CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA069e Stuttgart, 29 de noviembre de 1911 -¿Cómo se fundamenta la teosofía?-

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 RUDOLF STEINER

OBJETIVOS ESPIRITUALES DE NUESTRA ÉPOCA

¿Cómo se fundamenta la teosofía? *

Stuttgart,  29 de noviembre de 1911

Podría tildarse de frívolo que primero busquemos refutar la teosofía aquí, para luego intentar justificarla, ya que aparentemente el conferenciante ni siquiera cree en la refutación misma.

¡Pero yo lo creo seriamente! No me interesa tanto re
futar las argumentaciones, sino más bien quiero señalar algo importante sobre los grandes enigmas del conocimiento. En cierto sentido, creo en la validez y en el peso de los argumentos presentados. Para ilustrar lo que quiero decir, me gustaría contarles una pequeña historia.

En un pueblo, el hijo joven de una familia estaba destinado a ir a la panadería a buscar los panes necesarios diariamente para la familia. Por eso siempre le daban [diez] kreuzer para el camino. Este joven hijo no era muy buen matemático y por eso no se preocupaba mucho por cuántos panes obtenía por seis kreuzer. Pero un día llegó a la familia un hijo adoptivo, que sí era buen calculador. Este hijo adoptivo empezó a calcular cuántos panes se deberían obtener por seis kreuzer. Como el pan costaba dos kreuzer, deberían haber sido cinco panes. Sin embargo, el joven traía seis panes. Esto sorprendió al hijo adoptivo y dijo: Eso no es correcto, dos veces cinco son diez. Entonces solo debería recibir cinco panes. - Al día siguiente, volvió a traer seis panes, a pesar del cálculo correcto del hijo adoptivo. ¿Cómo se explicaba esto? Resulta que en aquel lugar era costumbre dar un pan extra por diez kreuzer. Ahí se resolvía el dilema. Todo coincidía, aunque el cálculo también fuera correcto. El resultado del cálculo no tenía que ver con la corrección de la situación en sí. Ambas cosas eran correctas por separado, aunque no coincidieran entre sí. Así como yo, siendo el niño pequeño que era, creía en la corrección del cálculo, hoy también creo en la validez de las objeciones que presenté contra la Teosofía. Las objeciones y refutaciones tienen una característica: pueden ser completamente correctas sin que eso signifique necesariamente que la cuestión en sí sea incorrecta. Quizás se me pueda hacer una crítica, a saber, que presento algunas cosas de manera vivaz y en ellas hablo con el mismo entusiasmo a favor y en contra.

Pero si las cosas en sí son correctas, también pueden presentarse con la misma vivacidad. Criticar, en general, es más fácil y cómodo que argumentar. También quiero ilustrar esto con un ejemplo.

El director de un gran periódico tenía la intención de lanzar una revista semanal interesante como suplemento. Pero solo se encontraron pocos redactores adecuados para tal publicación, que pudieran escribir de manera ingeniosa e interesante lo suficiente como para cautivar al público al que él apuntaba. Sin embargo, como era un hombre inteligente, supo cómo arreglárselas. Se contrataron varios jóvenes talentosos con la tarea de no hacer nada durante toda la semana, excepto sentarse en cafés y leer periódicos, y luego simplemente refutar cada artículo que les interesara. Con lo que reunían, el hombre llenaba su revista semanal, y esta se leía con gusto y tenía buena aceptación, porque una crítica ingeniosa es algo que atrae a la gente. Algo de un crítico despierta un cosquilleo en cada alma. Los jóvenes, con esta ocupación, se convirtieron todos en brillantes polemistas y hoy en día algunos ocupan posiciones respetadas.

