vez más lejos y se eleve de nivel en nivel cuando hace uso de ella? La verdad tiene su opuesto, la mentira y el error. Queremos ver cómo el hombre avanza superando el error y la mentira, haciendo de la verdad su gran ideal y esforzándose por alcanzarla.

Hay que esforzarse por alcanzar una verdad más elevada, así como, por otro lado, debe convertir la ira en algo que sea su enemigo, al que debe eliminar cada vez más. La verdad debe convertirse para él en algo que debe amar y conectar con lo más íntimo del alma para alcanzar cotas cada vez más altas. Pese a ello, excelentes poetas y pensadores han hablado con razón de que la plena posesión de la verdad no debería ser alcanzable por el hombre en absoluto. Lessing, por ejemplo, sostiene que la verdad pura no es para el hombre, sino sólo el eterno afán por la verdad. Lessing señala que la verdad es una diosa en la lejanía a la que el hombre sólo puede acercarse, pero que en el fondo nunca puede alcanzar. En el avance de la naturaleza de la verdad, en que el alma permite que en su interior se despierte un empeño superior por la verdad, radica lo que permite que el alma se eleve cada vez más. Dado que existe una eterna lucha por la verdad y que la palabra verdad significa y es algo tan múltiple, sólo se puede hablar razonablemente de que el hombre debe captar la verdad, de que debe desarrollar un sentido real de la verdad. Por lo tanto, no hablaremos de una única verdad integral.

En esta conferencia se considerará ahora la idea de la verdad en su verdadero sentido; y se nos mostrará de un modo claro que, mediante el desarrollo del sentido de la verdad, el hombre se llena en sí mismo de un poder propulsor que le conduce a la abnegación.

El ser humano se afana por alcanzar la verdad. Cuando la gente trata de formarse una opinión sobre las cosas a partir de lo que existe, se puede encontrar en los más diversos ámbitos de la vida que a menudo se expresan de manera opuesta. Cuando uno ve lo que una persona considera verdad y lo que otra considera verdad, se podría creer que la búsqueda de la verdad lleva a la gente a los puntos de vista y opiniones más opuestos. Sin embargo, si se observa con imparcialidad, se podrán encontrar las pautas que nos muestran cómo ocurre en realidad que las personas lleguen a opiniones tan diferentes, aunque busquen la verdad.

Esto se puede ilustrar con un ejemplo. Hace poco tiempo murió el conocido multimillonario estadounidense Harriman. Es uno de los pocos millonarios que se dedicó al pensamiento humano en general. Tras su muerte se han encontrado escritos breves que contienen una curiosa afirmación de este buscador de la verdad. Dice entre otras cosas: Ningún hombre es insustituible en este mundo, y cada uno, cuando desaparece de este mundo, puede ser reemplazado por otro en su lugar. Yo mismo cuando deje mi trabajo, otro hombre vendrá y tomará mi trabajo. Los ferrocarriles funcionarán exactamente igual que antes, los dividendos se repartirán de la misma manera, y lo mismo ocurrirá con cada ser humano. Así pues, este hombre se ha elevado a una verdad de aplicación general: ¡Ningún hombre es insustituible!

Junto a esta afirmación pongamos la de otro hombre que trabajó aquí en Berlín durante mucho tiempo de forma extraordinaria a través de sus diversas conferencias sobre las vidas de Miguel Ángel y Rafael y Goethe:

una cita del historiador del arte Herman Grimm. Cuando Treitschke murió, Herman Grimm hizo, en uno de sus ensayos, la siguiente declaración: "Ahora Treitschke también ha fallecido, y uno se da cuenta justo ahora de lo que ha conseguido. Nadie puede ocupar su lugar y continuar su obra como lo hizo este hombre. Uno tiene la sensación de que en su círculo en el que enseñaba Treitschke, todo es diferente. Es interesante observar que Herman Grimm no añade las palabras: y así es con todos los hombres.

Aquí tenemos a dos personas, el multimillonario americano y Herman Grimm, que partiendo de sus observaciones llegan a verdades exactamente opuestas. Ahora bien, ¿Cuál es la razón de esto? Si comparamos cuidadosamente los dos puntos de vista, encontramos una pauta. Recuerden que Harriman parte del hecho de que dice: si yo dejo de ocuparme de mi trabajo, otro lo continuará; eso no puede alejarse de sí mismo. La otra persona no se implica en absoluto; no habla de sí misma en absoluto, no se pregunta qué opiniones y verdades podrían obtenerse de él. Está absorto en la observación de los demás. Quien lo sienta, descubrirá sin duda cuál de los dos ha dicho lo correcto. Sólo háganse la pregunta: ¿Quién continuó la obra de Goethe cuando éste la dejó? Cualquiera que tenga un sentimiento para esto sabrá que el problema de Harriman es que no se alejó de sí mismo. De esto ya se puede sacar la conclusión de que es francamente perjudicial para la verdad que uno la busque sin poder alejarse de sí mismo. Precisamente sirve a la verdad cuando uno puede alejarse de sí mismo. ¿Puede ser la verdad aquello que da una visión de las cosas?

Una visión es una especie de reflejo mental del mundo exterior. ¿Tiene que ser una imagen correcta porque pensamos una cosa u otra, porque determinamos esto o aquello cuando miramos?

Tómese un aparato fotográfico para hacer una foto de un árbol peculiar. Se sitúa uno en una esquina y hace una foto del árbol con la cámara. Si mostramos esta única foto en un lugar desconocido, ¿Nos dará una imagen real del árbol? Hay una foto de un lado; no hay verdad sobre el árbol. Nadie podrá imaginarse el árbol basándose en la imagen si sólo tiene en cuenta una única imagen. ¿Cómo podría uno aprender más sobre la verdad del árbol si no lo ha visto? Si se fotografiara desde cuatro lados, entonces habrían necesitado caminar entorno al árbol, y comparando las imágenes obtendrían finalmente algo que da una imagen verdadera del árbol. Han hecho que la imagen del árbol obtenida de esta manera sea independiente de su propia ubicación. Apliquemos esta comparación al hombre. Lo que aquí se efectúa mediante procesos externos lo realiza el ser humano cuando, en su contemplación de las cosas, se desprende de sí mismo. Al desconectarse cuando mira las cosas, lo hará a través de su propia personalidad. Si un hombre se da cuenta de que cuando se forma una opinión, cuando mira esto o aquello de una determinada manera, debe saber sobre todo que todas las opiniones que se forman dependen de nuestro propio punto de vista, de nuestras propias cualidades y de nuestra propia individualidad; si uno se da cuenta de esto y trata de sustraer todo eso de lo que uno quiere llamar verdad, -entonces uno lleva a cabo lo que el fotógrafo ha hecho en nuestra comparación. El primer requisito del sentido real de la verdad es alejarse de uno mismo; darse cuenta de lo que depende de nuestro punto de vista.

