RUDOLF STEINER
¡Estimados asistentes! En el ámbito de la investigación espiritual, del que se habló ayer aquí, es aún más necesario que en cualquier otro ámbito del conocimiento de la vida investigar las fuentes del error. Esto es especialmente necesario porque, en los caminos de la verdad de los que hablamos ayer, el error acecha, por así decirlo, a cada paso, y porque la naturaleza del error, en lo que respecta a la exploración de los mundos espirituales, es en realidad muy diferente a la de la exploración del mundo sensible, en el que vive el ser humano en un primer momento. Se puede decir que, en cierto modo, una antigua frase del gran filósofo Aristóteles puede servir de lema en el camino del buscador de la verdad hacia los mundos espirituales. Esta frase parece sencilla a primera vista, pero seguirla resulta bastante difícil. Dice así:
Solo puede reconocer la verdad aquel que ha dejado de amar su propia opinión.
En todo lo que se refiere a la experiencia vital y a la sabiduría de la vida, esta frase tiene validez; pero se aplica de manera muy especial al ámbito que nos ocupa aquí. En la vida cotidiana, lo que subyace en esta frase pasa desapercibida, por así decirlo, en todas partes. ¿Qué es lo que oímos destacar con más frecuencia entre la gente?: «Este es mi punto de vista sobre tal o cual asunto, esta es mi opinión». Y precisamente en nuestra época se subraya una y otra vez que es legítimo, y que es lo único legítimo, que cada persona defienda, por así decirlo, su punto de vista, su opinión sobre cualquier asunto. Por supuesto, se puede admitir hasta cierto punto tal exigencia de la vida, pero un punto de vista así no puede conducir a la verdad real, es decir, a la verdad en el ámbito espiritual. Porque la propia opinión —uno se la ha formado a lo largo de la vida en función de la educación personal, de las circunstancias personales en las que ha vivido, de la parte del mundo con la que se ha topado—; y, en realidad, no hace falta mucho para darse cuenta de que esta opinión, que se ha formado una sola persona, solo puede tener, en cualquier caso, una validez muy limitada.
Ahora bien, en el ámbito de la vida espiritual ocurre que, de una manera muy diferente a la de cualquier ámbito sensorial, cuando llevamos a cabo investigaciones, se cuela en ellas aquello que aportamos como nuestras opiniones, con nuestra visión de la vida y nuestro punto de vista. Podemos decir que en la vida cotidiana, en la que nos enfrentamos a las cosas externas, el error se corrige por sí solo a cada paso. Si nos formamos una opinión errónea sobre tal o cual entidad o sobre tal o cual proceso del mundo sensorial, basta con dejar que la apariencia de esa entidad, ese hecho en sí mismo, surta efecto en nosotros, y el juicio erróneo queda, por así decirlo, eliminado. No podemos acercarnos a una cosa con un juicio erróneo sobre ella sin que la propia cosa nos corrija. En el ámbito espiritual, la situación es muy diferente. Allí se trata, en efecto, de que todos los seres, todos los hechos, adquieren su matiz particular mediante aquello que aportamos como nuestra propia constitución anímica, como lo que vive en nuestra alma, porque cuando llevamos con nosotros al mundo espiritual, una opinión errónea; esta se extiende como un velo sobre la observación correspondiente. Y si queremos aferrarnos a esa opinión errónea, entonces el hecho espiritual, que precisamente ha quedado velado por culpa de nuestra opinión, no podrá corregirnos. Se envuelve en el manto de nuestra opinión errónea y se nos presenta bajo una forma totalmente falsa.
Por otra parte, —sin reconocerlo como válido para la investigación espiritual y sin que con ello se pretenda obtener ningún beneficio—, si queremos señalar el espiritismo como la antítesis de la verdadera investigación espiritual, lo hacemos únicamente con fines aclaratorios. Aquellas personas que, tal y como ya se comentó ayer, desean obtener a través de médiums o sonámbulos algún tipo de mensaje procedente de los mundos espirituales, suelen estar muy preocupadas por una cosa en concreto: que su médium no capte, digamos, verdades de la ciencia espiritual o cualquier tipo de convicción sobre el mundo espiritual desde determinados puntos de vista. Porque las personas que recurren a los médiums temen, con razón, que, en caso de que el médium haya incorporado ciertos pensamientos sobre el mundo espiritual en su conciencia ordinaria y en su vida anímica, se produzca la situación de que, cuando el médium sea sumido en su estado similar al sueño, lo que haya incorporado vuelva a aflorar en sus revelaciones; es decir, que lo personal se entrometa, por así decirlo, en aquello que el médium debe revelar. Y estas personas creen que solo así podrán llegar a revelaciones auténticas y objetivas del mundo espiritual que se encuentra detrás del mundo físico: cuando hayan eliminado todo lo personal del médium, cuando este, por así decirlo, no esté en absoluto predispuesto a introducir nada personal en sus revelaciones.
¿Qué es lo que buscan esas personas? [Buscan] eliminar lo personal, todo aquello que provenga de otro lugar que no sean los recovecos subconscientes del médium. Por eso, la gente concede mayor importancia a aquellas revelaciones de los médiums de las que se puede saber con certeza que estos no han tenido ningún tipo de conexión con el asunto en cuestión. Cuando el médium habla en un idioma que se sabe que le es desconocido, es entonces cuando se da más crédito a tales revelaciones, y con razón. A modo de explicación puede servir lo que persiguen aquellas personas que recurren a los médiums. Porque, aunque la investigación espiritual no utilice nada de lo que proviene de ese lado, también es válido para el verdadero investigador espiritual, que se convierte a sí mismo en un instrumento para penetrar en los mundos espirituales, que debe despojarse de lo personal, es decir, de aquello que solo se adhiere a su propia vida anímica y le es propio.
Esta es una tarea más difícil de lo que se suele creer, pues para ello es necesario algo que, por así decirlo, resulta extraordinariamente difícil de comprender para la conciencia común. Es necesario [lo que] en la investigación espiritual se denomina «el encuentro con el guardián del umbral». Por umbral se entiende aquel que separa el ámbito del mundo sensorial del mundo espiritual. ¿Qué es este «guardián del umbral», si partimos de la vida cotidiana y de su actitud ante la verdad? Porque ese guardián del umbral es, en el fondo, la suma de aquellas fuerzas y poderes que, en la vida cotidiana, impiden al ser humano alcanzar el verdadero autoconocimiento y que, si quiere convertirse en investigador espiritual, le conducen a ese autoconocimiento. Pero en la vida cotidiana, el autoconocimiento no es precisamente una tarea fácil, y precisamente porque el alma humana se aferra a lo que se ha forjado a partir de sus experiencias, de todo lo que se le presenta. Y de ahí surgen precisamente los distintos puntos de vista, las luchas de opiniones, en las que se enfrentan el materialismo y el espiritualismo, el realismo y el idealismo, y muchos otros puntos de vista que las personas defienden con fervor, pero que hacen imposible que las personas se comprendan entre sí, precisamente en lo que respecta a las cosas más importantes.
