CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 29

GA123 10 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 10ª conferencia

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LAS BIENAVENTURANZAS Y LAS CURACIONES

EL NUEVO ESENIANISMO

10 de septiembre de 1910

En estas conferencias hemos escuchado que a través de la venida de Cristo Jesús, las fuerzas del Ego humano iban a ser gradualmente dotadas de aquellas facultades que en los antiguos Misterios solo podían ser adquiridas por el hombre mediante la supresión, el adormecimiento, de su Ego. En todas las Iniciaciones antiguas existía la posibilidad de ascender al mundo espiritual, a los Reinos del Cielo. Pero debido a la peculiaridad de la evolución humana en los tiempos pre-cristianos, el Ego del hombre no podía ascender a los Reinos del Cielo con la misma lucidez o consciencia con la que se enfrenta al mundo físico-material. Por lo tanto, deben distinguirse dos condiciones del alma humana. La primera es la condición normal del hombre de hoy en día que predomina desde que se despierta hasta que se va a dormir, y que es cuando su Ego percibe y es consciente de los objetos del mundo material. En la segunda condición no hay una conciencia definida de Yoidad. Era en esta última condición, en la que el hombre era transportado a los Reinos del Cielo en los antiguos Misterios. Según la predicación de Juan el Bautista y después por el mismo Jesucristo, estos reinos del cielo debían ser traídos a la Tierra para que la humanidad pudiera recibir un impulso para el desarrollo que permitiera a los hombres experimentar los mundos superiores manteniendo el ego plenamente consciente. Por lo tanto, era natural que aquellos que registraron el Evento de Cristo Jesús, describiesen los diferentes procesos experimentados por un aspirante a la Iniciación en los Antiguos Misterios, pero que al mismo tiempo se diese una indicación de un nuevo elemento, que mostrase que ahora no se trataba de la segunda condición del alma sino de una nueva condición en la que el Ego es plenamente consciente.

En la conferencia de ayer estudiamos, desde dicho punto de vista, las nueve bienaventuranzas al comienzo del Sermón de la Montaña. Sobre el contenido del presente texto del Evangelio de San Mateo, se podría añadir que fue traducido, (no exento de ambigüedad), desde el arameo al idioma griego. Pero incluso en el texto griego del Evangelio uno puede detectar, en la continuación del Sermón de la Montaña también, indicaciones definidas de lo que un hombre experimentaba anteriormente, cuando su Ego era suprimido y permanecía en una condición opaca. Llevándole en aquél entonces a decir: "Cuando suprima mi Ego y pase al mundo espiritual, comprenderé ciertas verdades fundamentales", en el futuro esto será posible manteniendo la plena conciencia del Ego. Para entender lo que esto implica es esencial saber algo más sobre el uso de nombres o designaciones en tiempos antiguos. No eran elegidos como se hace hoy, sino siempre conscientes de la realidad que implicaba. Y las expresiones utilizadas en el Sermón de la Montaña muestran claramente que Cristo Jesús se sentía como el portador de la conciencia del Ego en una etapa superior a la alcanzada hasta ahora, y capaz de experimentar los Reinos del Cielo como una realidad interna. Por lo tanto, él pone de relieve este contraste ante las almas de sus discípulos: "En tiempos anteriores también se decía que las revelaciones venían de los Reinos del Cielo. Pero a partir de ahora experimentarán estas cosas cuando dejen que su propio Ego hable, en lo que su Ego les diga". De ahí que repitiera constantemente las palabras:" ¡Yo os digo! "- porque Cristo Jesús se sentía a sí mismo como" el Representante del alma humana que se expresa en la pronunciación de las palabras: "Yo lo digo", "lo digo con toda mi conciencia del Ego".

Este enunciado, que muchas veces se produce en un sentido trivial. Llama la atención repetidamente sobre el nuevo impulso inculcado a través de Cristo Jesús en la evolución de la humanidad. Teniendo esto en mente, continúen la lectura del Sermón de la Montaña y sentirán lo que Cristo Jesús deseaba decir: Hasta ese momento ustedes no habían podido invocar sus propios Egos; pero ahora, a través de lo que les he traído, podrán atesorar gradualmente los frutos de los Reinos del Cielo a través de vuestro propio poder interior, a través del poder de vuestro propio "yo". - Todo el espíritu del Sermón de la Montaña está impregnado del nuevo impulso del Ego humano; e igualmente cuando el relato narra las llamadas "curaciones".

Como todos saben, estos actos de curación han sido objeto de debates generalizados. El asunto que más a menudo se recalca es que los Evangelios están hablando aquí de milagros. Pero acerquémonos un poco mas a esto. En la conferencia de ayer, les decía que la gente hoy en día ignora por completo los cambios y las metamorfosis sufridas por la naturaleza humana en el curso de la evolución. Si compararan un cuerpo físico de la época de Cristo, (y si es anterior mucho menos aún), con uno de la actualidad, se revelaría una diferencia muy significativa, una diferencia que ciertamente, no puede afirmarse en términos anatómicos, pero si por medio de la investigación oculta. Encontrarían que el cuerpo físico se ha solidificado, se ha vuelto más denso. En la época de Cristo Jesús era mucho más flexible. Sobre todo, la visión del hombre era tal que percibía cosas que ya no percibe hoy en día y, además, poseía cierto conocimiento de ciertas fuerzas que trabajan y moldean el cuerpo. Los músculos, por ejemplo, causaban una impresión muy distinta y mucho más fuerte sobre una facultad de percepción más delicada. Este tipo de visión se fue perdiendo gradualmente. Las teorías infantiles relacionadas con la historia del arte apuntan a antiguos dibujos donde las líneas que indican los músculos son muy visibles y consideran esto como una exageración y un signo de la falta de habilidad del artista. La razón es que los creadores de esas teorías no saben que tales dibujos se basaban en la observación real, una facultad que era correcta y adecuada en la antigüedad, aunque estaría fuera de lugar en la era moderna. Pero sea como fuere, nos ocuparemos ahora de las características de los cuerpos humanos que una vez estuvieron constituidos de manera muy diferente.

En aquellos primeros tiempos, el poder del alma y del espíritu tenían una influencia mucho más inmediata sobre el cuerpo humano que en tiempos posteriores, en los que ya el alma había perdido poder sobre el cuerpo debido a su mayor densidad. Por lo tanto, en aquellos primeros tiempos era mucho más posible que se produjera la curación por medio de las fuerzas del alma. Gracias al mayor poder, el alma podía restablecer un cuerpo desordenado con las fuerzas de curación extraídas del mundo espiritual, para que pudiera restablecerse nuevamente la armonía. En el trascurso de la evolución, este poder del alma sobre el cuerpo había ido disminuyendo gradualmente. Los procesos de curación en tiempos antiguos eran, por lo tanto, procesos espirituales en un grado mucho mayor que posteriormente. Los que eran considerados como médicos no eran médicos en el sentido físico moderno, sino que la mayoría de ellos eran sanadores que trabajaban sobre el cuerpo por medio del alma. Purificaban el alma, infundiendo en ella sentimientos saludables, impulsos y fuerzas de voluntad a través de las influencias espirituales que podían ejercer. Esto podría tener lugar tanto en la condición de vida normal de vigilia, como durante el llamado "sueño del templo", o algo similar, que en aquél tiempo simplemente significaba inducir un estado en el que un hombre se volviera clarividente. Al estudiar las condiciones de la civilización en aquél tiempo, hay que tener en cuenta que aquellos que eran lo suficientemente fuertes anímicamente como para recurrir a las fuerzas que ellos mismos habían adquirido, podían tener un efecto muy real sobre las almas de otros hombres y con ello en su cuerpos. Además, aquellos que de alguna manera estaban impregnados de espíritu y de quienes se sabía que las fuerzas de curación irradiaban a su entorno, también eran llamados "curanderos". En efecto, no solo los Terapeutas sino también los Esenios, en cierto sentido, habría que llamarles sanadores. Además, en cierto dialecto actual en Asia Menor entre los asociados con el nacimiento del cristianismo, la palabra "Jesús" era la traducción de la expresión "sanador espiritual". "Jesús" expresa "médico espiritual" y es una interpretación bastante correcta. Esto es una indicación de lo que estaba asociado con los nombres y designaciones en una época en la que los hombres todavía sentían que señalaban ciertas realidades.

Pero ahora pongámonos en las situación de la civilización de aquellos tiempos. Una persona que hablara de las condiciones de vida de entonces, habría dicho: Hay hombres que han sido admitidos en los Templos de Misterios, en los que sacrificando hasta cierto grado su conciencia del Ego, podían establecer conexión con ciertas fuerzas del alma y del espíritu que luego eran irradiadas a través de ellos al entorno inmediato; tales hombres devienen sanadores. Suponiendo que uno de esos hombre se hubiera convertido en un seguidor de Cristo Jesús, habría dicho: ¡Han sucedido cosas maravillosas! Antes, solo aquellos que habían recibido fuerzas espirituales en los Templos de Misterios, podían devenir sanadores del alma; pero ahora tenemos entre nosotros, Uno que podía hacerlo manteniendo a la vez plena conciencia del Ego, sin haberse sometido a los procedimientos de los Misterios. -El hecho de que tuviesen lugar curaciones espirituales no habría sorprendido a tal hombre, ni tampoco que en el Evangelio de San Mateo se narrase la historia de un sanador espiritual, le habría parecido indicar algo particularmente milagroso. Su actitud habría sido: ¿Qué tiene de maravilloso que tales hombres sean sanadores espirituales? Es bastante natural que lo sean. La enumeración de tales curaciones no habrían parecido milagrosas en aquellos días. Sino que lo verdaderamente importante se indica cuando el escritor del Evangelio de San Mateo habla de Aquel que había impartido un nuevo poder a la humanidad, recurriendo a las fuerzas de su Ego, (con el que antes no era posible la curación), había sanado los enfermos Como pueden ver, los Evangelios están hablando de algo completamente diferente de lo que generalmente se piensa. Podrían presentarse muchas pruebas, también pruebas históricas, para verificar lo que la Ciencia Espiritual establece a partir de fuentes ocultas.