Si el multimillonario americano no se hubiera centrado en sí mismo, habría sabido que existe una diferencia entre él y los demás. Hemos visto cómo, mediante un ejemplo que nos muestra las condiciones cotidianas, cuando un hombre no puede distanciarse de sí mismo, si no se da cuenta de lo que añade a las cosas con su punto de vista o punto de partida, entonces puede surgir necesariamente una opinión limitada, pero carente de verdad. Esto también se puede ver a gran escala. Quien observe un poco la verdadera evolución espiritual de la humanidad y compare todo lo que aparece como verdad, descubrirá al considerarlo más profundamente que cuando las personas expresan una verdad, en primer lugar deben deshacerse de su propia individualidad. Dándose cuenta de que sobre la verdad surgen las opiniones más diversas porque los hombres no han tomado conciencia de las limitaciones que ellos mismos han impuesto a sus opiniones a través de su punto de vista. Acabo de darles un ejemplo cercano, por lo que un ejemplo más lejano también debería llevarnos a una comprensión más profunda. Si se pretende averiguar algo sobre la belleza, hay que estudiar la estética, es decir, lo que nos enseñan las formas de la belleza. En el mundo exterior nos enfrentamos a lo que es bello. ¿Cómo averiguamos qué hay de cierto en la belleza? Debemos darnos cuenta de que también debemos deshacernos de lo que hemos restringido en lo bello a través de nuestra propia individualidad y nuestra propia naturaleza. Por ejemplo, hay un esteticista del siglo XIX: el esteticista alemán Solger; quería explorar la esencia de la belleza según su verdad. En el mundo físico exterior nos enfrentamos a lo bello. Solger tampoco podía negar esto. Pero él era un hombre que tenía un punto de vista teosófico unilateral; y por lo tanto también expresaba una estética teosófica unilateral. Por lo tanto sólo podía interesarse por la bella imagen en aquello que a su través resplandecía de ella en la única espiritualidad que para él existía. Sólo en la medida en que lo espiritual aparece en un producto bello es bello para él. Solger era un teósofo unilateral que quería explicar los fenómenos sensoriales a partir de lo suprasensible, pero olvidó que lo sensorialmente real también tiene derecho a existir, porque no pudo alejarse de su prejuicio y quiso ascender inmediatamente a lo espiritual a través de una teosofía mal entendida.

Otro esteticista, Robert Zimmermann, vino a justificar el punto de vista opuesto. Se puede decir que Solger quiso establecer una estética teosófica mal entendida; también se puede decir con razón que Zimmermann estableció en su estética un enfoque antiteosófico mal entendido. Él sólo tenía sentido para lo que se traducía en términos de simetría y antisimetría, de armonía y discordia. En cambio él no tenía el sentido de retrotraerse de lo bello a lo que aparece en lo bello. Así que su estética también se volvió unilateral, similar a la estética de Solger. Todo esfuerzo por la verdad puede sufrir por el hecho de que el hombre no toma en consideración el hecho de que debe alejarse de sí mismo para esforzarse por la verdad. El hombre sólo puede alejarse de sí mismo poco a poco. Pero ese es el rasgo distintivo de la verdad, que nos exige en el sentido más estricto que renunciemos por completo a nosotros mismos y nos olvidemos de todo si queremos avanzar a través de ella. Por lo tanto, tiene una característica que la distingue de todo lo demás, a saber, que uno puede estar completamente en sí mismo, puede vivir en su yo, en su afán por la verdad, y aun así ganar algo en su yo, -si uno atraviesa esta vida en el yo, que en el fondo no tiene nada que ver con el yo egoísta.

Si el hombre, en sus esfuerzos en el mundo, tiene algo en lo que quiere imponerse, entonces es su egoísmo. Si quiere hacer algo que considera correcto y quiere imponérselo a alguien y al hacerlo se enfurece, entonces es una expresión de egoísmo. Esta expresión de egoísmo debe ser domada para que se eleve a la verdad. Por tanto la verdad es algo que experimentamos en lo más íntimo de nuestro ser. Y sin embargo, aunque la experimentamos en nosotros mismos, a través de ella nos liberamos cada vez más de nuestro yo. Para ello, sin embargo, es necesario que en la lucha por la verdad no interfiera nada más que el amor a la verdad misma. Si interfieren las pasiones, los instintos y los deseos, de los que primero debe purificarse y limpiarse el alma sensible antes de que el alma racional pueda luchar por la verdad, entonces el ser humano no puede liberarse de sí mismo, pues éstos hacen que su yo adopte un determinado punto de vista. Por lo tanto, la verdad sólo se revelará a aquellos que intenten vencer las pasiones, los deseos y los instintos dentro de sí mismos cuando la busquen y no les dejen opinar. Puede que el amor sea la única pasión que no haya que desechar en la búsqueda de la verdad. La verdad es una meta elevada. Esto se demuestra por el hecho de que hoy se presenta al hombre en la forma que sería deseable, sólo en un reducido ámbito exterior.

Sólo en el campo de las matemáticas, la aritmética y el cálculo la humanidad ha logrado hoy, en general, este objetivo, porque éste es el ámbito en el que el hombre ha refrenado sus pasiones, instintos y deseos y no les permite opinar. ¿Por qué todas las personas están de acuerdo en que tres veces tres es igual a nueve y no a diez? Porque cuando deciden esto, han detenido sus pasiones, impulsos y deseos. En esta simple cuestión, en las matemáticas, la humanidad ya ha conseguido acallar las pasiones, los impulsos y los deseos. Si no lo hubiera hecho, muchas amas de casa estarían encantadas de dar nueve peniques por un marco. Las pasiones tendrían la palabra. Eso es justo lo necesario para cualquier búsqueda de la verdad, que dejemos que los instintos y los deseos permanezcan en silencio. Las personas llegarían a la unidad con respecto a las verdades más elevadas si estuvieran tan avanzadas con respecto a estas verdades más elevadas como ya lo están con respecto a esta verdad en el campo de las matemáticas. Pero estas verdades son algo que captamos en lo más íntimo de nuestra alma, y al captarlas de esta manera pasan a ser nuestra posesión. Si cien o incluso mil o más personas no están de acuerdo con nosotros, seguimos poseyéndolas y sabiendo que tres por tres es igual a nueve, porque las hemos captado en lo más íntimo de nuestro ser. Si los cientos y miles de personas que discrepan se independizaran de sí mismas, llegarían a la misma verdad. ¿Cuál es, entonces, el camino hacia la comprensión mutua y la unidad humana? Nos entendemos en el campo de la aritmética y el cálculo porque hemos alcanzado lo que aquí se requiere; en la misma medida en que encontramos la verdad, hay paz, concordia y armonía entre los hombres.