¿Y qué pasa realmente con estos puntos de vista? Quien examine la vida del alma humana en relación con la existencia en general, al profundizar adecuadamente podrá notar que el idealismo, materialismo, realismo y demás surgen como opiniones humanas porque el ser humano siempre tiene un campo de visión limitado y a partir de esto forma su opinión; y ama esa opinión, y es en realidad el amor lo que lo apasiona por esa opinión y lo que hace que considere que esa opinión es la única posible y que luche contra otros puntos de vista. Este amor es, en el fondo, amor propio. Lo que hemos conquistado, lo que está tan ligado a nosotros que nos convierte prácticamente en la cosa misma, es comprensible que lo amemos. Si lo dejamos, estamos dejándonos a nosotros mismos. Esta es la importancia de aferrarse a ciertos puntos de vista en la vida: cada quien siente que si los abandona, se abandona a sí mismo, porque todo su yo ha adoptado el color de ese punto de vista. El ser humano no puede más que afirmar ese punto de vista.
Hay personas que, a través de su vida o de la dirección de su ciencia, al ocuparse de cosas puramente externas, que existen solo en sus ideas, personas que están acostumbradas a fijar sus ojos únicamente en lo material de las cosas, se convierten en materialistas; su atención se distrae de todo lo que no es material, y son materialistas, no porque el idealismo sea incorrecto. Porque aquel que realmente entiende algo de las luchas de opiniones, pronto verá que los materialistas pueden presentar algunos buenos argumentos para sus afirmaciones. Pero los idealistas también los tienen, y los malos argumentos para el idealismo en realidad solo los ve quien está atrapado en su dirección materialista. El ser humano se enfrenta al idealismo y se aferra al materialismo cuando adopta hábitos de pensamiento que lo hacen tratar solo con cosas materiales. Otras personas, por así decirlo, son menos afectadas por la dureza y densidad de la materia. Son más guiadas por sus habilidades y circunstancias hacia las luchas y victorias de la vida humana. Estas personas se convierten en idealistas. Reconocen los argumentos a favor del idealismo, y como nunca han aprendido a considerar los argumentos a favor del materialismo, consideran el materialismo como el gran error que debe ser combatido.
Y así se podrían caracterizar todas las direcciones intelectuales; siempre habría que remitirlas a lo que las personas tienen en cuanto a aptitudes y circunstancias. Pero aquellos que han alcanzado un horizonte más amplio, como Goethe, lo sabían —y lo sabe cualquiera que pueda observar las diferentes cosmovisiones sin prejuicios— Goethe sabía que todos los puntos de vista tienen cierta unilateralidad y que, en realidad, se pueden presentar muchos argumentos a favor y en contra de cada posición. Sin embargo, algunas otras personas también lo comprenden, y entonces fácilmente llegan a la opinión de que entre los diferentes puntos de vista se encuentran las verdades del equilibrio, lo que, por así decirlo, permite encontrar un punto intermedio. Pero aquel que quiera conocer la verdad en este campo se puede comparar con una persona que se sienta entre dos sillas. Lo correcto sería, según lo permitan las circunstancias, usar ambas sillas. A eso llegará quien sepa relacionar las opiniones humanas con el conjunto más amplio del mundo.
[Goethe dice]: La verdad no se encuentra entre los diferentes puntos de vista, sino que entre ellos se encuentra la tarea, el camino hacia la verdad. ¿Qué significa eso? Significa: si uno observa las distintas cosmovisiones, debe decir: el materialismo está completamente justificado en el ámbito material, y quien quiera explicar el mundo material con el espiritualismo no logrará nada. Al mundo del materialismo pertenecen conceptos del materialismo, y el error del materialismo no es que lo material se explique con materialismo, sino que se trate de explicar también el ámbito espiritual con materialismo. Con el espiritualismo ocurre a la inversa. El idealista soñador hablará siempre de lo espiritual y de las fuerzas espirituales; es como alguien que mira un reloj y no quiere explicar el mecanismo de manera mecánica, sino que busca un demonio dentro que mueva las agujas. Esto es a lo que se llega y a lo que se debe llegar si uno quiere, a través de las diferentes cosmovisiones, que son solo opiniones, llegar a la verdad: que uno sea capaz de percibir lo legítimo y limitado de las distintas perspectivas.
¿Qué impide al ser humano hacer eso? Dependiendo de la región del mundo y del ámbito de la vida, la persona ama su punto de vista con un verdadero amor propio; no puede salir de sí misma, no puede ponerse en el lugar de otro punto de vista. Por eso se toma tan mal cuando uno contempla a Haeckel y se sitúa en su espíritu y no tiene siempre la tendencia a combatir a Haeckel desde un punto de vista espiritual o ideal, y cuando uno se dirige hacia otros espíritus y los observa de manera igualmente objetiva. El verdadero investigador del espíritu debe poder ponerse en el positivo y en el negativo de los distintos puntos de vista. Porque es una peculiaridad de la naturaleza humana que, cuando la persona aplica un método como el que se explicó ayer a su alma, con él van sus opiniones, sus puntos de vista. Esto lo podemos observar especialmente en los puntos de vista opuestos —idealismo y materialismo— muy claramente.
Aquella persona que en la vida se mantiene de tal manera que rechaza todo lo espiritual, que en el sentido más estricto es materialista, ciertamente no aplicará ningún método sobre su alma, como se describió ayer; todo eso le parece una tontería y locura. Desde su punto de vista materialista, tiene razón. Pero aquella persona que como investigador espiritual no solo ve el efecto material en la vida, sino que puede mirar dentro del engranaje completo de la vida, en las fuerzas espirituales que están detrás de lo sensorial, sabe que no es la opinión material la que impide que este ser, que rechaza todos los métodos de investigación espiritual, se acerque a ellos. El ser humano puede negar el mundo espiritual si quiere. Pero este mundo espiritual no existe solo en un reino separado de espíritus, sino que está presente en todas partes, incluso en el mundo sensorial y material. Incluso en la materia, que es lo único que considera el materialista, el espíritu está en todas partes. Pero este espíritu, que se manifiesta únicamente en lo material, es el espíritu, la fuerza, que sobre todo, cuando actúa a través del hombre -y lo hace si tiene el hábito de pensar únicamente en lo material-, hace que este sea incapaz de dirigir la conciencia del alma, la orientación del alma hacia lo espiritual. Hay algo en toda existencia material que actúa sobre nosotros de tal manera que nos aleja y distrae del espíritu. Ahí podemos ver cómo opera el error.