Si lo que se acaba de afirmar es cierto, cabe imaginarse que en la antigüedad, bajo ciertas condiciones, la visión de los ciegos podría ser restaurada por influencia espiritual. Dignas de mención son las primeras representaciones pictóricas de estas cosas. El autor al que nos referimos ayer, John M. Robertson, menciona que existe en Roma una figura de Esclepio frente a dos ciegos, y Robertson naturalmente concluyó que expresaba un acto de curación y que por eso los escritores de los Evangelios lo incorporaron a sus narraciones. En este ejemplo lo que importa no es que las curaciones espirituales eran milagros, sino que el objetivo del artista había sido indicar que Esclepio era un Iniciado que había adquirido en los Misterios, los poderes de la curación mediante la supresión de su conciencia del Ego. Sin embargo, el escritor del Evangelio de San Mateo deseaba dejar en claro que, aunque en el caso de Cristo Jesús las curaciones no se lograban de esa manera, el impulso que una vez estuvo activo en Él con el tiempo deberá ser adquirido por toda la humanidad, y podrá ser adquirido a través del poder del Ego mismo. Esto está fuera del alcance de los hombres hoy porque el poder no debe ser inculcado en la humanidad hasta un futuro algo distante. Pero lo que Cristo logró al comienzo de nuestra era se arraigará, y los hombres gradualmente serán capaces de expresarlo. Esto sucederá y eso era lo que el escritor del Evangelio de San Mateo deseaba transmitir en sus narraciones de las curaciones. Y así, hablando desde la conciencia oculta, puedo decir: El escritor del Evangelio de San Mateo no deseaba representar ningún "milagro" sino algo completamente natural, entendible. También quería mostrar que tal curación se producía de una nueva manera. Esa es la estricta verdad de estos asuntos. ¡Los evangelios han sido mal entendidos!

¿Como ha de seguir el relato, para que concuerde con la realidad? Hemos visto: lo sucedido en la vida del Cristo al producirse la tentación, fue un sumergirse en todos los procesos que se experimentan al descender en los cuerpos físico y etérico. También hemos visto que la fuerza que irradia de dichos cuerpos pudo actuar tal como se manifiesta en el sermón del monte, como asimismo en las curaciones. Además, la fuerza del Cristo Jesús obro de la misma manera como en los Misterios obraba la fuerza del iniciado, y esa misma fuerza pudo formar las facultades de los discípulos. Naturalmente, el Cristo debía formarlos de una manera singular. Para comprender los capítulos del Evangelio de San Mateo que siguen al Sermón de la Montaña así como los relatos de las curaciones, es necesaria la preparación en forma de cierto conocimiento de los hechos ocultos que hemos adquirido a través de los años. Sabemos que cuando un hombre es conducido a los mundos superiores a través de la Iniciación, desarrolla una especie de visión imaginativa, una visión que consiste en imaginaciones verdaderas. Aquellos que estaban cerca de Cristo Jesús necesariamente tenían que adquirir no solo la facultad de escuchar con una cierto grado de comprensión expresiones tan majestuosas como las del Sermón de la Montaña, sino de participar inteligentemente en los actos de curación realizados por Cristo Jesús; además era necesario que la fuerza poderosa que actuaba en Él pasara gradualmente a aquellos que eran sus amigos y discípulos más cercanos. Esto también se indica en el Evangelio. En primer lugar, se muestra cómo, después de la Tentación, Cristo Jesús inicia una nueva forma de impartir las antiguas enseñanzas y de realizar curaciones a través de un nuevo impulso. Para después mostrar cómo actuaba sobre Sus discípulos de una manera nueva, cómo aquella plenitud de poder que él encarnaba afectaba a los discípulos y seguidores que lo rodeaban. ¿Cómo se muestra esto? A través del hecho de que para los hombres poco receptivos e insensibles, lo que Él representaba también debía expresarse con palabras. Pero el efecto que dejaba su influencia sobre aquellos que eran receptivos, a quienes Él mismo había elegido y guiado, era diferente. En ellos surgían imaginaciones y alcanzaban la siguiente etapa de conocimiento superior. El poder que emanaba de Cristo Jesús, por lo tanto, actuaba de dos maneras: el efecto que provocaba en aquellos que no eran sus discípulos elegidos era que escuchaban sus palabras y las aceptaban como teoría; mientras que sobre aquellos a quienes había elegido porque habían presenciado las manifestaciones de su poder y a quienes, debido a su karma especial, podía transmitir ese poder, el efecto era que las imaginaciones se despertasen en sus almas y que sus percepciones señalasen hacia una etapa superior en el camino hacia los mundos espirituales. Esto se indica en el dicho de que aquellos que carecen de ella, solo oyen parábolas, es decir, se les presentan imágenes, imágenes simbólicas de acontecimientos en el mundo espiritual. Pero a los demás les decía: Entienden el significado de las parábolas y las palabras que les guían hacia los mundos superiores. - Estos versículos no deben ser interpretados en un sentido superficial sino reconocidos como una guía por la cual los discípulos eran guiados hacia los mundos espirituales.

Y ahora profundizaremos en la cuestión de cómo los discípulos podrían ser guiados a los mundos superiores. Para comprender lo que voy a decir ahora no solo se necesita una escucha atenta, sino también una buena voluntad, fortalecida por el conocimiento científico-espiritual que ustedes ya tienen. Quiero transmitir lo más claramente posible el significado real de los acontecimientos descritos en los próximos capítulos del Evangelio de San Mateo.

Recordemos una vez más que hay dos modos de Iniciación. En uno el proceso consiste en descender a sus cuerpos físico y etérico, aprendiendo a conocer su propia naturaleza interna y entrando en contacto con las fuerzas que trabajan creativamente en él. Y en el otro modo de Iniciación, un hombre es llevado al mundo espiritual, al Macrocosmos. Esto ya sucede realmente, si bien, no con respecto a la plena conciencia, pues como bien sabemos, cada vez que un ser humano se duerme; su cuerpo astral y el Ego, se retiran de sus cuerpos físico y etérico, expandiéndose por el mundo de las estrellas y de él extraen sus fuerzas, de ahí la designación de cuerpo astral. A través de esta forma de Iniciación, un hombre no solo puede percibir los acontecimientos en la Tierra, sino también expandirse hacia el Cosmos, obtener conocimiento del mundo de las estrellas y absorber sus fuerzas. Pero esta condición que el hombre solo puede alcanzar gradualmente (mediante la iniciación). A partir del bautismo de Juan, estaba presente en el Cristo en una forma en consonancia con su naturaleza especial. Pero en Él, no era comparable con el estado del sueño; en Él estaba presente no cuando dormía, sino que estaba despierta en sus cuerpos físico y etérico. Él podía unirse con las fuerzas del mundo de las estrellas y llevar esas fuerzas al mundo físico.

La aportación de Cristo Jesús, por lo tanto, puede describirse como sigue. A través de la fuerza ejercida por los cuerpos físico y etérico que habían sido preparados específicamente para Él, a través de toda Su naturaleza atrajo el poder del Sol, de la Luna, de las Estrellas, de todo el Cosmos al que pertenece nuestra Tierra. Haciendo que los actos que realizaba devinieran en canales para la vida que otorga salud y fuerza, esa misma fuerza que comúnmente fluiría del Cosmos a través del hombre cuando está fuera de sus cuerpos físico y etérico durante el sueño. Las fuerzas con las que Cristo Jesús actuaba, eran las fuerzas que fluían del Cosmos a través del poder de atracción ejercido por Su cuerpo y desde este cuerpo fluían nuevamente hacia Sus discípulos. Quienes a través de su receptividad, ahora oportunamente comenzaban a sentir: En verdad, Cristo Jesús es un Ser a través del cual las fuerzas del Cosmos nos brindan el alimento espiritual derramándose sobre nosotros.

Pero los propios discípulos vivían en dos estados de conciencia, porque todavía no eran hombres que habían alcanzado la más alta etapa de desarrollo; fue a través de Cristo cuando pudieron alcanzar una etapa superior. Los dos estados de su conciencia pueden compararse con los de la vida despierta y la del sueño. El poder mágico de Cristo fue capaz de obrar sobre los discípulos en ambos estados de conciencia, no solo durante el día, cuando estaba realmente cerca de ellos, sino también durante el sueño, cuando habían dejado sus cuerpos físico y etérico. Mientras que, ordinariamente, el ser humano se expande en los mundos de las estrellas sin saberlo, el poder de Cristo ahora estaba con los discípulos y ellos realmente contemplaban estos mundos; ellos también supieron: "El poder de Cristo nos alimenta desde el mundo de las estrellas".

Pero estos dos estados de conciencia en los que vivían los discípulos tuvieron aún otro efecto. Debemos prestar atención, en cada ser humano, (también en un discípulo de Cristo Jesús), tanto a lo que él es como hombre en el presente inmediato como a las potencialidades dentro de él para futuras encarnaciones. En todos y cada uno de ustedes late en modo germinal, lo que se presentará al mundo en una forma bastante diferente cuando aparezcan otra vez en una nueva encarnación en una época futura de la civilización. Y si a través de estas facultades potenciales que ya están dentro de ustedes, se volvieran clarividentes, la primera manifestación de una visión súprasensible sería el surgir de la visión del futuro inmediato. Entre las primeras experiencias clarividentes, siempre que sean genuinas y puras, estarían las relacionadas con los acontecimientos del futuro inmediato. Este era el caso en los discípulos. En su conciencia normal de vigilia, el poder de Cristo fluía hacia ellos y pudieron decir: En nuestras horas de vigilia, el poder de Cristo tiene efecto en nosotros de una manera acorde con nuestra conciencia normal despierta. Pero, ¿Qué les pasaba mientras dormían? Como eran discípulos de Jesús y el poder de Cristo había actuado sobre ellos, en ciertos momentos durante el sueño, siempre se volvían clarividentes. Sin embargo, no veían lo que estaba sucediendo en el presente sino lo que sucedería en el futuro. Se sumergían por así decirlo en el océano de la visión astral y preveían lo que le sucedería al hombre en tiempos futuros.