Eso es lo esencial, que tratemos de captar la verdad como algo que sólo surge para nosotros en lo más profundo de nuestro ser; y que la verdad es algo que siempre une a las personas, porque desde lo más profundo del alma resplandece hacia todo ser humano. Así, la verdad es la guía de las personas hacia la unidad y la comprensión mutua. En consecuencia, ella es también la precursora de la justicia y del amor, precursora que debemos cultivar; mientras que debemos vencer a la otra precursora, de la que aprendimos ayer, si queremos que nos conduzca a la superación del egoísmo. Esta es la misión de la verdad, que la amemos y la acojamos cada vez más, y que la cultivemos en nuestro interior. Al entregarnos a la verdad en nuestro yo, ésta se hace cada vez más fuerte, y así nos libraremos del yo: cuanto más desarrollamos la ira en el yo, más débil lo hacemos, y cuanto más desarrollamos la verdad en el yo, más fuerte hacemos al yo. La verdad es una diosa estricta que por ello también exige que se la coloque en nuestro yo en el centro de un amor exclusivo. En el momento en que uno no se distancia de sí mismo y coloca otra cosa frente a ella, otra cosa más elevada que ella, ella se venga inmediatamente. El poeta inglés Coleridge hizo una afirmación que puede ser indicativa de cómo una persona debe acercarse a la verdad. Dice: El que ama al cristianismo más que a la verdad, pronto verá que ama a su secta cristiana más que al cristianismo, y verá que se ama a sí mismo más que a su secta. -Hay realmente mucho en esta frase; en ella se muestra, sobre todo, que un esfuerzo dirigido contra la verdad conduce precisamente al egoísmo, a un egoísmo que deprime al hombre. La verdad, puede ser el único amor que distancia al yo de sí mismo. Y en el momento en que uno prefiere algo a ella, en igual medida se encontrará que cae presa del egoísmo. Esto es lo que hay que esperar cuando se estima la verdad menos que otra cosa. Esta es la severa gravedad, pero también lo grande y significativo de la misión de la verdad para la educación del alma humana. La verdad no está orientada hacia nadie y sólo puede encontrarla quien se entrega a ella. Podemos ver esto en el hecho de que en el momento en que el hombre no ama por amor a la verdad sino por amor a sí mismo, porque se aferra a sus opiniones, el hombre actúa en ese momento como un ser antisocial que se esfuerza por alejarse cada vez más de la comunidad humana. Fijémonos en aquellos que no se esfuerzan por amar la verdad por el mero hecho de amarla, sino que han "fabricado" su verdad a partir de un cierto número de opiniones: no aman más que la posesión de su alma. Tales personas serán las más intolerantes. Estas personas que aman la verdad en aras de sus propios puntos de vista y opiniones son las que no tolerarán que otra persona vaya en busca de la verdad de una manera completamente diferente. Aquí es donde surgen los conflictos de la vida. Ellos son los que tiran piedras en el camino de cualquiera que tenga disposiciones diferentes a las suyas y por lo tanto llegue a opiniones diferentes a las suyas.

Si la búsqueda honesta de la verdad conduce a una comprensión general de la humanidad, lo contrario, el amor a la verdad en aras de la propia personalidad, conduce a la destrucción de la libertad, a la intolerancia de otras personalidades. La verdad surge en lo que llamamos el alma racional del hombre.

Buscar la verdad, adquirir la verdad mediante el propio trabajo sólo puede hacerlo un ser pensante. A medida que el hombre adquiere la verdad a través de su pensar, debe darse cuenta cada vez más de que todo el campo de la verdad se divide así en dos partes. Hay dos formas de verdad. La que se adquiere mirando algo en el mundo exterior, mirando la naturaleza circundante, explorándola pieza por pieza para aprender sus verdades, leyes y sabidurías. Cuando dejamos que nuestra mirada se deslice sobre el mundo, sobre la magnitud de la experiencia, entonces llegamos a esa verdad que puede llamarse " la verdad reflexionada " Ayer vimos que toda la naturaleza está impregnada de sabiduría, que la sabiduría vive en todas las cosas. Ayer vimos que toda la naturaleza está impregnada de sabiduría, que la sabiduría vive en todas las cosas. Lo que después adquirimos como idea de la planta, ya vive en la planta, está implícita en ella. La sabiduría vive en la planta, y nosotros tomamos posesión de esta sabiduría. Así es como el hombre se enfrenta al mundo, y puede suponer que el mundo ha surgido de la sabiduría, y que a través de su pensamiento vuelve a encontrar aquello que está implicado en la producción, en la creación del mundo. Esta es la verdad que él obtiene mediante la reflexión.

Ahora bien, existen otras verdades, las cuales no pueden ser obtenidas por el hombre meramente reflexionando, sino que sólo pueden obtenerse cuando va más allá de lo que puede darse en la vida externa. En la vida ordinaria ya se ve que cuando un hombre fabrica una herramienta o un instrumento, debe idear leyes que no puede obtener por la mera reflexión. Por ejemplo, el hombre no podría fabricar un reloj pensando meramente en el mundo; pues el mundo no ha compuesto en ninguna parte sus leyes de tal manera que ya existiera un reloj en la naturaleza externa. Esta es la segunda clase de verdad, la que podemos obtener pensando previamente en aquello que no surge de la experiencia externa o de la observación externa. Hay pues, dos clases de verdad, y se trata de dos ámbitos de verdad estrictamente separados. Tenemos por consiguiente , las verdades que surgen para nosotros mediante la reflexión en la observación externa, y las que surgen mediante la ideación previa.

No obstante, ¿Cuánta veracidad hay en estas últimas? El que ideara un reloj podría darnos largamente pruebas de que pensó correctamente. Mientras no pueda demostrar que el reloj representa realmente en el mundo lo que él imaginó, no confiaremos realmente en él. Aquello que imaginamos debe poder hacerse realidad, debe poder vivenciarse en la realidad; lo que hemos imaginado debemos poder encontrárnoslo en la realidad externa. Sin embargo, las verdades científico-espirituales o antroposóficas también son de este tipo. Son de tal índole que no pueden observarse al principio en las experiencias externas.