En nuestras ideas sobre la investigación espiritual, tal como ahora intentamos situarnos en la vida cultural espiritual del presente, llamamos a este espíritu, que vive en la materia y actúa allí como una fuerza que oscurece al ser humano frente al mundo espiritual, el espíritu ahrimánico. Es este mismo espíritu que Goethe representa en el Fausto como Mefistófeles, que acompaña a Fausto, que acompaña a todo ser humano, porque todo ser humano debe ocuparse del mundo material. Esta es, entonces, la fuerza que nos oscurece frente al mundo espiritual. Los materialistas pueden negar el espíritu con sus conceptos, pero sería un grave error creer que pueden hacerle daño a la realidad del espíritu. Él se venga de ellos y oscurece su percepción. Esta es la peculiar influencia en el alma del materialista, que este espíritu levanta un muro, impidiendo que el ser humano vea el mundo espiritual; así, el materialista niega el mundo espiritual, porque el espíritu de la materia le inspira esa negación. Se puede negar, pero no escapar de él, y lo que circula como materialismo en el mundo es, en realidad, la inspiración del espíritu [ahrimánico]. Goethe tenía razón al hacer que su Fausto se enfrentara a las madres de manera que Mefistófeles presenta el reino espiritual como una nada. Pero Fausto dice: «En tu nada espero encontrar el todo». - El materialista debería admitir que pertenece a cierto grupo del que Mefistófeles habla:
Esta gente nunca se da cuenta de que el diablo existe,
ni siquiera aunque los tuviera agarrados por el cuello.
Precisamente el espíritu material es el que la gente no siente y que se lo proporciona el materialismo. De esta manera se nos muestra, si uno profundiza lo suficiente, cómo el materialismo se supera a sí mismo, ya que a su vez es un producto del espíritu.
Tomemos ahora el punto de vista del idealista. No quiere saber nada sobre el materialismo, ha formado ideas y sentimientos que solo lo llevan a esferas espirituales. A un idealista así seguramente no se le ocurriría aplicar la frase a sí mismo, pero precisamente en estos puntos, es donde se muestra la unilateralidad del punto de vista idealista. Cuando el idealista que rechaza la materia aplica sobre sí el método mencionado ayer y obtiene acceso al mundo espiritual, allí se le presenta su forma de imaginar y sentir, toda su actitud; él la lleva consigo a ese mundo, y la consecuencia es que esa persona puede entrar al mundo espiritual, pero ve todo a través de los lentes de su opinión y sus ideas, y [ve] que en el mundo espiritual hay una gran cantidad de tales entidades que se llaman naturalezas demoníacas, que no aparecen en el mundo externo, sino que viven en el mundo espiritual, —son seres con un peso demasiado bajo para nuestro mundo—, y que desvían al ser humano del mundo al que realmente pertenece, ya que como persona nace en un cuerpo físico; así, el idealista, si es de mente estrecha, muy fácilmente se verá arrastrado hacia ciertos métodos en el mundo que nosotros llamamos demoníacos. Ahí se mantiene tan firme que, si antes no entendía la materia, ahora la evita. Entonces las personas caen en todo tipo de direcciones ascéticas falsas. Ya no quiere tener nada que ver con la materia, y su error lo lleva a un distanciamiento del mundo al que de todos modos pertenece. Acaba cayendo en la soledad.
Justo en este ejemplo vemos que los errores en el ámbito espiritual son más significativos que en el ámbito sensorial. En el mundo sensorial, los errores se corrigen; en el ámbito espiritual, los errores se presentan como realidades que nos enfrentan, aunque estas realidades hayan sido traídas por nosotros mismos. No podemos atravesarlas. Todos los errores [en el ámbito espiritual] actúan sobre nuestra personalidad como realidades. En el ámbito sensorial se puede uno liberar de los errores mediante la refutación; en los ámbitos espirituales no hay otra forma que la lucha, porque hay que combatir aquello que se nos presenta como real. En el campo de la investigación espiritual, por lo tanto, la lucha no será simplemente lógica, sino un trabajo espiritual continuo, un enfrentamiento contra los poderes del error, porque allí están los poderes del error.
Ahora surge la pregunta: ¿Cómo podemos encontrar el camino para convertirnos, de manera adecuada, en luchadores competentes contra el error en el ámbito espiritual? ¡Podemos lograrlo a través del verdadero autoconocimiento! ¿Cómo superamos ya en la vida [normal] las parcialidades del materialismo, el espiritualismo, el idealismo y el realismo? Haciendo que una vez en la vida tomemos la decisión de examinar cómo llegamos realmente a nuestra opinión. Esta es una decisión importante: menos difícil de tomar que de ejecutar. Si, mediante una rigurosa autoobservación, seguimos nuestra vida hacia atrás y nos preguntamos cómo llegamos a tal o cual corriente de pensamiento, si examinamos cómo surgieron nuestras actitudes y opiniones, entonces nos ensamblamos a nosotros mismos de cierta manera; llega un momento en que puede resultarnos difícil, donde nuestro ánimo se enfrenta a grandes resistencias. Ya sea que uno haya sido materialista o idealista o haya insistido en otra opinión que consideraba la única correcta, entonces uno siente: esa opinión solo la hemos adquirido a través de nuestra propia experiencia. Llega un momento en que uno realmente siente qué son la opinión y las cosmovisiones.
Mientras uno se relaciona con el mundo sin prejuicios y mantiene sus propias ideas, ni siquiera se da cuenta de cuánto ama su opinión; pero si alguna vez se retira del mundo y reconoce cómo se ha convertido en materialista o en espiritualista, entonces llega el momento de decirse a uno mismo: Sí, en el fondo, si ya no tuvieras estos o aquellos pensamientos, ¿qué quedaría de ti? Entonces te quedarías completamente vacío. - Se siente cómo uno se va recortando a sí mismo pedazo por pedazo. Lo que viene después es ese terrible momento de la vida en el que te ves desvanecerte, en el que diriges tu mirada hacia el origen de tu opinión. Pero nadie puede llegar a una cosmovisión sin practicar el auto conocimiento. Entonces dejas de insistir en tu opinión, solo entonces entiendes la frase del viejo sabio Aristóteles: Solo aquel que ha dejado de amar su propia opinión puede reconocer la verdad. Entonces comienzas a amar tu opinión aún más, cuando debes abandonarla, así como uno siente el amor por un ser aún más intensamente cuando lo pierde. En el momento en que reconoces el origen de tu opinión y aprendes a dejarla ir, entonces realmente la amas. Eso es lo que experimenta nuestra mente.
