CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 29

GA034 Lucifer-Gnosis octubre de 1905 - ¿Puede difundirse la Teosofía de forma popular?

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-¿PUEDE DIFUNDIRSE LA TEOSOFÍA DE FORMA POPULAR?-

Revista Lucifer - Gnosis 1905

RUDOLF STEINER


octubre de 1905

Se plantea la siguiente pregunta: «Si la teosofía realmente quiere influir en la vida de nuestro tiempo, sus enseñanzas deben ser comprensibles para todos. Sin embargo, parece que justamente en este aspecto, los escritos y conferencias teosóficos dejan mucho que desear. Todos ellos requieren un cierto entrenamiento del pensamiento, y es difícil esperar que logren llegar a un público más amplio. A veces parece que la teosofía exige tal nivel de preparación que hacerla popular es prácticamente imposible. ¿O hay alguna manera de evitar este problema?»

No se debe negar que las dudas, como las que se expresan aquí, parecen tener cierta justificación. Pero si se mira más de cerca, se desvanecen. Sobre todo, hay que tener claro que el movimiento teosófico solo existe desde noviembre de 1875. Por lo tanto, todavía no ha podido lograr en todos los campos lo que se necesita hacer. Encontrará medios y maneras para hablar a todo tipo de niveles educativos. Porque puede encontrar sin falta una forma que sea comprensible para la persona sencilla e ingenua, así como también está capacitada para satisfacer las más estrictas exigencias del pensador científico. Pero no se debe pasar por alto una cosa. Muchas veces, cuando se habla de la dificultad de comprensión de las enseñanzas teosóficas, no se debe a que estas sean inherentemente difíciles de entender, sino a que el mundo actual de ideas se siente desconcertado por lo que los teósofos presentan. Y entonces los oyentes o lectores no se dicen a sí mismos que las cosas les resultan extrañas, sino que simplemente afirman: no lo entendemos. No es la educación previa, sino la apertura de mente lo que suele faltar en este aspecto. Porque la teosofía no dice nada que no esté, en el fondo, profundamente inscrito en cada alma humana. Y para sacar eso a la luz, no hace falta erudición, sino sobre todo buena voluntad.

En nuestra época a menudo falta la conciencia de que uno debe esforzarse para alcanzar el conocimiento. Se quiere tener todo presentado de tal manera que se pueda acomodar sin ningún esfuerzo en lo que uno ya piensa y siente de todos modos. Consultarse a uno mismo, realizar un trabajo espiritual interior, esforzarse en el pensamiento: para amplias capas de la población eso se ha olvidado. Aquellos oradores y escritores de quienes se escucha o lee algo de una manera superficial, son los más populares, ya que de inmediato se percibe como algo más o menos familiar. Sin embargo, para quienes hablan sobre asuntos espirituales, atender a esta peculiaridad de la época no siempre es posible. Saben que no sirve de nada que alguien solo se familiarice superficialmente con lo que tienen que decir. Mientras uno permanezca en el ámbito del mundo sensorial, es posible satisfacer cualquier demanda de claridad fácil. Pero si se asciende al ámbito espiritual, lo mismo significaría renunciar por completo a decir las cosas como deben ser dichas según la verdad.

No sólo se debería exigir que las enseñanzas espirituales se adapten a la comprensión que uno tiene en cada momento, sino que uno debería sentir la obligación de adaptarse a esas enseñanzas. Hay que tener en cuenta que el alma humana es capaz de desarrollarse. Lo que hoy no puede comprender, seguramente le será accesible mañana. Sería bueno escuchar lo menos posible la objeción ante ciertas representaciones de la verdad: «Esto es demasiado elevado. Debería presentarse de manera más popular.» Sería más correcto darse cuenta de que es necesario hacer que lo «elevado» se vuelva popular tal como es. El ser humano no obtiene mucho por el simple hecho de conocer esto o aquello; pero cuando refina sus ideas, cuando adquiere conceptos que antes no tenía, eso si que le beneficia enormemente. Es ciertamente deseable que, por ejemplo, las enseñanzas sobre la «reencarnación» y el «karma», sobre los «mundos superiores» y demás, se den a conocer a capas cada vez más amplias de la sociedad. Pero estas enseñanzas sólo pueden verse correctamente cuando son iluminadas por un trabajo interior de pensamiento. No se debe creer en absoluto que hay personas que, por su bajo nivel educativo, no sean aptas para ese trabajo de pensamiento. Todos los seres humanos que piensan y sienten de manera sana son capaces de ello. Sólo se requiere un pequeño esfuerzo; y las enseñanzas básicas de la Teosofía se podría enseñar a todos, incluso a quienes no saben leer ni escribir. A menudo tales personas, sienten incluso más que los eruditos la necesidad de esforzarse internamente para comprender lo que conduce a los mundos espirituales.