Con esto se quiere mostrar que no es tan difícil refutar algo, criticarlo, si lo único que se quiere es eso.
Nuestra tarea de hoy es ahora más difícil, porque hoy queremos mostrar cómo se fundamenta la teosofía.
Primero abordemos la objeción de que es un tanto amateur asumir que un cuerpo etérico debería estar insertado en el cuerpo físico. Recuerdo lo que se dijo sobre la teoría de la fuerza vital, hace mucho superada científicamente. Cuando se logró unir estructuras de materia en el laboratorio, se abrió el camino para descartar la fuerza vital. Y se puede decir que llegará un momento en que también se podrán generar químicamente estructuras orgánicas superiores en laboratorios. Por eso sólo se puede calificar de ignorancia que la teosofía siga hablando de un cuerpo etérico o vital totalmente innecesario frente a los avances científicos.
Sin embargo, se debe señalar una cosa. Para muchas personas, Gotthold Ephraim Lessing es considerado un espíritu particularmente ilustrado. Hoy en día, seguro que también se suscribiría la frase: Nadie puede considerarse ilustrado si no está en contra de la creencia en fantasmas. Pero Lessing dijo una vez lo siguiente:

¿Ya no creemos en fantasmas? ¿Quién dice eso? O mejor dicho, ¿qué significa eso?
[...] En este asunto, sobre el cual
se puede decir casi tanto a favor como en contra, que no está decidido ni puede decidirse, la forma de pensar actualmente dominante le ha dado la ventaja a los argumentos en contra; unos pocos poseen esta forma de pensar, y muchos parecen querer tenerla; estos hacen el escándalo y marcan el tono; la gran mayoría guarda silencio y se mantiene indiferente, y piensa a veces de una manera, a veces de otra, se divierte burlándose de los fantasmas a plena luz del día y se horroriza al escucharlos de noche.

No hay pruebas en contra, solo que los hábitos de pensamiento han cambiado. Lo mismo pasa con la teoría de la fuerza vital. Los hábitos de pensamiento sobre ella han cambiado. Pero eso aún no constituye una prueba en contra.

Y así es también con respecto a la objeción científica: No necesitamos ningún cuerpo etérico. Eso también es solo un cambio en los hábitos de pensamiento, que a su vez pueden convertirse en lo contrario, como podemos experimentar a menudo. Antes incluso se creía que se podía crear artificialmente a un pequeño humano, el llamado homúnculo. Aun así, precisamente la objeción anterior sería aún más válida, ya que vemos que justamente la humanidad creyente en el homúnculo cree completamente en un mundo sobrenatural. En una habitación con bastante suciedad, generalmente también hay muchas moscas. Antes se explicaba diciendo que las moscas surgían de la suciedad. Ahora sabemos que la suciedad solo crea las condiciones; es fácil para las moscas entrar.
Así también, antes, debido a los hábitos de pensamiento diferentes, lo sobrenatural tenía más facilidad para entrar en el ámbito de influencia del ser humano.

Por casualidad, en estos días compré un calendario para librepensadores, en el que encontré el ensayo de una persona librepensadora. Este hombre no se opone, al menos aparentemente, a la teosofía –de la cual probablemente no sabe nada–, sino a que se enseñe a los niños desde temprana edad a creer en un mundo sobrenatural. Antes de dormir, rezan con ellos pidiéndole a un espíritu divino que los proteja, y cosas por el estilo. Eso es una tontería, contra la cual este hombre parece estar muy enfadado. Él arremete contra ello y dice que hoy en día no se debería tratar de implantar en los niños cosas que ellos no poseen por sí mismos. — Solo se puede aconsejar sacar la consecuencia de eso. Los niños tampoco aprenden el lenguaje por sí solos. Por lo tanto, este hombre debería ser en realidad un adversario de enseñar el lenguaje a los niños. Pero, ¿por qué no sacó tal consecuencia? La razón es que este hombre está fundamentalmente en contra de todo lo sobrenatural de manera extrema. Quiere demostrar lo incorrecto de lo sobrenatural en todas partes y, por eso, ni siquiera presta atención a las razones lógicas. Rechazar todo lo sobrenatural se ha convertido en un hábito de pensamiento del que no puede salir ni aunque quisiera, –y ni siquiera quiere. Así ocurre muchas veces en la vida. Al final, no son las razones lógicas las que deciden una postura, sino los hábitos de pensamiento.