Si uno llega a decirse primero que los muchos puntos de vista son válidos, entonces se siente un rato como si uno flotara en el aire entre los diferentes puntos de vista y estuviera sin suelo con su existencia del alma en el mundo. Esto ejerce autoconocimiento, si se lo considera como sabiduría de vida, sin cruzar el umbral. Pero hay un camino recto desde este autoconocimiento, si se lleva a cabo con energía, hacia el mundo de verdad, al que se llamó la atención ayer. Porque aquel a quien no le queda solo un juego de conceptos con lo que se ha descrito, aquel que lo vive interiormente, con dolor interior, aquel que lo experimenta con toda su energía, que tiene calor para lo que sucede en el mundo, quien no puede enfrentarse frío al mundo, una persona así, justamente en esta introspección, experimentará una de las meditaciones a las que se hizo referencia ayer. Porque tal introspección es una forma importante de meditación. Si se practica con frecuencia, entonces ante nosotros surge algo que es similar a la imaginación mostrada ayer, pero una imaginación que se refiere a nosotros mismos. Y lo que surge como consecuencia de la introspección de la vida cotidiana, cuando uno lleva la introspección tan lejos, es lo siguiente: se ve cómo uno es en su propio ser. Antes solo se conocía la propia opinión, ahora se ve hasta qué punto se ha desarrollado cada parte del alma, que se encuentra bajo la vida consciente, que va de vida en vida, en la vida actual.
Eso surge entonces de la propia esfera espiritual. Ahí es cuando uno se da cuenta de lo que realmente es como ser humano; en la vida cotidiana nunca se llega a eso. Rara vez nos ocupamos de nosotros mismos, pero cuando descendemos hacia nuestro interior, nos enfrentamos espiritualmente a nosotros mismos. Ese autoconocimiento es lo que hemos llamado «el encuentro con el Guardián del Umbral». Porque lo que descansa en la parte del alma que pasa de vida en vida no se muestra en la vida ordinaria, y mientras no se muestre, no podemos entrar en el mundo espiritual. En la vida cotidiana, nuestra propia naturaleza nos oculta el mundo espiritual; en el momento en que queremos entrar en el mundo espiritual, debemos tener ese encuentro con el Guardián del Umbral, debemos enfrentarnos objetivamente a nuestra propia esencia, con la que ahora nos encontramos en un ser renacido.
Llegamos a ese punto en que debemos mirar la profundidad de nuestro propio ser, que nos ha sido perdida en la vida, y se puede decir: Beneficiosa es esta disposición del mundo, que este guardián del umbral se oculta para la vida común, porque se puede imaginar fácilmente que el ser humano no siempre es lo suficientemente fuerte para renunciar a aquello que más debe amar; miedo y terror de uno mismo, por así decirlo, asaltarían al ser humano que no está preparado y maduro para la verdadera autoobservación, en un grado que desordenaría su vida interior. Por ello, todo verdadero entrenamiento hacia el camino del mundo espiritual se desarrolla de manera que el alumno se haga suficientemente maduro antes de encontrarse con el «Guardián del Umbral». Que se pronuncie lo que acabo de decir, nunca puede provocar miedo. Solo cuando se tiene la propia esencia frente a uno mismo, se siente que es aquello que impediría entrar en la verdadera experiencia del mundo espiritual si no la tuviéramos a nuestro lado y la miráramos. Solo vemos verdaderamente el mundo espiritual cuando hemos enfrentado a este Guardián del Umbral desde dentro de nosotros, cuando lo consideramos como una entidad diferente, es decir, estamos renacidos; solo entonces podemos juzgar cómo lo que hemos sido hasta ahora es la fuente de todos los errores.
Entonces surge ante nosotros el hecho grande y formidable, que se puede formular en la pregunta: ¿De dónde provienen los errores de la investigación espiritual? Provienen de lo que somos personalmente; eso está mezclado con verdad y error. Solo podemos separarlos cuando podemos observarnos objetivamente. Solo cuando nos tenemos a nosotros mismos dentro del mundo en el que miramos, entonces encontramos el camino para combatir los poderes del error. Pero aún hay una dificultad, porque la sensación de enfrentarse a la nada aumenta cuando uno entra en el mundo espiritual. Mientras uno esté de alguna manera conectado con el mundo exterior, siempre será este mundo exterior la causa de que uno ame demasiado su propia individualidad. Pero entonces, cuando uno se ve a sí mismo, cuando esta individualidad se ha convertido en algo así como un objeto del mundo exterior, surge la tentación fuerte de ser alcanzado por un amor infinito hacia uno mismo, y nunca está el investigador espiritual más en riesgo de caer en el error que en ese momento. Por eso se necesita todo el valor para arrancar desde ese instante todo amor propio del corazón; hay que arrancarlo del corazón si se quieren combatir los errores.
Así que podemos decir que, en el fondo, el valor moral es lo decisivo en un cierto nivel de conocimiento espiritual, cuando se supera el error, y entonces lo vemos, cómo es posible combatir los errores si sentimos ante nosotros la fuente de los errores, nuestro yo personal. Si podemos hacer esto, entonces también podremos volver la mirada de nuevo de manera sana hacia la vida cotidiana; entonces encontraremos que tanto aquellos poderes demoníacos como aquellos poderes ahrimánicos, que inspiran el materialismo, y también los poderes apasionados, que todos estos poderes y seres espirituales son las revelaciones del mundo espiritual. Entonces solo entonces nos enfrentamos a la realidad plena. Solo entonces obtenemos un juicio sano sobre aquellos que caen en errores de la ciencia espiritual, que en el desarrollo histórico de la humanidad no quieren creer en fuerzas verdaderamente espirituales, sino que hablan de ideas que dirigen el curso de la historia.
En el siglo XIX surgieron historiadores que hablaban de ideas en la historia. Quien entiende el asunto en este campo sabe que las ideas viven en los seres humanos para ser comprendidas, pero que no pueden actuar. Estas ideas no pueden influir en la historia más de lo que un pintor pintado podría pintar un cuadro. Y si en nuestra época surge una visión que quiere atribuirle a un poder como el ser de Cristo la capacidad de actuar, diciendo que se podría prescindir de un Cristo histórico y personal, y que se puede creer que en algún momento surgió la idea de Cristo, esa misma visión se sitúa en la postura de que las ideas pueden actuar, de que las ideas no son solo la expresión de seres reales. Solo entonces se comprende la vida real, cuando se reconocen nuevamente las fuerzas espirituales subyacentes.