Así pues, los discípulos vivían en ambos estados de conciencia. Del que podrían decir: En nuestro estado de vigilia, Cristo nos trae desde el gran Universo las fuerzas de los mundos cósmicos, que nos sirven como alimento espiritual. Debido a que Él es una encarnación del poder del Sol, nos hace llegar todo lo revelado por el zoroastrismo tal como se entiende a la luz del cristianismo. Él es el intermediario de los poderes que el Sol puede enviar desde las siete constelaciones diurnas del zodíaco. Desde ellas fluye el alimento para la conciencia diurna. De la conciencia nocturna, los discípulos podrían decir: En esta condición, nos damos cuenta de cómo, a través del poder de Cristo, el Sol que es invisible durante la noche mientras pasa a través de las otras cinco constelaciones, haciendo llegar a nuestras almas el alimento celestial. Con su clarividencia imaginativa, los discípulos se sentían así: "Durante el estado de vigilia, nos sentimos unidos con el poder de Cristo, con el poder del Sol. Este poder nos transmite lo que es pertinente y adecuado para los hombres de la actual época de civilización" (es decir, la cuarta época). Y durante el estado de sueño, el poder de Cristo transmite las fuerzas reparadoras del Sol nocturno provenientes de las cinco constelaciones nocturnas. Pero esto se aplicará a la época que seguirá a la nuestra, a la quinta época de la civilización (la actual). Eso es lo que experimentaban los discípulos. ¿De qué modo podría expresarse? Vamos a profundizar en esto en la próxima conferencia. Ahora quiero hablar brevemente sobre lo siguiente. En la terminología antigua, para referirse a numerosos seres humanos se les denominaba con el término "mil" y si se quería concretar, se agregaba un número específico. Por ejemplo, los hombres de la cuarta época de civilización eran los "cuartos mil" y aquellos cuyo modo de vida ya era el de la quinta época eran los "quintos mil". Estos eran simplemente términos técnicos. Así pues, los discípulos decían: Durante el estado de vigilia, somos conscientes de lo que el poder de Cristo nos transmite desde las fuerzas Solares que nos irradian desde las siete constelaciones diurnas; recibimos el alimento destinado a los hombres de la cuarta época, los "cuartos mil". Y durante el sueño, con nuestro estado clarividente nos damos cuenta, a través de las fuerzas que irradian desde las cinco constelaciones nocturnas, de lo que se ha de aplicar al futuro inmediato, a los "quintos mil". El alimento destinado a los hombres de la cuarta época, es decir, para los 'cuartos mil', desciende del cielo a través de las siete constelaciones diurnas, los siete "panes celestiales"; y los hombres de la quinta época, los "quintos mil", son alimentados a través de las cinco constelaciones nocturnas, los cinco "panes celestiales". El punto divisorio entre las constelaciones diurnas y las nocturnas se indica mediante la mención específica de la constelación de Piscis, los peces.

Aquí se alude a un misterio, que da signos de algo profundamente significativo, a saber, la mágica relación de Cristo con sus discípulos. Cristo les advierte claramente que no está hablando de la antigua levadura de los fariseos, sino que les trae comida celestial proveniente de las fuerzas Solares del Cosmos. En una ocasión tiene a su disposición solo los siete panes de las siete constelaciones diurnas, y en otra los cinco panes de las cinco constelaciones nocturnas. Y entre las constelaciones diurnas y las constelaciones nocturnas se encuentra la constelación de Piscis, los Peces, que indica la separación. De hecho, en un lugar (Mateo 14, 13-21 y 15.32-38), en aras de una mayor aclaración se hace mención de dos peces.

Estas profundidades en el Evangelio de San Mateo, nos remontan a la proclamación hecha por Zarathustra, quien por primera vez señaló hacia el Espíritu Solar y que fue también uno de los primeros misioneros en explicar a aquellos que eran receptivos, el misterio del descenso a la tierra del poder mágico del sol.

Pero, ¿Qué dicen los elocuentes comentaristas de la Biblia, acerca de estas cosas? Ellos se fijan que en un pasaje del Evangelio de San Mateo se hace referencia a la alimentación de cuatro mil personas con siete panes, y en otro pasaje otra referencia a la alimentación de cinco mil personas con cinco panes, y consideran el segundo relato como una mera repetición. Diciendo que el traductor del texto original copió descuidadamente, como sucede a menudo. En consecuencia, en una ocasión se dice que cuatro mil personas fueron alimentadas con siete panes y en otra que cinco mil fueron alimentadas con cinco panes. ¡Después de todo, ese tipo de cosas pueden suceder cuando un copista es negligente! No tengo ninguna duda de que pueden ocurrir cosas similares cuando se escriben libros en la era moderna, ¡pero los Evangelios de ninguna manera salieron a la luz de esa manera! Cuando una narración tiene lugar por segunda vez, tiene un significado profundo. Pero debido a que los relatos en el Evangelio de San Mateo armonizan con las indicaciones dadas un siglo antes de la aparición del Cristo por Jeschu ben Pandira, el gran maestro esenio, para que cuando Él viniera, pudiera ser entendido, y puesto que es así debemos profundizar en las indicaciones dadas en este Evangelio si queremos comprender las verdades que contiene. Pero sigamos.

El poder de la imaginativa visión astral fluyó de Cristo hacia sus discípulos. Esto también está claramente indicado. Bien podría decirse: el que tenga ojos para leer, ¡que lea! - como antiguamente se decía cuando no era costumbre escribir: ¡el que tenga oídos para oír, que oiga!

El que tenga ojos para leer, que lea los Evangelios con cuidado. ¿Hay alguna indicación de que este poder del Cristo-Sol se revelase a los discípulos de diferente manera durante el día que durante la noche? En efecto así es. En un lugar importante del Evangelio de San Mateo se dice lo siguiente: “En la cuarta vigilia de la noche, algo así como entre las tres y las seis de la mañana, mientras los discípulos estaban durmiendo, vieron, caminando sobre el mar, una figura que al principio tomaron por un espíritu”, es decir, el poder solar nocturno reflejado a través de Cristo. Se indica la hora real porque era solo en un momento particular, cuando los discípulos podían ser conscientes de que este poder del Cosmos fluiría hacia ellos por mediación de Cristo. Las referencias constantes a la posición del Sol y su relación con las constelaciones, con los panes celestiales, indican que a través de la presencia de Cristo Jesús en Palestina, a través de esta personalidad y la individualidad, existía un medio por el cual los poderes y fuerzas del sol podían penetrar en nuestra Tierra. Esta naturaleza cósmica de Cristo, esta penetración de fuerzas cósmicas en la Tierra a través de Cristo, es sobre la que se pone énfasis en todas partes.

Cristo Jesús debía iniciar de una manera particular a aquellos de sus discípulos que eran especialmente aptos para ello, de modo que pudieran no solo ver los mundos espirituales con una visión imaginativa, como si dijéramos, en imágenes astrales, sino que realmente escucharan lo que estaba teniendo lugar en esos reinos; esto indica, como sabemos, el ascenso a Devachan.

Por lo tanto, habiendo ascendido a los mundos superiores, estos discípulos ahora podrían encontrar en esos mundos la personalidad que conocen en el plano físico como Cristo Jesús. Debían convertirse en clarividentes en regiones más altas que el plano astral. Esto no lo consiguieron todos los discípulos; solo fue posible para aquellos que eran más receptivos al poder que fluía del Cristo: aquellos discípulos eran Pedro, Santiago y Juan. El Evangelio de San Mateo, por lo tanto, relata cómo Cristo llevó a los tres discípulos a un entorno donde podía guiarlos más allá del plano astral hasta el plano del Devachán, donde podían contemplar los Arquetipos espirituales, primero el de Cristo Jesús mismo y, para que tomasen conciencia de las condiciones bajo las cuales él estaba actuando, también el de dos Seres que estaban relacionados con Él: Elías y Moisés. Elías fue el antiguo profeta que, reencarnado como Juan el Bautista, también fue el precursor de Cristo Jesús. La escena tiene lugar después de la decapitación de Juan el Bautista, cuando ya estaba en los mundos espirituales. Los discípulos también vieron a Moisés, otro precursor espiritual de Cristo.

Tal experiencia solo fue posible cuando los tres discípulos elegidos fueron elevados en espíritu, a un nivel superior de visión que el de la visión astral. Y el hecho de que ascendieran al Devachan se refleja claramente en el Evangelio de San Mateo, cuando dice que no solo vieron a Cristo lleno del poder del Sol, sino que se agrega la frase siguiente: "Y su rostro brillaba como el Sol". También se dice que las tres figuras (Cristo, Elías, Moisés) estaban conversando. Por lo tanto, ha tenido lugar una ascensión hasta el reino del Devachan, donde los discípulos escuchan a los tres conversando. Todo, por lo tanto, se describe fielmente y es reflejado con las características del mundo espiritual reveladas a la investigación científico-espiritual. No hay ninguna contradicción entre los hallazgos de esta investigación y los relatos verdaderos de los hechos de Cristo. Fue Él mismo quien condujo a los discípulos hasta el mundo astral y luego al Devachan, el reino del espíritu.

En el Evangelio de San Mateo, Cristo Jesús es representado gráficamente como, el portador, del espíritu del Sol, proclamado antaño por Zarathustra. En este Evangelio se relata fielmente que el Espíritu del Sol, Ahura Mazdao u Ormuzd, de quien Zarathustra solo pudo declarar que vivía en el Sol, ahora por medio del cuerpo de Jesús de Nazaret había vivido en la Tierra y fusionado con ella de una manera tan real, que por medio de una única vida dentro de un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, devino un impulso en la evolución de la Tierra y, a medida que transcurra el tiempo, más profundamente se unirá aún. Expresado en otras palabras, esto significa: que la yoidad estuvo alguna vez presente sobre la Tierra en una Personalidad en tal medida, que si los hombres reciben a Cristo en sí mismos tal como indica San Pablo, ellos mismos adquirirán a lo largo de las sucesivas encarnaciones, la fuerza y poder de este yoidad. A medida que vayan pasando de encarnación a encarnación durante el resto de la evolución terrenal, los hombres que imbuyan sus almas con el poder de esa Personalidad que una vez vivió en la Tierra, se elevarán a alturas cada vez mayores. En aquél tiempo, los elegidos pudieron contemplar a Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret con sus ojos físicos. Una vez en el curso de la evolución de la Tierra, y por el bien de la humanidad, Cristo, que anteriormente solo podía ser revelado a la visión de los hombres como el Espíritu del Sol, descendió y se unió con las fuerzas de la Tierra.