Ninguna experiencia externa de la naturaleza puede confirmar lo que a menudo se ha subrayado sobre la esencia eterna del hombre. Partiendo de la observación externa no podemos llegar a la verdad de que el yo humano aparece una y otra vez en sucesivas encarnaciones. Quien quiera llegar a esta verdad debe elevarse por encima de la experiencia externa. Debe ser capaz de captar en su alma una verdad que inicialmente no le viene con la experiencia externa, pero que no obstante, debe hacerse realidad en la vida externa. Tal verdad tampoco puede ser demostrada, como es el caso del primer tipo de verdad, que hemos llamado verdad reflexionada. Sólo puede probarse mostrando su aplicación en la vida. Pero no hay ninguna otra prueba salvo un reflejo en la vida. Quien examina la vida y la contempla con la comprensión de que el alma siempre vuelve; y contempla lo que tiene lugar entre el nacimiento y la muerte, lo que el alma experimenta allí una y otra vez; y en ello ve cuánta satisfacción puede otorgar esta idea y cuánto poder puede dar en la vida, persigue su fecundidad en la vida, -y también la persigue en otro sentido, por ejemplo diciéndose a sí mismo: ¿Cómo puedo desarrollar el poder de un alma infantil si parto de la base de que se está elaborando un alma que siempre ha estado ahí? Esta verdad e idea resplandece para él en la realidad exterior; resulta fecunda para él. Todas las demás pruebas son incorrectas. Sólo la constatación de tales verdades preconcebidas en la vida debe considerarse como prueba de su corrección. Las verdades pre-ideadas que no pueden obtenerse de la observación no pueden probarse del mismo modo que las verdades reflexionadas. Sólo pueden probarse en la realidad y ser fecundas. Hay una gran diferencia entre la prueba de la primera y la segunda clase de verdad. La segunda es realmente algo captado en el espíritu, que ha de probarse en la observación externa, en la vida.

¿Qué efecto educativo tendrán estas dos áreas de la verdad en el alma humana? Hay una gran diferencia entre aquel que meramente se entrega a verdades del pensar reflexivo o aquel otro que meramente se entrega a verdades pre-ideadas. Veamos lo que el hombre obtiene como verdad de un pensar reflexivo. Con razón decimos: si nos sumergimos en la sabiduría de la naturaleza y hemos obtenido en nosotros una imagen refleja y verdadera de la naturaleza, entonces tenemos en nosotros lo mismo de lo cual surgió, de lo que actúa; tenemos lo que actúa en la naturaleza como creador en nuestro concepto de la verdad de la naturaleza. Pero hay una gran diferencia. Mientras que la sabiduría en la naturaleza es creadora, mientras que la realidad plena brota de ella, nuestra verdad, en cambio no es más que una imagen reflejada, un pensamiento posterior e inactivo; algo que se ha vuelto impotente a través de nuestro pensamiento natural. Así que podemos crear una imagen amplia y abundante de la verdad del mundo: De este modo podemos crear una imagen amplia y extensa de la verdad del mundo: lo creador, lo productor queda fuera de esta imagen de la verdad. Por lo tanto, esta imagen de la verdad también tiene inicialmente un efecto desolador y vaciador sobre el desarrollo de nuestro yo. El poder creador del yo se paraliza y muere, por así decirlo; si el yo sólo busca verdades reflexivas, no se hace fuerte y ya no puede enfrentarse al mundo. Nada tiene tal efecto de aislamiento, de desolación, de repliegue sobre el propio yo, de enemistad con el mundo, como el mero hecho de reflexionar sobre el mundo. El hombre puede convertirse en un frío egoísta si sólo quiere explorar lo que hay en el mundo. ¿Para qué quiere realmente esta verdad? ¿Quiere utilizar esta verdad para los dioses?

Si sólo quiere investigar esta verdad reflexionada, lo que quiere es tener algo para sí mismo, y está en camino de convertirse, a través de la verdad, en un frío egoísta y enemigo de la humanidad, en el curso posterior de su vida. Se excluye y se hace ermitaño o se separa de la humanidad de alguna otra manera, pues quiere tener lo que hay en el mundo para su verdad. Siguiendo este camino se encuentra todo el hermetismo unilateral, toda la misantropía. El alma se secará cada vez más en cuanto a espíritu comunitario; se empobrecerá cada vez más, aunque la verdad debería hacerla más rica. El hombre deja de ser humano en el sentido de comunidad cuando se limita a explorar este tipo de verdad. Se convierte en un excéntrico o en un unilateral, independientemente de si se excluye o se encierra en sí mismo; el alma se endurecerá en ambos casos. Por tanto, verán que cuanto más llega el hombre a la mera reflexión, más desolada se vuelve el alma en esta reflexión. Intentemos imaginar cómo la desolación invade el alma por causa dela mera reflexión. Echemos un vistazo a la naturaleza exterior: allí delante tenemos un sinfín de plantas. Están formadas por la sabiduría viva del mundo. Hay poder productivo en ellas, y esta sabiduría las ha hecho brotar de sí mismas. Ahora viene el que es artista. Él se planta anímicamente frente a lo que le da la imagen de la naturaleza. No se limita a pensar, sino que deja que ese poder creador y productor actúe en él. Él da a luz una obra de arte; pero en ella no hay un mero pensamiento reflexivo, sino fuerza productora. Ahora viene alguien que intenta ir detrás del pensamiento del cuadro. Él piensa en el cuadro. Allí la realidad se filtra más, pero al mismo tiempo es desoladora. Traten ustedes de continuar el proceso. Cuando el alma ha extraído un pensamiento a partir de la observación de este modo, entonces la conclusión está ahí y el alma ha terminado con ella. Sólo habría que pensar en el pensamiento. Esto lleva a lo ridículo. El proceso que ha comenzado se seca a sí mismo.

La situación es diferente en el campo de la ideación previa. Aquí el hombre se encuentra en una posición diferente, ya que él mismo es productivo. Aquí concreta sus pensamientos en la vida; aquí es algo que actúa según el modelo de la propia naturaleza creadora. En tales casos se encuentra el hombre cuando él va más allá de la mera observación, cuando no se limita a reflexionar, sino que permite que surja en su alma algo que la mera observación no puede darle. Todas las verdades científico-espirituales son aquellas en las que el alma debe inclinarse productivamente. Aquí el alma debe ser la mente maestra. Todo mero pensar es malo con estas verdades y conduce al engaño con respecto a las verdades científico-espirituales. Pero las verdades pre ideadas tienen otra. El hombre sólo puede pre idear la verdad en un ámbito limitado. Frente a la sabiduría creadora del mundo, el ser humano no puede ser sino un incompetente, por así decirlo. Hay una cantidad infinita de aquello sobre lo que tenemos nuestras verdades reflexionadas, y un área muy limitada nos permite tener verdades pre ideadas. Así que con el segundo tipo de verdad el círculo se hace más estrecho, pero los poderes productivos aumentan; el alma se refresca y se ensancha mas y mas. Se hace cada vez más y más divino en sí mismo cuando reproduce en sí lo esencial de la actividad creadora, divina, en el mundo. Así pues, las dos verdades, la pre ideada y la reflexionada, se oponen en el mundo. Por consiguiente, la verdad reflexionada, que se basa en la mera investigación de lo dado, en la investigación de lo experimentado, conducirá siempre a lo abstracto; el alma se secará cada vez más y no podrá encontrar alimento. Esa otra verdad, sin embargo, que no se obtiene de la experiencia externa, es creadora; y desde su poder indica al hombre un lugar en el universo en el que es colaborador de aquello que nace en el futuro. 