Si uno se adentra en una cosmovisión como esta, no necesita ser investigador espiritual para ver si sus enseñanzas son verdad. El ser humano debe pasar por el autoconocimiento, para asegurar y elevar su vida. Esto significa que, si el investigador espiritual transforma lo que ha investigado en ideas humanas y las forma, entonces cualquiera que sea suficientemente imparcial puede entender estas imágenes. Por eso es muy importante destacar que el camino correcto del oyente hacia el investigador espiritual no es entregarse ciegamente a la autoridad del investigador, sino que la relación correcta del oyente con el confesante surge de la evaluación libre del oyente. El investigador espiritual solo puede llegar a un juicio correcto sobre lo que observa si aplica su sentido común, su pensamiento sano, y si este pensamiento es moral e intelectualmente saludable. Pero aquí llegamos al punto en que no solo podemos hablar de los errores mismos, sino también de los errores que surgen en la difusión de la investigación espiritual, y estos son muy importantes. No se pueden señalar errores individuales y cómo evitarlos, sino que se puede decir que quien cada vez más seriamente se adentra en la verdadera investigación espiritual evita los errores que acechan en todas partes. Combatiremos el error cuando nos conozcamos a nosotros mismos. Los errores también surgen cuando no existe la relación correcta entre quienes confiesan y el propio investigador espiritual. Hoy en día tenemos todo tipo de puntos de vista sobre esto. Un gran número de contemporáneos rechaza todo lo que proviene de la investigación espiritual. El investigador espiritual puede comprender esos puntos de vista. Por eso encuentra tanta oposición, porque la investigación espiritual es algo que se introduce de nuevo en nuestra cultura y a lo que el pensamiento aún no está acostumbrado. Esta es una forma de cómo hoy se aborda la investigación espiritual. Sin embargo, un número de estas personas llegan, al darse cuenta de los errores del materialismo, a acercarse poco a poco a los resultados de la investigación espiritual. Es diferente con los confesores. Tanto como la crítica [hueco en la transcripción] de los investigadores espirituales, también experimenta del otro lado la autoridad reconocida y no ve que todo puede ser examinado. Ante una revisión minuciosa, el investigador espiritual no se echa atrás; solo frente a aquella revisión que surge de media cientificidad, pero no de precisión. Es el punto de vista correcto tomar lo que ofrece el investigador espiritual, dejarse inspirar y luego examinarlo con la mente, según lo que sea examinable. - Pero además de las personas que rechazan, hay muchas que encuentran más cómodo, en lugar de examinar, simplemente creer. Y de estas personas surge justamente el tipo de confesión que sobre todo conduce de error en error en la difusión de la investigación espiritual. Porque no se examina, sino que se acepta lo que el investigador espiritual da, el investigador espiritual se considera para tal confesor creyente como algo así como un ser superior. Como él mira dentro del mundo espiritual, se le considera un ser más elevado.
Se piensa correctamente cuando no se considera a un investigador del espíritu como un ser especial. El valor de un investigador del espíritu no depende de que pueda mirar dentro de un mundo espiritual, sino de su calidad moral e intelectual. Esto es, por así decirlo, un ámbito de investigación puramente humano, porque sus resultados están relacionados con todas las esperanzas y anhelos del ser humano, y así como no se considera superior a alguien sólo por practicar ciencias matemáticas o geométricas, tampoco se debería considerar superior por ser investigador del espíritu. Cuando uno mira dentro del mundo espiritual, todavía no necesita emitir un juicio sobre lo que ve; puede mirar y ver muchas cosas y contar las mayores tonterías y errores de ese mundo. Sólo cuando, por así decirlo, se considera al investigador del espíritu como nada más que un instrumento a través del cual las verdades espirituales fluyen al mundo, y luego uno mismo las examina, entonces se tiene la relación correcta de reconocimiento hacia el mundo espiritual. ¿Cómo podrían de otro modo los charlatanes ponerse tan fácilmente al lado de los verdaderos investigadores del espíritu? Pero quien no quiere examinar, tampoco puede distinguir entre lo que se ha obtenido de manera consciente y lo que se ha obtenido por caminos falsos, incluso engañosos.
El investigador del espíritu solo puede salvarse ante su confesor evitando dejarse seducir por volverse demasiado confiado por la fe que le muestran. Hay naturalezas que, al ver que se les considera algo especial, comparten cualquier cosa que solo se ha obtenido de manera incorrecta. Por eso, la charlatanería y el engaño a menudo no se pueden distinguir. Y mucho menos dañinos en cuanto a la difusión de la investigación del espíritu son los críticos, siempre que no estén impulsados por su ansia, que los seguidores ciegamente creyentes. En ningún campo la fe en la autoridad es peor y más dañina que en el campo de la investigación del espíritu, y en ningún campo esta fe está tan arraigada. Una difusión saludable de la investigación y la ciencia del espíritu en nuestro tiempo, que quiere evitar errores dentro de lo que difunde, debe, ante todo, preocuparse de eliminar la fe en la autoridad de toda difusión de la ciencia del espíritu.
Sin embargo, todavía estamos muy lejos de este ideal en muchos aspectos debido a la comodidad de muchos, porque ya no cuestionan si lo que dice el investigador espiritual es realmente válido. Si lo que se les ofrece les gusta, lo aceptan ciegamente por autoridad. Siempre es posible aplicar la razón saludable a lo que se presenta en la ciencia espiritual, y cuando se ve que el investigador espiritual se esfuerza por plasmar los resultados de sus investigaciones en imágenes tan estrictas, si no tiende por un lado a la exaltación ni por el otro a la ligereza, sino que trata todos los asuntos de la investigación espiritual de la misma manera lógica que las cosas externas, solo entonces es un verdadero investigador espiritual. Entonces, si de ese modo cada vez más y más almas del presente y del futuro se inclinan hacia la investigación espiritual, no se puede argumentar que todos deban convertirse en investigadores espirituales. Así como no todos necesitan ser botánicos para entender las investigaciones botánicas, tampoco todos necesitan ser investigadores espirituales, aunque cualquier persona puede llegar a serlo.
Cada vez más, sin embargo, las ideas de la investigación espiritual deben difundirse, porque vivimos en una época en la que las almas anhelan lo que solo la ciencia espiritual puede ofrecer. Sus hechos son lo que las almas ya desean hoy y desearán aún más con el tiempo. Quien pueda comprender el espíritu de la época, sabe que ciertas necesidades del alma solo pueden ser satisfechas si la ciencia espiritual encuentra el camino hacia los corazones y las almas. Pero como el tiempo mismo se encargará de que haya suficientes investigadores espirituales, y como solo se necesita sentido lógico y sentido de la verdad [para comprender los resultados de la investigación espiritual], estos investigadores espirituales encontrarán el camino que abrirá la perspectiva — a cada persona — hacia los mundos espirituales, ese mundo espiritual del que puede venir al ser humano seguridad, alegría, esperanza para la vida en la que se encuentra, y para la que se abre cuando se cierra la puerta de la muerte. Esa seguridad, que puede desarrollarse precisamente con el crecimiento de la sabiduría frente a la vejez, cuando nuestro cuerpo se marchita, para prepararse a pasar por una existencia espiritual, para regresar nuevamente a esta tierra y continuar su trabajo — esa certeza, esa seguridad es lo que estas almas, estas personalidades encontrarán en el mundo espiritual.