El hombre es el ser dentro del cuál debía estar plenamente presente el poder del Sol, poder que una vez descendió y actuó dentro de un cuerpo físico humano. Esta fue la inauguración de la época durante la cual las fuerzas derramadas desde el Sol fluirán cada vez en mayor medida hacia los hombres a medida que vivan de encarnación a encarnación y, hasta donde el cuerpo terrenal lo permita, gradualmente se impregnarán con el poder de Cristo. Obviamente, esto no es posible en el caso de cualquier cuerpo físico, ya que fue únicamente en ese cuerpo preparado muy especialmente, a través de las dos figuras de Jesús, de la compleja forma descrita y luego llevado por Zarathustra hacia una etapa mas elevada de desarrollo: fue ¡únicamente en ese cuerpo donde el Cristo pudo vivir plenamente una vez! Penetrarse con el poder de Cristo primero internamente, para luego cada vez más externamente, convertirse en las personas que se dejan llevar por él. Así, la humanidad en el futuro no solo comprenderá la naturaleza de Cristo, sino que se llenará de Su Poder. En el drama Misterio Rosacruz, a muchos de ustedes se les mostró la forma que tomará en la evolución de la humanidad en la Tierra, esta experiencia creciente de Cristo. La vidente Theodora debe ser considerada como una personalidad que había desarrollado el poder de ver el futuro, de percibir el enfoque cercano de un período en el que en realidad podrán ver la figura de Cristo, período en el que al principio solo serán unos pocos seres humanos, y luego un número cada vez mayor, solo que ahora lo verán en el mundo etérico, no en el mundo físico, pero no tan solo a través del entrenamiento espiritual, sino por la propia etapa de evolución terrenal que habrá alcanzado la humanidad en general. En un futuro aún más lejano, Cristo podrá ser visto en una forma nuevamente diferente. En el pasado solo debía ser visto en forma física por hombres que viviesen en el plano físico. Pero el Impulso de Cristo no habría tenido efecto si no hubiera actuado de una manera que asegurara su propio desarrollo posterior.

Nos estamos acercando a un tiempo, esto debe tomarse como una comunicación, en el cuál Cristo se hará visible para las facultades superiores de los hombres. Antes de finales del siglo XX, algunos seres humanos desarrollarán las facultades de Teodora; y aquellos cuyos ojos espirituales se abran, tendrán la misma experiencia que le llegó a Pablo camino de Damasco, una experiencia posible para él porque se "anticipó a su tiempo". Antes de que haya finalizado el siglo XX, varias personas experimentarán a Cristo tal como Pablo lo experimentó e igual como Pablo, no necesitarán Evangelios ni registros antiguos para convencerse de la realidad de Cristo, ya que a través de su Cristo ahora se revela en forma etérica tal como se le reveló a Pablo, presagiando lo que más tarde sucedería. En nosotros recae la tarea de insistir en un aspecto del Evento de Cristo, a saber, que aquél que una vez vivió como Cristo Jesús en un cuerpo físico, aparecerá antes del final de nuestra época en forma etérica, tal como se le apareció a Pablo. Si los hombres desarrollan sus facultades a etapas cada vez más altas, aprenderán a conocer la naturaleza de Cristo en su plenitud. Por tanto, que apareciera por segunda vez en un cuerpo físico, significaría que no se habría progresado, porque entonces habría sido en vano su primera aparición, no habría asegurado el desarrollo de fuerzas superiores en la naturaleza humana. La consecuencia del Evento de Cristo reside en que estas facultades superiores se desarrollen en los hombres y que gracias a ellas pueda verse a Cristo en la esfera en la que está actuando. Nuestra tarea es, si entendemos la lucha histórica del presente, señalar este evento en nuestra época, tal como hizo el gran maestro esenio, Jeshu ben Pandira, señalando proféticamente al Cristo que habría de venir como el León nacido de la estirpe de David. Y si Jeshu ben Pandira tuviera que encarnarse nuevamente en nuestra época, para mayor felicidad del destino de la humanidad, consideraría que la tarea de suprema importancia sería señalar al Cristo etérico en el mundo etérico; y enfatizaría que el Cristo vino una, y solo una vez en un cuerpo físico. Supongamos que Jeshu ben Pandira, tuviera que reencarnarse en nuestro tiempo y anunciase la inminencia de una revelación de Cristo, señalaría que el Cristo no puede aparecer en un cuerpo físico sino que debe manifestarse en una forma etérica, tal como se le reveló a Pablo en Damasco. Con esta misma enseñanza, Jeshu ben Pandira podría ser reconocido, suponiendo que se reencarnase. También es esencial reconocer el Essenismo en su nueva forma, darnos cuenta de que tenemos que aprender, de aquél que en el futuro será el Buda Maitreya, cómo se revelará el Cristo en nuestra época, y que nos corresponde protegernos de albergar falsas concepciones del esenismo debido a su posible recrudecimiento en la era actual.

Hay una señal segura por la cual Jeshu ben Pandira podría ser reconocido si reencarnara en nuestra época. La señal es que ciertamente no se declararía a sí mismo como el Cristo. Si alguien se presentara en nuestro tiempo afirmando tener el mismo poder que tenía Jesús de Nazaret, podría, por este mismo motivo, ser reconocido como falso identificándose con el precursor de Cristo que vivió cien años antes de Cristo. Tal afirmación sería la señal más segura posible de que él no es una encarnación de ese precursor; un falso profeta se enmascararía en él si reclamara cualquier relación con Cristo.

El peligro en este terreno es muy grande, porque en nuestro tiempo la humanidad fluctúa entre dos extremos. Por un lado, se insiste en que el hombre moderno no está dispuesto a reconocer las fuerzas espirituales que actúan en el mundo. Ya se ha convertido en una obviedad, mencionada constantemente en los medios, que nuestra raza no tiene ni la percepción ni la fuerza de mental, para reconocer ningún poder espiritual original cuando hay evidencia de ello en alguna personalidad. Este es un defecto de nuestros tiempos. Es bastante cierto que podría tener lugar en nuestra época una reencarnación del mayor significado posible y no ser reconocida o sería tratada con indiferencia. Y el otro defecto no es menos evidente, es un defecto que nuestra época tiene en común con muchas otras. Al igual que, por un lado, las individualidades espirituales están infravaloradas y no se reconocen, por otro lado, existe entre los hombres la tendencia más viva de deificar a los individuos, de colocarlos en pináculos especialmente elevados. Piensen en todas las comunidades hoy en día, cada una con su Mesías especial. En todas partes hay una tendencia a deificar, a idolatrar. Es, por supuesto, un síntoma que ha sido evidente repetidamente en el transcurso de los siglos.

Maimónides, por ejemplo, habla de un falso Cristo que apareció en Francia en 1137; que atrajo a muchos seguidores pero luego fue condenado a muerte por la autoridad pública. Maimónides también relata que cuarenta años antes había aparecido un hombre en Córdoba, en España, proclamándose como el Cristo. Nuevamente relata que a principios del siglo XII un falso Mesías que señaló a uno aún mayor, apareció en Fez, en Marruecos. Finalmente, se informa que en el año 1147 apareció en Persia un individuo que, en verdad, no se proclamaba a sí mismo como Cristo, sino que sugería algo por el estilo. Y el fenómeno más descarado de todos es el que ya he hablado: la aparición de Shabbethai Zebi en Esmirna, en el año 1666. Al observar a ese individuo que se auto-proclamó la reencarnación de Cristo, podemos estudiar con todo detalle la naturaleza de un falso Mesías y su efecto sobre el entorno inmediato. En aquél tiempo desde Esmirna se anunció la aparición de que había surgido un nuevo Cristo en Shabbethai Zebi. No deben creer que el movimiento originado con él fue insignificante. La gente viajó a Esmirna procedentes de toda Europa, desde Francia, España, Italia, Polonia, Hungría, el sur de Rusia, África del Norte y Asia Central, para ponerse en contacto con el presunto Cristo recién nacido. Fue un gran movimiento mundial. Y si alguien les hubiera dicho, a quienes consideraban a Shabbethai Zebi como un nuevo Cristo, que él no era el verdadero Cristo, les habría ido mal, porque habrían ofendido gravemente un dogma arraigado en una gran cantidad de seres humanos, hasta que finalmente se traicionó a sí mismo, y se descubrió el engaño.

Tales cosas son signos del otro defecto que constantemente se pone en evidencia, tal vez no en regiones definidamente cristianas, sino ciertamente en otras. Se siente una fuerte necesidad de anunciar la aparición de los Mesías en la encarnación terrenal. En los países cristianos, tales ocurrencias generalmente se limitan a círculos pequeños; aunque también se encuentran "Cristos".

Lo que importa es que a través del conocimiento científico-espiritual y la iluminación, a través de la comprensión infalible de los hechos que el ocultismo es capaz de impartir, se evitarán ambas trampas. Si una persona entiende las enseñanzas relevantes, esto será posible, y entonces adquirirá una visión del hecho histórico más profundo de los tiempos modernos. Cuando penetramos más profundamente en la vida espiritual, es cuando podemos participar en una renovación de la enseñanza de los esenios que, por boca de Jeschu ben Pandira, profetizó entonces, que el Evento de Cristo era un acontecimiento físico. Y si la enseñanza esenia se va a renovar en nuestros días, si estamos decididos a dar forma a nuestras vidas en concordancia con el espíritu vivo de un nuevo Bodhisattva, no con el espíritu de una tradición sobre un Bodhisattva del pasado, entonces debemos hacernos receptivos nosotros mismos a la inspiración del Bodhisattva que posteriormente se convertirá en el Buda Maitreya. Y este Bodhisattva nos inspirará a estar atentos sobre la cercana aproximación de la época en que con un nuevo ropaje, en un cuerpo etérico, Cristo traerá vida y bendición a quienes desarrollen las nuevas facultades a través de una nueva sabiduría esenia. Hablaremos enteramente en el sentido del inspirador Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya y por tanto no hablaremos de cómo el Cristo se volverá perceptible en el plano físico, como algunas confesiones religiosas. No tenemos miedo de hablar en un sentido diferente porque reconocemos que es la verdad. No tenemos prejuicios a favor de ninguna enseñanza religiosa oriental, sino que vivimos solo para la verdad. Con el conocimiento obtenido de la inspiración del propio Bodhisattva, declaramos la forma qué tomará la futura manifestación de Cristo.