El pasado, en el verdadero sentido de la palabra, sólo puede ser algo reflexionado. La ideación previa es algo que es un comienzo para crecer hacia el futuro. De este modo el hombre se convierte en un ciudadano, un creador para el futuro. Él extiende el poder de su yo desde el punto del presente hacia el futuro haciendo suyo no sólo lo reflexionado sino también lo pre ideado en las verdades. Este es el aspecto liberador de las verdades pre ideadas. El que es, por así decirlo, de por sí activo en el campo de la lucha por la verdad, pronto experimentará cómo le empobrece la mera reflexión; y le resultará comprensible cómo el mero pensador se vuelve cada vez más aburrido y abstracto y llena su mente de aburridos giros conceptuales y abstracciones incruentas. Esto puede llevar a la mente a dudar si puede participar en la configuración del mundo.

Qué marginada y condenada al mero disfrute de la verdad puede sentirse una persona si se limita a pensar reflexivamente. Pero aquello que es verdad pre ideada y nos enfrenta como tal en la vida llena el alma y la calienta, la llena de nuevas fuerzas en cada etapa de la vida. Es dichoso para el hombre cuando es capaz de captar esas verdades pre ideadas, de modo que entonces puede enfrentarse a los fenómenos de la vida y decirse a sí mismo: ahora no sólo comprendo lo que hay, sino que lo que hay ahora resulta explicable porque ya sabía algo de ello de antemano. Ahora también podemos acercarnos a la gente con las verdades de la ciencia espiritual. Las personas siguen siendo incomprensibles para nosotros si sólo conocemos las verdades sobre las que hemos reflexionado. Por otra parte, si disponemos de las verdades espirituales-científicas, la gente nos resultará cada vez más comprensible; y también podremos encontrar cada vez más interés en el mundo e integrarnos cada vez más en él. Sentiremos alegría y satisfacción por el hecho de que la confirmación de las verdades pre ideadas nos confronte en la realidad. Esto es lo bendito y satisfactorio de las verdades científico-espirituales, que primero deben ser comprendidas antes de que puedan ser llevadas a la práctica en la vida; y que el hombre de este modo se enriquece cada vez más. Cuando trabajamos con las verdades contempladas y cultivamos un mundo abstracto de ideas en nuestro interior, nos distanciamos del mundo; cuando nos acercamos al mundo con las verdades pre ideadas, nos enriquecemos cada vez más y nos sentimos cada vez más satisfechos. Experimentamos gradualmente una completa imbricación en los fenómenos con los que nos hacemos uno. Nos desprendemos cada vez más de nuestro yo, mientras que por otro lado nos convertimos en un egoísta refinado a través de las verdades reflexionadas. Para encontrar la existencia y la realización de las verdades pre ideadas, primero debemos tenerlas; y para ello es necesario que salgamos de nosotros mismos y entremos en la vida para buscar su aplicación en todas las esferas de la vida. Así, son especialmente las verdades pre ideadas las que nos alejan de nosotros mismos y nos llenan en alto grado de aquello que el sentido de la verdad debe tener en sí mismo.

Todo el que ha sido un auténtico buscador de la verdad ha sentido cosas semejantes. Esta opinión de la verdad descansaba en lo más profundo del alma de Goethe cuando pronunció la maravillosa, grandiosa y ampliamente resplandeciente afirmación: "¡Sólo lo que es fecundo es verdadero! " Pero en el alma de Goethe también estaba presente esto otro: que el hombre debe crecer junto con la verdad si es que ha de ser posible el entendimiento absoluto con otras personas. Nada aleja más a las personas y las distancia unas de otras que cuando se vuelven ajenas a la búsqueda de la verdad y al sentido de la verdad. También es un dicho de Goethe: "¡Una doctrina falsa no puede ser refutada, pues se sustenta en la convicción de que lo falso es verdadero! "Por supuesto, alguien puede objetar ahora que uno puede refutar lo falso si presenta razones lógicas. No es esto lo que Goethe quiere decir; él está convencido de que una opinión falsa no puede ser refutada mediante razonamientos lógicos, y cree que la aplicación práctica y provechosa de la verdad en la vida debe ser la única guía para el hombre en su empeño por la verdad. Por eso, porque Goethe estaba tan profundamente apegado a la verdad en su alma, pudo esbozar el hermoso drama de la verdad que comenzó a escribir en su Pandora en 1807. " Pandora " es un fragmento y como tal un producto de su rica creatividad. Es la fruta más madura y dulce. Si la dejas que te influya, tienes que decirte a ti mismo: se ha quedado en un fragmento, pero es tan magnífico y poderoso en cada línea que se podría decir que es el arte más puro y más grande. Trata de acomodarte aquí y deja que el diálogo se hunda, y fíjate en lo diferente que hablan los personajes que tienen una pasión, un carácter impulsor, y los otros que tienen un carácter reservado.