Entonces surge la pregunta: ¿Existe la posibilidad de llegar a hábitos de pensamiento que puedan desarrollarse como válidos por sí mismos? La ciencia real establece el principio de que sólo deben presentarse aquellos fenómenos que cualquier persona pueda examinar en cualquier momento. Según la ciencia moderna, la teosofía no cumple con esto. Porque la teosofía se basa en fuentes que el alma desarrolla por sí misma mediante la meditación. Procesos internos íntimos transforman el alma, y entonces despiertan en ella ojos y oídos espirituales. Por eso, uno ya no juzga con los instrumentos de los sentidos comunes, que están al alcance de todos. Pero la ciencia estricta debe excluir justo lo que tiene sólo validez subjetiva.
Esto es un argumento que sólo puede resolverse mediante la experiencia. Por lo tanto, debe determinarse primero: ¿Es cierto que la ciencia decide sólo objetivamente? Segundo: ¿Es cierto que la ciencia del espíritu decide subjetivamente?
Bueno, el primer requisito ciertamente no se aplica a toda la investigación científica. Por ejemplo, en matemáticas, no cualquier persona puede comprobar los resultados en cualquier momento. Todo el mundo sabe que el teorema de Pitágoras es correcto. Pero no todos necesitan poder comprobarlo. Sin embargo, quien no pueda comprobarlo porque no entiende tanta matemática, eso no prueba nada en contra.

Pero las matemáticas solo aportan verdades que se refieren a relaciones. Pero si los resultados de la ciencia matemática también se refieren al mundo objetivo y se verifican en él [...], eso depende de otras cosas.
Las estructuras matemáticas no ocurren en la naturaleza. No existe un triángulo por sí mismo, ni un círculo matemáticamente perfecto, y así sucesivamente. Eso nunca puede representarse externamente, pero sí puede calcularse y representarse internamente.
¿No coincide eso con la experiencia clarividente? [Solo los niveles más bajos de la vida sensorial se perciben subjetivamente. Quien avanza, siempre llega a las mismas experiencias. Las matemáticas se consideran un factor vivo en los mundos suprasensibles, así lo sintieron Platón y otros.] En el organismo humano, se puede decir que se «personaliza», así como se puede decir que Dios se «geometriza».

Quiero darles un ejemplo de la eficacia de lo suprasensible en el cuerpo físico. Cuando observamos a una persona que busca conocimiento —no un mero científico, sino un alma buscadora, luchadora e interiorizada—, si vemos a esa persona nuevamente después de no haberla visto durante diez años, notamos un cambio en sus rasgos. Así vemos cómo el trabajo suprasensible, aunque relativamente pequeño, se refleja externamente en su cuerpo. Tal cambio incluso puede indicar al psicólogo cierto tipo de luchas internas. Pero hay un límite para la elasticidad del cuerpo. Cuando ya no es posible una transformación externa de los rasgos, entonces para la persona llegan las soluciones de los enigmas que la han estado atormentando. Esto se puede constatar. La experiencia interna primero se manifiesta como trabajo sobre el mundo sensorial externo de la persona, y solo después puede entrar en su conciencia.