traducción de Julio Luelmo abril 2020

GA123 9 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 9ª conferencia

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LA VIDA DEL CRISTO EN EL ÁMBITO DE LA HISTORIA UNIVERSAL, REPRESENTA UNA INICIACIÓN

LAS BIENAVENTURANZAS

9 de septiembre de 1910

De todo lo que hemos oído en las conferencias anteriores, está claro que la esencia del Evento de Cristo puede indicarse de la siguiente manera. La etapa de la evolución que hemos definido como el ascenso del alma humana a los reinos del Espíritu, en tiempos pre-cristianos solo era alcanzable dentro de los Misterios, y por medio de la reducción del grado de conciencia del Ego. Esta etapa de la evolución debía recibir un impulso, cuyos frutos en su mayor parte aún están por venir, que hace posible que al ascender al mundo espiritual, un hombre puede retener la plena conciencia del Ego que normalmente solo tiene en el plano físico. Este avance en la evolución que el Evento de Cristo hizo posible, es verdaderamente el mayor avance que alguna vez haya tenido o tendrá lugar en la historia de la Tierra y de la humanidad. Cualquier otra cosa que pueda desarrollarse en la evolución de la Tierra a este respecto, será simplemente una elaboración del poderoso impulso dado por el Evento de Cristo. Preguntémonos ahora: ¿Qué era lo que iba a comportar ese evento? Debía tener lugar la repetición de ciertos acontecimientos relacionados con los secretos de los antiguos misterios. Parte de esos secretos consistían en que, (y hasta cierto punto sigue siendo lo mismo hoy), por ejemplo, al penetrar en su propio cuerpo físico y etérico, un hombre experimentaba en su cuerpo astral las tentaciones de las que hablamos ayer. Y en los Misterios griegos, un aspirante a la Iniciación tenía que enfrentarse a todas las dificultades y peligros que se acercan a quienes accedían al Macrocosmos. Hemos descrito con detalle las experiencias de uno y otro método de Iniciación, que fueron experimentadas por una gran y sublime Individualidad, por Cristo Jesús, como patrón para la humanidad. El impulso así dado permite que los hombres en el curso de su evolución futura logren gradualmente el desarrollo resultante de la Iniciación. Lo que anteriormente transcurría en los Templos de Misterios, puede describirse de la siguiente manera. Aunque la conciencia del Ego era tenue y semejante a la condición de sueño, el aspirante experimentaba ciertas experiencias en su vida anímica interior. Se despertaba un egoísmo en él, que le hacía desear independizarse del mundo externo. Pero como se dijo ayer, todo ser humano depende y debe depender siempre del mundo externo, por la sencilla razón de que no puede crear sus medios de sustento mágicamente ni prescindir de lo que adquiere a través de su cuerpo físico. Y a causa de ello, está expuesto a caer en la ilusión de creer que lo que simplemente se adquiere mediante el cuerpo físico constituye el mundo y su gloria. Cada aspirante a la Iniciación tenía que pasar por esta experiencia, pero en una condición diferente a cómo la vivió el Cristo Jesús al más alto nivel. Por lo tanto, si alguien describiera lo que le sucedía a un aspirante en los antiguos Misterios y después escribía las mismas experiencias en la vida de Cristo Jesús, en ciertos aspectos necesariamente habría similitud en las descripciones. Porque lo que sucedía era que los acontecimientos que antes estaban envueltos en el secreto de los Misterios ahora se habían trasladado a la arena de la historia mundial.

Sucesos como los siguientes eran muy frecuentes en la antigüedad, especialmente en los últimos siglos antes de la aparición de Cristo. Supongamos que algún pintor o escriba, estuviera informado sobre un cierto rito representado durante una Iniciación, y se dispusiese a trabajar para pintarlo o relatarlo. Tal pintura o relato bien podría tener una semejanza con el relato del Evento de Cristo que se da en los Evangelios. Por lo tanto, podemos imaginar cómo en muchos centros de los antiguos Misterios, el aspirante a la Iniciación, después de completar ciertos preparativos, era atado con los brazos y manos extendidos en una especie de cruz para que su alma pudiera ser liberada de su cuerpo. Permanecía en esta condición por un tiempo, experimentando las experiencias ya descritas. Todo esto podría haber sido pintado o relatado por alguien, y luego algún erudito, al encontrarlo hoy, podría afirmar que lo que se experimentaba en los Misterios estaba fundamentado en alguna tradición más antigua; con lo cual podría argumentar que los propios Evangelios son simples repeticiones.

Exposiciones de este tipo están muy extendidas. En el libro “El cristianismo como hecho místico”, se constata el sentido en que los secretos de los antiguos Misterios salen a la luz en los Evangelios, y que los Evangelios fundamentalmente, son repeticiones de descripciones de ceremonias de Iniciación en los Templo de Misterios. ¿Cómo es qué, al relatar eventos en la vida de Cristo, en realidad se describían procesos promulgados en los Misterios? Fue debido a que todo lo que había tenido lugar internamente en la vida anímica, dentro de aquellos Centros de Misterios, pasó a convertirse en un hecho histórico; porque justamente el Evento de Cristo Jesús era en definitiva, una representación de los ritos simbólicos promulgados durante el proceso de la antigua Iniciación, pero que ahora se cumplían con la más elevada plenitud de conciencia del Ego. Este hecho siempre debe tenerse en cuenta. Aquellos que estén convencidos de que tales procedimientos se convirtieron en realidad histórica a través de su venida, sin duda, se darán cuenta de la similitud de los episodios en la vida de Cristo, (tal como se narran en los Evangelios), con los procedimientos en los Misterios, aunque promulgados en un nivel de conciencia completamente diferente.

Así mismo, también podría decirse lo siguiente: Aquellos destinados a presenciar el evento de Cristo en Palestina observaron el cumplimiento de la profecía esenia y conocieron el bautismo de Juan, la tentación y lo que siguió, la crucifixión y los sucesos posteriores. Podrían decirse a sí mismos: "He aquí, un Ser sublime viviendo una vida en el cuerpo de un hombre". ¿Cuáles son los puntos más importantes en esta vida? Ciertas cosas tienen lugar como eventos externos y son idénticas a las experiencias vividas en los Misterios por los aspirantes a la Iniciación. ¡Por lo tanto, simplemente debemos recurrir al canon de un rito misterioso y allí deberíamos encontrar el prototipo de un proceso que ahora puede describirse como un hecho histórico!.

Ahí está, precisamente el gran secreto. Lo que antes había estado envuelto en la oscuridad de los santuarios del templo, perceptible (solo en cuanto a sus efectos), para quienes en el mundo exterior poseían visión espiritual, ahora se desarrollaba en el escenario de la historia mundial, el Evento de Cristo. Por supuesto, hay que tener en cuenta que en los días de los evangelistas, no se realizaban biografías del tipo que nos es familiar hoy en día. Digamos, en una biografía, de Goethe, de Schiller o de Lessing, se explora cada detalle de sus vidas y se recoge cada fragmento de información, que generalmente acaba siendo una recopilación de datos sin importancia que pretenden transmitir lo esencial de la historia de una vida. Mientras que todos estos detalles impiden discernir los puntos que realmente importan, los evangelistas, en cambio, se contentaron con describir lo que era de importancia central y fundamental en la vida de Cristo Jesús, a saber, que esta vida era una repetición del proceso de Iniciación, pero representada aquí, en el gran escenario de la historia universal. No es de extrañar que en nuestro tiempo pueda suceder algo que realmente sorprenda a mucha gente. Y lo que sorprende a la gente se hará aún más evidente si llamamos la atención sobre lo siguiente.

Del pasado nos han llegado los mitos y las sagas. Cualquiera que entienda su origen y carácter se dará cuenta de que muchos de ellos son narraciones de sucesos en los mundos espirituales, vistos por la clarividencia antigua y adornados con imágenes del mundo sensorial; Otros mitos a su vez, son representaciones de acontecimientos en los Misterios. Por ejemplo, el mito de Prometeo, entre muchos otros, es en parte una representación de ritos llevados a cabo en los Misterios. A menudo encontramos la escena que describe a Zeus junto a un dios de rango inferior que está destinado, según el relato griego, a ponerlo a prueba. Zeus situado sobre una montaña, está siendo tentado por Pan: este tema se representa de muchas y diversas maneras. ¿Cuál era el propósito de tales representaciones? Estaban destinadas a dar expresión al proceso del descenso del hombre hacia su ser interior, donde se encuentra con su propia naturaleza inferior, su naturaleza egoísta, (representada aquí por "Pan"), cuando penetra en sus cuerpos físico y etérico.

El mundo antiguo está lleno de relatos de las experiencias que experimentaba el aspirante a la Iniciación a lo largo del camino que conduce al mundo espiritual, y en los mitos y sagas, estos relatos tienen forma artística.

La gente de hoy que no puede o no quiere ahondar debajo de lo superficial, (y esto es lo que desconcierta a muchas personas que no quieren reconocer los hechos), cuando se encuentran con la historia de Pan tentando a Zeus en una montaña, declaran que muestra claramente que la historia de la Tentación contada por los evangelistas es simplemente la repetición de una alegoría que ya les es familiar. Por tanto, llegan a la conclusión de que no hay nada de importancia singular en los Evangelios, y que según su parecer son compilaciones de la mitología antigua reunidas para presentar una figura ficticia llamada Jesucristo. En cierto movimiento generalizado en Alemania hubo muchas discusiones vagas sobre si Cristo Jesús existió alguna vez. Y con una falta de comprensión realmente grotesca, (aunque con una ostentosa erudición), enumeraban todas las sagas y mitos que supuestamente contenían antiguos paralelismos con las escenas del Evangelio. Hoy en día es inútil intentar dar una idea del estado real de las cosas, aunque es bien sabido por quienes conocen estos asuntos. ¡Pero los movimientos espirituales en nuestro tiempo se desarrollan a lo largo de líneas muy extrañas!.

No hablaría de estas cosas si no fuera necesario tomar constantemente una posición en contra de los argumentos apoyados por estudios ostensiblemente profundos contra los hechos y las exposiciones de la Ciencia Espiritual.