Esta perspectiva se revelará cada vez más para más y más almas del presente y del futuro: la posibilidad de mirar dentro de este mundo espiritual. Y llegará un momento en que realmente cada persona individual, no solo el investigador espiritual, estará en la posición de asumir un punto de vista muy simple frente a toda negación del mundo espiritual. Tales personas llegarán a ser tan grandes cuando la fuerza de los motivos de la investigación espiritual se vuelva cada vez mayor. Estas almas ya seguras se comportarán, con respecto a los negadores del mundo espiritual, de manera similar a como Goethe se comportó una vez cuando ante su alma apareció esa filosofía proveniente del mundo griego, que no podía tratar con las leyes del movimiento. Se decía que no existía movimiento, que era solo aparente; que si un cuerpo se movía, en realidad descansaba en cada instante; pero el movimiento no estaba compuesto por reposo, por lo tanto, no existía movimiento. ¡Existía tal escuela filosófica! Goethe, cuando escuchó sobre esta filosofía, dijo especialmente entonces:
Puede que veas algo hostil, mantén la calma, guarda silencio; y si te restringen el movimiento, esquivalos delante de sus narices.
El movimiento se demuestra por la vista, cuando se pasa delante de ellos.
Si uno pudiera profundizar un poco en la seguridad de las almas que deben venir, las cuales gradualmente sentirán la fuerza de las pruebas de la ciencia del espíritu, tales almas se enfrentarán a los negadores del espíritu con la misma seguridad con la que Goethe se enfrentó a los negadores del movimiento; estas almas quizás entonces le dirán a quienes desprecian o consideran insensata la ciencia del espíritu:
Puede que sucedan cosas hostiles, pero tú mantén la calma, mantén la alegría, y si te niegan el espíritu, oh, no le des más vueltas. Sí, al final incluso dales la razón, es que su espíritu está en mal estado.
Preguntas y respuestas
Pregunta: ¿Es consciente el alma del difunto de la vida que acaba de concluir?
Rudolf Steiner: En la «Ciencia Oculta» se ha intentado caracterizar el tipo de conciencia. Quien quiera informarse, debe dejar que la exposición dada allí le afecte. [Se puede responder a la pregunta] con un absoluto «sí», pero este «sí» [requiere] ser explicado, y esto solo es posible mediante una exposición detallada.
Pregunta: ¿Por qué son necesarias siempre nuevas encarnaciones, es decir, por qué nunca hay descanso?
Rudolf Steiner: La pregunta se basa en que quien pregunta quizá vea la tranquilidad, tal como se entiende aquí, como algo deseable. ¿Qué se puede entender por tranquilidad en este contexto? ¿Tranquilidad como la del descanso eterno o algún otro tipo de comportamiento? No se puede determinar exactamente qué significa tranquilidad aquí. En una conferencia, claro, no se pueden resolver todos los enigmas del mundo, y muchas cosas deben quedar sin tratar. Las encarnaciones, por supuesto, no continúan ininterrumpidamente de la eternidad a la eternidad; tuvieron un comienzo a partir de la existencia puramente espiritual, y al final de la Tierra estaremos en otro estado espiritual, ya no volveremos a la vida terrestre. Pero mientras tanto, debemos atravesar encarnaciones. Las vidas terrenales repetidas son necesarias porque el ser humano solo así puede acercarse al desarrollo completo de lo que hay en su interior y acercarse a su objetivo en ondas ascendentes y descendentes. Ese es precisamente el curso del desarrollo terrestre; la Tierra nunca permanece igual tras cierto número de siglos; ¡piensen en todo lo que ha cambiado, no solo en la cultura, desde el inicio del cristianismo! De hecho, se experimentan grandes intervalos, no cortos, entre dos vidas terrenales consecutivas. Por eso, el alma es capaz de experimentar siempre cosas nuevas.
Pregunta: ¿En qué encarnación resucitaremos el Día del Juicio, en la primera o en la última?
Rudolf Steiner: La encarnación no es algo fijo, hay que entender claramente qué se quiere decir aquí con la palabra «encarnación»: cómo se entiende «resurrección». Primero hay que comprender la enseñanza paulina sobre el cuerpo espiritual. Todo esto no tiene nada que ver con el cuerpo físico. Solo entonces se puede dar una respuesta a esta pregunta.
Pregunta: ¿Qué sueña por la noche, el alma o el cerebro?
Rudolf Steiner: Eso es fácil de responder a partir de lo que se dijo ayer. El alma está en el mundo astral mientras duerme, y la persona experimenta sus sueños internamente; claro que no sueña el cerebro, sino el alma.
Pregunta: ¿Qué consuelo puede encontrar una persona en la doctrina de la reencarnación, que no es clarividente, dado que solo el investigador espiritual puede ver sus encarnaciones pasadas, y la otra persona tendría que desesperarse porque no puede convencerse a sí misma?
Rudolf Steiner: En la conferencia se dijo: No se trata de investigar uno mismo en los mundos espirituales, sino que cuando estas cosas están formadas en conceptos, cualquiera puede entenderlas, y el investigador espiritual no obtiene más de ellas que lo que consigue al formar conceptos a partir de su clarividencia. La enseñanza de la reencarnación es algo que da seguridad y contenido a la vida. Así que esta pregunta ya fue respondida en la conferencia. También se puede leer el librito «Reencarnación y Karma». Entonces se encontrará lo que puede dar seguridad y consuelo al alma, y se ha asegurado que la persona que no es investigador espiritual tenga la posibilidad de entenderlo.
Rudolf Steiner: Lo último no se sigue de la doctrina de la reencarnación, porque no es que la vida siempre avance, sino que sube y baja, según se den las causas. Que un libertino rico encontrara una vida aún más alegre, esa cuestión surge de una completa incomprensión del curso total de la vida humana. Si alguien observa a otra persona o a sí mismo y encuentra a otra persona noble o a sí mismo bastante noble, o es golpeado por sufrimientos y golpes del destino, el juicio que se hace en ese momento no siempre es determinante.
Quiero dar una comparación: imaginemos a un joven que hasta los dieciocho años ha vivido del dinero de su padre, supongamos que no fue una mala vida. Cuando cumple 18 años, su padre pierde su fortuna. Antes no estaba en una mala situación, pero ahora se encuentra en esta mala situación; ahora tiene que aprender algo decente, mientras que antes no había aprendido nada decente. Pues durante esta etapa de su vida, considerará este golpe del destino como algo muy duro, completamente inmerecido. Cuando tenga 50 años, tal vez mire hacia atrás y se diga: Si aquello no hubiera ocurrido entonces, ahora sería un inútil y no sabría nada del mundo. A los 50 años lo juzgará de manera completamente diferente que a los 18 años.