“Pandora” nos muestra cómo Goethe fue capaz de intentar alcanzar las cosas más grandes, para luego fracasar. La tarea era, en verdad, demasiado grande para ser completada; pero nos basta para darnos cuenta de cuán profundamente había penetrado Goethe en los problemas de la educación del alma. Ante su alma se alzaba todo lo que el alma debe superar para ascender; ante su alma se alzaba todo lo que aprendimos ayer sobre la ira, lo que aprendimos sobre el Prometeo atado, y también lo que hemos dicho hoy sobre el otro educador del alma humana, lo que hemos dicho sobre el sentido de la verdad. Cuán estrechamente relacionadas están estas dos cosas en su efecto sobre el alma humana, puede verse también en las expresiones faciales que provocan en las personas. Traten de representar a una persona que se enfada y a una persona afectada por la verdad, a la que la verdad penetra como una luz interior. Entonces ves cómo la persona enfadada frunce el ceño. ¿Por qué hace eso? Se arruga la frente porque una fuerza sobrante actúa como un veneno interior, que debe contener un egoísmo sobrante que quiere destruir lo que está junto a él, lo que existe junto a su propio yo. En el puño cerrado del iracundo hay que ver al yo iracundo encerrado en sí mismo, que no quiere entrar en el mundo exterior. Comparen esto con la expresión fisonómica del que encuentra la verdad. Cuando alguien ve la luz de la verdad, también frunce el ceño, pero este ceño es algo que expande el yo. Aquí los ceños fruncidos quieren abarcar el mundo entero con amor devoto para absorberlo. Los ojos de los que quieren espiar los secretos del mundo también pueden brillar. Luminosamente buscan abrazar y abarcar lo que está presente en el mundo aparte de nosotros. El hombre se desprende de sí mismo, y la mano de quien está lleno de la luz de la verdad no se aprieta, sino que su mano se extiende; y en la mano extendida está la absorción de la esencia del mundo. Esta es la diferencia fisonómica entre la verdad y la ira. Por un lado, la ira conduce a un forzamiento del hombre hacia sí mismo; por otro lado, la lucha por la verdad conduce a una apertura y crecimiento hacia el mundo exterior; y cuanto más crece el hombre hacia el mundo exterior, más se eleva desde las verdades reflexionadas hacia las pre ideadas. Por ello, en su Pandora, Goethe yuxtapone aquellas figuras que pueden ser representantes de lo que actúa en el alma. Ellas han de permitir simbólicamente, por así decirlo, que entren en juego las cualidades y capacidades individuales del alma. Cuando abran Pandora, verán algo muy extraño justo al principio. En la primera escena pueden notar algo que es muy significativo. Aquí, en el lado de Prometeo, vemos una escena que está llena de herramientas que el propio hombre fabrica. Las fuerzas humanas han actuado en todas partes; pero todo es en cierto modo tosco y desagradable. Esto contrasta con la escena de Epimeteo, el otro Titán. Su escena es tal que todo está en cierto sentido perfeccionado; pues no vemos tanto lo que el hombre como creador hace surgir, sino que todo es una compilación de lo que la naturaleza ya ha hecho surgir. Todo ha surgido de la reflexión, del pensamiento reflexivo. Aquí tenemos un ensamblaje y un moldeado, una disposición simétrica de lo que hay en la naturaleza. La escena de Prometeo es asimétrica y cruda; los fenómenos y formas de la naturaleza en Epimeteo están bien formados y son simétricos. Una vista de un paisaje maravilloso forma la conclusión de esta escena en Epimeteo. ¿Por qué está todo dispuesto así? Sólo tenemos que tomar las dos figuras: Prometeo, el pre ideador, y Epimeteo, el reflexionador. Goethe contrapuso estas dos fuerzas que actúan en el alma en los dos hermanos Titanes. Por un lado, en Prometeo tenemos lo que está preferentemente bajo la estrella de la ideación previa en el hombre; allí el hombre está limitado en sus poderes incipientes, pero es productivo. Todavía no puede moldear sus creaciones tan perfectamente como la naturaleza moldea las suyas. Todavía no puede moldear en armonía, pero todo lo creado surge de sus propios poderes y herramientas. También carece del sentido común para contemplar una gran escena natural.

En cambio, en Epimeteo, el reflexivo, vemos simétricamente dispuesto en lo que él ha realizado lo que le ha sido transmitido del pasado. Pero como es un hombre reflexivo, vemos también un bello paisaje extendido en el fondo, que ofrece al hombre un placer peculiar. Por último, Epimeteo se enfrenta a nosotros, revelándonos su peculiar naturaleza y contándonos cómo está ahí para dejarse afectar por el pasado y reflexionar sobre lo que ya ha sucedido y lo que se ve a simple vista. Y nos muestra en su oratoria el estado de ánimo insatisfecho que esto provoca a veces en el alma. Apenas siente diferencia entre el día y la noche. Podemos decir brevemente que Epimeteo nos presenta la reflexión llevada al extremo. Pero entonces Prometeo se nos enfrenta con una antorcha en la mano, emergiendo aún de la noche. En sus seguidores vemos herreros que ponen sus manos sobre lo que el hombre mismo produce, y él mismo nos dice algo muy extraño que, si entendemos bien a Goethe, no malinterpretaremos. Los herreros alaban la actividad que conduce a algo productivo. Ellos alaban el hecho de que el hombre también debe destruir muchas cosas. Alaban el fuego de forma unilateral. La persona que es un pensador integral no alabará al individuo a expensas del otro. Hará una visión general del todo. Pero Prometeo dice inmediatamente : "El placer del hombre activo es ser parcial".

Él elogia el hecho mismo de que para ser activo hay que ser limitado. En la naturaleza, lo que está bien se demostrará destruyendo lo que está mal. Pero seguir adelante con lo que uno puede hacer, eso es lo que Prometeo inculca a los herreros. Él es el activo que sale de la noche con la antorcha para mostrar cómo su verdad preconcebida emerge de las profundidades de su alma. Para él no se trata de que, como Epimeteo, no halle diferencia entre el día y la noche de forma onírica y perciba todo en el mundo como un sueño. Pues su alma ha estado trabajando, y en su propia noche oscura captó por primera vez los pensamientos que ahora surgen de ella. Estos no son sueños, sino aquello por lo que el alma ha dado su sangre. A través de esto se lleva al mundo y se aleja de sí misma. Al mismo tiempo, sin embargo, también corre el riesgo de perderse a sí misma. El propio Prometeo aún no necesita perderse a sí mismo, pero si en el mundo surge algo unilateral, entonces esto se hace patente en su descendencia. El hijo de Prometeo, Fileros, ya está inclinado a amar lo creado y a querer disfrutarlo, mientras que su padre Prometeo aún está en pleno poder creador de vida. En Fileros el poder de pre ideación se desarrolla de forma unilateral. Él se precipita a la vida, sin saber dónde puede satisfacer su ansia de placer. Lo que Prometeo tiene en sí como poder fecundador de la creación no puede pasar a este hijo; y por ello también ha de parecer incomprensible a Epimeteo, que quiere orientarle en su precipitada vida desde una rica experiencia de la vida.

También se nos muestra de forma prodigiosa el efecto de lo que puede conseguir la mera reflexión. Está relacionado con el mito de que Zeus, cuando hizo clavar a Prometeo en la roca, unió a Pandora, la superdotada, al hombre.

"Toda bella y toda dotada, se movía dignamente
Hacia la mirada maravillada, inquisitiva y hermosa,
Si yo, como el severo hermano, la rechazaría.
Pero mi corazón ya estaba demasiado excitado,
Recibi a la bella novia con la mente embriagada.
Entonces me acerqué a la misteriosa dote,
La vasija de barro de alto esplendor. Estaba sellada " ----

Prometeo había advertido a su hermano Epimeteo que no aceptara este regalo de los dioses. Pero el hermano lo acepta después de todo. Este regalo se abre porque Epimeteo es de una naturaleza diferente a la de su hermano, y todos los tormentos humanos se caen; sólo una cosa queda dentro: la esperanza queda dentro. ¿Qué es Pandora? ¿Qué hay que sentir por esta superdotada? Verdaderamente un misterio del alma humana se esconde en ella. Lo que queda en el mundo para el ser humano reflexivo es el producto muerto, el reflejo abstracto de los pensamientos mecánicos forjados por Hefesto. Esta sabiduría es impotente frente a la sabiduría creadora total que deja brotar el mundo desde sí mismo.