Lo que he presentado en estas conferencias, es la auténtica verdad de estos asuntos. Las representaciones que se originan en los Misterios se aplican necesariamente en los Evangelios, pero ahora el secreto de la Iniciación está relacionado con una Individualidad completamente diferente. La intención es mostrar que aquellas experiencias que anteriormente fueron experimentadas bajo una condición de conciencia atenuada, habrían de ser atravesadas por esta Individualidad, este Ser, sin ninguna pérdida de conciencia del Ego. Por lo tanto, cuando se dice que los Evangelios no contienen casi nada que no se encuentre un paralelismo anterior, no debe sorprendernos, sino que debemos darnos cuenta de que en el pasado se trataba de que el ser humano tuviera que ascender a los Reinos del Cielo, porque los reinos del cielo aún no habían descendido al ego. Lo realmente nuevo era que lo que antes solo se podía experimentar en otros ámbitos, y mediante una especie de atenuación del Ego, ahora se podía experimentar en Malkhut en el "Reino", con el Ego lúcido y auto-suficiente.

Por lo tanto, después de que Cristo Jesús hubiese experimentado lo que el Evangelio de San Mateo describe como la Tentación, Cristo comenzó a predicar sobre el "Reino". ¿Cuál era la esencia de su enseñanza? Era esta: "Lo que un hombre anteriormente lograba suprimiendo su Ego y colmándose de otros seres, desde entonces y en adelante se alcanzará con plena conciencia del Ego". Ese es el punto esencial. Por lo tanto, no es únicamente la repetición de eventos relacionados con las Iniciaciones, lo que se repite en la vida de Cristo, sino que el punto vital en la "predicación del Reino" es que, todo lo que se había prometido a quienes antes habían sido admitidos en los Misterios o que aceptaban su enseñanzas, ahora se ofrece a aquellos que aprenden a experimentar en sí mismos la realidad del "Yo", el Ego, en la forma prefigurada por Cristo para la humanidad.

Por lo tanto, de alguna forma, todo tuvo que aparecer necesariamente de nuevo, incluso las características de la doctrina. Pero no debe sorprendernos que se subraye la diferencia entre las antiguas enseñanzas y las nuevas, ni que se insista en que lo que en tiempos anteriores, solo se podía lograr anulando la conciencia del Ego, ahora se puede lograr con el propio Ego, en plena conciencia!. Supongamos que Cristo hubiera querido llamar la atención sobre la gran verdad de que en tiempos pasados, conforme a las enseñanzas que les habían llegado desde los Misterios, los hombres siempre habían mirado a los Reinos del Cielo, diciendo "La bendición puede fluir hacia nosotros desde allí pero sin penetrar en nuestro Ego". En esas circunstancias, habría sido necesario que Cristo siguiera manteniendo lo que se decía anteriormente sobre la Fuente Divina de existencia del Padre, ya que el contacto con él era realmente posible cuando la conciencia del Ego se atenuaba, y lo que se necesitaba cambiar solo eran los matices. Habría tenido que hablar con el siguiente efecto" Si antes tenían ustedes el mandato de mirar hacia los reinos de la Fuente Divina de existencia del Padre y esperar hasta que Su resplandor fluyera sobre ustedes", puede decirse que en lo sucesivo, Su resplandor fluirá hacia ustedes, pero toda voluntad de los cielos, debe penetrar en lo mas hondo de la naturaleza del yo humano y allí debe transformarse en voluntad del propio yo".

Supongamos nuevamente, que cada frase de la Oración del Padrenuestro haya existido previamente, y que la única que necesitaba ser alterada fuese que cuando en el pasado los hombres admiraban al Divino Espíritu-Padre en las Alturas, todo allí se mantuviera sin cambios, brillando en el reino terrenal. -Cristo ahora habría tenido que decir que el reino celestial debe descender a la Tierra donde el Ego tiene su morada; y la voluntad que se cumple arriba en los Cielos también debe cumplirse en la Tierra.- Se deduce que aquellos que poseen una visión más profunda y perciben las diferencias más sutiles, no se sorprenderán en lo más mínimo de que las frases utilizadas en el Padrenuestro también puedan haber existido en la antigüedad. Sin embargo, un pensador superficial no se dará cuenta de estos sutiles matices de diferencia, ya que, en la medida en que no comprende el propósito del cristianismo, ¡no percibe su importancia! Y cuando descubra que estas frases eran corrientes en épocas anteriores, dirá: "Ahí lo tienen; los Evangelios copian la Oración del Padrenuestro, ¡pero ya existía antes de que fueran escritos! Sin embargo, los tonos esenciales de la diferencia se le han escapado.

Pueden ustedes darse cuenta de la gran diferencia que existe entre la comprensión genuina de las Escrituras y el estudio externo. El factor importante es que aquellos que distingan los nuevos tonos de significado los comparen con los antiguos. El erudito que carece de una comprensión más profunda y no puede percibir estos tonos de diferencia continuará insistiendo en que el Padrenuestro ya existía antes de la época de Cristo.

Hay que prestar atención a estas cosas y mencionarlas aquí para que los antropósofos, en cierta medida, sepan posicionarse ante la enseñanza diletante que hace que sus interpretaciones superficiales y su voz se escuchen hoy a través de innumerables canales en los periódicos y publicaciones periódicas llegando a ser aceptadas como "auténtica ciencia".

Permítanme decir algo más en relación con el Padrenuestro. Hubo una vez un cierto individuo que se puso a recopilar de todas las tradiciones antiguas posibles, de cada pasaje relevante de la literatura talmúdica, oraciones parecidas a las del Padrenuestro. Se ha de remarcar, que la compilación hecha por este erudito no se encuentra en ninguna parte originalmente en esta forma; Son oraciones aisladas que se han ido tomando poco a poco de un documento u otro. Llevando este método hasta el punto del absurdo, también podríamos decir: ¡que Goethe confeccionó las primeras oraciones de Fausto de la misma manera! Podrían presentarse evidencias de que en el siglo XVII hubo un estudiante que había suspendido su examen y luego le dijo a su padre: ¡No he estudiado jurisprudencia arduamente y con sudor! Y otro que había fallado en su examen médico dijo: ¡No he estudiado medicina arduamente y con sudor! Y a partir de eso se supone que fueron compuestas las primeras oraciones del Fausto. Es un absurdo, pero el principio y el método son exactamente los mismos que los que argumentan la crítica del Evangelio a la que aludo.

Supuestamente, las siguientes oraciones unidas en la forma indicada, dieron origen al Padrenuestro:

"Padre nuestro que estás en los cielos;

Oh Señor Nuestro Dios, santificado sea tu nombre,

y que el recuerdo de ti sea glorificado arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra. Deja que tu reino reine sobre nosotros ahora y para siempre. Los santos hombres de la antigüedad decían: remitid y perdonad a todos los hombres todo lo que hayan hecho contra mí.

Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.

Porque tuyo es el reino, y reinarás en gloria por los siglos de los siglos."

Se alega que el Padrenuestro fue compilado a partir de estas oraciones que, como he dicho, fueron recogidas de diversas fuentes. Pero falta el matiz que indicaría el significado singular del Evento de Cristo. En ninguna parte se dice que el Reino de los Cielos ha de descender. Las palabras son "Deja que tu reino nos gobierne ahora y para siempre", no dice: ¡Tu Reino vendrá a nosotros! Ese es el punto esencial, pero la superficialidad de los eruditos no pueden percibirlo por completo. Y aunque estas oraciones no provienen de una única fuente, sino de registros en muchos archivos, las palabras de mayor importancia en el Padrenuestro no se encuentran en ninguna parte: "Hágase tu voluntad en la Tierra como se hace en el Cielo". Es decir, el propio ego es intervenido activamente. Ahí tienen un ejemplo de la diferencia entre la investigación superficial y la investigación realmente minuciosa y concienzuda que presta atención a cada detalle. Los resultados de la investigación concienzuda están disponibles, tan solo la gente tiene que tenerlos en cuenta.

Les he leído a propósito estas oraciones que se citan en el libro de Robertson, recientemente traducido al alemán, como una especie de evangelio moderno, para que sean ampliamente conocidas; porque hasta ahora, cierto profesor que ha dado varias conferencias sobre el tema de si Jesús realmente vivió, estaba obligado a leerlas en inglés. El libro se hizo rápidamente famoso y su traducción ha significado que la gente ya no necesite esforzarse a leerlo en un idioma que no sea el suyo. Hizo posible que un profesor de una academia alemana viajase para dar una conferencia sobre la cuestión: "¿Vivió Jesús?", Y después, basándose en los hechos que he mencionado, dar la respuesta de que no hay evidencia documental que pruebe que una personalidad como Jesús vivió alguna vez. El libro de Robertson también se recomienda como un excelente trabajo de referencia. Sin embargo, hay que advertir a los antropósofos que oirán muchas otras cosas de estas investigaciones sobre los textos del Nuevo Testamento, y todavía quiero hablar de algo particularmente característico.

El libro intenta mostrar que las versiones del Padrenuestro ya existían no solo en el Talmud sino también en crónicas de gran antigüedad. Para fortalecer la afirmación de que el Padrenuestro no es mas que una recopilación de frases que existían con anterioridad y prescindir de Cristo como el ser que las pronunció por primera vez, el libro cita ciertas líneas de una oración en el idioma caldeo, inscritas en tablillas, invocando a Merodach, el antiguo Dios babilónico Escuchen este pasaje que aparece en una nota al pie: 'En el Journal of the Royal Artistic Society de octubre de 1891, el Sr. TG Pinches publicó por primera vez una traducción de una tablilla encontrada en Sippara en 1882, en la que aparecen, en una invocación a Merodach, las siguientes líneas: “Que la abundancia del mundo descienda a tu centro (la ciudad) ; que tu mandamiento se cumpla en el futuro, que el espíritu maligno habite fuera de ti". Y el erudito, impresionado por estas palabras añade: "Estas son pautas de una oración que se hallan en línea con el "Padrenuestro" y que se remontan quizás a cuatro mil años antes de J. C."

¿Pueden detectar ustedes alguna similitud entre el Padrenuestro y estas oraciones?

¡Sin embargo, el autor del libro las considera como pautas de oración de las cuales el Padrenuestro es simplemente una copia! Tales cosas hoy son aceptadas como hallazgos de una investigación genuina.