¿Cómo se compara esto con las experiencias de un estudiante de la ciencia espiritual? La formación de clarividencia debe generar estados de sueño conscientes. Al hacer posible la conciencia incluso durante el sueño, puede traer fuerzas al consciente que de otro modo serían demasiado débiles para ello. Así que solo ideas de voluntad, que no son estimuladas por nada externo. Tal entrenamiento puede durar bastante tiempo, dependiendo del caso. Pero cuando se vuelve efectivo, se puede notar una experiencia específica. Para el estudiante, aparecen experiencias internas, al principio como un sueño que no se puede atrapar. Entonces se siente una resistencia del propio cerebro. Esto cede gradualmente. Luego llega el momento en que se puede convertir lo sentido en conceptos. Al principio es como con un niño, uno no sabe muy bien de ello, luego se va intensificando gradualmente hasta convertirse en una experiencia consciente. El clarividente entonces experimenta las cosas, cuyo ser se muestra como certeza inmediata, internamente objetiva. Y todos los clarividentes experimentan lo mismo en esto.

¿En qué se basan entonces las ciencias del espíritu? No en algo verificable por todos, sino en que existe la posibilidad de crecer dentro del ser espiritual mismo y, de esa manera, sacar la verdad directamente desde nuestro interior. Una vez que se comprende que hay algo suprasensible, los rechazos a esto se presentan de manera totalmente diferente. Son objeciones objetivamente correctas, que de hecho no se pueden refutar.

Tomemos, por ejemplo, la objeción de que no se necesita en absoluto la explicación teosófica del estado de dormir, porque la teoría de la autorregulación explica los procesos de forma mucho más sencilla. Pero, aparte del dormir, existen otros mecanismos de autorregulación. El reloj, por ejemplo, es un excelente ejemplo de tal autorregulador, pero, —y nadie lo negará—, solo puede existir gracias a la actividad intelectual, gracias al ingenio del relojero. ¿Por qué no iba a ser lo mismo en el caso del ser humano? Vemos, pues, que la objeción es en sí misma acertada, pero que no es aplicable en absoluto, ya que no hay nada que permita zanjar la cuestión.

Ahora, además, todavía quedan las objeciones éticas y morales contra la teosofía. ¿Qué pasa con eso? La objeción contra la doctrina del karma, según la cual esta podría llevar al egoísmo porque a las buenas acciones sigue recompensa y a las malas acciones castigo, es en cierto modo correcta. Puede inducir a que alguien no haga el bien por el bien mismo, sino por la recompensa. Ahora bien, Schopenhauer dice una vez: «Predicar la moral es fácil, fundamentarla es difícil». Con una simple prédica moral, de que el hombre debería hacer el bien, generalmente no se logrará mucho. Es algo así como si alguien le dijera al horno: «Querido horno, es tu destino, tu deber moral, calentar la habitación; así que por favor, sé tan amable y cumple con ello». Si no sucede nada más, probablemente el horno seguirá frío. Pero quien toma leña y enciende un fuego en el horno, alcanzará más rápido y efectivamente el propósito del horno.

En los humanos, predicar ayuda un poco más que con el horno, pero generalmente no mucho más. Justificar la moral, —encender el fuego interior en las personas—, es más importante. Así que, que la ley del karma actúe primero tranquilamente sobre el egoísmo del ser humano y lo encienda para el bien. Lo principal es que se logre el propósito. También se podría decir de una pareja de padres que educa bien a sus hijos por egoísmo. ¿Deberían dejar de hacerlo por eso? Lo importante es que la buena educación haga que los niños se conviertan en personas decentes. Incluso si los padres solo pensaban en sí mismos y en los beneficios personales que unos hijos bien educados les podían traer, el amor por la tarea de educar surgirá por sí solo. Lo bueno también puede nacer inicialmente de motivos egoístas; luego, por la costumbre de hacer el bien, la desinteresada generosidad terminará surgiendo del egoísmo.

Tomemos ahora el caso en que alguien dice: Después de todo volveremos a nacer, ¿para qué pues voy a atormentarme ahora? Quiero disfrutar mi vida ahora, ya tendré tiempo más adelante en la vida de ser una persona decente. - Si creemos en la ley del karma, debemos darnos cuenta de que tal actitud tendrá consecuencias para la siguiente vida. La consecuencia será precisamente que su comportamiento actual dificultará su propia intención de volverse decente.