¿Qué puede dar al hombre esta imagen refleja abstracta? Hemos visto cómo esta verdad puede ser infructuosa, cómo desola el alma humana, y nos damos cuenta de que de la caja de Pandora caen todos los tormentos del hombre, todo lo que tiene un efecto desolador sobre el alma humana. En Pandora tenemos que ver la verdad que es impotente para crear, la verdad reflexiva. Ella representa para nosotros el mero pensamiento-imagen mecánico; un pensamiento-mecanismo-formador, la verdad reflexiva en lo vivo-creador del mundo. Sólo una cosa le queda al mero pensador reflexivo. Mientras que el pre pensador conecta su yo con el futuro y se aleja de sí mismo y vive en el futuro, al pensador reflexivo le queda esta única cosa en relación con el futuro: la esperanza de que las cosas sucedan. Puesto que él mismo no participa, como pre pensador, en la obra hacia el futuro, lo único que le queda es la esperanza. Goethe capta el mito muy profundamente al permitir que surjan dos hijos del matrimonio de Epimeteo con Pandora en su drama "Pandora". Un hijo es el esperanzado Elporo, el otro Epimeleia, la cuidadora, la que preserva lo que hay. De hecho, el hombre tiene dos hijos en su alma, dos vástagos de la verdad muerta, abstracta, concebida mecánicamente. Es infructuosa y no tiene ningún efecto en el futuro, porque sólo es verdad reflexionada y sólo puede reflejar lo que hay, pero no puede ser creativamente activa. Estas personas sólo pueden esperar que suceda lo que es verdad. Este hecho es descrito por Goethe de forma casi grandiosamente realista en su Elpore al mostrar cómo, cuando una persona pregunta si sucederá esto o aquello, sólo le da una respuesta: Sí, sí. Si un hombre prometeico se presentara ante el mundo y hablara del futuro, diría: No espero nada, pero quiero utilizar mis propios poderes para dar forma al futuro. Pero si el hombre es meramente un reflexionador, dirige sus pensamientos a lo que ha sucedido, y por otro lado tiene esperanzas en el futuro; pues a la pregunta: ¿ocurrirá esto o aquello? la Elpora siempre dice: ¡Sí, sí! Siempre la oímos responder así. Esto caracteriza de forma excelente a la única hija del alma reflexiva. Esboza su infertilidad. La otra hija de esta fuerza del alma es la que tiene que ser cuidadosa, la que tiene que cuidar de lo que ya existe. Ella organiza todo lo creado en simetría y no puede añadir nada que surja de sus propios poderes, a lo que está ahí a través de la sabiduría que crea la vida. Esta sabiduría muerta, reflexiva, produce epimeleia simplemente protegiendo lo que existe de la destrucción. Pero como todo lo que no se desarrolla más tiene que ir cada vez más hacia la destrucción, vemos cómo la preocupación se hace cada vez mayor; y cómo, a través del elemento meramente reflexivo, no entra en el mundo lo fructífero, sino lo destructivo mismo. Goethe describe esto maravillosamente haciendo que Fileros se enamore de Epimeleia. Lo vemos arder de celos mientras persigue a Epimeleia, que encuentra protección contra él entre los hermanos Titanes.

Al mismo tiempo, vemos como consecuencia la lucha y la discordia. Por eso Epimeleia nos confronta anunciando que lo mismo que ama busca su vida. Cada palabra más en Goethe muestra cuán profundamente ha mirado en los secretos del alma sobre la pre ideación y la reflexión. Vemos cómo Goethe contrasta de la manera más maravillosa la previsión de los herreros y la que permanece en la naturaleza, en los pastores. Estos últimos toman lo que la naturaleza ofrece de sí misma, lo que ya está ahí. Pero los herreros remodelan la naturaleza. Por eso Prometeo dice de los pastores : ¡Ellos buscan la paz, pero no encontrarán satisfacción en el alma!

- "¡Desarrollaos en paz! No encontrarás la paz. "Porque aquel que sólo busca conservar lo que ya existe, sólo conduce a la infructuosidad de la naturaleza.

Así es como Goethe nos enfrenta a la verdad de la pre ideación y la reflexión en las imágenes de Prometeo y Epimeteo y todas las personalidades ligadas a ellos.

Ellos son los representantes de aquellas fuerzas del alma que pueden surgir de una inclinación demasiado fuerte y unilateral hacia uno u otro tipo de esfuerzo humano por la verdad. Y después de que sólo el desastre ha sido provocado por aquello que actúa unilateralmente en el alma humana, después de que hemos visto cómo el desastre es provocado cuando el hombre es meramente un pre ideador o un reflexionador, vemos al final aquello que sólo puede traer la redención, a saber, la cooperación de los dos hermanos Titanes. El drama continúa por el hecho de que un fuego se inicia en la posesión de este Epimeteo. Prometeo, que está dispuesto a derribar lo construido si ya no cumple su propósito, aconseja a su hermano que se dé prisa e intente poner fin a la destrucción con lo que él es. En Epimeteo, sin embargo, ha muerto todo sentido de la destrucción. Piensa en la figura de Pandora y está completamente absorto en la contemplación.

También es interesante la conversación entre Prometeo y Epimeteo sobre la propia Pandora. Epimeteo habla maravillas de Pandora.

Prometeo :
" La alta figura de la antigua oscuridad también se me aparece;
El mismo Hefesto no lo consigue por segunda vez. "

Epimeteo :
" ¿También mencionas tan fabulosos delirios de origen? De divino poder antiguo ella viene :
Uranione, como Heren y hermana de Zeus. "
Prometeo :
"Pero Hefesto los adorna pensativa y ricamente, tejiendo una red principal de oro con mano hábil, trabajando los hilos más finos, tejiéndolos en múltiples formas. "

Vemos también cómo en cada frase de Prometeo se encuentra lo mecánico, meramente recreado de forma abstracta. Después nos encontramos con Eos, la aurora. Ella aparece ante el sol. Ella anuncia esta luz, pero ya tiene esta luz en sí misma. Ella no es meramente lo que crea a partir de la profunda oscuridad de la noche, sino la transición hacia algo que ha vencido a la noche. Prometeo aparece con la antorcha porque sale de la noche. Su luz artificial pretende indicar cómo emerge de la noche. Epimeteo puede admirar lo que da la luz del sol, pero sólo experimenta todo como un sueño. Él es el alma meramente reflexiva. Como si escapara a la atención del alma meramente creadora de Prometeo, así es en lo que habla Prometeo a la luz del día. También dice que su pueblo está llamado no sólo a ver el sol y la luz, sino a iluminar. Ahora surge Eos, la aurora. Ella exhorta al hombre a hacer lo correcto en todas partes y a ser activo. Phileros debe conectar con las fuerzas que hacen posible que se salve cuando él ya ha buscado la muerte. Junto a los herreros, que hacen un trabajo limitado en pre ideación, junto a los pastores, que toman lo que ya hay, vienen los pescadores, que cuidan del elemento agua. Y ahora vemos a Eos dando consejos:

Mañana de juventud, amanecer del día,
Más bella que nunca,
Del océano insondable
Te traigo ahora.
Despierta, sacude tu sueño,
Habitantes de la bahía
rodeados de acantilados,
Pescadores, levantaos,
y desplegad vuestro arte.
Desplegad velozmente vuestras redes
Alrededor de las conocidas aguas,
Una espléndida captura es segura
Cuando mi voz os anime.
¡Nadad, nadadores! ¡Bucead, buceadores!
¡Vigilad, vigilantes en las alturas!
Que las costas y los mares
¡Enjambre de vida rápida y abundante!