Normalmente no somos nosotros mismos los jueces adecuados de nuestra torpeza. Pero más tarde juzgaremos de manera más objetiva, especialmente desde el mundo espiritual, en la vida entre la muerte y el nacimiento, o en futuras vidas en la Tierra, cuando ya se pueda mirar atrás; porque eso lo alcanzará cada uno; la humanidad se desarrolla; cada persona podrá mirar hacia atrás, algo que ahora solo puede hacer el investigador espiritual. Entonces se dirá: Eso que al principio parecía inexplicable, hizo precisamente que tuviera que resistirme intensamente, que desatara fuerzas que se volvieron lo más importante para el desarrollo y el ascenso. En la vida cotidiana ya se verá; uno experimenta muchas cosas. Quien, como investigador espiritual en formación, observe la vida más íntima y profundamente, tendrá historias que contar al respecto. Entonces se mirará atrás hacia lo que trajo alegría, placer y muchas otras cosas, hacia la lucha, el mal, el dolor que uno [el ser humano] ha atravesado. Se mira hacia atrás, hacia todas las posibilidades. Se dirá: Por las veces que experimenté gozo, estoy agradecido al destino. Pero, ¿preferirías renunciar a tus alegrías o a tus sufrimientos? Entonces quizá se llegue a la comprensión: Prefiero renunciar a mi alegría y bienestar; porque a mi dolor y sufrimiento les debo mi comprensión. Primero hay que saber qué resultará de las causas. En resumen, la valoración de una cuestión así no debe tomarse a la ligera. La ciencia espiritual tiene una respuesta profundamente satisfactoria para todas estas preguntas.
Pregunta: ¿Saldría lo mismo si, por ejemplo, el cuerpo astral de varios investigadores espirituales se percibiera de la misma manera?
Rudolf Steiner: Esta pregunta no se puede responder simplemente con un «sí», porque lo que el investigador espiritual percibe de manera algo imaginaria como visión sólo se aproxima a la objetividad total en grado, y en los mundos superiores se aplica en mayor grado lo que también es válido en el mundo sensible, que uno puede ver las cosas desde distintos puntos de vista. Si una descripción de viaje de la misma región la hacen dos personas, aun así habrá una gran diferencia. Pero eso no significa que debamos dudar de que esas regiones existen. Y si miramos en el cuerpo astral, que es siempre fluido y fugaz, es comprensible que la imagen externa aparezca de manera diferente, aunque la realidad sea exactamente la misma. Por eso se puede responder que sí a esta pregunta, aunque las imágenes externas sean distintas, pero no más distintas que cuando dos personas dibujan una imagen de un objeto físico-sensible; la forma de ver y representar es de algún modo diferente. Todo depende de la objetividad del observador; siempre se da por supuesto que los investigadores espirituales auténticos describen las cosas.
Pregunta: ¿No debe el desprenderse del punto de vista llevarse tan lejos que también se elimine lo que es propio de la especie humana? [...]
Rudolf Steiner: La primera pregunta se refiere a lo que es característico de la especie. ¿Qué es en realidad eso que es propio de la especie? A menudo, el ser humano se imagina algo muy abstracto al hablar de especie. Pero el término «especie» sólo puede aplicarse correctamente en los reinos de la naturaleza que están por debajo del ser humano. Dentro del reino animal, el concepto de especie es totalmente válido, porque para una consideración unilateral no puede ser simplemente un concepto. Porque si las personas, que tienden a racionalizar mucho, encuentran que sólo hay perros individuales, es decir, que no existe el concepto de «naturaleza del perro» o «naturaleza del lobo», ... se puede responder que si sólo se admite la existencia del ser individual sensible, por ejemplo el ser individual sensible «lobo», y no lo que obra en él de manera suprasensible, es decir, sólo se reconoce lo material, entonces la refutación es fácil. Si lo material en un lobo no consume otro alimento que corderos, se demuestra que el lobo no se convierte en cordero, aunque sólo coma materia de cordero. Pero en el reino animal nos interesa lo que vive en la especie, así como en los humanos nos interesa lo individual, lo ideal. Por eso sólo el ser humano tiene una biografía.
Algunos encontrarán esto extraño, porque también se puede tener una biografía de los animales. Tampoco se debe negar que una madre perra pueda tener una biografía de sus perros, una madre gata de sus gatos. Pero eso no es lo importante. Un maestro también puede pedir a los niños que representen la biografía de sus plumas. Pero lo que es biográfico en el individuo, eso solo se encuentra en el ser humano. Por eso, el concepto de especie solo tiene sentido en el ser humano si uno vive en una filosofía abstracta. En cambio, lo ideológico en el ser humano no se agota en la especie. Lo que le corresponde al ser humano a través del pueblo o de las características de la tribu pertenece a él de manera diferente que en los animales. Ese aspecto de la especie incluso se elimina frente a lo ideológico; en el verdadero sentido de la palabra, ni siquiera se puede hablar de ello. Al comienzo del desarrollo de la Tierra, el ser humano era ciertamente un ser de especie, pero ya en ello estaba la idea de los individuos, que todos se vuelven ideológicos, de modo que lo relativo a la especie en el ser humano juega un papel secundario.
Pregunta: Sin duda, aquel que debe enfrentarse al guardián del umbral tiene que superar grandes peligros que no conoce de antemano; ¿cómo puede protegerse, o no hay ninguna protección?
Rudolf Steiner: El camino se recorre de manera concreta si se sigue lo que se da en «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». De este modo, también se insertan en el alma las cualidades necesarias para afrontar el encuentro de manera correcta. Aunque todavía habrá grandes dificultades, uno habrá adquirido también fuerzas más fuertes de antemano.
Pregunta: ¿Qué se puede decir sobre Mahoma y su misión; por qué tuvo que venir 600 años después de Cristo?
Rudolf Steiner: Dar una respuesta breve a esta pregunta no es posible, eso llevaría a malentendidos muy graves. La respuesta tendría que darse desde los fundamentos. Mahoma, 600 años después del impulso de Cristo, dio contenido a una comunidad humana que estaba preferentemente inclinada, por un lado, hacia un alma que a veces se elevaba hasta lo fantástico, y por otro lado, hacia un refinamiento del intelecto. Frente al impulso de Cristo, él fue algo así como un retroceso, un atavismo. Esto muestra cómo ocurre el desarrollo en general: en avances y retrocesos; la naturaleza de este islamismo debe entenderse a partir de toda la naturaleza del desarrollo: el impulso de Cristo, el mayor impulso religioso, que sin embargo debe asentarse poco a poco en la evolución de la Tierra, mientras que el impulso de Mahoma tenía que oponérsele antes.
Pregunta: ¿Están los teósofos a favor de la cremación de los cadáveres?
Rudolf Steiner: Los teósofos no se alinean con un partido u otro, sino que estas cosas son cuestión de conocimiento. Se dice lo que es verdadero y correcto, y luego cada uno puede formar su propia opinión sobre qué impulsos de voluntad quiere incorporar a la vida.
Ese tipo de preguntas no se pueden responder de manera absoluta. Las diferentes etapas de la humanidad son distintas, y lo mejor no es lo mismo para todas las épocas; los hombres cambian, y con ello la aparición o menor aparición de las instituciones humanas. En general, durante la época que ha pasado y todavía para una gran cantidad de personas en el futuro, la cremación de los cadáveres no es algo especialmente importante, aunque los propagandistas de la cremación son como pioneros del futuro. Pero los hombres deben madurar; todo tiene solo validez relativa, al igual que la pregunta: enterrar o quemar según la época. Desde la perspectiva espiritual, algunas cosas se ven de manera diferente que desde la manera externa de entenderlas.