Luego tenemos otras objeciones. Se dice que el clarividente toma sus ideas, al igual que en las alucinaciones, solo del mundo físico. Que las alucinaciones no son mas que reminiscencias de las cosas sensoriales ordinarias, pero disfrazadas en formas fantásticamente confusas, al igual que
las religiones primitivas derivan su idea de Dios, por ejemplo, del propio ser humano, etc.


Pero
mediante la clarividencia, se puede demostrar un vínculo espiritual entre tres personas de las cuales una está muerta. Hay muchas experiencias de este tipo, bien documentadas. A continuación, les voy a relatar, tal como hago siempre, un hecho real, que ocurrió exactamente así y se puede verificar.

Una pareja vivía con un hijo, el hijo se enfermó y murió al cabo de un día. Eso fue un golpe muy duro para los padres. Por eso estaban muy pendientes del hijo. Después de algunos meses, ambos padres soñaron el mismo sueño. El hijo se les apareció y les dijo que había sido enterrado vivo. Al día siguiente se contaron mutuamente el sueño, y resultó que ambos lo habían experimentado igual en el sueño, que ambos habían tenido el mismo sueño. Ahora querían asegurarse y hacer desenterrar al hijo. Lamentablemente, la autoridad lo impidió, pero sigue siendo un hecho que ambos tuvieron el mismo sueño. Bueno, un sueño todavía no es la realidad, pero en casos así, los sueños son la representación de los mundos sobrenaturales, que se hacen presentes en la conciencia.

Cómo entender esto se desprende del conocido sueño de la campesina, que en el 'sueño cree escuchar un discurso edificante del párroco y, al despertar, oye al gallo cantar, el cual la despertó y, por ello, provocó en su conciencia recurrente la idea de un sermón como imagen onírica, ya que antes de dormirse había pensado en las palabras edificantes del párroco. Las imágenes de los sueños dependen de las actitudes y de las experiencias. De esto se puede ver claramente que incluso las descripciones clarividentes, aunque se presenten en imágenes de lo cotidiano, pueden contener experiencias verdaderas y suprasensibles. De lo contrario, también se podría decir: No veo en un libro más que letras negras y tinta de imprenta. Lo que tú lees de él, yo no lo puedo encontrar allí.

Pero para quien no puede leer por sí mismo, esto es cierto. Pero en relación al contenido, para quien ha aprendido a leer, no es relevante.

Ahora pasemos a los objeciones religiosas: la divinización del hombre por la teosofía. Al trasladar a Dios al propio interior, mientras que la verdadera religiosidad requiere devoción a un Dios externo, esto resulta en arrogancia, induciendo al hombre a decir: Soy un Dios.

Esto, de nuevo, no es una objeción incorrecta. Pero podemos contrastarlo con lo que dice la verdad teosófica desde un sentimiento vivo. Contienes en ti una chispa divina, sin desarrollar, embrionaria. A la cual debes desarrollarla siempre más y más. Por lo tanto, es un incumplimiento de tu deber hacia el Dios en ti no esforzarte constantemente por la perfección. [Para el teósofo, no basta una entrega pasiva a Dios, —como sucede con algunos cristianos devotos —, sino que debe exigir una entrega activa, como dice la palabra de Pablo: «No yo, sino el Cristo en mí».]

Así, la divinización se ve de manera algo diferente, porque conduce constantemente a impulsos hacia la perfección, transforma la auto justicia del hombre en un mandato eterno del deber.

Aquí de nuevo se ve que la objeción no necesita ser refutada, pero lo que dice la Teosofía se sostiene sobre un terreno sólido. Porque es cierto que el alma que busca no tiene que negarse si anhela la inmortalidad, sino que encuentra fuera de lo que vive dentro de sí misma.

* ver Praga, 25 de marzo de 1911 

Traducido por J.Luelmo

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