Hay otra razón para llamar la atención de los antropósofos, ya que han de ser capaces de apaciguar sus conciencias, que podrían inquietarse al escuchar que una investigación externa ha establecido algo así, o al leer en periódicos o revistas del descubrimiento de una tablilla en Asia que demuestra que el Padrenuestro ya existía 4.000 años antes de Cristo. Una pregunta muy necesaria sería: ¿Sobre qué base se ha demostrado esto? Estoy tratando de mostrarles el tipo de fundamentos que subyacen en muchas cosas que hoy se dice que están "científicamente establecidas". Tales ejemplos se pueden encontrar en todas partes y es bueno que los antropósofos se den cuenta de la inutilidad de muchas de las cosas que a menudo se consideran contra la Ciencia Espiritual. Pero procederemos.

Lo fundamental es que con Cristo Jesús se inició un proceso evolutivo basado en el Ego humano, que consistió en mantener la plena conciencia del Ego. La Iniciación del Ego: eso fue lo que inauguró. Podemos decir que el Ego, el es el núcleo central de la totalidad del ser del hombre, que toda la naturaleza humana se centra hoy en el Ego, y que lo que se ha depositado en el Ego, y por lo tanto en el mundo a través del Evento de Cristo, también puede depositarse en todos los demás miembros del ser del hombre. Pero esto, naturalmente, tendrá que tener lugar de una manera muy particular y acorde con la evolución de la humanidad.

Estas conferencias muestran claramente qué es lo que se puede desarrollar. Para hablar con propiedad, el conocimiento del mundo físico-material circundante, que el hombre obtiene no solo a través de los sentidos, sino también a través del intelecto utilizando para ello el cerebro, ha sido posible solo poco tiempo antes del evento de Cristo. Antes de eso, los hombres estaban dotados de una especie de clarividencia. Como saben por mis conferencias, esas eran las condiciones desde las primeras épocas de la Atlántida en adelante. Pero esa facultad que aún era universal y funcionaba con toda su fuerza durante las primeras épocas de la evolución postatlante, fue disminuyendo gradualmente. Hasta el tiempo del Evento de Cristo, sin embargo, todavía quedaban muchos seres humanos que, en estados intermedios de conciencia entre la vida diurna y el sueño, podían acceder y participar en los acontecimientos del mundo espiritual. Tal participación no significaba simplemente que un hombre dotado de clarividencia en cierta medida pudiese afirmar: "Sé que detrás de todo lo físico y material está lo espiritual, porque realmente lo veo". Esto no era todo. La naturaleza humana en la antigüedad era tal que le permitía fácilmente participar en los acontecimientos del mundo espiritual. Hoy en día es muy arduo, relativamente hablando, someterse al verdadero entrenamiento esotérico que conduce a obtener la clarividencia. Hoy en día, la clarividencia natural se manifiesta como un último remanente, como una herencia de tiempos antiguos, en condiciones de sonambulismo y afines. Estas condiciones no pueden considerarse regulares en nuestra época; pero en el pasado remoto eran normales y podían sublimarse y mejorarse con ciertas reglas. Algo más, también, estaba relacionado con esto. Hoy en día, la gente no se guía por la verdadera historia y deciden que lo que ellos creen, pase a ser o no un hecho histórico. Pero por mucho que hoy se cuestione, la verdad es que hasta el tiempo de Cristo, los procesos de curación, por ejemplo, podrían resultar efectivos induciendo en ellos la clarividencia. En la época actual, dado que la humanidad ha descendido más profundamente en el mundo físico, eso ya no es posible. Pero en aquellos tiempos anteriores todavía era fácil, aplicando ciertas medidas específicas, conseguir que el alma se volviese clarividente y penetrase en el mundo espiritual. Y debido a que el mundo espiritual es intrínsecamente saludable, y envía sus fuerzas al mundo físico, hacía posible lograr curaciones de esa manera. En caso de enfermedad, ciertos procesos se ponían en marcha, permitiendo a la persona interesada ver el mundo espiritual. Y los flujos del mundo espiritual que se derramaban sobre todo su ser tenían un efecto curativo. De hecho, este era el método habitual de curación. (La "curación del templo" de la que se habla hoy en día es puro diletantismo). El hecho de que las almas hayan perdido la clarividencia que en tiempos anteriores era universal, significa un avance en la evolución. Pero la condición clarividente anterior podría estar tan sublimada que las fuerzas curativas transmitidas desde lo espiritual al mundo físico y en el caso de ciertas enfermedades podrían curarse, por lo tanto, no debemos sorprendernos cuando los Evangelistas dicen que como resultado del Evento de Cristo no solo quienes poseían la antigua clarividencia podrían alcanzar el mundo espiritual, sino también aquellos que, debido a la evolución de la humanidad, habían perdido contacto con él.

En la antigüedad, los tesoros del mundo espiritual eran revelados a la visión clarividente de los hombres. Ahora, sin embargo, se podría decir: la evolución ha progresado y aquellos que ya no pueden contemplar el mundo espiritual se han vuelto pobres de espíritu, mendigos del espíritu. Pero debido a que las fuerzas de los Reinos del Cielo, a través de Cristo, ahora pueden fluir hacia el Ego, aunque el Ego esté desplegado en el plano físico, incluso aquellos que han perdido la antigua clarividencia y los tesoros del mundo espiritual, también pueden experimentar El espíritu en sí mismos y ser bendecidos. De ahí las palabras trascendentales: de ahora en adelante, no solo aquellos que a través de la antigua clarividencia son ricos en las cosas del espíritu son bienaventurados; sino que también son bienaventurados aquellos que son pobres de espíritu; porque cuando Cristo les ha abierto el camino, el Reino del Cielo fluye hacia su Ego.

En épocas anteriores, la naturaleza del organismo físico humano tenía una condición tal que, incluso en el estado normal, el alma podía, en cierta medida, salir del cuerpo; Esto significaba que un hombre devenía clarividente, y se hacía mas rico en los tesoros del espíritu. La densificación del cuerpo físico, (para lo cual, ciertamente no puede haber una prueba anatómica), significó que el hombre ya no pudo atesorar las cosas del mundo espiritual, de los Reinos del Cielo. Si se quisiera describir las condiciones existentes ahora, uno debería decir: el hombre se ha convertido en un pobre de espíritu; pero gracias a los poderes derramados por Cristo le permiten experimentar los Reinos del Cielo dentro de su ser. Eso es pues, lo que se podría decir en referencia a los procesos del cuerpo físico.

Si se tratase de describir lo que realmente sucedía en el hombre como un ser dotado de Ego, uno tendría que mostrar cómo cada uno de sus miembros podría ser bendecido internamente, de una nueva manera. La nueva verdad relacionada con el cuerpo físico se expresa en las palabras: “Bienaventurados los que son pobres de espíritu, porque dentro de ellos encontrarán los Reinos del Cielo”.

Con respecto al cuerpo etérico podría decirse lo siguiente: en él se encuentra el principio del sufrimiento. Solo un ser vivo puede sufrir como resultado de un daño en el cuerpo etérico, por supuesto debe a su vez estar dotado de un cuerpo astral, pero el foco del sufrimiento debe localizarse en el cuerpo etérico. Para expresar la nueva verdad que se aplicaba a las curaciones producidas en épocas anteriores a través de las fuerzas que fluyen del mundo espiritual, uno tendría que decir: aquellos que sufren pueden, de ahora en adelante, encontrar consuelo, no solo separándose de sus cuerpos para así vincularse con el mundo espiritual como sucedía anteriormente, sino estableciendo una relación diferente con el mundo, que les permita encontrar consuelo dentro de sí mismos, porque a través de Cristo se ha impartido una nueva fuerza al cuerpo etérico. Por lo tanto, en relación con el cuerpo etérico podría decirse: Aquellos que sufren ahora pueden ser bienaventurados ya no solo alcanzando un mundo espiritual mediante una condición clarividente que hace que las fuerzas de ese mundo fluyan sobre ellos; ahora en cambio, si son capaces de encontrar el camino hacia Cristo, a la nueva verdad, podrán encontrar consuelo para todo sufrimiento en sí mismos.

¿Y qué habría que decir sobre el cuerpo astral? Antiguamente, cuando un hombre se esforzaba por dominar las emociones, las pasiones y los impulsos egoístas de su cuerpo astral, alzaba su mirada hacia las más altas esferas, rogando que se le otorgara la fuerza de los Reinos del Cielo; los instintos dañinos de su cuerpo astral eran sofocados, a través de un sometimiento a ciertas reglas. Pero ahora había llegado el tiempo en que, a través de la acción de Cristo, podía recibir en su Ego el poder de frenar y domar las pasiones y emociones de su cuerpo astral. Por lo tanto, la nueva verdad relacionada con el cuerpo astral se expresaría de la siguiente manera: Bienaventurados los que se han vuelto mansos por el poder de su propio Ego; ¡porque son ellos quienes heredarán la Tierra! Esta tercera bienaventuranza es realmente profunda. Estudiémosla a la luz de lo que hemos aprendido de la Ciencia Espiritual. Durante el período de evolución de la Antigua Luna, el cuerpo astral se incorporó a la naturaleza humana. Los seres luciféricos que habían conseguido influir sobre el hombre, se establecieron en su cuerpo astral, y como consecuencia de ello, al principio, perdió la posibilidad de alcanzar su objetivo terrenal más elevado. Como sabemos, los seres luciféricos habían permanecido en la etapa de la Antigua Luna y habían impedido que el hombre progresara de manera correcta en su camino de desarrollo. Pero ahora que Cristo había bajado a la Tierra y el Ego se había llenado de Su poder, se hizo posible que el hombre cumpliera el principio esencial de la existencia de la Tierra, en la medida en que ahora podía encontrar dentro de sí mismo el poder de frenar el cuerpo astral y expulsar las influencias luciféricas. Por lo tanto, se podría decir: aquél que refrena su cuerpo astral, aquél que tiene su propia fuerza interior que le permite refrenar la ira gracias a la fuerza de su Ego, aquél que es interiormente sereno y al mismo tiempo lo suficientemente fuerte como para mantener su cuerpo astral a raya, tal hombre cumplirá el propósito de la evolución de la Tierra. Así, la Ciencia arroja luz infinita sobre la tercera bienaventuranza. ¿Cómo podrá el hombre llevar a cabo la sublimación y santificación de los otros miembros de su naturaleza por medio del poder de Cristo dentro de él? Podrá lograrlo si hace que tanto su alma como su cuerpo, se aferren dignamente al poder del Ego. Con respecto al Alma Sensible podemos decir: Si un hombre desea experimentar al Cristo dentro de sí mismo, debe desarrollar en su Alma Sensible un anhelo tan fuerte como el anhelo instintivo que siente en su cuerpo cuando tiene hambre y sed. Debe ser capaz de tener sed de las cosas del alma con la misma intensidad que el cuerpo tiene hambre y sed de comida y bebida. Lo que el hombre puede desarrollar a través del poder de Cristo dentro de él, siempre se ha aludido como "sed de justicia". Y cuando llena su Alma Sensible con el poder de Cristo, puede encontrar en sí mismo la posibilidad de satisfacer su sed de justicia.