Pregunta: ¿Cómo concilia usted la idea de que todos los seres humanos ya han tenido vidas en la Tierra con el hecho de que la Tierra estaba menos poblada en el pasado?
Rudolf Steiner: Esto es solo un ejercicio de cálculo, y uno verá que lo dicho simplemente es una afirmación arriesgada. La pregunta surge casi después de cada conferencia. Los intervalos entre dos vidas no son iguales para todas las personas. A veces hay muchos más seres humanos encarnados en una época que en otra un poco antes. Supongamos que en el siglo XVII se encarnaron 100 almas y en el siglo XVI también 100, y que los intervalos de sus encarnaciones eran distintos; entonces en el siglo XIX las 100 de ambos grupos podrían encarnarse nuevamente, es decir, entonces habría 200. Debido a que los intervalos son diferentes a lo largo de todo el karma de las almas, así se produce un aumento en ciertos periodos. De otra cosa no puede hablar el consciente. El tiempo transcurrido desde la última encarnación es en promedio mayor que el tiempo que nos separa, por ejemplo, del descubrimiento de América. Pero si se afirma que el número de personas aumenta, primero hay que preguntar: ¿cómo puede demostrarse esto con elementos externos? Por ejemplo: ¿quién ha estudiado el aumento en China; cómo es entonces la población de toda la Tierra; o qué mundos se han hundido; o qué pasó antes del descubrimiento de América y mucho tiempo antes de que se descubriera América? Así que, con una investigación concienzuda, incluso en el mundo físico, esta afirmación no puede hacerse.
Pregunta: ¿Qué dice el orador sobre el adventismo; donde a partir de Daniel y el Apocalipsis Juan explica la historia del mundo, y ahora llega el tiempo en que Cristo ha prometido su regreso y el mundo será cambiado social y políticamente?
Rudolf Steiner: Es un fenómeno conocido que las sectas toman el «punto de vista de los puntos de vista» caracterizado hoy y están completamente enamoradas de su punto de vista, mucho más que sucede con otras personas. Y a alguien que pertenece a una secta, darle una explicación sobre este o aquel símbolo, o disuadirle, o hacerle entender algo, normalmente es una imposibilidad total para esta encarnación. Pero quien comprenda completamente la frase aristotélica: Solo puede llegar a la verdad quien ya no considere su propia opinión, ese tiene el punto de vista correcto. Quien conoce la ciencia espiritual sabe que las cosas, si uno profundiza en ellas, de ningún modo deben tomarse tan literalmente y de la manera en que a menudo se hace desde un punto de vista así. Aun así, no se debe decir nada en contra de la devoción y la calidez íntima de las almas inmersas en un punto de vista así, y se puede tener el máximo respeto por ello. Pero en estas sectas uno no va más allá de los puntos de vista que limitan la verdad. Quien mire hacia atrás en la evolución de la humanidad encontrará que siempre ha habido sectas que decían lo mismo. Decían: En 50 años vendrá el regreso de Cristo. Él no vino, pero eso no refutó sus enseñanzas; y por muchas veces que los hechos hayan provocado refutaciones, eso no dañó el punto de vista. Tan poco fue un medio para refutar de algún modo un «punto de vista de los puntos de vista».
Pregunta: ¿La ciencia espiritual entra en algún conflicto con el cristianismo positivo?
Rudolf Steiner: La persona que pregunta generalmente entiende por cristianismo positivo lo que él mismo entiende por cristianismo. No puedo profundizar en eso, tendría que hablar mucho sobre el impulso de Cristo, la presencia de Cristo.
Pregunta: ¿Cómo se puede comprender la doctrina de la reencarnación de manera empírica o filosófica?
Rudolf Steiner: Ahí debo remitir a la literatura, «Ciencia Oculta» y demás; porque no bastaría una conferencia para responder a esta pregunta; incluso si yo pudiera dar algunas conferencias esa misma noche, tal vez algunos oyentes no podrían seguirme; ¡no quiero presumir!
Pregunta: ¿Existe todavía una tercera facultad de conocimiento?
Rudolf Steiner: Las [tres son] imaginación, inspiración, intuición; me sorprende un poco que se hagan preguntas formuladas como si el hecho estuviera claro de que no se hubiera escuchado la conferencia; esta es precisamente una respuesta detallada a esa pregunta.
Pregunta: ¿Hay una diferencia real y práctica entre el alma y el espíritu?
Rudolf Steiner: Bueno, esto se refleja en la Teosofía, que no deben mezclarse. Esta mezcla ocurrió históricamente solo más tarde; un concilio decretó que el alma y el espíritu [no] son cosas distintas, los mezcló; desde entonces ya no se distinguen, ni siquiera en la ciencia; aunque la ciencia no sea consciente de que está siguiendo un dogma eclesiástico. Es una diferencia real en el comportamiento respecto al cuerpo. El espíritu se comporta de manera diferente frente al cuerpo que el alma y viceversa.
Pregunta: ¿No tiene que liberarse alguien que crece en la visión teosófica, que va al fondo de esta visión, de ella?
Rudolf Steiner: Es como si alguien que acaba de comer tuviera que comer otra vez inmediatamente, porque, exteriormente, no ha cambiado nada en esa persona, al menos no en muchos casos, ya que ya ha comido. Se alcanza el autoconocimiento cuando uno se coloca fuera de su yo personal; es decir, a través del autoconocimiento se alcanza la liberación. Si uno quiere liberarse más, habiendo ya alcanzado la libertad, eso es aún menos necesario que volver a comer. Sin embargo, ya se ha realizado la liberación; entonces no hay necesidad de liberarse por segunda vez, después de haberlo hecho ya. Este punto de vista no se puede comparar con el mero materialismo o individualismo, pues la investigación espiritual utiliza todos los puntos de vista diferentes, pero no para adoptarlos, sino para caracterizarlos. Y la verdad no está en el medio, sino que, por los motivos que se pueden presentar, estos puntos de vista muestran la verdad real desde diferentes ángulos. Solo quien se queda en abstracciones puede aplicar lo que sirve para una cosa también a otra. Pero así como en la vida real uno no solo posee las características humanas generales, sino que una vez es niño, luego hombre, luego anciano, y no puede preguntarse si debe volver a dejar atrás la etapa de la infancia, así la pregunta del autoconocimiento surge solo una vez, no otra vez. El conocimiento ya está en el mundo, y a partir de allí comienza para el ser humano el autoconocimiento; ese es el fin del autoconocimiento, el autoconocimiento que se adquiere de manera desinteresada por el individuo y que por ello tiene un carácter desinteresado.
Traducido por J.Luelmo
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