Pero si uno quiere juzgar este asunto correctamente, no se debe pasar por alto que hoy en día, las ideas que solo consideran real lo que se puede ver con los ojos y tocar con las manos, llegan a la gente a través de innumerables canales. Con cada vistazo al periódico, uno respira espiritualmente tales ideas. En una avalancha inmensamente grande de libros populares y de otras maneras, estas enseñanzas llegan a los círculos más amplios. Y estas cosas son, por supuesto, comprensibles, porque nada es más fácil de captar que lo palpable. Quien siempre absorbe este alimento espiritual, no es de extrañar que encuentre que las ideas teosóficas son «incomprensibles». En realidad, solo le parecen extrañas. - También se escucha muy a menudo: sí, lo que ustedes, teósofos, afirman, no pueden «probarlo». Los científicos de la naturaleza «prueban»; ustedes solo hacen afirmaciones. Pero se debería considerar que, en el momento en que se ha preparado el pensar y el sentir para ello, la verdad teosófica se prueba por sí misma. Se trata de despertar el desarrollo de las capacidades espirituales dormidas en cada persona. Quien exige la «prueba» antes de este desarrollo, no entiende en absoluto de qué se trata. Es más o menos como con una gran obra de arte. ¿Se trata alguna vez de demostrar que es "grande"? No, se trata de que en el espectador estén presentes las capacidades sensoriales para reconocer lo que hay en ella. En la teosofía no se trata de "pruebas", sino de "despertar de fuerzas". Y estas fuerzas pueden ser despertadas en cualquier persona. Claro, la mayoría piensa inmediatamente en fuerzas "ocultas" o "superiores". Por supuesto, en el curso del desarrollo espiritual también se pueden alcanzar esas fuerzas. Y en esta revista se habla bastante de los medios y caminos para tal desarrollo. Pero también se considere un pensar y un sentir saludables y desarrollados como fuerzas que, en cada etapa de un desarrollo, es decir, en cierto sentido, son capaces de un "despertar". Quien piensa de manera materialista, solo hace patente que no ha logrado pensar más allá de lo tangible. Que ahora exija que se le "demuestre" la existencia de un mundo espiritual, sin antes haber alcanzado la imparcialidad del pensar, está pidiendo lo imposible. No se puede trasladar lo "espiritual" al ámbito de lo tangible. De hecho, hay personas que exigen esto, aunque no sean completamente conscientes de ello.

Recientemente, después de una conferencia teosófica sobre el cristianismo, un clérigo que había escuchado dijo: sí, todo esto está muy bien; pero estas enseñanzas solo pueden ser para unos pocos elegidos, mientras que nosotros hablamos de los mundos espirituales de manera que 'todos' puedan entendernos. El conferencista teosófico tuvo que responder: «Si realmente tuviera usted razón, entonces no necesitaría hablar en absoluto, y entonces la teosofía sería, de hecho, la cosa más innecesaria del mundo. Pero si tuviera razón: entonces no podría haber tantas personas que se alejan de su presentación del mundo espiritual porque se sienten insatisfechas. Esto es una clara prueba de que usted está equivocado, que es posible tal alejamiento. Y precisamente aquellos que, por su causa, ya no encuentran el camino hacia lo espiritual, pueden encontrarlo a través de la teosofía.» Uno debería guiarse más por las 'verdades reales' y menos por las opiniones que se forma sin observar mucho los hechos. No se trata de que yo imagine que tengo la manera correcta de hablarle a 'todos', sino de que realmente observo los hechos. El clérigo antes mencionado, pasó por alto esto último. Desde el principio estaba convencido de que 'su' manera de enseñar podía ser algo para 'todos'. Una mirada al mundo real podría convencerlo de lo contrario. - Respuestas similares se podrían dar en cualquier lugar donde se expresen dudas como la anterior. Analizar con detalle la esencia y la tarea de la teosofía llevará a alejarse de las dudas sobre si la misma podría volverse popular.


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