A continuación se nos muestra de forma maravillosa cómo Phileros es rescatado en la crecida y une su propia fuerza a la fuerza de las olas. La fuerza creadora activa que hay en él se une así a la fuerza creadora de la Naturaleza. Así se reconcilian los elementos de Prometeo y Epimeteo.

De este modo, Goethe ofrece una solución muy prometedora, mostrando cómo el conocimiento obtenido de la naturaleza mediante el pensamiento reflexivo puede ser alimentado con energía productiva por el elemento del pensamiento creativo. Este último adquiere la fuerza que le corresponde al recibir, con lealtad a la verdad, lo que los dioses "de ahí arriba" le otorgan:

Tomen nota de esto:
Lo que es deseable, ustedes lo sienten aquí abajo;
Lo que hay que dar, ellos lo saben allá arriba.
Ustedes los Titanes hacen un gran comienzo,
Pero el camino hacia el bien eterno, lo por siempre bello,
Ese es el trabajo de los dioses; ellos lo aseguran.

La unión de Prometeo y Epimeteo en el alma humana traerá la salvación para ellos y para la humanidad. Todo el drama pretende indicar que, a través de una comprensión integral de la verdad, todo el género humano, y no sólo los individuos, encontrará satisfacción. Goethe quería mostrar que la comprensión de la auténtica naturaleza de la verdad unirá a la humanidad y fomentará el amor y la paz entre los hombres. También la esperanza se transforma en el alma, una esperanza que dice sí a todo, pero que no puede hacer nada. El poema debía terminar con Elpore transformada, Elpore thraseia, que se presenta para decirnos que ya no es una profetisa, sino que va a incorporarse al alma humana, para que los seres humanos no se limiten a abrigar esperanzas en el futuro, sino que tengan la fuerza de cooperar en la realización de todo lo que su propio poder productivo pueda crear. Creer en la transformación operada por la verdad en el alma: esa es toda la verdad perfeccionada que reconcilia a Prometeo y Epimeteo.

Naturalmente, estas indicaciones someras sólo pueden revelar una pequeña parte de todo lo que puede extraerse del poema. La profunda sabiduría que suscitó este fragmento de Goethe se revelará primero a quienes se acerquen a él con el apoyo de un modo de pensar espiritual-científico. Éstos pueden experimentar un poder satisfactorio y redentor que brota del poema y les infunde vigor.

No podemos dejar de mencionar una frase extraordinariamente bella que Goethe incluyó en su Pandora. Dice que la sabiduría divina que fluye hacia el mundo debe trabajar en armonía con todo lo que somos capaces de lograr a través de nuestro propio poder prometeico de pensamiento creativo. El elemento que viene a nuestro encuentro en el mundo y nos enseña lo que es la sabiduría, Goethe lo llamó el Verbo. Eso, que vive en el alma y debe unirse al pensamiento reflexivo de Epimeteo, es el Hecho de Prometeo. Así pues, la unión del Logos o Verbo con el Hecho da lugar al ideal que Goethe quiso presentarnos en su Pandora como fruto de una vida rica en experiencias. Hacia el final del poema, Prometeo hace una afirmación notable: "Un hombre de verdad celebra verdaderamente la hazaña". Esta es la verdad que permanece oculta al elemento pensante reflexivo del alma.

Si nos abrimos a todo este poema, podemos llegar a darnos cuenta del heroico anhelo de evolucionar que sienten hombres como Goethe, y de la gran modestia que les impide suponer que al alcanzar una determinada etapa ya han hecho lo suficiente y no necesitan intentar ir más allá. Goethe fue un aprendiz de la vida hasta el último de sus días, y siempre reconoció que cuando un hombre se ha enriquecido con una experiencia debe superar lo que hasta entonces tenía por cierto.

Cuando, siendo joven, Goethe empezaba a trabajar en Fausto, y tuvo ocasión de introducir algunas traducciones de la Biblia, decidió que las palabras "En el principio era el Verbo", debían traducirse como "en el principio era el Hecho". En esta misma época escribió un fragmento sobre Prometeo En él vemos al joven Goethe totalmente activo y prometeico, confiado en que simplemente desarrollando sus propias fuerzas, no fructificadas por la sabiduría cósmica, podría progresar. En su madurez, con una larga experiencia de la vida a sus espaldas, se dio cuenta de que era un error subestimar la Palabra, y que la Palabra y la Acción debían ir unidas. De hecho, Goethe revisó partes de su Fausto mientras escribía su Pandora. Sólo podemos comprender cómo Goethe llegó gradualmente a la madurez si nos damos cuenta de la naturaleza de la verdad en todas sus formas.

Siempre será bueno para el hombre que se esfuerce por comprender que la verdad sólo puede ser aprehendida gradualmente. O tomemos el caso de un buscador de la verdad genuino, honesto y polifacético al que se le pide que presente por la fuerza ante el mundo una verdad que ha descubierto. Estaría muy bien que se recordara a sí mismo que no tiene motivos para presumir de ello. En ningún momento hay motivos para contentarse con algo ya conocido. Por el contrario, el conocimiento que hemos obtenido de nuestras consideraciones de ayer y de hoy debería llevarnos a sentir que, aunque el ser humano debe mantenerse firme en el terreno de la verdad que ha adquirido y debe estar dispuesto a defenderla, de vez en cuando debe replegarse sobre sí mismo, como hizo Goethe. Cuando él hace esto, las fuerzas que surgen de la conciencia de la verdad que ha adquirido le dotarán de un sentimiento de las normas correctas y del punto de vista que debe hacer suyo. Desde la conciencia acrecentada de la verdad debemos replegarnos una y otra vez sobre nosotros mismos y decir, con Goethe: Mucho de lo que una vez descubrimos y tomamos por verdad es ahora sólo un sueño, un recuerdo onírico; y lo que hoy pensamos, no sobrevivirá cuando lo sometamos a una prueba más profunda. Las palabras que Goethe se dijo a sí mismo a menudo en relación con su propia búsqueda honesta de la verdad, bien pueden ser repetidas por todo hombre en sus horas de soledad:

Pobre de mí
hasta la médula.
Mis pensamientos no dan en el blanco,
Mis sueños, no son verdad.

Si podemos sentir esto, estaremos en la relación correcta con nuestro alto ideal, la Verdad.

Traducido por J.Luelmo abr.2019