La quinta bienaventuranza, como cabría esperar, es especialmente digna de mención, ya que se refiere al alma intelectual o mental. Cualquiera que haya estudiado el libro Ciencia Oculta, o Teosofía, y que también haya seguido lo que durante años se ha dicho en varias conferencias, sabe que los tres miembros del alma humana: Alma Sensible, Alma Intelectual y Alma Consciente han permanecido unidas por el Ego está presente en el Alma Sensible en una condición apagada; que se enciende en el Alma Intelectual y solo entonces el hombre se vuelve total y completamente hombre. Mientras que en los miembros inferiores de su ser, (incluida el Alma Sensible), el hombre es gobernado por los Poderes divinos espirituales, con el Alma Intelectual deviene un ser independiente. Aquí el Ego destella y se activa. Por lo tanto, cuando el alma intelectual ha recibido en sí misma el poder de Cristo, este no puede expresarse de la misma manera que en el caso de los miembros inferiores de la naturaleza humana. En los miembros inferiores, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el Alma Sensible también, el hombre está conectado con ciertos Seres divinos que penetran en estos miembros, y cualquier cualidad que él desarrolle allí se traslada nuevamente a estos Seres divinos. Pero cuando desarrolle el principio Crístico, cualquier cosa que evolucione en el Alma Intelectual, será un atributo esencialmente humano. Cuando un hombre comienza a ser consciente del funcionamiento del Alma Intelectual, eso le hace cada vez menos dependiente de los poderes divino-espirituales que le rodean. Cuando asume en sí mismo el poder de Cristo, puede desplegar en el Alma Intelectual aquellas cualidades que van de igual a igual, que no se imploran del Cielo, sino que salen y regresan nuevamente al mismo ser. Por lo tanto, debemos sentir que de las cualidades del Alma Intelectual fluye algo y que algo de un carácter parecido, de una manera realmente maravillosa, apunta hacia esta misma cualidad, la quinta bienaventuranza. La redacción aquí difiere de la de todas las demás Bienaventuranzas, y aunque las diversas traducciones no son particularmente buenas, no han podido ocultar por completo el punto esencial. - Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia ''. Lo que fluye fluye de nuevo: estas palabras transmiten el verdadero significado cuando se entienden a la luz de la Ciencia Espiritual.

Con la sexta bienaventuranza, relacionada con el alma consciente, llegamos a ese principio en el hombre donde la verdadera naturaleza del Ego se expresa plenamente y donde el ascenso al mundo espiritual puede tomar ahora una nueva forma. Como sabemos, la época en que apareció Cristo,fue cuando se expresaba activamente el Alma Intelectual. Estamos viviendo ahora en la época en que el Alma Consciente debe expresarse, época en la que el hombre debe elevarse nuevamente al mundo espiritual. Mientras que la conciencia del yo, en el hombre, se ilumina inicialmente en la etapa del Alma Intelectual, en la etapa del Alma Consciente, su "Yo" se desarrolla en toda su extensión y ahora asciende nuevamente al mundo espiritual. Un hombre que asume en su ser el poder de Cristo, encontrará el camino hacia su Dios cuando despliegue su "yo" en el alma consciente. Al experimentar a Cristo en su Ego al nivel del Alma Consciente, encontrará a su Dios. Ahora bien, se ha dicho que la expresión del Ego en el cuerpo físico es la sangre; La sangre tiene su centro en el corazón. Por lo tanto, la sexta bienaventuranza tendrá que indicar que a través de la cualidad impartida a la sangre y al corazón, el Ego puede experimentar a Dios. ¿Cuáles son las palabras? "Bienaventurados los puros de corazón: porque verán a Dios". De nuevo, esta no es una traducción totalmente adecuada, pero es suficiente.

La Ciencia Espiritual arroja luz sobre toda la estructura de estas maravillosas palabras pronunciadas por Cristo Jesús a sus discípulos íntimos después de la Tentación. Las Bienaventuranzas restantes se relacionan con el desarrollo de los miembros superiores del ser del hombre: Yo Espiritual, Espíritu de Vida, Hombre Espíritu. Por lo tanto, las frases no hacen más que indicar lo que el hombre experimentará en el futuro y lo que solo unos pocos elegidos pueden experimentar en el tiempo presente. La séptima bienaventuranza se relaciona con el Yo espiritual: Bienaventurados los que hacen suyo el Yo espiritual como primer miembro puramente espiritual de su ser; porque serán llamados hijos de Dios. El primer miembro de la tríada superior ya se ha introducido en ellos. Han recibido lo Divino en sí mismos y se han convertido en una expresión externa de la Deidad.

Seguidamente se muestra claramente que solo los elegidos, solo aquellos que entienden plenamente cuál es el futuro para la humanidad en su conjunto, pueden tener éxito en el desarrollo del Espíritu de Vida. Aquellos hombres del futuro, que hayan recibido a Cristo en sí mismos en el sentido más completo, lo llamarán el "Espíritu de vida". Eso ahora solamente está al alcance de unos pocos individuos. Pero justo porque son individuos elegidos, los demás no pueden entenderlos y son perseguidos. Se refiere, por lo tanto, a aquellos que son perseguidos porque como individuos representan una etapa que pertenece solo al futuro, se pronuncian las palabras: Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia: porque dentro de ellos se encuentra el Reino de los Cielos.

Y la última bienaventuranza concierne solo a los discípulos más cercanos e íntimos; se refiere al noveno miembro del ser del Hombre: El Hombre-Espíritu. "Bendito seas, cuando los hombres te denigren y te persigan por mi causa".

Estas maravillosas oraciones relacionadas con los nueve miembros del ser humano muestran cómo el "yo", cuando está lleno de Cristo, trabaja en los diferentes miembros y los colma de bendición. En los versículos que siguen al relato de la Tentación, el Evangelio de San Mateo expresa con majestuosa grandeza el efecto del poder de Cristo en los nueve miembros de la naturaleza del hombre, primero en el presente y luego en el futuro inmediato, cuando aquellos en quienes el Yo Espiritual ya brilla son llamados 'hijos de Dios', aunque de estos solo hay unos pocos especialmente bendecidos. Lo maravilloso es que las indicaciones son bastante definidas cuando se trata de miembros del ser humano que ya se han desarrollado, pero se vuelven indefinidos en las declaraciones posteriores que se relacionan con el futuro lejano.

Pero una vez más tenemos un ejemplo de erudición superficial. Supongamos que alguien investigara la cuestión de si también se pueden encontrar expresiones similares en otros lugares y si los evangelistas podrían haberlas reunido de otras fuentes. Y supongamos que este investigador no tuviera noción del punto más importante: ¡el hecho de que las Bienaventuranzas se aplican a la naturaleza Crística del Yo! Si no se diese cuenta de la maravillosa mejora indicada en las declaraciones, podría citar lo siguiente, y de hecho dos o tres páginas más tarde en el libro ya mencionado, en un capítulo titulado 'Las Bienaventuranzas', se hace referencia a un

' Enoch ', que no es el Enoch (etíope) habitual, y se citan las nueve llamadas "Bienaventuranzas". El autor admite que el registro original puede asignarse al primer período de la era cristiana, pero considera que los enunciados que hemos caracterizado como tan profundos podrían haberse copiado de las siguientes nueve "Bienaventuranzas" del Enoch "eslavo":

▪ 1. Bienaventurado el que teme el nombre del Señor e incesantemente

sirve ante su presencia, etcetera.

▪ 2. Bienaventurado el que emite un recto juicio, por causas de la justicia, no por recompensa; a él mismo se le juzgará con justicia.

▪ 3. Bienaventurado el que da de vestir a los desnudos y su propio pan a los hambrientos.

▪ 4. Bienaventurado el que emite un recto juicio para el huérfano y la viuda y quien ayuda al damnificado.

▪ 5. Bienaventurado el que se aleja del sendero errante de este mundo vanidoso y emprende el recto camino que conduce a la vida eterna.

▪ 6. Bienaventurado el que siembra semilla buena, pues cosechará siete veces lo sembrado.

▪ 7. Bienaventurado el que vive en la verdad para que diga la verdad al prójimo.

▪ 8. Bienaventurado el que tiene amor en sus palabras y misericordia en el corazón.

▪ 9. Bienaventurado el que comprende todo cuanto dice el Señor y alaba a Dios, nuestro Señor, etcetera.

Ciertamente hay belleza en estos dichos. Pero cuando se estudia toda su construcción y se observa que simplemente establecen algunos principios adecuados para cualquier época, pero no específicamente para el de la transformación drástica que comporta el inicio del poder del 'yo', entonces, si todavía creen posible equiparar estos dichos eslavos con las Bienaventuranzas de San Mateo, no estarán ustedes muy lejos de aquellos que hacen comparaciones superficiales entre las diversas religiones de la humanidad y cada vez que ven similitudes a la vez insisten en que hay uniformidad, ignorando lo que es de importancia esencial.

Comprender estas cosas es darse cuenta de que la evolución humana progresa, que la humanidad avanza de etapa en etapa, y que un hombre no nace en un nuevo cuerpo físico en un milenio posterior para repetir pruebas ya experimentadas, sino para experimentar en que aspectos ha avanzado la humanidad en el intervalo. Ese es el propósito tanto de la historia como de la evolución humana. ¡Y de esto es de lo que habla el Evangelio de San Mateo en cada página!



traducción de Julio Luelmo abril 2020